69 – La curación: en dos etapas


– Yo no soy Cristina Hoyos



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76 – Yo no soy Cristina Hoyos

Allá por febrero/marzo del 2004, o sea en los meses justo después de mi conversión me surgió un dilema. Cómo ya he comentado alguna vez en los testimonios, voy a clases de baile español aquí en Munich con un profesor que es de Badajoz y que se llama Use. Allá por diciembre del 2002 yo había participado en un espectáculo que había montado Use, El amor brujo, que había tenido un éxito arrollador. Y Use estaba organizando otro espectáculo para septiembre del 2005, con el que él ya dice se retira del escenario (bueno, esto lo ha dicho ya alguna otra vez). Yo, cuando me propuso participar pensé – “Dios mío, para septiembre del 2005. ¿Y yo que sé que me puede pasar de aquí hasta septiembre del 2005?”. El caso es que mi conversión había sido tan fulminante y mi apuesta por mi nueva vida tan total que yo no quería comprometerme a nada si no estaba segura de que el Señor estaba de acuerdo... Y entonces busqué 2 ó 3 excusas, hablé con Use y le dije que no me sentía capaz de comprometerme y bla, bla,...


Sí, y es que yo ya le quería entregar mi vida entera al Señor. Pero luego fue cuando una noche me llamó Sylvia, que es su pareja de baile y también profesora mía (los jueves voy a clase con ella) y después de hablarme un rato por teléfono - “... porque ya te sabes las coreografías,... ya tienes el vestuario; no vamos a necesitar ensayar tanto, y verás...”; vamos, que casi me convenció. Yo todavía le di un par de vueltas a la cabeza y al final pues acabé aceptando; de repente parecía mucho más fácil aceptar que negarse. Y Sandra lo confirmó unos días después - “No tienes que apartarte de las cosas del mundo sino llevar al Señor a todas las partes dónde tú vayas” - o algo por el estilo dijo.

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El caso es que como la fecha del espectáculo ya se acercaba, pues tal como me olía empezaban a aumentar el número de ensayos a la semana y a mí me empezaba agobiar. Ya no sólo tenía que ir los miércoles con Use, y los jueves con Sylvia,... empezaban a ser también algunos fines de semana y, que si ahora una nueva Alegría, y que si el Fandango con castañuelas y que si nuevos vestuarios,...
Entonces estando en la ofi he agarrado el teléfono en un arrebato y he llamado a Sylvia, la profesora de los jueves, y le he dicho que me gustaría dejar de momento las clases de los jueves para poder concentrarme más en los bailes del espectáculo de septiembre. Parece que no le ha hecho mucha gracia.

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Hoy miércoles durante la clase de Use ha venido Sylvia y me ha dicho que quería hablar conmigo. “...Porque fíjate tú, hasta la Susanne y la Birgit bailan cuatro o cinco veces a la semana. No, si dejas lo de los jueves tendrás que venir los viernes o los martes o cuando sea. Porque te mueves poco. Tienes que moverte más...”
Y yo por el camino de vuelta a casa - “jrjgrrrrtjjgjfrrruffpppp, ¡¿qué me muevo poco?! Pero ¡¿qué sabrá está tía lo que me muevo o dejo de moverme...?! Y a mí qué coño me importa que la Birgit baile cuatro veces a la semana. Por mí como si quiere tirarse toda la noche zapateando... Pero bueno, ¡¡ni que fuera yo la Cristina Hoyos!!!! jjfgfgfgtgghrrfhjupfffrrrrrrrrp”.

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Hoy es jueves. Me he tirado toda la mañana pensando en la Sylvia. Menudo agobio ahora. Pero ¿qué querrá está tía ahora? Resulta que yo quería dejar la clase de los jueves para desagobiarme y la tía ésta ahora me agobia más. “Señor, que yo no tengo tiempo de estar to el día con el baile. Qué no puedo con todo. Y mira que si va ésta tía con mala leche y le convence a Use, qué se yo, de que tengo que bailar más y me obligan a ir los martes también, y los viernes...”
Luego por la tarde después del trabajo tenía clase precisamente con la Sylvia pero estando en la oficina trataba de no pensar en ello. “Ya verás como el Señor te vuelve a sacar de esta. Esta tía no tiene ningún poder sobre ti, y va lista. Aj, Señor, cómo me gustaría soltárselo en su jeta”. Pero en el fondo sabía que no, que me tenía que aguantar de contestarle y sólo me quedaba entregarle el tema al Señor. “Bueno, Señor... pero ¿por qué no haces que se parta una pierna, para que sepa ella lo que es moverse poco?“.
Por la tarde he ido a bailar, me tocaba precisamente con Sylvia. Cuando he llegado me he quedado algo sorprendida al descubrir que, a pesar de mis oraciones, la profesora no andaba con muletas, ni le habían salido granos por la cara o alguna otra desgracia... Yo estaba bastante tensa todo el rato y, aunque he conseguido saludarla con dos besos al llegar, no he podido evitar sentir un fuerte rechazo. Aún así he aguantado toda la clase, obediente, y he procurado no exteriorizarlo. Eso sí, me he vuelto para casa algo triste pensando que el Señor no había hecho nada. “No es cierto, acuérdate de que las maneras del Señor requieren mucha paciencia“.

