A maría Luisa que me contuvo y orientó en uno de los procesos más difíciles de mi aprendizaje


II- 2.1- La dialéctica hegeliana del amo y el esclavo



Descargar 1.58 Mb.
Página10/11
Fecha de conversión23.12.2018
Tamaño1.58 Mb.
Vistas210
Descargas0
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11

II- 2.1- La dialéctica hegeliana del amo y el esclavo
En el capítulo tres presenté una visión general de la dialéctica del amo y el esclavo, y al modo en que desde la misma se considera al dominio. Los aspectos que resultan relevantes son, por una parte, la organización fundamentalmente desigual como estructura intrínseca de las sociedades humanas, y por otra parte, que aún cuando se llevara adelante una reorganización, la misma convergerá necesariamente a una nueva forma que igualmente resultará jerárquica. Si se asume esta dialéctica como ineludible, el actual debate sobre el privilegio del lenguaje científico y el intento de remoción de las sombras que tiene asociada, sólo puede leerse como una estrategia para desmontar un orden a fin de edificar otro igualmente jerárquico.

Ahora bien, esta visión organizativa jerárquica toma como punto de partida el proceso de autorreconocimiento. El punto de partida del mismo es el deseo, siguiendo la lectura de Alexandre Kojeve (1987) sobre la dialéctica del amo y el esclavo, el deseo es fundamental para la constitución del yo. Este filósofo asume que el hombre que observa es absorbido por eso que observa y sólo retorna hacia sí a través del deseo, como por ejemplo, el de comer. Es el deseo el que lo lleva a decir Yo. Ahora bien, Koyeve hace referencia al hombre que observa, no queda claro que pasa con el resto de los seres vivos, puede pensarse en una similitud respecto de los mamíferos, pero es menos claro que efectivamente podamos pensar en la constitución del Yo de una medusa, un coral, una planta o un virus, aún cuando en todos exista, al menos, el deseo de alimentarse.

Esta reflexión que incorpora a otros-no-humanos no sólo se debe al motivo de la tesis, sino que en la presentación de la propia dialéctica hay un esfuerzo particular en la separación de los seres humanos respecto del resto de los seres vivos. Esta separación también tiene que ver con el deseo. Volviendo a Kojeve encontramos que el mismo ser del hombre implica y presupone al deseo, porque la realidad humana no puede constituirse y mantenerse más que al interior de una realidad biológica. Este deseo por el alimento es un deseo animal. Sobre él se va a constituir la autoconciencia humana.

En la mirada hegeliana, el Yo creado por la satisfacción se asume con la misma naturaleza que las cosas a las que lleva ese deseo, un “Yo ‘cosificado’, Yo solamente viviente, un Yo animal” (Koyeve 1987), que se revela a los otros a través del sentimiento: este es el sitio de los seres vivientes no humanos. Porque desde este análisis, para constituirnos en “hombres”, para superar el deseo-natural, el deseo debe fijarse sobre un objeto no-natural, debe dirigirse hacia otros deseos.

Desde esta reflexión empieza a levantarse un límite que asume naturaleza y sociedad como separadas. Para que el deseo humano exista como tal, es decir, dirigido hacia otros deseos y no sólo hacia cosas, es fundamental que existan otros deseos, que conduzcan o puedan ser conducidos por los deseos del resto de los miembros de la sociedad.

Pero esto aún no es condición suficiente para constituirnos como hombres, la humanidad se edifica cuando el deseo del hombre prevalece efectivamente sobre el deseo animal, y esto, según Koyeve, acontece cuando se supera el deseo de conservación, cuando se arriesga la vida en función de los deseos humanos. “El deseo humano, antropogéneo, generador de la Autoconciencia, de la realidad humana, se ejerce en función del deseo de ‘reconocimiento’” (Koyeve 1987).

Desde este planteo, que realiza un recorte dentro de la humanidad, retorno a la pregunta del cuarto capítulo sobre la escisión entre la humanidad y la naturaleza. Siguiendo la dialéctica hegeliana el humano es el que se arriesga. El esclavo, aquel que no puede superar el miedo a la muerte, tiene un deseo humano sin fuerza suficiente como para superar el deseo animal, por ello desde esta mirada puede desprenderse que no queda constituido como hombre en sentido completo.

Múltiples preguntas se abren en torno a la consideración de culturas desde las cuales el constituirse en seres humanos implica el constituirse esporádicamente en otros animales (me remito en este caso al ejemplo de los achuar citado en el cuarto capítulo). La humanidad desde los preconceptos es una humanidad sesgada, se diferencia de la naturaleza con un carácter que tiene sesgos varoniles, de riesgo y aventura. La humanidad, ya desde la constitución hegeliana, emerge particularmente apegada a la tradición occidental de la cual el filósofo de Stuttgart es heredero.

Se asume una lucha por el prestigio, sin la cual se entiende que no habría seres humanos sobre la tierra. Una competencia fundamental y fundacional. Se trata de lograr el reconocimiento a través de imponerme al otro en un contexto de lucha a muerte. El escenario de la vida se edifica con los ladrillos de la destrucción. Para evitar la destrucción material de uno de los adversarios, se resuelve el dinamismo de interacción con el establecimiento de otro comportamiento, de un hombre que no arriesga su vida por el reconocimiento, un hombre menos humano si consideramos las referencias previas, un ser que admite como deseo humano el deseo del amo.

No hay mayores referencias a los motivos que llevan a deponer el propio deseo de reconocimiento, se lo considera natural porque de no ser así la humanidad desaparecería por la destrucción implícita en la lucha. En el tercer capítulo he presentado que Simone de Beauvoir (2005) puso de manifiesto que en nuestra sociedad la dialéctica amo-esclavo se resuelve en la relación varón-mujer, y no tanto por los temores de la segunda como por las condiciones estructurales de socialización donde sus deseos no tienen cabida en la medida que no estén mediados por los deseos del primero.

Hay muchos otros cuyos deseos estructuralmente no se reconocen, no tanto por sus temores como porque su diferencia se valoriza en términos peyorativos. Los inapropiados/inapropiables de Haraway, en el subconjunto humano de los seres asumidos con esta categoría por la norteamericana.

En la diferenciación y vinculación que se presenta desde la dialéctica hegeliana hay al menos dos puntos que resultan problemáticos desde los capítulos precedentes. El primero es asumir a la humanidad reconociéndose como tal en oposición a la naturaleza. El segundo es asumir a la competencia a muerte como forma estructurante primigenia.

En relación al primer aspecto, esta dialéctica admite la escisión jerárquica, antagónica y excluyente. Donde la cercanía al sitio “natural” es el de aquel que, por temor, no se arriesga. El humano natural debe delegar necesariamente sus deseos, forma parte de su naturaleza. Los deseos de la naturaleza ni siquiera se consideran como tales o en relación al reconocimiento o autorreconocimiento humano.

La dialéctica hegeliana nos coloca frente a una de las principales síntesis de la ontología y dinamismo de la tradición occidental. Una reflexión, que por su profundidad y riqueza, permite indagar en los preconceptos de las formas relacionales que se trata de problematizar. En la dialéctica amo-esclavo, se asume, junto a la escisión humanidad/naturaleza, a la competencia-a-muerte como relación fundamental en la estructuración de vínculos.

En relación al segundo aspecto podemos argumentar que la competencia, que en el caso humano Hegel presenta como la lucha a muerte por el prestigio, antes que relación fundamental trascendente, puede ser pensada como el vínculo privilegiado desde la tradición occidental moderna. Desde la misma se fue edificando la comprensión del mundo vivo (desde la teoría darwiniana hasta la moderna ecología), a pesar que en la toma de datos recurrentemente surjan impugnaciones de un mundo que no se adapta pasivamente a las formas comprensivas que se busca imponer desde el saber humano.68 En el primer capítulo hacía referencia al debate establecido por Daniel Simberloff a partir de constatar que lejos de ser el vínculo estructurante fundamental, la competencia en su capacidad explicativa medida en términos de probabilidades, no superó en muchos casos una estructuración explicada en términos exclusivos de azar.

Esto nos lleva a uno de los problemas recurrentes en las reflexiones que apelan o se sustentan sobre presupuestos biológicos: la confianza en la realidad material de las descripciones científicas. Es decir, el determinismo que se desprende del uso de una forma específica de lenguaje. 69 Este punto resulta fundamental para interpretar el debate ecológico sobre la competencia, porque el compromiso realista no sólo se despliega en los ámbitos extra científicos, dentro de esta área de estudios gran parte de las contra-argumentaciones apelaban a rebatir el derecho a indagar por fuera de los patrones descriptivos admitidos como legítimos, la propia validez de indagar desde presupuestos filosóficos que trascienden lo exclusivamente disciplinar fue uno de los puntos de debate (Sloep 1993).

Retornando a Hegel desde el mundo vivo, si la competencia no se sostiene desde las comunidades orgánicas ¿por qué debe asumirse sin dudas para las sociedades humanas? Considero que la falacia de fondo es que desde la explicación sobre el dinamismo de una jerarquía reconocida se desliza la aceptación acrítica del derecho al ejercicio de dominio implícito. Este es el punto que liga la dialéctica hegeliana con los debates de la ecología. Contra estas visiones entiendo que dominio y orden teórico no tienen mayor asociación que la intención por unirlos. Pero ello no debe hacer perder de vista que, históricamente, la argamasa fundamental para legitimar el vínculo entre ambos conceptos, ha sido la aceptación de la competencia como interacción fundamental en todos los órdenes.

En este punto cobran sentido las reflexiones de Kropotkin presentadas en el cuarto capítulo, donde privilegiaba análisis tomados de ideas como simbiosis y mutualismos, esto es, las interacciones positivas como base de sus teorías políticas. Ahora bien, si se reconoce que la competencia no es necesariamente el fundamento de nuestra constitución como seres humanos –aunque sí es fundamental para la constituir al “ser-humano-occidental-moderno”– puede pensarse que el reconocimiento, que efectivamente es el problema fundamental que se repite en todos los puntos de análisis, puede establecerse desde nociones en acuerdo con. El yo-en-relación que Plumwood presenta (ver capítulo cuatro), que se opone al yo “instrumental” o “autointeresado” edificado a partir de las relaciones planteadas exclusivamente en términos de interacciones negativas.

