A maría Luisa que me contuvo y orientó en uno de los procesos más difíciles de mi aprendizaje



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Tabla de contenido

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Agradecimientos

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A María Luisa que me contuvo y orientó en uno de los procesos más difíciles de mi aprendizaje.
A Marcelo, quien sin saberlo resultó fundamental en este trabajo
A Daniel, interlocutor permanente y fuente de sentido común.
A Pedro, por facilitar la continuidad de mi reflexión, enriqueciéndola al permitirme, no sólo conocer nuevas ideas, sino trabajar con un equipo generoso y ameno.
A Olga y Mario, Beba y Bebe Dillon, Lucy, Pablo, Marisa, Martín, Carolina, Cecilia Por brindarme apoyo y honrarme al compartir sus ideas.


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Presentación preliminar

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Quien hoy elija por oficio el trabajo filosófico, ha de renunciar desde el comienzo mismo a la ilusión con que antes arrancaban los proyectos filosóficos: la de que sería posible aferrar la totalidad de lo real por la fuerza del pensamiento

Theodor Adorno Actualidad de la Filosofía


La investigación que desarrollo en esta tesis examina el plano de vinculaciones existente (y potencialmente edificables) entre las sociedades humanas y sus entornos. Desde aquí avanzo sobre la indagación de lazos que se encuentran mediados tanto por el conocimiento científico como por los supuestos sociales desde los cuales se consolida un determinado tipo de reconocimiento.

Esta tesis no ha adoptado las reflexiones éticas como herramientas de investigación, pero contiene inevitablemente implicancias éticas, porque el propio ejercicio de estudio que se realiza involucra valorizaciones sobre las diferentes alternativas posibles. El carácter de los compromisos que se asumen a partir de determinadas conceptualizaciones –y las actividades que se diseñan desde estas consideraciones– lleva hacia el plano de los argumentos morales que reparan en el problemático vínculo actual entre seres humanos (en sus plurales circunstancias) y hacia seres no-humanos.

Los conceptos presentados bajo los términos “ecología” y “praxis ambiental” constituyen dos polos en tensión que están lejos de poder tomarse como expresiones lingüísticas aisladas. Por el contrario, son palabras que entiendo como expresiones referenciales, que remiten a sistemas de entidades, un marco en función del cual se edifica el sentido de cada una y a partir del que se pueda idear un plano de sentidos que las vinculen. Porque ecología y praxis ambiental, lejos de constituirse desde una red semántica y simbólica afín, aparecen en las prácticas como términos muchas veces antagónicos.

La oposición se edifica desde los dos ámbitos que disputan el sentido del término ecología: las ciencias naturales, por un lado, y sectores de movimientos ambientales, por el otro. Desde una conceptualización edificada desde perspectivas en muchos casos opuestas, y en otros ajenas, las praxis que se desarrollan avanzan en acciones con escasas interacciones, que raramente inciden en las reflexiones internas de cada uno de los ámbitos generadores de sentido.

Vivimos en un mundo afectado por una crisis ambiental sin parangones producto de las intervenciones humanas en el contexto de las prácticas productivas capitalistas. El reconocimiento del problema se complejiza a causa de la oposición que se establece entre las prácticas de los ámbitos dedicados a indagar en el tema (ciencia-ambientalismos). A fin de profundizar sobre el aparente antagonismo mencionado, y parafraseando a Celia Amorós (2008), esta tesis busca contrastar ciertas conceptualizaciones abstractas con los fenómenos concretos cuya contundencia se nos impone, a fin de revisar la oposición de los términos propuestos para avanzar en la constitución de posibles planos de consensos. Porque la hipótesis general que guía esta reflexión es que las diferenciaciones, que dan lugar a la mutua exclusión reconocida, se establecen a partir de asumir ciertas jerarquías y relaciones como naturales.

Entiendo que a partir de desmontar este carácter naturalizado es posible inaugurar modos de repensar vínculos ideados, no ya desde el antagonismo, sino desde una red semántica y simbólica solidaria, donde los términos se estabilicen mutuamente dando lugar a praxis diseñadas desde el conjunto de acuerdos antes que el de diferencias. Así, esta tesis estudia tanto la situación actual de relaciones como la posibilidad de establecer vínculos.

Uno de los ejes fundamentales con el que procedo a tal indagación es la definición de filosofía que adopto. En esta línea sigo la propuesta de la filósofa española Celia Amorós ya mencionada, quien indica que la filosofía es un contra-decir, decir en contra de las opiniones acríticamenter asentadas, de los prejuicios, entendiendo como tales a las ideas anteriores al esfuerzo intelectual. Se trata de afrontar una situación o una realidad como si fuera la tesis de alguien. En las palabras propias de la teórica “Filosofar es pensar el mundo contra ti y contigo” (Amorós 2008, 121).

Se trata de revisar conceptos a la luz de los prejuicios que los sostienen, no sólo hacia aquello que podría enmarcarse en la noción wittgensteniana “juego de lenguaje”, sino a partir de las distancias que se instituyen en los diferentes “juegos de lenguaje” involucrados en la temática ambiental.

Dado que el problema a tratar involucra la reflexión sobre la utilización o relación con el entorno o naturaleza, sigo un camino que parte de la revisión de la ecología como disciplina científica, su articulación (o no) con los movimientos ambientalistas para, desde estos sitios de acción, investigación y movilización, avanzar sobre los temas que en ambos casos subyacen como problemas y que no terminan de explorarse desde estas perspectivas.
La elección del tema de estudio
El origen de este análisis se funda en motivos personales. Vivo en una localidad cuyo dinamismo está atravesado por tensiones vinculadas a la relación que se establece entre la sociedad y su entorno: San Carlos de Bariloche. El marco del Parque Nacional Nahuel Huapi es un fondo bello e imponente, pero su estética no impide que emerjan contradicciones. Se trata de un paisaje ajeno a gran parte de la población. La mayoría de los vecinos no ha podido visitar, por motivos económicos, los principales destinos turísticos de la localidad. Estos problemas, que podrían restringirse al terreno de las desigualdades sociales, se completan con otra situación: gran parte del paisaje local, el que se despliega hacia el sur, con cerros que se elevan sobre la región de estepa, con una belleza diferente (aunque no menor) a los bosques y los lagos, es un paisaje ignorado. Un sitio cuyo valor orgánico ha sido tan desestimado que incluso se ha establecido el vertedero municipal, un basurero a cielo abierto, fuente de contaminación permanente, que linda con barriadas caracterizadas por un acceso limitado a sus derechos (Fuentes y Núñez 2008).

Así, como contraste a la dimensión de la postal turística ampliamente reconocida, en esta ciudad se han edificado paisajes invisibles, poblados por habitantes ignorados (Núñez et al 2008). Al respecto entiendo que los acontecimientos locales cobran “forma y sentido” en función de esta paradoja de existencia y no-pertenencia, base de lo cotidiano de la ciudad.

Para completar el cuadro, en un vínculo que obliga a pensar en la desigual estructuración social, y a la luz del modo en que se conoce tanto el dinamismo social como el del entorno, Bariloche es una ciudad conocida por la excelencia de los científicos que la pueblan, sobre todo de aquellos vinculados a las ciencias naturales (mayormente especializados en áreas de física y biología). En esta ciudad se encuentra asentado uno de los principales laboratorios sudamericanos de ecología de bosques: el laboratorio de Ecotono. Un laboratorio que, a pesar de su excelencia, no termina de involucrarse activamente con el ámbito social que lo contiene espacialmente (Núñez 2008). No tanto por la apatía de los habitantes, profundamente sensibles a las temáticas ambientales sobre todo por la cercanía del Parque Nacional, sino por la propia dinámica de la producción de conocimiento.

He explorado esta tensión en el marco de la Maestría en Filosofía e Historia de las Ciencias, de la Universidad Nacional del Comahue. En el presente trabajo, a fin de evitar redundar en consideraciones ya realizadas, he buscado avanzar sobre las preguntas que, en esa primera investigación quedaron sin respuestas. Este camino, que parte de los puntos oscuros que se me presentaban como irresolubles desde el marco epistemológico que caracterizó mi trabajo inicial, me permitió indagar en alternativas que se presentaron a partir de los permisos que me otorgué para reflexionar desde lugares diferentes. Las “minorías sin voz” (Fox Keller 1991, Holland Cunz 1996) que indagan desde concepciones no dominantes de la noción de naturaleza, permiten poner de manifiesto el carácter construido de la misma. Desde estas consideraciones he buscado desmontar los compromisos que subyacen en las adscripciones conceptuales y las prácticas que se diseñan y naturalizan. Bárbara Holland Cunz, incluso, encuentra en la teoría política que las reflexiones que se permitieron avanzar a partir de problematizar el vínculo sociedad-naturaleza constituyeron, desde mediados del siglo XIX, la estructura interna de teorías de liberación antiburguesas, anticapitalistas y antipatriarcales. Esta tesis avanzó asumiendo que el escaso reconocimiento de estas líneas de análisis no debía eclipsar el potencial de cambio implícito en las mismas, y desde esta confianza he edificado la argumentación.

En su forma original la presente investigación buscó explorar el tipo de conexiones que vinculan las ciencias naturales y las movilizaciones ambientalistas. La pregunta que guió mi reflexión se dirigía hacia los múltiples sentidos del término ecología que, inicialmente, esperaba resolver a través de la indagación de las tensiones internas de dos de los ámbitos discursivos más destacados para llenar de sentido el término: las ciencias biológicas y las reivindicaciones ambientales. La praxis ambiental, desde esta perspectiva, se definiría a partir de los puntos de encuentro que pudieran establecerse entre estos ámbitos.

La tesis de doctorado que se presenta trata de reproducir el camino histórico de mi propia indagación a lo largo de los desfíos teóricos que se presentaron. Fui incorporando elementos analíticos y horizontes referenciales en la medida que las perspectivas recorridas exponían limitaciones que trascendían los debates y problemas percibidos como propios. Así, por ejemplo, la revisión interna de las ciencias naturales, que en un primer momento esperaba se constituyera en la referencia obligada en la interpretación del mundo orgánico (o en contra de la cual se plantearan alternativas), abrió interrogantes que me llevaron a la búsqueda de nuevas herramientas de análisis. Se trataba de recurrentes “puntos ciegos”, en los que irremediablemente caía al aproximarme desde una mirada acotada del problema.

Tras la ciencia y el ambientalismo emergía el mundo, cuyas crisis ambientales involucran dimensiones que no necesariamente se reconocían desde los ámbitos de análisis seleccionados, a pesar de operar como permanente fuente de tensión. Se trata de aspectos históricamente revisados en forma incompleta, que por cierto no son independientes a la desigualdad social e invisibilización de paisajes recurrente en mi ciudad.

Las preguntas que dirigieron el trabajo, entonces, se ampliaron hacia la indagación de las trabas que perturban el reconocimiento del carácter complejo de las tensiones involucradas en un tema que la ciencia no termina de abarcar y para el cual los ambientalismos, aún cuando han impactado en un mayor reconocimiento, no terminan de constituir alternativas materiales.

La ecología como término y práctica, puede indagarse desde los dos ámbitos definidos desde el inicio, pero la praxis ambiental involucra el reconocimiento de las tensiones de conjunto más amplio, con determinantes culturales y aspectos que obligan a la visualización de los modos concretos en que los habitantes de este mundo (humanos y no-humanos) nos vinculamos con nuestro propio entorno. Esto me obligó a ampliar el recorte temático establecido en un primer momento. De allí que haya sumado, no tanto prácticas nuevas en un listado inagotable, sino la revisión de las desigualdades implícitas en las formas de relación entre las partes. Desigualdades que implican jerarquías y formas de dominio, que subyacen en la permanencia de los “puntos ciegos” antes mencionados y que contienen a las prácticas científicas y ambientales con que inicié la presente reflexión.


El contexto del problema
El vínculo entre las sociedades y sus entornos es un tema que se presenta como objeto de estudio en un contexto específico: la globalización, como proceso de profundización del desarrollo capitalista propio de las sociedades occidentales modernas. Existen distintos conceptos utilizados para dar cuenta de la globalización como problemática de la vida contemporánea, elaborados desde diversos puntos de vista. Los mismos deben ser considerados como parte de un desarrollo histórico variable, contradictorio y multifacético (Fuentes 2004). En sentido estricto, corresponde a una etapa del capitalismo en la que los procesos de concentración y centralización del capital adquieren mayor fuerza, envergadura, alcance. Invaden ciudades, naciones y continentes, formas de trabajo y de vida, modos de ser y de pensar, producciones culturales y formas de imaginar (Ianni 1992).

La intervención y uso del medio ambiente se profundiza. La agricultura y ganadería industrializadas se incrementan con el avance de los monocultivos. Las prácticas productivas chocan cada vez más con los reclamos por la preservación de la biodiversidad. Los Estados Nación se debilitan, los derechos se retrotraen y, casi a modo de contraste, las diversidades buscan presentarse desde el derecho a ser distintos.

Esta tesis se presenta en contra de la tendencia a un pensamiento único, que sólo parece dejar lugar al incremento de prácticas coercitivas. Es un planteo de alternativas frente a un discurso hegemónico donde el “otro” emerge como un confundido que hay que esclarecer, un adversario que hay que combatir o un enemigo que hay que eliminar. En esta línea sigo la idea propuesta por Joseph Fontana a principios de la década de los noventa, quien afirmaba la necesidad de eliminar la vía única, para aprender a pensar el pasado en términos de encrucijadas a partir de las cuales eran posibles diversas opciones y que la triunfantemente impuesta no era la mejor ni la única que cabía (Fuentes 2004).

Esta tesis explora el pasado de la tradición occidental, a fin de exponer los modos en que históricamente se han edificado, tanto las prácticas en relación al uso del medioambiente (criticadas por los ambientalismos), como la producción del conocimiento científico, base legítima del saber reconocido desde nuestras sociedades occidentales. Aún cuando se haga mención a formas de vida no-humanas, o de culturas ajenas a la tradición moderna, esta tesis se sitúa sobre todo en las promesas incumplidas de la modernidad occidental, en la perspectiva a-moderna, que revisa las expectativas a la luz de los proyectos inconclusos.

La ecología, como disciplina científica, es el ámbito que permite explorar los límites de las confianzas, los mitos heredados y los ocultamientos de responsabilidades. Sobre los desarrollos inacabados reviso experiencias de los “perdedores” en el proceso de globalización neoliberal, los sujetos que plantean resistencias y alternativas. Indago estas resistencias, no tanto a la luz de las desigualdades económicas sino, sobre todo, desde las falencias de reconocimiento. En todos los planos de actividad pueden encontrarse sonoridades distintas en las voces de los grupos involucrados, grados de prestigio diferentes y reacciones frente a una desigualdad que no tiene mayor sustento que la aceptación acrítica de los involucrados en las prácticas.

A fin de poner a la luz aspectos que permitan repensar prácticas, en grandes líneas debo indicar que esta tesis avanza a partir de entender que la desigualdad social y la reproducción de esta desigualdad en las prácticas cotidianas no son independientes de los problemas ambientales.

El modo en que se ha edificado el saber occidental, sustentado en jerarquías que implican ejercicios de dominio, ha llevado a pensar a la sociedad y la naturaleza como estancos aislados e independientes. Y este modo de considerar el mundo también da lugar al contexto vigente, donde la reducción de mediambiente a recurso es cada vez más profunda. La ecología científica, heredera de esta tradición, se constituyó como un espacio particularmente sensible a estas contradicciones, y desde este lugar permite reflexionar sobre los vínculos que se establecen en la propia edificación del saber que trascienden al área de estudios que se toma como punto de partida.

Lejos de indagar en la situación particular de la vasta diversidad de los excluidos y silenciados, tomé como guía la problemática dualidad sobre la que se edificó el pensamiento y la praxis moderna ya mencionada, la escisión antagónica y excluyente entre sociedad y naturaleza, asociada a la idea del hombre como ser de máximo desarrollo, cuya cercanía a la razón permitiría justificar su dominio sobre todo lo no-humano, fundamento de la evaluación de lo diferente en términos peyorativos.

Exploro especialmente el modo en que “lo natural” se consideró como menos desarrollado, con potencialidades que sólo lograría en caso de estar dominado por un ser efectivamente desarrollado. Pueblos no occidentales, sectores económicos menos privilegiados y poblaciones femeninas son algunos de los grupos asociados a la idea de naturaleza. Dentro de los mismos, la situación femenina y el peso de la metáfora que liga a la mujer a la naturaleza ha sido particularmente observada, no sólo para dar cuenta de un problema sectorizado, sino para profundizar en el análisis de la constitución de las formas de dominio y la búsqueda de alternativas. Las mujeres, como señala Val Plumwood (2004) parecen estar mejor colocadas para resolver este antiguo dualismo, pueden hablar y razonar desde la posición de –y en solidaridad con- los que han sido considerados como ‘la naturaleza’.
Metodología
La metodología de estudio siguió algunas premisas. La primera de ellas es que la edificación de las ideas es un proceso eminentemente histórico. Esto genera, por una parte, la revisión de ideas y actividades ligadas a la constitución de la noción de naturaleza en ámbitos variados y, por otro, la adopción de una visión sobre la disciplina histórica.

En relación al primer tipo de revisión, esta tesis explora en la edificación de las ideas ecológicas a la luz de la tradición de las ideas biológicas modernas, cuyas raíces se rastrean fundamentalmente en el siglo XVII. Por otro lado se observa cómo se constituyeron los reclamos ambientales, que emergen claramente a partir de la segunda mitad del siglo XX. Estas referencias se complementan con acontecimientos históricos que permiten problematizar algunas de las formas en que se consolidó en la práctica la particular idea de naturaleza sobre la que se constituyeron los Estados Modernos. En esta línea exploro el proceso constitutivo de los Parques Nacionales y acontecimientos que se desprenden de la apropiación territorial que, desde fines del siglo XIX, se realiza por parte del Estado Argentino sobre un territorio descrito como virgen: la Patagonia.

Ahora bien, el relato histórico está lejos de ser un relato constitutivo de los conceptos que se problematizan. Más bien es el horizonte referencial sobre el cual hilvano las reflexiones que permiten acercarme a los conceptos que busco explorar. Este horizonte no implica una aceptación de los hechos como relato positivo de estilo rankeano. Por el contrario, son referencias que reconocen y aceptan las diferencias y los conflictos como elementos intrínsecos de grupos sociales con una historia viva e igualmente compleja. Se trata de un relato que busca involucrar a los actores del presente, que apela a los mismos como agentes históricos responsables, buscando referencias desde las cuales puedan presentar la experiencia personal como una cuestión a instalar en el espacio público para afianzar procesos de reclamos, auto reconocimiento y autogestión. En este sentido la revisión histórica es paso hacia acciones concretas hacia la unión de historia con memoria e historia con política (Fuentes y Núñez 2007).

Las fuentes documentales que se presentan a lo largo del relato no se reducen a las obras teóricas, de las que se puede inferir la estructura conceptual en disputa, sino que se complementa con obras literarias, memorias institucionales, relatos autobiográficos y entrevistas edificadas en el marco metodológico de la Historia Oral.1

En la historia que se presenta se revisa las tensiones globales impactando en procesos locales. La mirada sobre la incidencia de los compromisos conceptuales involucrados permite avanzar hacia un relato histórico que reconoce las tensiones y que explora procesos culturales, que no quedan reducidos a las visiones político-económicas de la disciplina histórica, ni a la revisión interna de las ideas, característica de la historia de las ciencias. La reflexión histórico-filosófica avanza, no desde hechos, sino desde la consideración de los conflictos que se desencadenan en relación a esos hechos.

La segunda de las premisas que guía la metodología de análisis es que los conceptos, lejos de edificarse desde ejercicios abstractos, se constituyen en permanente vínculo con el plano de las prácticas. Esta premisa no es independiente de las reflexiones previas, porque los ejemplos concretos, con su carácter histórico y su particularidad, operan como recuerdos de las consecuencias que se desprenden de la adopción de ciertos conceptos y la omisión de ciertos procesos que quedan relegados a lo innominado. En este sentido sigo la propuesta de Kate Millet (1975), quien señala que conceptualizar es politizar, y busco avanzar en una idea fundamental, edificada desde preconceptos y ocultamientos: la naturaleza.

Esta noción me lleva a revisar tanto la propuesta aristotélica como las herencias aún vigentes del estarigita. En contra de las visiones que han fundamentado sobre una particular noción de naturaleza, la norma de lo “que debe ser”, indago en propuestas que exponen el carácter constructivo de naturaleza y facilitan propuestas que desmontan gran parte de las normas jerarquizantes asociadas. Desde este sitio busco problematizar la constitución de los relatos históricos, porque los mismos se edifican desde una cierta concepción de naturaleza concebida como normal.

Entre los factores de mayor incidencia se cuenta la aceptación acrítica de un mundo jerárquico, donde la propia noción de naturaleza resulta apelada para justificar formas de dominio específicas. De hecho, a lo largo de la tesis, exploro formas y lógicas de dominio (en el sentido acuñado por Horkheimer y Adorno 1997) indagando en el modo en que se fue edificando el sistema de jerarquías en las sociedades modernas, que de forma casi circular me retornaron hacia el discurso biológico, que en el siglo XVII permitió recuperar la Escala de los Seres aristotélica, para situarla como referencia de los derechos naturales de uso de la naturaleza por parte de los hombres. Escribo hombres y no seres humanos, porque la particular idea de naturaleza edificada en la modernidad tiene implícito un recorte específico de lo que se considera humano, que paradójicamente deja fuera a gran parte de los habitantes del planeta.

“Naturaleza” y “norma” emergen como los conceptos desde los cuales se institucionalizan estrategias de reconocimiento y diferenciación. Por ello, en forma complementaria, esta tesis avanza sobre una red conceptual que apela a conceptos como desigualdad, ocultamiento, silencio, opresión o sometimiento, entre otros.

A partir de los mismos exploro ciertos pares conceptuales que se han establecido como antagónicos, excluyentes, y exclusivos. Me refiero a las dicotomías Sociedad-Naturaleza, Cultura-Naturaleza, Humanidad-Naturaleza. Tres diferenciaciones, que aún tomando tres términos diferenciables: sociedad, cultura y humanidad, a partir de situarlos en oposición a la noción de naturaleza, permite el establecimiento de una red semántica y simbólica afín, solidaria, con dualidades que, como unidades conceptuales, se estabilizan mutuamente.

A lo largo del texto incorporo referencias a estas dualidades asumiendo el sentido compartido que se edifica desde su oposición. Estos pares antagónicos se encuentran formados por dos términos que no pueden considerarse como voces separadas, porque son expresiones referenciales, que remiten a sistemas de entidades, un marco en función del cual se edifica el sentido.

La tercera premisa que guía a la metodología es que en el fondo de la red simbólica antes mencionada se encuentra el paternalismo como diferenciación fundamental. Esto es la idea de hombre como dominador natural de lo no-humano, con una idea de hombre restringida a la noción de varón, blanco, occidental. Así reviso el universal masculino investido como lo humano, lo social y lo cultural para echar luz sobre esquemas de dominio, fundamentados bajo la idea de naturaleza y presentados en gran medida desde el lenguaje establecido por la biología.

Es, en definitiva, un esquema metodológico que me permitió redactar una tesis que, aún sin tener como objetivo la problematización desde reflexiones éticas, tiene consecuencias en este campo. La propia noción de praxis ambiental implica un compromiso con la idea de cambiar un mundo que, a la luz de lo expuesto, se puede evaluar como fundamentalmente injusto. Se trata de acciones que asumen a las prácticas vigentes como parte de un modo jerarquizante y opresivo, por ello desmontar la naturalización de esta jerarquía es politizar, es valorar éticamente y avanzar hacia un cambio que se presenta como posible.

A modo de esquema general, las herramientas adoptadas para analizar escenarios y elaborar reflexiones pueden resumirse en los siguientes puntos:


1) La indagación en las formas hegemónicas de discurso-dominio, tomando como punto de partida a la ciencia en una de sus prácticas más expuestas: la ecología.

2) La revisión de la política pública en torno a la apropiación del espacio.

3) La apropiación de la perspectiva feminista como discurso contrahegemónico.

4) El retorno a lo local y la revisión de las formas específicas de dominio como clave reconstructiva.

5) El análisis de las prácticas instituidas, en las prácticas científicas y las esferas de gobierno, a la luz de modos alternativos que implican el reconocimiento de prácticas sociales y saberes edificados desde la experiencia.
Se trata, en definitiva, de reconocer los planos de conformación discursiva para buscar estrategias que permitan desmontar las principales trabas que, en la actualidad, operan como límites en la edificación de intercambios (como son los planos valorativos jerárquicos que llevan a ignorar las experiencias valoradas como no-expertas, la reproducción institucional de las desigualdades, formas de interacción que apelan al reclamo y rechazo antes que al diálogo, subestimación de lo diferente como irrelevante). El camino seguido me lleva a estudiar la producción de conocimiento científico como instancia reproductora de desigualdades, que no sólo impacta hacia fuera de la práctica científica, sino que al interior de la propia organización disciplinar introduce reconocimientos diferenciados.

Desde este camino busco escapar a las oposiciones de “unos” contra “otros”, donde la mejora de la situación de los “otros” se resuelva a partir de la precarización de la situación de los unos. Por el contrario, expongo las contradicciones que para todos, desde cada situación particular, acarrea la pervivencia de jerarquías diferenciadas. Reviso las consecuencias de la mirada jerárquica que, por ejemplo, impide la revisión sobre el mundo orgánico desde estrategias que no supongan un uso destructivo, o que la propia humanidad se constituye en términos de recortes discriminatorios, y sobre todo analizo de qué manera el contexto globalizado profundiza las formas jerárquicas de intervención, parece imponer un alejamiento de la atención hacia estos fundamentos para constituir un discurso que legitima, cada vez más, formas totalitarias de organización.




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