A mis padres porque para ellos la educación es la mejor herencia que se les puede dejar a los hijos



Descargar 401.41 Kb.
Página2/5
Fecha de conversión09.02.2019
Tamaño401.41 Kb.
Vistas72
Descargas0
1   2   3   4   5


  • Boram, William A. The Mass Media of Communication as Extra-School Educative Force. EN: Journal of Educational Sociology: Massmedia as educative force, volumen 36, No. 9 de mayo de 1936. Páginas 437-441. Publicado por American Sociological Association. [Recuperado el 3/09/2012] en JSTOR, Base de datos Universidad de Cartagena.

En este artículo que data de 1936, el autor se ocupó de enumerar 4 ejes claves en la manera de actuar de los medios de comunicación y hace una correlación sociológica a los estudiantes y la escuela; por esos días surgían nuevas teorías que revolucionaban los estudios comunicacionales como la teoría de los efectos limitados, un punto clave que al restarle “importancia” a los medios, suscitaba esa gran necesidad por crear una autonomía critica en el espectador para que este fuese capaz de analizar a fondo los contenidos que la televisión le mostraba, en especial los chicos.



El artículo además se encontró en una revista de gran circulación en E.U, un medio que por esos días tenía gran acogida e influencia entre los miembros de sociedad culta y que aún se encargaba de poner en la mira muchos asuntos de la vida política y académica.
Esos 4 ejes que señala el artículo y que fundamenta un modelo a seguir para la presente investigación son:


  • Frequence contact with the media may enlarge the student´s secondary experience at the expense of primary experience. (el contacto frecuente con los medios de comunicación puede hacer propia la experiencia secundaria que el estudiante observa) es decir que el joven que está frente al televisor puede hacer suya la experiencia, los conocimientos que recibe de los programas televisivos, por lo que obviamente necesita un orientador.

  • The media may provide another strong distracting force to the works of the school, competing for the student´s time in a powerful and persuasive way (los medios de comunicación suponen otra fuerte distracción de las tareas de la escuela, compitiendo por la atención del estudiante en forma poderosa y persuasiva) es decir que hay que aprovechar esa capacidad que tiene la televisión de atrapar a los jóvenes y convertirla en utilidad, con relación a lo anterior se le deberían mostrar y promover programas educativos que sean de su agrado desde la misma escuela para que así el joven por medio de la orientación aprenda temas de provecho para su formación haciendo uso de los medios.

Sin embargo en contexto y con relación a los realities muy de moda en la televisión internacional, es claro que la capacidad de persuasión de estos programas televisivos actúan como una aguja hipodérmica y nubla la capacidad de discernimiento de lo bueno y lo malo en lo observado; es por esto muy común leer en las columnas d los periódicos y numerosos libros ¿Por qué existe la doble moral en el televidente que crítica pero sigue observando?

  • The growth of the media may provide a new range of knowledge for great numbers of people who otherwise might not have had the opportunity to learn (El crecimiento de los medios de comunicación pueden ofrecer una nueva gama de conocimientos para un gran número de personas que de otra manera no podrían haber tenido la oportunidad de aprender) nuevamente se trata aquí de ver los puntos posiblemente problemáticos y convertirlos en utilidad; llevando el enunciado al contexto podríamos interpretar que se está haciendo todo lo contrario y que los jóvenes están aprendiendo por medio de la televisión lo que aún no han hecho, o que no han tenido la posibilidad de experimentar pero que no provee un conocimiento benigno o útil según califica la misma sociedad, como relaciones sexuales y otras situaciones que se propagan como fantasías e idealismo de una sociedad “moderna”.

  • The media may encourage uniformity in thinking, behavior, believes, dress, virtually every area of life (los medios de comunicación pueden fomentar la uniformidad en pensamiento, comportamiento, creencias, forma de vestir, prácticamente en todas las áreas de la vida). Un efecto positivo de esto puede aprovecharse mediante la difusión de una corriente especifica de como discutir lo que se ve en la televisión y popularizarlo dentro de la escuela, es decir así como los jóvenes al otro día debaten quién inicio la pelea de la noche anterior, el maestro debe saber transformar la discusión y proponer una igual o mejor, como por ejemplo quién decidió no participar de ella.

Un modelo pedagógico que incluya el análisis de los contenidos mediáticos es el que busca promover esta investigación, por lo tanto uno de los puntos importantes en este estudio es hacerles ver a los jóvenes esa uniformidad a la cual les conlleva este tipo de programas y fomentar un análisis multidisciplinario de todo lo que oyen y ven.