A la luz del carácter construido de interacciones que se presentan como naturales, donde la misma idea de Naturaleza es un horizonte socialmente edificado, resulta muy discutible la idea de los deseos dirigidos por otros deseos. Esa dirección antes que acompañar oculta, silencia e incluso ignora las formas emancipatorias de los esclavos que no son tales.

La pregunta por las interacciones horizontales es uno de los aspectos a revisar en la dialéctica hegeliana, tal como Amorós (2008) recuerda respecto de la afirmación de Jean Paul Sarte, que señala que un sistema de dominación no se entiende sólo como una relación amo-esclavo, según el cual el esclavo es depositario del secreto del amo y viceversa. Sino que sólo es comprensible si se tiene en cuenta la relación de los amos entre sí, así como la de los esclavos. A partir de reconocer que la jerarquía se asienta en estas confianzas, que en definitiva son edificadas, permite suponer que si se reflexiona desde un sitio alternativo, como son por ejemplo las interacciones positivas, puede salvarse la reducción de la diferencia al sometimiento. Abandonar el dominio como destino de unos pocos y avanzar en un ejercicio de reconocimiento con sitio para vinculaciones no-racionales en la exclusión instrumental.

En este punto vale retornar a las propuestas de Holland Cunz y Plumwood mencionadas en el cuarto capítulo, porque desde ambas se desprende la posibilidad de vínculo. Siguiendo a la pensadora alemana se establece al investir al otro con algo similar a lo que entendemos como propio. Aquello según lo cual nos constituimos como humanos, el espíritu al que hace referencia Holland Cunz. No tanto para subsumir a unos a la medida de otros, sino para asegurar el derecho a ser reconocidos desde su particularidad y no desde la norma. El ejemplo ya citado del caballo de Trevelin, que no deja de ser caballo para constituirse en héroe, puede ser visto desde esta línea.

Plumwood, por su parte, repara en una condición de vínculo complementaria, para poder relacionarnos con otros diferentes debemos valorar aquello del otro que contenemos en nosotros. Recuperar el valor de la “animalidad” sin por ello perder la particularidad. Su reflexión en torno a la cadena alimenticia es particularmente ilustrativa en cuanto al desafío que se abre en la búsqueda de nuevas relaciones. Revisar nuestra cultura extractiva occidental a partir de entender que no se trata sólo de extraer recursos, que el vínculo se establece en la posibilidad de retornos, que serán imposibles en la medida en que se sobre-valore la Razón ilustrada.

Desde ambas autoras vuelvo a un punto fundamental de la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo, porque en el hacernos humanos, aún cuando se lo plantee desde la edificación de interacciones positivas, el tema fundamental sigue siendo el reconocimiento. Aunque me alejo del planteo original al postular la jerarquía y el dominio como la única forma posible de vincularnos entre humanos y hacia el resto de los seres.
II- 2.2- Humanidad y naturaleza ¿intereses contrapuestos?
En el mundo globalizado parece imposible superar este antagonismo entre humanidad y naturaleza, dejando sitio a las consecuencias más amenazantes. Marta Tafalla (2005) advierte que, si desde una postura extrema, los intereses de la biosfera se aceptan por encima de la humanidad, la acción que debería llevarse adelante sería la inmediata disminución de la población humana que está sobredimensionada respecto del resto de las especies. En este sentido el riesgo de una teoría holística tan vasta es su acercamiento al totalitarismo (Light y Rolston, 2003), sobre todo porque la descripción de los intereses de las partes, asumidas como antagónicas, no buscan describirse desde consideraciones alternativas.

En este punto vuelven a ser válidas las consideraciones de Plumwood y Holland Cunz, los intereses no resultarán contrapuestos en tanto el reconocimiento esté basado en una arena de similitudes y no sólo de diferencias. La sobredimensión de lo distintivo es lo problemático, y esto no apunta a negar la existencia de la diferencia, sino a discutir que sea lo fundamentalmente estructurante. Nos constituimos desde particularidades y similitudes, tal vez la propia concepción de humanidad deba investirse de ese carácter laxo que cubre a las nociones reconocidas como constructos. Tal vez las similitudes entre las pluralidades humanas no puedan acotarse a una concepción específica de reconocimiento.

Tornar en diferente es un modo de someter. Haraway (1999), a propósito de Tanzania y la colonia de chimpancés estudiados por la Dra. Jane Goodall, repara en el modo en que los espacios “colonizados” suelen ocultar este carácter al ser presentados como “refugios” de un Eden original. Una noción que lejos de construirse atemporalmente es posible sólo a partir de las imágenes construidas desde la tecnología. Desnaturalizar la naturaleza para edificar una relación de pares aparece en tensión con la organización establecida por este mundo globalizado.

El riesgo de una salida ambiental que justifique el incremento de las formas opresivas es un horizonte cercano. En contra del mismo, confío en un supuesto que no tiene más fundamento que mi propia intuición y deseo: un mundo que cuide y respete la vida y la diversidad ambiental, es un mundo socialmente más justo.

Es posible que un mundo que considere el cuidado del entorno como parte ineludible de su cotidianeidad esté sostenido desde formas organizativas aún más autoritarias que las vigentes. Un mundo totalitario, donde el derecho a condenar se fundamente es ser la única forma de cuidar la vida del planeta y la de todos. Una sociedad que retorne a la idea aristotélica en que el derecho a mandar de una de las partes beneficia al conjunto. Donde la consciencia del todo descanse en ese gobierno-padre que señala al conjunto de la población que acata cómo comportarse. El biopoder aproblematizado y aceptado en su grado máximo, como salida a la crisis, es un argumento que se encuentra como desenlace de muchas argumentaciones ambientales.

Desde las presentes conclusiones queda debilitada la idea de la jerarquía como única opción relacional. Lo que falta por revisar es el entramado de lugares y prácticas que edifican estas visiones específicas de normalidad, con su teleología desigual implícita.


II- 3- La naturaleza y la edificación de lo normal
Lo normal es edificado, ello no acerca mayores novedades. Ahora bien, los sitios desde los cuales se construye la norma sí resultan de interés. En parte porque la ciencia no resulta ajena o independiente, y en parte porque en el fondo de la norma emerge una particular visión de naturaleza que cobra sustancia en las acciones sociales. El horizonte referencial reconocido por Haraway para fundar lo cotidiano. El recorte que desde la cultura occidental se cimentó en términos de oposición y diferencia. El justificativo profundo del dominio que se establece.

Naturaleza y norma son dos conceptos fuertemente ligados, cuya vinculación puede remontarse a Aristóteles. Como señalaba en el cuarto capítulo, Naturaleza es para el estarigita materia y potencia. El filósofo griego toma como presupuesto el orden fundamentalmente jerárquico del mundo, donde la potencia ordena lo material de acuerdo a dominios y finalidades preestablecidas. Lo natural es el respeto al orden establecido, el orden establecido es la norma. Lo antinatural es antagónicamente no deseable, va en prejuicio del conjunto. La naturaleza tiene para Aristóteles un carácter normativo, cuyo fundamento es el preconcepto no revisado de mundo jerárquico.

El modo en que esta norma cobra forma socialmente no es ajeno a la propia norma. Tampoco es independiente de los espacios de edificación del reconocimiento. En este punto vale mencionar el peso de la norma a través del deseo. No se trata ya del deseo como motor de cambios (aunque sea una referencia permanente), sino en los deseos que se presentan en determinados contextos espacio-temporales. Específicamente de los deseos y normas de la modernidad.

Nancy Amstrong (1991) avanza hacia la noción de deseo disciplinado a partir de indagar en la situación femenina. La teórica se preocupó por revisar novelas, y concluye que el sujeto moderno empieza con la escritura acerca de y hecha por mujeres. La mujer doméstica- reina del hogar- no constituyó simplemente un modelo de feminidad, sino que acabó convirtiéndose en el modelo de subjetividad para el individuo moderno, producto de la cultura burguesa en formación, basada sobre unos valores que implicaban el desplazamiento socio político a favor de las relaciones aparentemente universales y subjetivas (emocionales y sexuales) entre varones y mujeres individuales.

Las referencias hacia los escritos le permiten aseverar que el ascenso de la novela giró en torno al esfuerzo por decir que es lo que hace deseable a una mujer que puso en juego una dimensión mucho más vasta. En la adecuación del deseo al nuevo contexto se dio un paso decisivo a la hora de producir el género densamente entretejido de sentido común y sentimentalidad, que fundamentó lo que la autora denomina “la ubicuidad del poder de la clase media”.70 Una socialización, que más allá de los privilegios sectoriales, se asume en relación a una naturaleza permanentemente ajena, reducida a la idea de recurso.

En el modo de descubrir el disciplinamiento del deseo, Amstrong utiliza elementos similares a algunas de las referencias tomadas en el presente trabajo. Me refiero a las novelas, a las imágenes y normas que se presentan de imágenes que en el relato se plantean como naturalizadas.

Se trata de relatos que, más allá de un planteo de ficción, se instalan como historias ejemplares. Mitos modernos de un mundo que se reconstruye en sus deseos, relaciones y formas sociales. Mircea Elíade (1992), reflexionaba que en las sociedades arcaicas los mitos están aún vivos y fundamentan y justifican todo el comportamiento y la actividad de los habitantes de esas sociedades. No hay gran diferencia entre estas sociedades y las modernas en relación a la existencia de relatos vivos que se toman como referencia de comportamientos. En este punto resulta provocativa la idea de Haraway (1999) de la Naturaleza como lugar retórico. La referencia que permite habitar lugares comunes, el fundamento de la edificación de lo cotidiano, la base del sentido común. No debe sorprender, entonces, que junto a los relatos de mujer doméstica se encuentren otros tantos con referencias metafóricas entre mujer y naturaleza. Si a esto se agrega el clivaje del siglo XIX, con nuevas formas de interpretar y explotar una naturaleza reducida a recursos o santuarios, los relatos de los grandes naturalistas pueden releerse como fundamento de los mitos modernos.

