A tu lado, he aprendido muchas cosas: he desarrollado la paciencia, he conocido conceptos básicos del crecimiento espiritual d



Descargar 80.91 Kb.
Página2/3
Fecha de conversión03.12.2017
Tamaño80.91 Kb.
Vistas144
Descargas0
1   2   3

Aplicaciones prácticas.

Perder el miedo a la soledad. A veces nos aferramos a ideas falsas que nos traen la desdicha por miedos o amenazas inventadas. El temor a la soledad o el aburrimiento son 2 ejemplos de ello. El temor a la soledad es absurdo, siempre hay gente a nuestro alrededor, es un fantasma inexistente. Las emociones son producto de unos pensamientos determinados. La falta de un ser querido produce malestar pero a los 6 meses-1 año. Las personas se dicen frases como “es horrible no tener a mi esposa conmigo”. Lo lógico es decir, “siempre echaré de menos a mi mujer, pero no quiero desaprovechar el tiempo que me queda”.

La soledad es una sensación reconfortante de tranquilidad, descanso o concentración en los intereses propios. Puede ser un poco molesta, echar de menos a alguien en un momento dado, pero es un sentimiento pasajero, y nos podemos concentrar en los maravillosos planes que podemos ir realizando. La emoción negativa de la soledad es muy pequeña.

El aburrimiento no mata a nadie. No hay que correr a ningún lugar para llenar ningún vacío, relájate. Todos los problemas de la humanidad proceden de la incapacidad del hombre para estarse quieto en una habitación, sentado y tranquilo (Blaise Pascal). Creer que necesitas entretenerte para estar bien, es el origen de la neurosis. Haces cosas por temor a aburrirte, con compulsión, tendencia neurótica, mecánicamente, con estrés, descuido y sin cariño, con lo cual haces actividades intrascendentes y poco gratificantes o se llenan el día con pequeñas obligaciones, que no dejan hueco para nada más, y suelen pasarlo mal cuando llegan las vacaciones. El miedo al aburrimiento es como el de la soledad: fantástico e irreal, no hay nada que temer, son sensaciones de malestar muy ligeras, e incluso puede ser placentero. Aburrirse puede ser agradable, puede ser incómodo pero no demasiado. Para tener una vida emocionante, es necesario aburrirse de vez en cuando. Si nos relajamos, no sufriremos.

El miedo irracional a decidir, como el que iba de prostitutas de lujo, y no sabía cual decidir, y cuando elige a una, no disfruta, pensando que tenía que haber elegido a otra. El fallo puede ser terrible, pero nada más, y podrá sobrevivir y ser feliz. La indecisión tiene su origen en pensar que los errores son fantasiosamente graves, y el neurótico lo ve como insoportable. La persona indecisa, no duerme, no come, está hecha un lío monumental, como cuando no se decide entre su pareja y su amante.



Res: la soledad y el aburrimiento nunca pueden ser muy desagradables. La dificultad neurótica al decidir es fruto de terribilizar sobre las consecuencias negativas de los errores. Los errores no son horrorosos, relájate.

Superar el miedo al ridículo: “Si alguien te hace un regalo y no lo recibes… ¿a quién pertenece ese regalo? El samurái que no se inmutaba ante los insultos. La vergüenza o el miedo al ridículo provoca que dejemos de conocer personas maravillosas, las personas temen hablar en público, ataques de ansiedad. Para eliminar el miedo al ridículo hay 2 formas: no darle demasiada importancia y entender que es una emoción normal, imposible de eliminar. La 2ª es dándose cuenta de que nuestra imagen social es poco importante y nos importa poco lo que los demás opinen.

La vergüenza no mata, es un poco desagradable pero no es el fin del mundo. El ridículo vale la pena si obtenemos un beneficio. Invitar a una chica puede dar un poco de nerviosismo, pero si acepta merece la pena. El padre de la psicología cognitiva, proponía a sus pacientes que pidieran dinero por la calle o ir en metro y anunciar las paradas en alto, pasear un plátano, … perder el miedo después de haber hecho el ridículo y darte cuenta que la vida sigue igual. No obstante estas técnicas no se recomiendan. Es mejor darse cuenta con el pensamiento de que no sucede nada por pasar un poco de ridículo.

