8o. Congreso de Resiliencia México 2012 Descubrir en la Adversidad el Trampolín del Crecimiento



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8o. Congreso de Resiliencia México 2012

Descubrir en la Adversidad el Trampolín del Crecimiento.

Facultad de Estudios Superiores Iztacala 14,15 y 16 de noviembre del 2012

México, D.F.

Autoras: Lic. Patricia Meza Rodríguez. Escuela Nacional de Artes Plásticas, Universidad Nacional Autónoma de México y Dra. Ascensión Moreno. Facultad de Bellas Artes, Universidad de Barcelona.

El Poder del Arte Ante el Fenómeno del Abuso Sexual Infantil.

Vamos a organizar esta ponencia alrededor de dos temas: la función de la actividad artística en el proceso de reparación de las heridas del abuso sexual en la infancia, y el segundo desde una mirada más personal a partir de la investigación que he realizado titulada Una Mirada Plástica ante el Abuso Sexual Infantil.

El abuso sexual, como cualquier otra forma de maltrato, deja secuelas importantes en el psíquico de las personas que lo han sufrido. Pero… ¿Cómo podemos explicarnos que viviendo una situación traumática similar, como puede ser el abuso sexual en la infancia, el maltrato físico o el psicológico, el abandono, la tortura, etc., hay personas que son capaces de superar esos traumas y de vivir de una forma más o menos armónica e integrada, de trabajar y amar, y de tener hijos y cuidarlos, rompiendo de esta forma con la transmisión intergeneracional del maltrato?

Un concepto que puede explicar este fenómeno es la resiliencia. Podemos definir la resiliencia como la capacidad de las personas para superar y sobreponerse a las situaciones traumáticas. Podemos explicarlo también a partir de una metáfora: si tomamos una masa de pan antes de cocerla y le clavamos el dedo, este se hundirá en la masa dejando en ella una huella profunda, hasta el lugar donde hayamos clavado el dedo. Pero el pan se va recuperando, el agujero que ha creado el dedo, empieza a disminuir y lo sigue haciendo progresivamente hasta que al final queda una leve marca del impacto, pero la masa del pan a recuperado prácticamente su forma original. Esta puede ser una forma metafórica de explicar el fenómeno de la resiliencia humana. Las personas somos como esa masa de pan que podemos recuperarnos del impacto de situaciones traumáticas. Pero no todas las personas se recuperan de la misma manera. No todos somos igual de resilientes. A mejor resiliencia, mayor recuperación. En el caso del abuso sexual infantil, una persona resiliente es aquella que ha podido superar el trauma que significó el abuso.

¿Y qué es lo que hace que las personas sean más o menos resilientes? Revisando las recientes investigaciones presentadas en el I Congreso Mundial sobre Resiliencia, celebrado en París en junio de este año (2012), observamos que una persona resiliente es aquella que es capaz de hablar de sus traumas y que es en ese acto de expresar el que mejora su resiliencia. Sin embargo sabemos que un niño abusado sexualmente no puede hablar de lo que le sucede, porque muchas veces está sometido a serias amenazas y además le supondría tanta vergüenza reconocer ante los demás lo que le sucede, que ésta le impide hablar. Un niño o una niña abusada sexualmente no puede reconocer ante los demás lo que le sucede porque sería reconocer que es alguien “impuro” o incluso “merecedor o merecedora del maltrato”. Evidentemente todo esto sucede de forma inconsciente. El niño o la niña simplemente sienten que no pueden hablar de ello, que tienen que guardar el secreto. Además intervienen otros factores como puede ser la presión de otros miembros de la familia, la amenaza de que nadie les creería, etc.

Solo después de haber realizado un proceso personal hacia la integración del trauma es posible hablar del problema sin que eso suponga un cuestionamiento a la integridad de la persona y a su dignidad.

La expresión metafórica a través de las producciones artísticas son un camino hacia la superación de esa situación traumática a partir de un recorrido simbólico que se realiza mediante las representaciones, que pueden ser plásticas, visuales, dramáticas (teatro), danza, clown, o cualquier otra forma artística.

1. Permiten la expresión de la situación traumática de forma metafórica, de forma que el sujeto se puede desplazar de la primera persona a la tercera. “No hablo de mí, hablo de mi personaje, de mi producción, de mi obra…”

2. Evita la vergüenza que significa hablar en primera persona.

3. Evita la mirada estigmatizadora del resto. Puesto que el sujeto que está creando no habla de él mismo, el resto de personas que ven o escuchan sus producciones y sus relatos, lo hacen desde la comprensión de que se trata de construcciones ficticias. Se trata de creaciones.