En este proceso de edificación simbólica, la norma, lo natural, no se reprodujo sólo en los escritos. Las prácticas se llenaron de sustancia en las instituciones que se constituyeron. Antonio Diegues (2005) argumenta que el mito de la naturaleza intocada se edificó en la modernidad a través de la constitución de los Parques Nacionales. Desde estas dependencias se cristalizó la noción de una naturaleza escindida de lo social, dejándose como consecuencia la condena del espacio vivido. Desde esta perspectiva la humanidad sólo tiene acceso a lo natural en condición de turista. El sitio propio que Arthur Tansley (1935) reclamó para la humanidad cuando acuñó el término ecosistema, se constituyó como el sitio fuera, y los Parques Naciones fueron (y son), el principal representante institucional de esta escisión.

Siguiendo las referencias del segundo capítulo, Norberto Fortunato (2005) llamó la atención sobre el cuerpo de preconceptos que se establecieron bajo la denominación de Parque Nacional. Desde la propia adjetivación, nacional, el autor revisa qué se cuida en un Parque. Allí explora la tradición que se preserva en la idea del Parque Nacional, la de los pionners que en su avance civilizatorio tuvieron contacto directo con la naturaleza y desde allí edificaron su espíritu nacionalista. Es esto lo que se cuida, por eso son Parques Nacionales antes que Parques de Vida o Parques Salvajes.

Pero estas no son las únicas instituciones que reproducen los mitos regulativos, porque las instituciones de los Estados modernos contienen un importante rol reproductor y disciplinador que ha sido largamente explorado.71 Celia Amorós (2008) señala que sin movimientos sociales que enfrenten a las instituciones a las propias reproducciones que dicen desmontar, las instituciones se esclerotizarían. En el capítulo cinco se muestran, tanto en las instituciones científicas como en las escolares, algunos ejemplos de reproducciones que repiten en formas opresivas naturalizadas.72 En contra de la aceptación pasiva de estas instancias normalizadoras, este trabajo pretende exponer el carácter artificial de estas normas, no tanto por reparar en el modo en que se normativiza o naturaliza desde cada ámbito, sino por desmontar las confianzas establecidas sobre la idea de Naturaleza.

Lejos de discutir la existencia de las instituciones con referencias que remonten hacia propuestas anarquistas, concluyo que las tensiones no parten de las formas institucionales sino de la aceptación acrítica de situaciones de desigualdad. No se trata de negar las diferencias desde una postura holística que ignore las jerarquías a partir de invisibilizar diferencias (al estilo de las falacias expuestas en el segundo capítulo en la deep ecology). Se busca asumir las prácticas jerárquicas, pero con un determinismo debilitado que dé lugar a la permanente revisión de las desigualdades estructurales que se edifican en torno a esta jerarquía.

El carácter construido de la noción de naturaleza es un punto de partida facilitador en este sentido. En la medida en que se lo acepte como tal, obliga a revisar desde vínculos hasta recortes temáticos disciplinares. No se trata siquiera de imponer revisiones, de ello se encarga la permanente frustración de un mundo que no se adecua ni a las taxonomías ni a los dinamismos preestablecidos, se trata más bien de reconocer al interior de cada ámbito los debates que apuntan a las contradicciones que emergen en los límites de lo instituido para fortalecerlos.

Yendo a las reflexiones elaboradas en el quinto capítulo, las instituciones en este contexto de globalización, y desde su rol de reproductoras de compromisos modernos desde el cual han sido conformadas, asumen y fortalecen la praxis no-ambiental. Desde argumentaciones burocráticas, apelaciones a principios que se asumen como universales, preconceptos situados más en el plano de las acciones que en el de las reflexiones, constituyen a los otros en esos inapropiables harawaianos. En definitiva instituyen niveles de reconocimiento y consolidan diferencias.

Cabe destacar las permanentes trabas por avanzar desde el nivel reclamativo hacia el nivel de prácticas. Podría pensarse que la costumbre atenta contra el cambio. Aún cuando se comparta y explicite la importancia del cuidado por el entorno, o el bienestar ambiental de la población, las formas de intervención reproducen supuestos de jerarquía.

No se trata con esto de demonizar a las instituciones u olvidar el nivel de potencialidad de las mismas para incorporar cambios valorativos reclamados por movimientos de reivindicación social.73 Entiendo a las instituciones como susceptibles de incorporar progresivamente cambios, pero en la medida que las personas que las forman admitan como parte fundamental de sus tareas, la revisión y modificación de los problemas de reconocimiento de los otros ajenos como pares a respetar y con los cuales establecer vínculos que trasciendan lo instrumental.

Aquí retomo la escueta reflexión del segundo capítulo en torno a dominio o hegemonía, en el sentido de asumir como sobre determinantes las esferas de poder hegemónico, en oposición a reparar en los actores que desde su cotidianeidad edifican instancias de resistencia. Actores que, como recuerda García Canclini (1984) en torno a las lecturas clásicas, se han presentado como pertenecientes a esferas sociales susceptibles de ser diferenciadas en términos de clase. En mi búsqueda de salida de las dualidades y oposiciones considero que la revisión de los modos de establecer dominio está lejos de ocultar la permanente emergencia de agentes de resistencia y cambio en todas las clases y actividades. A veces ni siquiera como parte de actitudes contestatarias, tan sólo por permitirse reflexiones que desde los límites de lo permitido habiliten el diálogo con factores que se suponen intrínsecamente ajenos.

En este contexto de globalización el carácter de esos otros ajenos es un tema en sí mismo. Donna Haraway llama la atención sobre estos nuevos inapropiables, proponiendo un nuevo conocimiento científico tecnológico que tome como referencia las necesidades políticas de estos nuevos sujetos. “De esta manera implementa lo que entiende por conocimiento adecuado, es decir, situado en forma responsable en orden al autoesclarecimiento de estas subjetividades emergentes” (Amorós 2008, 90). Este trabajo ha avanzado en una línea similar.

Puede pensarse que las dificultades para incorporar a los agentes de Haraway es que se establecen en las interfaces de las categorías reconocidas como excluyentes por la tradición occidental. Interfaces que involucran a la tecnología, porque las máquinas ya no se pueden considerar trabajo muerto como las representaba Marx, en la medida en que son parte de las relaciones sociales (Latour 1990). Ahora bien, acuerdo con la crítica hacia Bruno Latour en que ese colectivo desde el cual se edifican las relaciones no puede restringirse a los científicos y sus maquinas (Haraway 1999, Strum 1987). Haraway (1999) hace particular referencia a que lo colectivo es siempre un artefacto, y en este colectivo involucra su noción de naturaleza. Siguiendo a la norteamericana entiendo que estos colectivos son siempre sociales, no en un sentido que retorna a un reduccionismo antropocéntrico, sino en la medida en que están formados por agentes humanos y no humanos, donde las máquinas y los animales son referentes ineludibles. Pero no se trata sólo de seres individuales susceptibles de ser encerrados en una categoría fija, sino que debe tenerse en consideración las interfaces entre los mismos, los vínculos que se establecen en tanto relaciones también deben ser considerados.74 En este punto se constituye un conjunto de seres que habitan el mundo que, desde posturas complementarias, reclamaban Holland Cunz y Plumwood. Un lugar donde los animales-no-humanos (o los otros humanos diferentes) pierdan su estatus de objeto, esto es, la reducción a cosa a los que los ha sometido la filosofía y la práctica occidental, o como Barbara Noske plantea “mundos, cuya alteridad no debe ser desencantada ni disminuida a nuestra magnitud sino respetada” (Noske 1989, XI).

A lo largo de las páginas precedentes, he buscado indagar en las trabas de reconocimiento, no sólo en cuanto a los agentes involucrados sino, y sobre todo, a la luz de una disciplina que contiene herramientas desde las cuales percibe la complejidad involucrada pero que, por los recortes asumidos en la edificación del conocimiento científico, lo asume como ajeno a su horizonte de temas, a pesar de ser atravesada permanentemente por ese mundo extracientifico que ni se reduce ni se escinde de lo reconocido como humano.

Para este recorrido he tomado una disciplina en particular: la ecología, un área de estudios que a pesar de sus notables particularidades, no contiene problemas epistemológicos diferentes a los del resto de las ciencias naturales (Núñez 2008 sin editar). El punto que la constituye como substancialmente relevante para la presente reflexión es el lugar y el recorte de problemas que adopta. Como área de conocimiento se encuentra situada en una tensión ineludible, acorralada por las relaciones de los variados inapropiables, que no tienen lugar en las definiciones de la ciencia tal cual está, pero que impactan necesariamente en los dinamismos de estudios de los que pretende dar cuenta.

Es decir, las particularidades de la ecología, e incluso sus desafíos epistemológicos, no resultan tan claros desde una revisión introspectiva, sino que cobran densidad a partir de reparar en las relaciones que, intencionalmente o no, se establecen hacia un mundo que la visión clásica asume como extracientífico. Las actividades de los científicos vuelven a quedar acotadas al contexto de justificación reichenbaciano que tantas críticas ha recibido desde la filosofía de la ciencia. Avanzar sobre las dualidades implica avanzar sobre recortes temáticos, sobre las miradas epistemológicas, ensuciándolas con las demandas políticas de los otros diversos, como señala Haraway.

La permanente referencia a la ecología puso en evidencia el impacto de la desigualdad en el reconocimiento dentro de las producciones científicas. Una desigualdad que opera entonces como invisibilizadora de los otros inapropiables harawaianos o los otros diferentes a secas, de las particularidades disciplinares de la ecología y, en definitiva, de la profunda imbricación entre sociedad y naturaleza, en contra de los presupuestos modernos.

A la luz de estas reflexiones concluyo retomando la reflexión nacida de mis utopías personales, un mundo que valore la vida de los no-humanos naturales (animales, paisajes, etc.) es un mundo socialmente más justo, con racionalidades que no se restrinjan a lo instrumental y avancen hacia lo estético y sensible.

