A survey of buddhism: sexta edición



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“- Oh Bhikkhus, en cuanto a cosas de las que nunca se oyó hablar antes, surgió en mi visión, conocimiento, comprensión; surgió en mi sabiduría; surgió en mi luz”26.

Las palabras en el texto original son cakkum (literalmente “el ojo”), ñãnam, paññã, vijjã y ãloka, todas las cuales parecen ser sinónimos de Bodhi. Ya vimos que la investigación de la naturaleza del Nirvana es prácticamente la misma que la de la naturaleza de la Iluminación. De igual modo la investigación de la naturaleza del Bodhi ha de estar necesariamente relacionada con los varios términos con que se intercambia.


“La sabiduría (pali: pañña, sáns.: prajñã)”, según la definición muy útil y precisa del acharya Buddhaghosa, el mejor comentarista del Tipitaka del Theravada, tiene la característica de penetrar los dharmas tal y como son. Tiene la función de destruir la oscuridad de la ignorancia que cubre la naturaleza propia de los dharmas. Tiene como manifestación el no ser ignorante. Por esta afirmación: Aquel que está concentrado sabe, ve lo que en realidad es, la concentración es la causa inmediata”27.

Teniendo en cuenta que el término Bodhi parece referirse a aquello predominantemente estático en el contenido positivo del Nirvana, y la sabiduría al aspecto predominantemente cinético, esta definición de la Prajña puede ser, mutatis mutandis, aplicada también al Bodhi. El Bodhi es la visión clara de la naturaleza verdadera de los fenómenos (dhammas). En términos figurativos el Bodhi es, tal y como indicó el Buda en su Primer Discurso, la Luz Suprema, subsecuentemente simbolizada por el Buda Amitabha. Desde este punto de vista las palabras “Iluminación” y “Alumbramiento” pueden ser consideradas traducciones adecuadas del término Bodhi. Desde un punto de vista más abstracto, el Bodhi es el estado del Conocimiento Supremo, imperturbable y absoluto, que surge en la mente concentrada; esto es, el estado que surge como consecuencia del logro de un estado de meditación profunda o samadhi.

Antes de continuar debemos de prevenirnos contra la posibilidad de una mala interpretación grave. He de hacer constar que el Bodhi no consiste en el conocimiento de, o la unión con, un Absoluto, sino en la comprensión y penetración de la naturaleza real de lo fenoménico. Como ya he reiterado en más de una ocasión, el Nirvana es un estado que transciende todas las determinaciones conceptuales y es realizado sólo por medio de la cesación de todas las construcciones del pensamiento, tanto las negativas como las positivas, ya sean de tipo concreto o de la abstracción más refinada. Los Absolutos concebidos por filósofos y metafísicos de las diversas escuelas del monismo, tanto oriental como occidental, no constituyen para el Ojo del Iluminado realidades sino meramente opiniones. Son formas del mismo eternalismo (sassatavada) que, junto a la doctrina de la aniquilación (ucchedavada), es uno de los dos extremos a evitar por el discípulo. Viviendo como vive en medio de lo fenoménico que, en definitiva, no es otra cosa que las construcciones mentales incorrectas, el verdadero discípulo no erige más barreras para tratar, entonces, de extraer de ellas por medio de un proceso progresivo de abstracción un concepto que, simplemente porque posee el grado sumo de generalidad, él lo considera real. Tampoco refuerza las cadenas que lo sujetan a la ignorancia tratando de “realizar” o lograr la unión con dicho concepto. Esto sería construir dentro de la prisión de los sentidos una prisión, aún más fuerte, de la mente. En vez de hacer eso, el discípulo, manteniéndose a distancia de las construcciones conceptuales, sigue el camino más directo posible y logra el Nirvana por medio de la visión clara de la naturaleza real de lo fenoménico. Esta enseñanza es indispensable para entender correctamente la filosofía budista, es decir, las indicaciones sistemáticas y conceptuales de la Realidad. No obstante, es tan diferente de cualquier otra doctrina metafísica, tan contraria a la tendencia natural y al funcionamiento de la mente humana no iluminada, que no podría captarse, ni aun parcialmente, sin estudio arduo y contemplación intensa. Le vendría bien al lector ahora recordar y recapacitar sobre las observaciones que hice con respecto a la Motivación Correcta en la sección primera de este capítulo.

