30 Años de Psicología Dominicana: Pasado, Presente y Futuro



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La "Filosofía de Vida"
Temprano en la investigación transcultural en México (Díaz-Guerrero, 1967), se propuso que existían premisas culturales que cimentaban el estilo de enfrentamiento con el estrés y en general con los problemas cotidianos. Se consideró que existían muchas creencias que impulsaban a los mexicanos a modificarse a sí mismos a fin de resolver problemas y, para los norteamericanos, a modificar el medio-ambiente y/o a otros para resolver sus problemas. A esto originalmente se le denominó la dicotomía transcultural activo-pasivo. Pronto se descubrió su poder explicativo. Respecto a las muchas diferencias encontradas en un estudio transcultural longitudinal en el que se siguió por seis años a escolares mexicanos y norteamericanos, Holtzman et al (1975), nos dicen: "La mayoría de las diferencias entre los niños mexicanos y los norteamericanos en la prueba de manchas de tinta de Holtzman y en algunos de los tests de personalidad y estilo cognoscitivo, pueden comprenderse mejor en términos de estilo de confrontación, que de acuerdo con cualquier otro concepto" (Holtzman et al 1975, p. 347).
Probablemente debido a que muchos de los reactivos de la Filosofía de Vida no estaban libres de un problema recóndito en el concepto de los valores, no pudo llenar su aspiración de cabalmente diferenciar a mexicanos de norteamericanos. Sin embargo, las polaridades entre estudiantes universitarios de Austin y la ciudad de México, que se muestran en la Tabla 4, son ciertamente provocativas.

La suposición de que la actividad y la pasividad se podrían exagerar bajo estrés quedó ratificada en la última polaridad.


En México la Filosofía de Vida ha mostrado múltiples y similares correlaciones a las que se han descrito para las PHSCs de la familia mexicana, incluyendo en un estudio (Díaz­-Guerrero y Castillo Vales, 1981), más altas correlaciones con el grado escolar que el Raven.
Transculturalmente, en un estudio de siete naciones (Díaz-Guerrero, 1973), la extraña correlación de la Tabla 5 fue reportada entre lo que se puede considerar como una manera instrumental de responder a la Filosofía de Vida y la producción industrial. En México, Solís Cámara et al (1994, 1996), trabajando con estudiantes en dos universidades provincianas, ha consistentemente reportado relaciones significativas entre dimensiones de la Filosofía de Vida y varias medidas de logro económico.


TABLA 5

Correlaciones de Rango entre el Aumento de la Producción Industrial

y el Estilo de Confrontación



Filosofía de Vida




Los hombres calificaron más altos que las mujeres

.83

La clase media-alta calificó más alto que la baja-alta

-.10

La clase baja-alta calificó más alto que la media-alta

-.09

A principios de esta década, Hosch et al (1990), trabajando con cuatro muestras diferentes en el noreste de México, encontró variación extrema en la estructura factorial de la Filosofía de Vida. Esto había sido también reconocido por Díaz-Guerrero e Iscoe (1984), quienes, trabajando con muestras muy heterogéneas en Monterrey, México y San Antonio, Texas, tuvieron que reducir la Filosofía de Vida a una pequeña escala de actividad-pasividad que altamente diferenciaba entre mexicanos y norteamericanos. Como consecuencia de estos hallazgos, la Filosofía de Vida ha sido cuidadosamente revisada.


Resultados recientes reportados por Andrade Palos (1997), con factores en el nuevo instrumento, lo revelan casi tan fuertemente y bastante independientemente correlacionado con problemas conductuales en adolescentes mexicanos como factores derivados de una medida comprensiva de funcionamiento familiar. Los problemas conductuales incluyeron delincuencia, conducta sexual inadecuada y el uso de drogas.
El significado estratégico de encapsular parte del trabajo realizado con las PHSCs de la familia mexicana y con la Filosofía de Vida y su impacto sobre el comportamiento, es para ilustrar que las creencias culturales son una parte importante de las dimensiones críticas necesarias, si vamos alguna vez a contemplar una teoría de la cultura. Otras y tan importantes como las anteriores dimensiones son las necesidades, los valores y su trascendental vinculación.