4. Y finalmente y lo que es más importante, mejora la resiliencia de esas personas, y por lo tanto, y a la vez, contribuimos a la mejora social, ya que sabemos que el abuso sexual es un problema intergeneracional que si no lo abordamos, se repite generación tras generación.

De esta manera nos quedan de manifiesto algunos conceptos importantes como son un ser que ha sufrido heridas en su infancia, el trauma, el silencio, el peso social y la representación visual del fenómeno del Abuso Sexual Infantil a través de una actividad artística, por tanto tenemos dos vías, una es la función de la actividad artística como apoyo para sanar una situación traumática, en este caso el Abuso Sexual Infantil y la otra el poder de esa misma actividad para dar una postura ante el fenómeno y provocar una reacción para invitar a la reflexión y así iniciar un proceso resiliente.

Al comenzar a recopilar información sobre el Abuso Sexual a Infantes me apasionaba en el mar de información sobre el tema, más constantemente tuve que llevar con tiento esta búsqueda, porque no era ni en la psicología, ni en la sociología, ni en la antropología que estaba realizando la investigación, sino en el arte.

Se preguntarán, así como lo han hecho mis colegas, ¿cómo se puede realizar una investigación del Abuso Sexual Infantil desde el arte? ¿es esto posible?

Antes de tener un feliz encuentro con el concepto de Resiliencia y con Boris Cyrulnik, tenía muy claro en mi cabeza, que el arte sí tiene los mecanismos y los discursos que permiten realizar investigaciones de fenómenos sociales que atacan a nuestras sociedades, esto, porque los quehaceres del arte transitan en el mundo de las subjetividades, ya que tiene la capacidad de ver aquello que los demás no ven o no quieren ver y no sólo poner el dedo en la llaga sino pulsar tan lenta o tan fuertemente como se requiera a sus fines y nadie podrá oponérsele, porque es arte. Ahora la resiliencia y los textos de Boris me alientan a continuar con lo que he empezado.

Pues bien, la investigación que he realizado no parte desde el estudio del niño, sino desde el adulto que fue víctima de Abuso Sexual Infantil, lo cual hace que la discusión académica y plástica se encuentre constantemente en estos dos extremos de las etapas de vida del individuo, por tanto al hablar del Abuso Sexual “Infantil” no pierdo en ningún momento de vista a este ser adulto que lo sufrió.

Por tratarse del arte, la investigación va más allá de las definiciones, porque en realidad no le compete a éste dar una definición que pueda ser descriptiva, lo que si es de su competencia como ya mencioné, es el mundo de la subjetividad para desde ahí dar un punto de vista, su visión plástica como aporte para contribuir a encontrar un camino que permita sino resolver por lo menos lograr avances en cuanto al estudio del fenómeno del Abuso Sexual Infantil.

Por tanto el objetivo principal de la investigación es la intimidad del hecho en el individuo, no para tratarlo como hecho aislado sino se exhorta a la reflexión de la ruptura del silencio para lograr un sanación y sólo entonces lograr una trascendencia para la transformación y combate del Abuso Sexual Infantil como fenómeno social.

A partir de esto realizo propuestas visuales con la intención de que lleven al espectador a la reflexión, y en caso de haber sufrido Abuso Sexual en su Infancia, romper con el silencio de ese hecho. Para a su vez romper con el silencio social que a lo largo del tiempo se ha vuelto complice.

Encontrarme con el concepto de Resiliencia en mi estancia de investigación en la Universidad de Barcelona a través de la Dra. Ascensión Moreno ha sido algo más que un feliz encuentro, ya que la Resiliencia ha sido el engrane que necesitaba para que embonaran todas mis piezas de la investigación.

Gracias a ello ahora tengo una relación intensa a través de sus lecturas con Boris Cyrulnik, lo siento como una brújula en mi investigación, me ha permitido darme cuenta que el trabajo que he venido realizando está repleto de Resiliencia, hacia donde dirija mi mirada ahí está.

En el documental Los monstruos de mi casa1, que justo trata sobre el Abuso Sexual Infantil, Boris comenta que muchos de los escritores, cineastas y artistas han sido infantes resilientes, porque han encontrado refugio en lo imaginario para poder sobrevivir al horror de lo real.

