2002 Sdec investigación cualitativa



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2002 SdeC

Investigación cualitativa
Los métodos cualitativos en psicología han surgido hasta fecha muy reciente como un conjunto de enfoques alternativos a los utilizados convencionalmente, y resulta difícil definir, explicar o ilustrar la investigación cualitativa sin contraponerla a aquéllos métodos en psicología que se basan en la cuantificación, métodos que hasta ahora han determinado las formas de la disciplina. Sin embargo, no es necesario plantear las tradiciones cuantitativas y cualitativas como una oposición diametral, y si lo hiciéramos perderíamos de vista el valor de mucha de la investigación cualitativa. Sería erróneo asumir, por ejemplo, que una investigadora cualitativa se negará a resumir datos numéricamente, o que siempre deberá descartar el material que se ha reunido a través de rigurosas técnicas de muestreo o que está representado de manera estadística. Sin embargo, el proceso de reducir el material a proporciones manejables y abstraer del mismo ciertos tipos de información está cargado de dificultades; la lógica de semejante proceso de reducción y abstracción es que eventualmente éste llegará a un punto en donde el contexto desaparece por completo. El investigador cuantitativo demasiado entusiasta, que en psicología es con frecuencia algún tipo de experimentador, puede estar satisfecho y seguro de sus resultados una vez que esto sucede. Una investigadora cualitativa, por otra parte, dirigirá su atención al contexto y la integridad del material y nunca edificará su informe directamente o sólo a partir de datos cuantitativos.

En este capítulo exploraré definiciones de la investigación cualitativa ligado con temas criticas, antes de pasar a ilustrar cómo funciona el papel de la interpreción para crear tanto problemas irremediables para un psicólogo que desea confinarse en la cuantificación, como oportunidades valiosas para un investigador utilizando métodos cualitativos criticos.


Definiciones

En principio la investigación cualitativa puede definirse de manera simple, pero muy vaga. Es el estudio interpretativo de una cuestión o problema específico en que el investigador es central para la obtención de sentido. El área de interés elegida por un investigador será en este caso un aspecto particular del acto y la experiencia, pero podría ser igualmente un estudio reflexivo sobre parte de la disciplina misma de la psicología. En lo que respecta al primero de estos tipos de área, es importante diferenciar el lenguaje de la investigación cualitativa, la forma en que hablamos sobre nuestro objeto de estudio, de aquélla de muchos investigadores cuantitativos que quieren estudiar directamente lo que llaman ‘el comportamiento’. Una de las características de la medición en las metodologías cuantitativas es que pretende dejar fuera la interpretación e imaginar que es posible producir una representación clara e inmediata del objeto de estudio; pretensión incómoda junto a la opinión de que a partir de los datos no puede concluirse nada cierto, o de que sólo es posible confirmar la ‘hipótesis inválida’ (la hipótesis de que los resultados no serán significativos), pero creer en la percepción directa e inmediata del comportamiento es un punto de partida de mucha de la investigación psicológica ortodoxa. Muchos investigadores cualitativos argumentarían que esto es imposible porque nuestras representaciones del mundo siempre son mediadas, y que puesto que la investigación siempre incluye un componente interpretativo, es mejor utilizar la expresión ‘acto y experiencia’ como una que incluya y respete más fácilmente el papel de la interpretación.

El estudio de un aspecto de la psicología se incluye aquí como un posible foco de interés para un documento, porque el investigador es fundamental en el trabajo cualitativo, y por lo tanto a veces es útil volvernos y echar un vistazo a la naturaleza de la disciplina que define lo que se supone es la psicología humana. La psicología trata sobre las personas y, a pesar de los intentos de muchos psicólogos de negar este hecho, es ejercida por gente que tiene mucho en común con aquéllos a quienes estudia: la psicología es una de las disciplinas en las que el sujeto (el investigador) y el objeto (el investigado) coinciden. Además, el relato cotidiano de los actos y la experiencia son la fuente de las teorías en psicología, y estas teorías fluyen entonces de nueva cuenta de la disciplina a las explicaciones que la gente da de sí misma y de su vida. La investigación cualitativa como estudio interpretativo implica con frecuencia un cuestionamiento de las fronteras entre el interior y el exterior de la psicología. Volveremos a encontrarnos con esta cuestión cuando lleguemos a considerar la postura del investigador.

Ahora podemos ser un poquito más rigurosos respecto a las definiciones, pero en este punto también debemos estar abiertos en cuanto a la forma en que éstas son utilizadas en psicología, en una cantidad de maneras contrastantes y superpuestas. La investigación cualitativa es parte de un debate, no una verdad fija. La investigación cualitativa es: a) un intento de capturar el sentido que estructura y que yace en el interior de lo que decimos sobre lo que hacemos; b) una exploración, elaboración y sistematización de la relevancia de un fenómeno identificado; c) la representación esclarecedora del significado de una cuestión o problema delimitado. No existe un solo método cualitativo, y se lograrán objetivos muy distintos por medio de enfoques interpretativos distintos. El análisis del discurso, la observación participativa o el trabajo de constructo personal, por ejemplo, pueden producir solamente redescripciones del lenguaje, de la interacción social o del yo, mientras que la entrevista y la etnografía aludirán y cambiarán a una persona o una comunidad, y la investigación de metodología feminista y activa siempre inplicarán reflexión y la transformación de la acción y la experiencia.