  • The media may convey status on communication personalities, thereby creating powerful influence figures (los medios de comunicación pueden controlar la situación comunicacional por medio de la creación de personalidades como poderosas figuras de influencia) la televisión actúa como un panelista en la vida real, que propone los temas a debatir y las personas que lo defenderán, de ahí que se trate de idolatrar personas que aparecen en programas televisivos, la idea es encontrar un modelo en la televisión que promueva los valores y conocimientos buenos que se quieren dar a conocer al chico.

En conclusión la revista refiere que las implicaciones de los medios masivos de comunicación con la educación deben estudiarse no sólo con relación a la pedagogía sino que incluyen la comunicación social en su complejidad y contextualidad, por lo que en vez de señalar la problemática se debe trabajar con el facto, de que la caja mágica llegó para quedarse, que su capacidad de influencia sólo puede hacerse más grande y por eso la Escuela no puede ignorarlo más.

Al igual que está investigación se promueve el objetivo de que la Escuela no puede seguir siendo un espectador pasivo sino que debe entrar a ejercer reflexión en sus estudiantes, debe hacerse cargo del modo en cómo los jóvenes perciben lo que se les transmite en los programas televisivos, debe informar acerca del verdadero rol que le corresponde al televisor dentro de la sociedad y finalmente reclamar su espacio y potenciar el efecto educativo que este puede tener en alianza con la misma.


  • Sánchez Segundo, Francisca. Televisión y educación: Un desafío posible. Universidad de Salamanca Aula 1997, 9, págs.139-161. ISSN:0214-3402. [Recuperado el 3/09/2012] en DIALNET, Base de datos Universidad de Cartagena.

Este otro artículo, ya en nuestra propia lengua se suma a otros tantos que comenzaron a ser publicados por revistas universitarias con el fin de promover un nuevo cambio de paradigma en el modelo educacional y que en muchos países europeos ya habían empezado a ser utilizados. El fin era- sigue siendo- incluir a la escuela en este proceso de análisis de los medios para que la autonomía se desarrolle desde pequeños.

En él se incluyen los resultados de una serie de estudios realizados en España con sus reflexiones y teorías sobre la relación existente entre la televisión y el análisis de esta en la escuela.

Es importante pues para el presente estudio sus puntos de vista, los cuales son compartidos en esta investigación, tanto en un nuevo modelo pedagógico que defina mejor las competencia comunicativas de los jóvenes, basadas actualmente en la lectura discursiva y no de imágenes, como la integración de la escuela dentro del proceso de formación frente a los contenidos mediatizantes de la televisión.

Apartes del artículo16:

“Cap. 3. NIÑOS Y TELEVISIÓN

Según las estadísticas, los españoles nos pasamos un promedio de cuatro horas diarias frente al televisor. Los niños entre 2 y 8 años pasan 25 horas a la semana delante de él y para los escolares constituye la primera actividad de ocio, a la que dedican diariamente un tercio del tiempo que están despiertos. ¡Cuándo los niños de hoy alcancen los setenta años de edad habrán pasado 8 años de su vida con la nariz pegada al televisor! El panorama es, cuando menos, preocupante.

En ocasiones oímos hablar de la televisión como si recayeran sobre ella todos los males de la sociedad. Como si el mundo fuera perfecto y fuera la pequeña pantalla la que lo estuviera mancillando todo poco a poco. Esta es sin duda una postura demasiado catastrofista que debemos empezar a abandonar si es que con respecto a este tema queremos conseguir algo positivo. Nuestro planteamiento debería ser bien distinto.

En el desarrollo infantil de la sociedad actual, la televisión ha ido sustituyendo en buena parte al juego, al deporte, a la lectura, a los amigos... se habla de la «generación televisión», de niños y niñas cuya principal actividad durante el día tras las actividades escolares es la de ver la televisión, en un ambiente familiar que en muchas ocasiones se despreocupa demasiado de la influencia que ésta ejerce sobre el desarrollo del niño.

En muchos hogares españoles existen varios televisores e incluso a veces los niños disponen de uno para ellos solos. Son los reyes del mando, que practican el zapping con toda libertad mientras que, en demasiadas ocasiones, los padres huyen de la responsabilidad educacional dejando a sus hijos en manos de la televisión. Pero quizá lo más preocupante de todo esto sea la necesidad de cuestionar la idoneidad de los contenidos que esta «niñera electrónica» en la que se ha convertido la televisión trasmite a tan vulnerables receptores.