Paradoja “estar abajo y bien para llegar a lo más alto”. Se pierde el miedo al ridículo cuando basas tu valía en tu capacidad de amar y no en capacidades o logros, entonces te dejas de tonterías de la imagen y te concentras en lo valioso. No necesitamos ser rico, elegante ni inteligente para tener valor. Hay que apreciar a las personas con capacidad de amar y de hacer cosas positivas. La autoimagen no es importante, todas las personas tienen nuestro respeto y las apreciaremos por igual. Tenemos que liberarnos de la necesidad de aprobación de los demás. Si alguien te dice que eres tonto, puedes contestar, ok, y estoy orgulloso de no necesitar ser listo. Lo importante es la capacidad de amar, las ganas de hacer cosas valiosas. Ser pobre no dificulta la felicidad.



No te tomes tan en serio. Exigimos mucho respeto y puede afectar a nuestra capacidad de relacionarnos. Es normal que los demás se rían un poco de nosotros y no nos tiene que importar. Las personas fuertes y maduras, están por encima de la evaluación de los demás. No les importa que los demás le critiquen y así gozan de mayor respeto de los demás. La vida sería demasiado seria si no pudiésemos bromear con los demás sobre nosotros mismos. Es normal que nos hagan bromas, y no tenemos que darle importancia. Ser muy sensible respecto a nuestra imagen es una debilidad, la solución es no darnos importancia. Lo único que importa es nuestra capacidad de amar. Podemos imaginarnos frente al público, haciéndolo mal y preguntarnos: no ha salido bien, pero ¿aun puedo ser feliz?, aunque no hubiera hecho el discurso, puedo seguir con mi vida interesante, podría renunciar siempre a hablar en público y seguir gozando con la vida. Lo importante no es hablar bien, sino amar a los demás, y es por lo que me pueden valorar. La vida es más que hablar en público. La vergüenza o el miedo al ridículo se basa en la aprobación de los demás y lo cierto es que no lo necesitamos. Sólo podemos mantener un número limitado de buenos amigos, pues hay que cuidarlos y eso lleva tiempo: llamarles, ayudarles, planificar actividades juntos, compartir alegrías, tristezas. El resto de la gente no ejerce influencia en nosotros y no nos tiene que importar su opinión. Los buenos amigos son los que nos aman como somos, y cuando nos mostramos como somos, nos quieren igual y no tenemos que tener miedo al ridículo y es sano hacer el tonto delante de ellos.

Res: la vergüenza y el ridículo, son sensaciones molestas, pero experimentarlas de vez en cuando no es el fin del mundo. Nos liberamos de la necesidad de aprobación, cuando entendemos que estar abajo no es ningún problema y te permite disfrutar la vida. La vergüenza y el temor, se vence pensando bien y no enfrentándose a él. Nadie necesita a nadie, no necesitamos la aprobación de los demás.

Mejorar las relaciones. A veces terribilizamos y nos llevamos mal con alguien, porque pensamos que son insoportables y no merecen nuestro cariño. No tenemos que juzgar, pues nos aleja de la felicidad. Tenemos que aceptar a los demás como son. El secreto para tener los mejores amigos, es pedirle a cada uno lo que pueda dar. Cada uno de nosotros tenemos unos puntos fuertes y otros débiles. No existe la perfección y no debemos de indignarnos con los demás ni descartar a nadie. Tenemos que aceptar incondicionalmente a los demás y ser más flexibles, aprovechando sus puntos fuertes y olvidándonos de sus fallos. No debemos dejarnos presionar por los demás. No tenemos porqué esforzarnos demasiado para complacer a alguien, la vida es muy corta para exigirse ser el amigo ideal. Nuestros amigos, hermanos o hijos, podrán ofrecer unas cosas y otras no. Si los demás se enfadan, es su problema. Tenemos que aceptarnos como somos y soportar con buen humor las críticas.

