69 – La curación: en dos etapas


– De invitada a cinco bodas



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80 – De invitada a cinco bodas

El viernes día 15 de abril por la noche era cuando llegaba Julio a Munich. Se quedaría hasta el lunes por la mañana. ¡¡Yujuuu!! Antes de ir a buscarle al aeropuerto, por aquello de llegar con el coche en condiciones, me pasé por una gasolinera para lavarlo. Puf, ¡anda que no tenía porquería el coche!. Lo he lavado por dentro (con aspirador), por fuera, por arriba, por abajo...

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El sábado por la mañana al levantarnos lo primero que hice fue contarle a Julio el sueño que había tenido:


Aquella noche había soñado con una chica que se casaba en el mismo día, cinco veces. Yo era una de las invitadas a LAS bodas, y el caso es que después de cada boda había banquete, y cuando nos queríamos dar cuenta estábamos asistiendo a la siguiente boda en la que la novia (la misma) se casaba con otro vestido y con otro novio, y después había banquete de nuevo. Así, hasta cinco veces... yo en el banquete de la última boda ya estaba empachada de tanto comer y me entretenía oyendo los comentarios de la gente. Una señora comentaba -“Se ha casado tantas veces que la gente ya ni se fija en el vestido con el que se casa...”.

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El fin de semana con Julio ha estado genial: hemos estado de excursión por el lago de Tegernsee, nos hemos puesto hasta arriba de cerveza, salchichas y Apfelstrudel, hemos visto por el centro al famoso jabalí, también a nuestro querido cuarteto Tal Consort tocando en la calle, hemos cotilleao de esto y de lo otro, las siestas no han faltado... Y, lo mejor, lo más importante, también hemos orado juntos, oración de esa con quebrantamiento, con lloros, oración en lenguas, imposición de manos, peticiones por muchas personas. ¡Ah! la canción del retiro Mayo-2005, ha sido esta de Betania que dice:
“Se oyen trompetas en Jericó, se oyen trompetas en tu corazón. Al son de trompetas las murallas caerán...”.

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Yendo de camino al Löwenbräukeller, dónde nos dirigíamos, cómo no, a tomar salchichas, pasamos por el Patentamt, el edificio dónde yo trabajo. En ese momento sonaba en el coche de nuevo la canción “Se oyen trompetas en Jericó,... Al son de trompetas tus murallas caerán, al son de trompetas.... ”. Y le dije a Julio “Mira, algún día también caerán las murallas del Patentamt, como cayeron las de Jericó”.

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81 - Habemus Papam

Lunes, 18 de abril. Hoy al grupo ha venido Elena. ¡Qué bien! Elena es amiga de Marta y las chicas, y ya la habíamos invitado un montón de veces a venir al grupo. Pero hasta hoy no había venido. Y luego, ¡atención! ha llegado Marta con un chico que se llama Erick, y traían una guitarra dentro de una funda (no era la guitarra que me había dado la hermana Vicenta, puesto que ésta estaba dentro del armario). El caso es que Erick ha sacado la guitarra y con el cancionero que le sujetaba Marta al lado se ha puesto a acompañar las canciones que cantábamos y ¡Qué bueno! Parecía como si ya se supiera las canciones, incluso antes de tocarlas.


Elena luego nos ha desbordado con un don de lágrimas.

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19 de abril de 2005-04-19
Cuando he salido de la oficina me he ido a una Iglesia en la que daban misa a las 18:00. Y allí me sumí en complicadísimas cavilaciones sobre cual sería la dosis eucarística semanal que mi cuerpo necesitaba, ¿3, 4 a la semana? ¿más?... Ignorante estaba yo por completo a lo que pasaba en el resto del mundo...

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Ya de vuelta en casa, después de un rato de pulular por aquí y por allá:
¡RING, RING!
Yo - ¿Hola?

El otro - Niiiña

Yo - Chuuuuss, hola Chuussss, ¡eres Chus!

Chus - Qué estoy aquí con Clara y te llamamos desde su móvil para felicitarte

Yo - ¿A mí, por qué? ¿Qué he hecho yo ahora?

Chus - ¿Cómo que qué has hecho?!, pero ¿no estás viendo la tele? Entonces ¿qué haces en casa?

Yo – Ehmmm, pues es que yo no veo mucho la tele...

Chus – ¿Y no te has enterado de que ya tenemos Papa? de tu Tierra, el bávaro

Yo – ¿¿Quééééeee??!!!, ha salido el bávaro!!!, ¿de verdad? Yujuuuu!!!!

Chus – Sí, hombre, espera que te paso a Clara

Yo – Clarita, hooolaa...

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Hoy miércoles en la oficina no he hecho más que intercambiar e-mails y hablar por teléfono y es que... me sentía de repente tan contenta por lo del Papa. En la oficina todo el mundo hablaba de lo mismo, y la gente decía un montón de tonterías, que si “Fulano lo conoció porque fue con él al colegio” que si “”...bla, bla,... porque su pueblo está cerca de dónde yo bla, bla..., pero yo hubiera preferido un Papa africano,...”. Pero yo me encontraba radiante, invadida de una alegría desbordante. Es como si Jesús se hubiera colado a través de las murallas del edificio del Patentamt y ya estuviera dentro. Y yo tan feliz. Al menos por un día no me sentía un bicho raro, sentía que los bichos raros eran todos los demás...Y el pensar que era un Papa que había estudiado Teología aquí en Munich, y sido obispo de Munich-Freising y,... un Papa tan cercano... Entonces me he bajado al quiosco y he comprado un periódico, el Süddeutsche Zeitung. En la portada estaba nuestro nuevo Papa en una gran foto a todo color, super guapo. La he recortado y la he colgado llena de orgullo, ¡PAF!, en toa la pared. Y como dice Use mi profesor de baile: “¡Y QUE SE MUERAN LOS FEOS!”.
“...SUENAN TROMPETAS EN JERICO; AL SON DE TROMPETAS LAS MURALLAS CAERAN; AL SON DE TROMPETAS SE DERRIBARAN”
Luego a la hora de la comida, aunque estaba lloviendo me he cogido el metro y en tres estaciones estaba en Marienplatz. Me he comprado una salchicha y me la he comido de camino a la Frauenkirche, la catedral. Parece ser que la noche anterior se había llenado la plaza de la catedral de cámaras y periodistas. Y todavía quedaban algunas cámaras por allí. Yo me he entrado dentro y me he estado un ratito allí. Siento a este Papa tan cercano, como que va a ser mi amigo. “Señor, gracias por este Papa”.

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82 – La Comunidad de Munich ya tiene nombre

Hoy es lunes, día 25 de abril. En el grupo, cómo siempre, muchas sorpresas. Y es que en este grupo nunca sabes quién va a venir, si vendrá alguien nuevo, si traerá alguien guitarra, si sabrá alguien tocarla...


