545 del ideal al objeto



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545 - DEL IDEAL AL OBJETO

Autor/es

DAVID LAZNIK, ELENA LUBIAN, GABRIEL BATTAGLIA, GUILLERMO PIETRA FIGUEREDO, MARTÍN ETCHEVERS, CRISTINA BOSENBERG. E-MAIL: dlaznik@psi.uba.ar. TELEFONO: 4821-8037.



Institución que acredita y/o financia la investigación

PROGRAMACIÓN UBACyT 2004-2007 – PROYECTO P098 “CONFIGURACIONES DE LA TRANSFERENCIA” – INSTITUTO DE INVESTIGACIONES – FACULTAD DE PSICOLOGÍA – UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES.



Resumen

Nuestro proyecto de investigación propone una indagación conceptual y clínica del problema de la transferencia en relación con sus diversas configuraciones. El objetivo general es examinar y caracterizar la incidencia que sobre dicho objeto de estudio tienen la complejización de la estructura del amor, la conceptualización freudiana del masoquismo erógeno y la pulsión de muerte, en su articulación con la formalización del objeto a propuesta por Lacan. Esta presentación plantea una revisión de la problemática del amor en su articulación con la transferencia, a partir de la delimitación del lugar del objeto degradado en la vida amorosa.



Palabras Clave

Transferencia- Pulsión-Libido-Amor



Resumen en Inglés

Our study of the concept of transference tries to establish new reaches for its scope, by taking into account the incidence that love structure complexity, Freudian concepts of primary and erogenous masochism and death drive, as well as the object petit a in Lacan, have on transference conception. This communication concerns an examination of love problem in its connection with transference, taking into account degraded object place in amorous life.



Palabras Clave en Inglés

Transference-Drive-Libido-Love

La neurosis de transferencia, tal como es planteada por Freud, comporta dos dimensiones: el despliegue de saber de la cadena inconciente efecto de la intervención del analista y un movimiento de investidura libidinal, que atañe al campo de la pulsión. La primera de estas dimensiones es el soporte para que la interpretación, a través de la asociación libre, se constituya en una intervención disponible. Cuando el modo de entrada en un análisis se produce siguiendo estas vías, éste denota la función central que juega allí la atribución de saber al analista. Dicha atribución acarrea como efecto un movimiento libidinal que lleva a que la libido pase a converger y a concentrarse en su persona. No obstante, esta segunda dimensión depara otros avatares. La "escucha analítica", ese saber hacer con el lenguaje que horada la pregnacia yoica, tiene como condición que el analista se abstenga de su subjetividad. Pero a su vez es esta posición la que lleva a pagar con su propia persona, en tanto la presta como soporte de los fenómenos transferenciales que este movimiento desencadena. Este aspecto de la transferencia es el que depara las mayores dificultades al convocar a la repetición y al detenimiento de las asociaciones, en tanto se actualizan en la persona del analista los sentimientos de amor y de odio que han caracterizado las relaciones del sujeto a sus otros primordiales. La repetición complica la vía del recuerdo e imposibilita recurrir a la interpretación. Freud recorta entonces una nueva operación necesaria y pertinente al dispositivo: el manejo de la transferencia. Es la subida a escena de resistencias, que al portar la marca de lo pulsional detienen el despliegue del saber del inconciente, lo que otorga especial relevancia a las maniobras con la transferencia. Maniobras que se entraman de manera decisiva con el modo en que conceptualicemos la transferencia.

Que haya tenido lugar la instauración de la transferencia en su dimensión simbólica otorga sin duda un soporte privilegiado para la acción analítica. La problemática que nos ocupa atañe a aquellas situaciones en las que lo que comanda la escena es un movimiento libidinal que no se ordena respecto del despliegue de la cadena de saber inconciente. Dichas situaciones, al introducir un borde en el cual transferencia y sujeto supuesto saber – en su vertiente equiparable al despliegue del saber inconciente – no coinciden, impiden que la intervención del analista pueda ordenarse respecto del sostén que otorga el eje del saber.

Consideramos necesario proponer una revisión de la estructura del amor en Freud, en su articulación con el desarrollo de su teoría pulsional, a fin de analizar y precisar las dimensiones del objeto involucrado en ella. Esto permitiría dar cuenta de los diversos registros de la transferencia, establecer su determinación lógica, así como delimitar diferentes lugares a los cuales es convocado el analista en la transferencia.

La conceptualización de la transferencia es, en la obra de Freud, solidaria del modo en que son concebidos tanto el aparato psíquico como la pulsión. Asimismo, los límites del dispositivo son habitualmente establecidos en función de la posibilidad por parte del paciente de establecer una transferencia sobre el analista. Esto se evidencia con claridad en el modo en que Freud formaliza las entidades y categorías clínicas con las que opera: psiconeurosis de defensa – neurosis actuales, en primer término; neurosis de transferencia – neurosis narcisistas, en segundo lugar.