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77 - Varios

Hoy es viernes. Acabo de venir de la consulta de mi querida doctora Wizemann. No sé que tiene esta mujer que vengo siempre de su consulta super contenta. La próxima vez le voy a preguntar si es cristiana.


El caso es que tenía que pasar para una revisión, porque con esto de la homeopatía (descartados los antibióticos) las infecciones tardan más en desaparecer y conviene supervisarlas para que uno no recaiga. Bueno, pues el caso es que después de hablar un poco (“¿cómo te ha ido con el Mercurius corrosivus?” y demás) pues le he dicho que me encontraba mejor pero que todavía me dolía la garganta, por la parte izquierda.
Efectivamente me ha pedido que me quitara los anillos (hay que quitárselos para el test del brazo) y – “vamos a ver que dice el cuerpo”. Y me ha hecho de nuevo el test del brazo. Y el cuerpo ha dicho por medio del brazo claramente que seguía teniendo algo por la garganta y que quería seguir tomando Mercurius... ¡Ah!, pero parece que no se definía, tanto el Mercurius corrosivus como el Mercurius vivus parecían irle bien.... Y entonces, atención, ha llegado la novedad. Ha dicho – “Espera que voy a llamar a mi ayudante”. Y entonces, atención, se ha marchado y ha vuelto con la ayudante. Entonces la doctora Wizemann me ha puesto la mano izquierda en el lado de la garganta afectado y ha extendido el otro brazo, el derecho, para que su ayudante le aplicara el test A ELLA (!!!??) Y cuando le ha hecho el test el brazo de ella se ha decantado claramente por el Mercurius corrosivus. 4 bolitas, una vez al día, por la tarde, ha dicho. Bueno, yo flipando de lo que veía!! Y además no podía disimular mi asombro y así se lo he dicho... “Sabe usted, yo soy bioquímica y he investigado con enzimas, y bacterias y antibióticos y ahora que trabajo en el Patentamt en la sección de Farmacia y estoy al corriente de las nuevas cosas que salen... Pero yo nunca había visto algo así!!”. Pues sí, la verdad es que flipo ¿Cómo es posible que los científicos de todo el mundo se quiebren la cabeza por sintetizar nuevos antibióticos y medicamentos, y que venga esta doctora y simplemente preguntándole al cuerpo se entienda así de fácil con él?
¿Estará la doctora Wizemann ungida por el Espíritu Santo aunque ella no lo sepa?. Cuando me he ido la he dejado riéndose de todas las cosas que le he dicho (Bueno que creo que está ungida por el Espíritu no se lo he dicho. En realidad he visto una foto de un Buda en la sala de espera...). También me ha dicho que no haga grandes piruetas estos días, que siga tranquilita y que no me estrese. Yo – “no hay problema, (salvo por los malditos ensayos de baile, jrfhguzzrjhbt). yo tranquilita este fin de semana”. Sí, y a seguir escribiendo porque tengo muchas cosas que contar. Y además voy a empezar por cotillearos una cosita. ¿Sabéis qué?

