A survey of buddhism: sexta edición



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Otra indicación de que los doce eslabones, o fases causales, no pretenden ser exhaustivos es la explicación tradicional más antigua, y común a todas las escuelas, según la cual los doce eslabones no están distribuidos sobre una vida sino sobre tres. Los primeros dos eslabones pertenecen a la reencarnación previa, los dos últimos a la reencarnación futura y los restantes a la vida presente. Por lo tanto, puede considerase que cada existencia, contemplada como pasado, presente o futuro, tiene uno de los dos pares de eslabones o los ocho como fase causal. Si combinamos las tres divisiones podemos considerar que cada vida tiene doce eslabones o fases causales, y las tres vidas poseen treinta y seis, dándose cada eslabón tres veces.
Aunque la ignorancia es enumerada en primer lugar, no ha de interpretarse que ésta sea el origen más remoto, o principio absoluto del individuo. Tampoco tiene eso ningún significado cosmológico. No es posible establecer que un círculo empiece en ningún punto en particular: es continuo. Lo mismo ocurre con los doce eslabones de la “cadena” de la Co-producción Condicionada. La enumeración de toda la serie podría empezarse por cualquiera de ellas.

Independientemente de donde empecemos a contar, la serie puede ser considerada de cuatro formas: en orden directo (anuloma), pasando de la causa al efecto; en orden inverso (pratiloma), de efecto a causa; positivamente, cuando la existencia de la causa determina la del efecto, o cuando la existencia del efecto es vista como dependiente de la de la causa; negativa, cuando debido a la no existencia de la causa el efecto no se produce, o cuando la no producción del efecto se ve como debida a la no existencia de la causa. (Al no disponer de ninguna palabra que signifique “cosa condicionada”, he usado los correlativos causa y efecto. Pero la palabra “causa” ha de entenderse como base causal o condición, en vez de causa en el sentido estricto de la filosofía occidental)32.


1. Avidya (avijja, en pali), el “primero” de los doce nidanas, es la ignorancia, en el sentido de falta de consciencia espiritual.

Aunque no puede haber nada opuesto a lo Trascendental, ya que está más allá de cualquier determinación, desde el punto de vista mundano la ignorancia puede ser considerada la antítesis del Bodhi. Por lo tanto, al ser la Iluminación o la Sabiduría Suprema la meta de la carrera del discípulo, el estado de ignorancia, o ausencia total del Bodhi, es metodológicamente el punto de partida de la totalidad de la Enseñanza. La Avidya puede ser positiva y negativa. La persona mundana no sólo no está iluminada sino que también tiene opiniones incorrectas sobre la naturaleza de la existencia fenoménica, las cuales son contrarias a las opiniones correctas mantenidas por los Discípulos Nobles. Por lo tanto, dicha persona ve lo condicionado como no condicionado; imagina numen donde sólo hay fenómeno; ve lo transitorio como permanente, lo doloroso como placentero y lo impuro como puro. Dicha persona es o eternalista (sassatavadin), o nihilista (ucchedavadin). Además es posible que crea en la existencia de Dios y del alma; tenga fe en la eficacia de la oración y la auto mortificación, así como que mantenga la opinión errónea de que actos externos, como el bañarse en ríos sagrados y ciertas observancias éticas, como dar limosna, poseen en si valor espiritual. Ya hemos visto que el contenido conceptual del Bodhi puede ser formulado intelectualmente en formas distintas. Similarmente avidya no es sólo un estado general de falta de Sabiduría; es específicamente ignorar la doctrina de la Co-Producción Condicionada, de las Cuatro Verdades Nobles y otros principios cardinales del budismo. La ignorancia es siempre definida así en obras escolásticas.