Esta vez llegaron al principio Daniel (que está pasando unos días en Munich porque tienen que operar a su papá), Hans, Miriam, Imelda y Matthias, y luego han llegado Erick y Marta con guitarra. En un momento de la oración, así de repente le coge Daniel la guitarra a Erick y se pone a tocar con un brío alucinante una canción que se llama “Como el padre me amó”.(O sea que Daniel ¡también toca la guitarra!). Y luego siguió Erick acompañando... Y ¡qué alabanza tan bonita! Luego llegó la sorpresa semifinal, ha llegado un chico nuevo que luego se ha presentado. Se llama Armando... y resulta que venía porque se lo dijo uno de su clase que bla, bla,...
¡Aj! No me lo podía creer. Resulta que un día, hacía un par de semanas, salía yo con las chicas de misa, y volviendo de camino al metro venía un chico a nuestro lado; y va Marta y me da un codazo – “¿Por qué no invitas a éste a venir al grupo?”. Y yo así como con desgana lo invité, pero así como el que tira publicidad en un buzón... Pues mira por dónde aquel chico no había venido al grupo pero se lo había comentado a este otro que sí había venido. Bueno, la verdad es que yo flipo con las maneras del Señor... ¡Qué grande es el Señor!

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Cuando salgo por las mañanas para ir a trabajar tengo que atravesar el parque que está al lado de mi casa. No tardo más de cinco minutos en atravesarlo pero me sirve para llenarme de Dios para toda la mañana. Y oír cantar a los pajarillos a esas horas es todo un espectáculo. Son como mis Laudes. Y además ahora que llega poco a poco la primavera mi parque se está poniendo precioso, cambia a ojos vista, parece que cada día que pasa se multiplican las hojas y el verde se intensifica más y más. Este jueves vi a un pájaro (no sé cual porque soy malísima para identificar la fauna) que estaba jugando a perseguir una ardilla. ¡Qué monos los dos corriendo y volando de árbol en árbol! Y yo ahí mirándolos como embobada. De buena gana me hubiera subido al árbol a jugar con ellos.

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El sábado hacía un día precioso. Me levanté super pronto, e hice los Laudes atravesando mi parque. A estas horas, cuando todavía no ha llegado nadie a molestar a los animaluchos, mi parque es un paraíso.
Y luego cogí el metro, llegué hasta Karlsplatz y desde allí fui andando por la calle peatonal hasta la catedral. Las calles estaban casi vacías, todavía no habían abierto las tiendas y aunque había ya cierto movimiento se paseaba tan a gusto por allí, con un sol ya muy luminoso pero que todavía no dañaba. Yo andaba en busca de una misa. Sabía que en la Frauenkirche había misa a las 9 de la mañana. Pero yendo para allá dudé de si ir a otra iglesia (“La catedral es demasiado grande, quizás demasiado impersonal”), pero como se me echaba el tiempo encima y no sabía a qué otra iglesia ir, pues seguí hasta la catedral. Llegué allí, entré, y ¡sorpresa! Resulta que la misa no era en toa la catedral sino en una capillita minúscula, la capilla del santísimo. ¡¡Qué chulada!! Y allí no estaríamos más de diez personas celebrando la misa. ¡Qué alegría tan grande sentí!

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Hoy es lunes. Cómo siempre vengo medio borracha del grupo. ¡Qué pasada todo!

Hoy, además de venir de nuevo Daniel y Armando ha venido una chica nueva, una chica italiana, Natalia; italiana ella, de Italia. Cómo os lo digo, no doy crédito, debe ser la décima nacionalidad que tenemos en el grupo. Y no debe tener ni 25 años, y... no se lo digáis a nadie pero después de leer una profecía que me habían mandado por e-mail yo me he puesto a orar en lenguas y la he oído a ella también que estaba a mi lado. Sí, seguro, os digo que no era italiano, eran lenguas...


Y después con Erick y Marta y la guitarra, y Miriam que también estaba... ¡Qué bien todo!. Al final ha salido el tema de lo del Alan Ames y Armando nos ha contado que él ya asistió una vez hace un par de años cuando vino Alan Ames a la misa de sanación, y que a Armando se le había curado un dedo de la mano que bla, bla,...
Vaya, me pregunto qué pasará cuando vayamos nosotros está vez en Pentecostés. ¿Qué nos tendrá reservado el Señor para ese día?. Puf, viniendo del Señor podría ser cualquier cosa... ¡Qué intriga!

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No estoy segura, pero creo que la Comunidad de Munich ya tiene nombre. Yo me he preguntado alguna vez cual sería el nombre que el Señor nos daría y cómo nos lo daría. ¿Lo soñarían dos a la vez del grupo? ¿Lo leería alguien en la Biblia? Seguro que nos daría algún nombre en hebreo o arameo o,... en fin, por imaginación que no quede.
El caso es que yo ya hacía mucho tiempo que no pensaba en ello pero este lunes pasado, Armando dijo algo en el grupo a lo que en principio no di ninguna importancia. Pero luego por la noche me desperté de repente y me vino al corazón aquel comentario de Armando, con el que el Señor parecía revelarme cuál era el nombre del grupo. Y en ese momento sentí mucha alegría en el corazón. Primero porque el nombre me encanta, segundo porque sentía que en realidad no podía ser otro y tercero porque era tan absolutamente sencillo y fuera de filigranas que tenía la certeza de que llevaba la firma del Señor.
¡Aj! pero no sé. Quizás me sugestiono con mucha facilidad. Bueno, quizás el Señor mande confirmación.

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Cuando era todavía muy pequeña y empecé a ser consciente de que me llamaba Raquel, como no conocía ninguna otra Raquel que fuera persona mayor (alguna otra Raquel que conocía eran también niña) pues pensaba que el nombre de Raquel era un nombre de niña y que me lo habían puesto de forma provisional. Y que luego cuando creciera y me hiciera mayor me lo tendrían que cambiar por uno normal, por un nombre de mayor. Con mi hermano el pequeño pasaba lo mismo. Le habían puesto Daniel, que era claramente también un nombre de niño. Así que a ver cómo arreglaban mis padres este problemilla. Con mi hermano el mayor este problema no existía puesto que le habían llamado Javier. De momento le llamaban Javierín. “Digo yo que cuando crezca bastará con quitarle el “erín”- pensaba yo:
El caso es que los años pasaron y tanto yo como mi hermano Daniel nos seguimos llamando igual. Nadie nos cambió el nombre. ¿Pasaría lo mismo con la Comunidad de Munich?

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83 – “Caracoles del Señor, Bendecid al Señor...”

Ayer jueves, era feriado en Munich, porque aquí el día de la Ascensión se ha respetado. En la misión católica celebraban hoy comuniones en la misa de las 11 en español.