XI. La esencia de la Iluminación


Si el Bodhi es la visión clara de la verdadera naturaleza de lo fenoménico, ¿Cuál es, entonces, la naturaleza de la visión clara? Antes de tratar de responder esta pregunta, de la cual depende todo lo que es de mayor importancia en el Budismo, ha de entenderse que la visión clara es un logro puramente espiritual que no tiene nada que ver con ningún tipo de construcción mental. Aunque la visión clara fue descrita por el Buda en términos comprensibles por el intelecto, sería un error muy desastroso imaginar que se tratase de algo remotamente similar a la comprensión intelectual de los fenómenos que posee, por ejemplo, el estudiante de física. Las descripciones del Buda son meramente simbólicas y reflejan tan sólo un débil resplandor de su realización tras una oscuridad casi impenetrable. Dada esta advertencia preliminar, se puede decir que el conocimiento y la visión clara logrado por el Buda bajo el Árbol Bodhi, en Gaya, consistió en lo que El describió, acomodándose al modo conceptual “normal” de la mente humana, como la ley según la cual todos los fenómenos surgen dependiendo de condiciones. En la lengua original, el pali, todos los dhammã son paticca-samuppanna. Esta es la gran doctrina budista de la paticca-samuppãda, un término que ha sido traducido de formas diversas y que Conze lo traduce como Co-Producción Condicionada; traducción de las más exactas y eufónicas que hay. Esta, al ser la formulación primaria de la Iluminación del Buda en el plano intelectual, constituye la base histórica y lógica de todas las formas de filosofía budista desarrolladas más tarde. En un texto que citaré más adelante, esta formulación es igualada con el Dharma mismo.

La formula general de la doctrina aparece con cierta frecuencia en el Canon Pali, donde siempre es repetida con la misma combinación de palabras la cual parece haber sido reconocida desde la época más remota de la historia del budismo como la formula estándar de la expresión de la visión clara del Buda. La cito aquí en pali no sólo por ser intrínsecamente sagrada, sino también para que el lector tenga la oportunidad de adquirir mérito al leerla y recitarla en la lengua original:


Imasmim sati, idam hoti imass uppadã, idam uppajjati; imasmim asati, idam na hoti; imassa nirodhã, idam nirujjhati”. (Esto, siendo, en eso se convierte, cuando surge esto, eso surge; esto, no siendo, en eso no se convierte, cuando esto cesa, eso cesa.)28
Tan famosas como estas líneas, son aquellas con que el Arahant Assaji, uno de los cinco primeros discípulos del Buda, le resumió el mensaje del Maestro a Sariputra, que era entonces simplemente un asceta errante. Tras oírlas Sariputra logró en el acto el primer estado de la Santificación (sotãpatti-magga). La popularidad de estas líneas es evidente no sólo por el número de veces que aparecen en las escrituras en pali y en sánscrito, sino también por que se encuentran miles de veces por doquier en el mundo budista. Talladas en piedra, inscritas en placas de cobre, plata o oro; gravadas en baldosas de barro cocido, estas líneas aparecen tanto en las grutas medio desmoronadas de Afganistán, como en los templos del Japón, o las gompas del Tíbet, o las ruinas de Nalanda. Estas son las líneas en sánscrito:
Ye dharmã hetuprabhavã hetum tesam tathãgatah hyavadat,

Tesam ca yo nirodha evam vãdi mahãsramanah.

(El Tathagata ha explicado el origen de las cosas que proceden de causas. También ha explicado su cesación. Esta es la doctrina del gran Sramana.)


