A survey of buddhism: sexta edición



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Las seis Perfecciones son (1) la Perfección de la Generosidad (dana-paramita), (2) la Perfección de la Moralidad (sila-paramita), (3) la Perfección de la Paciencia (ksanti-paramita), (4) la Perfección del Vigor (virya-paramita), (5) la Perfección de la Meditación (dhyanaparamita), y (6) la Perfección de la Sabiduría (prajña-paramita).

En la Enseñanza Original no se prescribe un camino, sino dos: el del monje y el del laico. El primero es el Camino Triple de la Moralidad (sila), la Meditación (samadhi) y la Sabiduría (Prajña), que fue descrito con detalle en el primer capítulo. El segundo es el Camino Triple de la Generosidad (dana), la Moralidad (sila) y la Meditación (bhavana). Combinemos estas dos series de términos (el Bodhisattva puede ser monje o laico) y obtendremos un camino de cuatro fases: la Generosidad, la Moralidad, la Meditación y la Sabiduría. Sólo faltan la Perfección de la Paciencia y la del Vigor. Sin esta última, que también es una de las Cinco Facultades Espirituales, no le será posible al Bodhisattva llevar a conclusión acertada una carrera que dura millones de años. Sin la Paciencia no cabe esperar que aguante todas la adversidades y tormentos que inevitablemente le acaecerán durante el largo trayecto que a través de nacimientos y muertes lleva a la Iluminación Suprema. El Vigor y la Paciencia, cualidad activa y pasiva respectivamente, y que se complementan, son interpoladas en medio de las otras cuatro, constituyendo así las Seis Perfecciones: la Generosidad, la Moralidad, la Paciencia, el Vigor, la Meditación y la Sabiduría.

Por lo tanto el Camino del Bodhisattva coincide con el Camino Triple, pues es simplemente su redefinición ampliada. Por consiguiente es posible hacer una correlación similar entre las Seis Paramitas y el Camino Óctuple. En el cuadro siguiente, las ocho fases, desde la Comprensión Correcta a la Concentración Correcta, son distribuidas entre las tres fases, la Moralidad, la Meditación y la Sabiduría:
La Sabiduría: La Comprensión Correcta

La Aspiración Correcta


la Moralidad: El Habla Correcta

La Acción Correcta

Los Medios de Subsistencia Correctos
La Meditación: El Esfuerzo Correcto

La Atención Consciente Correcta

La Concentración Correcta
En la combinación del Camino Óctuple Noble los factores que pertenecen a la Sabiduría preceden a los que pertenecen a la Moralidad y a la Meditación. La discrepancia es tan sólo aparente y se debe a que el término Sabiduría denota, según el contexto, tanto la Sabiduría transcendental como la mundana. Así pues, la Sabiduría, en el sentido de la comprensión intelectual de la Doctrina, precede a la Moralidad y a la Meditación, en cambio cuando tiene el sentido de la realización intuitiva de la Doctrina las sucede. En este caso se considera que la Sabiduría es una subdivisión de la Meditación, ya que surge sólo si la mente está lo suficientemente concentrada.

Si el Camino Óctuple se correlaciona con el Camino Triple, y si el Camino de las Seis Perfecciones es una versión más amplia del Camino Triple, es obvio que el Camino Óctuple y el Camino de las Seis Perfecciones se correlacionan. Estos hechos, por si solos, son suficiente para demostrar que el Ideal del Bodhisattva y el Camino del Bodhisattva representan bajo el aspecto del Método no sólo al Mahayana sino a toda la tradición budista. Por lo tanto ambos constituyen un factor unificador y consolidativo de importancia primordial.


Cada una de las Seis Perfecciones ha sido tratada ampliamente y con muchísimo detalle en numerosos sutras del Mahayana. Sin embargo no puede negarse que se le ha concedido tanta atención a la Perfección de la Sabiduría que parece que las otras paramitas hayan quedado reducidas a posiciones insignificantes. Bastará al lector con recordar la extensión de la literatura de la Prajñaparamita que, como indica su nombre, está dedicada a la elucidación de la sexta Perfección. Algunos textos llegan a afirmar que ésta contiene a todas las prácticas espirituales y que, por eso, las otras Perfecciones quedan también incluidas en ella. Este énfasis en la supremacía de la Sabiduría indica que en la práctica de las Perfecciones la motivación correcta es de importancia decisiva.