Qué ofrece la televisión

Según Lolo Rico, autora de dos recientes libros que han tenido amplio eco (La televisión, fábrica de mentiras y El buen telespectador) y que estuvo vinculada a TVE con cargos de responsabilidad en programas infantiles y juveniles, la televisión no tiene la menor preocupación por los pequeños telespectadores: «La televisión carece de la más elemental sensibilidad. Para los niños cualquier cosa sirve: el peor plato, mediocres actores, pobres y precarios guiones, imágenes sin calidad, decorados ostentosos pero carentes de estética y contenidos, y esto es lo más grave, sin criterio, sin inteligencia, sin talento, ni ingenio»

[…]


Ante la baja calidad de la mayoría de los programas infantiles que se ofrecen a nuestros niños (por supuesto, siempre contando con que hay honrosas excepciones), vemos cómo la mayoría de las veces los programas preferidos por los niños no son necesariamente los de espacios infantiles. En un reciente estudio desarrollado entre escolares de 5 y 11 años en Granada y Palma de Mallorca (MARH, 1995), los niños manifestaron sus preferencias por los programas de las diferentes cadenas de televisión. Hasta la preferencia número ocho no encontramos ningún espacio específicamente infantil, declarando entre sus programas favoritos algunos como «El gran juego de la oca» (mencionado por un 53% de los niños), «El príncipe de Bel-Air» (un 17%) o «Lo que necesitas es amor» (un 7%).

Es obvio que una parte importante de la programación dedicada a adultos y jóvenes es también compartida por los más pequeños. Esto incluye gran cantidad de programas, telefilmes y otros espacios con escenas explícitas de violencia, sexo y agresividad. Se calcula que un niño en España puede visualizar una media de 4.000 escenas de violencia al año (Rico, 1994) y recibir 14.000 referencias directas al sexo, casi nunca en sentido educativo. A esto habría que añadir la proliferación de espacios conocidos como reality show, en los que se muestran situaciones extremas de la realidad (a veces deformada y exagerada), con la finalidad de incidir en los sentimientos del telespectador.

[…]

La televisión no es para los niños con los que cuenta siempre como telespectadores, pero a los que no ofrece los productos que se merecen, deformándolos, no sabemos si con intención o por descuido. Sin embargo, y aun así, es necesario huir de posturas «antitelevisivas». Negar la evidencia no evita el peligro. Ante el abuso televisivo no debemos permanecer impasibles, pero tampoco debemos satanizar a la televisión. Nos parece imprescindible exigir más ética a las cadenas de televisión, tanto públicas como privadas, y ello obliga a ejercer un mayor conocimiento y control democrático del medio y a la colaboración de periodistas, juristas, políticos y educadores. Pero, ante todo, lo que creemos totalmente imprescindible es enseñar a nuestros niños a ser buenos telespectadores, a «enfrentarse» a este medio con una actitud participativa, reflexiva y crítica.



Los efectos de la televisión sobre los niños

Para poder conocer qué podemos hacer desde el entorno escolar y familiar para ejercer cierto control sobre la televisión, quizá habría que preguntarse qué efectos tiene la televisión sobre el niño. Lo primero que deberíamos considerar es que nuestra respuesta depende de dos componentes: uno cuantitativo y otro cualitativo. El primero se refiere a la cantidad de televisión que se consume, es decir, al número de horas que el niño pasa frente al televisor, que en España se sitúa entre las tres y cuatro horas diarias de media, cuando todos los expertos reconocen la idoneidad de una media aproximada de cincuenta minutos diarios de televisión como máximo deseable. El componente cualitativo hace referencia al tipo de espacios que consume el niño y la interacción que ejerce su entorno familiar como filtro y contexto de asimilación de mensajes. En un 75 por ciento de los casos, los niños ven solos la televisión y no tienen ningún adulto con quien compartir la experiencia que están recibiendo.

[...]

Desde un punto de vista médico-psicológico numerosos estudios llegan a la conclusión de que los niños menores de ocho años que ven más de tres horas la televisión presentan frecuentemente elevados índices de irritabilidad, dolor de cabeza, cansancio visual, alteraciones de sueño y memoria, dificultades de aprendizaje... La dependencia de la televisión resulta mucho más peligrosa en los niños más pequeños, ya que hay una inmadurez en el desarrollo intelectual y afectivo que se ve perjudicado por la vinculación del niño con la imagen trasmitida por la televisión. Además, mientras el niño ve la televisión no habla, no juega, no imagina, no se mueve y va perdiendo la habilidad para pensar.



[...]

