A survey of buddhism: sexta edición



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VII. La escuela de la Tierra Pura


El Budismo Devocional durante toda su existencia en la India no formó una escuela independiente. El culto a Amitabha y a Avalokiteshvara existía pero el Budismo Devocional era simplemente un aspecto de todas las escuelas. Como ya hemos visto, el camino fácil, el de la devoción, fue recomendado nada menos que por Nagarjuna.

Esta tradición, la tradición india, se ha mantenido en el Tíbet, Nepal y Mongolia, y solamente en la China y el Japón consiguió el Budismo Devocional cortar el cordón umbilical que le unía al tronco original de la tradición. Aun así únicamente el movimiento de devoción a Amitabha creció con el suficiente vigor para hacerlo, mientras que los movimientos de devoción a Ksitigarbha, Samantabhadra y a otros Bodhisattvas, aunque se extendieron y fueron de gran influencia, no lograron la categoría de escuela independiente. Consecuentemente cuando digo que el Budismo Devocional es una de las cuatro escuelas principales del Mahayana me refiero al culto de Amitabha.

Este hecho histórico—el hecho de que fuera en la China y en el Japón, y no en la India, donde floreció independientemente esta escuela—se refleja en la lista de los siete primeros patriarcas de la escuela, según el Jodo Shin Shu. Los dos primeros no son otros que Nagarjuna, el fundador de la escuela Madhyamika, y Vasubandhu, el co-fundador, junto con Asanga, de la escuela Yogacara. El tercero, cuarto y quinto, Tan Luan, Tao Chao y Shan Tao, fueron chinos. El sexto y el séptimo fueron Honen y su discípulo Shinran, ambos japoneses. Esta lista no menciona a Hui Yüan, el monje chino que es generalmente considerado el primero en elevar el movimiento devocional a la categoría de escuela independiente. Es probable que esta omisión se deba a que Hui Yüan vivió antes que Vasubandhu. Según la tradición del Mahayana del Extremo Oriente el gran doctor del Yogacara vivió alrededor de la segunda mitad del siglo quinto d. de C. y Hui Yüan del año 333 al 416. Al ser la lista del Jodo Shin Shu cronológica e implicar una sucesión de tipo apostólico, si bien no pupilaje directo, le hubiera sido imposible a la escuela incluir a Hui Yüan sin excluir a Vasubandhu, perdiendo así el apoyo de uno de los nombres más ampliamente venerados en el Budismo del Mahayana. También es posible que la razón de la omisión fuese que Hui Yüan, aun siendo el responsable del nacimiento de la escuela, contribuyó relativamente poco a su desarrollo doctrinal. No obstante el nombre que adquirió la escuela y por el que fue ampliamente conocida por muchos siglos se le debe a él. Junto al monasterio donde vivía había un estanque en el que se criaban lotos blancos. Por eso la hermandad que fundó fue denominada la escuela del Loto Blanco. Esta designación no fue necesariamente un capricho. Las flores de loto son un detalle muy frecuente de la vida en la Tierra Feliz y según el Sutra Amitayurdhyana los devotos de Amitabha nacen allí de lotos blancos. No es sorprendente que las flores de loto en el jardín del retiro de Hui Yüan le recordaran a él y a sus discípulos las bellezas Sukhavati. De todas formas, el famoso himno en alabanza a Amitabha que él compuso es popularmente conocido por el nombre de la Oda del Loto Blanco y en él describe las maravillas de la Tierra Feliz con palabras tan bellas como las del Sutra Sukhavati-vyhua, si bien la especie de loto que cita en el primer verso, el utpala, no es blanco sino azul.