La tradición transmitida por todas las escuelas del budismo demuestra que estos importantísimos mantras formulan verdaderamente la realización del Maestro. Igualmente demuestran que la Iluminación obtenida por El bajo el Árbol Bodhi consiste verdaderamente en la visión clara y el conocimiento de la Co-Producción Condicionada de todo fenómeno.
Se sabe que el Buda, después de su Iluminación, se mostró indeciso en cuanto a la posibilidad de enseñar el Dharma al género humano; ya que pensaba que era demasiado profundo y sutil para ser entendido por seres mundanos. No obstante el Buda consintió a hacerlo por compasión cuando Brahma Sahampatti, Señor de los Mil Mundos, le suplicó, rogándole que tuviese en cuenta que había seres de escasa impureza pereciendo por no haber oído el Dharma. Tras esto el Buda dio a conocer la Verdad que había descubierto abriéndoles la puerta de lo Inmortal (amata) a los dioses y a los humanos.

Pero ¿Qué era exactamente el Dharma que el Buda dudó en revelar? Casi al final de un discurso autobiográfico de gran importancia y que se preserva en el Tipitaka del Theravada, el Buda, tras haber descrito su carrera espiritual y el logro de la Iluminación Suprema, procede a tratar este episodio crucial en que por un momento el destino espiritual de los mundos estuvo pendiente del movimiento del fiel de la balanza. En este pasaje tenemos el privilegio de contemplar una imponente vislumbre de la mente de un ser liberado e iluminado; un privilegio que nos aprovechará en acuerdo con la pureza de nuestro enfoque.


“- Entonces, monjes, pensé: he obtenido la Doctrina (Dharma, Realidad), profunda, difícil de percibir, difícil de conocer, de gran calma, transcendental, más allá de la esfera del raciocinio, sutil, a ser comprendida sólo por el juicioso. Los hombres viven absortos en aquello por lo que sienten apego, y se deleitan y sienten placer en ello. Para los hombre absortos en aquello por lo que sienten apego es difícil ver este principio, la condicionalidad, la originación por causa (paticca-samuppãda). Este principio es también difícil de ver: la cesación de todo lo compuesto, la renunciación a todo apego a la reencarnación, la extinción del deseo, la ausencia de pasión, la cesación, el Nirvana. “ (Ariyapariyesana Sutta, Majjhima-Nikãya, I. 167)
Sigue la mente del Buda con esta misma reflexión continua, en el sutta, y da expresión en verso a la posibilidad de no actuar, de no predicar el Dharma. Se observará que la última frase del pasaje citado es una enunciación sin ambigüedad de la cadena de reacción que se produce cuando se penetra la ley de la Co-Producción Condicionada de todo fenómeno. Es, además, a la vez, una indicación clara del propósito para el cual habría de ser predicada.
Para que el discípulo comprendiera mejor el principio de la condicionalidad, la formula general y abstracta de la Pratiya Samutpada fue aplicada frecuentemente a diferentes grupos concretos de fenómenos, haciendo ver con claridad que su origen dependía de causas. La misma Iluminación del Buda es en ocasiones descrita en términos que se refieren a la comprensión de una de las varias aplicaciones de la Pratiya Samutpada, en vez de la comprensión de la formula general en si. En otro discurso autobiográfico el Señor dice:
“- Antes de mi Iluminación, monjes, cuando no era un ser iluminado, sino todavía un bodhisattva, pensaba: ¡Ay, en desdicha ha caído este mundo! nace, envejece y muere; pasa y vuelve a renacer. Pero no encuentra escapatoria de este dolor, del envejecimiento y la muerte. ¿Cuándo será en verdad conocida la escapatoria de este dolor, del envejecimiento y la muerte?’ Entonces, monjes, pensé: ¿Qué existe para que exista la vejez y la muerte? ¿Cuál es la causa de la vejez y la muerte?’ Y al reflexionar debidamente surgió la comprensión completa: cuando hay reencarnación, es entonces que hay vejez y muerte. La vejez y la muerte tienen la reencarnación como causa. Entonces, monjes, pensé: ¿Qué existe para que exista la reencarnación? y ¿Cuál es la causa de la reencarnación?’ Y al reflexionar debidamente surgió la comprensión completa: cuando hay el devenir (o el deseo de ser), es entonces que hay reencarnación, la reencarnación tiene como causa el deseo de ser. De igual manera el deseo es causado por la codicia, la codicia por la apetencia, la apetencia por la sensación, la sensación por el contacto o estimulación de cualquiera de los sentidos, el contacto por los seis órganos de los sentidos, los seis órganos de los sentidos por el cuerpo y la mente (nama-rupa), el cuerpo y la mente por la consciencia, la consciencia por los agregados, y los agregados por la ignorancia. Así con la ignorancia como causa se dan los agregados, con los agregados como causa se da la consciencia, (y así sucesivamente hasta llegar a) con la reencarnación como causa se da la vejez y la muerte. Así es el origen de toda esta masa de sufrimiento.