Este puede ser el principio de una alternativa para escapar del fundamento de un mundo jerárquico de dominios y controles, sostenido desde la aceptación acrítica de las vinculaciones negativas como fundamentales en la estructuración de todas las comunidades de organismos vivos, sean o no humanos. Se puede avanzar en esta línea pensando que no existe algo así como una esencia humana, el constituirnos en tanto humanos puede pensarse como el acuerdo social primero sobre el cual se edifica la sociabilidad. El Yo emerge del particular recorte del Nosotros que se constituya en un determinado espacio geográfico-temporal. Un Nosotros que lejos de definirse en oposición, resulta susceptible de constituirse en relación, con lugar a un diferente no por ello ajeno.75

La cristalización de las desigualdades en esta propuesta se diluye en la medida en que se asienten formas de reconocimiento no peyorativas del otro. La fuerza del determinismo del dominio se pierde al dejar de pensarse como único destino inevitable. De la mano de pensadoras como Plumwood y Holland Cunz abandono la idea de una esencia humana, y mucho más de una esencia humana violenta y dominante. Este es el permiso fundamental para avanzar en la idea de nuevas vinculaciones.

Se trata de diseñar prácticas que permitan alejarnos de las diferencias desde las cuales se ha edificado la idea restringida de lo-humano a partir de consolidar diálogos entre diferentes sectores, es un mundo sin jerarquías asumidas como naturales, determinantes o trascendentes. En este contexto ideal, se trata de conformar la elaboración del conocimiento en modos que contemplen las vinculaciones en términos de respeto y reconocimiento. Es decir que dejen de asumirse como parte exclusiva de un sector privilegiado, sino que sea permeable a la incorporación de las experiencias, al ejercicio de observación y reflexión proveniente desde las más variadas perspectivas.

Recuerdo en este punto un debate anclado en los modos de plantear la estadística en ecología. Esta disciplina, tan ligada a la búsqueda de patrones y a la matematización de los términos, fue el marco en el cual desde diversas miradas estadísticas se comenzó a discutir el concepto de evidencia por un problema irresuelto: la estadística clásica (frecuentista) no permitía hacer proyecciones a futuros sobre el comportamiento de sistemas complejos (Taper y Lele 2004). Entre las alternativas propuestas se encontraban reflexiones surgidas de la estadística bayesiana.76 Desde las mismas se incorpora la medición de las creencias previas o los saberes expertos no científicos desde los cuales se pueden organizar las observaciones y realizar las previsiones sin quebrar necesariamente con las metodologías previstas al interior de la propia disciplina.77 Con esta digresión busco llamar la atención sobre herramientas presentes que pueden, en la medida en que se considere pertinente, facilitar el reconocimiento de una complejidad, inaccesible desde las taxonomías vigentes. Las permanentes referencias hacia lo empírico tuvieron este sentido, se trata de mostrar que existen bases materiales para pensar la utopía, no sólo a partir de reconocer los híbridos de Haraway, sino a partir de retomar el nivel de las experiencias para repensar la praxis.

Es en esta línea desde la cual la noción de praxis ambiental propuesta cobra sentido, sobre todo por el compromiso con el cambio que lleva implícita. Se trata de tener en el horizonte de las prácticas el tema del reconocimiento y, sobre todo, de admitir la importancia de renovar el espacio vivido en una vía diferente a las modificaciones que se ha establecido desde la tradición occidental. No es un reclamo a movilizaciones, revoluciones o destrucciones institucionales, sino a llamar la atención sobre la importancia por incorporar el compromiso de la intervención, desde la edificación del saber, por una parte, y desde la edificación de relaciones sociales por otra. Se trata de buscar, desde las especificidades locales, las formas posibles de incorporación de los otros. Una incorporación que posiblemente no descanse exclusivamente en el reconocimiento de las particularidades sino en el diseño de estrategias que permitan a ese actual otro incidir activamente en la construcción del conocimiento que pretende dar cuenta de él.

Acuerdo con Plumwood en que los propios vínculos humanos deben ser indagados si se busca avanzar en una nueva relación con la naturaleza. Desde las reflexiones de la filósofa australiana los permisos para investir lo humano con un carácter más lábil y contextual parecen abrirse. El instrumentalismo proyectado sobre la propia especie, con sus raíces paternalistas y sus desigualdades cristalizadas, es fundamento de gran parte de las formas opresivas que se ha revisado en este trabajo. Vuelvo a la idea que un mundo que valore la vida de los no-humanos naturales (animales, paisajes, etc.) en términos de respeto a la diferencia es un mundo socialmente más justo, con lugar ineludible para la propia diversidad de aquello que se reconozca como humano. Donde las jerarquías que habiliten opresiones puedan ser revisadas y desmontadas sin necesidad de luchas, heridas y víctimas.

No se trata de asumir un orden (o desorden) como favorable a cierta tendencia, sino de retornar a la complejidad de lo local, al espacio donde las prácticas se llenan de sentido social y desde esta revisión atomizada, empezar a construir los puentes entre lo que he denominado Ecología y Praxis Ambiental.


__________
68 La biología no es la vida, sino un relato sobre la vida señala Haraway (1999).
69 De hecho un modo de establecer una lectura reduccionista parte de suponer que, como nada queda fuera del lenguaje y de su capacidad descriptiva, todo queda determinado por las reglas de este mismo lenguaje. En contra de esta visión adopto la mirada de Haraway (2003), quien señala que el lenguaje se sitúa en un universo que de algún modo lo trasciende, en el producto de otras formas de agencia diferentes que interactúan con él.
70 Desde esta relación, deseo disciplinado e intereses económicos sectoriales, Celia Amorós (2008) repara en el salario familiar como ideal normativo, que permite configurar una fantasía masculina de horizontalización en la clase obrera. El salario familiar niega la dependencia de los empleados respecto de los patrones, pero encubre otra posición de subordinación, la doméstica.
71 En este punto resulta ineludible una referencia a la obra de Michel Foucault. Al trabajo ya mencionado Defender la sociedad vale la incorporación de la lectura de la obra Vigilar y castigar en relación a la teoría del panóptico elaborada por el filósofo francés.
72 He trabajado en profundidad las instancias reproductivas de la construcción de conocimiento ecológico en Núñez, P. (2008) “Entre la Ciencia “ideal” y la “real” El problema de la producción de conocimiento en el laboratorio de Ecología Ecotono. Tesis de Maestría en Filosofía e Historia de las ciencias. Universidad Nacional del Comahue. Inédita. No es objeto del presente trabajo redundar en reflexiones o ejemplos previamente trabajados, pero a modo de síntesis vale señalar que los ruidos epistemológicos provenientes de un mundo que no termina de adecuarse a los patrones de estudio establecidos por la ciencia, se resuelven al interior del laboratorio en un incremento del criterio de autoridad basado en la trayectoria.
73 Un punto que rescata Celia Amorós (2008)
74 Haraway ha utilizado la idea de coyote, y de los mitos asociados a este animal, como imagen del enredador que obliga a reconocer que las relaciones humanas con la naturaleza deben considerarse como genuinamente sociales y activamente relacionales. (Haraway 2007). Seres que no habitan ni en la naturaleza ni en la cultura, precisamente porque a partir de reconocerlo se pierde la dualidad excluyente entre estos extremos.
75 Carolyn Merchant llamó la atención sobre el modo de considerar la actividad minera. En tanto la tierra estuvo ligada a la noción de tierra-madre la minería se establecía con límites, para no herir. En la medida que la metáfora se fue permutando a la de tierra-mujer-a-dominar las minas se profundizaron y el desbaste ambiental de la actividad fue tomado como marca del progreso. Este es un ejemplo de tomar o no como ajeno a un contexto.
76 La estadística bayesiana se diferencia de la frecuentista, fundamentalmente, en que no considera que las vinculaciones entre variables puedan deducirse de la observación puntual de cada variable, porque en medio existen vinculaciones ineludibles que no pueden asumirse a propio como inexistentes. Desde el bayesianismo se propone que se observa al mundo desde un sistema de creencias y, a partir de lo observado, se modifica ese sistema de creencias. En este sentido avanza en la idea de ponderar las creencias previas, para incluirlas en las ecuaciones que llevaran a elaborar las predicciones que se le demandan.
77 Debo indicar que, aún cuando esta metodología se considera legítima, es escasamente utilizada.


-->






Bibliografía temática

-->


Biología: Evolución y Ecología
Abril, A. (2004). “Microbiología y ecología: una integración todavía pendiente” En Bender, B. Estivariz, C. Scoon, C. y Theiler, M (org) La ecología en tiempos de cambio. Segunda reunión binacional de Ecología. Mendoza. 31 de octubre al 5 de noviembre del 2004.

Andrewartha, H. G. y Birch L.C. (1954). The Distribution and Abundance of Animals. The University of Chicago Press, Chicago, Illinois.

Barbour, M.G., Burk, J.H., Pitts, W.D., Gilliam, F.S. y Schwartz, M.W. (1999). Terrestrial plant ecology. Benjamin/Cummings, Menlo Park. Canadá.

Bazzaz, F.A. (1996). Plants in changing environments: linking physiological, population, and community ecology. Cambridg. Cambridge University Press.

Begon, M., Harper, J.L., Townsend, C.R. (1990). Ecology: Individuals, Populations, and Communities, 2nd Edition, Cambridge University Press, New York.

Bertness, M.D. y Callaway, R. (1994). “Positive interactions in communities”. Trends Ecol. Evol. 9. pp. 191 – 193.

Blackburn, T.M. y Gaston, K.J. (2002). “Macroecology is distinct from biogeography”. Nature 418. pp. 723

Bookchin, Murray (1985). Die Ökologie der freiheit. Wir brauchen keine Hierarchien. Beltz. einheim/Basilea.

Brown, J.H. (1991). “Methodological Advances. New Appoaches and Methods in Ecology” Real, L; Brown, J (eds) Foundations of Ecology. Classic Papers with Commentaries. University of Chicago Press. Chicago

Brown, J.H. (1999). “Macroecology: progress and prospect”. Oikos 87. pp. 3-14.