Según el Sutra Lankavatara, en cada Perfección hay tres grados: el ordinario, el extraordinario y el superlativo. La Perfección es de grado ordinario cuando la practica gente mundana para ganar felicidad en esta vida o en las venideras; cuando la practica el hinayanista para lograr el Nirvana individual es de grado extraordinario; pero cuando es desarrollada por el Bodhisattva, no por su beneficio sino por el bienestar y la liberación de todos los seres, es de grado superlativo. De igual modo, el Pancavimsatisahasrika distingue entre la práctica mundana de las Perfecciones y la Transcendental; la primera se basa en la ilusión de la existencia del ser individual, la segunda está libre de ella.

En vista de todo esto nos será posible simplificar la descripción del Camino del Bodhisattva si nos concentramos en el espíritu de las Paramitas, en vez de en los detalles de la práctica. Las Seis Perfecciones son términos comunes a ambos yanas y a todas las escuelas del budismo. Pero lo que las convierte en realidades Transcendentales dinámicas, en vez de dogmas muertos y prácticas sin significado, es la presencia del espíritu del Bodhisattva. En definitiva, cualquier acto ejecutado con Prajña puede ser calificado Paramita. Pero esto no quiere decir que se pueda prescindir de la práctica de las Seis Perfecciones. Sacar esa conclusión sería tener una concepción desequilibrada de la Prajña. De nuevo se ve que el Camino a la Iluminación Suprema reside en la práctica simultánea de la verdad relativa y la Verdad absoluta.
(1) Dana o Generosidad, la primera de las Seis Perfecciones, puede considerarse desde cuatro puntos de vista diferentes. Estos dependen de (a) a quien se da, (b) lo que se da, (c) como se da, y (d) por qué, o con que motivo se da. Esta clasificación nos permitirá extraer las conclusiones más importantes de la abundante literatura sobre este tema.

(a) En general los beneficiarios de la generosidad del Bodhisattva son los seres vivos, si bien son mencionadas tres categorías. Estas son (I) sus propios amigos y parientes; (II) los pobres, los enfermos, los afligidos y los desamparados; y, finalmente, (III) los miembros de la Sangha.

(I) El mahayanista estaría de acuerdo con que “la caridad empieza con uno mismo”; pero haría hincapié en el verbo, “empezar”. Como indica la práctica de la metta-bhavana, el budismo no requiere la supresión de los afectos naturales sino su universalización. Ese mismo sentimiento que cuando se dirige tan sólo a una persona es la fuente de esclavitud y sufrimiento, se vuelve, en cuanto se extiende en todas direcciones, en una de las condiciones que ocasionan la liberación y el éxtasis. Para el Bodhisattva laico sus parientes y amigos se encuentran entre los primeros beneficiarios de su generosidad, si bien no son, ni mucho menos, los únicos. Cuando reflexiona en el hecho de que todos los seres han sido, en un nacimiento u otro, su madre, o padre, o consorte, o hijo, su generosidad se convierte en un círculo en expansión constante que trata de incluir a todos. El Bodhisattva que es monje siente por sus benefactores laicos el mismo afecto que por su padre y su madre y ama a sus pupilos como si fueran sus hijos. Todos los seres vivos son sus amigos.

