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PROYECTO DE LEY DE RESPONSABILIDAD PENAL JUVENIL

Nombre completo: María Fernanda Rivas

Mesa seleccionada: Definición de imputabilidad de los jóvenes menores de edad (n.º 8)

Institución: Asociación Psicoanalítica Argentina

Cargo: Miembro adherente- Miembro del Depto. de Pareja y Familia

Teléfono: xxxxxxxxxxxxxxxxxx

Email: marferrivas@hotmail.com




Aporte: Reflexiones acerca de la edad de imputabilidad en nuestro país

Lic. María Fernanda Rivas*


Introducción

Para poder debatir este tema, debemos tener en cuenta los fenómenos que vienen observándose en las últimas décadas en nuestro país: Aumento de los hechos de inseguridad; Consumo de drogas y alcohol; Violencia doméstica y sadismo en la comisión de delitos; Familias en situación de marginación social; Incremento en el número de actos delictivos cometidos por menores –a edades cada vez más tempranas-; Multiplicación de expresiones colectivas (marchas, estallidos sociales, manifestaciones de “justicia por mano propia”) como respuesta a los hechos de inseguridad.



Función pacificadora de la ley.

Nos preguntamos si un menor de edad, al momento de delinquir, tiene capacidad para comprender una norma y dirigir sus acciones. Es muy fácil advertir que hasta los niños pequeños saben claramente que matar, robar o ejercer violencia sobre otro “está mal”, “que no se debe”, aunque más no sea, porque traerá aparejado el disgusto de algún personaje significativo. La tarea terapéutica adecuada para los jóvenes que muestran tendencias delictivas propone ciertas renuncias pulsionales cuyo cumplimiento genera daño a sí mismo y a otros (robo, ejercicio de violencia sobre los demás) obstaculizando su vida en sociedad. La Justicia, para la preservación del grupo social, también impone al hombre ciertas renuncias. Dispone un sistema de reciprocidad que protege sus derechos pero también promueve obligaciones, asegurando que cada persona resigne algo (tendencias agresivas) pero también obtenga algo a cambio por parte del sistema: la idea de igualdad ante la ley -que es la esencia de la función pacificadora de ésta- .Lo justo -como una medida “común para todos”- está contenido en el concepto de que el sistema de justicia -réplica de la instancia parental- en su concepción ideal, debe funcionar equitativamente y no privilegiar a ninguno de los “ciudadanos- hermanos” más que a otro.

Un caso como el de Brian, de 14 años, asesinado por otro joven un año mayor, y sobre el cual no recayó ningún tipo de medida, activó un profundo malestar a nivel social, que nos lleva a pensar no sólo en los jóvenes que delinquen sino además, en las víctimas (que muchas veces también son adolescentes) y sus familias.

En relación al tema que nos convoca no se trata de dilucidar si “el adolescente” puede distinguir entre el bien y el mal, sino de analizar el entorno familiar y social en el cual cada joven crece y se desarrolla.

Me resulta difícil hablar de “la adolescencia” o “el adolescente” en términos abstractos y generales. Prefiero referirme a “las adolescencias”, ya que estos procesos no son iguales en todos los entornos. Para poder “adolescer” hace falta un ambiente que acompañe, guíe y contenga. Hay ciertas capacidades, como la de cuidado por el otro, la sensación de alerta ante el peligro y la empatía, que no dependen únicamente del desarrollo mental biológico sino que además se apuntalan en la existencia de vinculos permanentes y se moldean de acuerdo a las figuras identificatorias que el niño tenga a su alcance. Cuando estos vínculos no cumplen función de sostén, dichas capacidades no se desarrollan o lo hacen deficitariamente. En los casos que más nos preocupan encontramos reiteración de antecedentes delictivos, por ejemplo, en dos o más generaciones. Es frecuente que los padres hayan sido también adolescentes cuando fueron padres, sin el apoyo adecuado para criar a sus hijos y sin la diferencia generacional que permitiría una función de guía y contención por parte de los adultos. Estos nos lleva a poner el foco, más que en el tema de la edad, en los entornos o contextos, para poder diseñar mapas y saber cómo intervenir y trabajar fundamentalmente con las familias y la comunidad.

Cuando un niño o adolescente comete algún acto que perjudica a la convivencia y a la sociedad en que vive, no siempre es suficiente con “educarlo”, sino que una sanción por parte de una figura significativa cumple una función estructurante del psiquismo. NO ME REFIERO A UNA SANCIÓN RETALIATIVA, NI CRUEL NI SÁDICA, SINO AQUELLA QUE PERMITE ALGÚN TIPO DE REFLEXIÓN, ARREPENTIMIENTO, PEDIDO DE PERDÓN O REPARACIÓN. Si una sanción está ausente en el momento adecuado esto puede ser vivido por el niño/joven como falta de atención o abandono.



Considero que las circunstancias sociales actuales muestran la necesidad de construir un sistema de abordaje adecuado para los jóvenes menores de 16 años que cometen crímenes, incorporando un sistema basado no solamente en medidas socio-educativas sino en intervenciones de orden jurídico- terapéutico -tendientes a la resocialización-, que incluyan el trabajo no sólo con el involucrado, sino también con su familia y con la comunidad, en los casos de hechos delictivos ya consumados y también a través de una fuerte labor en el campo de la prevención. Deberá desarrollarse un abordaje interdisciplinario entre profesionales del derecho, del campo “psi”, y otros organismos educativos dentro del marco de actuación de una justicia especializada en temas de niñez y adolescencia.





*Especialista en Psicología Jurídica con orientación en familia. Docente de la Carrera de Especialización en Derecho de Familia (U.B.A.). Ex integrante del Servicio Social y de Psicología del Centro de Formación Profesional de la Facultad de Derecho (U.B.A., Palacio de Justicia). Co-autora del libro Familias en litigio. Perspectiva psicosocial (2008) y autora del libro La familia y la ley. Conflictos-Transformaciones (2017).



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