¡El origen, el origen!: al reflexionar debidamente sobre estas cosas de las que nunca antes se oyó hablar, surgió la visión, surgió el conocimiento, surgió el conocimiento total, surgió la comprensión, surgió la luz.



Entonces, monjes, pensé: ¿Para que no existan la vejez y la muerte, qué es lo que no ha de existir? ¿Con la cesación de qué cesan la vejez y la muerte? Entonces al reflexionar debidamente surgió la comprensión completa: cuando no hay reencarnación no hay vejez ni muerte, con la cesación de la reencarnación cesan la vejez y la muerte. Entonces, monjes, pensé: ¿Para que no exista la reencarnación, qué es lo que no ha de existir? ¿Con la cesación de qué cesa la reencarnación? Entonces al reflexionar debidamente surgió la comprensión completa: cuando no hay deseo de ser, no hay reencarnación, con la cesación del deseo de ser cesa la reencarnación. (Entonces con la cesación de la codicia viene la cesación del deseo de ser, con la cesación de la apetencia la cesación de la codicia, con la cesación del contacto la cesación de la sensación, con la cesación de los seis órganos de los sentidos la cesación del contacto, con la cesación de la mente y el cuerpo la cesación de los seis órganos de los sentidos, con la cesación de la consciencia la cesación del cuerpo y de la mente, con la cesación de los agregados la cesación de la consciencia y con la cesación de la ignorancia la cesación de los agregados.) Así con la cesación de la ignorancia se da la cesación de los agregados, con la cesación de los agregados la cesación de la consciencia, con la cesación de la consciencia la cesación del cuerpo y de la mente, con la cesación del cuerpo y de la mente la cesación de los órganos de los sentidos, con la cesación de los órganos de los sentidos la cesación del contacto, con la cesación del contacto la cesación de la sensación, con la cesación de la sensación la cesación de la apetencia, con la cesación de la apetencia la cesación de la codicia, con la cesación de la codicia la cesación del deseo de ser, con la cesación del deseo de ser la cesación de la reencarnación, con la cesación de la reencarnación la cesación de la vejez y de la muerte. Así es la cesación de toda esta masa de sufrimiento. ¡Cesación, cesación!: Al reflexionar debidamente sobre estas cosas de las que nunca se oyó hablar antes, surgió la visión, surgió el conocimiento, surgió el conocimiento completo, surgió la comprensión, surgió la luz”. (Samyutta-Nikãya,II.10)
En otro discurso autobiográfico, la descripción del logro de la Iluminación del Buda es su comprensión de la Co-Producción condicionada, pero no con las doce fases que se describen en el pasaje que se acaba de citar, sino con sólo diez fases; no mencionándose la ignorancia y las formaciones kármicas. Discrepancias como ésta parecen haber dejado perplejos a traductores que no son budistas. Algunos de estos, al no estar preparados a reconocer que una doctrina tan profunda que el Buda se mostró indeciso a predicarla podría estar más allá de su propio entendimiento, se amparan en la sugestión de que la aplicación más simple de la formula general debe de ser la del Buda y las más elaboradas el trabajo de sus discípulos. Otros traductores llegan incluso a decir que las diversas exposiciones del principio de la Pratitya Samutpada que se encuentran en textos budistas son contradictorias. ¡Cualquier disparate en vez de admitir que no comprenden! Esa gente piensa sinceramente que es más posible que el Buda no entendiera su propia Doctrina que ellos sean incapaces de comprenderla. Apenas puede llegar a más la impertinencia profana. Ya he insistido en que el Sambodhi alcanzado por el Buda consistió en la visión clara puramente transcendental y no conceptual. He insistido también en que la fórmula general de la Co-Producción Condicionada fue una tentativa de formular esa visión clara en términos intelectuales. Al ser los fenómenos innumerables, las aplicaciones de esta fórmula son en teoría también innumerables; ya que esta fórmula representa una ley universal válida para todas las cosas condicionadas. No obstante, a la hora de la verdad, el Buda la aplicó solamente a las experiencias de la vida humana más notables y esenciales, ya que el sabía que su Doctrina sólo sería comprendida aplicándola a aquello que es de mayor importancia para el hombre. Una esfera perfecta colocada sobre una superficie totalmente nivelada rueda con igual facilidad en todas direcciones. De igual modo, la realización de la Verdad alcanzada por el Buda, y simbolizada en el plano intelectual por la doctrina de la Co-Producción Condicionada, podría aplicarse con igual facilidad a explicar y aclarar la naturaleza condicionada de cualquier fenómeno. La Sabiduría Transcendental debe distinguirse de sus símbolos conceptuales, como también ha de distinguirse la fórmula de la Pratitya Samutpada de sus diversas aplicaciones particulares, que son la consecuencia de las circunstancias y necesidades de la vida humana y de las distintas tendencias de los discípulos. Si aprendemos a pasar del conocimiento de la naturaleza condicionada de un grupo particular de fenómenos a la comprensión de la condicionalidad como ley universal, y desde ésta a la realización de la Verdad supralógica a que representa, entonces los textos que tratan de la doctrina de la Co-Producción Condicionada no nos parecerán una maraña de “contradicciones”, sino aspectos complementarios de una enseñanza maravillosamente consistente y profunda.