Ha amanecido un día bastante chunguito. No obstante, me he vestido bien con jerséis y antes de ir a misa me he dado una vueltecita por mi parque. ¡Qué bonito es mi parque!. He tomado un caminito que no suelo tomar y en el suelo he visto un caracol. “Pobre, pero ¿qué haces aquí en el medio del camino? ¿No ves que en cuanto llegue la gente te van a pisar? Así que lo he cogido por el caparazón, y mientras el caracol se metía rápido a su casa asustado, lo he llevado al borde del camino y allí lo he soltado. “Quédate ahí y no cruces el camino que si no te pisan”. Y luego he visto otro cerca. “Pero, bueno ¿qué os pasa hoy a todos?” Y lo he cogido y lo he llevado con el otro. Y luego ya he seguido por el parque canturreando -“CA-RA-CO-LES DEL SE-ÑOR; BEN-DE-CID AL SE-ÑOR; CA-RA-CO-LES DEL SE-ÑOR; BEN-DE-CID AL SE-ÑOR, CE-LE-BRAD AL CRE-A-DOR; POR LA E-TER-NI-DAD; CE-LE-BRAD AL CRE-A-DOR...”

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La iglesia estaba abarrotada por lo de las comuniones. Hoy no podía ni sentarme por la zona por dónde me suelo sentar porque estaba reservado para los familiares... Y toda la gente estaba muy elegante La misa ha sido muy bonita. Y las palabras de Jesús al final del Evangelio (¿las últimas antes de ascender a los cielos?) casi me hacen llorar: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”.
Parece que las chicas del grupo no estaban. Pero sí que estaba Daniel. Me ha salido al encuentro para que me sentara con él en el banco. Daniel estaba también bastante elegante, con una chaqueta – “Vaya” (y es que yo no me había venido muy acorde para la ocasión).
Después de misa me vine para casa y empecé a prepararme algo de comida. Estaba algo triste pensando que “Aj, ¡estoy más sola que la una!. Y cuántas fresas tengo, y para mí sola,... snif, ¡qué triste! Anda, y ¿por qué no llamo a Marta?. A ver que tal está. Hace tiempo que la quiero llamar. Quizás tenga tiempo de venir a comer conmigo...” Así que la llamé al móvil. Marta – “...Raquel... ¡qué sorpresa! Sí, estoy aquí con Miriam, alabando al Señor en el autobús porque como llovía tanto no sabíamos donde ir. Yo – “Anda, y ¿por qué no venís a casa y, mientras, voy preparando yo para comer?”. Ellas – “Síiii, qué bien...”
En casa estuvimos comiendo. Marta, todo el rato con el cancionero al lado del plato. No hacía otra cosa que alabar al Señor, mientras Miriam me contaba la desesperada situación por la que estaba pasando.... Y yo, después de aventurar un par de frases no sabía muy bien qué aconsejarla - “Y ¿qué te ha dicho Marta?”. Y Miriam - “Nada, no me ha aconsejado nada. Bueno sí, me ha dicho que escuche y siga a mi corazón”. Y yo - “Pues Marta tiene razón, eso es lo que tienes que hacer”. No obstante Miriam se ha desahogado un poquito y después del postre, como ella se tenía que ir antes, nos hemos ido al sofá de orar y hemos estado orando por Miriam, mientras ella seguía deshaciéndose en lágrimas... Luego la hemos acompañado al metro y a la vuelta con Marta, atravesamos de nuevo el parque y hemos salvado a OTROS TRES CARACOLES.
“CA-RA-CO-LES del SE-ÑOR, ben-de-cid al Señor...”
En casa hemos puesto un CD de Betania y nos hemos puesto a cantar. Yo en algún momento empecé a quedarme dormida. Estaba en la gloria, con la música de Betania y la voz celestial de Marta cantando a mi lado. Pero al acabar el CD, Marta tuvo que interrumpir mi descanso porque se tenía que ir. La acompañé un ratito andando con el paraguas. No sé por qué salió la conversación y le dije a Marta que creía saber cual era el nombre del grupo. Y le pedía que estuviera atenta a ver si el Señor nos lo confirmaba. “¡Ah, qué día tan delicioso!. Gracias, Señor, por esta compañía tan agradable que me has mandado hoy”.

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84 – La confirmación de Karola

Hoy domingo, día 8 de mayo estaba invitada a la confirmación de Karolilla. Karola es la chica más joven de mi grupo de baile. Hace tres años cuando hicimos por primera vez el espectáculo del “Amor brujo” ella era “la niña” y es que tenía solo 13 añitos. Ahora ya no es tan niña pero, sigue igual de alegre y. siempre ha sido muy cariñosa conmigo y en cuanto me ve se me cuelga del brazo. En ocasiones también ha tenido la confianza de contarme algunas cosas más personales. Bueno, y con todo pues la tengo bastante cariño. Y ya me había dicho hacía tiempo que me invitaba a su Confirmación. Yo que lo oigo - “A su confirmación, o sea que también es creyente, hay otra creyente cerca de mí en el grupo de baile! Quién me lo iba a decir, la Karolilla”. Pues sí, resulta que es evangélica y para colmo me contó que había tenido que luchar mucho con su mamá para que le dejara hacer la confirmación. Yo, flipada (a los 16 años yo andaba pensando en cosas muy distintas). Y me contaba que ella notaba que a los colegios que había ido que estaban ligados a la iglesia siempre había notado mejor rollo y de todo. “Ante un argumento así, a ver quien le dice nada”- pensaba yo.


Y el caso es que era este domingo. Yo era la única del grupo de baile a la que había invitado y con excepción de su mamá y su papá a los que conocía de vista, pues no conocía a nadie más. Pero no sé por qué (supongo que por lo religioso del evento) yo iba super contenta. Hacía bastante frío. El día anterior por la noche (¡Glups!) me di cuenta de que tendría que ir un poco arreglada y que no había pensado en ello... - “Señor, no ves que cómo paso de todo ya no tengo nada que ponerme”. Pero el Señor, sacó milagrosamente del armario una falda y una chaqueta que no parecían mal para la ocasión y también abrigaban, porque hacía un frío... También había decidido ir hasta la iglesia en coche, a pesar de que yo en coche soy un peligro porque todas las autopistas y anillos me parecen iguales, y para aparcar soy también bastante torpe. “No importa, el Señor viene conmigo y me va a guiar”.