Otros dos nombres dados a esta escuela fueron el Atajo y el Sendero Blanco. Este último tiene su origen en una alegoría que Shan Tao (613-681 d.de C), el quinto patriarca, incluyó en su comentario del Sutra Amitayurdhyana. En esta alegoría la repetición del mantra Namo Amitabhaya Buddhaya es comparado a un sendero estrecho y blanco, sólo de cuatro o cinco pulgadas, que va entre una constante pared de llamas y un profundísimo torrente de aguas turbulentas. El caminante sólo puede pasar de esta orilla a la otra andando sobre este sendero. En la actualidad el nombre más comúnmente dado a la escuela de Hui Yüan es la Escuela de la Tierra Pura. Este será el nombre que yo usaré de aquí en adelante, ya que al no haberse transformado el culto a Amitabha en la India en escuela independiente no hay ninguna apelación en sánscrito para ella.

Sin embargo, hay que tener en cuenta la gran diferencia que existe entre la doctrina de la escuela indo-china de la Tierra Pura y la de su descendiente japonesa. Esta diferencia es debida casi totalmente a Shinran, el fundador del Jodo Shin Shu o la escuela de la Tierra Pura Verdadera, y consiste en que la interpretación de la doctrina es más profunda y auténticamente budista. Con él, el movimiento de devoción por Amitabha alcanza finalmente su cúspide tras doce siglos de desarrollo. La interpretación de Shinran, al ser esencialmente, la lectura del mito original de Amitabha visto desde el punto de vista de las concepciones transcendentales más elevadas, no podrá ser comprendida aisladamente de las tradiciones anteriores, de las cuales surgió como la flor surge de la semilla. Sólo tras hacer una breve descripción de la forma indo-china de la doctrina de la Tierra Pura, podremos aventurarnos a estudiar con más detalle, si bien no con la profundidad que merece, la escuela de la Tierra Pura Verdadera.
Ya vimos en la sección IV del capítulo primero que la idea de que el advenimiento de un Buda no se limita a nuestro periodo-mundo es parte integral de la Enseñanza Budista original. Vimos que según el Canon Pali previos Budas habían aparecido en previos período-mundos. Tanto los mahasánghikas como los sautántrikas desarrollaron esta idea y afirmaron que si la llegada de los Budas se consideraba ilimitada por el tiempo podía igualmente considerarse ilimitada por el espacio: no sólo quedaban presididos por Budas sucesivos período-mundos sino también sistemas de mundos coexistentes. Pero aunque unos sistemas de mundos bajo la influencia y autoridad de un Buda podían existir a la par que otros, al menos desde el punto de la verdad relativa, no podía considerarse que fuesen distintos y además de dimensiones infinitas. Los mahayanistas resolvieron este problema con esta idea: aunque la omnisciencia del Buda comprende toda la infinidad del espacio, la cual constituye su campo de sabiduría, su autoridad espiritual se limita a unos sistemas de mundos en particular. A la totalidad de sistemas de mundos bajo cada Buda se denomina su campo de influencia (Buddha-ksetra) o su país. Además se pude inferir, partiendo del Sutra Amitayurdhyana, que cada Buda es consciente de lo que ocurre en los países de los demás Budas; si bien es su responsabilidad el progreso y la Iluminación de los seres en su país o reino que consta de una inmensidad de millones de sistemas de mundos.

Hay dos tipos de reinos de Budas, los puros y los impuros. El impuro es aquel que está habitado por seres de los seis planos de existencia. No sólo los dioses y los hombres, que son nacimientos ardientemente deseados por el budista laico, sino también los titanes, los espíritus hambrientos, los animales y los atormentados, nacimientos que él teme y considera una calamidad absoluta. Los países impuros de los Budas, o sus zonas de influencia que son impuras corresponden a sistemas de mundos que pertenecen al universo fenoménico, tal y como el mundo en que habitamos. Por otra parte, además de estar presidido por un Buda y su gloriosa compañía de Bodhisattvas, el reino puro esta habitado exclusivamente por dioses y hombres que nacen por aparición y todos tienen cuerpos masculinos. Sukhavati, la morada de Amitabha, es uno de estos reinos y por esa razón es conocido por el nombre de la Tierra Pura.