El segundo motivo por el cual no podemos recurrir a una definición única es que está en la naturaleza de la interpretación el ser contradictoria y el que siempre haya un excedente de significado, cosas adicionales que pueden decirse, que no podemos limitar o controlar. La cuantificación alienta con demasiada frecuencia la fantasía de la predicción y el control, pero la investigación cualitativa en psicología toma como su punto de partida una conciencia del espacio entre un objeto de estudio y la forma en que lo representamos, y de la forma en que la interpretación llega inevitablemente a llenar ese espacio. El proceso de interpretación proporciona un puente entre el mundo y nosotros, entre nuestros objetos y nuestras representaciones de los mismos, pero es importante recordar que la interpretación es un proceso, un proceso que continúa mientras nuestra relación con el mundo sigue cambiando. Si vamos a hacer investigación cualitativa de manera adecuada, tenemos que seguir ese proceso y aceptar que siempre habrá un vacío entre las cosas que queremos entender y nuestros informes de cómo son.

La función de la interpretación
La historia de los métodos cuantitativos en psicología es un catálogo de intentos de deshacerse de ese vacío. El hueco entre los objetos y nuestras representaciones de ellos no es exclusivo de esta disciplina, sino que es común a todas las ciencias. Dicho hueco aparece de tres formas. Éstas han sido llamadas ‘los horrores metodológicos’ (Woolgar, 1988) y descritas como sigue: a) indicación (indexicality), donde una explicación siempre está ligada a una ocasión o uso en particular y cambiará según cambie la ocasión: b) inconclusividad, donde un informe siempre puede complementarse mejor, y cambiará continuamente entre más se le añada; y c) reflexividad, donde la forma en que caracterizamos un fenómeno cambiará la manera en que opera para nosotros, y que cambiará entonces nuestra percepción del mismo, etc. Como un conjunto de problemas endémicos a la indagación científica, se emplea rutinariamente una serie de estrategias para controlar los horrores metodológicos, tales como recurrir a la jerarquía del conocimiento centífico existente que no debe cuestionarse, tratando al problema como uno de índole técnica o como una dificultad trivial, o difiriendo la tarea de encargarse de él, dejando que sean otros los que lo resuelvan como un problema filosófico. La investigación cualitativa no pretende que podamos llenar el espacio entre los objetos y las representaciones de una vez por todas. Mejor dicho, puesto que es una empresa esencialmente interpretativa, trabaja con el problema --ese espacio--, más que contra él. Sólo tenemos que considerar los intentos de operar contra él en mucha de la investigación cuantitativa para ver por qué esta forma alternativa de hacer psicología es preferible a la vieja.
La represión y el retorno del significado en la investigación positivista
La ‘crisis’ en la psicología de finales de los años sesenta y principios de los setenta fue expresión de una conciencia de la imposibilidad de tratar de ocuparse de la interpretación intentando suprimirla (Parker, 1989). La forma vieja de hacer las cosas se caracterizaba, utilizando la terminología de la filosofía de la ciencia, como un ‘viejo paradigma’. La lógica de la crisis era que el viejo conjunto de suposiciones y prácticas que mantenía unida a la comunidad científica y le planteaba cierto tipo de enigmas qué resolver daría paso a un ‘nuevo paradigma’ (Harré y Secord, 1972; Reason y Rowan, 1981). El viejo paradigma y demasiada de la investigación cuantitativa contemporánea en psicología están sustentados por una concepción positivista de la ciencia. Un positivista intenta descubrir las leyes que cree que rigen las relaciones entre ‘causas’ y ‘efectos’, y la preocupación por las ‘variables’ dependientes e independientes en la psicología es una expresión del dominio del positivismo. Antes de pasar a considerar distintas visiones de la ciencia que renuncian al positivismo, debo subrayar el poder de las ideas positivistas en la psicología hasta el momento de la ‘crisis’. No toda la investigación cuantitativa es positivista, pero alrededor de los años sesenta se había vuelto evidente que cada intento de tratar con problemas metodológicos lanzado por el viejo paradigma ‑‑un paradigma distinguido por su obsesión con la cuantificación-- volvía el problema peor. Tomemos seis de estos problemas entrelazados.
Validez ecológica
Cierto grado de validez ecológica (es decir, tratar de hacer que la investigación se ajuste al mundo real) es necesario si los hallazgos de un estudio han de ser extrapolados a una población más amplia que la muestra utilizada en el estudio, y si los hallazgos serán generalizados más allá de la situación particular formulada por el investigador (Brunswik, 1947). Si conceptualizamos el escenario de la investigación (ya sea ésta un experimento de laboratorio, estudio de campo o entrevista) como la intersección de variables distintas, entonces deberá aumentar la validez ecológica, ya sea garantizando que en el escenario de la investigación estén presentes tantas variables como las que están presentes en el ‘mundo real’, o restringiendo el número de variables al mínimo, de manera que sepamos que solamente tenemos como objetivo aquéllas que son relevantes para el estudio. El problema con esto es que, por supuesto, cualquiera de las dos soluciones, de hecho, sirve más para minar que para garantizar la validez ecológica, porque para hacer que el escenario de la investigación sea como el mundo real tendríamos que abstenernos de medir el ‘comportamiento’ de nuestros ‘sujetos’, y para excluir todas las ‘variables confusas’, tendríamos que hacer el escenario tan distinto del mundo como fuera posible (Mixon, 1974). Obviamente la última opción no funcionará, y si tratáramos de implementar la primera, y aún operáramos como positivistas, sólo podríamos hacerlo engañando a nuestros ‘sujetos’, midiendo su comportamiento subrepticiamente, y enredándonos en otro conjunto de ‘variables confusas’ y en otro problema.