Lo que sostiene mi argumento, de que los artistas no nos encontramos inmunes ante el Abuso Sexual Infantil, porque formamos parte de la misma sociedad que esta siendo violentada por el fenómeno Social del cual aquí les hablo y que no sólo podemos contribuir hacia los otros, sino que conscientemente podemos hacer de los procesos creativos nuestros propios procesos de Resiliencia.

Tanto en esta ponencia como en mi investigación, no le estoy dando un enfoque terapeútico, como bien lo podría hacer la arteterapia, sino como una postura en contra del fenómeno del Abuso Sexual Infantil y como una exhortación a romper los silencios personales si se ha sido víctima de Abuso Sexual en la Infancia a través de mis propuestas plásticas en la instalación.

Cuando en la infancia no se habla este suceso violento o si se hace y no se le cree, el individuo crece con el secreto llevado a cuestas, puede pasar por todos y cada uno de los procesos del desarrollo humano, esto es adolescencia, juventud, edad adulta y vejez, pero ¿qué sucede entonces con este secreto? se guarda silencio, no se puede saber en que porcentaje la experiencia de la Violencia Sexual Infantil se calla para sí mismos y en cuanto, se tiene presente en su vida, pero no con la sociedad, convirtiéndose en un secreto a voces.

Boris Cyrulnik2, comenta que una víctima de violencia al hablar frente a otros de lo sucedido, se vuelve algo así como un monstruo, es decir, la víctima antes de romper su silencio de la agresión recibida, no puede hablar, de igual forma la gente no puede escuchar los grados de violencia de la humanidad.

He ahí el poder del arte ante el Abuso Sexual Infantil, éste tiene una y mil maneras de decir lo que quiera y cuenta con la virtud de ser escuchado, porque muy pocos son indiferentes ante sus expresiones.

El arte no tiene un lenguaje, tiene tantos como le sean necesarios, porque él los construye, tiene la capacidad de identificar los signos culturales que necesita tomar para a su vez construir un discurso de acuerdo a lo que quiere expresar, transmitir y provocar. Hace uso de la información para provocar una reacción.

Es por ello que el arte puede ahondar en el fenómeno del Abuso Sexual Infantil con la misma seriedad que las investigaciones y explicaciones que nos dan la psicología, la sociología, la criminología e inclusive el estado mismo. El arte tiene la flexibilidad de hacer uso de otras disciplinas, para ir formando su expresión, no tiene límites rígidos de los cuales no le sea permitido salir.

El poder del arte radica en descubrir más allá de lo evidente, traspasando las cortinas de las apariencias sociales, evidenciando lo encontrado con su propio discurso visual, no pactando con los lenguajes del estado y sus instituciones, ni con los discursos sociales, aunque bien pueden hacer uso del arte para difundir su lenguaje en beneficio de sus conveniencias.

Lo que hace el arte es tomar las emociones de esos seres víctimas de violencia sexual en su infancia, dándoles una forma artística que le permite relacionarse valiéndose de la empatía con otras víctimas, pero también con aquellos que no lo fueron, de esta manera el arte puede tener un alcance en lo individual y en lo social.

Debo decir con toda claridad que no planteo realizar una poética del Abuso Sexual Infantil por medio del arte, porque hacer esto, transformaría este fenómeno social en algo espiritual y sublime, velando no sólo la violencia bestial que en él se encuentra sino la responsabilidad que el estado y las instituciones tienen en cuanto al cuidado y protección de los infantes en el mundo.

Tampoco pretendo en nombre de “la libertad” del arte, justificar, el uso del mismo para solapar las conductas pedófilas, ni como forma de vida, ni como expresión visual. Porque en esto también tiene poder el arte.

Pues bien regresando a Boris, este nos dice que no hay vía más eficaz que la expresión artística para empezar a tratar el dolor profundo,3 por tanto es a través de la propuesta visual del arte en este caso particular de la instalación, que se hace una narrativa en tercera persona del relato que se cuenta en el mundo interior de aquella víctima en su infancia de Abuso Sexual, pero que no nos puede decir porque teme nuestra mirada. Esta narrativa, no es biográfica en el sentido estricto, sino que, es una representación sígnica, de aquellos objetos cotidianos reconocibles para las víctimas de Abuso Sexual en su Infancia, de aquellos sentimientos, emociones y temores que las acompañan, estos son resignificados y recontextualizados en un tiempo y espacio de reflexión para el arte, que permiten a través de éste, provocar una reflexión en cuanto a romper sus silencios e iniciar así un Proceso Resiliente, porque esta representación sígnica tendrá como resultado la empatía del ser silenciado que aún no habla de ese hecho en su vida, pero que al ver los discursos visuales, esto le puede provocar la sensación que no está sólo, porque sentirá que comparte esa narrativa sintiendo menos la soledad de su dolor.

