30 Años de Psicología Dominicana: Pasado, Presente y Futuro


Descripción y Análisis de los Resultados



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Descripción y Análisis de los Resultados:
Es interesante hacer notar que en todas las variables medidas se observa una disminución significativa de la sintomatología inicial (ver tabla No. 1). Este comportamiento se evidencia tanto en el grupo cuyo seguimiento se realizó aproximadamente a los tres meses (Grupo A) como en el grupo que fue evaluado alrededor de los nueve y diez meses (Grupo B). Esto permite validar el impacto del trabajo del Departamento de Psicología de la Unidad de Atención Integral VIH/SIDA sobre los pacientes que allí se atienden.
El cambio positivo más drástico se observa en los síntomas de ansiedad (ver tabla No.1), lo cual es coincidente con la teoría del Dr. Worden acerca de que la duración de la etapa aguda del duelo es no mayor de las 12 semanas. Esto es también reforzado con la evidencia de que aún cuando se observa una mejoría importante en los síntomas de duelo en ambos grupos, permanece un remanente de síntomas de menor intensidad pero de presencia indudable luego de los 10 meses y probablemente hasta aproximadamente un año después del evento que desencadenó el duelo.
En el Grupo A se encontró un caso de valores extremos (récord 701), el cual muestra una intensidad de los síntomas muy por encima del promedio, esto se mantiene aún al momento de la segunda evaluación a los 3 meses (ver tabla No. 4 y No. 5). Estadísticamente hablando este paciente genera valores extremos que distorsionan los indicadores de tendencia central utilizados: el promedio y la desviación típica, ya que son estadísticos muy sensibles a los valores extremos. No obstante se decidió dejar este caso como parte de la muestra, en parte por lo pequeña de la misma. En algunos momentos del análisis se hará mención de la distorsión que introduce este dato en el análisis de los valores del grupo como un todo y eventualmente se ofrecerán cifras corregidas con la eliminación de este valor extremo. Clínicamente estamos en presencia de un duelo complicado o en vías de complicarse, dificultades de personalidad o eventos ambientales muy intensos tales como, haber perdido la pareja en el transcurso de esos tres meses, haber perdido el trabajo, muerte del compañero sexual en este período, etc., pueden explicar este caso.
En el Grupo A la variable depresión mostró un descenso significativo en el índice obtenido una semana después de haber sido entregado el resultado de VIH+, con respecto al índice obtenido tres meses después (ver tabla No. 2). Sin embargo, es importante resaltar que si eliminamos el caso 701 obtendríamos un descenso del promedio total del grupo hasta 1.4 en el índice de depresión, lo cual cae dentro de valores completamente normales.
El Grupo B muestra un comportamiento distinto, ya que aún cuando hay un descenso en los índices, el mismo es poco significativo (ver tabla No. 3). Si tomamos en cuenta que la desviación típica permaneció casi inalterable y tomamos en cuenta el comportamiento de esta variable en el Grupo A (ver tabla No. 2), podemos suponer que cuando los síntomas de depresión aparecen como producto de la entrega de un resultado VIH +, es de esperar una mejoría importante dentro de los primeros 3 meses y una recaída luego de los 9 meses. Esto es coincidente con los hallazgos del Dr. Worden en el orden de que los síntomas del duelo tienen un comportamiento espiral y no lineal en su evolución.
Los síntomas de ansiedad en la muestra exhiben una mejoría de un 60% cuando observamos al grupo completo (ver tabla No. 1), lo cual es bastante significativo. Sin em­bargo, cuando miramos a los dos grupos por separado vemos los matices propios del comportamiento de esta variable. En el Grupo A observamos de más de 70% en la sintomatología (ver tabla No. 2), pero cuando eliminamos el dato correspondiente al récord 701 obtenemos un promedio de 0.6 en el índice de ansiedad, lo cual expresa una mejoría por el orden del 97%. El Grupo B, sin embargo, muestra un índice promedio similar al Grupo A, lo que permite suponer que la mejoría observada dentro de los 3 primeros meses se mantiene luego de 9 meses, pero no se observa mejoría adicional (ver tabla No. 3). Es posible suponer que resulta menos complicado para los pacientes manejar los síntomas de la ansiedad que los de la depresión. Sin embargo, el índice obtenido cae dentro de valores normales-bajos.
Al analizar las mediciones realizadas de las variables relacionadas con el duelo, encontramos patrones más o menos claros de comportamiento de las variables implicadas. Una mejoría global de los síntomas es observada en ambos grupos (ver tabla No. 1), al menos un descenso del 45% en los síntomas de la esfera sentimental, del 50% en los síntomas somáticos, alrededor del 52% en los síntomas cognitivos y aproximadamente una mejoría del 42% en los síntomas conductuales.
No obstante lo anterior, cuando analizamos cada variable por separado en función de los grupos, podemos inferir un comportamiento menos homogéneo.
La variable Sentimientos muestra una mejoría de aproximadamente un 40% en el Grupo A (ver tabla No. 2), no obstante se observa un descenso importante en el Grupo B de alrededor del 50% (ver tabla No. 3). Estos valores nos permiten suponer que la mejoría de los síntomas de la esfera sentimental en pacientes VIH+ es lenta, pero al parecer su evolución es positiva a medida que avanza el tiempo.
La variable Somáticos exhibe una mejoría en el Grupo A de alrededor del 45% (ver tabla No. 2), no obstante la mejoría observada en el Grupo B es de aproximadamente el 75% en la presencia de los síntomas (ver tabla No. 3). Se infiere que los síntomas somáticos sólo muestran una mejoría importante luego de los 9 primeros meses del conocimiento de la infección. Es importante aclarar, que la condición física (médica) de los pacientes no fue controlada, salvo que no fueran declarados casos SIDA. Tampoco fue controlado el tiempo de infección estimado, por lo cual se supone que en la muestra existen recién infectados e infectados de larga data en ambos grupos. Lo que controlamos como “tiempo” es el momento a partir del cual los pacientes se enteran de que están infectados. Lo interesante, entonces, es que independientemente del tiempo de infectados, el Grupo A muestra una mayor sintomatología somática que el Grupo B, lo cual nos permite suponer que el proceso de somatización de la depresión es un proceso intenso al inicio de saberse VIH+ y va disminuyendo a medida que avanza el tiempo.
La variable Cognitivos muestra un comportamiento invertido al anterior. Es decir, el Grupo A presenta una mejoría mayor que el Grupo B (ver tablas Núms. 2 y 3). Esto permite pensar que los síntomas cognitivos, tales como preocupación, dificultad de concentración, etc. aparecen con mayor intensidad luego de que la persona ha rebasado la crisis afectiva inicial. No obstante en ambos grupos se observa mejoría de la sintomatología, la velocidad de evolución es menor en el Grupo B y además el promedio obtenido por este grupo es mayor que el obtenido por el grupo completo en la segunda medición al menos en un 20%, lo cual hace pensar en una recaída a nivel cognitivo luego de la mejoría en la ansiedad y en los síntomas de la esfera sentimental y somática, junto a un sostenimiento de los síntomas cognitivos y de la depresión. Podríamos pensar entonces, que este comportamiento de la variable Cognitivos es explicado por la depresión misma.
La variable Conductual, muestra una mejoría sostenida en el tiempo. Cuando observamos ambos grupos juntos vemos un descenso de los síntomas de alrededor del 40% entre la primera medición y la segunda (ver tabla No. 1). Al mirar al Grupo A y al Grupo B por separado, sin embargo, no se observa mayor variación. Es decir, la mejoría observada en ambos grupos es similar, lo cual permite decir que existe una mejoría inicial a nivel conductual que se sostiene luego de los 9 meses iniciales, pero sin observarse mejoría adicional con el paso del tiempo. Hay que recordar que esta variable incluye elementos como los trastornos del sueño, los trastornos del apetito, distraimiento, hiperactividad, aislamiento social, etc.
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PSICOLOGÍA Y JURISPRUDENCIA
Panorama de la Psicología Forense en República Dominicana
Lic. Wilfredo Mora

