9- la escuela lasallista educa en valores Hno. José Ma. Martínez Beltrán



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Quedan muchos otros aspectos por señalar, muchas referencias pedagógicas que hacer, muchas subdivisiones de valores y de etapas educativas por indicar. Pero todo esto ya está hecho y estructurado en numerosas publicaciones. Lo que hemos ofrecido aquí es un inicio de reflexión y de trabajo. Lo demás se podrá hacer o, quizá, seas uno de tantos que ya realiza una educación en valores acertada y creativa


Si es así, enhorabuena.




Lecturas complementarias

Hemos de acostumbrarnos a reconocer que la fauna y la flora de la estimación no son menos ricas que las naturales. Las cualidades de valor son innumerables como las físicas, y el hombre va teniendo de ellas, lo mismo que de éstas, una creciente experiencia a lo largo de la historia. Una de las más sugestivas investigaciones que la nueva teoría inspira es la reconstrucción de la historia como proceso de descubrimiento de valores. Cada raza, cada época parecen haber tenido una peculiar sensibilidad para determinados valores, y han padecido, en cambio, extraña ceguera para otros. Esto invita a fijar el perfil estimativo de los pueblos y de los grandes períodos históricos. Cada uno se distinguiría por un sistema típico de valoraciones, último secreto de su carácter, del que los acontecimientos son mera emanación y consecuencia.18