Necesidades y Cultura
Se postula que toda cultura ha desarrollado o institucionalizado medios para satisfacer, hasta cierto punto, algunas de las necesidades humanas, pero ha dejado, hasta cierto punto, otras insatisfechas. El patrón resultante puede ser usado para caracterizar a una cultura dada o a un grupo de culturas y tiene consecuencias sobre el comportamiento de sus miembros. En 1967 (Díaz-Guerrero, 1967c, no publicado), 90 estudiantes del tercer año de secundaria, casi la mitad mujeres y la mitad hombres y casi la mitad de una secundaria pública y la mitad de una secundaria privada, respondieron en dos ocasiones separadas por treinta días a una lista de necesidades representadas en reactivos iconográficos cuya puntuación iba desde “Altamente satisfechas” con una calificación de 5, hasta “Altamente insatisfechas” con una calificación de 1. Lo más interesante de este estudio fue la variación insignificante de las calificaciones de la primera a la segunda aplicación. Las necesidades más altamente satisfechas fueron las de comida, amistad y afecto, seguidas de las necesidades de felicidad, cooperación, disciplina y seguridad emocional. La menos satisfecha de las necesidades fue la de justicia y en seguida la de éxito y la de dinero.
En 1987, 10 años después, (Díaz-Guerrero y Díaz-Loving, 1987, no publicado), ahora con la curiosidad de observar el cambio en el nivel de satisfacción de las necesidades en adolescentes de la secundaria, el mismo cuestionario fue aplicado a 152 sujetos, ahora elegidos, para incrementar la variabilidad, del primero al tercer año en una secundaria diferente, pero también en la ciudad de México. La composición de la muestra, respetando las mismas variables independientes, también fue diferente.
La estabilidad de la gran mayoría de los resultados es notable. Solo cuatro de las 20 necesidades, debido talvez a las sucesivas crisis económicas de México, se mostraron menos satisfechas en 1987 que en 1967, estas fueron, las necesidades de trabajo, de democracia, de afecto y de autoridad.

Si bien la intención y las instrucciones en estos dos estudios eran transculturales, ningún trabajo se proyectó en esta dirección hasta el suceso que pasamos ahora a describir.



El Eslabón Perdido
El 28 de marzo de 1995 fui invitado para participar en la mesa redonda sobre los valores de los mexicanos, evento magistral de marzo de la Cátedra UNESCO de los Derechos Humanos. El Lic. Andrés Albo Márquez, del grupo de investigadores que dirige Enrique Alducín en Fomento Cultural BANAMEX, presentaba semejanzas y diferencias de valoración entre mexicanos y norteamericanos. Para sorpresa de la nutrida concurrencia ilustró datos en los que los estadounidenses valoraban el amor más que los mexicanos. En la discusión, recordando los datos de los estudios sobre el grado de satisfacción de las necesidades afirmé, para el beneplácito de los presentes, que los mexicanos valoraban menos el amor porque la necesidad del mismo estaba mayormente satisfecha en nuestros connacionales.
Después de este acto me puse a leer de nueva cuenta, partes de "La naturaleza de los valores humanos", de Rokeach (Rokeach, 1973) y del libro "Motivación y Personalidad" de Maslow (1954 Y 1970). Detecté una confusión conceptual respecto de la relación de los constructos de valor y necesidad y discutí este asunto con una de mis asistentes de investigación y con un colega local. En seguida me puse a leer una vez más varios estudios locales, internacionales y transculturales sobre valores y verifiqué que el grado de satisfacción de las necesidades conectadas con los valores no estaba entre las variables independientes.
Ahora, con la ayuda de Moreno Cedillos y Díaz-Loving, un artículo con el título de "Un eslabón perdido en el estudio de los valores" (Díaz-Guerrero, Moreno Cedillos y Díaz-­Loving, 1995), fue publicado en una revista mexicana. El resumen del trabajo decía: "La investigación rigurosa acerca de los valores se ha incrementado fuertemente a partir de los estudios sistemáticos de Rokeach. Los valores, para él y muchos otros autores, representan el concepto medular de todas las ciencias sociales.
Psicólogos culturales y transculturales, en la búsqueda de dimensiones comprensivas y/o universales, lo han adoptado y trabajado intensamente con él en la comparación intra y transcultural. Una confusión inicial con el concepto de necesidad y un incidente de mesa redonda acerca de los valores, conllevan a la realización de que el grado de satisfacción de las necesidades conectadas con los valores es el eslabón perdido y una dimensión crítica en la interpretación de esos estudios. Investigación sobre esa dimensión, muestra su fácil mensurabilidad y su persistencia.
Se contrastan las explicaciones de los autores en la interpretación transcultural con hipótesis derivadas del nivel de satisfacción de las necesidades conectadas con los valores.
La controversia nacional e internacional provocada por este artículo ha estimulado la búsqueda de un marco teórico más comprensivo.