Ética
El engaño de los sujetos es una cuestión tanto metodológica como moral (Kelman, 1967), y es parte de una segunda cuestión, más profunda, que tiene que ver con el trato de los sujetos como objetos, o como gente como nosotros. La calidad peculiarmente reflexiva de la psicología significa que ésta debe expresar una postura moral-política; debe ser en algunos aspectos una ciencia moral (Shotter, 1975). Tiene que negociar las fronteras entre la investigación ética y la inmoral. La confusión entre los términos ‘sujeto’ y ‘objeto’ en la psicología cuantitativa (en la que llamamos a la gente ‘sujetos’ pero la tratamos como ‘objetos’, y pretendemos ser objetivos pero siempre somos, sin embargo, profundamente subjetivos) es un síntoma de qué tan profundo es el problema moral que hay ahí. La psicología del escenario de la investigación, y la lucha por darle un sentido a lo que está pasando, se establece en la investigación positivista como una batalla que debe ganar el investigador si ha de obtener buenos datos. Hay una tensión continua entre la ‘reactividad personal’ (la tentativa del ‘sujeto’ de entender y controlar la investigación) y la ‘reactividad procesal’ (las formas en que las exigencias de la situación limitan su espacio de maniobra). Sin embargo, cuando los psicólogos se atormentan por el engaño o la despersonalización de aquéllos a quienes tratan como objetos, se encuentran enfrentados al prospecto insoportable (para ellos) de estar abiertos en lo que concierne a las hipótesis y descubrir el juego. Las discusiones sobre el consentimiento notificado, el interrogatorio y la minimización del daño en la literatura, son todas formas de tratar de resolver el problema sin dejar que el sujeto gane la batalla. La investigación no tiene que ser planteada de esta forma, pero cuando lo es, las soluciones siempre fallan.
Características de exigencia
Un tercer problema es que los sujetos intentan darle un sentido a la investigación, y siempre formularán su propia versión de lo que son las hipótesis u objetivos del estudio. Los ‘sujetos’ no siempre tienen la razón, pero hacer este trabajo extra no deseado constituye un sobre-compromiso con el estudio, un sobre-compromiso desde el punto de vista del investigador (y este trabajo extra no compensa el subterfurgio y engaño del investigador). En algunos casos los sujetos están ansiosos por confirmar lo que creen que son los resultados deseados del estudio, y se ha trabajado mucho en experimentos bajo el poder de estas ‘características de demanda’ (Orne, 1962). De esta forma, la confusión deliberadamente fraguada por el investigador está compuesta por la forma confusa en que los sujetos insertan sus propios programas dentro del estudio. En algunos casos la confusión también es incrementada por los sujetos a medida que se involucran en la desorganización voluntaria de lo que creen que son las hipótesis. Sin embargo, la mayor parte del tiempo la espiral de malentendidos no es en lo absoluto intencionada, y hay buenas razones para sospechar que nuestros ‘sujetos’ son con frecuencia demasiado sumisos (Rosenthal, 1966). De nuevo, las únicas opciones que quedan abiertas dentro de la tradición positivista para tratar con las características de demanda producen, por lo menos, los dos primeros problemas que ya he identificado: el estrechar los procedimientos de manera que el sujeto no tenga forma de adivinar las hipótesis o interferir en ellas destruye la validez ecológica, y revelar el propósito de un experimento desentraña los fundamentos para los que ostensiblemente viven los psicólogos científicos.
Características del voluntario
Cuando los sujetos son sumisos, y parecen portarse bien, puede ser a causa de un problema más que azota a la investigación experimental y a mucha otra, y que usualmente se maneja bajo el encabezado de ‘características del voluntario’. Este fenómeno sólo aparece cuando, de entrada, se le permite a la gente ofrecerse como voluntaria para participar en una investigación. Si se llevara a cabo un muestreo estricto de la población y sólo se eligiera a ciertos individuos identificados para participar, y ellos de hecho participaran, entonces las características de los sujetos serían controladas de esa forma. Por ejemplo, la práctica de solicitar a estudiantes de psicología que participen en estudios como parte de su trabajo acreditable para un curso universitario forza la participación. No obstante, esta práctica origina inmediatamente problemas éticos, y la naturaleza del muestreo, los tipos de gente investigada, no son representativos (Sears, 1986). De manera similar, sería necesario un grado de coerción para garantizar que cualquier otro grupo de personas identificadas por un procedimiento de muestreo al azar estratificado de la manera más exhaustiva participara en el estudio final. Los tipos de personas que eligen participar en estudios de psicología tienden a ser más jóvenes, más inteligentes, más amigables, menos convencionales o autoritarios, pero con una gran necesidad de aprobación (Rosenthal, 1965). Aflojar el control y permitir que la gente se ofrezca como voluntaria para también ser estudiada nos devuelve, debido particularmente a esa última característica, al problema de las características de demanda. Los tipos de personas que se ofrecen como voluntarios pueden entonces ser variados, y la gente que realiza los estudios ciertamente afecta la investigación.
Efectos del ‘experimentador’
A pesar de la retórica de la falsificabilidad en la psicología científica, y la advertencia de que un trabajo de investigación debe tener como objetivo comprobar una hipótesis antes que simplemente mostrar que es verdadera, los experimentadores --y no sólo los experimentadores-- siempre están ansiosos de obtener un buen resultado. Ésta es solo una fuente de la ansiedad general que manifiesta una investigadora, que comunica al sujeto y que entonces afecta cómo se siente el sujeto (Rosenthal, 1966). Esto se trata comunmente como un problema de ‘predisposición’, y una vez que la ansiedad y el deseo de que el estudio sea exitoso se caracterizan de esta forma puede exigirse con toda lógica, pero erróneamente, una cantidad de ajustes impracticables . La única forma de garantizar que el ‘experimentador’ sea incapaz de ‘predisponer’ el resultado es impidiéndole conocer al sujeto o saber algo del contexto del que los datos fueron obtenidos (porque entonces sabría cuál condición era cuál, y esto ‘predispondría’ su interpretación). Los efectos del experimentador pueden controlarse con el uso de procedimientos de mutua ignorancia (double-blind), pero aún aquí la ansiedad y el deseo se filtran a través de los patrones de relación entre investigadores y entre investigadores suplentes y los sujetos. En su extremo más eficiente, el procedimiento debería garantizar que el sujeto nunca conozca a nadie remotamente ligado a la investigación; es decir, a nadie, y entonces estaríamos atrapados de nuevo en las trampas de la validez ecológica. Este proceso aumenta la artificialidad de la situación investigada y la impresión, aún si no es una intención deliberada por parte del investigador, de que hay un engaño (Shotter, 1975). Estos ajustes sólo son necesarios --y entonces siempre se vencen a sí mismos-- si la cuestión es vista por principio como una cuestión de ‘predisposición’.