(II) El pobre, el enfermo, el afligido y el desamparado siempre han recibido caridad en las sociedades civilizadas y bajo las religiones superiores. Este aspecto de la generosidad no tiene gran cosa que la haga específicamente budista; esto es dejando de un lado la importante cuestión de la motivación. La característica más destacable es que, en contraste con las religiones semíticas, el budismo incluye en la dana el servicio a los animales además del servicio a las personas. Asoka estableció un hospital para seres humanos y animales, y todavía se encuentran en países budistas instituciones para el cuidado de perros, caballos y vacas, y otras criaturas de cuatro patas, que hayan enfermado. También muestra esto que el rescate y la liberación de tortugas y pájaros es parte de los festivales budistas en la China. Los que viajan por tierras budistas unánimemente expresan lo que dijo Sir Francis Younghusband: “Es una alegría el viajar por los países budistas y ver que confiados son los animales salvajes”. No obstante, el materialismo agresivo occidental se ha abierto camino terriblemente en este ambiente ideal. Una de las cosas más tristes que ha presenciado el autor de estas líneas, ha sido un misionero católico conduciendo un jeep cargado de muchachos budistas todos armados con rifles, dirigiéndose al bosque para un día de “deporte”. Tiemblo ante la inquietante indiferencia de los padres de estos muchachos—y hay millones como ellos en Asia—que inconscientemente ponen a sus hijos en las manos de los enemigos del budismo para que se “eduquen”.

(III) El término que los textos dan a la tercera clase de beneficiarios de la dana es sramana-brahmana. En la época del Buda este nombre compuesto se refería a las dos grandes divisiones religiosas; aquellos que aceptaban la autoridad de los vedas y los que la negaban. Desde el punto de vista histórico el budismo pertenece a la segunda categoría. Cuando las Escrituras representan a personas que no son budistas hablando del Buda, estas no se refieren a El con título de Bhagavan, simplemente le llaman Sramana Gautama. La conversión siempre está marcada por el cambio correspondiente al título que indica mayor respeto. En la Enseñanza Original el término sramana-brahmana parece ser la designación colectiva dada a todos aquellos que seguían el Camino Triple de la Moralidad, la Meditación y la Sabiduría, independientemente de que fueran o no miembros de la Sangha formalmente. Por otra parte, el Brahmana Vagga, el último capítulo del Dhammapada, deja bastante claro que el término brahmana no quiere decir solamente miembro de la casta de los brahmanes. De hecho sramana y brahmana son esencialmente sinónimos. El primero tan sólo sobrepone el aspecto del monacato formal al ideal espiritual. Del budista se requiere que mantenga a todos aquellos que llevan genuinamente la vida de la santidad, según criterios budistas. Pero esto no quiere decir que el budista tenga que mantener o ayudar a quienes, como los misioneros cristianos, diseminan doctrinas falsas y tratan de destruir el Dharma, aun si sus vidas son virtuosas. El budista que ayude directa o indirectamente a las organizaciones a que estos pertenecen será un traidor de su propia tradición. A los budistas se les enseña la tolerancia y ellos la practican con mayor sinceridad que los seguidores de cualquier otra religión. Pero tolerancia no quiere decir indiferencia; así como la buena disposición hacia los vecinos no requiere permitir que entren los ladrones en la casa propia a robar. En el contexto actual, sramana-brahmana quiere decir primordialmente los miembros de la Sangha. El Bodhisattva laico debe ser un dayaka ideal, manteniendo y sirviendo siempre fielmente a los bhiksus y ayudándoles no sólo con requisitos materiales sino también dándoles consejos espirituales, si es que está en posición de hacerlo.

(b) Lo que se da es potencialmente ni más ni menos que lo que se tiene. El Bodhisattva da muchísimas cosas, las cuales pueden ser agrupadas bajo las siguientes categorías: (I) las cosas materiales, (II) la intrepidez, (III) la educación, (IV) la vida propia, (V) los méritos y (VI) el Dharma.

