30 Años de Psicología Dominicana: Pasado, Presente y Futuro


Los Treinta Años de Psicología Profesional



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Los Treinta Años de Psicología Profesional
Cuando se produce en 1966 el triunfo del Movimiento Renovador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, con sus consignas de: democratización, departamentalización, diversificación y descentralización, yo estaba de regreso al país y me convertí rápidamente en Secretario General y principal artífice de las reformas académicas que habían de producirse en ese centro académico.
De hecho, fue en mi casa del centro de la ciudad de Santo Domingo, recién llegado yo de Europa, donde un grupo de intelectuales que diseñaba las estrategias políticas del movimiento constitucionalista y se preparaban los documentos para la negociación con que terminó esa revolución democrática del año 1965, abortada por la intervención norteamericana, que se organizó dicho movimiento universitario como secuela y única conquista real que permaneció de la anterior, con la participación de los profesores Andrés María Aybar, Hugo Tolentino Dipp y Marcelino Vélez Santana, entre otros. De manera que tras el triunfo de ese movimiento, el camino quedó abierto para la realización de mis planes con referencia a la Psicología.
En la UASD renovada de entonces, las prioridades pasaron de la terminación del año académico interrumpido por la Guerra de Abril, a la aprobación de un nuevo Estatuto Orgánico y de ésta a la reorganización de las diez carreras entonces existentes.
Solo después de esa etapa cumplida en el año 1966, que incluyó el establecimiento de la docencia por semestres y créditos, se procedió entre 1967 y 1969 a la organización de toda la Universidad por Departamentos y al establecimiento de nuevas carreras.
La Facultad de Humanidades, como se rebautizó a la antigua Facultad de Filosofía y Educación que ofrecía las carreras de Filosofía y de Educación, además de las nuevas escuelas anexas de Ciencias de la Información y de Sociología y de una escuela informal de inglés de nivel no universitario, tenía muy pocos alumnos y como muchos de sus profesores y estudiantes eran sacerdotes, ex-curas y monjas, en una universidad y país en plena efervescencia política anti-norteamericana y revolucionaria, se le había puesto de apodo: "El Vaticano".
El Decano de dicha Facultad entre los años 1965 y 1970 lo fue Andrés Avelino hijo, filósofo como su padre y hombre de ideas progresistas en el ámbito socio político, aunque no tanto en el orden académico, por lo que no veía con buenos ojos la organización de los estudios en semestres y créditos, así como tampoco la departamentalización que proponíamos para esa entidad, que reflejaba todavía, no obstante su diversidad, la falta de organismos especializados propios de la organización medieval de la Universidad.
De todas maneras, la reforma se impuso y el 14 de julio del año 1967 salieron a la luz los Departamentos de Pedagogía, Psicología, Letras, Historia y Antropología, Comunicación y Lenguas Modernas, muchos de los cuales como el de Psicología iniciaron de inmediato nuevas carreras bajo su tutela, además de administrar las asignaturas de su especialidad en el resto de la Universidad. Poco tiempo después se organizó también en esa Facultad con mis auspicios, el Departamento y carreras de Artes.
El Plan de Estudios establecido por nosotros para la Licenciatura en Psicología constaba de cuatro años divididos en semestres, de los cuales los dos primeros eran de estudios básicos organizados aparte en el desaparecido Colegio Universitario, y otros seis con créditos obligatorios de materias comunes de psicología, créditos complementarios ofrecidos por otros departamentos y créditos optativos en las áreas de Psicología Clínica, Industrial, Social y Educativa, para optar a otras tantas menciones dentro de la licenciatura.
En la redacción de ese pensum se tuvo en cuenta planes existentes para entonces en Alemania, Francia, Estados Unidos, México, Puerto Rico, Cuba y Venezuela, pero siempre privilegiando el carácter liberal, diversificado y por créditos que aún se mantiene. También consultamos a distintos profesores extranjeros y dominicanos conocidos que tuvieran algo que aportar, incluyendo a Enerio Rodríguez, a quien conocí mientras estudiaba la carrera en México, pero que ya había sido profesor provisional de Introducción a la Psicología y Psicología Social en la Escuela de Sociología de la UASD, luego de realizar estudios de Filosofía en el Seminario Conciliar y completarlos en la Universidad.