2 Samskarah (sankhara, en pali) es el segundo nidana y pertenece al nacimiento “previo”. La relación entre avidya y samskharah puede ser comparada con la que existe entre el estado de embriaguez que hace a un hombre perder control y la acción irracional que lleva a cabo en tal condición. El término samskarah quiere decir literalmente “preparación o alzarse” y en las lenguas actuales ha sido traducido por una múltiple variedad de equivalentes y ninguno de ellos es realmente satisfactorio. En el sentido aplicado de “agregado” quiere decir las condiciones necesarias para producir un cierto resultado, en este caso los agregados de condiciones mentales que, bajo el principio del karma, traen como consecuencia la producción del primer momento de consciencia en la vida nueva. El término se refiere esencialmente a los actos de la voluntad asociados a un estado mental o consciencia particular y por esta razón ha sido definido por los comentaristas como karma-cetana o “acción volitiva”. Hay tres tipos de acción volitiva: la corporal, la vocal y la simplemente mental. Además puede ser o meritoria, cuando surge por la asociación con disposiciones mentales sanas que conducen a una reencarnación buena, y demeritoria, cuando surge en asociación con estados de consciencia “insanos” y conducen a una reencarnación “mala”. Las acciones volitivas asociadas con la disposición mental del Arahant, que es éticamente neutra, no son condiciones que conducen a la reencarnación en ninguna esfera de la existencia fenoménica.
3 Dependiendo de las formaciones kármicas del nacimiento previo surge la tercera fase causal, vijñana (viññana en pali) o la consciencia, la primera fase causal perteneciente a la vida presente. El budismo, en contraste con la ciencia moderna llamada biología, enseña que además de los factores hereditarios físicos hay otros factores hereditarios puramente psíquicos. La concepción tiene lugar sólo cuando se dan tres factores necesarios: la unión sexual del padre y la madre, el día adecuado en el ciclo menstrual de la madre y un “ser” listo para renacer. La palabra “ser”, en este caso, se refiere al último momento de consciencia perteneciente al nacimiento previo. La concepción no tiene lugar si no están “preparados o alzados” los agregados, aun si se dan los otros dos factores. Los agregados soportan a los factores hereditarios físicos, al linaje, al ámbito, etc., pertenecientes al nacimiento de unos padres determinados. No hay ningún intervalo, según el budismo theravada moderno, entre la cesación del último momento de consciencia perteneciente al último nacimiento y el surgimiento del primer momento de consciencia del nacimiento presente.

¿Qué es lo que renace? Decir que el ser renacido es idéntico al ser muerto con anterioridad sería caer en el extremo del eternalismo. Decir que no lo es sería caer en el nihilismo. El Buda enseña el Camino Medio que evita ambos extremos y que es la doctrina de la Co-producción Condicionada: “Este ser, en eso se convierte; del surgimiento de esto, eso surge, etc.”. La reencarnación tiene lugar pero en realidad ningún “ser” se reencarna. Esta aplicación de la Pratitya Samutpada al proceso de la reencarnación es una de las ideas más difíciles de captar de la totalidad de las enseñanzas budistas. Esto es así por que esta doctrina es sumamente contraria al profundo apego que sentimos por la ilusión de una individualidad permanente. La idea contenida en ella no puede ser entendida, ni aún intelectualmente, sin estudio cuidadoso e imparcial y una cierta experiencia en meditación.