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Resulta que hoy era viernes (8 de abril), por fin fin de semana. Me he levantado de buen humor. Se me había como disuelto el dolorcillo este por lo de la Sylvia. y para aumentarme el buen humor, mientras me arreglaba y me tomaba el cafecito pues he puesto el CD de ”En ti está la fuente de la vida”. Con lo cual cuando ya he salido para ir a trabajar iba de superrequetebuen humor. Por el camino, mientras cruzaba el parque, iba pensando en lo bueno que sería si el Señor me librara de la clase de baile de los jueves. “¿Te imaginas? Tener ya siempre los jueves libres, ir a la misa en castellano que dan en la misión (precisamente los jueves) o dedicarte a escribir, o a leer o a pasear por el parquecito, a mirar los pajarillos volar, o a quitarte un pelo de la ceja o que sé yo,... libre, totalmente liiibre...”
Y así, con estas divagaciones, y tarareando alguna canción del recién escuchado CD he llegado a la oficina número 6417 de la Oficina Europea de Patentes.
A media mañana tenía una reunión y cuando he vuelto a mi oficina he visto que me había llamado un “amigo”. Seguramente quería proponerme que fuéramos a comer juntos. En lugar de llamarlo en seguida de vuelta he decidido que por si acaso y cómo a mí no me apetecía bajar a la cantina a comer le llamaría más tarde. Y me he venido a casa a comer. Me he cogido el plato del día en la panadería/bar de abajo y en casa me he vuelto a poner el CD de la mañana. Me preguntaba por qué seguía sintiendo tanto rechazo por bajar a comer a la cantina. Sí, resulta que me provoca casi escalofríos pensar que me puedo cruzar con Fulanita, con Menganita... o todavía peor... y si me encuentro con el Pesao... ¡Aj! no, con el Pesao, no, por favor, tiemblo sólo de pensarlo. El caso es que al volver a la oficina he llamado de vuelta al “amigo”. Resulta que tenía un poquito de prisa y no podía enrollarse y me ha dicho que otro día hablamos que quería cotillearme algunas cosas. Pero no ha podido evitar el decirme...
El - Pues sí, porque me he enterado de que tu amigo P...

Yo (saltando como un resorte) - ¡Ese tío no es mi amigo!

El - Que ya lo sé hombre... bueno pues me han dicho que debe estar fatal porque en el trabajo bla, bla,...
Cuando he colgado el teléfono me he quedado petrificada. Es verdad, últimamente no me daba mucho la coña con sus estúpidos mensajitos... Por un momento he pensado que qué pena, que pobrecillo. Pero luego – “¡qué pena ni qué leches! A este tío (precisamente, el famoso Pesao, ver capítulos 30 y 32) para que el Señor pudiera ayudarlo tendría que estar primero hundido en la más profunda miseria”.
De repente me acordé de que cuando un gran barco se va a hundir se salvan los que han saltado a tiempo y están lo suficientemente lejos como para no verse arrastrados en el hundimiento. “Aj, menos mal que el Señor me tiró por la borda ya hace tiempo...”.

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El domingo en misa me encontré con Marta que me contó las malas noticias. Resulta que la hermana de Isaac ha llegado de Bolivia hace nada y se ha instalado en la casa y ha empezado a cambiarlo todo. Dice que parece que está endemoniada y que a fuerza de mentiras ha conseguido echarle a ella (a Marta) de casa y la pobre Marta se había tenido que mudar por unos días a... bla, bla,... y el Isaac que parece ahora completamente dominado por la diabólica de su hermana. ¡Aj, Señor, qué lástima! Y yo de fiesta porque creía que se había convertido...
Luego me he ido porque tenía ensayo de baile a la 13:00. Bueno eso creía, porque al llegar resulta que no era a la 13:00 sino a las 14:00. Así que he decidido irme a casa, tumbarme un rato y volver luego. He seguido leyendo del libro de Molinier, El coraje de tener miedo. La de cosas que se me están revelando a través de este libro...

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Últimamente me paso buenos ratos en el parque de al lado de mi casa observando a los pájaros volar. ¡Qué fácil lo hacen!
Desde mi conversión y hasta ahora no han hecho más que ir desapareciendo los ladrillos en los que se apoyaba mi vida. A veces aparece un nuevo ladrillo, pero acaba disolviéndose igual. Y según me los quitan me veo brincando de uno a otro sobre los que todavía me quedan. “Esto es todavía agotador, pero cuando te quite el último no te quedara otra que echar a volar“.

