A survey of buddhism: sexta edición



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Al principio de la obra, Ananda, viendo que la cara y el cuerpo del Tathagata brillan como la luna del otoño, o como un trozo de oro apenas sacado de la fragua, le pregunta si mora en el estado transcendental de un Buda y si contempla a los Tathagatas del pasado, del presente y del futuro. Tras un diálogo corto en el cual El insiste en la infrecuencia con que aparece un Tathagata en el mundo, el Bienaventurado le revela a Ananda y a todos los presentes el contenido objetivo de su contemplación. A partir de ese momento el terreno familiar se funde bajo nuestros pies. Desaparecen Rajagriha y el Pico del Buitre y nos encontramos en medio de la enormidad ilimitada del universo espiritual. Hemos pasado del tiempo a la eternidad, de lo mundano a lo Transcendental y a partir de entonces los acontecimientos no son gobernados por las leyes naturales sino por las espirituales. La historia ha quedado atrás: el gran Mito comienza.


En la época del Buda Lokesvararaja, el octogésimo primero después de Dipankara, érase un monje llamado Dharmakara. Un día este monje, tras haber venerado y alabado al Buda Lokesvararaja, resolvió ante El convertirse en Buda y le pidió que le describiese las características de un país ideal regido por un Buda. En respuesta, el Tathagata Lokesvararaja pasó un koti de años completo explicando a Dharmakara las excelencias y perfecciones de los países pertenecientes a 8.100.000 niyutas de kotis de Budas. Una vez recibidas las instrucciones que deseaba, Dharmakara pasó cinco kalpas concentrando mentalmente todas las excelencias y perfecciones de los países de los Budas descritos por Lokesvararaja en un sólo país ochenta y una veces mayor, más noble y más excelente. Entonces Dharmakara apareció ante su maestro, cuya vida era de cuarenta kalpas enteros, y le pidió que escuchase sus votos y lo que sería el país sobre el que regiría cuando se convirtiese en Buda.

El texto a continuación relata los cuarenta y ocho votos (son cuarenta y ocho en la traducción china pero cuarenta y seis en la versión en sánscrito), los cuales constituyen el centro del Sukhavati-vyuha Sutra y la base de la enseñanza del Budismo de la Tierra Pura. El más importante de todos los votos es el decimoctavo, el cual Genko, el maestro de Shinran, el fundador del Jodo Shin Shu, denominó “Rey de los Votos”. El vigésimo es prácticamente de la misma importancia. Nanjio, partiendo del Sanghavarman chino, los traduce de la forma siguiente:


18. “Una vez que haya obtenido la Budeidad, aquellos seres procedentes de las diez direcciones que crean en mi con pensamiento sereno y deseen nacer en mi país sólo tendrán que pensar en mi, o repetir mi nombre, unas diez veces. Si no naciesen allí haciendo eso, que no obtenga yo la sabiduría perfecta; esto es exceptuando sólo a aquellos seres que hayan cometido los cinco pecados mortales o que hayan hablado mal de la buena Ley.

20. Una vez que haya obtenido la Budeidad, que nazcan en mi país si así lo desean aquellos seres procedentes de las diez direcciones que hayan oído mi nombre, dirijan sus pensamientos hacia mi país y planten sus raíces meritorias, o preparen su acumulación de mérito, llevándolas a la madurez con pensamiento sereno. Si no logran su deseo que no obtenga yo la sabiduría perfecta.”


Es de gran significación la forma condicional en que están compuestos tanto estos dos votos como los restantes. Más adelante, en el sutra, Ananda le pregunta al Buda si Dharmakara había alcanzado la Iluminación Suprema y, si así era, si todavía vivía. El Bienaventurado le contesta que Dharmakara había en efecto logrado la suprema perfección y, siendo el Tathagata Amitabha, predicaba el Dharma en el Oeste, en Sukhavati, el país que El había establecido conforme a su voto.