El Origen de los Valores
Si Charles Darwin se hubiese enfrascado con el problema de los valores, tal como lo hizo con la expresión de las emociones en el hombre y los animales, seguramente se hubiera pronunciado porque el origen de los valores humanos está entrañablemente ligado con las necesidades de supervivencia y de reproducción, y además, que los valores resultantes se mantendrían en estricta relación con su utilidad biológica.
Aun cuando una cierta teoría de los valores se encuentra ya en Platón, en donde los valores son IDEAS eternas e inmutables, no es hasta finales del siglo XIX, que este tipo de conocimiento, a través de escritos de Lotze y de Nietzsche, cristaliza en Europa en una Werttheory, teoría de los valores o axiología. Es interesante que varios, entre los primeros axiólogos, estuvieran influenciados por las ciencias biológicas y psicológicas postdarwinianas y que estuviesen por lo tanto interesados en algo semejante al origen de los valores, el tema esencial ahora, y no en considerarlos, cual lo percibió el filósofo británico Moore, como algo indefinible y "no natural", o el norteamericano Urban, como categorías metafísicas no reducibles a procesos naturales o psicológicos.
Es así como Santayana primero y luego Barton Perry y Dewey, y Prall y Parker, inician con sus afirmaciones, lo que luego se conocería como aproximaciones conativas y afectivas para la existencia de los valores.
En las primeras, Santayana, Perry y Dewey, es un "impulso vital", un interés en los seres humanos que explica la existencia de los valores, no interviene el placer o alguna otra afección. En las aproximaciones afectivas, Prall y Parker, es el placer de ejercitar el valor lo que explica su existencia.
Son estos, en cierta forma pragmáticos antecedentes filosóficos, los que factiblemente originaron el siempre creciente interés en multitud de científicos sociales por los valores. Pero su intervención no ha sido, en un principio, más clarividente que la de los filósofos. En 1969, M. Brewster Smith nos dice: "Pero el incremento de conceptos explícitos de valor entre los psicólogos y los científicos sociales no ha sido, desafortunadamente, acompañado por el correspondiente progreso en claridad conceptual o consenso. Hablamos de demasiadas y probablemente distintas cosas, bajo un solo rubro, cuando estiramos la misma terminología para incluir las utilidades de la teoría matemática de decisiones (Edwards), supuestos fundamentales acerca de la naturaleza del mundo y del hombre (Kluckhohn y Strodtbeck), preferencias últimas entre estilos de vida (Morris), y actitudes centrales o sentires profundos que determinan prioridades en las preferencias personales y como resultado dan estructura a la vida (Allport), y, a la par, nos avergüenza la proliferación de conceptos parecidos al de valor, actitudes y sentires, pero además intereses, preferencias, motivos, catexias, valencias. El puñado de esfuerzos para estudiar empíricamente a los valores ha emergido de preconcepciones diferentes y han fracasado en encadenarse para fomentar un campo de conocimiento acumulativo" (Smith, 1969, págs. 97-98).