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Sumida en mis pensamientos me dispuse a volver al local dónde teníamos el ensayo de baile. El local se llamaba antes “Todos Juntos”, pero el nuevo dueño le cambió el nombre por local “Rebeca”. Aunque está sólo a 15 minutos andando desde mi casa decidí coger la bici. “Volar,... una vida plena en el Espíritu debe ser algo así como volar... o como ir en bici sin manos. El truco está en soltar el manillar con confianza, apoyar todo el peso del cuerpo sobre el sillín y pedalear con los pies, no dejar de pedalear”. Y en ese momento solté el manillar en un arrebato y seguí pedaleando así por un rato ¡Qué sensación tan increíble! Me llena de alegría. Me siento libre como un pájaro. Pero en algún momento me desestabilicé un poco para un lado y volví a agarrar el manillar.
Llegué a la clase de baile, ahora sí a su hora. Aquel domingo era ya la releche porque no sólo tenía una clase de tres horas con la Sylvia a las 14:00. Luego por la tarde tenía clase de dos o tres horas con Use, porque tenía que aprender un baile nuevo que quería incorporar al espectáculo. Creo que yo era la única de todo el grupo que tenía que pasar el resto del día allí. Sylvia ya estaba allí y por la manera en que me saludó y tal... supe que el Señor ya había actuado.

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78 – El secretario empieza a organizar Pentecostés

11.04.2005


Hoy en el grupo ha sido genial. Yo iba SUPER cansada. (No sé por qué, pero todos los lunes me encuentro débil y cansada). Pero al poco de llegar a la salita se me pasó. Y es que en seguida empezaron a aparecer los otros; primero María (que venía por segunda vez), esta vez con su marido Rudi (primera vez). Y también ha venido Hans (¡¡Qué alegría me da cuando viene Hans!!). Y luego Marta, Alicia,... hasta Volker ha llegado antes de empezar con la oración (!!!). Y hemos hecho alabanza que, aunque todavía sin guitarra, pues yo he sentido fuerte igual. (Pues sí, y es que Marta por el momento tiene tantos problemas que no tiene ni la calma ni el tiempo para aprender a tocar. Pero dice Marta que un amigo suyo que es músico le va a enseñar a tocar).
Y luego ha llegado la sorpresa. Resulta que llevaba ya un par de días pensando en qué hacer para Pentecostés, y no sabía si reservarme un billete de avión para ir a Madrid o qué. Por otra parte, no sé, me da un poquito de pena el pasar todas las grandes fiestas de la Iglesia fuera de mi grupo. Pues mira por dónde “mi Secretario” me lo ha arreglado todo. Y es que al final ha sacado Volker un prospecto y lo ha abierto para anunciar que... ¡¡Alan Ames, viene a Munich!! Sí, nada menos que ¡Alan Ames! (del que me habló mi abuela en Navidad por lo del rosario Eucarístico) Y ¿a qué no sabéis cuándo? En Pentecostés. ¡Yujuuuu! Yo he empezado a saltar de la alegría. Sí, sería la primera vez que podríamos ir en Comunidad a un evento carismático, así fuera de nuestra oración de los lunes. A mí me da que esto es un regalito que nos hace el Señor. Así que la cosa se ha decidido en un momento... para Pentecostés ¡me quedo en Munich!

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79 – El Elemento Esencial

Llevo ya pensando desde hace tiempo que a mi cuerpo le debe faltar algo. El catarro de Cercedilla parece que no se acaba de curar nunca y me sigue doliendo la garganta (¡después de casi tres semanas!). Sí, el Mercurius corrosivus de la doctora Wizemann parece que no acaba de curar la infección.


Y además me noto como muy cansada. Ya en febrero cuando fui a España para ir al retiro de Granada mi madre me dio unas Micebrinas - “A ti Raquel te debe faltar alguna vitamina. A ver si con esto te va mejor, tómate una al día”. Y me las empecé a tomar. Aunque como no veía progresos se me empezaron a olvidar y casi he dejado de tomarlas.
Luego me han venido otras cositas, dolores de cabeza muy muy a menudo Sí, y aparte me empezó a doler una muela, la última de arriba de la izquierda. Había empezado a sentir ya molestias hacía un par de meses y cuando las molestias se convirtieron en dolorcillo me decidí a ir al dentista. Y el dentista me hizo así como una cura provisional, pero me dijo que posiblemente el nervio ya estaba “tocado” y que en ese caso me volverían los dolores y habría que hacer una endodoncia que lo llaman (cuando te matan el nervio). “Dios mío, otra endodoncia, debe ser la quinta o sexta que me hacen, me voy a quedar sin una muela viva”. Pero yo, shhhhhhhh... no se lo digáis a nadie,... yo en mi interior esperaba un milagro, que se me sanara la raíz de repente o qué sé yo... El caso es que cuando oí una palabra de conocimiento en Cercedilla que hablaba de alguien que tenía algo en la parte izquierda de la boca, o en la mandíbula o alguna muela.... a mí se me aceleró un poquito el corazón. “¿Será mi muela?”. Pero al volver a Munich después de una par de semanas aquella muela me empezó a molestar de nuevo.
El caso es que yo seguía teniendo la impresión de que me falta algo. Y de que mi cuerpo se queja o está algo debilucho porque no lo recibe. Y claro, el cuerpo se queja a través de sus puntos débiles, que en mi caso siempre han sido la garganta, las muelas y los dolores de cabeza. No sé si será alguna vitamina o qué, pero es algo que a mi cuerpo le es esencial. ¿Será que hago menos deporte últimamente? ¿o qué me río poco? ¿o algo de comer? El vino tampoco es, porque me bebo normalmente un vasito con la comidas, ¿qué será?