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Saqué el coche y después de mirar el mapa unas 5 veces para memorizar el camino en la cabeza salí del garaje. Después de un par de minutos de trayecto - “Bien, por aquí salgo al Mittlererring (una especie de M30), aquí giro a la derecha..., un momento , ¡NOOOOOO!, NO era a la derecha. ¡MAL!. Pero, atención, a la izquierda puedo todavía hacer una pirula, HOPLA, ¡Puf! espero que no me haya visto nadie...”. Pero miré por la derecha y vi que el conductor del coche que estaba parado en el semáforo había sido testigo de mi original (y prohibidísima) maniobra y se estaba partiendo de la risa... “Bueno, yo a lo mío. Aj, parece que ahora sí entro en el Mittlererring y... ah ¡qué bien! Parece que en la buena dirección. Ya sólo tengo que continuar por esta carretera sin dejarme desviar por nada y por nadie por un rato”. Efectivamente, a pesar de que un par de carteles me hicieron dudar, yo nada, firme, todo recto. Y así hasta que llegué a la salida que me correspondía y que distinguí sin problemas. Y luego al poco me detuve para mirar otra vez el mapa, porque las calles ya se hacían pequeñas. Y por fin llegué a los alrededores de la iglesia, y alejándome un poquito pude aparcar sin problemas. Como ya se acercaba la hora, me apresuré. Al llegar a la iglesia pregunté y.. ¡ah! resulta que esa iglesia era católica, que la Evangélica estaba en la calle de al lado. Vuelta a correr hasta que ya llego a la iglesia, que era más bien pequeñita y estaba absolutamente abarrotada. En ese momento entraban los confirmantes desfilando por la puerta. Al poco vi a Karola “Hey Karola, hola”. (Buah, ¡qué guapa estaba! con aquella flor en el pelo y todo) – “Karola ¿dónde está el banco?, ¿dónde me siento?. Y ella – “En el segundo de la derecha”. Así que me hice paso entre la multitud hasta distinguir el banco donde estaban sus papás. “Hola, ¿qué tal? y en seguida me hicieron sitio en el banco. La mayoría de los invitados llegaban directamente al convite pero yo le había pedido expresamente a Karola que me dejara asistir a la ceremonia. Ya en el banco, tenía a un lado a su mamá, que se llama Laura y a mi izquierda a un señor con bigote de aspecto muy simpático. Resulta que el señor hablaba castellano, (con acento sudamericano) y que era el padrino. La madrina, era la mujer que estaba sentada a su lado, una mujer muy elegante que dijo ser mejicana. Al poco descubrí también que ella era católica. “Ah, ¡qué bien! yo también”.
La ceremonia me gustó mucho. Como era evangélica pues yo tenía curiosidad en ver cómo transcurría todo y qué hacían. Predicaron un pastor y una pastora. Además, antes de las confirmaciones tuvo lugar el bautizo de Karola. Porque, atención, para Karola era ¡bautizo y confirmación el mismo día!. Yo flipaba, esto no lo sabía... Durante el bautizo estuvieron los padres y los padrinos a su lado, y luego volvieron al banco y Karola con el resto de los confirmantes. Yo, a pesar de encontrarme a mis anchas en la iglesia, empecé de repente a notar tensión. Y descubrí que el foco de tensión venía porque,... Sí, era por Laura, la mamá de Karola que estaba a mi izquierda. Se la notaba inquieta y que no estaba a gusto. Le faltó tiempo para soltar: “Yo, es la primera y la última vez que piso una iglesia”. Y yo le contesté – “Ah, eso no lo puedes saber...”. Pero no insistí. En lugar de eso, mientras imponían las manos a los chavales, que iban pasando y arrodillándose ante el pastor por turnos, pues yo empecé a orar en silencio. Por Karola, por todos aquellos chavales,... pero también por Laura. “Señor, perdónala, no le tengas en cuenta, tú sabrás por qué. Señor, que se sienta a gusto aquí en la iglesia y en la celebración el resto del día...” Y sin que ella se diera cuenta (ella no hacía más que mirar la hora y frotarse las manos y las piernas porque decía que tenía frío), yo la imponía las manos mentalmente... La ceremonia después de un par de charlitas acabó. Laura seguía diciendo todo el rato que tenía frío.
Luego, ya con los coches, fuimos hasta la casa de Karola, y allí fui conociendo a los otros familiares y amigos de Karola. Su familia es muy interesante porque la madre, Laura, es de origen chileno y salió del país cuando la dictadura. Y vivió en Méjico dónde conoció a su marido, que es alemán y por aquella época estaba trabajando allí en Méjico. Y parece que Karola nació allí, pero luego en seguida se vinieron a Alemania. Pero vamos, que con todo esto, pues en la familia había alemanes chilenos, argentinos, mejicanos.... En cualquier caso yo me encontraba super a gusto allí. La familia de Karola me parecía muy educada pero para nada distante, al revés me inspiraban respeto y a la vez cariño y confianza. Después de tomar una cervecita nos fuimos hacia donde el bufete. Yo ayudé a poner un par de cosas, más que nada por acercarme un poco a Laura (la noté ya más relajada y yo ya no sentía tensión al acercarme a ella). Buah, y es que ¡menuda paliza se había dado la pobre Laura a trabajar! Y cuántas cosas ricas había preparado. Yo me serví y mientras comía charlaba con la gente y me sentía super bien. Después estuve jugando con los niños, y luego vinieron más amigos, unos Argentinos... Y estábamos en la salita cuándo de repente oímos unas guitarras que provenían del salón. Y Karola – “Ah, sí, se me había olvidado, deciros que dos músicos chilenos amigos de mi madre vienen a amenizarnos con música en vivo. Así que yo me levanté y me fui para allá. Yo en cuanto vi a los dos guitarristas, y les oí cantar. “Yo los conozco. Pero ¿de dónde?” Y entonces caí... Claro, aquellos dos músicos habían tocado en la Misa Criolla. A la que había ido justo antes de Navidad, en la Mattheus Kirche (ver capítulo 32). Sí, y qué bien tocaban y cantaban... En esos momentos estaban deleitándonos con unas canciones de Chile... Y al poco se arrancan a tocar una Sevillana. “Venga Karola, báilanos, baila la sevillana con Raquel” (Porque a esas alturas ya todos sabían que yo era amiga de Karola a través del grupo de baile).. Y yo –“¡Ay, madre! ¿no me harán bailar aquí delante de todo el mundo? Con lo cortá que soy yo pa esto”. Pero enseguida salió otra chica más lanzaíta que yo y se puso a bailar con Karola. “¡Uf!, menos mal”. Pero después de un par de canciones más de folklore chileno, en las que salieron también Laura y otra señora a bailar con un pañuelo en la mano, empezaron de nuevo, “Que toquen otra sevillana y que la bailen Karola y Raquel”. Y yo – “Ay, madre, otra vez...”. Y ya veía que no me iba a librar (“Mira Raquel, no pasa nada, no te hagas de rogar, sal y baila con Karola que estamos en familia”). Así que, me quité la chaqueta y los zapatos, para no rayar el parquet, y nos marcamos unas sevillanas allí la Karolilla y yo de muerte. Y toda la gente “Ooole, oooole” (¡a ver que iban a decir!).
Aj, ¡qué risa! ¡qué bien me lo pasé!. Luego de vuelta en el coche mientras me dejaba de nuevo guiar de vuelta a casa iba dándole gracias al Señor por aquel día por lo bien que me lo había pasado y por aquella gente tan maja que el Señor había puesto en mi camino.