“Quien siente su vida vacía de sentido, no solamente es desgraciado, sino apenas capaz de sobrevivir”, dijo una vez Albert Einstein. Es un hecho: el hombre sólo puede sobrevivir cuando da una orientación a su vida, y en mi opinión esto es válido, no sólo respecto a la supervivencia del individuo sino respecto a la supervivencia de la humanidad entera.
Está claro que todo eso se reduce finalmente a una cuestión de valores. ¿Existen valores que son reconocidos por grupos enteros? ¿Hay denominadores comunes referidos a lo que hace la vida digna de ser vivida para estos grupos?
Si hay algo que es seguro respecto a esto, sería lo siguiente: solamente sobrevivir no puede constituir el máximo valor. Ser hombre significa estar preparado y orientado hacia algo que no es él mismo. En cuanto una vida humana ya no trasciende más allá de sí mismo, no tiene sentido permanecer con vida; más aún, sería imposible. Ésta es la lección que aprendí en tres años durante los cuales tuve que permanecer en Theresienstadt, Auschwitz y Dachau. Y mientras tanto, psiquiatras militares en todo el mundo pudieron confirmar que aquellos prisioneros que lograban sobrevivir eran los que esta­ban orientados hacia un futuro, hacia una meta en el porvenir, hacia un sentido que pudiera cumplirse en el futuro. ¿Acaso no es esto también válido cuando se trata de la humanidad y su supervivencia?
Si deben ser descubiertos los valores y el sentido que valga para todos, entonces la humanidad, después que hace miles de años formuló el monoteísmo, la creencia en un solo Dios, debe dar un paso más allá y conocer que hay una sola humanidad. Más que nunca necesitamos hoy un “monantropismo”.19
“El fin de este Instituto es dar cristiana educación a los niños; y con este objeto tiene las escuelas, para que, estando los niños por mañana y tarde bajo la dirección de los maestros, puedan éstos enseñarles a vivir bien, instruyéndolos en los misterios de nuestra santa Religión, inspirándoles las máximas cristianas, y darles así la educación que les conviene.”20
“Jesucristo, en el evangelio de este día, compara a quienes tienen cargo de almas con el buen pastor, que cuida con esmero de sus ovejas; y una de las cualidades que ha tener, según el Salvador, es conocerlas a todas distintamente.
Ésta ha de ser también uno de los principales cuidados de quienes están empleados en la instrucción de otros: saber conocerlos y discernir el modo de proceder con ellos. Pues con unos se precisa suavidad, y con otros, más firmeza; algunos requieren que se tenga mucha paciencia, y otros, que se les aliente y anime; a algunos es necesario reprenderlos y castigarlos para corregirlos en sus defectos; y hay otros sobre los cuales hay que vigilar continuamente para evitar que se pierdan o extravíen.
Este proceder depende del conocimiento y discernimiento de los espíritus Esto es lo que ustedes deben a Dios a menudo e insistentemente, como una de las cualidades que más necesitan para guiar a aquellos de quienes están encargados.
...
¿Quieren que sus discípulos practiquen el bien? Practíquenlo ustedes mismos, pues les convencerán mucho mejor con el ejemplo de una conducta juiciosa y modesta que con todas las palabras que pudieran decirles. ¿Quieren que guarden el silencio? Guárdenlo ustedes. No los harán modestos y comedidos sino en la medida que ustedes lo sean”21
“Si quieren desempeñar su ministerio en calidad de ángeles custodios de los niños que tienen que instruir para edificar por medio de ellos el cuerpo de Jesucristo, y hacerlos santos y perfectos, deben procurar inspirarles los mismos sentimientos y los ponerlos en las mismas disposiciones que San Pablo procuraba inspirar a los efesios en la carta que les escribió...”22
Agonía de la moral
Quienes, sobre los escombros del Muro, anunciaron el nacimiento de un nuevo orden mundial, se han equivocado. Los principales cambios pro­vocados por el seísmo de 1989 –unificación de Alemania, explosión de la Unión de República Sovíetica Socialista, guerra del Golfo Pérsico, conflictos varios– no permiten entrever ningún nuevo orden. Al contrario, el mundo se ha vuelto más peligroso, más complejo, se han multiplicado las inseguridades, se han acentuado angustias y miedos. Como dice Vaclav Havel: “creemos que todo es posible, pero que nada es cierto”.
¿Qué caracteriza el mundo de hoy y sus principales líneas de fuerza? Primero: la explosión tecnológica, con una informatización acelerada y el desarrollo de las industrias de la comunicación. Esta revolución reduce distancias, suprime fronteras, achica el planeta; salta las prohibiciones y las censuras, y da origen a un modelo cultural hegemónico. Por reacción, esto suscita crispaciones de angustia que favorecen el renacer de los nacionalismos y de todas las ideologías de identificación con carácter político‑religioso, sobre todo en los países empobrecidos por los cambios en curso.
A esto hay que añadir la rápida degradación del medio, el asalto a los recursos de la Tierra, la explosión de las megápolis, el aumento de las delincuencias ligadas al tráfico de armas o de la droga, la proliferación nuclear... Pero el fenómeno dominante es la mundialización; afecta, sobre todo, a la economía (real y financiera), con efectos positivos y consecuencias negativas: extensión de las zonas de libre cambio, frenesí de la competitividad... Por el camino de esta mundialización, el mercado y sus leyes triunfan como árbitros supremos. La mano invisible rige y regula, despóticamente, no sólo las economías y finanzas, sino prácticamente el conjunto de la actividad humana. Así, todo se convierte en “mercancía”.
Los políticos se olvidan de que la democracia es esencialmente un proyecto ético fundado sobre la virtud y sobre un sistema de valores sociales y morales que dan sentido al ejercicio del poder. En un contexto geopolítico trastornado, cada uno siente intensamente la necesidad de honradez pública. Pero la moral agoniza, y los ciudadanos se preguntan quién dará respuesta a su inconsolable angustia.
El pensamiento único
En las democracias actuales, los ciudadanos nos sentimos oprimidos por la viscosa doctrina que insensiblemente envuelve, inhibe y paraliza el razonamiento. Esta doctrina es el pensamiento único, el único autorizado por una invisible y omnipresente policía de la opinión. La arrogancia e insolencia de este nuevo Evangelio llegan a tal grado que se puede, sin exagerar, calificar este furor ideológico de dogmatismo moderno.
¿Qué es el pensamiento único? La traducción a términos ideológicos con pretensión de universales, de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, sobre todo, del capital internacional. Sus principales fuentes son las grandes instituciones económicas y monetarias –Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, O.C.D.E.– quienes por su financiación dominan en todo el planeta nume­rosos centros de investigación, universidades, fundaciones, que, a su vez, afinan y expanden la “buena nueva”.
Este discurso anónimo lo reproducen los principales órganos de información económica, sobre todo las “biblias” de los inversores y agentes de Bolsa -The Wall Street Journal, Financial Times, The Economist...-, propiedad de grandes grupos industriales o financieros. Facultades de ciencias económicas, periodistas, ensayistas, políticos, toman los principales mandamientos de estas nuevas tablas de la ley, y, gracias a los media, las repiten a la saciedad. Tienen en cuenta que, en nuestra sociedad de medios, repetición equivale a demostración.
Principios: Uno, la economía predomina sobre la política. Dos, el capitalismo no puede hundirse, es el estado natural de la sociedad. La democracia no es el estado natural de la sociedad. El mercado, sí. Tres, el mercado corrige las asperezas del capitalismo. Cuatro, la moneda fuerte es el factor de estabilidad. Cinco, la repetición es una fuerza de intimidación que mata todo intento de reflexión libre.
Se podría llegar a considerar que los 17,4 millones de parados europeos, el desastre urbano, la precariedad general, la corrupción, los barrios marginales, el desastre ecológico, la vuelta de los racismos, los integrismos y extremismos religiosos, y la marea de los excluidos son simples milagros, alucinaciones culpables discordantes en este “mejor de los mundos” que construye, para nuestras conciencias anestesiadas, el pensamiento único23.
Bibliografía recomendada




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