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X Encontro Nacional de História Oral

26 a 30 de abril de 2010.

Universidade Federal de Pernambuco, Recife, Pernambuco.
NARRAR Y ESCUCHAR. EL ESPACIO DE ENTREVISTA Y LA TRANSMISIÓN GENERACIONAL DE EXPERIENCIAS MILITANTES.1
Autoras:

Mariana Bortolotti (Centro Latinoamericano de Investigaciones en Historia Oral y Social (CLIHOS)-Universidad Nacional de Rosario, Argentina - CONICET )

e-mail: bortolottima@gmail.com



Luciana Seminara (Centro Latinoamericano de Investigaciones en Historia Oral y Social (CLIHOS)-Universidad Nacional de Rosario, Argentina - CONICET )

e-mail: eleseminara@gmail.com




Los años sesenta y su contexto político.

En la última década las producciones historiográficas y periodísticas argentinas se han visto ampliamente estimuladas por múltiples exploraciones sobre los años 60´s y 70´s, sin lugar a dudas la Historia Oral, los relatos de vida y los enfoques vinculados a los trabajos de Memoria han permitido una profundización de las problemáticas vinculadas a las experiencias de varones y mujeres que protagonizaron la escena política de la historia reciente argentina; sin embargo solo una pequeña parte de dichos enfoques se han interrogado sobre los modos en que las relaciones de género influyeron en la configuración de ese pasado (Seminara, Viano; 2009), una de las derivas de tal situación ha sido que en el marco de las investigaciones de estos últimos años todavía se nos presenten huecos e interrogantes no resueltos vinculados con las experiencias militantes de las mujeres en los setenta.

En esta clave y a partir de nuestros propios recorridos de investigación fuertemente vinculados a la práctica de la historia oral y las experiencias militantes de aquellos años, hemos comenzado a indagar sobre la situación de entrevista como dispositivo de diálogo intergeneracional. En este caso el dialogo se ha producido con dos mujeres que iniciaron sus recorridos militantes al promediar la década del sesenta.

Antes de introducirnos en las líneas de ese diálogo, destaquemos que el proceso de emergencia de los jóvenes como franja social diferenciada durante esta década y la siguiente, fue en parte resultado del crecimiento cuantitativo del sector, la ampliación del consumo en sectores populares y la constitución de un mercado dirigido a los jóvenes como público específico. Este fenómeno extendido en el mundo occidental fue tomando características propias en los distintos contextos nacionales, lo cual no hace más que reafirmar la necesidad de pensar en clave generacional las experiencias, imaginarios y prácticas que sostuvieron los jóvenes de aquella época.

Una época que, tal como ha señalado Claudia Gilman (2003), estuvo signada por la emergencia de nuevos discursos y nuevas prácticas a escala planetaria encarnados también en nuevos sujetos políticos y sociales: la Revolución cubana, la descolonización del continente africano y los diversos brotes de rebeldía juvenil y estudiantil no hacen más que aludir al haz de relaciones políticas sociales y económicas fuera de las cuales es imposible pensar el surgimiento de la percepción de que el mundo estaba al borde de cambiar.

Esta percepción no fue ajena a la sensibilidad de Mercedes y Gabriela, cuyas elecciones las llevaron a formar parte de esas prácticas culturales y políticas de nuevo tipo, entre las cuales el activismo político, con sus distintas vertientes dentro del campo de la llamada “Nueva Izquierda” en la Argentina, constituyó un eje fundamental.


Los primeros tiempos de la militancia

Tal vez sea necesario en primer lugar destacar que quienes suscribimos este trabajo formamos parte de una generación que, nacida en los años del proceso militar iniciado en el año 1976, nos hemos visto involucradas desde una edad temprana y a través de vínculos familiares con el devenir político argentino.

Un devenir que en algunos casos dejó huellas o silencios familiares y que en otros estuvo marcado por situaciones de exilio. Sin embargo y más allá del contexto familiar, somos parte de una generación que en los años noventa volvió revisar ese pasado reciente con otros ojos y nuevas preguntas. Señalemos en este sentido que la agrupación H.I.J.O.S.2 emerge al promediar la década profundizando una marca distintiva de aquellos años, donde amplios sectores de la sociedad se movilizaron tras las consignas de verdad y justicia frente a los crímenes cometidos por la dictadura militar. En nuestro caso, esos nuevos interrogantes se extendieron más allá del período de la dictadura y nos llevaron a transitar otros, vinculados con la necesidad de conocer y comprender las experiencias, elecciones políticas y la realidad cotidiana de aquellas militantes protagonistas de las luchas de las décadas del sesenta y setenta sobre las que la represión actuó directamente.