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85 – El Secretario cambia los planes

El lunes 9 de mayo la salita dónde oramos parecía el camarote de los hermanos Marx. Al principio estábamos Marta, Miriam y yo. Y al poco vinieron Iliana y Erick y empezamos a practicar con la guitarra algunas canciones. Jo, flipo, ¡qué bien le sale a Erick! es increíble lo bien que nos sigue... Y al poco aparece Hans con un cuadro, ¡qué había pintado él! Era un Cristo y además lo traía para que se quedara allí de decoración en la salita. ¡Qué chulo!. Y luego, mientras seguíamos practicando con otra canción apareció,.. Fritz, el Párroco alemán de la iglesia (¿atraído por nuestros cantos?). En cualquier caso ¡¡Qué sorpresa!! Y atención, entra, se nos acerca y de pie nos dijo en alemán algo que podría traducirse así – “Es un honor y una gran alegría para mí tener un grupo tan espiritual en esta casa”. Y entonces nos dio la bendición y sin mediar una palabra más, tal como vino se fue. Nosotros, flipaos, cuando ya salimos de nuestra sorpresa seguimos practicando con la canción de “Como el padre me amó, yo os he amado...” (en honor a Daniel). Y luego, otra sorpresa, apareció Bibiana con otra chica. (Bibiana, ¿os acordáis? del principio del todo cuándo me reunía a orar con ella y Sandra). Esta visita ya me gustó un poco menos. Y es que dijeron que pasaban a “saludar” y que ya volverían otro día para la oración. (“¿Por qué narices tiene que venir nadie a saludar a un grupo de oración?”). En fin, yo ya notaba el corazón revueltillo por esta última visita. Lo que delataba unos rencorcillos que tenía yo por ahí mal curados... Pero de alguna manera me tranquilicé durante la oración.


Pero ya de vuelta en casa, me saltó toda la furia por lo de la visita de Bibiana. “Sí es verdad que quiere venir al grupo, yo no se lo voy a impedir, eso sí, yo ya no me voy a reprimir ni a callarme más las cosas. Vamos a empezar por escribirle un e-mail y recordarle que tiene desde hace casi un año, el libro y el CD aquel que me tomó prestado. Si me los devuelve entonces podremos seguir hablando de otras cosas...”

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Y entre pitos y flautas se iba acercando la fecha de Pentecostés. Y no me explico todavía cómo fue pero el caso es que “el plan” pegó un giro de 90° en la última semana. Resulta que lo del Alan Ames en Munich era el lunes y martes (días 16 y 17 de mayo). Y yo ya me había enterado de que los de Maranatha, Caná, etc. estaban organizando algo para el sábado de Pentecostés, el día 14, por Conde de Peñalver. Aparte, el grupo de mi hermano Javi en Alcorcón celebraba el retiro de efusión justo ese fin de semana. Cristóbal y mi hermano ya me habían comentado alguna vez la posibilidad de que yo diera testimonio en su grupo, durante el seminario de las siete semanas que estaba teniendo y no sé porque pensé yo que si iba allí el fin de semana pues podría ser una buena ocasión. Así que sin tener muy claro a dónde iría (los acontecimientos por sí solos me guiarían) llamé por teléfono y conseguí un billete baratito para pasar el fin de semana de Pentecostés en Madrid y a la vez estar de vuelta el lunes a tiempo para ir con La Comunidad de Munich a lo de Alan Ames.
En cualquier caso yo notaba en mi interior muchas expectativas puestas en aquel Pentecostés. Estaba lo de aquella cicatriz... Sí, lo de aquella cicatriz que me había dejado la Pascua no se me había olvidado; y le pedía al Señor que me curará y liberara definitivamente de aquello.

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86 - Pentecostés del 2005

El jueves día 12 de mayo era cuando volaba a Madrid. Me levanté con toda la tranquilidad del mundo, me duché, me vestí,... todo esto por supuesto con CDs de alabanza inundando toda la casa. La maleta solo la llené a la mitad. Y de un excelente humor me dirigí hacia el metro. Hacía un tiempo espléndido.


En el aeropuerto me sucedió una cosa muy curiosa: me cruce con Heidi, una chica con la que hice teatro hace unos cuatro años. Bueno, lo curioso del asunto es que me la crucé justo cuando estaba pensando en ella (absolutamente extraño porque yo nunca pienso en esta chica). “¿Será esto un signo o se me va la olla otra vez?“- pensé yo. En cualquier caso decidí estar atenta a lo que me decía. Me dijo que cogía también el avión para Madrid. ¡Vaya! la verdad es que no me apetecía nada ir de conversación todo el viaje con ella. Con lo a gusto que voy sola. Pero afortunadamente en el avión fuimos separadas.

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Por las alturas pensaba todo el rato en el Señor y en aquel Pentecostés. Ya le había dicho a mi hermano que si querían podía ir a dar testimonio a su grupo pero no parecía muy entusiasmado. Aparte parece que las cosas para el retiro de efusión aquel fin de semana estaban pendientes de un hilo. La madre de Antonio estaba en un estado crítico y posiblemente se tuviera que posponer el retiro de efusión. O sea que los acontecimientos parecían llevarme a Conde de Peñalver.

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Mientras esperaba las maletas en el aeropuerto de Madrid me volví a encontrar con Heidi. Lo único que me llamó la atención de todo lo que me contó fue que una vez al mes leía las noticias en castellano en una estación de radio local de Munich. “¿En Radio Lora?” – le pregunté yo. Ella – “Sí, ¿cómo lo sabes?”. Yo – “No sé, tengo un amiguete que se llama Ralph que da un programa de Salsa ahí (Jo, ¡Qué casualidad, qué pequeño es el mundo!). Y ella – “¿De verdad que conoces a Ralph? Bla, bla,...”

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Luego ya me fui con el metro para casa, dónde estaba mi mamá esperándome. En casa, después de hablar un rato, me dijo mi madre que le impusiera las manos en el tobillo. Sí, es que desde hace más o menos una semana le dio una tendiditis y ha estado impedida la pobre – “Raquel, ya me he lavado los pies justo antes de que vinieras para que no me olieran y me pudieras imponer las manos“- decía mi madre mientras, sentada en la cama se quitaba el calcetín. Pues nada, dicho y hecho, cualquier excusa es buena para orar. Así que con las manos en su tobillo iniciamos una oración, dimos gracias por poder estar juntas de nuevo y oramos por Pentecostés.
Después me eché una siestecita. Yo aquel día quería estar con mi mamá y como era jueves, el día en que se reúne con su grupo en Alcorcón, pues allí que fui con ella. En el autobús fuimos leyendo en el Magnificat las lecturas del día y al llegar a la segunda nos entró un ataque de risa. Era una lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (22,30;23, 6-11) que cuenta como estando San Pablo declarando ante el Sanedrín se armó la gorda entre fariseos y saduceos. Y al final acaban todos a gritos y puñetazos. Jua, jua, jua, ¡qué risa! Al final se tiene que llevar la guarnición a San Pablo antes de que lo hagan pedazos.
En el grupo, durante las peticiones me salió pedir por que el Señor nos llenara de bendiciones en aquel Pentecostés y que nos trajera a cada cual lo que más necesitara (¡de nuevo! Mi corazón estaba pidiendo a gritos algo para aquel Pentecostés). Luego nos trajeron a casa Antonio y Matilde en coche y por el camino íbamos haciendo bromas y riéndonos.