(I) Con respecto a las cosas materiales, las cuales ocupan el lugar inferior en la jerarquía de las cosas que da el Bodhisattva, un sutra preservado en lengua china dice lo siguiente:
Quiere decir...transcender los límites del cielo y de la tierra con una caridad tan ancha como el río, tan amplia como el mar; llevando a cabo actos de generosidad hacia todos los seres; dando de comer al hambriento; dando de beber al sediento; dando ropa a quien padezca frío; refrescando a aquellos rendidos por el calor; estando preparado para ayudar al enfermo. Ya sea carruajes, caballos, barcos, avios, o cualquier material precioso o joya famosa, o la persona amada, o hijo, o el reino, lo que sea que se te pida, dalo, dalo inmediatamente. (citado en Aspects of Buddhism, S.J. Henri de Lubac)
En el budismo la generosidad con las cosas materiales no es cuestión del humanitarismo superficial, según el cual la religión se limita a la distribución gratuita de bollos y mantas. Esto lo demuestra un pasaje importante de otro sutra:
¿Cuáles son los medios malos (anupaya)? Cuando el Bodhisattva ayuda a los demás practicando las perfecciones y se siente satisfecho con proporcionarles ayuda material, sin elevarlos por encima de sus propias miserias, sin introducirlos a la beatitud, entonces el Bodhisattva usa los medios malos.

¿Por qué? Porque la ayuda material no es suficiente. Sea cual sea la altura de un montón de estiércol, no será posible con medio alguno hacerle que huela bien. De igual modo, los seres vivos son infelices debido a sus actos y por su propia naturaleza. No es posible hacerles felices tan sólo proporcionándoles ayuda material. La mejor forma de ayudarles es establecerlos en el bien. (Aspects of Buddhism,... pág 24)


El Bodhisattva nunca piensa que la esperanza de las riquezas del cielo valga como remedio adecuado para la pobreza y la degradación en la Tierra. Pero, por otra parte, tampoco sugerirá que la felicidad que se obtiene con la posesión de frigoríficos y coches lujosos pueda reemplazar a la Iluminación. El Bodhisattva sigue el Camino Medio, se esfuerza por la mejora espiritual y material de la vida humana y practica dana en todas sus formas.

(II) El infundir intrepidez (abhaya) es una concepción únicamente budista. Está más claro en el budismo que en ninguna otra religión que el miedo, la preocupación y la ansiedad, son capaces de crear tremenda turbación en la mente. Por eso la importancia de desarrollar la valentía es parte integra de la vida espiritual. El Buda, tal y como es representado en las Escrituras, no da la menor muestra de miedo: su confianza es inquebrantable. Esta cualidad mental es poseída en grado preeminente por el Bodhisattva, el cual la desarrolla no ya por su beneficio sino para impartírsela a los demás.

La intrepidez, en el sentido más elevado de este término, como la felicidad, no se obtiene por medios materiales; el miedo es esencialmente el temor por sí mismo y sólo se supera con la eliminación del sentido del ego. La intrepidez absoluta es lo mismo que la Iluminación y dar la intrepidez a los demás, en el sentido más remoto del término, es lo mismo que dar la Iluminación. No obstante, en este contexto, dar la intrepidez quiere decir tratar de aliviar a la gente de la ansiedad con respecto a la seguridad personal, la propiedad y la subsistencia, por medio de bienes materiales o tratamiento psicoterapéutico, o simplemente por la propia presencia radiante y por el comportamiento que inspira confianza. En el amplio repertorio de prácticas existentes en el budismo hay muchas que están especialmente designadas para conquistar el miedo: las visitas a cementerios a media noche, y a otros lugares temidos; la observación de las distintas fases de la descomposición de un cadáver; la meditación sobre la muerte. Con todas estas prácticas se estimula al miedo para que invada nuestra consciencia y, entonces se le confronta y supera. Se ha de hacer salir al enemigo para poder matarlo. Aunque los esfuerzos del Bodhisattva durante esta fase se dirigen principalmente a crear un sentimiento de seguridad y confianza en la mente de los hombres y de los animales, él no se olvida de que la estocada decisiva contra el miedo sólo se logra con la espada del no-ego.

(III) El dar educación (siksa) se incluye en la dana principalmente por dos razones. En primer lugar la educación le permite al individuo ejercer sus derechos y cumplir con sus obligaciones de ciudadano o miembro de la sociedad. En segundo lugar, una persona sólo entenderá las doctrinas que constituyen la base teórica de la práctica de la Enseñanza cuando haya alcanzado un cierto nivel de educación general.