Ya hemos visto como se establece una Tierra Pura—Sukhavati aunque es la más famosa no es la única. Shakyamuni, Buda que preside sobre Sahaloka (el Mundo de la Tribulación), reino impuro en que habitamos, nos revela como se establece la Tierra Pura en la historia de Dharmakara, en el Sutra Sukhavati-vyuha. Quizá la razón por la cual se establece una Tierra Pura no sea obvia. No obstante en principio es idéntica a la razón por la cual el Buda estableció la institución budista más conocida, la Sangha.

Los ejemplos de laicos que alcanzaron fases avanzadas del Camino Transcendental son frecuentes en las escrituras budistas. Aun así, hubo desde la época del Buda un sentimiento general en los círculos budistas según el cual se consideraba que para quien había dado “rehenes a la fortuna” la búsqueda de la Sabiduría quedaba prácticamente imposibilitada. Las responsabilidades familiares, las obligaciones sociales y, sobre todo, la necesidad de ganarse la vida, eran a veces incompatibles con la observancia perfecta de los preceptos de la Moralidad. Resultaba aún más difícil en esas circunstancias el desarrollo de la pureza y la concentración de la mente por medio de la práctica regular de la meditación. La Sangha se fundó con el propósito de crear una sociedad dentro de la sociedad, casi un mundo distinto dentro de este mundo, para quienes sentían la atracción hacia lo transcendental, y así proporcionar las condiciones ideales para la vida espiritual. Ser miembro de tal institución facilita el logro de la Iluminación. Una Tierra Pura es establecida basándose en el mismo principio. Las condiciones son muy duras para los seres vivos, cargados, como están, con las miserias de la existencia mundana y les es difícil tener la oportunidad de escuchar el Dharma y aún más difícil practicarlo. Por eso, el Bodhisattva que ve esto, por su compasión, hace un voto solemne según el cual cuando haya obtenido la Iluminación Suprema establecerá una zona de influencia en que las condiciones serán las mejores posibles para el logro de la Iluminación. Ya vimos que Amitabha llegó al punto de hacer su Iluminación dependiente de su creación de un reino en que pudiesen nacer no sólo algunos privilegiados. Todos aquellos que (según el Sukhavati-vyuha Extenso) observasen unos cuantos preceptos elementales o que (según el Sukhavati-vyuha Corto y el Amitayurdhyana) simplemente invocaran su nombre podrían nacer en su reino. Sukhavati es, pues, como una Sangha cósmica de proporciones inmensamente superiores, e infinitamente más perfecta, que la institución que es algo así como su sombra aquí en la Tierra.

Quien nazca en ese reino espiritual estará libre de un mal destino, es decir, ya no habrá de temer el nacer ni en el mundo de los titanes, ni en el de los espíritus hambrientos, ni en el de los animales, ni en el de los seres atormentados. Los problemas de la comida, la ropa y los medios de subsistencia no le afectarán. Su único interés será el logro de la Iluminación y—contando, como cuenta, con las instrucciones de Amitabha y sus Bodhisattvas—la tiene asegurada. Para quien nazca allí no hay retroceso. Por muchos millones de años que permanezca en la Tierra Pura está destinado a alcanzar al final la Budeidad Suprema.
Tal concepción de Sukhavati, la concepción de un plano de existencia desde el cual no puede haber descenso a planos de existencia inferiores, recuerda mucho a la doctrina hinayánica del Suddhavasa o “las Moradas Puras”. Recordará el lector que el Anagami o “Sin-Regreso” es aquel que antes de morir ha roto las cinco travas inferiores y nace en los cinco cielos del plano de la forma (rupa-loka), desde donde pasa al Nirvana sin necesidad de ningún otro nacimiento humano. No obstante, hay cierta diferencia entre esta enseñanza y la del Mahayana. El Suddhavasa se encuentra en la cima del plano de la forma, mientras que Sukhavati no pertenece ni al plano del deseo, ni al de la forma, ni al de la ausencia de forma. Sukhavati no es ni mundano ni transcendental. Además, el Anagami ha obtenido la tercera fase del Camino Transcendental y por ese logro nace en las Moradas Puras, mientras que en la Tierra Pura no se nace debido a los propios méritos sino gracias al poder de la compasión de Amitabha tal y como lo expresan sus votos. De manera que así como Sukhavati es la penúltima meta en el camino fácil para el Nirvana, el Suddhavasa es la penúltima meta del camino difícil.