Quiero agradecer, ante todo, el gesto de los coordinadores por haberme invitado a este Congreso-aniversario “30 Años de Psicología Dominicana: Pasado, Presente y Futuro”, que ha tenido ostensible acogida por parte de los colegas que están asistiendo de todos los lugares del país, asi como de otros países de la región latinoamericana.


La psicología es probablemente la ciencia que más investiga y, en gran medida, los avances modernos de nuestras universidades, de los institutos sociales, de los grandes medios de comunicación, así como de los nuevos enfoques de las legislaciones de nuestros gobiernos, parecen depender cada vez más de la ciencia psicológica.
Pienso que mi modesta participación en este evento está determinada en función de explicar algunos aspectos relacionados sobre cuál es el panorama existente de la ciencia psicológica vinculada a las necesidades que de ella se desprenden en la ley, en nuestra realidad judicial.
No obstante, quisiera destacar aquí, que el presente Congreso “30 años de Psicología Dominicana: Pasado, Presente y Futuro”, permite por primera vez el escenario, en el cuál la psicología forense encuentra su expresión. Cabe hacer este señalamiento para poder afirmar que este es el primer congreso de psicología en nuestro país que relaciona los problemas de la psicología en general con la legislación vigente. Quizá se deba hacer la observación en virtud de los nuevos retos de la justicia legal, producto de los cambios expresados en desafortunados episodios de violencia que atacan los aspectos básicos de la existencia del individuo, sea en la manera de violaciones sexuales que más bien parecen competir con las manecillas del reloj así como otras exhibiciones desaforadas de hechos dolosos dentro de las familias que adquieren, cada vez más, el status de patológicas y que a su vez enferman a sus miembros.
Desde el siglo pasado, en otros países, la teoría psicológica y la investigación psicológica han sido aplicadas exitosamente a la policía, a los tribunales, a las prisiones y a otros aspectos de la Justicia Criminal. A este tipo de psicología se le ha denominado jurídica y el acopio de conocimientos acumulados ha permitido una contribución real en todo el funcionamiento de la Justicia, haciéndola, por lo tanto, más eficaz.
En nuestro país, la psicología forense, aún no despega. No es lo más importante ni es lo que vamos a destacar aquí. Pero lo cierto es que ella está llamada a jugar un papel de primer orden, pues como ya está ocurriendo en otros países, ésta se hace cada vez más necesaria entre nosotros. Es una aseveración atinada decir que los mejores casos de crímenes se han resuelto donde ha existido el peritaje psicológico, y los casos afamados en la actualidad optan por iniciarse con la participación de un psicólogo experto en psicología forense.
En verdad es así: La psicología forense tiene por función penetrar todo el derecho, con el objetivo de eficientizar la Justicia, cada vez más y mejor. Es por ello que señalamos los siguientes momentos claves del trabajo de la psicología legal.


  • Contribuir científicamente en el proceso legal;

  • Aplicar los procedimientos psicológicos en la selección de los agentes policia1es y funcionarios judiciales;

  • Desarrollar programas de tratamiento para la corrección y rehabilitación de los internos de las prisiones.

No debemos confundir la psicología forense con otras áreas de la psicología vinculadas a la Justicia o la investigación de crímenes y delitos; tales son las nombradas psicología jurídica y psicología criminal. Se hace necesaria una breve explicación para poder diferenciarlas entre sí.