Por otra parte, destaquemos que conocemos personalmente a las entrevistadas desde hace varios años, lo cual lejos de obturar nuestra tarea de investigación ayudó a crear cierto clima de familiaridad, generando en los encuentros un ambiente propicio para que indagáramos en sus pasados.


Gabriela nació en una pequeña localidad de la provincia de Santa Fe y al finalizar su escolarización decidió iniciar su formación académica en la Facultad Católica de Derecho de Rosario y éste fue el telón de fondo de sus primeras intervenciones en barrios y villas de la ciudad, así como un primigenio activismo dentro de una organización cristiana que impulsaba junto al desarrollo del trabajo social la oposición a la gestión oficialista de una Facultad fuertemente consustanciada con los objetivos del régimen dictatorial inaugurado con el golpe de Estado del General Onganía en junio de 1966. “Ahí empezamos a trabajar dentro de la facultad,...en ese momento no había nada en la facultad, ni centro de estudiantes, o [sí] el centro de estudiantes ya existía, pero era un centro de estudiantes totalmente oficialista,...digamos [que] había toda una serie de estudiantes de derecho “muy de derecha”, ellos tenían el centro de estudiantes. Y nosotros empezamos a formar un movimiento, un grupo de gente de quinto año de la facultad, de un movimiento de estudiantes de derecho (…) y también de varias facultades católicas, empezó a movilizarse los estudiantes (…) se empezaron a movilizar por reivindicaciones sociales”.

También Mercedes inició su militancia en el contexto universitario, luego de vivir su niñez y adolescencia en un pueblo cercano a la ciudad de Rosario se traslada allí para estudiar Psicología, transcurría el año 1965. El cursado de las materias curriculares es complementado con otras actividades y comienza a militar en una agrupación universitaria, llamada NARUL, expresión universitaria del Partido Socialista. Mercedes recuerda que “la militancia era..., a ver, en el Centro de Estudiantes funcionaba un mimeógrafo y se hacían, se mimeografiaban las clases, lo que ahora son las fotocopiadoras en aquel entonces se hacía en mimeógrafos. Entonces, la gente de las agrupaciones destinábamos algunas horas de actividad diaria para llevar adelante el Centro de Estudiantes, sacábamos volantes, imprimíamos clases y, este... La agrupación NARUL tenía una política por ese entonces totalmente reformista…”


En cierto modo imperceptible hay sin embargo un aspecto de sus narraciones que no podemos dejar de remarcar, porque allí emerge un elemento común que va más allá de la experiencia particular que cada una rememora: aquello que ellas suponen nosotras queremos escuchar.

Gabriela se apresura y rápidamente concluye el relato sobre su etapa en la universidad: “Yo estuve en la facultad más o menos militando en el ’69 y en el ’70 ya me metí en una organización, en una organización que era la FAP, Fuerzas Armadas Peronistas”. El contacto fue a través de Pedro quien poco tiempo después sería su marido, Pedro a su vez había sido “contactado por una compañera que él conocía... con ese contacto, pasó a formar parte de un grupo de la FAP que funcionaba en Rosario, bueno después yo me integré, esto fue [en el] 70, ya en el 71 nos metimos en los montos. 3


-¿Y qué tipo de actividades hacían?


Y la militancia, la militancia era exclusivamente armada, armada en el sentido... éramos un grupo que recién empezaba entonces aprendimos a hacer caños, panfleteras, metimos varios, en la ciudad. En ese momento eran (risa)... los caños esos que vos ponías y te rompían un poquitito la puerta de un banco, eran todos objetivos económicos, digamos”.

En el mismo sentido, Mercedes se adelanta a nuestras preguntas: “Bueno, el tema del que querés que hable supongo que tiene que ver con la militancia, la forma en la que termino militando primero en la Universidad y después en el Partido”. Pocos minutos después y luego de hacer un breve resumen de su paso por la Universidad, se detiene en la descripción de un suceso que aparecerá repetidas veces a lo largo de su relato: la experiencia de “proletarización”, etapa de su militancia en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT)4.