La enseñanza de Shinran difiere de estas dos concepciones en que afirma que Sukhavati es la meta final. Antes de emprender la explicación de esta extraordinaria tesis, la cual a primera vista parece negar el contenido transcendental del Budismo y caer en el tosco teísmo popular, he de redondear el tema del Budismo Devocional indo-chino. Bastarán unas palabras sobre dos puntos que para el intelectual tienen sólo un interés académico, pero que para el devoto son asuntos de gran importancia. En primer lugar, suponiendo que las razones por las cuales el Bodhisattva establece, o aspira a establecer, una Tierra Pura son las que he propuesto, ¿Puede el Bodhisattva crearla tan sólo deseándolo? ¿Fue la existencia de Sukhavati producida por el pensamiento? En segundo lugar, aceptando que exista Sukhavati ¿Es creíble que, tal y como aseguran el Sukhavati-vyuha corto y el Amitayurdhyana, los seres nazcan allí simplemente por medio de la invocación del nombre de Amitabha?



Para aquel que reconoce el principio del karma con su consecuencia natural de que la esfera en que se nace depende de los hechos propios, la primera pregunta no presentará ninguna dificultad. El Dr. Conze contesta a esta pregunta de forma tan admirablemente concisa que no he dudado ni un instante en utilizar sus propias palabras en vez de las mías:
El poder creativo de las acciones éticas es tan axiomático para el budista como nos es extraño a nosotros. El medio en que los seres han de vivir es en gran medida, especialmente en lo tocante a lo placentero y a lo doloroso, determinado por sus actos (karma). Los distintos infiernos son el producto de los seres que nacen allí; tenemos en nuestro mundo desiertos sin nada de agua debido a nuestra falta de mérito. El mundo de los objetos (bhajana-loka) en realidad no es otra cosa que algo así como un reflejo de los hechos de la gente. El medio en que existen los seres sólo puede existir si hay seres cuyo karma les obliga a percibirlo. Por esto mismo se puede afirmar que el mérito de un Bodhisattva puede ser lo suficientemente grande para crear una Tierra Pura no sólo para él sino para todos aquellos a quienes se lo transfiere. (Budhhism: Its Essence and Development pág. 156).
En apoyo de la creencia budista sobre el poder creador del pensamiento también se puede aducir la existencia de lo que se ha llamado poderes supra-normales, los cuales describí en la sección XVII del primer capítulo. Aquel que llega a alcanzar el dhyana cuarto produce réplicas de su cuerpo que aquellos que no han logrado semejante nivel de concentración no pueden distinguir del cuerpo original. Además ese meditador es capaz de materializar objetos aparentemente naturales de cualquier tipo. Los ejemplos de estos poderes, lejos de estar limitados a las Escrituras, son conocidos hoy en día en tierras budistas en las que la práctica de la Meditación sigue siendo una tradición viva. Quizá el caso de estos poderes más destacable en nuestra época sea el de Tomo Geshe Rimpoche, un celebre yogui tibetano que murió a finales de los años treinta. En cierta ocasión, mientras viajaba en Tíbet con un gran séquito hizo que apareciera en el cielo una fantasmagoría maravillosa del Buda Maitreya y sus Bodhisattvas acompañantes. Este fenómeno duró varias horas y era visible desde varias millas. No sólo el campo fue bañado por una luz celestial, también llovieron flores que parecían lotos. Estas aunque podían ser recogidas y tenidas en las manos, en media hora se desvanecían en el aire. Todo este episodio fue presenciado por cientos de personas y ha sido representado en los frescos de Dungkar Gompa, o Monasterio de la Concha Blanca, en el Valle de Chumbi, en el Sur del Tíbet. En este monasterio, donde se encuentra el cuerpo embalsamado de Tomo Rimpoche, residió Su Santidad el Dalai Lama durante el invierno de 1950-51, mientras su gobierno negociaba con el de la China. Hay muchos entre quienes vieron los logros de Tomo Geshe Rimpoche que todavía viven, el contenido de todos estos testimonios no puede ser ligeramente descartado78.