Necesidades, Valores y Cultura
Debería existir algo así como una epistemología pragmática que permitiera saber que el tipo de conocimiento que se va a descubrir, cuando se hace investigación, es predecible a partir de la conceptualización, enfoque y propósitos expresados, y que puede obscurecer otro conocimiento acerca del mismo tema que se está explorando. No era el propósito de Rokeach, ni el de Maslow, el dirigir su trabajo hacia el descubrimiento del origen de los valores. El propósito principal de Rokeach pareció ser el de crear un inventario para la medición de los valores. El propósito fundamental de Maslow fue el de desarrollar una teoría humanística de las necesidades y relacionarla con la personalidad. El incidente de la mesa redonda, al destacar la íntima conexión entre el constructo de las necesidades y el constructo de los valores, ha llevado insensiblemente hacia la cuestión del origen de los valores. El enfoque es necesariamente evolutivo y genético, en cierto modo va en la dirección de lo que la nueva interdisciplina de la epistemología psicológica demanda para el conocimiento justificable epistemológicamente.
En principio, parece valioso declarar, buscando eventualmente confirmar, que el origen de los valores en el Homo Sapiens, es estrictamente contingente con el grado de satisfacción de las necesidades conectadas con los valores, que la especie humana ha desarrollado la cognición de valor y las series de valores universales y vernáculos a partir de su experiencia histórica en la lucha inveterada para satisfacer sus necesidades.
En la Física moderna se cree que la energía se convierte en materia cuando encuentra un obstáculo. ¿Será posible que las necesidades se conviertan en valores cuando encuentran obstáculos para su satisfacción?
Las cuestiones en Psicología son mucho más complejas que en la Física. Para empezar, resulta claro en la literatura sobre la motivación, que las necesidades fisiológicas son mucho más poderosos energetizantes que las necesidades psicológicas y sociales. Otra y más significativa dificultad emana de que: "La evidencia ha demostrado que la conducta consumatoria de comer puede ocurrir cuando la gente está ansiosa, aburrida o se siente no querida... la copulación u otra conducta sexual puede ocurrir cuando los individuos buscan el poder, el prestigio o la aprobación social" (Ferguson, 1994, vol. 2, p. 431). Adicionalmente, Maslow, además de subrayar la organización jerárquica de las necesidades, distingue entre necesidades por deficiencia y necesidades de crecimiento, con consecuencias psicodinámicas diferentes. Y luego ahí está la autonomía funcional de los motivos de Allport, en donde hábitos bien establecidos se convierten en fines (¿valores?) ilustrando la importancia de los procesos del aprendizaje.
Permanece, sin embargo, el hecho de que si los valores, junto con las creencias y las necesidades, han de convertirse en parte del acerbo de conductas o comportamientos adaptativos requeridos para caracterizar a las diferentes culturas, el origen de los valores debe de ser investigado.
Un equipo internacional se ha formado con John Adair, Díaz-Loving, Roque Méndez y el que habla, y considerando la complejidad tanto del concepto de las necesidades como del concepto de los valores, se ha desarrollado un diseño transcultural cuasi experimental, que incorpore, como se ilustra para la necesidad de justicia, una de las treinta necesidades en la Figura 6, las siguientes variables: el grado de satisfacción de cada necesidad, desde "muy satisfecha" hasta "muy insatisfecha", el grado de dificultad encontrado para satisfacer la necesidad, desde “casi imposible de satisfacer” hasta “fácil de satisfacer”, el grado de importancia del valor conectado con la necesidad, desde “muy importante” hasta “nada importante”, el nivel de satisfacción experimentado al mitigar la necesidad, desde muy alto goce hasta nada de goce y el nivel socioeconómico de la familia de los sujetos.


Así, mientras la afirmación general permanece de que el origen de los valores en el primate erecto está sujeto al nivel de satisfacción de las necesidades conectadas con los valores, el importante impacto de los procesos psicodinámicos y del aprendizaje y del nivel socioeconómico es remitido a comprobación. Este diseño permite explorar las siguientes hipótesis intra y transculturales:



  1. Se encontrarán diferencias significativas en el grado de satisfacción de buen número de necesidades a través de las culturas.

  2. Entre más bajo sea el grado de satisfacción de cada una de las necesidades descritas por Maslow, más alta será la calificación de los valores conectados con ellas, con las excepciones que serán consideradas más adelante.

  3. Entre más baja sea la calificación del grado de satisfacción de todas las necesidades en una cultura, más alta será la calificación media para todos los valores, particularmente la calificación media para los valores de crecimiento, específicamente los valores religiosos.

  4. Entre más alta sea la calificación media en la dificultad para satisfacer las necesidades del individuo y en la cultura, más alta será la calificación media para cada uno de los valores, particularmente los de crecimiento y los religiosos.

  5. Se encontrarán importantes, en ocasiones inesperadas, relaciones psicodinámicas entre las variables en el diseño y las calificaciones para el grado de dificultad encontrado para satisfacer cada una y todas las necesidades. La relación será explorada para la misma necesidad y valor y para cada una de las demás. En este caso, más que en el de las hipótesis antecedentes, los resultados podrían dar información que dé pauta en el futuro a estudios acerca de las predicciones de Maslow, entre ellas, aquellas que se refieren a la gratificación-salud y a la psicopatología por frustración-amenaza.

  6. Resultados para todas las hipótesis previas serán afectados, en casos revirtiendo las hipótesis, por la cantidad de reforzamiento experimentado al satisfacer una necesidad, y hasta cierto punto por el nivel socioeconómico de los sujetos.