El contenido y la teoría de la educación varían, por supuesto, según la época. Las disciplinas tradicionales budistas—todavía mantenidas en el Tíbet y en Mongolia—comprenden la filosofía, la lógica, la gramática, la medicina y otras ciencias, así como las artes y distintas formas de artesanía. Pero en la concepción budista de la educación no hay nada que nos obligue a prohibir en el currículo de estudios budistas, en cualquier colegio monástico, los elementos principales del conocimiento moderno. Sólo habrá que asegurarse de preservar intacta la jerarquía tradicional cuando la posición dada a una rama del conocimiento esté relacionada directamente, o tenga un papel importante, en el desarrollo de la Sabiduría. El logro de conocimiento por medio de métodos que violan los principios de la ética, como por ejemplo la vivisección—un caso extremo—sea cual sea la razón no tienen lugar en un sistema de educación verdaderamente budista. Además ningún budista debe ayudar en el avance de investigación científica cuyos resultados vayan a ser utilizados para la destrucción de la vida. El Bodhisattva sólo da la educación que no es incompatible con la toma efectiva de los Tres Refugios y el seguimiento del Camino.

(IV) El Bodhisattva que da la propia vida es el tema de numerosos Jatakas, muchos de los cuales se han convertido en parte de la literatura y el folklore de los países budistas. El rey de los Sivis que dio sus ojos; Jimutavahana que se dejó sacrificar al garuda en vez de que el muchacho naga fuese sacrificado; y por supuesto ese héroe que ofreció su cuerpo a la tigresa hambrienta. Todos estos personajes viven en la imaginación popular budista con más intensidad que cualquier personaje histórico. “Dio su sangre, más que el mar; dio sus ojos, más que las estrellas”, dice un antiquísimo poema cingalés refiriéndose al gran ser que en su última vida en la Tierra fue el Buda Gautama.

No obstante, no se ha de pensar que el Bodhisattva ha de sacrificar su vida en la primera oportunidad que se le presente. La opinión general de todos los mahayanistas responsables es que el cuerpo del Bodhisattva no le pertenece a él mismo sino a todos los seres; es como un objeto dejado a su cuidado. Por consiguiente, el Bodhisattva sólo tendrá derecho a sacrificarlo cuando la persona por la que lo sacrifique pueda dar a los seres un servicio superior al que él le da. Ahora bien, al principio de este capítulo señalé que el Ideal del Bodhisattva no ha de ser interpretado literalmente sino simbólicamente. Así pues, en vez de tratar de sacar conclusiones generales de los Jatakas, se ha de empapar uno de su espíritu. El cuento de la tigresa hambrienta no quiere decir que el Bodhisattva tenga por norma sacrificar su propia vida para preservar la de los animales. Lo que el cuento significa es que el Bodhisattva ha de desarrollar la Compasión hasta el extremo de olvidarse de sí mismo. Si ha de sacrificar su vida, o no, en una situación particular lo determinará la Sabiduría.

Que la entrega de la propia vida sea una forma de dana demuestra que el Mahayana no excluye la posibilidad de que el Bodhisattva tenga que sacrificarse literalmente. Por eso le requiere que esté bien preparado por si surgiera el caso.

(V) La práctica de dar los propios méritos, llamada la transferencia (parinamana) de méritos, ha sido ya vista en la sección tercera de este capítulo. Por lo tanto no necesito extenderme. De hecho sólo hay una diferencia entre la transferencia de méritos de la lista de las prácticas preliminares y la que forma parte de la Perfección de la Generosidad; si bien es una diferencia de importancia fundamental. En el primer caso la transferencia no está asociada con la Prajña, de modo que el aspirante a la Bodhisattvaidad piensa que él en realidad da algo y que los demás lo reciben en realidad. Pero cuando la transferencia va asociada a la realización de la Prajña, el Bodhisattva, pues ya no es aspirante, la hace con su mente libre de cualquier pensamiento referente al ser propio y a los demás. La transferencia de los méritos, como las formas previas de Generosidad, fluyen espontáneamente de las profundidades de la realización del Bodhisattva, que es la realización de la verdad de la no dualidad.