A pesar de todo, huyendo de posturas catastrofistas, se puede aprender a ver la tele. Y en esta labor la escuela y las familias tienen un papel relevante. La televisión puede cumplir una labor importante en la educación de los niños, y debe ser el entorno escolar y, por supuesto, también el familiar, el que favorezca esta potencialidad. Los educadores y los padres debemos ayudar a los niños para que adopten una postura crítica y reflexiva frente a los mensajes televisivos y enseñarles a extraer un aprendizaje positivo de aquellos mensajes y contenidos que así lo incluyan.

Cáp.4. TELEVISIÓN Y ESCUELA

Si nos paramos a pensar sobre el tema televisión y escuela y lo relacionamos con otros ámbitos de nuestra vida nos daremos cuenta que la situación es bastante extraña. Todos sabemos que se dedica mucho más tiempo a enseñar a leer del que luego generalmente dedicamos a leer. Se dedica mucho más tiempo a enseñar arte del que luego se dedicará a contemplar arte. En cambio, la televisión, que se ha convertido en el fenómeno cultural más impresionante de la historia de los últimos tiempos, es la práctica para la que menos se prepara a los ciudadanos. Como todas las grandes instituciones tradicionales, la escuela se preocupa casi exclusivamente de reproducir el saber, de perpetuar la cultura; por esto queda desfasada cuando ha de adaptarse a una sociedad en cambio, cuando ha de educar para una cultura renovada.

Según los datos aportados por el Estudio General de Medios (E.G.M.), en España el 96% de los niños de entre 4-10 años ven la televisión cada día, en 93% la ven más de tres horas diarias de promedio, y para el 56% representa la única actividad en su tiempo libre. Según un estudio presentado por el Ministerio de Educación Francés, para el 75% de los niños la televisión es la distracción favorita. Por supuesto se puede argumentar que las estadísticas siempre son cuestionables, pero creemos que la mayoría de las veces nos dan una visión bastante aproximada de la realidad.

Ante este panorama que ofrecen los estudios y estadísticas, se nos plantea una cuestión: Si una escuela nos enseña a ver televisión, ¿para qué mundo educa? Todos sabemos que la escuela tiene la obligación de ayudar a las nuevas generaciones de alumnos a interpretar los símbolos de su cultura. ¿Qué símbolos ayuda a interpretar hoy la escuela? ¿Los de qué cultura? Si educar exige preparar a los ciudadanos para integrase de una manera reflexiva y crítica en la sociedad, ¿cómo se integrarán unos ciudadanos que no están preparados para realizar de manera crítica aquella actividad a la que más horas dedican?

Leibniz afirmaba que el que es dueño de la educación puede cambiar la faz del mundo. Hoy es la televisión la que se ha convertido en instrumento privilegiado de penetración cultural, de transmisión de ideologías y valores, de colonización. Hoy es la televisión la que puede cambiar en momentos la faz del mundo. Por esto sorprende ver que la institución escolar no sólo se ha dejado arrebatar la hegemonía en la educación, sino que asiste impasible al proceso de penetración de la cultura audiovisual, sin ofrecer siquiera a las nuevas generaciones pautas de interpretación y de análisis crítico.

En definitiva, hasta ahora la escuela no ha sido capaz ni de aprovechar el poder de la televisión en beneficio propio, ni de ofrecer a los alumnos una formación adecuada para una aproximación reflexiva y crítica al medio. Pero, sin duda, puede y debe hacerlo.

La necesidad de una formación específica

A menudo entre los educadores existe la convicción de que en el campo del cine y de la televisión, a los alumnos les basta una formación humanística o ética. Existen reticencias sobre la necesidad de una formación técnica, expresiva o estética. Se considera que ésta debería reservarse para los especialistas.

No se comprende que sólo puede adoptarse una actitud reflexiva y crítica ante el medio si existe un conocimiento técnico y expresivo del mismo. En definitiva, se olvida que la televisión se mueve en una esfera comunicativa muy específica.

«Mientras que la escuela enseña a analizar discursos, la televisión se comunica sobre todo con imágenes. Mientras la escuela enseña racionalidad, la televisión utiliza sobre todo la emotividad. Mientras la escuela tiende a moverse en el ámbito de la mente consciente, la televisión incide sobre todo en el inconsciente. Mientras la escuela prepara para el razonamiento y la argumentación, la televisión utiliza sobre todo los recursos de la seducción. Formación racional frente a comunicaciones inadvertidas. Mal bagaje para un telespectador indefenso»

En definitiva, tanto desde la falta de formación como desde una formación exclusivamente verbalista y racional, el telespectador sigue siendo enormemente vulnerable, incapaz de hacer frente a unos mecanismos de comunicación y persuasión para los que no está preparado.