Esta premura por indicarnos lo que ellas suponen realmente importa de su experiencia pasada, pensamos que es indicativo de aquello que se configuró como central en sus pasados, una centralidad que por vías disímiles refiere a aspectos centrales de la experiencia setentista: la militancia armada y la “proletarización”.
Antes de detenernos en estos pasajes de sus memorias mencionemos que la “proletarización” fue una práctica implementada por numerosas organizaciones de la “Nueva Izquierda” en la Argentina pero, como ha insistido Pablo Pozzi (2004), en el PRT fue parte fundamental de la línea política y, como veremos, también lo fue en el devenir de la militancia de Mercedes. Consignemos que esta práctica consistía en acercar a los y las militantes que no provenían de la clase trabajadora a la forma de vida del sector para adquirir sus puntos de vistas y aumentar la proporción de obreros en el Partido. Para el logro de dichos objetivos se instrumentaron dos caminos posibles: el ingreso al trabajo en fábrica o la mudanza a barrios humildes.

Mercedes recuerda que “en el Partido se alienta lo que se llama... hacer algún tipo de tarea que ligara al militante con la clase obrera. Entonces, lo que se plantea es, en lo posible, y digo en lo posible no por... o sea, una decisión que no quedaba de parte del militante sino de la realidad, si había fábricas que tomaban obreros teníamos que estar allí. Y se da la política de proletarización. Toda la dirección del Partido nos pide que tenemos que trabajar en las fábricas y yo entré a trabajar al Swift5 .”

Al referir a la experiencia de proletarización, emerge en el relato de Mercedes la existencia de dos mandatos, uno partidario y otro familiar. Mandatos contrapuestos que aparecen tensionando la experiencia evocada:

Y desde mi punto de vista, propio, subjetivo, para mi fue un golpe... Mis orígenes por parte de mi padre, yo vengo de... mi nono que fue del ferrocarril, italiano que llegó, entró a trabajar al ferrocarril y se jubiló como empleado del ferrocarril, mi padre, mis tíos, mis tías fueron obreros del Swift. Por parte de mi madre, inclusive mi madre misma, empezando por mi abuelo fueron peones rurales, o sea, mi extracción de clase es obrera y de peones rurales. Ahora, yo recuerdo de siempre que mi madre me decía, a mí, me decía a mí y a mi hermana, que nosotras estábamos para ser mejor que ellos, teníamos más oportunidades, que de ninguna manera, mi madre me decía, iba a permitir que nosotras ‘burrearamos’ lo que ella burreaba, que para eso nos mandaba a la escuela y que estábamos algo así como obligadas a tener una vida mejor que la que ellos tuvieron.”

Proveniente de una familia obrera, la idea del ascenso social a partir de la educación se había instalado desde su infancia mediante la insistencia de su madre.

Yo recuerdo que no tenía ganas ni de hablar cuando salía de ahí porque era, salvo esa tres cuarta hora para comer, se trabajaba parada, sólo las embrazadas tenían banquitos, si había alguna. Después, trabajabas todo el tiempo parada... cortando carne. Yo, de esa época, lo que más me quedó fue un saber afilar cuchillos, por ejemplo, (risas) un saber que lo aprendí ahí, creo que lo único que me quedó positivo. Sí, un trabajo duro, muy, muy duro, de mucho desgaste físico, tiempo. Teóricamente nosotros estábamos ahí para, digamos, como para estar con las obreras, conversar con las obreras, hacer planteos políticos, que se yo,... en la hora de la comida no tenías fuerza ni para abrir la boca y durante el trabajo no podías decir ni mú porque abrías la boca y tenías una capataza que te estaba ahí amenazándote con penalizarte con multas económicas, no es cierto? Era una cosa realmente imposible.”

Ha llamado nuestra atención que en repetidas oportunidades Mercedes compara su situación con la de otro compañero proletarizado: “Luis militante del PRT estaba proletarizado en el Swift, trabajaba de obrero en el Swift, en un trabajo de obrero... no como los que tuvimos nosotros más adelante, en un trabajo... él trabajaba de mecánico, él tenía mucha movilidad adentro de la fábrica, no trabajaba en la picada, en un lugar fijo o como Mario que trabajó en conserva, o enlatado me parece, que no te dejaba mucho tiempo para que hagas contacto con los obreros. Luis tenía, había conseguido, afortunadamente, un trabajo que le permitía desplazarse por toda la fábrica, hablar con mucha gente, él trabajó casi dos años en el Swift.”