Una vez que hayamos captado este principio ya no nos sorprenderá encontrar a veces descripciones de la Iluminación del Buda que no son expuestas por medio de la fórmula de la Co-Producción Condicionada, o por su aplicación a las doce, o diez, fases de la evolución del ser llamado individual. No nos sorprenderá encontrar exposiciones en términos del despertar a las Cuatro Verdades Nobles, que son el Sufrimiento (dukkha), el Origen del Sufrimiento (dukka-samudaya), la Cesación del Sufrimiento (dukkha-nirodha) y el Camino a la Cesación del Sufrimiento (dukkha-nirodha-gamini-patipada-magga). De hecho el Primer Discurso del Buda, al cual ya me he referido, es uno de los textos más importantes de aquellos en que el Buda describe su logro del Sambodhi en términos de la percepción de las Cuatro Verdades Nobles. Otro texto en esta categoría es el Mahãsaccaka Sutta que está incluido en el Majjhima-Nikãya. En este discurso, después de relatar a un asceta jainista las austeridades que El había soportado, el Buda, le habla de un camino más sano por el cual finalmente realizó la Verdad y concluye:


“- Entonces, con el pensamiento estabilizado, perfectamente purificado, hecho perfectamente translúcido, sin tacha, toda la corrupción erradicada, hecho flexible y manejable, listo para la acción, establecido e imperturbable, incliné la mente al recuerdo de mis existencias previas. Recordé nacimientos diversos... evoluciones e involuciones de eones... condiciones de nacimientos... y experiencias en tales...el surgimiento y la caída de los seres y sus características en los distintos mundos, eso vi con el ojo divino.

Entonces percibí las Cuatro Verdades Nobles...la destrucción de los asavas...y supe esto: Destruida queda la reencarnación para mí. La vida santa ha sido vivida. Mí tarea hecha. Para la vida en estas condiciones no hay un futuro.”