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En los Evangelios de los últimos días Jesús siempre nos habla del pan de cada día, y de como permanece Jesús entre nosotros a través de la Eucaristía.

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Ayer miércoles, 13 de abril, me empezó a doler la muela ya muy fuerte estando en la oficina. Y luego después de volver del ensayo de baile me empecé a preparar psicológicamente para una “noche de dolor de muelas”. No sé si vosotros habéis padecido alguna. Yo, sí, y no una vez sino varias. El otro día se reía una chica en el pasillo del trabajo cuando pasando me oyó que le estaba yo comentando a otra chica “Si, pero los que hemos sufrido tanto con las muelas tenemos una ventaja sobre los otros. Los que no han tenido un dolor de muelas de esos en que cuentas millones de pulsos de dolor en una noche, no saben lo que es la verdadera felicidad. La verdadera felicidad consiste en cuando te quitan ese dolor”. La chica se iba partiéndose de la risa al oírme, y yo también me reía, pero a la vez yo hablaba en serio. Yo una vez al salir del dentista estuve una hora llorando de alegría por la calle al sentirme libre del dolor que me había tenido esclavizada durante tres días y tres noches (las peores y con diferencia las más largas de mi vida). Y diréis - “Pero bueno ¿y el dentista no hacía nada?”. Pues mirad, no sé, el dentista hacía lo que podía, pero siempre surgía “que si uno de los canales puede tener una ramificación a la que no hemos llegado en el tratamiento,...” y no sé qué pamplinas más,... mientras yo andaba ya al borde de la locura con el dolor que parecía que se iba pero que acababa volviendo (como los Polstergeists).
Pues como digo, yo ya ayer me preparaba psicológicamente para pasar una noche de dolor de muelas. Con la variante de que esta vez sería la primera que lo viviría “desde el Señor”. Me quedé escribiendo hasta tarde para matar el tiempo. Y luego cuando ya me acosté, así como a la una ya me empezó a doler, y a doler,... “Ayayaiii que no voy a poder ni echar una cabezadita en toda la noche”. Bueno, no pasa nada, sería sólo una noche. Al día siguiente llamaría al dentista y que se cargara la muela. Porque lo del milagro no sé yo... Por un momento pensé en el tal Alan Ames y su reconocido don de sanación. “Raquel, no digas tonterías, hasta el día de Pentecostés te puedes haber muerto tú del dolor antes que la muela”. Y durante la noche todavía me tuve que levantar a tomarme aspirinas y lo que pillaba para apaciguar un poquito el dolor. Y algo funcionó, conseguí dormir un poquitito al final.

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Al llegar a la ofi lo primero que he hecho ha sido llamar al dentista y me han dado hora para las dos de la tarde. Entre tanto parece que la muela se había calmado algo y he conseguido trabajar un poco. Pero así como a las once de la mañana la muela ha empezado a alarmarse de nuevo. Yo - “Tranquila, que ya queda poco”. Pero de tranquila nada, ha empezado a doler, y a doler y a doler... Me he ido como he podido hasta casa. A esas alturas ya me dolía horrores, una puñalada con cada pulso. Y ya no podía pensar ni sabía qué hacer. Me he metido en la cama y he buscado durante media hora cual era la postura con la que menos me dolía.... No había manera, todas me dolían por igual. Parecía que conteniendo la respiración me dolía algo menos, pero lógicamente esta solución no es a la larga muy eficaz.