Amitabha, cuando era aún Dharmakara, sometió su logro de la sabiduría perfecta a la condición de que pudiésemos nacer en Sukhavati si repetíamos su nombre diez veces, etc... Además, según el sutra, ha alcanzado la Iluminación. Por lo tanto, sub specie temporis, se deduce que tomando su nombre renaceremos en la Tierra Feliz y, sub specie eternitatis, que ya moramos allí. Nos resultará más evidente ahora por qué se centra alrededor de los Votos de Amitabha la vida espiritual del devoto del Shin Shu. Sin embargo, dejaré la interpretación más detallada de esta parte del mito para la próxima sección y continuaré con la narración del Sutra.

Tras hacer los cuarenta y ocho votos, Dharmakara recibe la milagrosa predicción de que llegará a ser Buda y, a partir de entonces, a lo largo de cien mil niyutas de kotis de años cumple con las obligaciones del Bodhisattva. Entonces el escritor del sutra introduce una descripción bastante atractiva de la carrera del Bodhisattva, cuya esencia es el Camino Triple, o la Moralidad, la Meditación y la Sabiduría.

En el Budismo es axiomático que nacemos ricos o pobres, bellos o feos, distinguidos o sin distinción, según los resultados de las acciones ejecutadas en vidas anteriores. Dharmakara cumplió las obligaciones del Bodhisattva tan bien y los méritos que acumuló fueron tan inmensos que en cualquier lugar en que renacía las riquezas surgían para abastecerle, de su boca salía el aliento de olor a sándalo y alrededor de su cabeza el perfume de la flor de loto. La comida y la bebida surgían de las palmas de sus manos. Y todo esto no era más que una muestra de las perfecciones del Paraíso que en virtud de sus buenas acciones iba a ser capaz de crear más adelante. Entonces viene el episodio a que ya me he referido, en el cual el Buda le dice a Ananda que Dharmakara había obtenido la Iluminación y que era el Tathagata Amitabha. Continua después el Bienaventurado declarando que la luz y la vida del Tathagata Amitabha son inmensurables y añade que han pasado diez kalpas desde que Amitabha se alzase y alcanzase la Sabiduría perfecta.

El Sutra prosigue con la descripción de Sukhavati, la Tierra Feliz, que no tiene nada que envidiar a los ejemplos de escritura descriptiva mas bellos de la literatura de todo el Mundo. El Jerusalén de los Cielos descrito en el Libro de las Revelaciones es, en comparación, monótono e insignificante. La imagen de Sukhavati dada por el Sutra es la de una inmensa llanura “plana como la palma de la mano”, sin montaña de ningún tipo, que es habitada exclusivamente por los dioses y los seres humanos. Por todas partes hay árboles que producen joyas, todo el país de este Buda esta rodeado por una red de oro y cubierto de flores de loto hechas de joyas. Algunas de estas flores llegan a tener diez millas de perímetro, de cada flor salen treinta y seis mil kotis de rayos de luz y en cada rayo está sentado un Buda dorado que predica el Dharma. Los grandes ríos que atraviesan Sukhavati alcanzan las cincuenta millas de anchura y las doce de profundidad. En sus perfumadas aguas flotan ramos de flores adornados con joyas y el sonido de las olas es música que pone en la mente los principios del Dharma. Todos aquellos que nacen en Sukhavati, en el momento que lo desean, se ven provistos de nutrición sutil, perfumes, instrumentos musicales, atuendos de varios colores y palacios magníficos. Seis veces al día sopla el viento y precipita una lluvia de flores de un delicioso perfume sobre toda la superficie del país, cubriéndolo de un espesor de siete brazas. En Sukhavati no hay ni fuego, ni sol, ni luna, ni estrellas, ni oscuridad, todo está cubierto de un resplandor inimaginable que ni disminuye ni aumenta. Así es, resumiendo, la Tierra Feliz, si bien ningún resumen puede hacer justicia a la luminosa expresividad de la descripción de sus perfecciones dada en el texto. El Buda entonces le dice a Ananda que todos aquellos que nacen allí alcanzan la Iluminación, su logro es irreversible.

Entonces el Buda declara que las alabanzas a Sukhavati son inagotables y que el nombre de Amitabha es glorificado por los Budas de las diez direcciones que igualan en número a las arenas del Ganges. El Bienaventurado, a continuación, anuncia que aquellos que han aspirado a renacer en la Tierra Feliz o que han meditado en el Buda Amitabha, le verán aparecer acompañado de monjes cuando les llegue la hora de la muerte.