La consciencia kármicamente neutral resultante (vipaka) que empieza a funcionar en el instante de la concepción contiene consciencia ojo, consciencia oído, consciencia nariz, consciencia lengua y consciencia cuerpo, además de cierto fenómeno mental.
4 Dependiendo de la consciencia (vijñana) surge nama-rupa (igual en sánscrito y en pali), que significa cuerpo físico (en embrión al principio) o rupa, más los otros tres “montones” mentales o nama. Estos son la sensación (vedana), la percepción o samjña (sañña en pali) y las actividades volitivas (samkarah). Los cuatro más la consciencia (vijñana) constituyen los cinco skandas (khandhas, en pali). No obstante, el skandha de la consciencia (vijñana) al ser considerado “causa” no puede incluirse en el “efecto”. Esta división en cinco montones, uno material y cuatro mentales, es el análisis budista primario de la supuesta personalidad humana y el primer paso en la destrucción analítica del numen. Lo que surge, por consiguiente, dependiendo de la consciencia en la cuarta fase causal, es la totalidad del organismo psico-físico. Veremos con algo más detalle los cinco skandhas en la sección XVIII.
5 Dependiendo de nama-rupa surge sadayatana (salayatana en pali) o las seis bases, es decir, los órganos de los cinco sentidos físicos y la mente (vijñana), considerada el órgano para la percepción de objetos mentales. Se ha de notar que la base-mente representa aquí los distintos tipos de consciencia del vijñana-skandha que, no habiendo sido enumerados en la fase causal precedente, reaparecen en ésta. La fórmula aparentemente simple de el quinto nidana enmascara una red extremadamente complicada de condiciones. Nama y la base-mente, nama y las bases de los cinco órganos físicos de los sentidos, rupa y la base-mente, rupa y las bases de los cinco órganos físicos de los sentidos, están todos inter-relacionados en formas diferentes. Se podría objetar que la consciencia (vijñana) ya había surgido en la tercera fase causal y que no se puede decir, sin contradecirse, que surge en la quinta fase. Esta objeción sería válida si nos concerniese la causalidad en vez de la condicionalidad. Según la tradición theravada hay veinticuatro tipos de condiciones. Los tipos de condiciones que dan lugar a que surja vijñana, como base-mente, en la fase causal tercera son distintos de aquellos que hacen que surja en la quinta. Por lo tanto, al examinar esto con detenimiento, en vez de una contradicción encontramos aún más evidencia de la profundidad y complejidad de esta doctrina.33
6. Dependiendo de sadayatana surge sparsa (phassa en pali), contacto o impresión. Este, el nidana sexto, se divide en seis tipos (contacto del ojo, contacto del oído, etc.,), cada uno de ellos consiste de la combinación del órgano, el objeto y la impresión. Esto es psicología elemental que incluso la persona mundana comprende y sobre este nidana hay solamente un punto que necesita ser comentado. La psicología budista trata la consciencia (vijñana), de un cierto punto de vista, como a un órgano sensorial (manayatana) con sus propios objetos o dharmas (otra aplicación de este término de significados múltiples). Por consiguiente sprsa se refiere también al contacto o impresión mental producida por los objetos mentales sobre la mente.
7. Dependiendo de sparsa surge vedana (igual en pali y en sánscrito), la sensación. Vedana, igual que la fase anterior, se divide respecto a su origen en seis tipos: surgidos del contacto con el ojo, con el oído, etc. Cada uno de los seis puede ser placentero, neutro o doloroso. Vedana, igual que las seis bases y el contacto, surge simultáneamente con la consciencia con la que está inseparablemente conectada y, por eso, no está condicionada por la simultaneidad sino por el resultado del karma.
8. Dependiendo de la vedana resultante del karma surge trsna (tanha en pali), hambre, sed, o apetencia por la excitación; la fiebre del anhelo no satisfecho. Es la llama del deseo que quema sin satisfacerse de nacimiento en nacimiento hasta que finalmente se apaga en el agua fresca del Nirvana. En un comentario interesante sobre esta palabra, el diccionario de inglés y pali de la Sociedad de Textos en Pali dice:
El uso metafórico de esta palabra (sed) contiene mucha fuerza.—La palabra Tanha se usa principalmente en poesía o en pasajes en prosa de gran sentimiento religioso. Es raramente usado en filosofía o psicología.
Es significativo que el Buda usara para el octavo nidana una expresión poética en vez de una científica. Al ser trsna afectividad insana en su forma más vehemente y violenta, una metáfora da una indicación más rica y sugestiva que la que daría una definición. Los seis objetos de la apetencia son los objetos de los sentidos y las ideas, que son los objetos de la mente. Se dan tres modos distintos: el kama-trsna, o apetencia por alguna forma, sonido, etc., en particular que surge con el deseo por placeres sensuales (kama); el bhava-trsna que surge junto a la creencia errónea en una existencia personal eterna (bhava), o en dogmas teológicos como el de la inmortalidad del alma; y, finalmente, vibhava-trsna, cuando está conectada con la opinión incorrecta de que la persona es totalmente aniquilada con la muerte. Más adelante veremos que hay dos tipos de nidanas: los pertenecientes a los procesos del karma (karma-bhava) y los pertenecientes al proceso de la reencarnación (utpati-bhava). Los cinco nidanas comprendidos entre la consciencia y la sensación representan el proceso de la reencarnación de la vida presente. Por ser el resultado de los procesos kármicos iniciados en la existencia previa son éticamente neutros. No obstante, con trsna comienza el proceso kármico de la vida presente, de cuyo alzamiento depende el proceso de reencarnación de la existencia futura. Por esta razón, el octavo nidana aparece también como la Segunda de las Verdades Nobles, el Origen del Sufrimiento.
“¿Cuál es, monjes, el origen del sufrimiento? Es esa apetencia que hace surgir de nuevo la reencarnación y está ligada al placer y a la lujuria y aquí o allí encuentra siempre nuevos deleites”. (Digha-Nikaya XXII)
La transición entre la sensación y la apetencia, entre un sentimiento pasivo y un deseo activo, es el factor psicológico que se halla tras todos los mitos de la caída del hombre, del paraíso a la Tierra; desde un estado y una esfera de existencia extática a uno miserable. El intervalo entre estos dos nidanas es el campo de batalla de la vida espiritual. Sentir las sensaciones y, no obstante, controlar los deseos es la victoria sobre uno mismo que el Buda declaró ser de mucha más grandeza que la conquista de mil hombres mil veces. Otra metáfora famosa de la apetencia es la flecha envenenada y clavada en el corazón del discípulo, la cual ha de ser extraída para que pueda alcanzar el estado de la salud espiritual perfecta, o la santidad, que es el Nirvana.
9. Si la flecha permanece incrustada la próxima fase causal sobreviene inevitablemente: dependiendo de trsna surge upadana, la codicia o el apego. De éste se dan cuatro tipos: apego a los placeres sensuales (kama); apego a las opiniones, drsti (ditthi en pali), o meras especulaciones metafísicas, creencias y opiniones infundadas, dogmas; apego a la moralidad (sila) y sus observancias exteriores (vrata) en vez del aprecio de su valor real; y, finalmente, apego a la creencia errónea en la existencia de un residuo de numen en el fenómeno (atmavada), especialmente en la forma de creencia en el alma, un ser o ego separado del fenómeno de la persona. Hay que destacar la gran importancia asignada en esta fase causal a los varios tipos de apego intelectual, los cuales son todos variaciones de la ignorancia original básica en que se apoya la totalidad del proceso samsárico. Esto prueba lo importante que es la Opinión Correcta, la Doctrina Verdadera o, en una palabra, la comprensión teórica e intelectual del Dharma. La mera “bondad” no basta para liberar del ciclo del nacimiento y de la muerte.
10. Dependiendo de upadana surge bhava o el devenir, en el sentido de una vida, o la reencarnación en una esfera, o plano, particular de la existencia fenoménica. Según la división adoptada en este nidana estos planos son tres: el del deseo (kama), que comprende la existencia de los titanes, los animales, los seres humanos, los seres de los infiernos, los espectros hambrientos y los dioses de los reinos celestiales inferiores; el de la forma (rupa) que comprende la vida en los cielos intermedios; y, finalmente, el de la existencia sin forma (arupabhava) que comprende la reencarnación en las moradas celestiales superiores, el vértice de la pirámide de la existencia fenoménica.