Brown, J.H. y Maurer, B.A. (1989). “Macroecology: the division of food and space among continents”. Science 243. pp. 1145-1150.

Brown, J.H., Gillooly J.F., West, G.B. y Savage, V.M. (2003). “The next step in macroecology: from general empirical patterns to universal ecological laws”. En: Blackburn, T.M. and Gaston, K.J. (eds.), Macroecology: Concepts and Consequences: The 43rd Symposium of the British Ecological Society, Held at the University of Birmingham, Published by the British Ecological Society.

Brown, J.H., Gillooly, J.F., Allen, A.P., Savage, V.M. y West, G.B. (2004a). “Toward a metabolic theory of ecology”. Ecology 85. pp. 1771-1789.

Brown, J.H., Gillooly, J.F., Allen, A.P., Savage, V.M., y West, G.B. (2004b). “Response to forum commentary on ‘Toward a metabolic theory of ecology’”. Ecology 85. pp. 1818-1821.

Bruno J.F., Stachowicz J.J. y Bertness M.D. (2003). “Inclusion of facilitation into ecological theory”. Trends in Ecology and Evolution 18. pp.119-125

Clements, F. T. (1905). Research Methods in Ecology. Lincoln. Estados Unidos.

Clements, F.E. (1916). Plant Succession. Washington.

Clements, F.E. (1936). “Nature and structure of the climax”. The journal of ecology 24. pp. 252 -284

Clements, F.E. y Shelford, V.E. (1939). Bio-ecology. John Wiley & Sons, New York

Connor, EF y Simberloff, D. (1979). “The assembly of species communities: chance or competition?”. Ecology 60(6). Pp.1132-1140.

Cowles, H.C. (1899). “The ecological relations of the vegetation on the sand dunes of Lake Michigan”, Botanical Gazette 27. Chicago

Crick, F. (1966). Of Molecules and Men. University of Washington Press. Seattle.

Cushing, R. (1977). Marine ecology and fisheries. Cambride University Perss. Cambridge.

Drake, J.A., Zimmermann, C.R; Purucker, T, y Rojo C. (1999). “On the Nature of the Assembly Trajectory”, en E. Wieher and P.Keddy (eds), Ecological Assembly Rules, Cambridge University Press, Cambridge.

Elton, C. (1946). “Competition and the structure of ecological communities”. Journal of Animal Ecology 15. pp. 54–68.

Elton, C.S. (1927). Animal Ecology. Sidgwick and Jackson, London



Elton. C.S. (1958). Ecology of Invasions by Animals and Plants. Univ of Chicago Press. Chicago.

Forbes S.A. (1887). “The lake as microcosm”. Bull. of the Scientific Association (Peoria, IL). Pp. 77-87

Forel F.A. (1892). Le Léman. Monographie Limnologique. F. Rouge Lausanne.

Gause, G. F. (1935). Vérifications expérimentales de la thérie mathématique de la lutte pour la vie. Hermann. París.

Gleason, H.A. (1926). The individualistic Concept of the Plan Association. Bulletin of the Torrey Botanical Club 53. pp.7-26

Gotelli, N. Y Graves, G. (1996). Null models in ecology. Smithsonian Institution Press. USA

Gotelli, N.; Buckley, N. y Wiens, J. (1997). “Co-occurrence of Australian land birds: Diamond’s assembly rules revisited”. Oikos 80. pp. 311-324

Grant, P.R. y Abbot, I (1982). “Interespecific competition, island biogeography and null hipotheses”. Evolution 34. pp. 332 – 341

Grinnell, J. (1917). “The niche relationship of the California thrasher”. Auk 34. pp. 427-433

Hacker, S.D. y Gaines, S.D. (1997). “Some implications of direct positive interactions for community species diversity”. Ecology 78. pp. 1990 - 2003

Hanski, I. (1999). Metapopulation ecology. Oxford University Press, Oxford, UK.

Hanski, I. y Gilpin, M. E. (1997). Metapopulation biology. Ecology, genetics and evolution. Academic Press, San Diego (California), USA.

Holling, C.S. (1959). “The components of Predation as Revealed by Study of Small Mammal Predation on the European Pine Sawfly”. The canadian etnomologist 91. pp. 293 – 320.

Hutchinson, G.E. (1957). “Concluding Remarks”. Quant. Biol. 22. pp. 415 – 427

Hutchinson, G.E. (1959). “Homage to Santa Rosalía; or, Why Are There So Many Kinds of Animals?”. The American Naturalist 93. pp.145-159

Jokela, J. y Haukioja, E.(2000). “Evolution of Strategies to Stay in the Game”, Biology & Philosophy 15. pp. 177–196.

Krebs, C.J. (2001). Ecology: The Experimental Analysis of Distribution and Abundance, 5th Ed., Benjamin Cummings, San Francisco.

Levins, R. (1968). Evolution in Changing Environments, Princeton University Press, Princeton.

Lindeman, R.L. (1942). “The trophic-dynamic aspect of ecology”. Ecology 23. pp. 399-418.

MacArthur R.H y Wilson E.O. (1967). The Theory of Island Biogeography. Princeton UP, Princeton.

MacArthur, R.H. (1971). Geographical Ecology: Patterns in the Distribution of Species. Princeton University press. Princeton

MacArthur,R.H. (1958). “Population Ecology of some Warblers of Northeastern Coniferous Forests”. Ecology 39. pp. 599-619.

Margalef, R. (1977). Ecología. Omega. Barcelona.

Marquet, P.A. (2002). “The search for general principles in ecology”. Nature 418. pp. 723.

Marquet, P.A., Labra, F.A. y Maurer, B.A. (2004). “Metabolic ecology: linking individuals to ecosystems”. Ecology 85. pp. 1794-1796.

Marshall J.A. (1960). “Annual periodicity in the migration and reproduction of birds”. Quant Biol. 25. pp. 499-505.

Maurer, B. A. (2000). “Macroecology and consilience”. Global Ecology and Biogeography 9. pp. 275-280.

Maurer, B.A. (1999). Untangling ecological complexity. The macroscopic perspective. The University of Chicago Press, Chicago.

McNaughton, S.J. y Wolf, L.L (1984). Ecología General. Ed. Omega. Barcelona

Mobius, K. (1892). “Morphologie der haarartigen Organe bei den Algen”. Biologisches Zentralblatt 12. pp. 71-87.

Odum, E.P. (1975). Ecology. Holt Rinehart and Winston. New York.

Paine, R.T. (1966). “Food web complexity and species diversity”. The American Naturalist 100. pp. 65-75.

Rapoport, E. (1975). Aerografía. Estrategias Geográficas de las Especies, Fondo de Cultura Económica, México.

Richardson, D.M. (2000). “Plant invasions – The role of mutualisms”. Biol. Rev. 75. pp. 65-93.

Simberloff, D y Van Holle, B. (1999). “Positive interactions of nonindigenous species: invasional meltdown?”. Biol. Inv. 1. pp. 21-32

Simberloff, D. (1970). “Taxonomic diversity of island biotas”. Evolution 24(1). Pp. 24-47

Simberloff, D. (1978). “Using Island Biogeographic Distributions to Determine If Colonization Is Stochastic”. American Naturalist 112. pp.713-726.

Simberloff, D. (1982). “Replay”. en Saarinen,E. (Ed) Conceptual issues in ecology. D. Reidel Publishing Company, Dordrecht, Holland.

Simberloff, D. y Boecklen, W. (1981). “Santa Rosalía reconsidered: siza, ratios and competition”. Evolucion 35. pp. 1206 – 1228.

Von Liebig, J., (1840-44). Traité de Chimie organique, 3 vols., Fortin, Paris

Whittaker, R.H. (1953). “A consideration of climax theory: the climax as a population and pattern”. Ecol. Monogr. 23. pp. 41-78

Whittaker, R.H. (1960). “Vegetation of the Siskiyou Mountains, Oregon and California”. Ecol. Monogr. 30. pp. 279-338.

Wiens, J.A. (1989). The ecology of bird communities. Cambridge Univ. Press.

Williams, C.B. (1947). “The Generic Relations of Species in Small Ecological Communities”. Journal of Animal Ecology 16. pp. 11-18

Williams, C.B. (1964). Patterns in the balance of nature: and related problems in quantitative ecology. London: Academic Press.London


Filosofía e historia de la biología
Alberti, S.J.M.M. (2001) “Amateurs and Professionals in One County: Biology and Natural History in Late Victorian Yorkshire”. Journal of the History of Biology 34. pp. 115–147.

Anderson, W. (1996). “Immunities of Empire: Race, Disease, and the New Tropical Medicine, 1900-1920” en Bulletin of the history of medicine. Vol 70 Nº1. pp. 94-118

Armesto, J.J.; Troncoso, A.; Díaz, M.F.; Carmona, M. (2004). “Ciencia fuera de la academia: Biodiversidad, conservación y la interfase investigación – acción”. En Bender, B. Estivariz, C. Scoon, C. y Theiler, M (org) La ecología en tiempos de cambio. Segunda reunión binacional de Ecología. Mendoza. 31 de octubre al 5 de noviembre del 2004.

Caponi, G. (2004). “El reduccionismo en la biología contemporánea” Signos Filosóficos vol VI Nº 12. pp 33-62

Casares Serrano, A. (2005). “De la ecología a la geofísica. Imágenes y metáforas de una naturaleza cambiante”. A parte Rei. Revista de Filosofía 38. Publicación electrónica. http://serbal.pntic.mec.es/AParteRei/.

Cecchi, M.C., Guerrero-Bosagna, C. y Mpodozis, J. (2001). “El ¿delito? de Aristóteles” Revista Chilena de Historia Natural 74. pp. 507-514.