Lenguaje
Los enfoques positivistas enfrentan un problema insuperable cuando los sujetos empiezan a darle su propio sentido al escenario de la investigación, y los psicólogos experimentales más intransigentes le darán a la situación que han construido para sus sujetos un sentido que es superfluo respecto a lo que quieren medir y reportar (Gauld y Shotter, 1977). Todos los enfoques cuantitativos se quedan atrapados en este problema tan pronto como los sujetos y los investigadores empiezan a hablar, y el hecho de que los seres humanos utilicemos el lenguaje es el problema más importante y perjudicial que enfrentan estos enfoques. Es comprensible, aunque no sorprendente, que el lenguaje, el medio a través del cual se sostiene la vida social, esté ausente en la mayoría de los estudios en psicología. A veces se escriben las instrucciones en una sucinta forma estandarizada con el fin de cribar el parloteo que rige el resto de nuestras vidas fuera del laboratorio, pero no importa qué técnica se utilice para hacer que la gente deje de hablar, ésta pone en juego la conjetura implícita en las características de demanda y los efectos del investigador, y le plantea límites severos a la validez ecológica. La pretensión de que la gente no habla es también el meollo de la represión del significado en la investigación positivista (Harré y Secord, 1972). El reconocimiento de estos problemas, combinado con el reconocimiento de que el lenguaje es crucial para la auto-reflexión y el desarrollo de la psicología como una ciencia moral, en contraste con una amoral, disparó la ‘crisis’ del paradigma. Un resultado de la crisis fue una ‘vuelta al lenguaje’ en la psicología, que permitió que volviera a forjarse una conección entre la investigación en la disciplina y el trabajo de la antropología, la sociología y otras ciencias humanas.
Cimientos alternativos: filosofías de la investigación cualitativa
La investigación cualitativa no surge como recién nacida de la ‘crisis’ en la psicología, y sería un error incluirla bajo el encabezado ‘nuevo paradigma’. Muchos métodos cualitativos, tales como la investigación etnográfica y de acción, tienen una larga historia en la sociología y en la antropología; algunos, como la teoría del constructo personal, surgieron años antes de la ‘crisis’ como parte de una protesta humanista contra las corrientes principales, y algunos, como la investigación feminista, se desarrollaron en los años sesenta como una reacción frente al poder de los supuestos masculinos acerca del rigor y las ciencias exactas. No existe un solo método cualitativo correcto, pero hay una marcada sensación implícita de que se pierde mucho, quizá demasiado, cuando se cuantifica el material, y de que tenemos que basar la investigación en cimientos conceptuales distintos a aquéllos utilizados por la psicología ortodoxa. Existen de hecho dos fundamentos contrastantes que pueden formularse para basar la investigación cualitativa en modelos distintivos de la persona y del mundo social. El primero es el del realismo, y el segundo el del construccionismo social. Con frecuencia da la impresión, muy comprensiblemente, de que los métodos cualitativos no satisfacen los criterios que la ciencia exige de los investigadores (Silverman, 1993). Sin embargo, hay una diferencia significativa entre la imagen de la ciencia que reverencian la mayoría de los psicólogos y la naturaleza de la ciencia. No tiene una naturaleza fija: los procedimientos que una ciencia debe seguir han sido debatidos, así como las afirmaciones que la señalan como el transmisor único de la verdad.
Realismo
Para un realista, cualquier ciencia debe operar con modelos adecuados de los objetos de estudio, y los métodos utilizados para investigar y explicar la forma en que operan esos objetos debe ser apropiada al objeto (Manicas y Secord, 1983). El método favorito de las ciencias naturales es con frecuencia un estudio intensivo de un caso particular más que la acumulación de datos a través de una muestra de casos. Los mundos natural y social están estratificados por estructuras que definen las tendencias o poderes de acción de los objetos. Por ejemplo, los químicos tienen ciertas estructuras en virtud de las cuales funcionan de maneras particulares; están dotados de ‘facultades’ particulares en situaciones distintas y en la presencia de otros químicos. Está en la naturaleza de los seres humanos, y es una ‘facultad’ que tienen, el meditar sobre sus actos y dar cuenta de esos actos, y esto significa que una aproximación científica adecuada al estudio de la acción y la experiencia debe emplear métodos que, más que tratar de dejar fuera a estas facultades, se acoplen a ellas. La investigación positivista en psicología que intenta ignorar las facultades de los seres humanos no es científica. Un realista no se opondrá a la investigación cuantitativa cuyo objetivo sea describir las cualidades comunes a un grupo (investigación nomotética), pero insistirá en que sólo podemos desarrollar un informe adecuado a través del estudio intensivo de casos particulares (investigación ideográfica). Una visión realista, entonces, pretende situar a la psicología sobre una base científica más segura (Harré, 1974).
Construccionismo social
Mientras que los realistas están comprometidos con la opinión de que hay estructuras subyacentes qué describir, los construccionistas sociales insistirán en que todas las formas del conocimiento, incluyendo el conocimiento científico, generan imágenes del mundo que luego operan como si fueran ciertas (Gergen, 1985). Esto no quiere decir que los construccionistas sociales se opongan necesariamente a la ‘ciencia’, pero sí significa que tienen una visión más escéptica de cómo opera la ciencia, y que insistirán en que siempre hay un aspecto moral qué investigar. Las preguntas de una investigación se estructuran por intereses personales y políticos que deben ser explorados, más que escondidos, porque es cuando se ocultan que hacen más daño. Para un construccionista social estos reparos se aplican incluso a la más ostensiblemente ‘neutral’ de las ciencias naturales. En el caso de la psicología, en donde el objeto (investigado) está dotado de las mismas características reflexivas que el sujeto (investigador), la exploración debería no sólo respetar las especificidades de cada caso (investigación ideográfica), sino que también debería explorar los significados particulares que se generan en esta ocasión (investigación hermenéutica). Una visión construccionista social, entonces, ve a la ciencia como una forma de conocimiento que crea al mundo tanto como lo describe .