No son necesarias más citas. La doctrina de las Cuatro Verdades Nobles es obviamente la extensión del principio universal de la condicionalidad al problema del sufrimiento. Por lo tanto es una formulación tan válida de la visión clara del Buda como la fórmula general de la Co-producción Condicionada. El desenlace detallado de la correlación entre ésta y su aplicación a grupos de fenómenos particulares en la doctrina de los Doce Nexos Causales (nidanas) del continuo vital, de un lado, y las Cuatro Verdades Nobles, del otro, será tratado más adelante en otra sección de esta obra. Baste de momento con afirmar la unidad absoluta en el plano transcendental de toda las formulaciones conceptuales de la Iluminación Suprema del Buda.
La Iluminación fue la visión clara y el conocimiento de la naturaleza condicionada y esencialmente contingente de todos los dharmas. Esto lo demuestra además el hecho de que en muchísimos discursos el Buda indicó que la Meta de la carrera del discípulo era la comprensión de la Pratitya Samutpada, en una forma u otra, y la percepción de las Cuatro Verdades Nobles. Reprendiendo a Ananda por haber dicho que la doctrina de la Co-producción Condicionada era, si bien en apariencia y en realidad profunda, bastante fácil de comprender, el Buda partiendo de la profundidad de su realización declara:
“-¡No digas eso, Ananda, no digas eso! Verdaderamente profunda es esta Ley Causal, y profunda parece. Es por no saber, por no entender, por no penetrar esta doctrina que este mundo se ha convertido en una maraña como una bola de guita, se ha cubierto de añublo, como la hierba munja y los juncos y es incapaz de ir más allá de la perdición del Desperdicio, del Camino a la Aflicción, de la Caída, y del Ciclo Incesante (de la reencarnación)”.
Su declaración con respecto a las Cuatro Verdades Nobles es similar:
“- Por no haber entendido, por no haber penetrado las Cuatro Verdades Nobles, hermanos, hemos continuado, errantes, por este largísimo trayecto (de la reencarnación), tanto vosotros como Yo”.
El siguiente pasaje describe el conocimiento de la Pratitya Samutpada, por el Discípulo Noble, en términos de las Cuatro Verdades Nobles, combinando así las dos formulaciones previas, y constituye una vindicación de la unidad esencial de todas las formulaciones y es, pues, de interés y significación especial.
“...Ahora bien, hermanos, en la medida que el Discípulo Noble conoce la Ley de la Causalidad así..., conoce el surgimiento de la relación causal así..., conoce la cesación de la relación causal así..., conoce el Camino que lleva a la cesación de la relación causal así..., ese es llamado, hermanos, el Discípulo Noble que ha alcanzado la Visión, que ha obtenido Visión Clara, que ha alcanzado la Norma Buena (saddhamma, lo Verdaderamente Real), que ve esta Norma buena (la Verdadera Realidad), que está en posesión del Conocimiento del Discípulo Instruido (sekho), que ha alcanzado la Norma en la Corriente (la corriente de la Realidad), que es un Discípulo Noble refinado en su sabiduría, que se encuentra frente al Umbral de lo Inmortal (amata-nibbãna). “ (Samyutta-Nikaya, II. 41. Traducción revisada de Woodward)
En numerosos textos canónicos en pali se describe la carrera del discípulo fase a fase: la renunciación de la vida en el hogar, el adiestramiento progresivo en la restricción del cuerpo, la atención consciente y la concentración, y finalmente, el momento de la suprema victoria sobre el mundo, en la que los destellos de visión clara, cada vez mayores y más frecuentes, se convierten al final en la ilimitada luz del Sambodhi y él comprende la naturaleza esencial de todos los dharmas en términos de la Pratitya Samutpada, con sus doce, diez o cinco fases, o en términos de las Cuatro Verdades Nobles. Esos textos son demasiado numerosos y extensos para ser citados en esta obra. Baste mencionar el Sãmaññaphala Sutta (Digha-Nikãya, I. 47) y el Satipatthãna Sutta (Majjhima-Nikãya) para que quede demostrado que entre esos textos se encuentran algunos de los discursos más importantes de todo el Tipitaka.



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