Cupani, G. (2006). “Retorno a Limoges. La adaptación en Lamark”. Asclepio. Revista de Historia de la medicina y la biología. Vol LVIII. Nº 1. pp. 7-42

Davis, M; Perglb, J.; Truscott, A.; Kollmann, J, BAkker, J.; Domenech, R.; Prach, K.; Prieur – Richard, A.; Veeneklaas, A.; Pysek, P.; del Moral, R; Hobbs, R.; Collins, S.; Picket, S.; Reich, P. (2005). “Vegetation change: a reunifying concept in plant ecology”. Perspectives in Plant Ecology, Evolution and Systematics 7. pp. 69–76

de Laplante, K. (2004). "Toward a more expansive conception of ecological science” Biology and Philosophy 19 Nº2. pp. 263 - 281

Dear, P. (1995). Discipline & Experience. The Mathematical Way in the Scientific Revolution. The University of Chicago Press. Chicago.

Deléage, J. (1993). Historia de la ecología. Nordan Comunidad. Uruguay

Descola, P. y Palsson, G (coord.) (2001). Naturaleza y Sociedad. Perspectivas antropológicas. Siglo XXI. México

Diamond, J.M. (1975). “Assembly of species communities”. en Cody, M. y Diamond, J. (eds) (1975): Ecology and evolution of communities. Harvard University Press. Cambridge.

Drayton, Richard (2000). Government Science, Imperial Britain and the Improvement of the world. Yale University Press. New Haven.

Farji-Brenner, A. (2003). “Uso correcto, parcial e incorrecto de los términos “hipótesis” y “predicciones” en ecología”. Ecología Austral 13. pp. 223-227

Frezzatti, W.A. (2003). “Haeckel e Nietzsche: aspectos da crítica ao mecanicismo no século XIX”. Scientelae Studia Vol.1. Nº4. pp. 435 – 461.

Gallopin, G. (1981a). “Planning methods and the human environment”. Socioeconomics studies 4.

Gallopin, G. (1981b). “The abstract concept of environment”. Int. J. General System 7.

Gallopin, G. (1982). Tecnología y sistemas ecológicos. UCORED-CIFCA. Argentina

Gallopin, G. (1983). La ecología y sus relaciones con otras disciplinas. CIFCA. México

Goodman, D. (2004). “Taking the Prior Seriously: Bayesian Analysis without Subyective probability” en Taper, M; Lele, S. The nature of scientific evidence. Statistical, philosophical, and empirical considerations. The University of Chicago Press. USA

Gotelli, N. (2001). “Research frontiers in null model analysis”. Global Ecology & Biogeography 10. pp. 337-343

Graham, M.H. y Dayton, P.K. (2002). “On the evolution of ecological ideas: paradigms and scientific progress”. Ecology 83. pp. 1481 – 1489

Guevara-Chumacero, L.; López-Wilchis, R. y Sánchez-Cordero, V. (2001). “105 años de investigación mastozoológica en México (1890 - 1995): una revisión de sus enfoques y tendencias”. Acta Zool. Mexicana (n.s.) 83. pp. 35-72.

Gutiérrez, D. (2002). “Metapoblaciones: un pilar básico en biología de conservación”. Ecosistemas 2002/3

Guyénot, E. (1956). Las ciencias de la vida en los siglos XVII y XVIII. El concepto de evolución. Unión tipográfica Editorial Hispano Americana. México.

Hagen, J.B. (1989). “Research perspectives and the anomalous status of modern ecology”. Biology and Philosophy 4. pp. 433-455.

Haila, Y. y Levins, R.(1992). Humanity and Nature. Ecology, Science and Society, Pluto Press, London.

Haila, Y. y Taylor, P. (2001). The Philosophical Dullness of Classical Ecology, and a Levinsian Alternative. Biology and Philosophy 16. pp. 93 - 102

Hengeveld, R. (1992). “Right and wrong in ecological explanation”. Journal of Biogeography 19. pp. 345 – 347.

Holling, C.S. (1998). “Two Cultures of Ecology” Conservation Ecology [on line] 2(2):4. pág. Disponible en URL: http://www.conecol.org/vol2/iss2/art4.

Hutchinson, G.E. (1979). El teatro ecológico y el drama evolutivo. Blume. España

Jaksic, F. (2001). Ecología de comunidades, Universidad Católica de Chile, Santiago.

Keller, D.R. y Golley, F.B. (eds) (2000). The Philosophy of Ecology: form Science to Synthesis. Georgia University Press. USA.

Kingsland, S.E. (1991). “Defining Ecology as a Science”. En Real, L y Brown, J (eds) Foundations of Ecology. Classic Papers with Commentaries. University of Chicago Press. Chicago

Kingsolver, J.G. y Paine R. (1991). “Theses, Antitheses, and Syntheses Conversational Biology and Ecological Debate” En Real, L y Brown, J (eds) Foundations of Ecology. Classic Papers with Commentaries. University of Chicago Press. Chicago.

Kreimer, P (1997 a). L’universel et le contexte dans la recherche scientifique. Etude comparative des laboratoires en biologie moléculaire. CNAM-STS. París

Lamark, Jean Baptiste de Monet (1986). filosofía zoológica alfa fulla. Barcelona. Trad. Jaime Serrasolsas.

Leibold, M. y Gedes, P. (2005). “El concepto de nicho en las metacomunidades” Ecología Austral 15. pp. 117-129

Lele, S. (2004). “Elicit Data, Not Prior: On Using Expert Opinion in Ecological Studies” en Taper, M; Lele, S. The nature of scientific evidence. Statistical, philosophical, and empirical considerations. The University of Chicago Press. USA



Levins, R y Lewontin R. (1982). “Dialectics and reductionism in ecology”. Pp 107 – 138 en Saarinen,E. (Ed) Conceptual issues in ecology. D. Reidel Publishing Company, Dordrecht, Holland.

Levins, R. (1973). “The Limits of Complexity”, en H. Pattee (ed.), Hierarchy Theory. The Challenge of Complex Systems, George Braziller, New York.

Lewontin R. C. (1992). Biology as ideology. The doctrine of DNA. HarperPerennial. EEUU.

Lortie, C.J ; Brooker, R.W.; Choler, P.; Kikvidze, Z.; Michalet, R.; Pugnaire, F.y Callaway, R. (2004). “Rethinking plant community theory”. Oikos 107 (2). pp. 433-438

MacLeod, Roy (ed) (2001). Nature and Empire Science and the colonial Enterprise. University of Chicago Press. Chicago.

Mahner, M.y Bunge, M. (1997). Foundations of Biophilosophy. Springer. Nueva York.

Makinistan, A.A. (2004). Desarrollo de las ideas y teorías evolucionistas. Prensa Universitaria de Zaragoza. España.

Margalef, R. (1980). La biosfera, entre la termodinámica y el juego. Omega. Barcelona.

Marone L y González del Solar, R (2000). “Homenaje a Mario Bunge, o por qué las preguntas en Ecología deberían comenzar con por qué”. en Denegri GM y Martínez G (eds.) Tópicos actuales en Filosofía de la ciencia: Homenaje a Mario Bunge en su 80 aniversario. Ed. Martín. Mar del Plata

Marone L, Milesi F, González del Solar R, Mezquida ET, Lopez de Casenave J; V. Cueto (2002). “La teoría de evolución por selección natural como premisa de la investigación ecológica”, Interciencia 27. pp. 137-142

Mayor, J (1958). “Plant Ecology as a Branch of Botany”. Ecology 39 (2). Pp. 352 - 363

Mayr, E. (1961). “Cause and effect in biology”, Science, vol. 134, pp. 1501-1506.

Mayr, E.(1988). Toward a new philosophy of biology. Observations of an evolucionist, Harvard, Estados Unidos.

McIntosh, R.P. (1982). “The background and some current problems of theoretical ecology”. Pp.1 – 61. En Saarinen, E. (Ed) Concetual issues in ecology. D. Reídle Publishing Company, Dordrecht, Holanda.

Monod, J. (1974). Chance and Necessity: an essay on the natural philosophy of modern biology. Wainhouse. Londres.

Nieto, M. (2002). Remedios para el Imperio, historia natural y la apropiación del nuevo mundo. ICANH. Bogotá

Núñez, O. (1990). “Lamark: fundador de la teoría de la evolución” Ciencia Hoy Nº8 vol.2 pp. 54-57

Núñez, P. (2005). “¿qué significa descubrir en ecología? Una reflexión a partir de lecturas de Peirce” en Faas, H., Saal, A., Velasco, M. (eds.) Epistemología e Historia de la Ciencia. Selección de trabajos de la XV Jornadas. Universidad Nacional de Córdoba. Argentina

Núñez, P. (2005). “Historia de la ecología. Surgimiento y Desarrollo”. Mesa Temática Nº 30: "Instituciones, saberes y práctica científico-tecnológica en sus contextos histórico-culturales, Europa y América Latina, siglos XVIII y XX" X Jornadas Interescuelas – Departamentos de Historia. Rosario, 20 al 23 de septiembre.

Núñez, P. (2007). “La ecología. Entre la ciencia ideal y la práctica concreta” en Pablo Lorenzano y Hernán Miguel (eds.) Filosofía e Historia de la Ciencia en el Cono Sur, Volumen II. Buenos Aires: Prometeo Libros-AFHIC.

Núñez, P. (2008). “Entre la Ciencia “ideal” y la “real” El problema de la producción de conocimiento en el laboratorio de Ecología Ecotono. Tesis de Maestría en Filosofía e Historia de las ciencias. Universidad Nacional del Comahue. Inédito.

Núñez, P. y Núñez, C. (2006).El concepto de sucesión vegetal”. en VIII Coloquio Internacional Bariloche de Filosofía. 22 al 24 de septiembre. San Carlos de Bariloche. Inédito

Núñez, P. y Núñez, M. (2007). “The importance of controversies in the epistemic progress of ecology” Interciencia vol. 32 Nº 12. pp. 804-811

Odum, E.P. (1953). Fundamentals of ecology. Saunders, Philadelphia

Odum, E.P. (1969). “The Strategy of Ecosystem Development”. Science 164. pp. 262-70

Osorio, C.G. (2007). “Sobre agentes infecciosos, zoofitos, animálculos e infusorios”. Revista Chilena de Infectología 24 (2). Pp. 171-174

Peters, R.H. (1991). A critic for ecology. Cambridge, MA. Cambridge University Press

Rostand, J. (1985). Introducción a la historia de la biología. Barcelona, Planeta.