En pareja, hay que aceptar al otro tal y como es, con todos sus fallos. La buena pareja es aquella que es capaz de ser feliz independientemente de lo que haga el otro. Deja de quejarte y disfruta de la vida. No vale la pena amargarse el día por una tontería. Es bueno redactar una lista de sugerencias con amor y se la entregas a tu pareja, con aquello que desearíamos que nuestra pareja cambiase, y poner al final, … “pero si no lo haces, yo te querré igual”, para que entienda que no nos quejamos.



Sugerencias en vez de obligaciones: al quejarnos, exageramos y terribilizamos y centra la atención en lo que no funciona y olvidamos lo que funciona. Nos hacemos desgraciados a nosotros mismos, y nos convencemos de que así no podemos seguir. No debemos exigir terribilizando, hay que quitar relevancia y así nos prestarán más atención. Al exagerar convertimos en importante algo que no lo es tanto y así es más difícil negociar sobre temas graves. Por ejemplo: “perdone, me toca a mí, se está colando, pero si quiere compre usted primero”, y así queda solucionado sin conflicto. Si le quitamos importancia, la otra persona está dispuesta a renunciar. Si le das poca importancia, será más fácil de solucionar. Si las sugerencias que le pedimos, no las hace, es porque realmente no las puede hacer.

Res: nadie es perfecto, ni nosotros. La clave es pedir a cada cual lo que puede dar y no lo que no puede dar. Es mejor sugerir que exigir el cambio en los demás. Quejarse es la mejor forma de arruinar una relación. Podemos renunciar a cosas de nuestra pareja y ella también puede hacerlo.

Controlar tempestades (aportar calma a los demás). El humor como surrealismo es magnífico para combatir las neuras de los demás y para poder relacionarte con los demás. Muchas personas terribilizan y tu tienes que saber que tu eres el dueño de tu mente, y si no te abres a las exageraciones irracionales de los demás, no podrán influirte. Tenemos que amueblar nuestra mente, para que las relaciones con los demás no nos afecten y debemos estar convencidos de nuestro sistema de valores más allá de la opinión de los demás. Podremos ser emocionalmente fuertes cuando nos protejamos de las neuras ajenas. Podemos ser muy felices sin tener pareja, ni hijos y no siguiendo los cánones de la sociedad.

Nunca debemos entrar en diálogo de locos, si las personas que tenemos al lado se ponen nerviosas, exageran o nos exigen lo que no queremos conceder. No entrar en su dinámica y no discutir. No se puede razonar cuando alguien no está en su juicio. No hay que echar broncas ni amargarse por ello. Si intentamos razonar con alguien que terribiliza, empeoramos la situación, con premisas erróneas no podemos llegar a conclusiones válidas. Las herramientas son humor, amor y surrealismo y así pueden volver a sus cabales. Si nuestra pareja pierde los nervios, responde con amor, dale un beso, recuérdale lo mucho que le quieres, … lo más importante es amarse y mantener la armonía. El amor es el antídoto ante la locura de la terribilización, pero no discutas por que no ve la realidad. El humor es otra estrategia, haz reír al que está enfadado y no seas sarcástico. Otra medida es el surrealismo, responder con algo que no tiene nada que ver con el tema, fingiendo que hemos perdido la razón. Puedes coger un plátano y ponértelo en la cabeza y eso ayuda a las personas miedosas o dubitativas, que no saben que ponerse y así dejan de preocuparse por su imagen. El surrealismo nos saca de la preocupación. Déjate de tonterías, y ríete, ama, o goza la vida.

Res: evitar entrar en las neuras de los demás. Mejores estrategias con quien terribiliza: amor, humor y surrealismo.

Influir en nuestro entorno. Si nos volvemos fuertes y sensatos, dejamos de exigir al mundo y a los demás. Podemos seguir teniendo deseos, pero no los convertimos en exigencias. No hay que amargarse si no obtenemos lo deseado. Cuando queramos algo, hay que seducir, convencer antes que vencer. El buen seductor insistirá hasta que el otro llegue a hacer suya la propuesta. Si no podemos convencerle, también podemos ser felices, nos convencemos de ello. Nos libera del estrés querer imponernos al otro. Educar a través del juego, con la seducción. Hay un juego con niños, para enseñarles a estar bien en la mesa, si ponen el codo, decimos Co, Co, Co, y el dice una palabra que empiece por “co”. La seducción es lo opuesto a la exigencia. Si exiges puedes estropear una relación. Si no lo hace, mala suerte.