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El viernes día 13 de mayo, pasé un día absolutamente precioso, fue uno de esos días que vives cómo un regalo desde que empieza hasta que acaba. Y me sentía con el corazón super abierto y, presentía que en aquel Pentecostés iban a suceder cosas maravillosas.
El día empezó yendo a misa a la Inmaculada a las 10 de la mañana, lo cual me inyectó ya de alegría. Luego al volver me fui con mi madre a comprar y después de traer el carrito me fui corriendo a buscar a Nieves y Jorgito (mi sobrino) que me estaban esperando en su casa. Buah ¡Qué alegría ver a Jorgito!. Se acababa de hacer caca en los pañales así que hubo que cambiarle primero. Pero, ¡qué mono!. Le han rapado el melón y ya no tiene ricitos, pero está muy rico igual.
Y después de jugar un rato nos bajamos a la calle y por el camino compramos vino y una tarta para la comida en casa de mi madre. Nieves me habló de la visita el fin de semana pasado, junto con Cristina y Cristóbal a las clarisas de Lerma. Y es que resulta que la hermana de Cristina está allí. Ahora se llama Sor Clara de Cristo. Parece que aunque no me conoce personalmente se enteró por Cristina (que sigue fielmente mi trayectoria por los testimonios) de lo de mi conversión y me quería escribir. ¡Ojala que me escriba! Entre tanto Nieves me iba contando más cosas de la visita y yo flipaba con todo.
Luego en casa, mientras comíamos, seguíamos hablando de eso. Y mi hermano me contó lo que sucedió en aquel retiro que hicieron la hermana de Cristina, y Francisco y la otra chica en Francia, en el que el Señor les había marcado la vocación a cada uno. Y a mí oyendo lo que el Señor había hecho se me ponía la piel de gallina. ¡Qué bonito es oír las historias del Señor y cómo va modelando las vidas de cada uno!.
Después me eché una siesta y al despertarme hablé con Ángel por teléfono. Le hice una visita a su casa, y después de enseñarme las obras que había hecho por la buhardilla de arriba, y un par de cuadros... pues no sé cómo surgió así espontáneamente que nos pusimos a orar. Le dimos gracias al Señor por nuestra amistad y por muchas otras cosas. Luego nos fuimos a dar una vuelta por Arroyomolinos y acabamos en el Lima tomando unos botellines y unas raciones. Bueno entre el botellín que ya me había tomado en su casa y los del bar creo que fueron 4 (¿ó 5?) Pero yo, relajada como estaba, y con lo bien que me lo estaba pasando, pues ni se me ocurría pensar que aquello pudiera acabar en dolor de cabeza.

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Pero sí, efectivamente, al día siguiente, el sábado día 14, me levanté con dolor de cabeza. Me fui para Móstoles en metro y allí me reuní con Ángel y Chus para ir con ellos en coche. El retiro de Pentecostés tendría lugar en Conde de Peñalver, cerca de la parroquia dónde fue párroco Chus. Pero yo no conocía esa zona; nunca había estado por allí.
Al llegar resulta que conocía a un montón de gente. Estaban Juan, Paqui y Belén y muchos otros de frayescoba, y luego muchos de Maranatha que ya conocía del retiro de Cercedilla. ¡Ah! Y Mari Ángeles, y Vicky de Barcelona y Pilar y muchos, muchos otros. ¡Qué alegría poder pasar aquel día allí con ellos!
En los Laudes me senté con gente que no conocía y ya me entró una llorera de impresión, de esas que lloras, lloras y no sabes porqué. Después de los Laudes Chus nos dio una charla en la que nos habló un poco de nuestro nuevo Papa, y también, claro, de la celebración de Pentecostés. Yo, no sé, no tenía ni idea de qué iba a pasar aquel día pero sabía que la vivencia estaba asegurada – “Dios mío, ¿qué me tendrás reservado? Por favor, cuídame y trátame bien que después de lo que me pasó en Cercedilla... bueno, ya sabes que le he cogido miedo a los retiros... “
El dolor de cabeza en lugar de pasárseme iba en aumento, así que animada por Julio y Amelia me salí a un bar, comí algo y me tomé una aspirina. Me empecé a sentir algo mejor.
Después del descanso me encontré con Gloria, que estaba con su hermana Tersi (a la que por fin conocía) y me senté con ellas. Resulta que había exposición del santísimo y bueno,... no sé que pasó, bueno sí, que Chus empezó a profetizar y el caso es que yo empecé a llorar, a llorar y a llorar, sin saber por qué y no podía parar. De hecho ni siquiera me acuerdo de lo que dijo en aquella profecía. Sólo recuerdo que lloraba y lloraba y así durante toda la exposición. Yo sentía la presencia del Señor allí, el viento contra las ventanas... Sí, el Espíritu empezaba ya a soplar.

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Entre tanto ya había conocido a Fátima (con la que me había escrito ya por e-mail e incluso hablado por teléfono) y había visto a Reme y Mari Ángeles (a las que conocía del retiro en Granada). ¡Ah! y también me había encontrado a Encarna, una de las que me había hecho la famosa intercesión en Cercedilla.
Había también un señor, así más bien mayor, bastante alto y vestido elegante que se me había presentado. Resulta que era matemático y bla, bla,.. y como yo le dije que también era científica pues empezó a contarme... Pero tras un par de minutos me di cuenta de que el tipo no tenía ninguna intención de parar su rollo, así que conseguí excusarme educadamente para unirme a Ángel, Julio, Fátima, Clarita y otros que se iban a comer por ahí. En la sobremesa se nos unieron Chus, Canisfidel y Amelia que nos arrancó las lágrimas de la risa contándonos sus primeras experiencias carismáticas.
Después de comer nos volvimos para la sala. A mí me había vuelto el dolor de cabeza y además me encontraba muy muy cansada, inexplicablemente débil y cansada. Así que durante la alabanza del principio me quedé por la última fila y perdí la conciencia por una rato (vamos, que me quedé dormida). Después vino otra charla de Chus, que me gustó mucho pero que tampoco recuerdo de qué fue. Y al acabar anunciaron que tras un corto descanso habría un rato dedicado a testimonios. Y yo seguía todo aquello y no sé, ¡qué raro! parecía que todo transcurría con mucha tranquilidad. “Sí, qué raro- pensaba yo- demasiada tranquilidad”. A todo esto el matemático andaba pululando por allí. Resulta que se había ido para casa pero había vuelto y me había traído un libro de poesías que había escrito y un ensayo por el que decía demostrar la existencia de Dios a través de las matemáticas, y bla, bla,... “Dios mío, pero ¿de dónde ha salido este tipo?”. Y yo, entre mi cansancio y el rollo infinito que me estaba soltando ya no sabía que hacer ni dónde esconderme...
El caso es que después de los testimonios van y anuncian la cena, después de la cual tendrían lugar la Eucaristía y vigilia de Pentecostés. Y entonces fue cuando se desencadenó todo... Estaba yo hablando con Reme, ya había decidido que me quedaba a cenar con ella y María Ángeles, con el ticket que Fátima me regalaba puesto que ella no se podía quedar. De repente se acerca Pilar Vaquero (a la que conocía de Cercedilla) y me dice - “Ah, Raquel, aquí estás, te estaba buscando. Que hemos discernido que eres tú la que tiene que leer la segunda lectura en la Vigilia. Luego a las 9 y media te pasas por aquí y lo preparamos”. Yo, me quedé unos segundos paralizada -“ ¿Quéee!!!??? ¿Qué dices? ¿Qué lea yo la segunda lectura?”. Y Pilar – “Sí, ¿qué pasa? Es que hemos decidido que tenía que ser alguien de fuera y que bla, bla, bla,... y al final ha salido que tenías que ser tú”.