(VI) Todas las escuelas del budismo, a pesar de sus diferencias doctrinales, mantienen unánimemente que la Dharma-dana, el Obsequio de la Doctrina, es la forma más elevada de Generosidad. Este es el hecho que hace del budismo una religión misionera en el sentido verdadero de la palabra. El Bodhisattva posee, por así decir, los Medios de la Iluminación, y por compasión desea compartirlos con todos los seres. Por lo tanto, del mismo modo que de la Sabiduría nace la Compasión (ya que si las dos metafóricamente son idénticas, lógicamente una viene antes que la otra), la Compasión a su vez produce varios métodos llamados Upaya, o Medios, con los que el Bodhisattva capacita a los seres para que participen en su experiencia transcendental. Uno de los Medios más importantes es la comunicación de las formulaciones conceptuales que constituyen las bases teóricas de la práctica de la Doctrina a nivel intelectual, esto es, la comunicación de la Doctrina por medio de la palabra hablada o escrita. A esta comunicación se le llama Dharma-dana. Por supuesto, las formas que puede tomar este modo de Generosidad son muy numerosas y la mayoría son lo suficientemente conocidas para no mencionarlas de nuevo.



El único aspecto de la Dharma-dana que necesita ser mencionado es su doble función: la promulgación de la Verdad y la refutación del error. Manjusri es el Bodhisattva que personifica a la Sabiduría y preside sobre la propagación del Dharma. La iconografía lo representa llevando en la mano izquierda una flor de loto, sobre la cual hay un libro, las Escrituras de la Sabiduría Perfecta, y, además, en la mano derecha empuña la espada en llamas. Lo primero representa el establecimiento de la Verdad y lo segundo la destrucción de lo falso, es decir todas aquellas doctrinas que no constituyen la base para el logro del Camino Transcendental. Las dos funciones son inseparables. El Bodhisattva no puede predicar el Dharma sin refutar opiniones erróneas como la de la existencia de un Dios creador y el ser individual inmutable; exactamente del mismo modo que es imposible que el sol salga sin disipar la oscuridad. Si el Bodhisattva es un bhiksu, la ejecución de esta función doble será su obligación principal desde el punto de vista social. Si es laico no deberá, por eso, desatenderla. En ninguno de los casos se deberá hacer compromisos a enseñanzas falsas.
(c)En las exhortaciones contenidas en el siguiente resumen de textos se ve en seguida como, o en que manera, da el Bodhisattva;
“Deberá ser siempre cortés con los suplicantes y recibirlos con todo respeto y deferencia (satkrtya). También deberá dar con alegría, esta condición es importante y esencial. El que dé tendrá que estar aún más contento que el que reciba. Un Bodhisattva, tras haber dado algo, no debe arrepentirse nunca de su generosidad, no hablará de sus actos caritativos, dará con diligencia (tvaritam) y con humildad, no hará distinciones entre sus amigos y sus enemigos, sino que será igual de generoso con todos. El Bodhisattva dará al que lo merece y al que no lo merezca, al malvado y al justo, en cualquier ocasión y donde quiera que se encontrase, pero no habrá de perder el sentido de lo que es apropiado en su caridad”. (The Bodhisattva Doctrine...págs. 175-6)
El Bodhisattva está dispuesto a sacrificar incluso su propia vida por el beneficio de los demás seres, pero sólo hará ese sacrificio si en realidad hay necesidad de ello. Además, cuando dé cosas materiales lo hará con prudencia. El Bodhisattva no le proporcionará a nadie los medios para dar gusto a la crueldad y a la lujuria, o cualquier otra cosa que fuera a ser usada para faltar a los Preceptos. Todo lo que dé el Bodhisattva habrá sido adquirido honestamente y le pertenecerá tanto legal como moralmente; él no es un Robin Hood que roba a los ricos para darle a los pobres. Cuanto aún menos un mago de las finanzas que piense que la dana se pueda llevar a cabo por medio de la creación de sociedades caritativas enormes financiadas con las ganancias de una carrera de explotación y robo legalizado.



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