La conclusión es obvia. Si es posible producir una fantasmagoría que dura varias horas y que es presenciada por cientos de personas, será también posible producir una que dure siglos y sea presenciada por millones de personas. Si el poder mental es capaz de crear una flor, ascendido al grado de intensidad necesario creara el reino de un Buda. Además, en el Sutra Sukhavati-vyuha corto dice explícitamente que los pájaros que cantan en las arboledas de Sukhavati “han sido hechos a propósito por el Tathagata Amitayus y su canto es el sonido de la Ley”.


La segunda pregunta, como la primera, puede ser parcialmente contestada haciendo uso de la ley del karma; o mejor dicho, del principio general de la causalidad, en el cual la ley del karma es sólo un caso en particular. El Budismo Devocional no mantiene que el nacimiento en la Tierra Pura ocurra sin causa alguna, sino que el factor primario de su causación es la invocación del nombre de Amitabha. Por lo tanto no puede decirse que esta escuela niegue el principio de la causalidad. Se objetará que en el Sutra Amitayurdhyana se afirma que incluso quien haya cometido los diez actos perversos podrá nacer en la Tierra Pura siempre que invoque el nombre de Amitabha, y que eso constituye el rechazo de la ley del karma tal y como se la entiende generalmente. Esta objeción será válida siempre y cuando se interprete la noción del karma en sentido estrictamente individualista. Pero tal interpretación, al implicar la existencia real y absoluta del individuo, trae consigo el rechazo de esa verdad, cuya formulación conceptual principal es el principio de la causalidad, es decir, el anatman o la sunyatá. Una interpretación no individualista de la ley del karma nos la proporciona la doctrina del parinamana o “traspaso” del mérito. Según esta doctrina los méritos que alguien alcanza gracias a sus acciones buenas pueden ser traspasados, si así se desea, a quien desee beneficiarse de ellos. El mérito acumulado por Amitabha durante su carrera de Bodhisattva es de tal inmensidad que aún después de crear la Tierra Feliz le quedan incalculables reservas. Cuando, con sinceridad, invocamos su nombre, que en realidad es idéntico a El, nos identificamos con Amitabha. El resultado de esta identificación es que una porción de su mérito nos es traspasada. El mérito que se nos ha traspasado así contrarresta los efectos de nuestras acciones malas y además nos asegura el nacimiento en la Tierra Pura. La ley del karma no ha quedado suspendida para nuestro beneficio. Lo que ocurre es simplemente que un karma más poderoso cancela a otro más débil.
En la doctrina indo-china de la Tierra Pura que he descrito, Sukhavati está fuera de los tres planos de la existencia en que se divide el universo fenoménico, pero aún así queda fuera del estado transcendental del Nirvana. Por lo tanto no puede decirse que tenga existencia absoluta sino relativa. Se trata, pues, de una doctrina que no se refiere a la Realidad sino a algo que a pesar de su belleza es solamente una apariencia y que ha de considerarse verdad relativa (samvrti) en vez de verdad absoluta (paramartha). Sin embargo, en la interpretación de Shinran, Sukhavati y el Nirvana son idénticos—no porque para él el Nirvana sea mundano, sino porque Sukhavati es un símbolo de lo Transcendental de gran colorido. Así esta forma de la doctrina de la Tierra Pura se expresa en términos de la verdad absoluta y por eso Shinran le dio el nombre de Jodo Shin Shu o escuela de la Tierra Pura Verdadera.

Antes de considerar las características principales del mito de la Tierra Pura bajo el transcendentalismo de Shinran, convendrá detenerse y familiarizarse con los acontecimientos más importantes de su carrera que en su primera fase estuvo íntimamente unida a la de Honen.