En cada vida individual, independientemente del plano en que se dé, hay un proceso doble, con la volición que produce reencarnación (cetana), de un lado, y el fenómeno mental y físico resultante del karma (vipaka), del otro. Por eso hay dos tipos de bhava: el proceso de la creación del karma (karma-bhava) y el proceso de la reencarnación (utpati-bhava). Al término bhava también se le da el significado de concepción, ya que en la décima fase causal empieza la vida “futura”.


11. Dependiendo de bhava, en el sentido de karma-bhava (por ser el proceso de reencarnación (utpati-bhava) un resultado no constituye causa), surge jati o el nacimiento. Esta palabra no tiene aquí el significado de parto sino el de la aparición simultánea en la matriz de la madre de los cinco skandhas (el cuerpo, la sensación, la percepción, la volición constructora y la consciencia). Este es el caso para el ser humano y la mayoría de los mamíferos.
12. Dependiendo de jati surge jara-marana, la muerte y la decrepitud, con la aflicción, los lamentos, el dolor, la pena y la desesperación que trae consigo. Aquí la conexión es obvia. “Así”—es decir, debido a estas doce fases causales— “surge la totalidad de esta masa de sufrimiento”, concluye la fórmula canónica de esta serie.
La Rueda del Devenir ha dado ahora una vuelta completa; he enumerado los nidanas, desde la ignorancia hasta la decrepitud y la muerte, positivamente y en orden directo o progresivo. Hemos visto, pues, ese gran hecho: que la esclavitud humana a la existencia fenoménica es el producto de la acción volitiva humana en vez del producto del destino, de la casualidad o de un dios creador. El secreto de la esclavitud es también el secreto de la liberación. Ejerciendo una fuerza mayor que la del odio, mayor que la del deseo y mayor que la de la ignorancia, la Rueda del Devenir puede girar en dirección contraria. Los nidanas serán entonces enumerados negativamente y en orden invertido: A partir de la cesación del nacimiento cesa la decrepitud y la muerte, de la cesación del devenir viene la del nacimiento, de la cesación del apego viene la del devenir, de la cesación de la apetencia la del apego, de la cesación de la sensación la de la apetencia, de la cesación del contacto la de la sensación, de la cesación de las seis bases la del contacto, de la cesación del nombre y la forma la de las seis bases, de la cesación de la consciencia la del nombre y la forma, de la cesación de las voliciones constructoras la de la consciencia y de la cesación de la ignorancia la de las voliciones constructoras. “Así”, en las triunfales palabras del antiguo texto, “es la cesación de la totalidad de esta masa de sufrimiento”.
“Muchas casas de la vida me han contenido.

Siempre buscando, y cargado de aflicción,

a quien construyó estas prisiones de los sentidos.

¡Dolorosa fue mi lucha continua!

Pero ahora, constructor de este tabernáculo,

Sé quien eres: ¡Jamás levantarás de nuevo

estas paredes de sufrimiento,

ni colocarás el techo del engaño,

ni pondrás las vigas sobre el barro!