Cuando adoptamos una visión, ya sea realista o construccionista social, de la ciencia y de nosotros mismos como investigadores cualitativos en las mejores tradiciones de la ciencia, es probable que decepcionemos a nuestros colegas en psicología. No obstante, debemos señalar que ellos mismos no pueden, en su propia obra cuantitativa, estar a la altura de las expectativas que fijan para los investigadores cualitativos, y que el modelo de ciencia que sostiene a mucha de la psicología puede desafiarse exitosamente.



Solucionar los horrores
Ahora es posible caracterizar los métodos cualitativos con mayor detalle, considerando cómo puede trabajar un investigador de forma interpretativa dentro de los horrores metodológicos y transformarlos en virtudes metodológicas.
Indicación
El trabajo que se desarrolla en un escenario de investigación es algo muy específico para esa situación, y podemos tomar el ‘problema’ de la validez ecológica y convertirlo en un aspecto de la investigación misma. Cualquier significado es catalogable, lo que significa que cambiará según cambie la circunstancia y según se le utilice de maneras distintas. Una explicación cambia a medida que cambia la circunstancia, así que la mejor alternativa para suprimir este cambio es teorizar sobre él. En este contexto, teorizar no significa que deban utilizarse en la investigación los sistemas metafísicos esotéricos y oscuros del pensamiento, sino más bien que se identifiquen los patrones de influencia sobre el escenario de la investigación y que se desarrolle un informe de cómo estos patrones han desempeñado su papel en el resultado del estudio (Henwood y Pidgeon, 1992). Aquí hay una cuestión general concerniente a la relación entre la investigación empírica y la teórica, una relación que cambia cuando nos movemos dentro del área de los métodos cualitativos. Mientras que la investigación cuantitativa ve a la teoría como un terreno de trabajo que es conceptualmente distinto del trabajo empírico, y ve al trabajo empírico como la ‘prueba’ de una teoría, la investigación cualitativa une ambos terrenos. Un investigador cualitativo debe ser un teórico en algunos aspectos, puesto que cada circunstancia plantea enigmas particulares que deben atenderse a medida que procede la investigación. (De manera similar, un ‘psicólogo teórico’ que toma en serio la vuelta al lenguaje debe, en algunos aspectos, ser un investigador cualitativo, puesto que la teoría nunca flota en un reino libre de contexto.)