Si intentara citar casos de supervivientes de Abuso Sexual durante su Infancia, mencionando cuales fueron sus objetos Resilientes que les permitieron tener una afectación mínima, seguramente no me alcanzaría el tiempo de exposición en este Congreso, más esta no es mi intención en la investigación que estoy realizando, sino, que estos seres, estas mismas víctimas, inicien un nuevo Proceso Resiliente, se preguntarán ¿por qué? si ya lograron a través de la Resiliencia sobrevivir, mi mayor interés, es que estos seres ahora en su etapa adulta logren salir del silencio que les ha acompañado toda su vida, primero para sanar la violencia que sufrieron en su infancia mediante alguna terapia apropiada y segundo para que al sanar, se empiece a combatir el Abuso Sexual Infantil en una especie de operación hormiga, si empezamos a tener seres libres del dolor y el silencio, entonces le quitaremos PODER al fenómeno del Abuso Sexual Infantil, porque en realidad no se estará rompiendo el silencio del individuo, sino el silencio social que es el que permite y solapa a este fenómeno para que suceda.

Pero esto no me impide realizar una hipótesis la cual es que pudiésen existir cuatro etapas de Resiliencia o de procesos Resilientes en los seres que sufrieron de Abuso Sexual en su Infancia.

La primera sería cuando la niña o niño está viviendo el Abuso Sexual por parte de un adulto; éste encuentra alguna persona, juguete, mascota, maestra(o), escuela como objetos resilientes que le permiten sobrevivir a lo que le está sucediendo, generalmente en casa o tal vez en la escuela. Para algunos infantes sólo seran objetos resilientes para otros, estos objetos le permitiran tener un proceso resiliente con éxito y tener una vida plena.

La segunda sería cuando a través de los discursos sociales conoce el nombre de lo que le sucedió en su niñez y que tal vez siga viviendo(esto sucede generalmente en la adolescencia por medio de la escuela), nuevamente algún objeto, persona o institución se volveran sus objetos resilientes que le permitiran nuevamente sobrevivir al Abuso Sexual sufrido y en esta ocasión a la presión social.

Tercera, cuando estos niños o niñas son unos adultos, cuando a pesar de haber sobrevivido al Abuso Sexual en su infancia, conserven estragos de la violencia sexual vivida, como el ser individuos introvertidos, inseguros, miedosos, logren romper el silencio de la violencia que recibieron cuando eran unos infantes.

Cuarta y última etapa, una vez sanado ese dolor que llevaron a lo largo de toda su vida, ahora que ya la soledad no es su compañera, que el miedo ha desaparecido, que el dolor profundo ya no existe, encontrar un nuevo proceso resiliente y poder sobrevivir a tener una vida plena, lo cual no es un proceso sencillo, debido a que el sujeto tiene ahora que conocerse como un sujeto libre.

Éste planteamiento me ha ayudado a poder identificar objetos, emociones, situaciones que me permiten fortalecer el discurso visual planteado en mis propuestas artísticas en la instalación, así como comprender mucho más el fenómeno, debido a que, bien se pudieron tener buenos procesos resilientes en la infancia, más esto no es sinónimo de haber sido inmunes al dolor que provoca haber sido Abusado Sexualmente cuando se era un niño o una niña.

Cómo vemos el fenómeno del Abuso Sexual Infantil se da en la subjetividad, así como se dan los planteamientos de los lenguajes plásticos del arte. El poder del arte ante este fenómeno radica en hacer una sintáxis de ambas subjetividades, la del fenómeno del Abuso Sexual Infantil y la de la víctima, logrando así lenguajes plásticos no alejados de la realidad e incomprensibles para quien los contemple, pero además, el arte no sólo presenta discursos visuales para la contemplación sino que genera discursos que provoquen una reacción para quien los vea, motivando así una reflexión de quien observa.



1 http://vimeo.com/10306926 (18/oct/2012)


2 Cuadernos de Pedagogía. Nº393 Septiembre 2009. Nº identificador: 393.011.


3 Idem




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