En primer lugar, la psicología jurídica comprende una forma de psicología social y organizacional que aplica al contexto legal unos procedimientos psicológicos. En un concepto más amplio, la psicología jurídica involucra a todas aquellas personas cuyas cualidades psicológicas van a ser requeridas o examinadas por la Justicia, sin importar cual sea el tipo de derecho que sea.
En segundo lugar, está la Psicología Criminal que es en realidad, una modalidad indistinta de la ciencia llamada Criminología. Desde el punto de vista psicológico, la actualidad de la psicología criminal debe incluir, además del estudio de la personalidad del infractor o del delincuente, a las víctimas. Es de clara importancia para el perito forense el que sepamos con precisión quién es la víctima; si estamos ante un caso de aborto (si es el feto, la madre es la víctima o si es el padre que ignoraba el aborto); ¿quién es la víctima en la prostitución? (si ambos son la víctima); ¿quién es la víctima en los casos de toxicomanía? (si es la familia, la comunidad, el adicto o si es el Estado), máxime cuando se trata de establecer el grado de adicción en sujetos a quienes hay que dispendiar el status de víctimas.
Existen muchísimos más ejemplos.
Pero la Criminología Clínica incluye, además de las víctimas (Victimología) otras grandes áreas de aplicación del trabajo psicológico dentro de las prisiones (Psicología Penitenciaria), de los centros de detención o reformatorios, casas albergue, etc... Sin embargo, estas dos actualidades de la Psicología Criminológica (las víctimas y el tratamiento en prisiones) continúan enfrentando serias dificultades en la judicatura nacional. Hay quienes dicen, refiriéndose a tal problemática, que lo que está mal debe responder a la pregunta de cuántos son los psicólogos que trabajan en la justicia y en las cárceles; otros, enfrentan el asunto arremetiendo no contra los psicólogos, sino que señalan la realidad innegable de que la justicia dominicana, ella entera, se ha convertido en un verdadero "elefante blanco"; esto es, lo mismo que nuestras instituciones de servicios públicos...
Nosotros sencillamente vamos a agregar que lo que hace falta es profesionales "orgánicos" de la psicología; es decir, psicólogos bien entrenados, a tiempo completo, y bien remunerados para que puedan ser creativos.
No es necesario ser un psicólogo forense para el trabajo carcelario, aunque sí en la justicia. Pero tal personaje no existe en la justicia, y los escasos psicólogos que trabajan dentro de las cárceles no cumplen su cometido.
Campo de Acción Profesional
El desconocimiento por parte de los jueces y los abogados, sobre cuál es el campo de intervención del psicólogo y del psiquiatra forense, es probablemente el mayor problema de la psicología forense en la República Dominicana.
El campo de acción profesional para dichas autoridades parece estar limitado a determinar cuándo hay imputabilidad o inimputabilidad criminal; este suele ser el ejemplo más típico. Los casos de violación sexual, los homicidios y las toxicomanías, le resultan al razonamiento jurídico, igualmente casos médicos. Y esto no siempre es así.
La Psicología Forense dilucida y esclarece estos mismos casos apoyándose en instrumentos específicos de diagnósticos, para lo cual utiliza toda una metodología concreta, además de altamente conocida. Lo que nosotros vemos aquí es que el sistema penal dominicano está dominado sólo por la visión jurídica que juzga al individuo exclusivamente según la valoración penal; hace falta pues, una "concepción antropológica del hombre libre", sin importar que se encuentre purgando una condena. Abogamos por una base científica en aquellos casos judiciales en donde es preciso proporcionar una psicología científica-legal.
Aspectos Éticos
De la psicología jurídica y forense dependen muchos aspectos de la ley, de su aplicación; es algo que huelga decir.
Así depende:

- que al sujeto se le haga un buen juicio;

- la libertad del individuo;

- en casos de condena, la posibilidad de unas alternativas de castigo (sustitutivos penales, medidas cautelares), etc.


Todo esto va a depender en gran medida de la ética del psicólogo forense; de que conozca su ciencia, de los procedimientos judiciales que existen y que le indican al psicólogo forense cuándo y cómo éste debe entrar en acción.
Por eso, es importante destacar que el psicólogo forense sólo puede entrar como perito; la justicia requiere de él sólo la capacidad de su ciencia.
El psicólogo debe "probar su ciencia", porque a él se le manda a llamar para que presente sus opiniones sobre un caso.
Debemos tener en cuenta que el psicólogo experto no "juzga" al procesado, sólo actúa como perito. Se juega su reputación en cada investigación que realice. Su ética no le permite otra cosa más que ser perito; no tiene del caso un interés personal: él es sólo un perito invitado.
Un buen psicólogo forense no acepta un caso si no está preparado para ello, si no está claro cuál es su participación, si va a disponer de toda la documentación y si ha sido aceptada la no confidencialidad de sus conclusiones.
Por lo tanto, el psicólogo forense, no debe inventarse su ciencia, y sus conclusiones sobre el caso siempre deben estar a disposición del juez.
Rol Profesional
El psicólogo forense como profesional formado es un auxiliar de la administración judicial; su rol lo constituye su práctica clínica. De él depende que el estudio clínico funcione y se establezcan las relaciones que hicieron que el procesado cometiera tal o cual hecho: el rol del psicólogo experto consiste en contextualizar el caso. Así, al psicólogo forense se la manda a llamar para determinar si el caso a estudiar se ha tratado de un asunto de locura, o de un triángulo amoroso, o si es simplemente un hecho socio-económico lo que ha determinado la acción del indicado acusado. El psicólogo tiene que probar su ciencia, en todo caso, si no lo hace corre el riesgo de que la misma psicología o la psiquiatría sean usadas como excusa para evadir la justicia.
Entre los estudios clínicos más usuales, en los que vemos participar al psicólogo en calidad de experto se destacan:


  • esquizofrenias (y las esquizofrenias tempranas casi siempre se acompañan de daño cerebral)

  • violaciones sexuales (hacemos notar que a menor edad de las víctimas, tanto mayor y peligroso resulta ser el violador infantil).

  • alienación mental (sea en la forma congénita o temporal; sea adquirida o permanente).

Una vez hecho el peritaje psicológico, los psicólogos de la justicia deben presentar un informe. ¿Cómo es el informe clínico forense? Este debe ser claro y sucinto, debe estar acorde a los conocimientos del juez y dentro de los límites del "contexto situacional normal". El informe presentado debe iniciar con la fecha, la salutación, la identificación del sujeto, el mandato, la base de datos (la investigación clínica llevada a efecto, sin extrapolaciones), la interpretación, las conclusiones a que ha llegado el perito con las recomendaciones en la que éste se debe poner a disposición del juez, a "viva voche", si es necesario. Todo esto constituye la forma ha­bitual de todo el que ejerce la psicología forense.