Roughgarden, J. R. M. May, y Levin S.A. (Eds.) (1980). Perspectives in Ecological Theory, Princeton University Press. Princeton.

Ruse, M. (1990). La filosofía de la biología. Alianza Universidad. Madrid

Sagoff, M. (1999). “What's wrong with exotic species?” Philosophy & Public Policy. 19(4). Pp. 16-23

Sagoff, M. (2003). “The plaza and the pendulum: Two concepts of ecological science”. Biology and Philosophy 18. pp. 529–552.

Senet, J. (1971). “Introducción” en Lamark Filosofía zoológica. Mateu. Madrid.

Simberloff, D. (1980). “A succession of paradigms in ecology: esentialism to materialism and probabilism”. Synthèse 42. pp. 3-39.

Sloep, P. (1993). “Methodology Revitalized?”. The British Journal for the Philosophy of Science. Vol 44. Nº2. pp. 231 - 249

Tansley, A.G. (1935). “The Use and Abuse of Vegetal Concepts and Terms”. Ecology 16. pp. 284-307

Taper, M; Lele, S. (2004). The nature of scientific evidence. Statistical, philosophical, and empirical considerations. The University of Chicago Press. USA

Taylor, P. (2000). “Socio-Ecological Webs and Sites of Sociality: Levins’ Strategy of Model-Building Revisited”, Biology & Philosophy 15, pp. 197–210.

Turchin, P. (2001). “Does population ecology have general laws?” Oikos 94. pp.17-26.

Wilson, J.B. Agnew, A.D. y Sykes, M.T. (2004). “Ecology or mythology? Are Whittaker´s “gradient analysis” curves reliable evidence of continuity in vegetation?”. Preslia, Praha, 76. pp. 245-253

Winsor, M. (1991). Reading the Shape of Nature:Comparative Zoology at the Agassiz Museum. University of Chicago Press. Chicago
Filosofía e historia de las ciencias
Albornoz, M., Kreimer, P. y Glavich, E. (comps), (1996). Ciencia y sociedad en América Latina, Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires.

Barnes, B. (1957). Sobre Ciencia, Madrid, Labor.

Bloor, David (1976). Conocimiento e imaginario social, Barcelona, Gedisa.

Castells, M. (1999). La era de la información, economía, sociedad y cultura Fin de milenio. Alianza, Marid.

Crane D. (1972). Invisible Colleges. Diffusion of knowledge in scientific communities. The Chicago University Press. Chicago

Funtowicz, S. Y Ravetz, J. (1993). Epistemología política, ciencia con la gente. Centro Editor de América Latina, Argentina.

Giere, R. (1988). Explaning Science. A Cognitive Aprroach, Chicago, University of Chicago Press.

Giere, R. (1999). Science Without Laws, Chicago, University of Chicago press

Hanson, N (1958). Patterns of Discovery. Cambridge University Press. Cambridge.

Hayles, N.K. (1990). Choas Bound: Order/y Disorder in Contemporary Literature and Science. líhaca, Cornelí University Press, Pp. 265-295.

Hull, D. (1988). Science as a Process, Chicago, University of Chicago Press.

Kitcher, P. (1992): “The Naturalists Return”, Philosophical Review 101. pp. 53-114.

Kitcher, P. (1993). The Advancement of Science. Science without Legend, Objectivity without Illusions, Oxford, Oxford University Press.

Kitcher, P. (2001). Science, truth and democracy. Oxford University Press, New York.

Kreimer, P. (1997 b). “Scientific Migrations and Scientific Community in Argentina: Migration of Scientists and Scientific Community in Argentina”. Science, Techhnology and Society Nº 2, vol 2.

Kreimer, P. (1998). “¿Una modernidad periférica? La investigación científica entre el universalismo y el contexto” Documento de trabajo. Grupo Redes. Instituto de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología. Universidad Nacional de Quilmes. Buenos Aires.

Kreimer, P. (2000). Ciencia y Periferia: una lectura sociológica, en Monserrat, M. (comp.): La ciencia en la Argentina entre siglos. Textos, contextos e instituciones. Cuadernos Argentinos Manantial. Bs. As.

Kreimer, P. (2001). ¿Una modernidad periférica?. La investigación científica, entre el universalismo y el contexto, en Obregón, D. (ed.): Culturas científicas y saberes locales. CES/ U.N. de Colombia, Bogotá.

Kuhn, T. (1999). [1962]. La estructura de las revoluciones científicas, México: FCE.

Lakatos, I. (1993). La metodología de los Programas de investigación científica. Alianza. Madrid.

Latour, B. (2004). Politics of nature. How to bring the sciences into democracy. Harvard –University Press. Londres

Latour, B. (1990). “Postmodern? No simply Amodern! Steps toward an Antropology of science”. Studies in the History of Philosophy and Science. 21(1). Pp. 145-171.

Latour, B. y Woolgar, S. (1995). La vida en el laboratorio. La construcción de los hechos científicos. Alianza. Madrid.

Laudan, L. (1981). “A Confutation of Convergent Realism”, Philosophy of Science 48. pp. 19-48.

Longino, H. (1990). Science as Social Knowledge. Value and Objectivity in Scientific Inquiry, Princeton University Press, Princeton, N.J.

Menna, S. (2004). La nueva metodología de la ciencia. N.R. Hanson y la lógica de la plausibilidad. Universitas. Editoria Científica Universitaria de Córdoba. Argentina



Navarro Floria, P. (comp.) (2004). Patagonia. Ciencia y Conquista. La mirada de la primera comunidad científica argentina. Universidad Nacional del Comahue. Argentina.

Nudler, O (1999). “Filosofía de la ciencia: ¿empresa descriptiva o prescriptiva?” en Sota, E; L.Urtubey (ed.) Epistemología e Historia de la Ciencia. Selección de trabajos de las IX Jornadas. Vol.5 N°5

Núñez, M y Núñez, P. (2005). “Controversias en ecología: la competencia, de la certeza a la pregunta” Ecol. Austral 15. pp. 229-238

Núñez, P. (2007). “Relaciones entre ‘metodologías ideales’ y ‘prácticas concretas’. Un estudio de caso” en Lorenzano P. y Miguel, H. Filosofía e Historia de la Ciencia en el Cono Sur, Vol. II. Prometeo Libros – AFHIC. Argentina.

Peset, J.L. (1983). Ciencia y Marginación. Negros, Locos y Criminales. Crítica. Barcelona.

Popper, K. (1963). Conjetures and refutations. Routledge. Londres.

Quintero Toro, C. (2006). ¿en qué anda la historia de la ciencia y el imperialismo? Saberes locales, dinámicas coloniales y el papel de Estados Unidos en el siglo XX. Historia Crítica. Bogotá. Pp. 151-172

Reichenbach, H. (1938). Experience and prediction. University of Chicago Press, Chicago.

Strum, S. (1987). Almost Home: A Journey into the Wold of Baboons. Random House. Nueva York.

Wallerstein E. (1997). Differentiation and reconstruction in the Social Sciences [en línea]. Disponible en: http://fbc.binghamton.edu/papers.htm
Teoría ambiental
Acerbi, M. y Barrenechea, J. (1999). “Análisis de las estrategias frente al derrame de petróleo en Magdalena (Provincia de Buenos Aires, Argentina)”. En V Congreso Internacional sobre Desastres. Palacio de las Convenciones. La Habana. Cuba. 7 – 10 de septiembre.

Alimonda, H. (2002). “Introducción: política, utopía, naturaleza” en Héctor Alimonda (Compilador) Ecología política naturaleza, sociedad y utopía. CLACSO. Buenos Aires.

Altvater E. (2006). “¿Existe un Marxismo Ecológico?” en Atilio A. Boron, Javier Amadeo y Sabrina González (compiladores) La Teoría Marxista hoy. Problemas y perspectivas. CLACSO, Buenos Aires.

Altvater, E. (1993). The Future of the Market. An Essay on the Regulation of Money and Nature after the Collapse of ‘Actually Existing Socialism’ (London/New York: Verso).

Arocena J. (1995). El Desarrollo Local, un desafío contemporáneo. CLAEH Universidad Católica el Uruguay. Ed. Nueva Sociedad. Uruguay.

Arribas Herguedas, F. (2006). “Del valor intrínseco de la Naturaleza”. Isegoría 34, pp. 261-275

Attfield, R. (1997). “El ámbito de la moralidad”, en José Mª García Gómez-Heras, (coord.): Ética del medio ambiente: problema, perspectivas, historia. Tecnos. Madrid.

Avellaneda Cusaria, A. (2002). Gestión Ambiental Y Planificación del Desarrollo. El Reloj Verde. Entropía. Globalización. Democracia. Cultura. ECOE Ediciones. Colección Textos Universitarios. Bogotá.

Callicott J.B. (1989). In defense of the Land Ethic: Essays in Evironmental Philosophy. Sunny Press. EEUU.

Callicott, B. (1998). “En busca de una ética ambiental”. En Kwiatkowska, T. Issa, J. (comp.) Los caminos de la ética ambiental. Una antología de textos contemporáneos. Plaza y Valdés. México.

Campillo, A. (2000). “Filosofía y ecología. Documento del curso de actualización científica”. En Moya, E. (coord.) Ciencia, tecnología y sociedad. Sociedad de Filosofía de la Región de Murcia. Departamento de Filosofía, Universidad de Murcia.