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Una vez, cenando en el restaurante indio dónde voy a veces con mi amiga Karin en Munich, me habló mi amiga sobre una terapia de psicología que estaba muy de moda. Consiste en reproducir una (o varias veces) una escena de tu pasado que te produjo un trauma, pero variando el resultado para que el desenlace sea positivo. Y así teatralizando varias veces la escena, al final se acaba como borrando de la memoria el desenlace negativo que originó el trauma y se sustituye por el revivido de forma positiva. Al final la persona ya no siente rechazo ni pánico ni nada a vivir escenas similares. Yo escuchaba atentamente todas las explicaciones que me daba mi amiga Karin...

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Yo, cuando oigo a Pilar Vaquero noto que se me empieza a acelerar el corazón. “No puede ser, ¿cuánta gente va a participar en esta vigilia: 150, 200, 250 personas? Cómo es posible que me lo digan precisamente a mí. NO PUEDE SER. Y además, no la primera lectura, sino la segunda, como en Cercedilla, no me lo puedo creer. A mi memoria venía la escena en que Milagros al llegar a Cercedilla se me acercó a pedirme que leyera la segunda lectura de la misa del Jueves Santo. Ahí había empezado todo... No daba crédito... SABÍA que lo que ahora estaba ocurriendo sólo podía venir del Señor, que me la había jugado,... Y entonces sentí una necesidad imparable de decírselo a Pilar - “Oye, mira, Pilar, esto que me estás pidiendo no puede ser casualidad pero quiero que sepas por qué. Mira es que en Cercedilla me pasó que bla, bla, y precisamente todo se desencadenó al pedirme Milagros que leyera la segunda lectura, una lectura de San Pablo y bla, bla,... y el Señor en Getsemaní sudando gotas de sangre, y yo con él en Cercedilla... y Pilar me escuchaba, y Reme que estaba por allí también. “...y mirad vosotras no sabéis todo lo que sufrí allí, porque fue allí cuando tuve que entregarle al Señor mi timidez y mi pánico y mis complejos de pequeña que bla, bla,... y sí, el Señor consiguió que le entregara aquella parcela de mi vida en una intercesión, pero fue una operación tan violenta para mí aquella misa del Jueves Santo que creo que me quedó algo de trauma porque bla, bla,...”. Y mientras yo les soltaba mi rollo a Pilar Vaquero y a Reme pasa por allí el matemático otra vez.- “Que he pensado que por qué no vamos a tomar algo”. Y yo, ya sin poderme reprimir - “Pero bueno otra vez, pero ¡que tío tan pesao!”. Pero él en lugar de irse se quedó allí escuchando lo que hablábamos de traumas y demás. Y Pilar que me escuchaba todo atentamente me contó que en un retiro le había pasado algo parecido y que aprendió que en situaciones como éstas una tiene que obedecer. “Raquel, obediencia. Además ahora no me cabe duda de que no nos hemos equivocado en el discernimiento. Tenías que ser tú”.

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“Aj, Señor, yo lo sé, que esto no es casualidad, y además sé perfectamente qué es lo que te traes entre manos. Es como la terapia aquella que me contó Karin. Me quieres hacer pasar por una situación similar a la de Cercedilla pero con experiencia positiva para quitarme el trauma que me quedó de allí. Señor ¡qué bueno eres! pero mira en que estado me encuentro, estoy muerta de miedo, aterrorizada...”. Pero el caso es que el hecho de haber podido soltarles mi debilidad a Pilar y a Reme me hacía sentir mejor. Sentía que no estaba sola y sobre todo que no tenía porqué disimular nada. Entre tanto se había unido más gente al corrillo a escuchar lo que hablábamos. Yo, cómo rodeada de una nube, oía cómo una señora comentaba – “Es verdad, hay gente que tiene miedo a salir ante el público, creo que lo llaman miedo escénico y bla, bla,...” Yo, al final, le dije a Pilar que iría a las 9 y media pero que no sabía cómo, puesto que sólo pensar que tendría que volver a pasar lo de la misa del Jueves Santo me moría de angustia. Pero Pilar insistía- “Buah, menudo regalo que te está preparando el Señor”.