En la República Dominicana el psicólogo que egresa de una de nuestras universidades no incursiona en el campo de la psicología forense, tampoco está preparado para ello. Pero, eso no debe ser un problema en sí mismo, lo que hemos tratado de ilustrar en este trabajo es mostrar y llevar al ánimo de nuestras autoridades judiciales, de que la psicología forense sea acreditada ante el poder judicial y que la reflexión científica domine cada vez más en las decisiones judiciales.
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CONFERENCIA MAGISTRAL DE CIERRE
30 Años de Psicología Dominicana: “Reflexiones

Metapsicológicas”
Dr. Enerio Rodriguez Arias

Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

Los psicólogos producen y/o aplican conocimientos psicológicos, es decir, hacen psicología; los metapsicólogos hablan de la psicología, analizan su historia, comparan sus teorías, discuten sobre la pretensión de validez de los conocimientos psicológicos y examinan las pruebas de la alegada eficacia de la actividad profesional. Algo de metapsicología está presente en la formación profesional de cualquier psicólogo del mundo, aunque en América Latina los cursos sobre historia de la psicología, teorías contemporáneas, y hasta (y esto hay que lamentarlo) la metodología de la investigación, suelen desempeñar un papel secundario dentro del plan gen­eral de estudios.


Se atribuye a Sócrates haber dicho que una vida sin examen no merece vivirse; aprovechando la analogía, bien vale la pena realizar un breve examen de estos primeros treinta años de la psicología dominicana. Si alguna credencial me califica para esta tarea es la de haber permanecido en contacto ininterrumpido con la psicología dominicana por los últimos 28 años, enseñando principalmente cursos de historia de la psicología, teorías psicológicas contemporáneas, teorías de la personalidad y metodología de la investigación psicológica.
El entrenamiento profesional de psicólogos comenzó en República Dominicana con dos programas paralelos en 1967, muy lejos en tiempo del programa más antiguo de Latinoamérica, una Maestría en Psicología iniciada en México en 1938, y sólo siete años antes del más reciente, el programa de psicología de la Universidad de Haití, iniciado en 1974. Sólo cinco países latinoamericanos iniciaron la formación de psicólogos con posterioridad a República Dominicana, a saber, Nicaragua en 1970, Bolivia y Costa Rica en 1971, Paraguay en 1972 y Haití en 1974 (Ardila, 1986). En 1967 funcionaban en el país sólo tres universidades; hoy (1997) |funcionan 29 universidades y 14 programas de Licenciatura en Psicología; de éstos, 12 funcionan en la ciudad de Santo Domingo y dos en la ciudad de Santiago de los Caballeros, segunda ciudad en importancia del país.

Además, varios programas de Postgrado y Maestría en áreas específicas de la psicología han funcionado por tiempo limitado en varias universidades dominicanas, y con algo más de continuidad en la universidad estatal.


En esos programas, un estudiante mexicano obtuvo su Maestría en Psicología Social­ Comunitaria, y uno de Puerto Rico en Psicología Clínica.
Según estimaciones conservadoras, pasa de 2,500 el número de psicólogos que se han formado en el país en los últimos treinta años, de los cuales alrededor del 70% procede de las dos escuelas de psicología abiertas en 1967. Con la excepción de un reducido grupo de psicólogos que se formó o completó su formación en universidades extranjeras y participa a tiempo completo o parcialmente en uno o más de los programas de formación de psicólogos actualmente en funcionamiento en el país, esta responsabilidad recae en su mayor parte en psicólogos formados totalmente en los programas nacionales. Este dato es especialmente importante, ya que podría ser clave en la comprensión de la elevada probabilidad de perpetuación de muchas limitaciones y/o deficiencias de carácter formativo.
Cuando en un futuro lejano se escriba la historia de la psicología en República Dominicana, es muy probable que estos primeros treinta años sean despachados en unos pocos renglones y resumidos como "el período de nacimiento de la psicología como profesión en la República Dominicana"; quise, escribir "nacimiento y consolidación" pensando en el historiador del futuro, pero en este momento sólo me atrevo a hablar de nacimiento, porque la psicología como profesión no se ha consolidado aún en nuestro país, donde los psicólogos luchan por abrirse un espacio profesional en medio de la incomprensión colectiva y el recelo y la discriminación de otros profesionales. Un profesional es el producto del concierto de acciones formativas previstas en el programa de entrenamiento al que se sometió por varios años. Como he dedicado una parte importante de mi vida a colaborar en el proceso de formar profesionales de la psicología, he considerado oportuna la ocasión para reflexionar sobre algunos aspectos de la formación del psicólogo dominicano, cuyas consecuencias se reflejan en su trabajo profesional. Debido a que no existe unidad de criterio entre los programas de formación de psicólogos en la República Dominicana, hablaré de tendencias claramente perceptibles dentro de la heterogeneidad predominante; ciertamente, aquí cada institución decide libremente en cuánto tiempo y con cuáles requisitos de formación teórico-práctica se acredita a una persona como profesional de la psicología. Esto significa que la formación de profesionales de la psicología en estos primeros años se ha desenvuelto en medio de una anarquía curricular.
Esto hace más difícil el poder hacer afirmaciones universales, por lo que habré de apelar a algunos de los recursos que recomendaba Korsybski para darles precisión a nuestras descripciones: hablaré "en términos generales" y evitaré la referencia al cuantificador "todos". (Díaz-Guerrero, 1975).
En términos generales, y hasta donde he podido apreciar, los profesionales que hemos estado formando en estos primeros treinta años de psicología dominicana no resultan lo suficientemente familiarizados con los enfoques teóricos que guían sus observaciones y su lenguaje. Las teorías psicológicas son percibidas como elucubraciones mentales muy alejadas de los hechos que percibimos, y desde el punto de vista de la formación profesional, como si se tratase de un lujo innecesario. No necesito apelar al testimonio del "teórico práctico" (Lewin) para justificar el valor práctico de las teorías psicológicas. Es que la naturaleza misma de las definiciones, datos, variables, explicaciones, etc., en fin, el material de uso del psicólogo, descansa en supuestos teóricos; es lo que Kantor llamó "el metasistema", es decir, un conjunto de presuposiciones básicas y postulados, generalmente implícitos, sobre los cuales descansan los llamados elementos del sistema; es decir, las definiciones, datos, variables, etc. Erwin Straus ha demostrado que aun el concepto de objetividad descansa en un conjunto de suposiciones. Al psicólogo que desprecia por innecesario el conocimiento de las teorías psicológicas le ajusta perfectamente el dicho de Goethe "te empujan, mientras tú crees que empujas". A fin de familiarizar a la mayor parte de los estudiantes de psicología con estos problemas, comencé a principios de los años setenta un programa de divulgación, el cual se extendió por más de diez años. Casi siempre solo (en un caso recibí la colaboración de un profesor y un estudiante) traduje del inglés los artículos más representativos del debate teórico general en psicología en esos años. El primer paso consistió en divulgar el enfoque de Kantor en el análisis de los sistemas psicológicos, con su importante distinción entre sistema y metasistema; luego siguieron las principales ponencias del Simposio de Rice, celebrado en la universidad del mismo nombre durante la primavera de 1963, con la participación de Sigmund Koch, B.F. Skinner, Robert MaCleod y Carl Rogers; y finalmente el debate desencadenado a partir de 1969, a raíz del análisis del simposio publicado por Willard Day, debate que se prolongó por más de quince años. Los principales artículos de ese debate fueron traducidos y discutidos en clase, y pienso que desempeñaron una función de esclarecimiento en una buena parte de los estudiantes que fueron expuestos a esas discusiones. El contacto con estudiantes de Maestría en Psicología me ha hecho pensar que muchos psicólogos no captan la importancia práctica del conocimiento de las teorías psicológicas. Pero es la naturaleza misma de la psicología la que hace necesario ese conocimiento. Hasta donde su historia nos permite vislumbrar, estamos en presencia de una ciencia esencialmente heterogénea, al parecer imposible de unificar conceptualmente, sea a través del conductismo psicológico de Staats, de la síntesis experimental del comportamiento de Ardila, o del esfuerzo integrador de la ciencia cognoscitiva. Ni el conductismo en su momento de mayor auge logró desplazar totalmente las explicaciones mentalistas en psicología, ni la ciencia cognoscitiva ha desplazado a las teorías conductistas y psicoanalíticas. Tan heterogéneos son los conceptos de la psicología, que Sigmund Koch llegó a proponer que se admita esa realidad como algo inevitable y se sustituya el término "psicología" con los términos "estudios psicológicos". Es oportuno señalar que el propio Koch estuvo al frente del esfuerzo más ambicioso que se ha hecho hasta ahora dirigido a la exposición y el análisis de la naturaleza y relaciones de los conceptos y teorías de la psicología. Me refiero al "Proyecto A" de la Asociación Psicológica Norteamericana (APA). Bajo la dirección de Sigmund Koch fueron publicados entre 1959 y 1963 seis volúmenes de una serie titulada: Psicología: Un Estudio de una Ciencia. El volumen 7, en el cual Koch haría la síntesis, nunca fue escrito, y de los artículos que Koch publicó posteriormente, queda claro que para él tal síntesis era imposible. El mismo Koch fue el principal responsable de la presentación de un balance del primer siglo de la psicología como ciencia, con la colaboración del historiador de la psicología David Leary y la participación de más de 40 distinguidos académicos de diferentes áreas de la psicología. El panorama actual que brinda la psicología confirma el predominio de las tendencias centrífugas sobre las tendencias centrípetas en un grado tal que algunos se preguntan si será posible mantener la unidad de la psicología tanto en su carácter de ciencia como en su carácter de profesión. Si alguien cree que en países como el nuestro es mejor mantener al estudiante de psicología ajeno a esa realidad tan complicada, no vacilo en decirle que eso sería similar a aislar al salvaje inocente para evitar que lo corrompa la civilización. Venderle al estudiante la ilusión de que la psicología puede reducirse a unas cuantas reglas de uso práctico es un lamentable error y en el peor de los casos una manifestación grosera de deshonestidad intelectual.
El segundo tema que ocupa mi pensamiento en esta celebración de 30 años de psicología dominicana es lo que yo interpreto como la deficiencia general del entrenamiento en metodología de la investigación psicológica. No se crea que estamos pensando en la formación de investigadores. Esa, que según Díaz Loving y colaboradores (1995) es una prioridad de la psicología mexicana actual, no forma parte todavía de la agenda inmediata de la psicología dominicana. Mis reflexiones tienen por objeto la preparación mínima necesaria en metodología de la investigación para un profesional de la psicología en la República Dominicana. La formación de investigadores en psicología es un proceso largo y complejo. Cuando Brendan A. Maher cumplió su período como editor del Journal of Consulting and Clinical Psychology en agosto de 1978, hizo la revelación de que cuatro de cada cinco manuscritos sometidos para publicación en la revista en los últimos años tuvieron que ser rechazados. Y agregaba Maher: "Aunque el rechazo puede ocurrir por muchas razones, la mayoría de los manuscritos rechazados fueron devueltos a causa de debilidades metodológicas graves en la investigación". De ahí se podía inferir, según Maher, que el entrenamiento doctoral en investigación en esos años era deficiente hasta el punto de ser desastroso. No estamos hablando de psicólogos que aprobaron uno o dos cursos de metodología de la investigación psicológica. Estamos hablando de doctores formados siguiendo un modelo de entrenamiento que debía producir primero que nada científicos, de decir, hombres capaces de hacer avanzar los conocimientos psicológicos y de realizar aplicaciones creativas de esos conocimientos. Este ejemplo, y los casos frecuentes tanto de abuso de técnicas estadísticas como de interpretaciones inadecuadas de sus resultados en investigaciones publicadas (por ejemplo, la discusión de Delucchi sobre el uso y mal uso de Chi cuadrada, los errores de tipo IV identificados por Levin y Marascuilo, y los diversos errores vinculados al uso del análisis de regresión múltiple identificados por Paul Campbell) confirman nuestra apreciación sobre la complejidad del proceso de entrenamiento en la investigación psicológica. Pero volvamos al escenario dominicano, donde nos esperan realidades más crudas. Un distinguido médico dominicano, con intereses de investigación en cardiología, al referirse a la investigación que como requisito final suelen exigir las universidades dominicanas a los estudiantes antes de acreditarlos como profesionales, dijo que se trataba de algo así como "un sombrero victoriano puesto en la cabeza de un desarrapado". Más que un chiste cruel es el retrato de una realidad dramáticamente triste. Esa investigación la han tenido que hacer miles de estudiantes dominicanos que nunca tomaron un curso de metodología de la investigación, y en el caso específico de la carrera de psicología, estudiantes que han tomado uno o dos cursos de metodología de la investigación, en muchas ocasiones impartidos por profesores que no son psicólogos, y que por tanto no están obligados a conocer las especificidades de la investigación psicológica. Es posible que los primeros treinta años también hayan sido difíciles en los países que nos precedieron en la formación de profesionales de la psicología; pero cualquiera que haya sido la realidad en esos países, el hecho de que después de treinta años la mayoría de nuestros egresados, al momento de graduarse como psicólogos no estén en capacidad de leer con provecho un articulo de una revista científica en psicología es una realidad que debe preocupamos a todos. Hace alrededor de diez años publiqué un artículo en una revista de circulación nacional llamada Investigación y Ciencia; dicho artículo se refiere al papel del análisis estadístico en la investigación psicológica, y fue presentado a manera de invitación a la reflexión y discusión sobre algunos problemas de la estrategia fisheriana de la prueba de la hipótesis nula y las alternativas de análisis disponibles incluyendo la estrategia inferencial bayesiana, pero no encontró ningún interlocutor, siquiera para señalar los pequeños errores cometidos en el proceso de edición de la revista. Por mi experiencia de casi tres décadas de vinculación estrecha e ininterrumpida con el proceso de formación de profesionales de la psicología en República Dominicana, he llegado a albergar la conjetura de que a nivel de nuestra Licenciatura en Psicología deberíamos sentirnos satisfechos si pudiéramos lograr que los egresados puedan leer un informe de investigación, con capacidad de hacer un juicio evaluativo del mismo. Hace un año que Ellen R. Girden publicó un libro titulado Evaluating Research Articles/From Start to Finish, dirigido específicamente a profesionales de la psicología, que son habituales consumidores de investigación. El curso de metodología de la investigación aplicada a la psicología clínica que he impartido por años en diferentes programas de Maestría en Psicología Clínica comienza con una explicación de por qué un psicólogo clínico, aunque nunca tenga que hacer una investigación, debe conocer las especificidades de la metodología de la investigación que se aplica en psicología clínica. Artículos de David Barlow, Hans Strupp y Julián Me1tzoff sobre la relevancia de determinado tipo de investigación para la práctica clínica, sirven de punto de partida para la discusión al respecto. Precisamente Julián Me1tzoff acaba de publicar un libro: Critical Thinking About Research, que al igual que el libro de Ellen Girden previamente citado, está dirigido en primera instancia a consumidores de investigación. La población profesional en psicología destinataria de publicaciones de esta clase se ha ido ampliando en Norteamérica a medida que ha ido ganando aceptación la tesis de Donald Peterson de que la investigación científica y el servicio profesional son diferentes en formas importantes, y que por tanto se requieren formas diferentes de educación para preparar personas para carreras de investigación en un caso, o para carreras de servicio profesional, en el otro caso. En un artículo de 1991, reproducido en su reciente libro sobre la historia y las ideas que han guiado la educación de psicólogos profesionales (puros) en Norteamérica (Educating Professional Psychologists/History and Guiding Conception), Peterson aclara que su defensa de la formación de profesionales puros en psicología no implica un rechazo del valor de la investigación. Agrega que la investigación básica, la investigación aplicada y el trabajo profesional, son todas actividades necesarias, pero a él le parece absurdo esperar que la misma persona haga todas esas cosas. Cree Peterson que para servir al público más efectivamente y para que la psicología como disciplina avance más rápidamente, es necesario que científicos básicos, científicos aplicados, y profesionales puros persigan sus propias metas en forma cooperativa y complementaria. Es obvio, desde luego, que el profesional de la psicología debe salir de la universidad en condiciones de comprender, evaluar y usar los resultados de investigaciones que se relacionen con su ejercicio profesional.
En una visión panorámica de la psicología a nivel internacional, Sexton y Hogan (1992) colocan a la República Dominicana entre los países donde la urgencia de las necesidades sociales demanda una concentración en la aplicación del conocimiento a la solución de problemas prácticos, además de que no existen fondos suficientes para financiar proyectos de investigación en gran escala. Pero mientras en Norteamérica ha habido entre 1949 y 1987 cinco grandes conferencias nacionales para discutir sobre la naturaleza del entrenamiento que han de recibir los psicólogos norteamericanos a la luz de la evolución de las necesidades de servicios psicológicos de su población, la aprobación de un modelo latinoamericano para el entrenamiento de profesionales de la psicología ocurrió durante la primera conferencia latinoamericana sobre entrenamiento profesional en psicología, celebrada en Bogotá en diciembre de 1974, con motivo del decimoquinto Congreso Interamericano de Psicología (Ardila, 1978). El modelo latinoamericano parte del reconocimiento de que la psicología es una ciencia y una profesión, y que el entrenamiento del psicólogo debe atender a ambos aspectos. Propone un período de formación de cinco años, al término del cual, el individuo, previa presentación de una tesis de grado, obtiene el título de psicólogo, que lo califica para laborar en cualquier área de la profesión sin necesidad de un perfeccionamiento adicional, ya que el modelo prescribe que la formación debe darse en todas las áreas de la psicología. Aunque promueve la especialización en los últimos semestres, considera que la misma no debe aparecer en el título, que será el de Licenciado en Psicología o Psicólogo, sin ninguna otra mención. Hay un aspecto del modelo latinoamericano en el que todos los países están muy probablemente de acuerdo, a saber, el énfasis en los aspectos aplicados de la profesión al mismo tiempo que se insiste en su fundamentación científica, y creo que todos los programas que funcionan en la República Dominicana se suscriben a esa formulación. Otros aspectos del modelo son objeto de diferencias internacionales y nacionales, en unos casos manifiestas, en otros latentes. Por ejemplo, no existe acuerdo total en cuanto a la duración, variando los programas de tres a cinco años, ni existe acuerdo total sobre la pretensión de que, sin necesidad de entrenamiento adicional, el psicólogo sea capaz de trabajar en todos los campos del ejercicio profesional de la psicología. En el caso específico de la República Dominicana, los catorce programas de formación de psicólogos funcionan dentro de la más absoluta libertad y ausencia completa de supervisión. Cuando todavía no había tantos programas en funcionamiento, hubo más de un diálogo auspiciado por la Asociación Dominicana de Psicología (ADOPSI) y la participación de representantes de varios Departamentos de Psicología, para discutir problemas relacionados con la formación profesional del psicólogo dominicano, pero no pasaron de ser encuentros preliminares inconclusos. Pienso que estos problemas no podrán ventilarse sin la participación como principal parte interesada en el asunto, de la Asociación Dominicana de Psicología. Es la comunidad profesional organizada, la que debe tomar la iniciativa de organizar un diálogo nacional que nos permita llegar a acuerdos mínimos que garanticen que en un mediano plazo se le ponga fin al reinante desorden. La Asociación Dominicana de Psicología (ADOPSI), creada en 1975 y que en su primera década de existencia fue capaz de organizar ocho simposios nacionales de psicología, además de innumerables cursos y conferencias, inició a partir de 1985 un período de letargo, durante el cual sólo organizó eventos menores hasta reaparecer en 1993 con la organización del Noveno Simposio de Psicología y participar posteriormente en ese mismo año con varios Departamentos de Psicología en la organización del Primer Congreso Nacional Avances de la Psicología. En los últimos cuatro años, la Asociación Dominicana de Psicología no ha organizado ningún evento de carácter nacional, y su ausencia en este evento es inexplicable, muy especialmente en el panel sobre el psicólogo y su formación. La Asociación Dominicana de Psicología, presidida nuevamente por un psicólogo que en su primer mandato impulsó el proceso de revitalización de la misma, tiene, en su condición de representante de la comunidad psicológica profesional del país, el reto impostergable de asumir el liderazgo que le corresponde en la discusión de los problemas que afectan a la profesión, entre los cuales ocupan un lugar prioritario las dificultades y limitaciones que rodean en nuestro país el proceso de formación de un profesional de la psicología.
Señoras y señores: Durante los últimos 28 años he trabajado a tiempo completo en la formación profesional de psicólogos dominicanos. Tengo una cuota de responsabilidad, aunque tal vez mínima, dada la naturaleza de los cursos que siempre he impartido, en los reveses que en términos profesionales hayan sufrido psicólogos egresados de la UASD en estos últimos treinta años; pero también me corresponde una cuota de responsabilidad, tal vez mínima también, en los triunfos que hayan cosechado en la vida profesional. Me considero libre de toda sospecha en torno a la sinceridad de mis preocupaciones por el futuro de la psicología como profesión en la República Dominicana. Por eso les voy a confesar mi temor principal. Temo que, si no adoptamos las medidas apropiadas, la profesión se vea literalmente inundada por psicólogos deficientemente preparados para ofrecer servicios psicológicos realmente profesionales, psicólogos sin suficiente conocimiento teórico para reconocer las teorías que se esconden detrás de sus observaciones e interpretaciones, obligados a aceptar por fe todo lo que se les ofrece, por su incapacidad para reconocer la fuerza inferencial de un diseño de investigación, e incapaces de organizar su propio ejercicio profesional de un modo tal que puedan determinar el grado de eficacia de sus técnicas y procedimientos.
Es muy probable que la próxima celebración de un nuevo aniversario de la psicología dominicana ocurra dentro de veinte años, cuando la psicología dominicana cumpla medio siglo de existencia. Es muy probable que la mayoría de los presentes estén también presentes en esa celebración. Y por el bien de la psicología profesional en la República Dominicana, es mi mayor deseo que quien entonces haga el balance de los primeros cincuenta años de psicología profesional dominicana, pueda decir con satisfacción que el temor expresado por un psicólogo dominicano en torno al futuro de la profesión en el país ha sido rotundamente refutado por la realidad.
Finalmente, quiero terminar estas reflexiones con los consejos de un psicólogo que ha dedicado muchos años a la formación de psicólogos. En efecto, Hans Strupp ha señalado algunos de los errores que se deben evitar en el proceso de entrenamiento profesional de los psicólogos; a saber, el compromiso total con un solo modelo teórico y técnico; la adhesión a las formulaciones teóricas como si fueran dogmas; la impermeabilidad al progreso de la investigación en campos cercanos; el adoctrinamiento rígido de los entrenados; el fracaso en inspirar a los estudiantes para que se conviertan en pensadores críticos e independientes; y el fracaso en enseñar a los estudiantes a mantener respeto hacia los datos empíricos y las hipótesis rivales.