*********

El caso es que de pronto me pregunté: ¿Querrá el Señor que yo sufra? Yo creo que no. Él me quiere un montón y a Él no le gusta que sufra así, porque sí. Eso sí, cuando se trata de enseñarme o revelarme algo o de guiarme en alguna dirección no me evita el sufrimiento. A veces nos tiene que enfrentar con un dolor muy fuerte para que nos enteremos de algo que nos quiere decir. Eso sí, dolor, el necesario, ni más ni menos. ¿Me querrá enseñar algo con este dolor de muelas? Este dolor ya no es normal, me está matando...
El caso es que me he dicho – “voy a imponerme las manos yo sola”. Y me he puesto una mano por la zona de la muela y he empezado a hablarle directamente a la raíz, con ternura pero con autoridad. “Venga, cálmate, que Jesús está con nosotros, y en seguida llegamos al dentista, cálmate ya, cálmate, cálmate...no te preocupes que todo va a ir bien, cálmate, cálmate, cálmate...” Y entonces le he dicho al Señor “Señor, este dolor es horroroso. Si sigue así, quizás no pueda ni llegar al dentista. A ver si me va a pillar un coche yendo con la bici, este dolor me dobla por la mitad. Señor, si no va en contra de tu voluntad te pido por favor, que la media hora esta que queda para llegar al dentista me apacigües el dolor. Si es cierto que me quieres enseñar o avisar o revelar algo con este dolor, aquí estoy, dime lo que quieras. Voy a coger el Magnificat”. He ido derechita al Evangelio del día, que era S. Juan 6, 44-51 “... Yo soy el pan de la vida...Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo os daré es mi carne para la vida del mundo”.
Y de repente he sentido cómo me hablaba en el corazón:
¡¡¡Es la Eucaristíiiiia!!!!! El SEÑOR ME ESTÁ DICIENDO QUE LA EUCARISTÍA ES EL ELEMENTO ESENCIAL QUE ME FALTA. Es la EUCARISTÍA!!!!!!!!!!!!
Entre tanto ya me había levantado de la cama y como me había entrado un poco de hambre me estaba tomando un yogur. Y de repente me he dado cuenta de que se me estaba pasando el dolor. Sí, no había duda, se estaba reduciendo... casi no notaba nada.

**********

Y como había llegado la hora de irse, cogí la bici y me puse a dar pedales en dirección al dentista. Sí, el dolor se me había ido... Y pedaleando, pedaleando, de repente me he dado cuenta de que podía ya dejar de ir con el ceño fruncido y de arrugar la cara porque el dolor se me había ido por completo. Sí, he relajado los músculos de la cara... Efectivamente seguía sin sentir dolor. “Dios mío, ¿será verdad lo que creo que me estás revelando?”

********


En la consulta han tardado en atenderme. He tenido que esperar un buen rato. Y entre tanto la muela ha empezado a inquietarse de nuevo. Y yo seguía pensando, ¿será verdad que el Señor ha querido revelarme algo con esto? Si es verdad lo que creo, es como si el Señor hubiera tenido que sacrificarme una muela para revelarme lo esencial de la Eucaristía.

***********

El dentista me ha tratado la muela. Ha encontrado los tres canales, y bueno, ciao ciao, a otra muela, creo que la quinta o sexta que abandona la vida en mi cuerpo serrano.

**********

Al volver del dentista me he echado otro rato y he cogido de nuevo el Magnificat, “¡No me lo puedo creer! ¿Será verdad lo de la revelación?. A ver si no he visto visiones,...” Y me he ido otra vez al día jueves, 14 de abril. Esta vez me he ido a la explicación de la misa. Más claro, el agua: “...la Misa es un gran regalo que Dios nos hace cada día, para que tengamos vida. Nuestra respuesta debe rebosar de agradecimiento y sentido de responsabilidad, por tanto como se nos da...”
Dios mío ¿pero cómo puedo ser tan lerda?. Si está clarísimo, lo que quiere decirme el Señor es que me falta más Eucaristía. Que vaya más a misa a tomar el Pan de cada día. Acuérdate de Concepción Andreu, fíjate, casi 100 años y como le funciona todo de bien... Claro, porque recibe la Eucaristía todos los días,... Entonces me he acordado de que en el buzón había aparecido hacía un par de días un folleto en el que venían lo horarios de las misas de todas las iglesias cercanas del barrio. Lo había guardado por algún sitio...

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Luego por la noche hablé con mi madre por teléfono y le conté lo que me había pasado. “Mamá, ya sé cual es el Elemento Esencial que me faltaba. No te lo vas a creer. Es la Eucaristía. Porque bla, bla, y la muela entonces cuando el dolor bla, bla,...”. Y mi madre - “Sí, pero la Micebrina también...”. Y yo pensé – “Aj, apártate de mí, Satanás”- pero dije- “¡Qué Micebrina ni que leches...!”

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