De los primeros alumnos de la carrera, unos veinticinco en total, un núcleo importante eran ya egresados de otras carreras, particularmente de Educación, sin que faltaran abogados y médicos, parte de los cuales habían hecho meses atrás un Curso de Orientación Profesional a cargo del Psicólogo español Pío Rodríguez, bajo los auspicios de la UNESCO; y otra parte, provenía del curso propedéutico de la UASD, el desaparecido Colegio Universitario. En gene­ral eran sujetos muy motivados y con buena cultura general, aunque algunos de los ya profesionales tenían deficiencias en su formación científica básica, que le dificultó su aprendizaje inicial. La mayor parte de los egresados de los primeros años han jugado un papel extraordinario en el ulterior desarrollo de la Psicología en el país.
A su vez la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) organizó dentro de su Facultad de Educación un Departamento de Psicología y Orientación en octubre del 1967 a iniciativa del profesor Malaquías Gil, cuyo primer Director fue el licenciado José Cruz, entonces sacerdote jesuita, el cual ofreció originalmente una carrera de nivel técnico en Psicometría y desde 1968 Licenciatura en Psicología Educativa, Psicología Clínica y Psicología Industrial.
La UNPHU, organizada apenas en el año 1966 con los profesores que se retiraron de la UASD por razones políticas, había realizado un esfuerzo extraordinario hacia la conformación de una universidad moderna, diversificada y disciplinada, de manera que poder ofrecer cursos profesionales de Psicología apenas en el segundo año de su fundación constituyó una verdadera proeza académica.
La orientación inicial de la carrera de Psicología en la UNPHU fue la psicometría y la orientación profesional; y luego, con la llegada del psicólogo Ruben Farray y de los psiquiatras Máximo Beras Goico y Ernesto Cabrera se reforzó el área clínica de dicha carrera, cuyo plan de estudios fue modificado con la participación de Salvador Iglesias.
En la UASD yo asumí la dirección del Departamento desde su fundación hasta el año 1970, en realidad porque no encontré a un profesional dominicano de la psicología apto para entregársela, ya que desempeñaba simultáneamente las funciones de Secretario General en sus inicios y de planificador académico en la Comisión para el Desarrollo y Reforma Universitaria después, en un período muy dinámico de nuestra academia. Mis servicios en esa posición como en la docencia de diversas asignaturas las realizaba a costa de un gran esfuerzo y en forma totalmente gratuita, ya que estaba contratado a tiempo completo por las otras funciones. Por eso el Departamento encontró su guía natural cuando Enerio Rodríguez fue elegido como Director con el apoyo de todos desde el año 1970 hasta el 1981, y aún proyecta su benéfica influencia hasta el presente. Durante su gestión se introdujeron en la carrera los estudios sistemáticos del condicionamiento operante y de los procesos cognoscitivos, se fortaleció el estudio de la metodología, y se eliminaron las menciones dentro de la licenciatura, a fin de cumplir mejor con la formación profesional, teniendo en cuenta las grandes limitaciones económicas y de personal docente que existían. Este proceso continuó con la discusión de un nuevo Plan de Estudio, con la participación del profesorado durante alrededor de ocho años, donde se introdujeron de nuevo las menciones, se añadieron nuevas asignaturas y se fortaleció particularmente el área de la Psicología Social y del Desarrollo Humano en el Curriculum.
La carencia de profesionales criollos fue suplida durante la primera década con profesores extranjeros que fueron contratados por la UASD para impartir la docencia especializada como fueron los casos del norteamericano-alemán Michael Collins, los brasileños Eloisa Núñez y Rodolfo Carbonari, las uruguayas Dora Sarasola y Mirtha Caamaño, el cubano Jorge Herrera por breve tiempo y los mexicanos Jorge Peralta, Jorge Molina y Francisco Cabrera en materias propias de la carrera. Los psiquiatras dominicanos Porfirio Gallardo y Pereyra Ariza impartieron por un tiempo Psicología Anormal y Entrevista Psicológica y el biólogo chileno Fidel Jeldes ofreció hasta su sentida muerte cursos de Conducta Animal, en tanto que el neurocirujano José Joaquín Puello ofreció cursos de Psicofisiología, luego de hacer estudios especializados en esa materia en Inglaterra.
Todo ello habla bien del respaldo que le dio la UASD a esa nueva carrera hasta que sus propios egresados fueron tomando esas responsabilidades docentes y luego de la propia dirección, tanto de nuestro Departamento como en los de varias universidades del país que han organizado carreras de Psicología, como han sido los casos de la propia UNPHU, INTEC, UTESA, UCDP, PUCMM y UNICA.