Por ello consideramos que lo que resultaba “realmente imposible” para ella era quedarse quieta, una inmovilidad que contrasta con otros pasajes donde describe lo propio de los tiempos de juventud.

En el recuerdo está esta idea, sobre todo de la juventud, que es una época de mucho movimiento, mucha movilidad, mucha pasión, mucha actividad. Yo tenía 23, 24 años y militaba, estudiaba, trabajaba, criaba hijos y atendía mi casa. Yo lo pienso ahora y digo cómo hacía?, como era posible que pudiera hacer todas esas cosas, como me alcanzaba el día.”

Finalmente podemos pensar que la política de proletarización implementada desde el PRT significó para Mercedes una ruptura que se expresó en varios planos de su vida, por un lado no se correspondió con sus propios ideales de la militancia y al mismo tiempo significó quebrar un fuerte mandato familiar. Ambos aspectos pusieron en crisis la determinación de continuar la experiencia:

Consecuencia de eso, yo cobré mi primer quincena y yo... porque se cobraba por quincena, y en la segunda quincena, como a la mitad, este... un día a las once de la mañana me dije no aguanto ni un minuto más, me saqué el delantal y me fui.”

Su breve paso por la fábrica resultó definitorio para su recorrido, cambió su percepción de la política, la militancia y su lugar en la organización marcando su alejamiento del Partido. Si su experiencia en la Universidad la había llevado a construir expectativas significativas acerca de un proyecto colectivo y su rol en el PRT, expectativas que fueron refutadas en el tránsito por la “realidad de la fábrica”.

Yo pensé ‘finalmente me he convertido en una pequeño burguesa’. En esa época, los juicios eran de este nivel, no?, bastante groseros. Pensé que... no me daba el cuero para ser una militante de un partido revolucionario, para ser una militante de dirección.”

El no poder cumplir con el mandato partidario y el ver alejarse la posibilidad de ser “una militante de dirección” se ven reforzados por la fuerza del deseo materno.

Yo soy de mi generación la única, entre mis primos, la primera y la única de mis antecesores que llegó a la Universidad y que tengo un título universitario. La primera y la única de mi generación. Yo creo que ahí tuvo que ver el deseo de mi madre.”

El relato de Mercedes se desplaza de las experiencias más conocidas y da cuenta de una identidad militante que no terminó de conformarse. Si la práctica de proletarización la llevó a tensar su deseo de participación política y su anhelo de progreso social, puesta frente a su historia familiar al convertirse en trabajadora fabril, el mandato materno resultó tener mucho más peso que las expectativas abiertas en su militancia en el PRT.

A partir de allí comienza el alejamiento del Partido, pasando a la categoría de “simpatizante”6 en el ’70 para mantener relaciones intermitentes hasta el retorno de Perón a la presidencia en 1973.

Yo creo que eso a mi, a mi, me jugó a favor. Creo, es más, que me salvó la vida. En otros casos que conozco, les jugó en contra, precisamente la misma proletarización, les hizo perder la vida. También yo tuve la suerte y la fortuna de no haber estado cuando me vino a buscar el ejército... y tenía los medios y recursos suficientes como para sobrevivir en otro lado.”7

La experiencia de proletarización de Mercedes constituye un nudo complejo en su relato donde se suceden el momento de mayor compromiso y el comienzo de su alejamiento de la militancia. A partir de allí su militancia pasa a ocupar un lugar diferente, más acotado y en creciente tensión con el espacio dedicado a su carrera y a la llegada de sus hijos.