Referencias
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Ardila, Rubén (1986). La Psicología en América Latina: Pasado, Presente y Futuro. México, D.F: Siglo XXI Editores.

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Day, Willard F. (1969). Radical behaviorism in reconciliation with phenomenology. Journal of the Experimental Analysis of Behavior, 12, 315-328.

De1ucchi, Kevin L. (1983). The use and misuse of Chi-Square: Lewis and Burke revisited. Psychological Bulletin, 94, 166-176.

Díaz-Guerrero, Rogelio (1975). Lecturas para el Curso de Psicología Experimental. México, D.F: Trillas. (Los capítulos 6 y 7 contienen una valiosa exposición de los puntos de vista de Korsybski sobre el lenguaje).

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Girden, Ellen R. (1996). Evaluating Research Articles: From Start to Finish. Thousand Oaks, CA: Sage Publications.

Kantor, J.R. (1953) The Logic of Modern Science. Granville, Ohio: Principia Press. (Para uso de los estudiantes se hizo la traducción del artículo de Parker E. Lichtenstein Psychological System: Their nature and functions. The Psychological Record, 1967, 17, 321-340. Dicho artículo contiene una aplicación muy clara del enfoque de Kantor al análisis de los sistemas psicológicos.

Koch, S. (1981). The nature and limits of psychological knowledge: Lessons of a century qua “science”. American psychologist, 36, 257-269.

Koch. S., & Leary, D.E. (Eds.) (1985). A Century of Psychology as Science. New York: McGraw­Hill.

Levin, Joel R., & Marascuilo, Leonard A. (1972). Type IV errors and interactions. Psychologi­cal Bulletin, 78, 368-374.

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Meltzoff, Julian (1984). Research training for clinical psychologists: Point-Counterpoint. Pro­fessional Psychology: Research and Practice, 15, 203-209.