Yo por mi parte, siendo Director del Departamento de Psicología presenté dos trabajos en el XI Congreso Interamericano de Psicología celebrado en México, en diciembre del año 1967. El primero bajo el título de: "los Orígenes de la Personalidad y su Organización Dinámica", en realidad un resumen de mi tesis doctoral, que provocó en ese cónclave tanto encendidos elogios como vivas controversias, por su originalidad y la amplitud con que se trató el tema sobre el que volveré a trabajar un día no lejano; y el segundo: "Aspectos Psicológicos de la Reforma Universitaria y la Asistencia Técnica", fue presentado conjuntamente con el Dr. Henry P. David de Estados Unidos, quien fue también subdirector del programa científico de ese congreso. Esos dos trabajos fueron los primeros trabajos de psicología científica presentados y publicados por un dominicano en un evento en el extranjero, aunque mi contribución al segundo fue incluido posteriormente en mi libro: Diez Ensayos sobre Planeamiento y Reforma Universitarios (1975).
Luego de dejar la dirección del Departamento de Psicología me dediqué a la redacción de un libro de "Introducción a la Psicología", con la colaboración de algunos colegas, el cual vio la luz finalmente en forma completa en 1979, que con adiciones y correcciones tiene ya siete ediciones y ha sido texto introductorio de cursos preuniversitarios y en casi todas las universidades del país hasta el presente. A partir de entonces he derivado mi actividad académica dentro de esa disciplina a la Psicología Social, en la cual he tratado de contribuir a su fortalecimiento con mi participación en muchos eventos, la publicación de artículos y sobre todo, con la redacción y edición de mi obra fundamental en esa área: "Psicología Social y sus Aplicaciones", en tres volúmenes, el primero dedicado al estudio de la "Psicología Social Básica", el segundo sobre la "Conducta Desviada y Problemas Sociales", Y el tercero, de reciente aparición con el título de: "Psicología Social Aplicada", a gran parte de las actividades humanas fundamentales.
El proceso de crear espacios en los ámbitos profesional y laboral dominicano, para el ejercicio de los egresados de la psicología, que ha estado acompañado del desarrollo de los estudios de postgrado en el área, ha sido por demás complejo y oscilante.
Dos muestras de los escollos que ha presentado la introducción de la investigación y del ejercicio profesional del psicólogo, ilustran bien esa trayectoria.
En el año 1968 yo desarrollé un proyecto de medición de actitudes sociales de los estudiantes universitarios de la UASD, utilizando, para ello la llamada Escala de Wisconsin, previamente normalizada, con el objeto de medir las actitudes de los estudiantes sobre temas políticos, económicos, sociales, religiosos y familiares, en una etapa de grandes cambios como la que vivíamos. Aunque la investigación se desenvolvió normalmente, no faltó una denuncia de que se trataba de un segundo "Plan Camelot" por referencia a un caso de espionaje académico bautizado así a similitud del que se produjo en Chile en esos tiempos. Ese estudio, que por presiones sobre el entonces Rector, no fue publicado, reveló entre otros datos curiosos, el que las estudiantes del sexo femenino tenían actitudes más liberales que los de sexo masculino en la mayor parte de los tópicos; y que los jóvenes con actitudes más radicales en los temas políticos, económicos y religiosos, eran muy conservadores en temas sociales y familiares.
Por otra parte, los psicólogos sólo obtenían inicialmente su "exequátur" de ejercicio profesional a través de la Secretaría de Estado de Educación y los médicos sólo los aceptaban como auxiliares de la salud.
Los primeros campos de trabajo que se abrieron para los egresados de la carrera de psicología en las universidades dominicanas fueron la docencia de nivel superior y secundario, para enseñar la psicología, la orientación vocacional y profesional, la enseñanza pre-escolar privada entonces en auge en el país, en tanto que el ejercicio de la Psicología Clínica a nivel público y privado se fue desarrollando más lentamente. También se crearon algunas plazas para psicólogos en bancos y grandes empresas, para trabajar en el área de recursos humanos y se establecieron en el país los Hogares Crea, de origen puertorriqueño como comunidades terapéuticas de drogadictos y Casa Abierta, con los mismos fines por José Cruz, con el respaldo de la Iglesia Católica.
La psicología profesional recibió un aval gremial significativo a partir del año 1975 cuando quedó constituida la Asociación Dominicana de Psicología (ADOPSI) resultando elegido Enerio Rodríguez su primer Presidente, siendo Rolando Tabar su principal gestor.
Otro gran impulso en el empleo de psicólogos en la administración pública se produjo tras el ascenso al poder del Partido Revolucionario Dominicano en 1978 con Antonio Guzmán Fernández como Presidente de la República. Entonces la División de Psiquiatría e Higiene Mental de la Secretaría de Estado de Salud y Asistencia Social fue convertida en División de Salud Mental, en cuya Dirección se designó a José Cruz.
En esta ocasión Joseíto no solamente logró crear numerosas plazas de psicólogos en los hospitales públicos, reformatorios y casas-albergues del país, sino que obtuvo el financiamiento de esa cartera para el establecimiento en la UASD de una Maestría en Psicología Comunitaria, el primer curso regular de postgrado en el país y una de las primeras de esa especialidad en la América Latina. También en ese período se establecieron muchas plazas de orientadores en la Secretaría de Estado de Educación y de trabajadores sociales en los proyectos habitacionales del gobierno; en tanto que se creó con mi orientación la Dirección General de Acción Comunitaria del Ayuntamiento del Distrito Nacional, en la que se emplearon diversos psicólogos.
Otro hito importante en la historia de la psicología dominicana lo fue la celebración en el país del XVIII Congreso Interamericano de Psicología en julio del año 1981, del cual Rolando Tabar fue el Presidente de su Comité Organizador. En el mismo un nutrido grupo de psicólogos dominicanos tuvo una importante participación con la presentación de trabajos en diferentes áreas de la psicología.
Durante la década de los años ochenta y como consecuencia de la creación de estos servicios públicos y también impulsados por la apertura de nuevas plazas en las Fuerzas Arma­das, la Policía Nacional y en las áreas financieras e industrial del sector privado; pero sobre todo debido al crecimiento vertiginoso de las zonas urbanas del país hubo una expansión considerable de las escuelas y en la matrícula estudiantil en la Psicología. Así, se crearon carreras en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (lNTEC), la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA), primero en Santiago y luego en sus extensiones de Santo Domingo, Puerto Plata y Moca, y la Universidad O&M. También se abrieron otros cursos de postgrado, tales como las maestrías en Psicología Clínica e Industrial del Instituto de Estudios Superiores de APEC. Más tarde se han fundado en las universidades PUCMM, UNICA, UCSD, UASD, UFHC y UTE.
Sin embargo, a partir del 1986, año en que regresa al poder Joaquín Balaguer, esa expansión de la psicología se frena para convertirse en período regresivo desde 1990. En realidad, la falta de apoyo a los servicios sociales del Estado, la disminución del poder adquisitivo de los sueldos del gobierno y sus organismos descentralizados que en muchos casos quedaron por debajo del salario mínimo de los obreros no calificados de las empresas privadas; la quiebra de buena parte del sector financiero del país, con la industria tradicional zarandeada por la competencia de la globalización con energía costosa y escasa, altos intereses y la producción en pequeña escala, y en las zonas francas con mano de obra en condiciones de semi-esclavitud, cuyos gerentes nada quieren con los psicólogos ni el manejo racional de los recursos humanos. Todo ello contribuyó al decaimiento temporal de esa disciplina en el país.
En esa década perdida de la Psicología, los efectivos estudiantiles se redujeron sustancialmente y la propia ADOPSI, otrora dinámica, perdió en parte su vigencia, acaso al verse en el espejo de las desventuras de un gremio poderoso como la Asociación Médica Dominicana, que aún no se ha repuesto totalmente del fracaso de su última huelga reivindicativa durante el régimen pasado. También los eventos nacionales con participación internacional que realizaba cada año dejaron de llevarse a efecto.
Durante esos años muchos psicólogos hubieron de abandonar su ejercicio profesional o ni siquiera intentaron seriamente incursionar en éste, derivando su actividad hacia los cam­pos de la educación, la publicidad, la mercadotecnia, la industria, el comercio, el arte y hasta la política, con todos los sinsabores y frustración que estos procesos conllevan. Esas dispersiones, sin embargo, a la larga servirían para abrir nuevas áreas de trabajo a los psicólogos, cuya formación y diversidad de aplicaciones les permiten asimilar tales cambios, e incluso obtener puestos calificados con mayor facilidad que otros profesionales.
Pero es evidente que a partir del año de 1996 comienzan a soplar nuevos vientos en el país en el campo de los servicios sociales y de la psicología en particular. El nuevo gobierno, independientemente de los logros o desaciertos que pueda tener en otros renglones, ha traído significativos aumentos a los servidores de la salud y la educación pública, que también se han reflejado en el sector privado. Además, el cambio de guardia en el control del Estado y la propia debilidad del partido de gobierno en los ámbitos legislativo, judicial y municipal, ha inducido un espacio de concertación que resulta auspicioso para las expectativas de cambio positivo para la nación dominicana, todo lo cual ha generado una etapa de optimismo hacia el futuro de la psicología y las ciencias de la conducta en general, del que la celebración de este Congreso no deja de ser un reflejo.