Personalidad y Cultura
Se ha indicado que la personalidad emerge de una dialéctica en la cognición entre la información provista por la cultura y la información que emana de las necesidades biopsíquicas en el contexto de la información prevalente en un ecosistema dado. Esta forma de pensar ha incitado a los investigadores locales a tratar de descubrir rasgos de personalidad vernáculos. Nos vamos a referir aquí a solo uno de ellos.
Un rasgo de abnegación, definido como la disposición conductual de que otros sean antes que uno o a sacrificarse en su beneficio, ha sido validado factorialmente en muestras mexicanas (Avendaño-Sandoval y Díaz-Guerrero, 1990; Avendaño-Sandoval, Díaz- Guerrero y Reyes Lagunes, 1997, en prensa) y evidenciado conductualmente en un experimento de laboratorio (Avendaño-Sandoval y Díaz-Guerrero, 1992) y en otro estudio resultó que ninguno de los cinco grandes factores de la moderna personología norteamericana podía adecuadamente explicarlo (Rodríguez y Díaz-Guerrero, 1997). Esta evidencia indica que una Etnopsicología de la personalidad debe complementar el enfoque universalista.

Comentarios Finales
La investigación transcultural, además de su admirable esfuerzo en la búsqueda de universales, ha provisto extensa e importante información acerca de diferencias culturales. Se ha enfrascado varias veces con el concepto de la cultura con variables resultados.
La presente conferencia, multípara y diversa, con ejemplos de investigación sobre creencias culturales, necesidades, valores y personalidad, tiene la intención de persuadir a los investigadores transculturales y etnopsicológicos de lo siguiente: Que la búsqueda de una teoría de la cultura -a través del concepto de cultura que impacta la conducta humana de mayor interés a la psicología- puede sabiamente utilizar procedimientos deductivos (¿cualitativos?), pero fundamentalmente deberá explorar, intra y transculturalmente, las dimensiones cruciales de las creencias, los valores, las necesidades y quizás la personalidad, y de ser posible, escudriñando por diseños multivariados, en un enfoque genético o evolutivo, que pueda incluir variables organísmico-dinámicas, del aprendizaje y del nivel socioeconómico. Este procedimiento inductivo y cuantitativo deberá permitir a los psicólogos, en cualquier país, mientras crean su propia etnopsicología, contribuir al presente casi intratable problema de una teoría de la cultura que sea universalmente satisfactoria.

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Depresión y Género: Resultados Iniciales de un Estudio Colaborativo en el Caribe sobre los Estados de Ánimo
Dr. Guillermo Bernal, Dr. Nelson Varas,