La justicia está sobrevalorada. En la naturaleza no existe la justicia, por lo tanto si solo existe en nuestra mente, no puede ser esencial. La justicia es como el chocolate, a dosis pequeñas es buena. Si todo está muy regulado, no es espontáneo. Lo que es justicia para mí, es posible que no lo sea para ti. Es mejor un gran acuerdo que una gran victoria. Con un poco de justicia basta. Lo que reclamamos: comodidad, respeto, consideración, no es tan importante. Hay otros bienes que arriesgamos: armonía, paz interior, salud mental.



Res: si queremos obtener algo de los demás: seducirles, pero no exigirles. La justicia está sobrevalorada, un poco está bien, demasiada es agobiante.

Atajar el estrés en el trabajo. Actitud correcta frente a los defectos es la clave para acabar con el estrés en el trabajo o la vida. El origen del estrés es el temor a no ser capaz de estar a la altura de las expectativas, es una autoexigencia. En la actualidad hay más estrés que nunca, el 80 % de los adultos se declaran estresados. Solo tu capacidad de disfrutar de lo que haces a tu ritmo haciéndolo con cariño y alegría te puede salvar.

En la sociedad de la opulencia, tenemos de todo y en abundancia. En Europa y EEUU desde 1950 cada vez tenemos más, en 1960 aparecieron los supermercados, en los 70 el concepto usar y tirar, en los 80 el ocio masivo, viajes y “calidad de vida”, segunda residencia, en los 90 la belleza física y la juventud a través de la cirugía estética. En los 2000 el conocimiento y la comunicación global, y la especulación inmobiliaria. Aun con estos “avances” el retroceso en el bienestar real es grande por el malestar emocional, por lo que aumenta la depresión, ansiedad y suicidio. En 1950, < 1 % con depresión, en la actualidad el 15 % (Europa y EEUU). Desde 1982 la depresión en España se ha doblado, de un 7 % al 14 %. El consumo de antidepresivos ha aumentado un 107 % de 1997 a 2002. En la década de 1980 menos de 2000 suicidios en España (por tráfico 6000) y ahora 4000 suicidios (por tráfico 2000). Cada vez tenemos más cosas pero somos menos felices. Hay que consumir menos. La clave está en los conceptos de eficiencia y eficacia. Un poco está bien, pero demasiada acabará volviéndonos locos. En África y el Amazonas, no hay depresión ni ansiedad. La eficacia va contra natura. No necesitamos todo lo que los comerciantes nos venden ni la eficacia personal, algo de eficiencia es interesante. Hay demasiada exigencia y presión para destacar, tenemos que aceptarnos con nuestras limitaciones. Tenemos que decirnos, “me acepto con mis fallos y limitaciones” y esa aceptación me hace ser mejor persona al quitarle exigencia a la vida. Estamos poniendo en peligro la supervivencia de la Tierra al producir tantos bienes de consumo y nos exigimos ser guapos, deportistas, inteligentes, buenos padres, … Es una fuente de estrés. El planeta no necesita que hagamos las cosas bien, necesita que no depredemos más el medio ambiente. Tenemos que aceptar que fallamos y no pasa nada. Lo realmente valioso es la capacidad de amar. Nuestros logros y aspiraciones materiales no aportan mucha felicidad a nuestro alrededor. Hay que darle importancia a la capacidad de amar. Si no podemos enseñar por ejemplo, podremos hacer otras cosas con lo que podamos disfrutar.

El trabajo tiene que ser una fuente de disfrute y no de estrés. Pensamos que nuestro trabajo es muy importante y no es cierto y eso nos presiona y arruina el que lo podamos disfrutar. Tenemos que disfrutar con lo que hacemos, y lo único relevante es conseguir la comida y la bebida, todo lo demás es prescindible. No necesitamos dinero para comprar bienes y servicios superfluos.