En opuesta dirección Gabriela nunca atravesó la experiencia de la proletarización e independientemente de que también realizaba trabajos de superficie ligados a su profesión como abogada, su militancia, como ella misma lo recuerda, siempre estuvo vinculada a la lucha armada, ésta opción la llevó a transitar por diversas organizaciones político- militares8. En esta clave quizás debamos señalar que tal aspecto de su compromiso político, aquello que a nuestros ojos puede aparecer como una decisión que debería haber implicado un trabajo de reflexión más o menos elaborado, para Gabriela pareciera revestir características más simples: “te digo mi militancia en la FAP fue totalmente, diríamos ...porque leí mas o menos el libro de Regis Debray, algunos libros diríamos revolucionarios, que era, diríamos la lucha armada era la única posibilidad de hacer la revolución y me metí en eso. Pero yo no era peronista, nunca fui peronista. Primero que vengo de una familia donde eran anti-peronistas a muerte. De mi militancia en la facultad fue desde el punto de vista del cristianismo y todo lo demás… Y después fue una cosa así que si vos lo analizás hoy era a partir del convencimiento de que había que meterse en una organización para desarrollar diríamos la lucha armada para conquistar el poder. Así de simple la cosa”. Para Gabriela no había lugar a dudas, un compromiso militante en los años setenta iba acompañado de un práctica armada. Sin embargo este aspecto nunca es llevado a lugares de exacerbar lo militar por sobre lo político, por el contrario en su relato se puede percibir cierta tensión y ciertos reclamos por dar más lugar a la formación teórica y política que necesariamente debía acompañar a las acciones armadas, mas allá del hecho de que éstas no tuvieron demasiado eco en las organizaciones en las que militó. Por otra parte también debemos señalar que, a contracorriente de lo que muchas veces es un presupuesto forjado desde nuestro propio presente, para Gabriela su experiencia de vinculación con las armas no reviste ningún arrepentimiento de carácter ético o moral, fundamentalmente porque estas acciones se desarrollaron bajo las expectativas que generaba la militancia cotidiana y la posibilidad de la revolución.


El exilio, un nuevo campo de experiencias

Durante los primeros meses del año 1975 la familia de Gabriela sufre significativos golpes que terminan por acelerar la idea de marcharse del país por un tiempo, su marido estaba preso y su padre en la etapa terminal de un cáncer. Por otra parte desde hacía poco tiempo ella había comenzado a militar en el PRT y la casa en la que vivía con sus hijos funcionaba como casa operativa de la organización que había instalado allí una imprenta, por esa razón decide trasladarse a un departamento con sus padres.

Yo me fui con ellos y con los chicos a vivir al departamento. Y me fui 15 días. Bueno ahí después allanaron mi casa, no se que día, pero se que hicieron todo un operativo en la cuadra, porque después eso me lo contaron los vecinos cuando volví. Rodearon toda la cuadra, allanaron la casa y después la clausuraron. Y ahí encontraron el mimeógrafo y se lo llevaron y libros de Lenin, de todo. Nosotros habíamos limpiado bastante, pero habían quedado cosas. Y yo estuve 15 días en Buenos Aires… me volví y no podía estar en el departamento donde mi viejo estaba mal… Entonces yo estaba que no sabía para donde ir. No tenía pasaporte, nada... Y me voy con el DNI, me tomo un ómnibus y me voy a Uruguay. Y estuve en Montevideo 10 meses…Y yo espero, espero, yo allá leía los diarios, veía que caía gente, caía gente, caía gente... y mi hermano viaja… me cuenta que la cosa esta muy mal, que no podía volver…y ahí fue... octubre noviembre que pido refugio en Naciones Unidas en Uruguay”. Fuera de las fronteras argentinas y con una perspectiva poco alentadora de regresar al país, Gabriela comienza a pensar en el exilio como la única vía para poder reencontrarse con sus hijos sin poner en riesgo su propia vida y la de sus seres queridos.

A diferencia de otros relatos, en el de Gabriela también la instancia de negociación con las Naciones Unidas y las embajadas dispuestas a otorgar asilo político a los refugiados argentinos, aparece como un pasaje marcado por la militancia y su voluntad de lucha.

Entonces ya cuando sé que me tengo que ir refugiada empezamos a pedir visa a las embajadas que hay en Uruguay. Y a mi salen dos visas, una para Suecia y otra para Francia.… Y en ese tiempo todo el grupo estaba ayudado por la iglesia metodista de Uruguay que nos daban un dinero para vivir durante el mes. Y comíamos en los comedores populares y todo lo demás y bueno, pasamos diez meses y no salía nada, no salían visas entonces lo que decidimos fue ocupar Naciones Unidas. Y entonces nos fuimos todo el grupo de argentinos. Íbamos siempre a preguntar si nos dejaban salir, si ya teníamos las visas pero Naciones Unidas no nos hacia el entre porque teníamos que salir bajo el estatuto de refugiados…Éramos [como] 9 personas. Nos fuimos un día...preparamos todo antes, no? Avisamos a todos que íbamos a hacer eso y que íbamos a quedarnos, y que no lo supiera Naciones Unidas. Nos fuimos como a pedir información, nos sentamos y dijimos, acá nos quedamos. Nos quedamos 14 días haciendo huelga de hambre hicimos 14 días de huelga de hambre. Y que no nos íbamos a salir de ahí y que nos sacaran con la policía. Y trataron…Te imaginás, ¡¡se armó un quilombo!!. Entonces vieron que teníamos visas muchos. El 27, el 28 de mayo…yo llegue a Francia…Llegué en mayo del 77 y me volví en abril del 84”