La reforma educativa fija la competencia comunicativa como uno de los fines de la educación. En una sociedad en la que la comunicación audiovisual se ha convertido en hegemónica, no habrá competencia comunicativa si no se dominan los códigos de la expresión audiovisual. Lo ideal es que los alumnos sean capaces no sólo de comprenderlos a fondo, sino también de expresarse mediante ellos. De lo contrario se les condena a ser simples receptores pasivos y acríticos.

¿Qué clase de formación necesitan, por tanto, los alumnos para «enfrentarse» a la televisión? Sin duda, la mayoría estaremos de acuerdo en que para que se produzca una adecuada integración de la televisión en la vida de los alumnos deben darse la mano la escuela y el hogar, cada uno con sus responsabilidades. La del hogar proviene del hecho de ser el ámbito en el que se consume habitualmente la televisión. La familia ha de facilitar un contexto adecuado de visionado. Pero difícilmente realizarán esta tarea unos padres que, en general, están tan faltos de formación en este campo como sus hijos.

Por eso a la escuela le corresponde en estos momentos la principal responsabilidad formativa. Y debería realizarla no solamente con los alumnos, sino también con los padres”17.



  • Sandoval Romero, Yamile. Comunicación y educación para la recepción crítica: resultados de una propuesta integradora. EN: palabra clave, Universidad de la Sabana vol. 10, No. 2, págs. 147-163. Bogotá diciembre de 2007. ISSN 0122-8285.

Este artículo presenta los resultados de la aplicación del proyecto de formación en recepción crítica, desarrolladlo en convenio por la universidad Santiago de Cali y la comisión nacional de televisión en Colombia.


La aplicación se basó en 3 fases: análisis de programación infantil, diseño y aplicación de talleres de formación en recepción crítica y finalmente encuentro entre productores de canales nacionales y participantes de los talleres.
El proyecto del cual se refiere el artículo y que fue desarrollado por la misma autora, fue además la base de la creación posteriormente de un diplomado en tele videncia critica con formación ciudadana en el cual también participó la asociación colombiana de Universidades, del cual varios de estudiantes de la universidad de Cartagena participaron en el 2010.

Dicho proyecto resulta además un modelo pedagógico integrador que fundamenta parte del contenido de la presente investigación y que identifica la relación entre medios y escuela como un lugar de conflictos y desacuerdos.


Se proponen entonces talleres en los que participen tanto niños, como padres y profesores para articular e integrar estos tres componentes importantes para que el menor pueda “construir, reconstruir y co-construir los significados ofrecidos por la televisión”.

Ver TABLA ESTADO DEL ARTE-- ANEXO

TEORÍAS RELACIONADAS

OBJETO MULTIDIMENSIONAL DE LA COMUNICACIÓN SOCIAL18

Más de ocho décadas fueron necesarias para que la elaboración teórica de la comunicación llegará al consenso sobre cuál es el objeto de estudio de la misma.

Es de resaltar antes de mencionarlo que en todo estudio comunicacional que se haga es importante tener en cuenta la conceptualización y reconceptualización que se le da a los fenómenos a estudiar antes y después de la investigación, de ahí que el objeto comunicacional no sea uno u otro componente aislado del proceso sino el proceso mismo, con todo lo que conlleva de intervinientes humanos, códigos culturales, mediaciones tecnológicas, escenarios espacio-temporales, representaciones ideológicas y condiciones físicas, psicológicas, económicas y políticas.

Es decir, que el objeto de estudio de la comunicación es el proceso social de producción, circulación mediada, intercambio desigual, intelección y uso de significaciones y sentidos culturalmente situados.

Por esto se hace congruente encontrar respuestas multidisciplinarias a lo que parecería ser cuestiones de simple cotidianidad, como en este caso observar un programa televisivo, sin embargo como el autor Torrico Villanueva ha resaltado la multidimensionalidad del objeto de estudio de la comunicación es tan intrínseco al objeto mismo de estudio que este último también se traduce en multidimensional, y como tal debe ser abordado desde distintos enfoques, disciplinas y teorías.

Para esto es importante ver como conjunto las múltiples tareas que implica ver televisión, pasando desde el simple proceso biológico que lleva a cabo el cerebro como el proceso cognitivo y cultural que realiza el mismo, y claro está esto supone el nivel de conocimiento que posea el individuo.




Matrices teóricas sociales: dialéctica crítica19
Población y muestra



Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos