30 Años de Psicología Dominicana: Pasado, Presente y Futuro



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El Caribe Anglófono
Cuando nos referimos al Caribe anglófono hablamos de las islas colonizadas por Gran Bretaña y las Islas Vírgenes Norteamericanas. Estos dos componentes tienen desarrollos muy distintos de la psicología. Comencemos con los que se conocen como el "British Common­wealth Caribbean" haciendo énfasis en Jamaica.
Este conjunto llamado "British Commonwealth Caribbean" está constituido por 16 islas que estuvieron o están bajo dominio británico (Salter, 1995). En las mismas hay diferentes grupos culturales, raciales y religiosos (católicos, protestantes, musulmanes, budistas, hindúes, etc.). Igual que en el Caribe hispanoparlante, estas islas/naciones han sufrido la esclavitud, colonización y el capitalismo dependiente. En la actualidad su organización social está basada en la estratificación social por clase, raza y etnia.
La educación superior en estos países está estrechamente vinculada con el proceso de descolonización que surge después de la Segunda Guerra Mundial (Phillips, 1988). El Imperio Británico no había prestado atención alguna al desarrollo de la educación pública en estos territorios y como resultado de protestas y el Informe de la Comisión Moyne, el gobierno británico estableció la Comisión de Educación Superior en las colonias en 1943. En 1948 comenzó a ofrecer cursos el Colegio Universitario de las Indias Occidentales. Como demuestra la Conferencia de la Bahía de Montego, este período se caracterizó por el nacionalismo y la descolonización en la región culminando en e1 1958 con el establecimiento de la Federación de las Indias Occidentales. Para 1962 los territorios empiezan a independizarse y el Colegio Universitario de las Indias Occidentales se transforma en la Universidad de las Indias Occidentales, ahora autónoma.
Sin embargo, hasta la actualidad, nunca se ha establecido un departamento de psicología en ninguno de los recintos de dicha universidad (Mona, Jamaica; San Agustín, Trinidad; Cave Hill, Barbados) ni tampoco en la Universidad de Guyana o la Universidad Tecnológica de Jamaica (Salter, 1995). Aunque se impartían cursos de psicología, en las Facultades de Artes Liberales, Medicina y Ciencias Sociales no se ofrece un Bachillerato o Licenciatura en Psicología hasta 1994 cuando se aprobó una concentración en psicología como parte de los ofrecimientos académicos del Departamento de Sociología en el recinto de Jamaica. Frecuentemente las personas que enseñan psicología no han sido formados en la disciplina (Salter, 1995).
Además, los/as psicólogos/as que se desempeñan en contextos académicos están ubicados en medicina, educación, ciencias sociales, consejería y administración de empresas y negocios. También hay psicólogos en la práctica privada pero son muy pocos. Aunque Jamaica tiene 2.7 millones de habitantes, la Sociedad de Jamaica de Psicología incluye en su directorio a 11 psicólogos con estudios graduados en la disciplina.
Paradójicamente, estas naciones cuentan con una cantidad sustancial de investigación psicológica, particularmente en psicología social, diseminada regionalmente. Salter (1995) informa que en un sondeo de las tres revistas científicas de la Universidad de las Indias Occidentales; The Caribbean Journal of Education, Caribbean Quarterly y Social and Eco­nomic Studies; desde 1960 señala que de 250 trabajos clasificados como de psicología, 150 eran de psicología social, 40 en educativa, 20 en educativa/social, 20 en religión/social y 20 en clínica/personalidad. Además, en la revista Medical Bibliography of the Caribbean hay 80 artículos de psicología en las áreas de: desarrollo humano, social, psicología anormal/clínica y espiritualidad. También en la actualidad se lleva a cabo investigación psicológica en el campo de la medicina con pacientes con SIDA, problemas metabólicos y anemia; en psicología educativa y medición de la inteligencia, problemas de aprendizaje; y en el estudio de los géneros (Salter, 1995).
En resumen, podemos decir que el desarrollo de la psicología en el British Common­wealth Caribbean también está relacionado con los procesos de colonización y explotación así como de modernización, industrialización y los proyectos nacionales. Su desarrollo es aún más reciente y limitado que en el Caribe hispanoparlante. A tono con el escaso desarrollo de la disciplina, también hay mucho menos psicólogos/as que en Cuba, República Dominicana y Puerto Rico. Paradójicamente, hay un centro de investigación psicológica en la Universidad de las Indias Occidentales en el recinto de San Agustín, Trinidad y un cuerpo de investigación psicosocial mayor que lo que se podría esperar del desarrollo de la disciplina en dichas naciones/islas. Este asunto merece mayor estudio y explicación.
Las Islas Vírgenes Norteamericanas, constituidas por San Tomás, Santa Cruz y San Juan, son territorios de los Estados Unidos de Norteamérica y cuentan con una población de aproximadamente 100,000 habitantes. En este contexto el desarrollo de la psicología estuvo mucho más vinculado a la salud mental que a la educación superior, ya que no es hasta 1963 que se establece el Colegio de las Islas Vírgenes (Rhymer Todman, 1995). Nuevamente, la utilización y desarrollo de la psicología está influida por la modernización en relación al país colonizador. El escenario central será la Oficina de Salud Mental del Departamento de Salud de las Islas Vírgenes. Cuando se estableció en los Estados Unidos de Norteamérica la Ley Nacional de Salud Mental en 1946, en las islas se inició el programa de salud mental en 1949, incluyendo a la primera psicóloga del territorio (Schulterbrandt). Aunque el programa fue diseñado inicialmente para la intervención clínica terciaria, gracias a la formación de la psicóloga Schulterbrandt, que lo dirigió, tomó un carácter cada vez más preventivo y comunitario. Puerto Rico, como territorio más desarrollado de los Estados Unidos, colaboró directamente durante la década de los 50 con este programa de salud mental, el desarrollo de la Primera Conferencia Caribeña de Salud Mental en 1953 y el establecimiento de la Federación Caribeña de Salud Mental en 1959. Este programa, liderado por Schulterbrandt, fue el motor para el desarrollo de investigación psicosocial en diversas áreas como desarrollo humano, patrones de crianza y desarrollo de personalidad entre otros; así como el establecimiento del Hospital Psiquiátrico de las Islas Vírgenes (1961), centros de salud mental y diagnóstico (1965-66), la Asociación Psicológica de las Islas Vírgenes (1966), el Colegio de las Islas Vírgenes (1963) y el Instituto Caribeño de Alcoholismo (1974).
Para 1990 las Islas Vírgenes Norteamericanas era el único territorio de ese país sin reglamentación de la práctica psicológica. Ese año, tras organizarse la Asociación de Psicólogos de las Islas Vírgenes, un grupo de colegas se dieron a la tarea de cabildear la legislatura para aprobar un proyecto de ley que reglamentara la práctica psicológica (Bernard, 1995). En diciembre de 1994 lograron la aprobación de la Ley 20-0433 para licenciar psicólogos/as y reglamentar la práctica de la disciplina.
En resumen, podemos decir que en las Islas Vírgenes Norteamericanas también el desarrollo de la psicología está influida por el estado colonial y de dependencia de dichos territorios, así como por el proceso de modernización de estas islas en esa relación político­económica. En términos generales, la disciplina se ha desarrollado menos en el Caribe anglófono que en el hispanoparlante. Queda por investigar y precisar más claramente los procesos que median dichas diferencias en el desarrollo de la psicología.
El Caribe Francófono
Por último, en el Caribe francófono, particularmente Haití de acuerdo a Ardila (1989) se estableció una Licenciatura en Psicología en la Universidad de Haití en 1974. Aunque hay algunos psicólogos/as en el país, en el sistema de educación superior no hay programas académicos de psicología en funcionamiento hoy día de acuerdo a la información disponible. Más aún, dada la historia de Haití y la crítica situación económica, política y social que ha sufrido este país, es comprensible que existan problemas mucho más prioritarios que el desarrollo de dichos programas. También un examen de la literatura especializada sobre psicología y la historia de la disciplina en América Latina no arroja ninguna información que cuestione lo antes señalado. Más aún, no ha habido participación de psicólogos/as haitianos/as en las organizaciones internacionales regionales que agrupan a los/as psicólogos. Por estas razones planteamos la hipótesis que el desarrollo de la disciplina es aún más escaso y limitado en el Caribe francófono. Esta es un área que amerita mucho más estudio.

Conclusiones
Hace diez años Moghaddam (1987) señaló que la psicología en y para los países en vías de desarrollo se ha hecho más importante según hemos adquirido consciencia del papel que desempeña y puede tener la disciplina y de la importancia del desarrollo de nuestros países. La relación entre el desarrollo de nuestros países y el desarrollo de la psicología es compleja. Mientras que el nivel de desarrollo nacional influye, y algunos dicen que delimita la producción de conocimiento, el desarrollo de conocimientos a su vez es esencial para el desarrollo económico, político, social y cultural autodirigido y autónomo. Más aún, la producción de conocimiento está íntimamente vinculada con el poder para autogestar el futuro e influir en otros países.
Creo que podemos coincidir, sin caer en una autoimagen colonizada, que las islas/naciones del Caribe isleño son países pequeños, algunos altamente poblados, otros con recursos naturales limitados o escasos, que tienen un legado histórico de esclavitud, colonización, explotación y dependencia. De hecho, algunos aún se encuentran en ese estado o algún grado del mismo.
Los países desarrollados tienen los recursos materiales, humanos, científicos y tecnológicos para influir en otros países, económica, política, social y culturalmente. Nosotros, como psicólogos/as del Caribe isleño, en términos generales, fundamentalmente miramos hacia los colegas de estos países desarrollados como fuente de conocimiento y dirección en nuestra disciplina. No creo posible que ninguna de nuestras islas, dadas las condiciones actuales, pueda llegar a ser un líder importante en el desarrollo de la disciplina de tal forma que logre ser un agente influyente a nivel internacional. Sin embargo, si comenzáramos a mirarnos unos a otros como nuestros principales colaboradores, tal vez podríamos: 1) desarrollar una psicología desde y para nuestros países, 2) adelantar en la producción de conocimiento con propuestas originales para lidiar con los procesos y problemas psicosociales de la región y 3) alcanzar mayor influencia en la disciplina a nivel internacional.
La propuesta no es el aislacionismo intelectual. De hecho, debemos continuar manteniéndonos al día con los adelantos más recientes de la disciplina. Sin embargo, ganaríamos mucho si las islas caribeñas se convierten en nuestro principal interlocutor en el desarrollo de la psicología. Esta estrategia se hace aún más importante con la globalización económica que incursiona en la globalización de la práctica profesional y por ende, a la larga, en transformaciones fundamentales en la formación de los/as psicólogos. La idea no es resistir el cambio, esa sería una batalla perdida desde su inicio. El objetivo es tomar consciencia de estos procesos y apropiarnos de ellos para desarrollar la capacidad de dirigirlos.
Las consecuencias de continuar mirando hacia los países desarrollados como fuente de respuesta para nuestros problemas psicosociales e ignorar el trabajo que llevan a cabo nuestros colegas caribeños, sólo continuará fomentando la dependencia intelectual que ha estado manifiesta en la historia de la disciplina y la fragmentación de nuestros países.
¿Cómo iniciar una trayectoria donde el principal interlocutor sean nuestros vecinos caribeños? Las y los psicólogos debemos crear instancias de interacción y trabajo conjunto que facilite el desarrollo de confianza entre nosotros, de tal forma que al cultivar nuestras relaciones profesionales logremos crear las condiciones psicosociales entre nosotros necesarias para iniciar proyectos colaborativos multinacionales mayores. Debemos fomentar una cultura participativa fundamentada en el trabajo en equipos colaborativos, la auto-evaluación y la crítica constructiva. Debemos olvidar los personalismos y las ansias de descollar individualmente. Es deseable que pensemos que los procesos y problemas psicosociales que confrontamos son complejos, multivariados y multidimensionales. A tono con esta visión, debemos trabajar, en la práctica y la investigación, en forma trans y multidisciplinaria. Por último, debemos movernos a desarrollar proyectos académicos, de intervención e investigación transnacionales. Esta estrategia nos puede permitir maximizar nuestros recursos materiales y humanos; optimizar la utilidad de nuestra experiencia; estimular, alentar y apoyarnos mutuamente en los momentos difíciles que pueda confrontar la disciplina en diversos momentos históricos; fortalecer nuestros programas académicos en psicología y desarrollar conocimientos psicológicos desde y para nuestras poblaciones.
Hay muchos obstáculos para desarrollar esta agenda: la desconfianza, las luchas de poder, la incertidumbre, las limitaciones materiales, las diferencias lingüísticas y culturales, las brechas en desarrollo cultural, nuestros prejuicios, etc. Lo importante es que al unirnos para desarrollar una agenda de trabajo colaborativo en psicología entre las islas/naciones del Caribe isleño no intentemos homogeneizar la diversidad que nos caracteriza, sino que trabajemos concertadamente para potenciarla.

Dimensiones Culturales y Comportamiento, Etnopsicología y Psicología Transcultural de Cara al Siglo XXI
Dr. Rogelio Díaz-Guerrero

Investigador Emérito y Decano de la Facultad de Psicología

Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En 1938, Samuel Ramos (1938), un filósofo mexicano, inició su libro "El Perfil del Hombre y la Cultura en México", con la concepción que los humanistas tienen de la cultura: las características de una sociedad que resultan de la productividad de su gente en las artes, las letras, las buenas maneras y en la erudición. Casi inmediatamente después declara que ese tipo de cultura, en el México moderno, es fundamentalmente imitativa de la europea, y, en forma limitada, de la cultura norteamericana. Luego viene la sorpresa, hace hincapié, que para poder precisar los aspectos originales de la cultura mexicana, es necesario determinar, primero, la estructura mental de los mexicanos.


¡Qué les parece! Los antropólogos culturales no necesitan preocuparse acerca de las 164 definiciones analizadas por Kroeber & Kluckhohn (1952), los psicólogos transculturales no necesitan definir su constructo medular, simplemente determínense las características psicológicas de una población y se conocerá su cultura, la humanística, la antropológica y la transcultural. ¿Psicologismo en un filósofo? Cuando menos una manera original de cómo alcanzar una comprensión global del controvertido concepto.
Samuel Ramos prosigue, encuentra que la teoría adleriana es la que mejor encaja en su propósito de entender la mente de los mexicanos y puesto que "al nacer México, se encontró en el mundo civilizado en la misma relación del niño frente a sus mayores" (Ramos, 1938, p. 73), los mexicanos y la cultura mexicana, desarrollaron un complejo de inferioridad. El argumento completo, de cómo este complejo de inferioridad se muestra en la variada conducta de los mexicanos y la cultura mexicana resultante, es demasiado extenso y culto para resumirlo aquí.
Yo fui alumno de Ramos, pero también de varios y distinguidos psicólogos: mexicanos, de refugiados españoles y en los Estados Unidos de Lewin, Spence, Sears, el filósofo Bergman y el semanticista Wendel Johnson. Pero también me fascinó el pensamiento y las ilustraciones de los primeros antropólogos culturales: Frazer, Boas, Sapir, Linton, Bennedict, Mead. Finalmente resulté ser el séptimo miembro de trece embarazos en una familia muy mexicana de la clase media baja.
Así, cuando llegó mi turno de pensar y de investigar acerca de la Psicología de los mexicanos mi experiencia familiar, llena de proverbios, máximas y dichos, inclinó la balanza a favor de lo que fue definido como una sociocultura, engastada en la historia, como el antecedente fundamental para entender la psicología de los mexicanos. Se dijo: "Vamos a percibir a una sociocultura como un sistema de premisas socioculturales interrelacionadas que norman o gobiernan los sentimientos, las ideas, la jerarquización de las relaciones interpersonales, la estipulación de los tipos de papeles sociales que hay que llenar, las reglas de la interacción de los individuos en tales papeles, los dónde, cuándo y con quién, y cómo desempeñados. Todo esto es válido para la interacción dentro de la familia, la familia colateral, los grupos, la sociedad, las superestructuras institucionales, educacionales, religiosas, gubernativas y, para tales problemas, como los desiderata principales de la vida, la manera de encararla, la forma de percibir a la humanidad, los problemas de la sexualidad, la masculinidad y la feminidad, la economía, la muerte, etc." (Díaz-Guerrero, 1967, p. 81).
Las Premisas Socioculturales (PSCs)
Originalmente una PSC fue definida conceptualmente como una afirmación, simple o compleja, pero una afirmación que parece proveer las bases para la lógica específica del grupo. Más tarde fue definida operacionalmente como una afirmación sostenida por una mayoría de las personas de una cultura dada o por una minoría psicológicamente significativa. Dos tipos de PSCs fueron distinguidas: las prescriptivas, particularmente válidas para las interacciones dentro de la familia (Díaz-Guerrero, 1955), y las PSCs que sustentan el estilo mexicano de enfrentamiento de problemas (Díaz-Guerrero, 1967a, 1967b). Discutamos primero las prescriptivas.
En varios estudios las PSCs que se muestran en la Tabla 1, como un ejemplo, fueron sostenidas por 70 a 90% de sujetos heterogéneos en diferentes partes de la República.
TABLA 1

Ejemplos de PHSCs


Un hijo debe siempre obedecer a sus padres

Los hombres deben llevar los pantalones en la familia

Las mujeres deben de ser protegidas

El lugar de la mujer es el hogar

Uno debe ser siempre leal a su familia

La mujer debe ser virgen hasta que se case

Nunca se debe dudar de la palabra de una madre

La mayoría de los hombres gustan de la mujer dócil

Para 1972 (Díaz-Guerrero, 1972), las 23 PSCs, de 123 originales, que habían mostrado el mayor número de diferencias significativas por género, hábitat y paso del tiempo, en estudios previos, fueron sometidas a un análisis factorial de eje principal. Este análisis y su rotación hacia la estructura más simple, proveyeron un solo factor con 61 % de la varianza. La Tabla 2 muestra las aparentemente heterogéneas premisas históricas socioculturales (PHSCs) que pesaron en el factor.



TABLA 2

Ejemplos de PHSCs que pesaron en el factor único



Un hijo debe siempre obedecer a sus padres

.82

El lugar de la mujer es el hogar

.61

Los hombres deben llevar los pantalones en la familia

.57

Para mí la madre es el ser más querido que existe

.55

El padre debe siempre ser el amo en el hogar

.53

Las mujeres deben de ser dóciles

.51

La mayoría de las niñas preferirían ser como sus madres

.51

Teniendo a la mano una muy significativa, para los mexicanos, escala factorial de PHSCs, un buen número de estudios se llevaron a cabo bajo la presuposición de que, si en verdad estas creencias normativas explicaban el comportamiento en los mexicanos, deberían correlacionar significativa y característicamente a variables psicológicas, sociales, económicas y aún políticas en México. Esto se ha mostrado repetidamente (v.g. Díaz-Guerrero, 1977a, 1993; Almeida, Díaz-Guerrero y Sánchez, 1980; Díaz- Guerrero y Castillo Vales, 1981; Reyes-Lagunes, 1982; Pérez-Lagunas, 1990; Solís-Cámara, Gutiérrez-Turrubiates y Lynn, 1994). Se propuso adicionalmente, que la dirección del crecimiento para el individuo y del desarrollo para la sociedad podría ser determinada por el grado de rebelión a estos verdaderos dogmas de la cultura tradicional. Este presupuesto se reforzó por un tempranero hallazgo transcultural. Holtzman et al (Holtzman, Díaz-Guerrero y Swartz, 1975, tablas 13-1 y 13-2, p. 332), reportan una fuerte caída, casi lineal, en calificaciones de obediencia afiliativa, en muestras comparables de muchachos de 14 años de edad, en México, Austin, Chicago y Londres (Fig. 1), Y ese resultado muestra una correlación perfecta con incidentes históricos, críticos en el derrocamiento de la autoridad absoluta, religiosa o estatal en cada cultura.




Descubrimientos congruentes en varios estudios involucrando variables del desarrollo: estimación del tiempo, año escolar, manchas de tinta de Holtzman (HIT), figuras escondidas de Witkin, etc. (v. g. Díaz-Guerrero, 1979a, 1980, 1989; Díaz-Guerrero y Castillo Vales, 1981), condujeron a estipular una dialéctica cultura-contracultura. Tanto el desarrollo de la personalidad como la evolución de los sistemas sociales resultarían de una dialéctica perenne entre la información provista por la cultura y la derivada de las necesidades biopsíquicas de los individuos en el contexto de la información prevalente durante el crecimiento en los ecosistemas socioculturales dados (Díaz-Guerrero, 19977b, 1979).








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