En Francia su militancia política adquiere otro cariz y se vinculará con actividades de denuncia sobre la represión de la Dictadura en Argentina: “en Francia durante todo el exilio milité con el PRT allá, en el exilio. Si, estuve en un comité de solidaridad que se llamaba CAIS que estaba integrado por Montos y PRT. Y entonces a medida que vos ibas llegando te integrabas al Comité de Solidaridad pero funcionabas en los grupos de las organizaciones.”

A pesar de hallarse alejada de la militancia partidaria, Mercedes se ve obligada a exiliarse tras el Golpe de Estado de 1976 que inaugura la más sangrienta dictadura militar que soportó la Argentina. Su exilio, a diferencia del sentido que adquirió en Gabriela, se instaura como un momento de balance de los años precedentes, el momento de dar cuenta de la derrota del proyecto político que sostuvo su generación.

Y si querés que te diga no se en que momento, creo que tendrá que ver con exilio, pero probablemente tenga que ver con el exilio, no es que yo perdiera la certeza de que había vivido un tiempo efectivamente histórico pero si que los resultados de ese tiempo histórico no eran lo que yo había esperado, eso si... y me parece que eso está relacionado al momento del exilio, a mi... El exilio fue precisamente... el momento en que... toda, no se decir esperanza o espera de resultados de otro tipo... de la militancia y demás, el exilio es algo así como una pérdida de todo eso, o sea, yo cuando me exilio no sólo pierdo la cotidianeidad con mi familia, con los amigos, la tierra, no sólo pierdo el territorio sino que pierdo los ideales, es algo del orden de una pérdida... donde sucumben eso, los ideales. Yo no es que a partir de ahí haya vivido sin ideales, no?, pero nunca de semejante... intensidad.”

Si bien mantiene contacto con compañeros y compañeras exiliados, el vínculo estará dado por tareas de solidaridad hacia los recién arribados.

- Y ustedes hicieron contacto con argentinos que estuvieran allá, dentro o fuera de algún vínculo político?



Si, no tanto como vínculo político, al poco tiempo de estar allá se fundó la Casa Argentina en Barcelona y ahí participamos de todos los modos posibles, (…)…la Casa Argentina en su momento se fundó con la idea de concentrar esfuerzos para extender la solidaridad y el esfuerzo común a la gente que lo necesitara, que estuviera en condición de exiliados. Entonces, los que éramos profesionales donábamos horas de trabajo, tanto asesoramiento legal por el tema de los papeles como atención médica, atención psicológica, psiquiátrica... cumplía esas funciones. Yo habré estado dos o tres años ligada a la Casa Argentina, y después me fui... no me llegaron más pacientes de la Casa Argentina y durante el último tiempo, por ahí ’79, ’80, dejé de asistir a las reuniones, iba esporádicamente hasta que al final dejé de asistir a las asambleas y no se más. Pero, bueno, durante los primeros años la ligazón fue bastante fuerte.”

El corrimiento de la política se torna permanente en el exilio de Mercedes, allí encontrará un refugio en el ámbito profesional.

Yo por entonces (1977) que vivía también en la Bona Nova me quedaba a cuatro cuadras el lugar donde (Oscar) Masotta dio sus primeros cursos. Bueno, la cuestión es que me enganché ahí y digamos que fue desde el punto de vista, no se, de la actividad intelectual para mi fue como una especie de salvación, no?, realmente. Puse todas mis energías, mis fuerzas, mis estudios, mis ideas... ahí, en el psicoanálisis”.
¿Cómo y qué recuerdan? La militancia en sus vidas

A lo largo de este trabajo hemos buscado reflexionar acerca de la instancia de entrevista en tanto construcción conjunta entrevistada – entrevistadora y, al mismo tiempo, indagando la posibilidad de concebirla como un espacio de transmisión de experiencias entre generaciones. En este sentido, consideramos que ciertos pasajes de los relatos nos permiten una lectura en estos términos.