El texto prosigue con una serie de versos que alaban al Buda Amitabha y con otra descripción de Sukhavati. A lo largo de esta descripción aparecen los nombres de Avalokiteshavra y Mahasthamaprapta, los dos grandes Bodhisattvas que se asocian a Amitabha. Como suele ocurrir en otros sutras del Mahayana, una fantasmagoría maravillosa y de profundo significado filosófico, se nos revela entonces. Ananda siguiendo las instrucciones del Buda dirige su adoración hacia el Oeste con las manos llenas de flores y expresa su deseo de ver a Amitabha. En respuesta el Buda hace salir de la palma de su mano un rayo de luz que ilumina no sólo su propio reino sino también los países de todos los Budas en el universo. Con esta luz Ananda y todos los seres ven claramente a Amitabha con su séquito en la Tierra Feliz, mientras que ellos en Sukhavati ven claramente al Buda Shakyamuni y a la totalidad del mundo Saha. El Buda le pregunta al Bodhisattva Ajita (otro nombre que se le da a Maitreya) si ve los encantadores jardines, los ríos y los lagos con lotos de Sukhavati y si hay alguna diferencia entre los dioses llamados Paranirmitavasarvatines y los humanos en Sukhavati. A continuación, el Bienaventurado explica que los seres milagrosamente nacidos en Sukhavati que están sentados con las piernas cruzadas en flores de loto completamente abiertas son los creyentes de Amitabha más sinceros, y que los que están dentro de las flores aún cerradas son aquellos que tuvieron alguna duda. Sólo después de quinientos años se abrirán las flores y podrán entonces ver y oír a Amitabha. Como conclusión, el Buda le advierte a Ajita contra las dudas, le dice cuantos kotis de Bodhisattvas de cada reino renacerán en Sukhavati y, como es costumbre en los sutras del Mahayana, le exhorta a que proclame este tratado, el Sukhavati-vyuha, en todo el mundo incluyendo a los dioses. A aquellos que, habiéndolo oído con deleite, lo lean, lo reciten, lo enseñen a los demás, lo copien y lo adoren son asegurados que harán una gran labor si así lo hacen. Finalmente el Buda da expresión a unos versos y el narrador nos dice que mientras esta exposición del Dharma tuvo lugar innumerables seres alcanzaron las distintas fases del Camino Transcendental, todo el sistema de mundos tembló y ocurrieron varios prodigios. Los dioses y los hombres celebran las palabras del Tathagata.
La extensión del Sukhavati-vyuha Corto es solamente la octava parte del largo y posiblemente pertenezca al mismo período literario. La escena para este sutra es la arboleda de Jeta, en el parque de Anathapindika, en Sravasti. Allí moraba el Bienaventurado con una extensa compañía de bhiksus, todos Arahantes y muchos Bodhisattvas de mente noble. También estaba presente una gran multitud de seres divinos. Dirigiéndose a Sariputra, su discípulo Arahant más distinguido, el Bhagavat le dice que en el Oeste hay un mundo llamado Sukhavati, el reino del Tathagata Amitayus (la Vida Infinita—otro nombre de Amitabha). La descripción de la Tierra Feliz con que prosigue el texto, aparte de ser mucho menos elaborada, difiere poco de la que se da en el Sukhavati-vyuha Extenso: en vez de ser una llanura es como un paisaje con terrazas. No obstante, doctrinalmente existe una importante diferencia entre los dos textos. El sutra extenso enseña que la reencarnación en la Tierra Feliz depende, al menos en parte, de la acumulación de méritos. Esto es negado explícitamente en el sutra corto. El Señor le dice a Sariputra:
“Los seres no nacen en el reino del Tathagata Amitayus en recompensa por las buenas obras hechas en esta vida. No, cualquier hijo o hija de una familia que oiga el nombre del Bendito Amitayus, el Tathagata, y habiéndolo oído lo tenga presente en su mente, dos, tres, cuatro, cinco, seis, o siete noches cuando llegue la hora de su muerte, Amitayus, el Tathagata, rodeado por la asamblea de sus discípulos y seguido por una multitud de Bodhisattvas se presentará ante ellos y así dejarán este mundo con sus mentes tranquilas. Después de su muerte nacerán en Sukhavati, en el reino del Buda Amitayus, el Tathagata (Traducción de F. M. Müller, The Sacred Books of the East).
Esta enseñanza no es antinómica aunque a primera vista lo pueda parecer. Simplemente afirma la discontinuidad absoluta entre lo mundano y lo transcendental. Lo Real no puede obtenerse por medio de una serie de aumentos de lo irreal. Al final la emancipación depende de la irrupción en el universo de un factor que confronta nuestra consciencia basada en el ego, factor que se nos presenta como el Poder Exterior. Más adelante trataré la significación de esta profunda enseñanza más detenidamente.
El Sutra Amitayurdhyana, el tercer y último texto básico del Budismo Devocional del Extremo Oriente, ocupa un lugar doctrinal intermedio entre las respectivas posiciones del Sukhavati-vyuha Extenso y el Corto. El Sutra Amitayurdhyana consta de dieciséis formas de meditación que el Buda le enseñó a Vaidehi, la consorte de Bimbisara, el rey de Magadha, y consisten en visualizar las perfecciones de Sukhavati, con lo cual la reina pudo superar los sufrimientos que padecía en este mundo.