Inicialmente, el concepto de transferencia está asociado al despliegue de las formaciones del inconciente en el dispositivo. La clínica freudiana se sostiene en la noción de conflicto psíquico y, por ende, en un aparato organizado en instancias contrapuestas. En sus primeros textos Freud lo expresa en términos de la oposición entre el yo y una representación inconciliable de carácter sexual, siendo el síntoma el testimonio del conflicto. Este dualismo se continúa en la conceptualización de la pulsión, organizada en pulsiones sexuales opuestas a las pulsiones de autoconservación. La noción de apuntalamiento y la de "órganos de doble función" llevarán a Freud a rebautizar la segunda instancia del dualismo como "pulsiones yoicas". Concomitantemente, se anticipa la idea de un yo arraigado en las pulsiones, un esbozo de cuerpo revestido de libido. De este modo se afirma el carácter autoerótico de la pulsión, al tiempo que se esboza la libidinización del yo. En el mismo momento de su formalización, el dualismo pulsional comienza a complicarse. Esto habrá de determinar, entre otros factores, la formulación del concepto de narcisismo. Esta necesidad teórica encuentra también su correlato en fenómenos de la clínica. Entre ellos, el del amor, que atañe muy particularmente a la transferencia y que excede el campo de la nosografía psicoanalítica. Es por esta vía que la complicación que se produce con la libidinización del yo excede las neurosis narcisistas, implicando a la neurosis de transferencia.

El término "libido yoica" conjuga así los registros del autoerotismo y del narcisismo, ubicando al yo como el "reservorio genuino y originario de la libido" y haciendo que el dualismo se desplace a la oposición libido yoica – libido de objeto. Por esa razón, la neurosis de transferencia, antes inscripta en el par "pulsiones sexuales – pulsiones yoicas", pasa a inscribirse ahora en esta nueva formulación del dualismo pulsional. Dado que la oposición no puede plantearse en el campo de la libido yoica, queda establecida entre el yo y el objeto. Mientras que la pulsión le permite a Freud pensar la relación con el cuerpo propio, el objeto le permite abordar la relación con el cuerpo ajeno, es decir, el semejante. Si bien este ordenamiento aporta elementos para repensar la transferencia, quedaría desarticulada la estructura del conflicto, dado el investimiento libidinal que toma al yo por objeto, desdibujándose la diferencia entre ambos ("reversibilidad de la libido"). No obstante, y a los fines de situar referencias que permitan examinar los diversos registros de la transferencia, encontramos dos lugares en los cuales apoyar dicha revisión.

La primera referencia atañe a la noción de "organizaciones sexuales pregenitales" que, en su teoría del desarrollo sexual, Freud intercalará entre el narcisismo y la elección de objeto de amor. En este caso, las pulsiones parciales están reunidas en un objeto que no es el propio yo, sino que es ajeno a la propia persona, sin estar aún instituido el primado de las zonas genitales. Si bien pareciera que la relación con el semejante es desde el yo en tanto unidad, se trata de un abordaje pregenital, indicador de una escisión en el interior mismo del yo. El niño pequeño toma a su madre como objeto sexual, pero lo hace con el recurso de la pulsión parcial, lo cual testimonia del desajuste entre el tiempo del desarrollo yoico y el tiempo del desarrollo libidinal.

La segunda referencia resulta del estudio de la vida amorosa en el adulto. Freud distingue dos corrientes: la primera de caracter tierno, la segunda sensual. La corriente tierna supondría el abordaje del otro apoyado en las pulsiones yoicas, siguiendo el primer modelo pulsional. Se trata de una instancia no sexual, derivada de las pulsiones de conservación, en cuyo caso el cuerpo sexualizado está ausente. En este caso es la palabra aquello que aparece jerarquizado, sobrestimado, situando el lugar del ideal y la función del decir en la relación con el semejante. Por el contrario, la corriente sensual parte de las pulsiones sexuales, las que involucran un cuerpo parcial, despegado del ideal, es decir, degradado. El objeto degradado no sólo es un objeto caído del ideal, sino también del decir. No se dice, se muestra. Sólo se sostiene en la dimensión de la presencia. La corriente sensual del amor constituye al semejante como ideal ("madre"), mientras que la corriente sensual lo constituye como objeto degradado ("prostituta"). Ambas atañen, por la vía del amor de transferencia, al analista.

En esa perspectiva, la degradación se aproxima a la dimensión del odio, cuestión que se conecta con el problema de la transferencia negativa. Se trata no de la ausencia de transferencia, sino de la puesta en acto de otro registro de la transferencia. De hecho, las situaciones transferenciales abordadas introducen un sesgo particular: más que reproduccir una y otra vez lo padecido a la espera de otra respuesta por parte del Otro, parecieran reproducir el ejercicio del acto mismo que los ha llevado a padecer. La transferencia, entonces, no coloca al analista en el lugar del otro que los ha hecho padecer, sino que intenta transferir aquello mismo que el paciente ha padecido.

¿Qué es entonces lo que se transfiere? Estas situaciones clínicas ponen en evidencia una complejización de la estructura de la transferencia, que requiere de nuevos soportes conceptuales. En principio, la delimitación de dos corrientes de la vida amorosa permite situar dos registros de la transferencia: la del ideal y la del objeto degradado, con los cuales se abre la posibilidad de reformular el lugar del analista en la transferencia y así ampliar los límites del campo de la praxis psicoanalítica.



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