Convocada a repasar sus vivencias Mercedes nos responde: “Yo pensaba verdaderamente que era posible (…), en este país, que un grupo armado liberara una provincia de este país y la convirtiera, no sé, en una especie de paraíso iniciático del cual saldría, bueno, que se extendiera a otro país. A mi me parece que si uno no lo explica por alguna otra vía no resiste ninguna lógica, ni razonamiento, más bien lo que indica era una ignorancia total y absoluta de la realidad, no?, por mi parte en ese entonces. Eso yo considero que es de otro orden, forma parte de un mundo imaginario, no?, bueno, con la realidad no tenía ningún tipo de lazo, de atadura. (…)

 - Y vos cómo recordás esos años?, antes decías como que se vivían muy intensamente.



Si, a veces tengo dudas. En este sentido, si no es una cuestión más generalizada que tiene que ver con los mecanismos propios de la subjetividad y es que cuando se recuerda una época pasada se la recuerda... en el recuerdo está esta idea, sobre todo de la juventud, que es una época de mucho movimiento, mucha movilidad, mucha pasión, mucha actividad. Yo tenía 23, 24 años y militaba, estudiaba, trabajaba, criaba hijos y atendía mi casa. Yo lo pienso ahora y digo cómo hacía?, como era posible que pudiera hacer todas esas cosas, como me alcanzaba el día. (…) Después, yo digo, tengo esa sensación de haber hecho, y en realidad era así, hacíamos muchas cosas y al mismo tiempo. Lo de activistas era, no era solamente un nombre, éramos activos. (risas)

Mercedes plantea dudas acerca de la intensidad de sus recuerdos de militancia, intensidad que diluye al vincularla con los “mecanismos propios de la subjetividad” que se activan en el acto de rememorar. Por otro lado, se destaca en este pasaje la asociación que surge del relato de Mercedes entre la militancia y los tiempos de juventud, período vital que caracteriza como intenso, cargado de actividad, de movimiento. En tanto tiempo juvenil, esta fue una etapa limitada de su pasado y su reflexión desde el presente constituye una mirada crítica acerca no de sus acciones sino, más bien, respecto de sus imaginarios. Una mirada que podríamos arriesgar comienza a perfilarse desde el momento del exilio porque es allí donde se produce la clausura de esa experiencia militante.

En opuesta dirección y como se desprende del análisis de las entrevistas en el caso de Gabriela el exilio en Francia derivó, no en un alejamiento, sino en ciertas transformaciones en los modos en que se vinculará con la militancia política y que se continuarán ininterrumpidamente.

Al regresar a la Argentina, en el año 1984 Gabriela se suma a las movilizaciones por la verdad y la justicia, o como se las conocía en aquel momento por “el juicio y castigo a los responsables” del terrorismo de estado:“participábamos de todas las marchas de derechos humanos y nos relacionamos con los organismos de DDHH”.

Sin embargo sus inquietudes la llevarán a explorar nuevos escenarios y búsquedas. En el horizonte aparecerá un nuevo interés vinculado a las problemáticas de las mujeres trabajadoras y mas tardíamente hacia el feminismo: “yo ya me había visto con una compañera en Francia y habíamos hablado de la posibilidad de trabajar con la cuestión de las mujeres, que yo en ese momento mucho no sabía, bueno no es que... y nosotras empezamos a mirarnos, y ¿nosotras en que podemos trabajar?, siempre trabajamos con laburantes con ella, con trabajadores. ¿Por qué no laburamos con las mujeres trabajadoras? Y esa fue la idea…”

Finalizando la entrevista solicitamos a Gabriela que realice un balance sobre sus años de militancia:“Mira yo a los 20 años, 19 años no sabia que hacer de mi vida. Yo venía de un pueblo. Había tenido cosas en el secundario de rebelión ante (...), formamos equipos, hicimos reclamos en el pueblo, si pasaba algo en la escuela, que se yo, de discriminación y todo eso.... Y después, cuando yo empecé a estudiar derecho, mas en la facultad católica, y mi vida, mi futuro se planteaba como el casarme tener hijos ser una buena abogada, yo tenia una crisis existencial terrible. Cuando empecé a militar yo supe que eso era lo que yo quería hacer.”

¿Por qué?

Siempre me rebelaron las injusticias, eso si, desde chica, es una cosa, que me rebelaba la pobreza, ese tipo de cosas, la discriminación, la cosa del color de la piel..., esas cuestiones siempre me rebelaron, me...Y la militancia fue .... la razón de vivir, que se yo, para mi fue... Eso fue



Y si no, yo creo que si a los 20 años me hubiese encontrado, 19, 20 [no] hubiese visto la posibilidad de hacer cosas para cambiar algo, no se, hubiese entrado en una depresión absoluta, porque no me ..., todo lo instituido, todo lo arregladito toda la vida futura pensando: “mama, papa, hijitos,... hay que hacer ... morir, no me atraía.”