El Futuro de la Psicología Dominicana
El momento histórico que vive actualmente la psicología, el país y el mundo, así como la cercanía del inicio del siglo XXI y el tercer milenio, que dicho sea de paso, aunque lo repitan los sectores populares y algunos intelectuales despistados, no se inicia en el año 2000 sino el primero de enero del 2001, nos invita a incursionar un poco en la futurología, por lo menos en lo referente a lo que cabe esperar y hacer por la psicología y por los psicólogos dominicanos.
Para sacar algunas conclusiones y recomendaciones que resulten útiles a los fines antes indicados, no tenemos otro camino que tratar brevemente acerca de lo que nos depara la evolución previsible de la Psicología como disciplina, del mercado de trabajo y de la sociedad dominicana en general.
Sin embargo, para evitar el riesgo y la tentación de extenderme excesivamente en ese fascinante tema, voy a resumir mis ideas al respecto en simples enumeraciones acerca de las mismas.
a) La Psicología en sí es cada vez más una disciplina de aplicación de sus datos a nuevos cam­pos del quehacer social, diferentes de los tradicionales, tales como la política, la solución de conflictos, la economía, la gerencia, negocios, la publicidad, el derecho, el mejoramiento de la calidad de vida y la convivencia comunitaria.

b) La Psicología es cada vez más una disciplina al servicio de la investigación científica de los fenómenos sociales más diversos; y como tal debe integrarse más con las demás ciencias sociales para el estudio y solución de los complejos problemas de la sociedad contemporánea.

c) La psicología hace cada vez más énfasis en el trabajo con grupos, en la prevención de los trastornos de la conducta y de los problemas sociales y en el respaldo emocional a los individuos y actores sociales que enfrentan problemas de adaptación y desarrollo; y menos en recursos psicométricos y terapéuticos específicos.

d) La psicología está cada vez más apegada a los medios de investigación, y aplicación basadas en la informática con sus recursos estocásticos, sus soportes lógicos de tipo heurístico y sus sistemas expertos que le dan nuevas dimensiones al estudio del comportamiento humano, su control y la prevención de conductas indeseables.

e) La sociedad dominicana, cada vez más urbana, internacionalizada en cuanto a su

composición con extranjeros y emigrantes dominicanos de regreso de otras

tierras, tiene necesidad creciente de profesionales de la conducta que puedan

participar en la solución de los complejos problemas de la organización y la

convivencia civilizadas en los niveles familiar, vecinal y corporativo.

f) La psicología debe preocuparse de más en más de los peligros de la manipulación

no ética de la voluntad y de la conducta humana, en virtud del uso indiscriminado

de estrategias y técnicas de intervención capaces de controlarlas.

g) El mercado laboral dominicano cada vez más complejo y diversificado, requerirá

en los próximos años de profesionales de la conducta capaces de ayudar a

resolver problemas de gerencia de negocios y de administración de servicios que

pueden ser cubiertos por psicólogos entrenados para esos fines, ya que son y

serán de más en más los profesionales con mayor formación metodológica para

la investigación y la intervención social.



  1. Más que la organización de largos estudios de postgrado, el país requiere de un sistema de actualización y diversificación con cursos relativamente cortos de formación postprofesional, que adapten a distintos grupos al ejercicio de la psicología en el cambiante escenario del mercado de trabajo para los profesionales de la conducta humana.

  2. La acción gremial de los psicólogos dominicanos debe dirigirse en el futuro, no sólo hacia la dignificación profesional de los egresados de sus escuelas, sino a que se creen plazas para éstos en áreas sensibles de la vida económica y social del país, como en los complejos multifamiliares que construye el gobierno en los barrios humildes, dentro de centros de atención comunitaria, en todos los planteles pre-escolares y escolares, en los departamentos de personal de las industrias de zonas francas, en las entidades de servicios al público, en las escuelas de educación física y centros de entrenamiento de los deportes de alta competencia, en todos los centros clínicos y de reclusión del Estado y en los cuerpos armados de la nación.

  3. Las escuelas de psicología del país deben mantenerse en constante renovación, en sus planes de formación teórica y práctica; en el perfeccionamiento académico de su personal docente; y en el fomento de la investigación, para que tanto estos organismos como sus egresados cumplan con el papel que les corresponde en el desarrollo nacional.

  4. Finalmente, que se realicen eventos como éste y se mantengan intercambios internacionales permanentes, para que la calidad científica y técnica, el prestigio y el reconocimiento profesional de la psicología dominicana esté a la altura de los tiempos que se viven, casi al iniciarse el siglo veintiuno de la era cristiana.

Muchas gracias por su atención y paciencia.






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