Carson, R (1962). Silent Spring. Houghton Mifflin. USA

Casares Serrano, A. (2005). De la ecología a la geofísica. Imágenes y metáforas de una naturaleza cambiante. A parte Rei. Revista de Filosofía 38.

de Laplante, K. (2004). "Toward a more expansive conception of ecological science” Biology and Philosophy 19 Nº2. pp. 263 - 281

Descola, P, (2005). Par-delà nature et culture. Gallimard. Paris

Descola, P. y Palsson, G (coord.) (2001) Naturaleza y Sociedad. Perspectivas antropológicas. Siglo XXI. México

Diegues, C.A. (2005). El mito moderno de la naturaleza intocada. Center for Research on Human Population and Wetlands. Brasil

Fox, W. (1984). “Deep Ecology: a New philosophy of our time?” The ecologist 14. pp. 194-200

Funtowicz, S. y Ravetz, J. (1993). Epistemología política, ciencia con la gente, Centro Editor de América Latina. Buenos Aires.

Gonzaga Valencia Hernandez, J. (2007). “Conflictos ambiéntales: Praxis, participación, resistencias ciudadanas y pensamiento ambiental”. La laguna 24. pp. 1-7

Kaul, I.; Conceição, P. Le Goulven, K. y R. Mendoza (2003). Providing Global Public Goods. Managing globalization. UNDP/Oxford University Press. Oxford/New York.

Kwiatkowska, T. Issa, J. (comp.) (1998). Los caminos de la ética ambiental. Una antología de textos contemporáneos. Plaza y Valdés. México.

Latour, B. (2004). Politics of nature. How to bring the sciences into democracy. Harvard –University Press. Londres

Leff, E (1998). Saber Ambiental: Sustentabilidad, racionalidad, complejidad, poder Siglo XXI. México.

Leff, E. (1998). Ecología y capital. Racionalidad ambiental, democracia participativa y desarrollo sustentable. DF/Madrid: Siglo XXI. México.

Leff, E. (2001). Epistemología Ambiental, Cortez Editora, Sao Paulo.

Leopold, A. (1987). [1948]. A Sand County Almanac, and Sketches Here and There, Oxford University Press, New York.

Light,A. y Rolston, H.(eds.) (2003). Environmental. Ethics. An Anthology, Blackwell, Oxford.

Lins Ribeiro, G. (2005). “Poder, redes e ideología en el campo del desarrollo” serie antropología 383.Brasília.

López de la Vieja, T. (2005). “Derechos de los animales, deberes de los humanos” Isegoría 32. pp. 157-174

Malpartida, A. y Lavanderos, L. (1995). Aproximación a la unidad Sociedad_ Naturaleza. Rev. Chilena de Hist. Nat. 68. pp. 419 – 427.

Malpartida, A. y Lavanderos, L. (1998). “Relación sociedad-naturaleza. El ecotomo como unidad”. INTERSCIENTIA vol 3 nº 1. Disponible en http://www.uottawa.ca/publications/interscientia/inter.4/ecotmo/ecotoesp.html

Martinez-Alier, J. (1987). Ecological Economics. Energy, Environment and Society Basil Blackwell Publishers. Oxford.

Morello, J. (1984). “La ecología y el medio ambiente. Nociones para políticos y juristas”. Ambiente y recursos naturales. Revista de Derecho, Política y Administración vol 1 Nº1. pp. 23-32

Naess, A. (1986). “El movimiento de ecología profunda: algunos aspectos filosóficos”. En Kwiatkwoska e Issa (comp.) Los caminos de la ética ambiental. Una antología de textos contemporáneos. pp.19-40. Plaza y Valdés. México

O’Connor, J. (1988). “Capitalism, Nature, Socialism: A Theoretical Introduction” en Capitalism, Nature, Socialism. A Journal of Socialist Ecology, Nº 1, Fall.

O’Connor, J. (1989). “Socialism and ecology”. Capitalism nature socialism. num 2. pp. 5-11

Poggiese, H. (2001). “Alianzas transversales, reconfiguración de la política y desarrollo urbano: escenarios del presente y del futuro”, en Ana Clara Torres Ribeiro, (comp.) Repensando la experiencia urbana de América Latina: cuestiones, conceptos y valores. Grupo de Trabajo Desarrollo Urbano de CLACSO.

Reagan, T. (1981). “The Nature and Possibility of an Environmental Ethics”. Envirnomental Ethics 3. pp 19-34.

Reagan, T. (1986). The case for animal rights. University of California Press. Berkeley.

Reagan, T. (1998). “Derechos animales e injusticias humanas” en Kwiatkowska, T. e Issa, J. (comp.) Los caminos de la ética ambiental. Una antología de textos contemporáneos. Plaza y Valdés. México.

Reagan, T. (ed.) (1980). Matters of life and death. McGraw-Hill. New York

Redín M.E. y Morroni W. (2002). “Aportes metodológicos para la ampliación democrática de la toma de decisiones y la participación social en la gestión sociourbana” en su Gestao Democratica das Cidades, metodologías de participación, redes y movimientos sociales. Brasil.

Riechmann, J. (2004). “Hacia una agroética. Considerciones sobre ética, ecología y actividad agropecuaria” en Riechmann, Jorge (coord.) Etica Ecológica. Propuestas para una reorientación. Nordan comunidad. Uruguay

Sapontzis, S. (1987). Morals, Reasons and Animals. Temple University Press Philadelphia.

Sierra Alvarez, J. (1984). “De las utopías socialistas a las utopías patronales: para una genealogía de las disciplinas industriales paternalistas.” Reis 26. pp. 29-44

Singer, P. (1980). “Matters of life and death” en Reagan, T. (ed.) (1980) Animals and the value of life. New Cork.

Singer, P. (1998). “Los animales y el valor de la vida” en Kwiatkowska, T. e Issa, J. (comp.) Los caminos de la ética ambiental. Una antología de textos contemporáneos. Plaza y Valdés. México.

Singer, P. (1999). Liberación animal. Trotta. Madrid.

Taylor, P. (1986). Respect for nature, Princeton University Press. EEUU

Valdés, M (comp.) (2004). Naturaleza y valor.Una aproximación a la ética ambiental, México D.F., UNAM-FCE.

Vila Valenti, J. (1984). Las distintas visiones geográficas de las relaciones entre Naturaleza y Hombre. Revista de Geografía, vol. XVIII. Pp. 5-17


Teoría de género
Agarwal, B. (1998). “El género y el debate medioambiental: lecciones desde la india” en Agra Romero, María Xosé (comp.) Ecología y Feminismo. Ecorama. Granada-España. Pp.179-226

Agarwal, B. (2002). Are We Not Peasants Too? Land Rights and Women’s Claims in India. The Population Council, New York

Agarwal, B. (2003 a). “Gender and land rights revisited: exploring new prospects via the state, family and market”. Journal of Agrarian Change 3 (1-2). Pp. 184-224.

Agarwal, B. (2003 b). “Gender inequality, cooperation and environmental sustainability” en Jean-Marie Baland, Samuel Bowles y Pranab Bardhan (eds.) Inequality,Collective Action and Environmental Sustainability. Russell Sage, New York

Agra Romero, M.X. (comp.) (1998). Ecología y Feminismo. Ecorama. España.

Amorós, C. (1994). Historia de la teoría feminista. Univ. Complutense de Madrid. España.

Amorós, C. (1996). “Prólogo” en Femeninas, María Luisa (1996) Inferioridad y Exclusión. Un modelo para desarmar. Nuevo hacer. Argentina

Amorós, C. (2000). Feminismo y Filosofía. Síntesis, Madrid.

Amorós, C. (2008). Mujeres e imaginarios de la globalización. Reflexiones para una agenda teórica global del feminismo. Homosapiens. Argentina.

Amorós, C. (Dir.) (1992). Actas del Seminario Permanente “Feminismo e Ilustración. 1988-1992”. Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense. Madrid

Amstrong, N. (1991). Deseo y ficción doméstica. Ed. Cátedra. Madrid

Barros Freitas, L. (2004). Discriminación sexista y otras formas de violencia estructural e institucional contra la mujer. Tesis doctoral. Universidad Carlos III de Madrid Instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas Doctorado en Derecho Programa Derechos Fundamentales

Beauvoir, S. (2005). [1949] El Segundo Sexo. Cátedra. Madrid.

Beer, U. (1990). Geschlecht, Struktur, Geschichte. Soziale Konstituierung des Geschlechterverhältnisses. Campus. Frankfurt.

Benhabib, S. (1987). “The generalized and the concrete other”. En Kittay, E. y Meyers, D. (eds) Women and moral theory. Rowman y Allenheld. Totowa N.J.

Benjamín, J. (1985). “The bonds of love: racional violence and erotic domination” en Einsenstein, H. y Jardine, A. (eds) The future of difference. Rutgers University Press. New Brunswick

Biehl, J. (1991). Rethinking Ecofeministy Politics. South End Press. Boston.

Blum, L.A. (1980). Friendship, altruism and morality. Routledge & Kegan Paul. Boston and London

Bordo, S. (1986). “The Cartesian Masculinization of Thought” Signs, Vol. 11 No. 3. pp. 439-456

Boserup, E. (1970). Women’s Role in Economic Development. George Allen & Unwin. Londres.

Braidotti, R. (1994). Women, the environment and sustainable Development: towards a Theoretical síntesis. Ed. Zed Books. Londres.

Braidotti, R. (2000). Sujetos nomádicos. Paidos. Buenos Aires.

Butler (1990). Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity. Routledge. USA. (Edición española (2001) El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Paidós. México).

Butler J. (1998). “Sexo y género en El segundo sexo de Simone de Bauvoir”. Revista MORA Nº 4 (1986) versión original "Sex and Gender in Simone de Beauvoir's Second Sex." Yale French Studies Nº 72. Pp. 35-49

Butler, J. (1997). “Sujetos de sexo/ género / deseo”. Feminaria año X, Nº 19. pp 1-20

Butler, J. (1999). Subjects of desire. Hegelian Reflections in Twentieth-Century France. Columbia University Press. New York.

Casale, R. (2006). “Deseo y producción de agencia en Judith Butler” en Femenías, M.L. (comp.) (2006) Feminismos de Paris a La Plata. Catálogos. Argentina.

Cavana, M.L; Puleo, A.y Segura C. (2004). Mujeres y Ecología. Historia, Pensamiento, Sociedad, ed. Almudayna, Madrid.





Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos