A censo de Población de 2001. B censo de Población de 1991. Censo de Población de 2001



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Preámbulo

El Instituto Aragonés de Estadística (IAEst) ya puso a disposición de la sociedad aragonesa, en el año 1994, una explotación estadística del Censo de Población de 1991 correspondiente a Aragón, en la que se llevó a cabo un análisis pormenorizado de resultados de las variables más significativas desde el punto de vista sociodemográfico.


El presente estudio, que ahora ponemos en manos de la misma sociedad, viene a incidir especialmente en otra de las facetas contenidas en dicho Censo, la referida a la actividad económica de los aragoneses, a través fundamentalmente de la medición de las características de su población activa.
Los Organismos internacionales que se ocupan de las estadísticas del trabajo cuantifican la población activa mediante el número de personas empleadas en la producción de bienes y servicios y/o que buscan empleo. Un conocimiento más completo se consigue con los censos de población, aunque de estos datos se dispone solamente cada diez años.
La otra gran operación que ofrece estimaciones trimestrales de la población activa es la conocida como Encuesta de Población Activa (EPA), de la que el IAEst viene ofreciendo información actualizada regularmente.
La elaboración de censos periódicos de población proviene de la necesidad de conocer la realidad social y económica de los habitantes de un país; se inscriben en el censo cada uno de los residentes (presentes y ausentes) de la nación, a quienes se les hace contestar, entre otras, a las siguientes preguntas: nombre y apellidos, relación con el cabeza de familia, sexo, estado civil, edad, lugar de residencia, nacionalidad, idioma materno, raza, religión, ocupación y profesión, rama de actividad en la que presta sus servicios, nivel educacional y, para las madres, número de hijos nacidos vivos y fallecidos. En nuestro país alguna de estas cuestiones no se formula, por considerar que afecta al derecho a la intimidad de las personas.
Los estadísticos españoles se han ocupado desde hace más de cien años de elaborar censos de población, y prácticamente todos ellos se han propuesto recoger la información referida a la actividad económica de la población; así el censo correspondiente al último día de 1920, editado por el Servicio General de Estadística, se ocupaba en su tomo V de las Profesiones.
El objetivo principal del censo de población es determinar el número de habitantes de la Nación, Comunidades Autónomas, Provincias y Municipios, así como “facilitar la imagen estructural de la población en diversos aspectos (geográficos, demográficos, culturales, económicos y sociales)”, según la metodología del Instituto Nacional de Estadística (INE) para el Censo de Población de 1981.

Así el censo presenta a la población bajo una perspectiva sincrónica, analizando cuatro tipos de características: localización de la población (en zona rural -menos de 2.000 habitantes-, semiurbana –de 2.000 a 10.000- y urbana -más de 10.000-), características biológicas y antropológicas (sexo, edad,...), actividad económica (población activa por sectores y ramas, profesión, ocupación,... y características sociales (estado civil, educación, clases socioeconómicas,...)


La obtención de las estadísticas sobre la actividad económica es, de acuerdo con lo anterior, uno de los más relevantes objetivos en la explotación de un censo; su combinación con otras características de las señaladas, como la educación, el sexo, o la edad, convierten el análisis en un elemento fundamental para la obtención de las estadísticas económicas, haciendo decir a Joaquín Leguina que la demografía tiene como objeto “el estudio de la estructura y reproducción de la fuerza de trabajo” por medio, entre otros, de los censos de población.

Preliminar histórico

Eduardo García España (ver Bibliografía) distingue entre los censos primitivos (en su acepción de primeros) y los censos modernos, practicando el corte temporal que los divide en torno a la segunda mitad del siglo XVIII, de la mano de la Ilustración y con el Conde de Aranda a la cabeza del Consejo de Castilla. Es entonces cuando los Censos de Población rompieron los antiguos moldes y adoptaron los criterios nuevos que todavía hoy siguen vigentes.


En los Censos primitivos sólo se realizaban clasificaciones referidas a la actividad muy simples, relativas exclusivamente al estado social de los vecinos, que catalogaban en cuatro o cinco situaciones entresacadas de las siguientes: pecheros, hidalgos, clérigos, clero regular, exentos, vecinos útiles, jornaleros, pobres de solemnidad, viudas, cabezas residentes, menores, etc. A partir del Censo de Aranda (1769) las clasificaciones relacionadas con la ocupación se inician con ciertas dificultades, pero van mejorando en cada nueva operación censal.
Por ejemplo, en el Censo de Floridablanca de 1787, en el caso de las ocupaciones no se sabe bien cuál es el contenido de cada concepto, que a veces se solapaban y además no eran excluyentes; igual podía incluirse el “pegujalero” entre los agricultores como entre los jornaleros, o en ambos; algunas profesiones no se sabía dónde debían clasificarse, e incluso se dudaba de si debían ser consideradas.
Las instrucciones del Censo de Floridablanca ya ordenaban formar “lista del número de almas o individuos de cada casa, habitación o refugio del Pueblo, o en su campo y jurisdicción, conforme a la edad de cada uno, poco más o menos y con expresión del oficio que exerce, sin tomar por eso su nombre”. Se facilitaba, para clasificar el oficio, un cuadro simple de ocupaciones con 23 clases.
Según Eduardo García (ver Bibliografía) la clasificación por ocupaciones es pobre, incompleta y desequilibrada, ya que más de la tercera parte están dedicadas al clero secular y asistentes de la Iglesia, o relacionadas con ella; no contemplan profesiones como sanidad, enseñanza, construcción, etc; en tanto que otras rúbricas abarcan demasiado, como comerciantes y artesanos. La falta de instrucciones provocó el uso de nuevas clasificaciones por los recopiladores de datos, y la indefinición en cuanto a la inclusión de cada persona ocupada en una sola rúbrica (ocupación principal), o si debía incluirse tantas veces como profesiones tuviera.
El Censo de Godoy (1797) mejora notablemente la clasificación por ocupaciones hasta pormenorizarlas en 96 rúbricas, con 212 clases para la población seglar y cerca de 50 para los ocupados en la Iglesia diocesana. Introduce la clasificación de los artesanos en tres categorías (maestros, oficiales y aprendices) reglamentadas por los gremios y definidas desde siglos atrás. Para el clero mantiene el exagerado detalle de Floridablanca.
Transcurre ahora un periodo en el que por diversas causas se abre un largo paréntesis, de más de medio siglo, en la elaboración y perfeccionamiento de los censos, hasta que en 1857, tras la creación de la Comisión de Estadística General del Reino –antecedente del Instituto Nacional de Estadística-, se dispone la realización de un nuevo Censo, si bien dada la premura con que se quieren obtener resultados, resulta estéril para nuestro interés, ya que se renuncia a la clasificación por profesiones.
El Censo de 1860, ya elaborado con criterios profesionales y modernos, dicta varias instrucciones para clasificar las profesiones, aunque no satisfacen demasiado a sus autores, especialmente por las dificultades que presentan aquéllos que ejercen varias, cosa común en el medio rural. Incluso terminada la recopilación de los datos aparece durante los primeros meses de 1861 otra serie de Circulares completando o aclarando aquéllas.
Con un importante salto en el tiempo de 130 años, y únicamente para hacernos una idea de la evolución sufrida por los censos en cuanto a la búsqueda de la precisión en la clasificación de la ocupación, señalaremos que en el de 1991, objeto de nuestro análisis, bajo veinte “rúbricas” genéricas, se recogen más de quinientas profesiones distintas, y casi todas ellas concluyen con coletillas como “etc.”, “y asimilados”, “similares”.
Entre ellas podemos encontrar algunas tan curiosas, por lo inusuales sólo diez años más tarde, como el hombre-rana, el campesino, el instalador de telégrafo, o el trapichero.
Los censos de población en Aragón
Dando marcha atrás en el tiempo sería inexcusable por nuestra parte no mencionar el más antiguo y famoso recuento de población en Aragón, el Fogaje de 1495.
Esta primera operación censal “constituye la grandiosa e indispensable operación previa que hace posible la tasación y recaudación de un impuesto extraordinario” que financiará una de las acciones guerreras de Fernando el Católico.
En el Fogaje de 1495 figuraba el nombre, apodo o apelativo de la persona que encabezaba el "fuego", y generalmente también su situación social, profesión o cargo. Dicen los recopiladores del Fogaje que éste refleja también la vida activa de la ciudad de Zaragoza, conteniendo más de trescientos oficios y profesiones diferentes registradas.
Pelayres, pintores, notarios, zapateros, doctores, cantores, papeleros, sastres, maestros, libreros, ermitaños, boyero, barberos, tejedores, cantareros, y un largo etcétera, configuran a su vez el censo de oficios, profesiones o situaciones sociales de nuestros antepasados.
Por ir ya concluyendo esta introducción, necesariamente parcial y escasa, que no pretende otra cosa que situar el análisis de la actividad laboral de la población en los censos a lo largo de nuestra historia, podemos asegurar que en todo momento se procuró investigar esta faceta junto a otros factores sociales y demográficos. A quien estas líneas le hayan provocado el deseo de conocer más le remitimos a un detallado estudio de Jesús Maiso González y Rosa Mª Blasco Martínez, “Las estructuras de Zaragoza en el primer tercio del siglo XVIII”, editado en 1984 por la Institución Fernando el Católico.

El censo que viene. El proyecto del censo de población del año 2001
Según el Proyecto elaborado, se pretende realizar una explotación exhaustiva de algunas cuestiones sociodemográficas de gran interés y actualidad, y en niveles geográficos y conceptuales muy desagregados.
Continuando con lo que es el centro de nuestro trabajo, la actividad laboral de la población, el Censo del año 2001, consciente del interés que tiene el conocimiento de esta materia, supone un avance importante en su investigación y análisis.
Por ello se introducen preguntas acerca de las horas trabajadas, considerando esta variable como básica, de acuerdo con las recomendaciones internacionales en materia censal; también se introducen nuevas categorías en atención a su creciente importancia social, dedicadas a estimar el número de personas que dedican su trabajo, de una u otra forma, a las Organizaciones No Gubernamentales; en el caso de los ocupados se incidirá en el conocimiento detallado sobre la dirección y el volumen de los viajes diarios al lugar del trabajo, el medio de desplazamiento que utilizan, o el tiempo que emplean en esos desplazamientos.

El censo de población de 1991. Características relativas a la actividad.
Será objeto de nuestro estudio la información recogida en el Censo de Población de 1991 referida a la actividad laboral de los aragoneses, así como su relación con el resto de variables sociales y demográficas contenidas en dicho Censo.
En los Censos de Población las características referidas a la actividad tienen una enorme importancia al ir dirigidas a la totalidad de los habitantes, tanto si residen en viviendas como si lo hacen en establecimientos colectivos, al contrario que en encuestas como la de la población activa (EPA), que suelen limitarse a recoger información en viviendas de tipo familiar.
El Censo de 1991 fue el primero en España en el que se procesó en su totalidad la información solicitada a los habitantes y recogida posteriormente. La importancia de este hecho estriba en la completa radiografía que se obtiene de la situación de la población en relación con la actividad, si bien con carácter decenal.
El universo del que partiremos en la disección del fichero censal será necesariamente el de la población de derecho de 16 y más años.



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