Quien desee practicar estas meditaciones tendrá que cultivar en primer lugar la bondad triple, es decir, (1) mantener a sus padres, (2) servir y respetar a los maestros y a los ancianos y (3) tener una mente compasiva, abstenerse de dañar a los seres vivos y llevar a cabo las diez acciones sanas. En segundo lugar, tomar refugio en el Buda, el Dharma y la Sangha y, por último, darse totalmente al logro de la Iluminación, creer verdaderamente en la ley de la causa y el efecto y estudiar y recitar los sutras del Mahayana.

La primera meditación consiste en concentrar la mente en el disco del sol en poniente hasta que lo veamos con igual claridad y distinción con los ojos cerrados o con los ojos abiertos. Esto es, obviamente, una forma de ejercicio de los denominados kasina, igual a los que describí en la sección XVII del primer capitulo.

En la segunda meditación el kasina es primero el agua y después el hielo. Una vez que se haya obtenido la imagen refleja (patibhaga-nimitta) del hielo uno lo imaginará del color del lapislázuli. Cada lado de esta superficie se extiende hacia las ocho direcciones de los puntos cardinales y consiste en cientos de joyas, de cada joya salen mil rayos y de cada rayo ochenta y cuatro mil colores que cuando se reflejan en el suelo de lapislázuli parecen un millón de soles, de forma que resultan difícil de distinguir. Cuerdas de oro cruzan la superficie de lapislázuli formando cuadrados que quedan subdivididos por cuerdas de joyas. Los rayos que proceden de estas joyas forman hermosísimas torres adornadas con estandartes de flores e instrumentos musicales. Cuando estos son tocados emiten los sonidos “sufrimiento”, “irreal”, “efímero” y “sin ser propio”. Así, gradualmente, el devoto ha de visualizar las perfecciones de Sukhavati.

La tercera meditación consiste en obtener una percepción clara de las distintas partes que componen Sukhavati, como por ejemplo, los árboles con joyas, lo lagos hechos de joyas y las flores de loto también hechas de joyas, todo lo cual deberá ser percibido con nitidez, ya se tengan los ojos abiertos o cerrados. Quien alcanza estos estados meditativos tiene asegurado el renacer en la Tierra Feliz, independientemente de las faltas que haya cometido.

En cierto punto del sutra, mientras el Buda está hablando, aparece en el cielo Amitayus acompañado por los Bodhisattvas Avalokiteshvara y Mahasthama, a la derecha y a la izquierda respectivamente. El resplandor que les rodea es cien mil veces más luminoso que el del sol y es tal su intensidad que apenas si se les distingue. Entonces Vaidehi le pregunta al Buda como tendrán que meditar los seres en el futuro para poder llegar a ver a Amitayus y sus dos Bodhisattvas acompañantes con la misma claridad que los ve ella. El Bienaventurado le responde que todos aquellos que deseen meditar en el Buda Amitayus deberán comenzar por visualizar un trono magnifico hecho de flores. A continuación se ha de visualizar una imagen dorada de Amitayus sentado en el trono. Para Avalokiteshvara y Mahasthama se visualizan tronos similares al de su maestro y se les visualiza a su derecha y a su izquierda. Esta es la octava meditación.