Destruida queda tu casa y astillada la parhilera:

La ignorancia la diseñó.

¡Salvo estoy de aquí en adelante,

la liberación obtenida!”

(La Canción de la Victoria del Buda: Dhammapada, versos 153-54; La Luz de Asia, libro VI.)

XIV. El Samsara y el Nirvana
La cesación no es en absoluto la última palabra del budismo. Aunque el Nirvana, la meta del discípulo, se indica principalmente con expresiones negativas no es en sí un estado de mera no existencia. Del mismo modo, el proceso de la cesación sucesiva de las doce fases no ha de ser entendido, en modo alguno, como si fuese una aproximación gradual a un estado de aniquilación absoluta; aun si la descripción tiene lugar en términos de extinción exclusivamente. Lo que logra el discípulo al destruir el último de los eslabones de la cadena que lo sujeta a la existencia fenoménica, lo describe tanto la cesación de la ignorancia como, más positivamente, el logro de la Iluminación Suprema (Sambodhi) o la Sabiduría (Prajña). Por lo tanto, ha de ser posible una formulación positiva de la Pratitya Samutpada en orden invertido. La Rueda del Devenir girando del Samsara al Nirvana nos permitirá, pues, hablar en cada fase causal, no sólo de la cesación de las condiciones que llevan a la reencarnación y al sufrimiento, sino también de la producción de factores positivos que se incrementan mutuamente hasta que con la realización del Sambodhi alcanzan su apogeo.

Tal formulación ha sido recogida en el Canon Pali, pero al parecer tan sólo una vez. Que no haya ningún otro texto similar en el Tipitaka y que haya dominado un creciente énfasis negativo en todas las escuelas del Hinayana, incluida la theravada, trae consigo la desatención y el olvido durante siglos de este texto de gran importancia doctrinal. Fue por primera vez notado en el mundo moderno por Caroline Rhys Davids, que en el prólogo del segundo tomo de su traducción del Samyutta-Nikaya, porción de las Escrituras en que se encuentra el texto, reconoce su importancia y, con un matiz algo irónico, lo califica de “oasis” de afirmación en medio de un árido desierto de negación.

Según el Nidana-Vagga, texto que, como acabo de mencionar, pertenece al Samyutta-Nikaya, la Co-producción Condicionada consiste de veinticuatro fases causales. Aparte de una pequeña diferencia en la terminología, la primera mitad de la serie es idéntica a la serie común de los doce eslabones que han sido enumerados y descritos en la sección anterior. No obstante, el duodécimo de la serie más larga no es, como cabría esperar, jara-marana, la decrepitud y la muerte, sino simplemente dukkha, el sufrimiento. Este cambio es mínimo pero significativo: dukkha es la primera de las Cuatro Verdades Nobles. Si una de las dos fórmulas más importantes del principio de la condicionalidad universal puede ser interpretada positivamente ¿Por qué no la otra también? ¿Por qué no ha de haber una aplicación positiva, además de una negativa, de las Cuatro Verdades? Mejor será ser precavido y no sacar demasiadas deducciones de lo que es tan sólo una diferencia en la terminología. “La decrepitud y la muerte”, siendo en este caso una figura retórica llamada sinécdoque, representa todas aquellas experiencias desagradables y dolorosas de la vida que colectivamente se llaman dukkha o sufrimiento. Dependiendo de dukkha surge sraddha (saddha) o la fe, el primer eslabón de la segunda serie de fases causales o asociaciones. Entonces, dependiendo de la fe surge la alegría (pamojja); dependiendo de la alegría surge el arrobo (piti); dependiendo del arrobo surge la serenidad; dependiendo de la serenidad surge la felicidad; dependiendo de la felicidad surge la concentración; dependiendo de la concentración surge el conocimiento y la visión de las cosas tal y como son; dependiendo de la visión de las cosas tal y como son surge la repulsión; dependiendo de la repulsión surge el desapasionamiento (viraga); dependiendo del desapasionamiento surge la liberación; dependiendo de la liberación surge el conocimiento de la destrucción de los asravas (asavas, en pali), o el veneno de la apetencia sensual, el del deseo de existencia y el de la ignorancia. El Sambodhi es, pues, obtenido; pero esta vez la sucesión de fases causales no ha sido descrita negativamente sino en términos puramente positivos.

La diferencia entre la formulación negativa de la Pratitya Samutpada a la inversa y la positiva, no es solamente una cuestión de terminología. La importancia de este texto es enorme, ya que muestra un testimonio, en los textos más antiguos de la Enseñanza, que anticipa las descripciones del Camino exuberantemente afirmativas que se hacen en el Mahayana.




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