Hay grupos interesados en vender, crean la necesidad de un producto, y lanzan mensajes asociados a la felicidad y la comodidad, son necesidades artificiales. El estrés no lo generamos dándole importancia a lo que hacemos. No tengas miedo si te despiden, disfruta con el trabajo. Si tenemos una mente racional, trabajaremos a nuestro ritmo sin estrés. No tendrás tanto rendimiento, pero la calidad será mejor y la positividad. Las empresas necesitan gente feliz y entusiasta. El que se plantea el trabajo como obligación, será mediocre. Es bueno imaginarte que te sale mal, por ejemplo, se te olvida una conferencia y aun tienes opciones de ser feliz, pues no es esencial para ti. Aunque no lo hiciéramos más, el planeta seguiría girando. No importa el resultado del trabajo, y si el pasarlo bien, disfrutar de lo que se hace.



Res: la eficacia está sobrevalorada, un poco es bueno, mucho es mala. Cometer fallos es normal y positivo. De los errores aprendemos cosas. Depender de un empleo, psicológicamente es malo. Podemos perder cosas materiales, pero no la paz interior (se pierde con la obsesión por la perfección).

Ganar tolerancia a la frustración. Somos campeones en la queja, y para tener salud mental no hay que quejarse tanto. Los niños que aguantan situaciones de malestar, son más fuertes y de adultos más sanos y capaces, más equilibrados, más abiertos a nuevas experiencias. Tener tolerancia a la frustración es una habilidad esencial, para disfrutar la vida, ya que no perdemos el tiempo amargándonos la vida por cosas que no funcionan. Para ganar tolerancia a la frustración tenemos que cambiar nuestra manera de pensar.

Las personas nos encontramos frustraciones a lo largo del día y ninguno de estos problemas son relevantes si no le damos poder para amargarnos la vida. Por ejemplo en un viaje, añadir presupuesto para eventualidades, lo aceptas de antemano y hacemos lo mismo para las incomodidades de la vida, pero no hay que quedarse encerrado para evitarlas. No convertir las quejas cotidianas en un hábito, pues invade tu mente. Acepta los problemas de antemano, date cuenta que no son relevantes para la felicidad y pon la atención en las maravillas que aún tenemos.



Aceptar no es conformarse. Tenemos que tener confianza en la naturaleza armónica de todo y capacidad de aceptación. El proverbio “en verano hace calor y en invierno, frío”. Hay cosas que tenemos que aceptar pues son más grandes que nosotros, hay hechos controlables y otros que no. No debemos de concentrarnos en la incomodidad pues no gozaremos de ello. No quejarse por pequeñas cosas. Por ejemplo las cacas de perro, son molestas pero no hay que quejarse ni enfadarse pues te pierdes lo bello, podríamos hasta cogerlas y no pasaría nada (hay ciudades que no tienen ni agua).

Res: las adversidades forman parte de la vida y son inevitables. Si las aceptamos no nos molestarán. Podemos poner las bases para que las cosas sean favorables, pero no siempre conseguiremos nuestros deseos. La vida sigue siendo bella.

Liberarse de las obligaciones. La jaula de las obligaciones habita en nuestra mente y nos roba la energía. Por ejemplo el cenar en navidades con la familia. No tenemos que hacer cosas que no nos apetecen. La vida es corta para perderla con obligaciones estúpidas. Las obligaciones son una neura que poseemos más nosotros que los demás y a veces es compartida. Hay problemas emocionales que tienen que ver con las obligaciones. No tenemos por qué complacer a los demás como ellos desearían. Tenemos que hacer lo que nos apetece de forma honesta. Y los demás no tienen por qué enfadarse y si lo hacen es su problema.

Cuidar de los padres. Ellos se las pueden arreglar y ellos pueden asociarse para vivir en comunidad en espacios donde disfrutar de la vida juntos. Ellos no nos necesitan para ser felices. Podemos estar con ellos no como obligación, sino como una fructífera asociación. Ni tu familia te necesita ni tú les necesitas a ellos. No existe tal obligación. Los abuelos no necesitan ver a la familia unida una vez al año, ellos necesitan comida y bebida. No hay obligación de compartir el tiempo de ocio.