En la novena el devoto aprende a percibir las marcas del cuerpo de Amitayus y su luz. El Sutra dice que quien haya meditado en el cuerpo del Buda también verá su mente. En la meditación décima el devoto ve las marcas del cuerpo y la luz de Avalokiteshvara y en la undécima las de Mahasthama. Las distintas fases de estas visualizaciones son descritas con gran abundancia de detalle ornamental. Pero esto no es, como F. Max Müller piensa, “elocuencia efusiva”76. No debe nunca olvidarse que el interés principal de estos textos es espiritual y no retórico. El texto que ahora nos ocupa es, como indica su título, una guía para la meditación. La Tierra Feliz es descrita con tanto detalle y expresividad para asistir al proceso de la visualización. Por consiguiente fue muy incorrecto que F. Max Müller se tomara la libertad de omitir en su traducción varios pasajes con el pretexto de que eran “repeticiones innecesarias”. Si bien se ha de admitir que durante su vida no se había aún llegado a comprender el significado y la función verdadera de los sutras del Mahayana.

En la meditación duodécima el devoto tratará de imaginar que ha nacido en Sukhavati y que cuando se abra la flor de loto dentro de la que se encuentra podrá ver a los Budas y Bodhisattvas que llenan el cielo, así como escuchar el sonido de las aguas, los árboles, los pájaros y las voces del gran número de Budas que predican el excelente Dharma.



En la meditación decimotercera se visualiza a Amitayus, Avalokiteshvara y Mahasthama juntos, con la misma forma y detalle que se les ha visualizado en las meditaciones novena, décima y undécima. En las tres últimas meditaciones el devoto aprende a percibir los tres grados de Budeidad en que nacen los seres en Sukhavati. Cada grado contiene tres formas distintas. El nacimiento en la forma más elevada del grado superior es el resultado de la observancia de los preceptos, del cultivo de la actitud mental correcta, del estudio de los sutras del Mahayana, de la práctica de distintas formas de meditación, etc... Quien tenga como destino ese nacimiento, cuando le llegue la hora de la muerte, verá a Amitayus y a sus acompañantes con toda su gloria, le será ofrecido un trono de diamante y, después de morir, al renacer se sentará en él. Aquellos que, poseyendo una acumulación de mérito más pequeña, tengan como destino nacer en las formas media y baja del grado superior aparecerán en Sukhavati sentados en tronos morados y de oro, o simplemente de oro en el segundo caso. Así a medida que disminuye la acumulación de mérito va simplificándose el esplendor con que los seres nacen en la Tierra Pura. Aun aquellos que no tienen acumulación de mérito alguna e incluso han cometido los cinco pecados mortales (imperdonables según el Sukhvati-vyhua Extenso) están destinados a nacer en la forma más baja del grado más inferior siempre que antes de morir repitan diez veces el mantra Om Namo Amitabhaya Buddhaya, “Adoración al Buda Amitabha”. Estos seres nacerán en el interior de flores de loto doradas. Cuando hayan pasado diez grandes eones se abrirán las flores y en respuesta a ello los Bodhisattvas Avalokiteshvara y Mahasthama con gran compasión alzarán sus voces y les predicarán detalladamente la insubstancialidad de los fenómenos y la ley de la expiación de sus pecados. Así el Amirayurdhyana Sutra en apariencia acepta el principio del karma pero lo modifica ingeniosamente hasta el extremo de suspender prácticamente su operación. Shinran llevó el proceso a su conclusión lógica declarando que lo que nos hacía nacer en la Tierra Pura no era el haber pronunciado el nombre de Amitabha sino su compasión que operaba incondicionalmente.
Aparte de estos tres textos que acabo de describir, los cuales forman la base de las escuelas devocionales del Extremo Oriente, existen un número de textos que son lo suficientemente populares e importantes para no ser dejados de lado aun en un estudio hecho a grandes rasgos. Estos textos pueden clasificarse en dos grupos, de un lado los que tienen como objetivo de su devoción a un Buda, del otro los que tienen a un Bodhisattva. Debido a la profundización de la visión clara sobre la naturaleza del Buda, profundización que al final quedó cristalizada en la doctrina del Trikaya, fue imposible que el Buda Shakyamuni fuese el objetivo principal de la fe y la devoción de las escuelas del Mahayana. En el Sukhavati-vyuha y en el Amirayurdhyana sutra El es simplemente quien revela Amitabha al mundo. Aun así Shakyamuni es objeto de expresiones muy refinadas del fervor devocional. Quizá la más sobresaliente sea el Satapancasatkastotra de Matrceta, una obra que vibra constantemente con una nota profundisima de adoración.