Finalmente consignemos que para Gabriela la militancia no sólo fue un modo de pensar la vida, sino que también supuso una forma desde la cual ella estructuró su relato, por ello tal vez sea este el pasaje que mejor condensa el sentido o la dirección que adquirió el acto de transmitir una experiencia, una experiencia de vida que fue evocada de diversas maneras, en distintos tiempos y escenarios pero que siempre estuvo íntimamente ligada a una militancia política, social y colectiva.


Las conversaciones con Gabriela y Mercedes han transitado similares trayectorias, en ellas hemos podido precisar que algunos tramos de sus vidas han sido compartidos a través de un espacio de experiencia histórico, espacio temporal que las vinculó con las organizaciones armadas y los imaginarios de la Revolución y luego con la situación de exilio.

Ahora bien, los aspectos que ellas han elegido transmitirnos son disímiles en cuanto a contenido y significación, fundamentalmente porque en el devenir de sus elecciones se han ido configurando nuevos sentidos a sus propios pasados. Por ello lejos de elaborar conclusiones que se pretendan generales, nuestro deseo es insistir en la necesidad de producir nuevos interrogantes en torno a las experiencias políticas generacionales.



Bibliografía

GILMAN, C. Entre la pluma y el fusil. Debates y dilemas del escritor revolucionario en América Latina. Siglo XXI, Bs. As., 2003.

POZZI, P. “Por las sendas argentinas...” El PRT-ERP, la guerrilla marxista. Imago Mundi, Bs. As., 2004. (2º ed.).

SEMINARA, L. y C. VIANO. “Las dos Verónicas y los múltiples senderos de la militancia: de las organizaciones revolucionarias de los años 70 al feminismo”, EN: A. ANDÚJAR et alí (comps.) De minifaldas, militancias y revoluciones. Exploraciones sobre los 70 en la Argentina. Ed. Luxemburgo, Bs. As., 2009.



1 Este trabajo se inscribe en el proyecto de investigación “Historia oral en los intersticios: mujeres, militancia y culturas políticas” (CLIHOS/UNR) dirigido por la Lic. Cristina Viano.

2 Hijos por la Identidad, la Justicia contra el Olvido y el Silencio.

3 Gabriela refiere a las Fuerzas Armadas Peronistas y Montoneros, ambas organizaciones surgieron hacia finales de los años sesenta y principios de los setenta respectivamente y son representativas de la “Nueva Izquierda peronista”

4 El PRT, fundado en 1965, fue una de las organizaciones político-militares de mayor importancia de la llamada “Nueva Izquierda” argentina, formada por la alianza y luego fusión de dos organizaciones políticas que venían de tradiciones diversas: Palabra Obrera (PO), de ideas trotskistas, y el Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP) con ideas indigenistas y antiimperialista. De posturas marxistas-leninistas, el Partido entendía que la lucha armada, llevada adelante por un ejército popular, era el camino ineludible para la toma del poder y el logro de la revolución socialista. En 1970 fundan el brazo armado del Partido, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

5 Swift es la denominación comercial del frigorífico de mayor importancia del cordón industrial de la ciudad de Rosario y su zona de influencia.

6 Se denominaba “simpatizantes” a quienes compartían las ideas de la organización y, aunque externos a la estructura, podían realizar algunas tareas de apoyatura. Constituía el estatus previo por el que atravesaban quienes, una vez dentro del Partido, se convertían en “militantes”. Nuestra entrevistada, degradada en el Partido luego de su renuncia la fábrica, realiza el camino inverso y pasando de militante a simpatizante.

7 Mercedes fue encarcelada en 1972 y juzgada por el Fuero Antisubversivo por el delito excarcelable de encubrimiento y, con este antecedente sumado a las explícitas amenazas de los personeros locales de la dictadura del Gral. Videla, debe emprender en septiembre de 1976 junto a su familia el camino hacia un largo exilio en España.

8 La decisión de comprometerse con un cambio radical de la sociedad a través de la lucha armada llevó a Gabriela a transitar por las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), por Montoneros, por la organización Montoneros Sabino Navarro (SN) y culminar su periplo en la organización armada más convocante de la nueva izquierda marxista: el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT)





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