Janet Bonilla, Axel Santos y Mildred Maldonado

Universidad de Puerto Rico

Recinto de Río Piedras y

Recinto Universitario de Mayagüez
El trabajo que a continuación se elabora representa un esfuerzo de colaboración entre académicos/as del Caribe (Puerto Rico, Cuba y la República Dominicana) en el área de la salud mental, particularmente en el tema de la depresión. Las Co-investigadoras en Cuba y la República Dominicana son las licenciadas Isabel Lauro y Clara Benedicto, respectivamente. El Proyecto ATLANTEA de la Presidencia de la Universidad de Puerto Rico auspicia económicamente el trabajo de colaboración realizado. Este proyecto ATLANTEA tiene como objetivo principal ofrecer apoyo al intercambio entre académicos e investigadores en el Caribe. Además, los Fondos Institucionales para la Investigación (FIP) de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, apoyan económicamente el desarrollo del trabajo que se ha estado realizando.
El trabajo de colaboración realizado se ha denominado Proyecto DESEA en el Caribe. Las siglas "DESEA" significan Desarrollo de Estudios Sobre Estados de Ánimo en el Caribe. Los/as colaboradores/as de DESEA en el Caribe han realizado trabajos de traducción y evaluación de las propiedades psicométricas de instrumentos sobre variables psicológicas, particularmente de tres medidas sobre el estado de ánimo denominado como depresión. Dichos instrumentos son necesarios para el desarrollo de estudios sobre la evaluación de tratamientos y modelos para la depresión. Además, la base de colaboración concertada en aspectos de instrumentación permitirá el desarrollo de investigaciones posteriores en las que los instrumentos previamente evaluados podrán ser utilizados en términos de traducción, adaptación, confiabilidad y validez en muestras de contextos caribeños. A largo plazo, el trabajo iniciado ofrece la oportunidad de ampliar los intercambios iniciados y/o fomentar nuevas colaboraciones en aspectos variados: académicos, adiestramiento e investigación.
A continuación se presenta parte del trabajo realizado hasta el presente con una muestra de estudiantes puertorriqueños/as. Específicamente se exponen los resultados obtenidos sobre características psicométricas de una versión revisada del Inventario de Depresión de Beck y los hallazgos en torno a diferencias entre géneros en la manifestación de la depresión.
Género y Depresión
La depresión es un estado de ánimo caracterizado por sentimientos de tristeza e irritabilidad, variaciones en hábitos de alimentación, fatiga o bajos niveles de energía, baja autoestima, problemas de sueño, sentimientos de culpa, problemas de concentración, desesperanza y pensamientos o actos suicida (APA, 1994). Un estudio realizado en Puerto Rico sobre la prevalencia de los desórdenes afectivos, entre los cuales se encuentra la depresión, apoya que estos constituyen el cuarto trastorno psiquiátrico de mayor prevalencia en la Isla (Canino, Bird, Rubio, Bravo, Martínez & Sesman, 1987). Este dato documenta la necesidad de llevar a cabo estudios relacionados a la depresión y a la manera en que esta problemática se manifiesta en la población puertorriqueña.
Durante la década de los setenta se realizaron varios estudios para estimar la tasa de depresión por la variable género (Culbertson, 1997) entre anglosajones. Un número mayor de los estudios realizados informan que tres mujeres por cada hombre presentan depresión (3: 1). Otros estudios realizados entre las décadas del ochenta y noventa han estimado una proporción de dos mujeres por cada hombre (2: 1). Estos hallazgos provienen de estudios realizados en países como Estados Unidos, Suecia, Alemania, Canadá y Nueva Zelandia (Klerman & Weissman, 1989). Aún cuando la investigación en el área de las diferencias por género en la depresión ha brindado valiosa información al fenómeno de la sintomatología depresiva, los estudios que intentan explorar la manera en que los géneros construyen la depresión son limitados. Conocer la forma como se construye la depresión en los géneros podría contribuir a la explicación de los hallazgos anteriores.
Canino, Rubio-Stipec, Shrout, Bravo, Stolberg, & Bird (1987) realizaron un estudio con el objetivo de evaluar las diferencias por género en trastornos psiquiátricos en una muestra de puertorriqueños/as entre 16 y 65 años. Los hallazgos de este estudio corroboran los resultados de investigaciones previas donde las mujeres presentan sintomatología depresiva con mayor frecuencia, que los hombres. Canino, Rubio-Stipec, et al. (1987) proponen que las diferencias por género en la prevalencia de la depresión pueden ser explicadas a partir de teorías sociales. Específicamente, los/as autores sostienen que las diferencias por género en la depresión pueden ser explicadas a partir de la manera en que cada género interioriza roles sociales mediante el proceso de socialización. Los roles asociados a la mujer son más congruentes con características o rasgos emotivos (ej. llanto) y con un rol de conducta más pasivo que el atribuido al hombre. La explicación articulada en el trabajo de Canino, Rubio-Stipec, et al (1987) plantea las siguientes interrogantes: ¿Es el proceso de socialización de los géneros determinante en las diferencias de la prevalencia de la depresión? ¿Experimentan o construyen los diferentes géneros la depresión de igual manera?