Aksobhya, “el Imperturbable”, cuyo reino llamado Abhirati o la Tierra de la Abundancia del Gran Deleite está situado al Este, parece haber sido la figura central para un mito similar al de Amitabha. Según el Dr. Conze Aksobhya es mencionado en muchos de los sutras mahayánicos antiguos, por lo que se puede inferir que su culto estaba bastante extendido. Sin embargo sólo han sobrevivido algunos fragmentos de su leyenda77. En el caso del Tathagata Bhaisajyaguru Vaiduryaprabha o el Señor de los Remedios que Curan, hemos sido más afortunados y en el sutra que lleva su nombre es representado haciendo doce grandes votos. Su culto ha gozado de una popularidad inmensa en los piases del Mahayana hasta nuestros días. Tanto Aksobhya como Bhaisajyaguru pueden considerarse tentativas parcialmente logradas de personificar la concepción que al final encontró su expresión total y perfecta con el mito de Amitabha.

Maitreya ocupa una posición intermedia ya que es venerado a veces como Buddha y a veces como Bodhisattva. Su culto ha sido muy popular en la China, donde se le considera Buddha e iconográficamente es representado por la imagen de un viejo alegre de enormes proporciones al que se le están subiendo encima un grupo de niños. Es Mi-lo Fu, también denominado “el Buddha que se ríe”.

Entre los Bodhisattvas el más destacado es sin duda Avalokiteshvara, la personificación de la compasión, que ya ha aparecido brevemente en el Sukhavati-vyuha Sutra y en el Amirayurdhyana Sutra. Por todo el Extremo Oriente es el objeto principal de devoción más importante después de Amitabha. En el Tíbet es la figura principal. La fuente principal de su mito es el Sutra Karandavyuha, del cual se da un resumen en el capítulo XV de “History o Buddhist Thought” del Dr. E.J.Thomas. Otra fuente importante es el capítulo XXIV del Sutra Saddharma Pundarika en el que Aksaymati alaba a avra con un bello himno, de hecho este capítulo constituye en realidad una obra independiente. El Budismo Devocional de Extremo Oriente puso tanto énfasis en los aspectos maternales de Avalokiteshvara que al final pasó de ser una figura definitivamente masculina a ser una diosa conocida en la China por el nombre de Kwan Yin y en el Japón por el de Kwannon, o Aquella Atenta a los Lamentos del Mundo.

Samantabhadra es otro de los Bodhisattvas prominentes en el Gandavyuha Sutra en el cual hace una serie de votos que son casi tan famosos como los de Amitabha. En el Japón se le suele representar a veces como a un cortesano. En el Tíbet, Nepal y Mongolia, no se dio la transformación de Avalokisteshvra en figura femenina probablemente debido a la presencia de las Taras, un grupo de veintiuna emanaciones femeninas de Avalokiteshvara. De entre estas diosas Tara Blanca y Tara Verde son las más populares. El Aryatarabhattarikanamashtottarasatakastotra, en el que Avalokiteshvra le revela a Vajrapani los ciento ocho nombres de Tara Verde es un himno de una belleza y un patetismo fuera de lo corriente. El Dr.Conze ha incluido una traducción muy amena de este himno en su libro “Buddhist Text Through the Ages”. Otros Bodhisattvas que ocupan lugares de importancia en el Budismo Devocional son Ksitigarbha, Mahasthamaprapta, Manjusri y Vajrapani. A cada uno de ellos les pertenece una leyenda y un cierto número de textos.




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