Shinran Shonin (Shinran el Santo), nombre por el que le conocen sus seguidores, nació en el año 1.173 y murió en el año 1.262 a los noventa años. Por lo tanto, su vida coincidió con el período más rico y creativo del Budismo Japonés. Siendo muy joven entró en un monasterio y dedicó varios años al dominio de los sutras y los sastras que hasta entonces habían sido introducidos en el Japón y que provenían del continente. Además, también se dedicó al ejercicio de diversas prácticas de disciplina. No obstante, llegó a la conclusión de que ni el estudio ni la disciplina le habían aproximado a la Iluminación.

Tras pasar varios años buscando inútilmente un maestro que pudiera enseñarle un método apropiado para su temperamento, Shinran se encontró con Honen Shonin. Honen era entonces el maestro que mejor explicaba y representaba con su ejemplo la doctrina de la Tierra Pura en el Japón e inició a Shinran en la repetición del mantra Namo Amitabhaya Buddhaya, con lo que el corazón desolado de Shiran encontró finalmente la paz. Entonces Shinran renunció a los votos monásticos, los cuales consideró que pertenecían al camino de la dependencia en sí, y pasó los siguientes sesenta años de su larga vida viajando por todo el país y enseñando a la gente común, entre la cual surgieron sus seguidores y amigos. El Jodo Shin Shu fue fundado como escuela independiente en el año 1225. Hoy en día es la mayor rama del Mahayana en el Japón, posee el mayor número de templos y predicadores en el país y dice tener el mayor número de seguidores. En cuanto a propagar el Dharma, el Budismo Devocional Japonés es por lo general más activo que las tres otras ramas más importantes de las escuelas del Mahayana juntas. En el Occidente sus esfuerzos por ampliar el área de influencia del Budismo sólo han sido igualados por los del Theravada moderno79.


Sukhavati y Nirvana según Shinran son palabras que tienen el mismo significado. Por lo tanto no puede decirse que la doctrina del nacimiento en la Tierra Pura expuesta por el Jodo Shin Shu represente la reaparición de otro plano de la existencia fenoménica como el de la versión indo-china de la enseñanza, por muy exaltado que fuese ese plano. En el Jodo Shin Shu es idéntico al logro del Nirvana. Shinran declara en el Shinshu Shogyo Zenshu, que “el nacimiento (en la Tierra Pura) es la Iluminación completa e insuperable”. Por otra parte, todas las escuelas del budismo, sean del yana que sean, mantienen que con la excepción de los Anagamis y los seres que nacen en Sukhavati la Iluminación tiene lugar durante la vida misma. El Nirvana se logra aquí y ahora.

Shinran en teoría no negó esta enseñanza, pero en la práctica le restó importancia al afirmar que la humanidad había degenerado gravemente desde la época de Shakyamuni y que el logro de la Iluminación no estaba prácticamente al alcance de nadie, especialmente entre el laicado. Por lo tanto Shinran enseñó que uno no debía tratar de nacer en Sukhavati, o lograr la Iluminación, durante los días activos de la vida, cuando las distracciones son múltiples, sino en el momento de la muerte. Lo único que uno ha de hacer durante su vida es tratar de despertar en sí la fe en Amitabha. El resultado de este despertar será la condición que en el momento de nuestra muerte traerá consigo el logro inmediato del Nirvana. Para Shinran no sólo renacimiento es Nirvana sino que la muerte es también el Nirvana. Aunque la Escuela de la Tierra Pura da un énfasis sin precedente a esta enseñanza, no se trata de una enseñanza nueva en sí. De hecho Shinran nunca dijo que lo fuera, sino que, igual que otros grandes acharyas, simplemente declaró que interpretaba las palabras de las Escrituras. Sobra la evidencia, incluso en el Canon Pali, de que el Buda mismo había reconocido la posibilidad de obtener el Nirvana en el momento de la muerte. Por eso, a pesar de la sorprendente singularidad de su enseñanza, sería injusto acusar a Shinran de innovador. El simplemente señaló un aspecto de la Enseñanza del Buda que hasta entonces había sido desatendido.




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