Melztoff, Julian (1997). Critical Thinking about Research. Washington, D.C.: American Psy­chological Association.

Peterson, Donald R. (1997). Educating Professional Psychologists. Washington, D.C.: Ameri­can Psychological Association.

Rodríguez Arias, Enerio (1986). El papel del análisis estadístico en la investigación psicológica. Investigación y Ciencia, 1, 13-26.

Sexton, V.S. & Hogan, J.D. (Eds.) (1992). International Psychology: Views around the World. Lincoln: University of Nebraska Press.

Straus, Erwin W. (1966) Phenomenological Psychology. New York: Basic Books. (El capítulo 6 ofrece un análisis original y provocativo sobre el concepto de objetividad).

Strupp, Hans H. (1981) Clinical research, practice, and the crisis of confidence. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 49, 216-219.

Wann, TW. (Ed.) (1964). Behaviorism and Phenomenology. Chicago: The University of Chicago Press. (Recoge todas las ponencias y debates del Simposio de Rice).



1  Agradecemos la colaboración del Dr. Alfonso Martínez Taboas al facilitarnos su banco de información para la confección de la muestra sobre la cual se informa en este estudio.

2 DT son las siglas para la desviación típica.

3 Los instrumentos sobre sintomatología depresiva fueron la Escala de Depresión del Centro de Estudios

Epidemiológicos (CES-D) y la escala de depresión de la Lista de Cotejo de Síntomas (LCS-Di' la Escala

de Actitudes Disfuncionales (DAS) yel Inventario de Creencias Irracionales (1ST) se utilizan como medidas de cogniciones disfuncionales. Para medir eventos estresantes, se utilizó la Encuesta de Eventos Estresantes (LES) y para medir apoyo social la Escala de Apoyo Social (CAS).


4 Proyecto que tiene como objetivo traducir y adaptar varios instrumentos sobre depresión, cogniciones disfuncionales, estrés y apoyo social. Este proyecto de investigación está apoyado por los Fondos Institucionales para la Investigación (FIPI) de la UPR-Río Piedras.



5 Ellis, Norman y Lee Cross. Planeamiento de Programas para la Estimulación Precoz de los Disminuidos.

Ediciones Paralelas. Argentina, 1978

2 Ellís y Cross. ibid.

3 Helen Bee, El Desarrollo del Niño, UNAM, 1980.

4 Ellis y Cross, ibid.

5 Ellis y Cross, ibid.


6 Woolfolk, Anita, Psicología Educativa. Prentice Hall Latinoamericana, México, 1991.

7 Ibid.

8 Díaz Solís, María y Salas, Amelia. Los Efectos de la Intervención Temprana sobre el Desarrollo Motor, Verbal,

Social y Perceptual en Niños de Alto Riesgo Biológico. Congreso Latinoamericano de Psicología. Rep. Dom. 1981.

9 Ellis y Cross, Ibid.

10 Ellis y Cross, Ibid.


11 Carrera Michelli, Fernando. Papel del obstetra en la prevenci6n del retardo mental. Seminario

Centroamericano y del Caribe sobre Retardo Mental, Caracas, Venezuela, Nov. 1977.

12 Cromwell, David. El niño de Alto Riesgo. I Jornada Internacional a nivel Latinoamericano sobre Retardo Mental

y III Jornadas de AVEPANE. Caracas, Venezuela, 1976.

13 Ellis y Cross, ibid.

14 Ellis y Cross, ibid


Consultas a expertos.


1 Pearls, Frederick S. Terapia Guestáltica y las potencialidades humanas. En esto es Gestalt. Varios autores. Cuatro Vientos Editorial. Santiago de Chile, 1991, 8va. Edición.

2 Cabe señalar que estas no son las únicas diferencias entre ambas teorías, sin embargo para el caso que aquí nos

ocupa, son las más importantes

3 Van Dusen, Wilson. Invocando lo real. En esto es GUESTALT. Varios autores, pág.90.

4 La relajación además reduce grandemente la amenaza de ser “atacado” por los fantasmas neuróticos con lo cual

Las defensas pueden hacerse menos rígida.

5 El mismo principio de dormir y del sueño es válido en el proceso de relajación y ensoñación dirigida. La diferencia

radica en que en el sueño no hay ningún “otro” que lo dirija, por lo que es más espontáneo y libre devela más

directamente los contenidos del inconsciente.

6 Stevens John. O. Compromiso y Apego. En esto es GUESTALT. Varios autores. Editora Cuatro Vientos, Santiago.

7 Oaklander, Violet. Ventanas a nuestros niños. Terapia guestáltica para niños y adolescentes. Editorial Cuatro

Vientos, Santiago. 1988. 1era. edición en español. pág. 3.

8 Stevens, John. O. El Darse Cuenta. Ejercicios y experimentos en terapia guestáltica. Cuatro Vientos Editorial.

Santiago de Chile, 1976.


9 9 Van Deusen, Wilson. Op. cit. . 84.

10 Especie de estancamiento donde la persona siente que no tiene salida y que sesi6n tras sesi6n, repite el

mismo discurso con la esperanza de que algo cambie, de que algo suceda, o de que el terapeuta le diga

qué hacer.

11 Quisiera recordar que en muchas ocasiones, las acciones más terapéuticas no surgen precisamente del

marco teórico que las sostiene, sino de la "intuición".

12 Existen un gran número de ejercicios de viajes imaginarios en el libro de John O. Stevens que hemos

citado con anterioridad.


Psicólogo Clínico. Encargado del Departamento de Psicología de la Unidad de Atención Integral a

Pacientes VIH+ del Centro Sanitario de Santo Domingo.

Psicóloga Clínica. Terapeuta del Departamento de Psicología de la Unidad de Atención Integral a Pacientes

VIH+ del Centro Sanitario de Santo Domingo.


El autor es Psicólogo Clínico Forense, egresado de la Universidad Estatal de Rostov del Don (1991). Docente del

Postgrado de Psicología Clínica y Criminología en el Diplomado de Administración de Justicia en la Universidad

Autónoma de Santo Domingo (UASD), desde 1995.

http://www.uib.es/catedra_iberoamericana





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