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“...Regalo, menudo regalo...”- refunfuñaba yo. Reme y Mari Ángeles se iban ya para el comedor. Yo - “Ahora me uno, voy a pasar primero por los servicios”. Porque con todo se me habían revuelto todos los intestinos y me encontraba al borde del temido ataque de pánico.
Ya en el comedor conseguí despistar al matemático que andaba buscando víctimas para seguir soltando su rollo. Me uní a Reme y Mari Ángeles y conseguí probar algún sándwich y un poco de empanada. Pero entre tanto no podía parar y les seguía contando a Reme y Mari Ángeles de mis ataques de pánico y demás... No sé, el descubrir mi debilidad, me ayudaba mucho. Entonces, en algún momento, me dice Mari Ángeles que ella cuando defendió el doctorado también lo paso muy mal. Yo –“Ah ¿tú también eres doctora? ¿En qué?”. “En psiquiatría” - me contesta ella. Yo- "Qué??!!! ¿En psiquiatría?”. No me lo podía creer. Yo allí hablándoles de mi trauma y resulta que Mari Ángeles era psiquiatra. De verdad que el Señor sabía a las personas que me estaba poniendo alrededor.
Y empecé a hacerle preguntas y bla, bla, yo me empezaba a encontrar algo más tranquila. Me daba cuenta de que la clave estaba ahí, en poder confesar abiertamente mis miedos y mis debilidades. No, estaba claro que aquello no iba a transcurrir como en Cercedilla,...
Al acabar la cena me dirigí rauda hacia dónde me había dicho Pilar Vaquero, detrás del escenario. Tan rauda que todavía no había llegado nadie. Me di una vuelta intentando olvidar mis nervios y la jugada que me había preparado el Jefe - “Señor, cómo me la has jugado, 200 personas en esta Vigilia, no me lo puedo creer, precisamente la segunda lectura...”. Luego ya volví detrás del escenario y ya me encontré a una señora. La conocía de Cercedilla, creo que es de Maranatha y que se llama Mati. Y al preguntarme que qué hacía allí le digo que Pilar Vaquero me había dicho que viniera porque tenía que leer la segunda lectura. Pero sin contarme un pelo le suelto –“Pero yo en realidad no sé si voy a ser capaz porque a mí me da miedo salir y es posible que me quede paralizada de nervios...”. “Nada, nada, bonita, no va a pasar nada de eso. Mira, esta es la lectura, vete a ese banco te sientas tranquilita a leértela y ya verás que no pasa nada”. Y yo toda obediente y sumisa cojo el libro y me siento en el banco e intento olvidar mis nervios y concentrarme en la lectura. “Lectura de la carta de San Pablo a los Romanos” Vaya, no podía ser otra, tenía que ser de San Pablo (¡cómo en Cercedilla!). Suspiro. Y al poco el pensar en San Pablo y en “sus debilidades” siempre al descubierto me animó un poco y seguí leyendo “... Pero además el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad,...”. Al poco me levanté, Pilar ya estaba pululando por allí. “Oye, Pilar y ¿tengo que leer de este libro tan pequeñito? ¿No tendré que sujetarlo con las manos, no? Porque si me da el tembleque seguro que se me cae al suelo y,... Oye Pilar, ¿tú crees que merece la pena todo este follón que os estoy armando? ¿No os saldría mejor a cuenta si escogierais a otro?”. Y Pilar - “Déjate, no me cabe duda de que tienes que ser tú. Mira, el librito va a estar apoyado aquí, y mira, ¡anda! aquí está Mariano, que es el que va a leer la primera lectura”. Yo – “Bueno, como quieras, pero si me caigo al suelo en plena lectura vendréis a recogerme, digo yo, ¿no?”. Pilar –“Hola, Mariano, ¿qué tal?, mira, te presento a Raquel que viene de Munich y que es la que va a leer la segunda lectura. Está un poco nerviosa...”. Y yo – “Hola, Mariano, es que a mí resulta que me da mucho miedo salir a leer pero parece que no hay otro remedio. El caso es que a mí todo lo que se parezca a tener que hablar en público me da pánico...”

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Mariano- “Un momento, ¿qué has dicho? ¿cómo que hablar en público? Si tú no tienes que hablar en público. No, mira, tú cuando lees la palabra de Dios en una misa te conviertes en un Ministro de Dios, como el sacerdote cuando bla, bla,...”. Y así fue como Mariano, con un cariño y paciencia inmensos me instruyó en el ministerio de la lectura de la Palabra de Dios. Y Pilar, que pasaba por allí y supervisaba... “Raquel, otro regalo que te está haciendo el Señor, salir a leer con Mariano...”. Luego Mariano me confesó que cuando salía a leer también le temblaban un poco las piernas - “pero no pasa nada, es normal”. Yo, aliviada. Y entonces quedamos en que para que yo no me sintiera sola, subiríamos “al escenario de la celebración” los dos a la vez, haríamos una reverencia y mientras leía Mariano yo estaría a su lado, y luego después del Salmo, Mariano estaría a mi lado mientras yo leía. Yo no estaba sola, estaba dentro de la Comunidad.
Mariano me dijo que estaría sentado en la primera fila. Así que yo, viendo que había una butaca vacía también en la primera fila allí me senté, cerré los ojos y me puse a orar. A mi lado parecía que el asiento estaba reservado... Al poco aparece precisamente Reme: era la que tenía reservado el sitio de mi lado. “Realmente el Señor me está tratando con mucha, mucha delicadeza...”. Y entonces, según empezaba la misa le pedí el Señor- “Señor, sé que estás detrás de todo esto, y sé que tú puedes evitar que entre en un ataque de pánico como el de Cercedilla. Señor, no sólo te pido que no me vuelva a ocurrir lo de la misa del jueves Santo sino que te pido que me des la gracia de vivir esta misa, desde el principio hasta el final como un inmenso regalo. Qué sea la misa más gozosa de mi vida. Sé que tú tienes poder para hacerlo. Hágase”. Y empezó la misa...

****************



...con alabanza. Nos levantamos de las butacas y empecé a alabar al Señor con una alegría inmensa. Luego siguió Chus con la misa. Cuando llegó el momento me levanté y subí con Mariano (sentí un cariño infinito por Mariano, me sentía profundamente unida a él...) e hicimos juntos una reverencia.
Mariano leyó primero. Luego se acercó Esther con la guitarra y cantó el Salmo. Y luego era mi turno, di unos pasos hacia delante y me acerqué al libro. Levanté las manos y las puse sobre la Biblia. No estaba temblando. Con la mano izquierda acaricié la página (tal como me había enseñado Mariano) para entrar en contacto con la Palabra ...y empecé a leer: “Lectura de la Carta del apóstol san Pablo a los Romanos. Hermanos:..” Cuando llegué al pasaje “Pero además el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad... “ mi corazón sonrió, hice una pausa, alcé la vista y continué hasta el final - “...Es Palabra de Dios”.
Y luego, Mariano y yo, juntitos, así como hermanitos, hicimos juntos una reverencia y bajamos. Ya en la butaca – “Señor, ¡lo has conseguido! ¡Has vencido!”. Y seguí disfrutando de la misa, ya con la Victoria del Señor en el corazón. Cuando las preces Chus dijo una oración para recibir al espíritu, con profecía incluida. Yo no lloré. Nada. Nada. Me encontraba en aquellos momentos como si fuera muy ligera, casi como si mi cuerpo no me perteneciera. Tenía una calma interior como nunca. Luego llegó la hora de la Eucaristía y pensé en Cercedilla, en como me había acercado muerta de pánico temblando de pies a cabeza... Pero allí no, el Señor, me estaba concediendo disfrutar de aquella misa y de la Eucaristía cómo ninguna otra vez. Ya acabada la misa viene Mariano y me dice- “¡No me lo puedo creer! ¡cómo me la ha jugado el Señor!. ¿Te puedes creer que sólo sé de una Raquel que viene de Munich: la de la web,... y que hasta ahora no había caído en que eras tú? Pero si he leído todos tus testimonios. Increíble que no te haya reconocido, cómo me la ha jugado el Espíritu”.
Y yo después de la misa me acerqué a compartir la alegría por la victoria del Señor con todos los que me habían apoyado, con Mari Ángeles y...
... antes de meterme en el coche dónde me volvería con Chus y Ángel viene Pilar Vaquero. Nos abrazamos, le di las gracias por su ternura y comprensión - “Pilar, realmente el Señor sabía en manos de quién me ponía,...”. Y Pilar me dijo – “Espera un momento, se dio media vuelta y se marchó... pero volvió a los diez segundos con unas flores blancas preciosas. “Toma Raquel”. Yo no sabía que decir. Estaba emocionada. Al llegar a casa las puse en agua y las deje en la cocina. Por la mañana mi madre me dijo que eran calas.


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