Uno de los estudios que ha intentado contestar estas preguntas lo realizó Guarnaccia, Angel, & Lowe (1989). Dicho estudio compara la prevalencia de síntomas de depresión entre hombres y mujeres de origen mexicano, cubano y puertorriqueño residiendo en los Estados Unidos. Con el objetivo de documentar diferencias en la estructura factorial del CES-D (Escala de Depresión del Centro de Estudios Epidemiológicos) por género, Guarnaccia, Angel, & Lowe (1989) llevaron a cabo un análisis de la estructura factorial de la Escala, dividiendo la muestra del estudio por género. Los autores encontraron que la estructura factorial resultante para el CES-D con la muestra de mujeres fue bastante similar en los distintos orígenes étnicos. Este hal1azgo sostiene que las mujeres latinas construyen la depresión de manera similar. Por otro lado, la estructura factorial del CES-D resultante con la muestra de los hombres difirió de la estructura obtenida a partir de la muestra de las mujeres.
En la muestra de las mujeres puertorriqueñas (n= 794) se encontró tres factores y en la de los hombres cuatro (Guarnaccia, Angel, & Lowe, 1989). En el caso de las mujeres el primer factor, compuesto por 16 reactivos, fue denominado ánimo depresivo o somático e incluyó reactivos relacionados a molestia, apetito, tristeza, depresión, esfuerzo, fracaso, miedo, sueño, soledad y llanto. El segundo factor, llamado interpersonal, estuvo compuesto por dos reactivos relacionados a conceptos como aversión y enemistad. El tercer y último factor, llamado afecto positivo, estuvo constituido por dos reactivos relacionados a esperanza y a bienestar. Los/as autores/as del estudio aclaran que la agrupación de la mayoría de los reactivos en el primer factor contribuye a que las tasas de sintomatología depresiva informadas sean mayores en mujeres latinas.
Con la muestra de hombres puertorriqueños (n=472) se identificaron cuatro factores en el CES-D. El primero, denominado desmoralización, incluyó siete reactivos relacionados a fracaso, miedo, sueño, tristeza, comunicación y soledad. El segundo factor, llamado afecto depresivo o somático, estuvo compuesto por cinco reactivos relacionados a molestia, apetito, tristeza y depresión. El tercer factor denominado interpersonal incluyó dos reactivos relacionados a enemistad y aversión. El cuarto y último factor llamado afecto positivo incluyó reactivos relacionados a esperanza, bienestar y disfrute.
Es importante destacar que el cuarto factor en los hombres y el tercero en las mujeres son semejantes y están relacionados a un factor de afecto positivo. De la misma manera el tercer factor en los hombres y el segundo en las mujeres tienen que ver con problemas interpersonales e integran exactamente los mismos reactivos. Sin embargo, la diferencia entre los dos primeros factores es marcada porque agrupan reactivos relacionados a sentimientos de desmoralización en la muestra de hombres y de afecto depresivo y somatización en la muestra de mujeres. Dicho afecto depresivo y la somatización componen el segundo factor para los hombres.
Otro estudio que ha explorado las diferencias por género en la depresión fue el de Gjerde, Block, & Block (1988). Los y las autores (as) encontraron diferencias por género en los resultados obtenidos de la Escala de Depresión del Centro de Estudios Epidemiológicos (CES­-D) en una muestra de 87 adolescentes estadounidenses de 18 años de edad. Aunque los promedios de las puntuaciones totales en el CES-D de los hombres y las mujeres fueron similares, pruebas estadísticas más específicas (para cada reactivo) documentaron diferencias por género en la manifestación de la depresión. En la muestra de los hombres se observaron puntuaciones más altas en reactivos relacionados a procesos de exteriorización (ej. irritación y funcionalidad entre otros) y en la muestra de mujeres se observaron puntuaciones más altas en reactivos relacionados a procesos de internalización (ej. ánimo deprimido y pesimismo entre otros).
El propósito de este estudio fue explorar diferencias en síntomas de la depresión entre los géneros, utilizando análisis de factores exploratorio. Para dicho propósito se utilizó una versión traducida al español y adaptada en la población puertorriqueña del Inventario de Depresión de Beck (IDB) (Bonilla, Bernal, Santos, & Santos, 1998). El IDB ha sido una de las medidas de autoinforme más utilizadas en el campo de la psicología, porque es un instrumento breve y fácil de completar. A partir de 36 años de investigación con este instrumento, se ha documentado que el mismo posee buenas propiedades psicométricas en poblaciones anglosajonas y europeas (Beck, Steer, & Garbin, 1988; Gal1agher, Nies & Thompson, 1982; Reynolds & Grould, 1981; Vásquez & Sanz, 1991). En Puerto Rico, Bernal, Bonilla & Santiago (1995), encontraron en una muestra de pacientes clínicos que el IDB tiene un índice de confiabilidad interna de .89 y posee validez de construcción lógica, determinada mediante un análisis de factores. En un estudio posterior con el IDB-S (versión en español que incluye criterios para la depresión mayor según el DSM-IV), Bonilla, Bernal, Santos & Santos (1998), encontraron en una muestra de comunidad un índice de confiabilidad alto (.89) y se apoyó la validez de construcción lógica del instrumento.


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