Una concentración en la indicación en el escenario de la investigación significa que debemos reformular lo que entendemos por validez y confiabilidad. En la investigación cuantitativa la validez se refiere al grado en que lo que ha sido medido corresponde a otras medidas independientes obtenidas a través de distintos instrumentos de investigación. La correlación entre una prueba y otras pruebas de la misma cosa, por ejemplo, será un medida de qué tan lejos dicha prueba está obteniendo lo que presume estar obteniendo. La confiabilidad en la investigación cuantitativa es la medida en que se obtendrán los mismos resultados si se repite la investigación. En el caso de las pruebas psicométricas, por ejemplo, la confiabilidad de la prueba se mide por la correlación entre distintas aplicaciones de la prueba. La validez y la confiabilidad se discuten en la investigación cuantitativa como propiedades del instrumento de investigación, ya sea éste el protocolo de la prueba o el plan de entrevista. Hay una suposición integrada a esta forma de tratar el material que se lleva al escenario de la investigación que será con frecuencia sumamente inapropiada para la investigación cualitativa. Hay aquí una separación asumida entre el trabajo teórico y el empírico, y entre el instrumento de investigación y su aplicación, que es equivocada, así como una incapacidad de teorizar el cambio.



La búsqueda tando de validez como de fiabilidad se apoya en la suposición de que es posible reproducir la buena investigación. Sin embargo, un investigador cualitativo nunca cometerá el error de afirmar que su trabajo es perfectamente reproducible. Ciertamente es posible repetir el trabajo que se ha descrito, pero esa repetición también será necesariamente un estudio distinto: diferente, cuando menos, en virtud del cambio de investigador, de los informantes y significados de la herramienta de investigación con el paso del tiempo. El significado que se genera en el curso de la investigación es algo que debe seguirse y registrarse cuidadosamente y con sensibilidad; un informe del proceso de trazar y presentar el análisis como los ‘resultados’ del estudio es un informe del cambio, y esto conlleva un cambio en la herramienta misma de la investigación. El objetivo en la investigación cualitativa no es tanto la posibilidad de reproducción, sino la especificidad. La validez ecológica se sostiene cuando son explorados los significados particulares del escenario de la investigación. Cuando esa exploración es minuciosa y cuando se realiza con los informantes, más que contra ellos, las características de demanda, las características del voluntario y los efectos del experimentador se vuelven visibles y confiables. El proceso respeta la importancia del lenguaje y el derecho de hablar del informante. De esta forma, el escenario de la investigación se parece más, de hecho, a la vida ‘real’. No obstante, para que valga esta nueva garantía de una forma más consistente de validez ecológica que la encontrada en los experimentos, tenemos que subrayar la cláusula que dice que los hallazgos del estudio son tan frágiles y mutables como lo es la vida real.
Inconclusividad
La noción de validez ecológica sólo puede revisarse cuando se ha renunciado a la tarea imposible de construir un escenario de investigación que esté tan minuciosamente controlado como para evitar que se filtre el mundo exterior, y cuando ha sido abandonada la búsqueda de ‘hechos’ que sean separables y distintos del mundo. La investigación cualitativa obtiene su fuerza de las formas en que los informes de la acción y la experiencia reinterpretan y entienden los hechos nuevamente, de manera que su forma, función y naturaleza misma parecen cambiar. Mientras que un positivista que cree que es posible apresar los hechos y ordenarlos matemáticamente verá la inconclusividad como un problema fatal, los investigadores cualitativos que sigan los cambios de significado en el curso de la investigación entenderán y acogerán la oportunidad de que otros complementen su informe. Siempre habrá un vacío entre los significados que aparecen en un escenario de investigación y el informe escrito en el reporte, y ese vacío es el espacio donde un lector puede introducir su propia interpretación de la cuestión que atañe al texto. Está en la naturaleza de mucha de la psicología ‘científica’ el recurrir a una variedad de recursos retóricos para persuadir al lector de que se han ‘descubierto’ ciertos hechos o leyes. Una de las formas en que se sostiene el estatus factual de los resultados es a través de la apelación al ‘muestreo’.

El tamaño de la muestra se utiliza con frecuencia para garantizar la solidez de las aseveraciones encausadas como resultados de la investigación cuantitativa. A mayor número de sujetos, más le es posible al investigador generalizar al resto de la población. Igualmente, sin embargo, entre más grande es el tamaño de la muestra, menos puede el investigador respetar las especificidades de la respuesta de cada sujeto y los significados que la respuesta tiene para el sujeto. Siempre existe el ‘problema’ de que puede añadirse otro informe, y a medida que aumenta el número de sujetos es más el material que se pierde, puesto que las respuestas se reúnen en categorías manejables para el análisis estadístico. La mejor solución para cada problema en la investigación positivista es recurrir a los significados empleados en cada escenario y explorar el sentido que fundamenta y estructura un caso en particular, ya sea la historia de la vida de un individuo registrada en un diario o el conjunto de disertaciones que dan unidad a un texto. El recurso a un solo estudio de caso también está más de acuerdo con apegarse a la práctica más sofisticada de las ciencias naturales.



En la práctica, la investigación cuantitativa a veces abandonará las afirmaciones de que es capaz de generalizar a partir de un estudio, y puede incluso reprobar la utilización de estudios de caso aislados si el cálculo es suficientemente riguroso. Un estudio de caso aislado puede ser necesario si sólo están disponibles un número pequeño de sujetos potenciales, y puede que sólo haya uno que tenga las características particulares en las que el investigador quiere concentrarse. Este alejamiento de los procedimientos normales de muestreo, sin embargo, normalmente se emprende con reluctancia, y se discutirán los resultados en relación a la probable población más amplia de la que este caso puede ser miembro. No obstante, mucha de la investigación cualitativa tratará cada estudio como si fuera un estudio de caso aislado, y el objetivo es proporcionar un examen a profundidad de los significados operantes, más que un vistazo sobre una superficie tan amplia como sea posible. Debe advertirse, sin embargo, que algunos investigadores querrán utilizar un enfoque cualitativo como estudio piloto o como trabajo suplementario para apoyar métodos más tradicionales. Además, ahora hay cierta intolerancia con respecto al argumento de que la investigación cualitativa sólo puede justificar su análisis diciendo que está contando una ‘historia plausible’ (Silvermann, 1993). Pero en ambas circunstancias, más que disculparse por la incapacidad de estudiar una muestra, el investigador cualitativo debe asentar claramente el motivo por el cual fue escogida una selección particular de informantes. Los resultados de la investigación cualitativa siempre son provisionales, y los cambios de exigencias del escenario de investigación, así como de los voluntarios y los investigadores, le plantean al investigador una responsabilidad moral de permitir a los lectores del informe que propongan interpretaciones distintas. Esto también abre la investigación a un examen reflexivo de los supuestos que la han guiado.
Reflexividad
Las formas en que teorizamos un problema afectarán las formas en que lo examinemos, y las formas en que exploramos un problema afectarán la explicación que demos. La espiral reflexiva confunde al investigador cuantitativo y significa que las afirmaciones de haber refutado realmente una hipótesis o haber descubierto alguna vez hechos concretos con respecto a algo se disuelven en el momento en que se reformula el problema. En términos de constructo personal (y la investigación de constructo personal se trata con demasiada frecuencia como si fuera un método cuantitativo), una vez que reconocemos la manera en que las apreciaciones del investigadaor definen el problema, debemos abandonar el ‘fragmentalismo acumulativo’ que sustenta al positivismo. La investigación cualitativa no asegura ser ‘objetiva’, sino que propone una manera distinta de resolver las relaciones entre la objetividad y la subjetividad. La objetividad y la subjetividad siempre se definen una en relación de la otra, y el error que comenten los positivistas es asumir que tal relación es como un juego conceptual de mutua eliminación en el que la reducción de una --la eliminación de la subjetividad-- llevará al aumento de la otra, a la producción de un informe completamente objetivo.

Por otro lado, en la investigación cualitativa llegamos lo más cerca posible de un informe objetivo del fenómeno en cuestión a través de una exploración de las formas en que la subjetividad del investigador ha estructurado, para empezar, la forma en que éste es definido. La subjetividad es un recurso y no un problema para una explicación teórica y pragmáticamente satisfactoria. Cuando los investigadores, sean cuantitativos o cualitativos, creen que están siendo más objetivos al mantener una distancia entre sí mismos y sus objetos de estudio, están generando de hecho un informe subjetivo, puesto que una posición de distancia es todavía una posición, y es mucho más poderosa si se niega a reconocerse a sí misma como tal. La investigación siempre se lleva a cabo desde una posición particular, y la pretensión de neutralidad en muchos estudios cuantitativos de psicología es falsa. Por lo tanto, siempre vale la pena considerar la ‘posición del investigador’, tanto en referencia a la definición del problema a estudiar como con respecto a la forma en que el investigador interactúa con el material para generar una especie particular de sentido. En muchos casos será de utilidad explorar esta posición en un análisis reflexivo. Un análisis reflexivo que respete los distintos significados llevados a la investigación por el investigador y el voluntario es una empresa ética, y las características, sean de la situación o de la persona, se tratan como recursos valorados más que como factores que deban dejarse fuera.

También estará bien reconocer en algunas ocasiones el papel de la subjetividad en el proceso de cambio que tiene lugar en el curso de la investigación. La informante puede estar utilizando al investigador como un ‘testigo’ de su historia, y la narración de la historia puede cambiar su interpretación de la misma. Puede ser que la informante quiera asegurarse de que parte del material no aparezca en el reporte, y ciertamente habrá algunos aspectos de la investigación que el investigador querrá censurar deliberadamente. Las cuestiones de este tipo exacerban los problemas con la objetividad en que se atasca la investigación cuantitativa e intensifican la dimensión ética del proceso de investigación. Los métodos cualitativos no pueden, por ejemplo, acatar el requerimiento de que la investigación no debe tener ningún ‘efecto’. La actividad de estudiar algo siempre cambiará y afectará a ese algo. La generación de conocimiento en la ciencia inicia en el momento en que un científico empieza a hablar sobre el fenómeno, y ese discurso reestructurará la forma en que éste será entendido por otros.
Lenguaje y verdad
A los psicólogos inmersos en métodos cuantitativos con frecuencia les resulta difícil entender cómo el trabajo cualitativo se conecta con sus intereses. No deberíamos subestimar el desafío que la metodología cualitativa presenta a la psicología convencional. Sin embargo, las preocupaciones de la investigación cuantitativa deben tomarse con seriedad, y si la investigación cualitativa necesita rechazar preguntas que se plantean habitualmente en las principales corrientes, debe por lo menos explicar por qué no atenderá esas preguntas. Dichas preguntas alcanzan un primer plano cuando la investigación se presenta de manera pública, usualmente por escrito.

Somos capaces de reconocer un buen informe experimental o documento científico debido en buena medida a su adhesión a un género particular de escritura. Los psicólogos están entrenados para ajustarse a las convenciones de la investigación cuantitativa, y estas convenciones estipulan reglas que deben seguirse en todos los niveles del informe, desde el uso de introducción, método, resultados y secciones de discusión, hasta la utilización de principio a fin de la tercera persona. De manera similar, el uso o mal uso de la terminología en la investigación cualitativa favorecerá o perjudicará el estudio. Por ejemplo, sería un gran error en una investigadora cualitativa referirse a sí misma como la ‘experimentadora’, o a sus entrevistados o co-investigadores como ‘sujetos’. En algunos casos la utilización del término ‘datos’ será aceptable para referirse al material que ha sido seleccionado para el análisis, o incluso los autores pueden sentir que tienen razón en decir que han ‘descubierto’ algo, pero éstos son conceptos fronterizos que evocan el mundo cuantitativo de los ‘hechos’ y las ‘leyes’, y muchos investigadores cualitativos querrán evitarlos.

El lenguaje que usamos reproduce imágenes particulares de la investigación y de la psicología, y quizá no es sorprendente el hecho de que la investigación cualitativa haya resultado interesante para las feministas dentro de la psicología durante algunos años (Wilkinson, 1986; Burman, 1990). (Me he apartado de las convenciones de escritura sin género de la Sociedad Psicológica Británica, al referirme, por efectos retóricos, a los investigadores cuantitativos con el pronombre masculino y a los investigadores cualitativos como si fueran siempre mujeres.) La investigación cualitativa habla un lenguaje distinto del que hablan muchos psicólogos restringidos a la cuantificación de la acción y la experiencia, pero necesita expresarse con mayor claridad. Necesitamos especificar los criterios según los cuales debería juzgarse una obra de investigación cualitativa. Si no, será juzgada por ausencia según un modelo de ciencia, de la persona y del mundo equivocado. En algunos casos, la tarea es reestructurar, reformular los parámetros que serían establecidos por un estudio cuantitativo. En otros casos, la tarea es defender una forma completamente distinta de hacer psicología.

La investigación cualitativa puede no ser la panacea para todos los males de la psicología, y su papel en un estudio o informe puede ser a veces marginal. Puede ser la voz que lleva a su término el sentido del fenómeno que está siendo investigado, mientras que el componente de la investigación cuantitativa circunscribe el campo y la extensión del tópico. Necisitamos tambien, por supuesto, marcos teoricos y politicos.


Agradecimientos
Debo agradecer a Deborah Marks por sus útiles comentarios a un bosquejo anterior de este capítulo.

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