Nadie puede hacer feliz a nadie. La felicidad es un estado mental en el que solo uno puede entrar. Te puedes pasar horas consolando a alguien y al día siguiente está igual. Lo mejor ante familiares que se quejan es cambiar la conversación, pues están terribilizando y es un diálogo sin cordura. Dejar de exagerar es difícil, se necesita entrenamiento y una corta conversación con ellos no conseguirá nada.

Res: la mayoría de las obligaciones son neuras procedentes de necesidades inventadas. Hay que hacer las cosas por disfrute pero no por obligación. Los que nos rodean, no necesitan nuestras atenciones. Devolvámosles la fuerza y responsabilidad sobre su vida para que gocen de sus capacidades.

Ahondar en la despreocupación: la salud. “Tu dolor es la apertura del cascarón que encierra la comprensión”. “Salvar a los demás, es nuestra naturaleza, aunque te cueste esfuerzo”. Las situaciones ideales solo existen en nuestra mente y luego nos enfadamos si no se cumplen. La falta de aceptación es la base de la infelicidad. Las cosas son como son, nunca perfectas aparentemente. No necesitamos que todos nos traten bien, o que salga el sol el domingo para tener una vida maravillosa. Una de las realidades que nos negamos a aceptar es la enfermedad y pone a prueba nuestra madurez emocional. La salud no es tan importante por varias razones: para no terribilizar sobre la enfermedad y obsesionarse con la salud, para afrontar la enfermedad con optimismo cuando nos toque, para reajustar nuestro sistema de valores.

La salud no es esencial para la felicidad, lo importante es disfrutar la vida. La salud nos posibilita hacer más cosas, pero en sí misma no es nada. Hay personas depresivas físicamente en forma y desean quitarse la vida. Además está garantizado que la vamos a perder cuando pasas la adolescencia, empezamos a perder salud: la vista se cansa, la espalda duele, perdemos potencia sexual… Todos enfermaremos y moriremos. Los voluntarios en los hospitales trabajan desde la alegría, en realidad todos estamos enfermos, y es compartir esa naturaleza impermanente e imperfecta para hacer de ella algo hermoso. La enfermedad, el dolor y la muerte forman parte de la vida y no son desgracias que truncan la felicidad, son procesos naturales, inconvenientes, que dejan espacio para la alegría, el amor y la fraternidad. Los voluntarios ofrecen el hombro para llorar y a sus hijos tiempo para jugar, sonrisas para iluminar la habitación. Podemos ser felices incluso sabiendo que nos vamos en unos meses, podemos hacer cosas valiosas por nosotros y los demás. Deprimirse no te ayuda. Hay que eliminar las emociones negativas exageradas, como la depresión, la ansiedad y la ira. Si te ingresan, tienes la oportunidad de conocer a otros enfermos, puedes amar a sus familiares. De la salud hay que ocuparse, pero no preocuparse, debemos cuidar el cuerpo, pero no hay que obsesionarse.

El problema emocional de la hipocondría, es preocuparse demasiado por la salud, lo que hace que haya personas que no se chequeen por miedo irracional lo que puede provocar efectos indeseados. Tenemos que pensar “deseo tener una buena salud y vivir muchos años, pero si contraigo alguna enfermedad, no será el fin del mundo” y si caigo enfermo aprovecharé mi tiempo y haré cosas valiosas. Aun estando enfermos podemos ayudar a personas necesitadas, … Añadimos sufrimiento al dolor cuando nos lamentamos por estar enfermos, y el malestar psicológico amplifica el dolor. Si atajamos la parte emocional del dolor, ese se reduce mucho. Tenemos que dejar de darnos importancia, somos solo granitos de arena en el universo. Pronto nuestra generación estará muerta. No debemos de pensar que somos importantes para nosotros mismos. No somos indispensables. Si nos distanciamos de nosotros mismos, vemos que dejamos de preocuparnos por nuestro destino y podemos empezar a vivir el presente. Me importas, pero tu muerte no me va a preocupar, ninguno somos importante.

Res: hay que ocuparse de la salud pero no preocuparse demasiado por ella. Sin salud se puede ser feliz y con salud se puede ser desgraciado. Es sano distanciarse de uno mismo, no darse mucha importancia, para sosegarse.




Compartir con tus amigos:
1   2   3


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos