1a sesión: Introducción Historia de la Iglesia



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1a. sesión: Introducción Historia de la Iglesia

Estudiar la historia de la Iglesia es estudiar la historia de nuestra familia en la fe.

 

INTRODUCCIÓN

Estudiar la historia de la Iglesia es estudiar la historia de nuestra familia en la fe. ¿A quién no le interesa saber sobre la historia de su propia familia? ¿No es verdad que solemos repasar los álbumes de fotos pasadas con regocijo y con emoción contenida? También nos asombramos de algunas fotos que salieron movidas, o un poco oscuras y mal enfocadas. 

Repasaremos nuestro álbum de fotos; fotos sacadas desde hace dos mil años. Iremos viéndolas juntos con el cariño con que uno va hojeando lo más querido de su familia. De aquellas fotos que salieron muy bien, alegrémonos y demos gracias a Dios. De aquellas que están un poco movidas o medio mal, no nos escandalicemos, sino con respeto y en silencio demos la vuelta a la página, tratando de pedir a Dios por esos momentos difíciles de algunos hijos de la Iglesia, que tal vez desfiguraron el rostro de la Iglesia con su conducta. A todos nosotros nos puede pasar esto, si nos desviamos del espíritu del Evangelio. 

La Iglesia es la estupenda obra que nos dejó Jesús aquí en la tierra para que le conozcamos a Él a fondo, lo amemos mejor, nos entusiasmemos de Él y extendamos su Nombre por todos los confines de la tierra. Es, pues, en la Iglesia donde nacimos a la vida divina, a la vida de fe. Es la Iglesia la que, como Madre, alimenta nuestra fe en la liturgia y en los sacramentos. Es la Iglesia la que nos protege con sus brazos maternales, cuando nos sentimos desprotegidos. Es la Iglesia la que nos tiende sus manos cuando hemos caído en el camino de la vida. Es en la Iglesia donde queremos vivir y morir en paz. 



Antes de ir hojeando las fotos siglo por siglo, quiero dejar unos presupuestos, sin los cuales es imposible entender y amar a la Iglesia:

1. La Iglesia es de origen divino: Dios Padre la planeó. Dios Hijo la fundó durante su vida terrena, cuando fue eligiendo a su apóstoles, los fue formando, les ordenó celebrar el memorial de su muerte, y con la fuerza de su Espíritu les dejó la misión de continuar su obra y de predicar su Reino; por eso, podemos decir que la Iglesia es “Cristo prolongado”. Y Dios Espíritu Santo la está santificando y llevando a su plenitud. Por tanto, a la Iglesia hay que mirarla con los ojos de la fe; si no, jamás la podremos entender. De esta fe tiene que brotar un amor apasionado a nuestra madre Iglesia y un deseo de dilatarla por todo el mundo. A esto lo llamamos apostolado, que no es fanatismo, sino exigencia del amor a la Iglesia.

2. Diversos nombres dados a la Iglesia: Jesús, para hacernos entender lo que es la Iglesia, quiso explicarla a través de imágenes o figuras: redil, cuya puerta es Cristo; rebaño que tiene por pastor a Cristo; campo y viña, cuyo dueño es el Señor; edificio, cuya piedra angular es Cristo, que tiene a los Apóstoles como fundamento y en el que los demás somos piedras vivas y necesarias. Pero uno de los más hermosos nombres que la Iglesia ha recibido es el de “comunión”. “Comunión expresa más que comunidad, más que hecho social, más que congregación, más que asociación, más que fraternidad, más que asamblea, más que sociedad, más que familia, más que cualquier forma de colectividad humana; significa Iglesia, es decir, hombres y mujeres vinculados en Cristo. Ese cuerpo social, visible y espiritual, es precisamente lo que llamamos Iglesia” (Pablo VI). Esta Iglesia-Comunión exige espíritu de comunidad; la comunión y la comunidad no admiten ni individualismo ni particularismo. El Concilio Vaticano II 1 ahondó en otra imagen de la Iglesia: la Iglesia como Pueblo de Dios, que peregrina en la historia hacia la plenitud escatológica, es decir, hacia la plena glorificación en Cristo al final de los tiempos; Pueblo de Dios, que convoca a judíos y gentiles, se forma parte de él, no por la carne, sino por el agua y el Espíritu; Pueblo de Dios, que tiene por cabeza a Cristo muerto y resucitado; todos los que formamos parte de ese Pueblo de Dios tenemos la dignidad y libertad de los hijos de Dios; la ley de este Pueblo de Dios es el mandato de la caridad y tiene como fin extender a todos los hombres el Reino de Dios y hacerlo crecer hasta la consumación final. Esta imagen de Pueblo de Dios tiene un contenido profundamente religioso, pues es un Pueblo creado por la elección de Dios y por la alianza que él establece con los hombres. No es un término con sabor político-social, como ha querido manipular y reducir la así llamada “iglesia popular”2 . 

3. El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia. Así como el alma da vida al cuerpo humano, así el Espíritu da vida a este cuerpo que es la Iglesia, mediante los sacramentos; además, el Espíritu Santo ilumina y guía a la Iglesia durante todos los momentos de su caminar terreno para que permanezca fiel a las enseñanzas de Jesús, su fundador. 

4. Las propiedades de la Iglesia: Esta iglesia es una, porque tiene su origen en la Trinidad, porque su única cabeza es Cristo, y porque está animada por un solo Espíritu; y manifiesta esa unidad en una sola fe, unos mismos sacramentos, y una misma jerarquía. Es santa, porque su fundador, Jesucristo, es santo y la vivifica con su Espíritu; porque a través de los sacramentos la santifica, y porque sus frutos más hermosos son los santos. Es católica, porque ha sido enviada a todos los hombres, está abierta a todas las razas, lenguas y naciones, sin excluir a nadie, y porque conserva la totalidad de la fe. Y es apostólica, porque por voluntad de Cristo está cimentada sobre Pedro y los demás apóstoles.

5. Estructura de la Iglesia: Cristo quiso fundar una en la que todos somos iguales por el bautismo, pero al mismo tiempo la quiso gobernada por Pedro y los demás apóstoles. La Iglesia, por tanto es jerárquica3 , no democrática. Todos somos Iglesia y Pueblo de Dios, sí, pero Cristo dio a Pedro y a los demás apóstoles la misión y la autoridad para guiar, santificar y regir a sus hermanos. Los continuadores de los apóstoles son los obispos y sacerdotes. Por tanto, la Iglesia está formada por los ministros sagrados (obispos, sacerdotes y diáconos), por los laicos y por los religiosos. La misión de los pastores es servir a sus hermanos con la Palabra, con los sacramentos y la caridad, al estilo de Cristo, que vino a servir y no a ser servido. La misión de los laicos, en comunión y bajo la guía de los pastores, es participar en las realidades temporales, ordenándolas según el plan de Dios en Cristo, a fin de que su mensaje llegue y transforme todos los ámbitos sociales. La misión de los religiosos es seguir de cerca las huellas de Cristo practicando los consejos evangélicos, y de esa forma vivir consagrados a Dios, santificar a la Iglesia y dar testimonio ante el mundo de las realidades del Reino de los cielos.

6. ¿Cómo mirar a la Iglesia? 

Tres miradas podemos lanzar a la Iglesia:



a) Mirada superficial: la Iglesia se presentaría como una sociedad religiosa más, entre muchas otras. Es la mirada “aséptica” del descreído, de quien no tiene fe. Sólo ve los defectos de quienes están en la Iglesia y al frente de la Iglesia.

b) Mirada más penetrante: reconocerá los valores y la vitalidad de la Iglesia. Discernirá en su unidad y universalidad un conjunto de caracteres maravillosos. Se asombrará del poder espiritual del Papa, afirmando que su origen, desarrollo e influjo constituyen el fenómeno más extraordinario de la historia del mundo. Pero todavía no va al fondo. Es la mirada del estudioso bien intencionado y honesto.

c) Mirada de fe: es la única manera de percibir el misterio de la Iglesia. Con la fe descubrimos que su origen está en Dios, que Cristo la ha enriquecido con su Espíritu y con los medios de la salvación, y que tiene por misión hacer que todos los hombres lleguen al pleno conocimiento de la verdad y participen de la redención operada. 

7. ¿Qué es, pues, la historia de la Iglesia y las claves de interpretación? Es un entramado de hechos humanos y divinos, en donde la silenciosa acción del Espíritu Santo se combina eficazmente con la palpable libertad de los hombres. Y las claves de interpretación de la historia de la Iglesia son éstas:

a) La historia de la Iglesia sólo se entiende en función de su tarea santificadora y evangelizadora. El Vaticano II definió a la Iglesia como “Sacramento universal de salvación” (Lumen Gentium, 48)...”enviada por Dios, se esfuerza en anunciar el Evangelio a todos los hombres” (Ad Gentes, 1). Sólo a la luz de la fidelidad a esa misión cabe calificar de acertados o equivocados los hechos de sus ministros y de sus fieles. 

b) La capacidad de errar de los hombres explica muchos episodios históricos negativos4 : las herejías, la torpe intromisión de algunos eclesiásticos en cuestiones o ambiciones temporales (aseglaramiento, afán de poder, simonía, etc...), así como las vidas poco edificantes de otros. Estos hechos tristes, recogidos en su historia, no afectan a lo que es la Iglesia. Es más, ponen de manifiesto que ella es divina porque, a pesar de sus hombres, su doctrina se ha mantenido incólume desde que Cristo la predicara, produciendo abundantes frutos de santidad en todos los tiempos5 . 

c) La Iglesia, manteniendo los rasgos esenciales determinados por su fundador, Cristo, también ha evolucionado en la historia al compás de los hombres, precisamente porque no es una sociedad desencarnada. Por eso, a la hora de interpretar los hechos hay que considerar el contexto histórico, que explica muchas decisiones y modos de obrar (p.e. la inquisición eclesiástica, Papas que coronaban a los emperadores, lucha por la investidura, etc.). No hacerlo así, es pecar de anacronismo o errores de juicio objetivo.

d) La Iglesia es experta en humanismo: iluminada por la revelación de Cristo, Dios y hombre perfecto, y enriquecida por su larga historia conoce en profundidad las glroias y las miserias del hombre, al que quiere ofrecer la salvación de Cristo. Esto explica:

e) Que a lo largo de sus veinte siglos haya sabido enjuiciar con tanta libertad y equidad muchas situaciones humanas, venciendo la fuerte coacción de poderosos intereses partidistas: guerras, decisiones de parlamentos, conferencias internacionales, etc.

f) Que esté en inigualables condiciones para defender la dignidad de la persona humana y los principios morales de su actuación, y para juzgar con la luz de la moral los retos que la ciencia, la cultura o la política ponen a la sociedad. Fruto de todo ello es su doctrina social6 .

8. ¿Cuál es el fin de la Iglesia? Es predicar a todos los hombres la Buena Nueva de la redención operada por Cristo. Esta salvación de Cristo debe abarcar a todos los hombres sin distinción de clases sociales, y a todo el hombre: en su alma y en su cuerpo. Es un fin, por tanto, sobrenatural pero que empieza en el tiempo, espiritual pero que trasnforma la ralidades de este mundo.

9. ¿Cuáles son los deberes para con la Iglesia?

a) Creer en ella: No se puede creer en Cristo sin creer en ella. No se puede ser cristiano sin la mediación de la Iglesia. “Nadie puede tener a Dios por Padre, si no tiene a la Iglesia por madre” –decía san Cipriano. La fe en Cristo nos llega a través de la Iglesia.

b) Conocer su doctrina: La doctrina de la Iglesia no es otra que el evangelio de Cristo, que le fue transmitido por los apóstoles y que ella, guiada por el Espíritu de la Verdad, continuamente medita, predica, defiende y aplica a las diversas situaciones en que viven sus hijos y el mundo.

c) Amar a la Iglesia: Si la Iglesia nos ha engendrado para Cristo, por medio del bautismo, debemos amarla como un hijo ama a su madre: un amor que la comprende, que la apoya, que reza por ella, que se alegra de sus triunfos, que sufre con sus fracasos.

d) Cooperar con su misión, para que todos lleguen al pleno conocimiento de la verdad y a la salvación que Cristo nos ha traído con su vida, muerte y resurrección. Así fue al inicio: la Iglesia fue extendiendo su radio de acción gracias a los viajes de san Pablo, a la palabra y ejemplo de los primeros cristianos, y a los milagros con que los apóstoles confirmaban la doctrina de Jesús. Incluso las mismas persecuciones, como veremos, sirvieron, para bien o para mal, para dar a conocer al mundo este fenómeno del cristianismo.

e) Defenderla, aunque suframos martirio. Defenderla con la palabra, con los escritos, con el testimonio. Nunca, lógicamente, con las armas o con la violencia,pues se oponen a su esencia que es la caridad. 

Termino esta introducción con un texto de Hermas, escritor de la primera mitad del siglo II, preocupado de los problemas de la Iglesia de su tiempo. Tuvo una visión con un ángel, que tomó la apariencia de un joven pastor. Y en esto llegó una anciana vestida de esplendor, con un libro en las manos, se sentó sola y saludó a Hermas.

Hermas, afligido y llorando, le dijo al ángel vestido de pastor:

- ¿Quién es esa anciana?


- La Iglesia, me dijo.
- Y, ¿cómo es tan anciana?
- Porque fue creada antes que todo lo demás. Por eso es tan anciana; el mundo fue formado para ella, dijo el ángel.

“En la primera visión la vi muy anciana y sentada en un sillón. En la siguiente, tenía un aspecto más joven, pero el cuerpo y los cabellos eran todavía viejos; me hablaba de pie; estaba más alegre que antes. En la tercera visión era muy joven y hermosa; de anciana tenía tan sólo los cabellos; estuvo muy alegre y sentada en un barranco”.

“En la primera visión –dijo el joven- esa mujer aparecía tan anciana y sentada en un sillón, porque vuestro espíritu estaba ya viejo, marchito y sin fuerzas, por vuestra molicie y vuestras dudas...En la segunda visión la viste en pie, con aire más joven y alegre que antes, pero con el cuerpo y los cabellos de anciana, pues el Señor se apiadó de vosotros; vosotros desechasteis vuestra molicie y os volvió la fuerza y os afianzasteis en la fe...En la tercera visión, la viste más joven, hermosa, alegre, de un aspecto encantador; los que hayan hecho penitencia se verán totalmente rejuvenecidos y afianzados”7 . 

De nosotros, sus hijos, depende que la Iglesia siga joven, lozana y alegre. Y con nuestra actitud de continua conversión y lucha por la santidad iremos hermoseando el rostro de esta madre, que tantos hijos han afeado consus actos a lo largo de los siglos. 

Comencemos, pues, a abrir con respeto el álbum de familia, de nuestra familia eclesial desde el principio. 

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TEMA DE DISCUSIÓN EN EL FORO

1. ¿Por qué a veces se critica a la Iglesia?


2. ¿Cuáles son nuestros deberes para con la Iglesia?
3. ¿Cómo podemos santificar nosotros hoy a nuestra madre Iglesia?












2a. sesión: Siglo I: Primeros pasos y dificultades de la Iglesia Los primeros pasos de la Iglesia se encuentran narrados en el libro de la Sagrada Escritura, llamado Hechos de los Apóstoles, primera historia de la Iglesia.

SIGLO I
EDAD ANTIGUA

INTRODUCCIÓN

La Iglesia no es obra humana. La fundó Cristo cuando fue escogiendo a sus apóstoles, pero fue en Pentecostés donde Dios Espíritu Santo lanzó a la Iglesia hasta los confines de la tierra. Ya Jesús había ascendido al cielo. El mensaje de los apóstoles no era otro que el que les dejó Jesucristo, pues ellos fueron testigos privilegiados de cuanto hizo y dijo el Hijo de Dios. 

Ese día de Pentecostés en Jerusalén, ante los peregrinos judíos reunidos con ocasión de la fiesta, Pedro proclamó la Buena Nueva 8 y se hicieron bautizar tres mil personas. ¡Había nacido la Iglesia misionera! Poco tiempo después, la comunidad de Jerusalén contaba con unas quince mil personas, hecho de suyo exorbitante, pues Jerusalén no contaría con más de cincuenta mil almas. Nótese que fue esto un hecho casi único, regalo del Espíritu Santo, pues de ahí en adelante ni paganos 9ni judíos se convirtieron masivamente. La evangelización también para los apóstoles fue un trabajo lento, palmo a palmo, de hombre a hombre. 

Lo mismo que Jesús, esos primeros miembros de la Iglesia son judíos. Hablan el arameo, la lengua semítica más extendida por el Próximo Oriente. Siguen llevando una vida de judíos piadosos: rezan en el templo, respetan las normas alimenticias y practican la circuncisión. Los primeros judíos convertidos al cristianismo aparecen como “grupo” dentro del judaísmo, en el cual hay fariseos, saduceos, zelotes. Ellos son los “nazarenos”, por seguir a Jesús de Nazaret. Lo que les caracteriza es el bautismo en el nombre de Jesús, la asiduidad a la enseñanza de los apóstoles, la fracción del pan (eucaristía) y la constitución de comunidades fraternas llenas de caridad 10. Pero eran hombres de la tierra, con virtudes y con vicios, como todos.

A estos cristianos de cultura judía se añaden pronto otros judíos y paganos de cultura griega, que son llamados helenistas. 

Los primeros pasos de la Iglesia se encuentran narrados en el libro de la Sagrada Escritura, llamado Hechos de los Apóstoles, primera historia de la Iglesia. 




I. SUCESOS

No todo fue fácil para la Iglesia…

La Iglesia fundada por Jesucristo tropieza desde el inicio con un ambiente religioso, político y social enque abunan la injusticia y la corrupción. La corrupción comenzaba en los gobernadores y jefes religiosos y se extendía a todos los estratos de la sociedad. En ese ambiente los cristianos fueron creciendo y resolviendo las dificultades que surgían. 

Veamos ahora qué dificultades encontró esta Iglesia, fundada por Cristo.

¿Qué obstáculos y dificultades enfrentó la Iglesia primitiva?

El primer escollo que debió superar la Iglesia primitiva fue éste: ¿Sería la Iglesia una rama más de la religión judaica, o se trataba de algo nuevo? ¿Cómo llegó el cristianismo a independizarse de sus raíces judías y convertirse en una religión universal?

Nuestra religión se llama católica, es decir, universal. Cristo envió a los suyos “a todas las naciones” (Mt 28, 19), diciéndoles: “Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta el extremo de la tierra” (Hech 1, 8). Sin embargo, dicho universalismo no fue entendido desde el inicio por todos. Tal desinteligencia constituyó el primer gran escollo con que se topó la Iglesia en los albores de su existencia. 

¿Cuál era la actitud que se debía tomar frente a la ley antigua, frente a Israel? No olvidemos que los cristianos estaban convencidos de que Israel era el pueblo de Dios. Gran parte de los primeros cristianos eran judíos de nacimiento, como los doce apóstoles y los setenta y dos discípulos, fieles a la ley de Moisés, y sólo podían entender el cristianismo como un complemento del judaísmo. La Iglesia no era sino la flor que coronaba el viejo tronco de Jesé. 

Resultaba lógico que así pensaran. Parecía, pues, obvio que en el pensamiento de muchos de los primeros cristianos la Iglesia no fuera sino la prolongación de Israel, una nueva rama brotada del pueblo elegido. Para muchos de ellos la Iglesia era judía: judío su divino fundador, judía su madre, judíos los apóstoles, judíos sus primeros miembros. Como se ve, la Iglesia hundía sus raíces en el antiguo Israel. 

Esta perplejidad se manifestaba asimismo en la liturgia de los primeros cristianos. Tenían un culto propio, que realizaban en las casas particulares y consistía en escuchar la predicación de los apóstoles y celebrar la fracción del pan o Eucaristía. Pero también asistían al culto público, que se celebraba en el templo, junto con los demás judíos (cf Hech 2, 42.46). Igual que había hecho Jesús, acudían a las sinagogas, donde les era posible hacer oír la buena nueva al interpretar la ley y los profetas. Lo único que los distinguía de los allí presentes era la fe en que Cristo, muerto y resucitado, era el Mesías anunciado por los profetas. 

El vínculo entre la Iglesia y el pueblo judío sólo se rompería por una señal del cielo y en razón de una imposibilidad absoluta, cuando la autoridad judía, hasta entonces respetada, rechazase de manera violenta la nueva comunidad. 

Y llegó lo que tenía que llegar, pues al predicar los apóstoles y los primeros cristianos que Jesús era el Mesías, el Sanedrían se inquietó y comenzó la persecución. Los jefes del pueblo judío quisieron acabar con “esta nueva secta” y el nuevo estilo de vida, porque los apóstoles y seguidores ya no seguían la ley de Moisés en todo, sino la nueva ley dada por Jesús, el Hijo de Dios, con quien habían vivido. Querían acabar con ellos porque practicaban nuevos ritos: bautismo, eucaristía y porque obedecían la autoridad de Pedro y de los los demás apóstoles. 

La persecución abierta comenzó un día en que Pedro y Juan subieron al templo a orar. A la entrada yacía un tullido de nacimiento, que les pidió limosna. Pedro le dijo que no tenía dinero, pero que le daba lo que estaba a su alcance, la curación en nombre de Jesús. Y así fue. 

Todos los presentes quedaron estupefactos, y se arremolinaron en torno a los dos apóstoles. Entonces Pedro habló al pueblo enrostrándoles el haber entregado a Jesús cuando Pilato deseaba liberarlo. Prosiguió diciéndoles que Dios había preanunciado estas cosas por los profetas, así como por Moisés. “Resucitando Dios a su Hijo, os lo envió a vosotros primero para que os bendijese al convertirse cada uno de sus maldades” (Hech 3, 14-26). 

Era demasiado para los jefes judíos. Mientras Pedro hablaba, las autoridades lo mandaron prender, juntamente con Juan, ordenando que fuesen conducidos al día siguiente a la presencia del consejo. Asi se hizo, pero al comparecer ante el tribunal Pedro no se amilanó, confesando tajantemente que no había salvación sino en Jesucristo, piedra angular rechazada por la Sinagoga. 

Comenzó entonces a desencadenarse la persecución. Esteban fue el primer mártir discípulo de Cristo que murió por su fidelidad a Él el año 36. Entre estos fariseos convencidos estaba Saulo de Tarso, a quien posteriormente Jesús, camino de Damasco, se le apareció y le mostró el nuevo camino a seguir 11. A raíz de ese encuentro Saulo se convirtió, se hizo bautizar y, por gracia de Dios, llegó a ser el apóstol de los gentiles o paganos. 



¿Qué otras dificultades tuvo que afrontar la primitiva Iglesia de Cristo?

Se suscitó una discusión entre los primeros cristianos. Los de origen judío pensaban que debían exigir a quienes creían en Cristo y pedían el bautismo la práctica de algunas costumbres judías, como la circuncisión y el no comer carne de cerdo ni sangre. Pero Pablo y Bernabé se opusieron diciendo que bastaban la fe y el bautismo. Tal fue la disputa que los apóstoles tuvieron que reunirse en Jerusalén, y allí, inspirados por el Espíritu Santo, dieron la razón a Pablo.

Surgió también tirantez entre los cristianos judíos y los helenistas convertidos. Los helenistas se quejaron de que sus viudas necesitadas eran mal atendidas en las distribuciones cotidianas de alimentos.Los apóstoles eligieron a 7 hombres de beuna fama y llenos del Espíritu para imponerles las manos y dedicarlos a ese servicio.

Otra dificultad que encontraron los primeros cristianos fue la inserción de la fe cristiana en el mundo grecorromano, en que había tantas religiones politeístas, se daba culto de adoración al emperador, dilagaban los vicios, y las ideas filosóficas no siempre concordaban con el Evangelio. ¿Qué hacer?



¡Pobre Jerusalén!

La catástrofe que marcó dramáticamente la historia de Israel fue la destrucción de Jerusalén, llevada a cabo por Tito en el año 70. Quedaron arrasados la ciudad y el templo, centros neurálgicos del pueblo de Israel. A pesar de todo, los judíos lograron reorganizarse; pero años después el emperador romano envió al general Julio Severo que aniquiló toda resistencia judía y fundó una colonia romana, donde los judíos no podían poner el pie. Golpe mortal. Destruidos Jerusalén y el templo, se desmoronó la moral del pueblo judío. Los símbolos visibles de la antigua alianza habían desaparecido. 



Pero Dios hizo surgir un huracán llamado Saulo de Tarso...

La Iglesia despliega velas con Pablo de Tarso que viaja por Asia, Grecia, Roma y otros sitios. Funda numerosas comunidades eclesiales, sufre hambre, cárcel, torturas, naufragios, peligros sin fin. Una obsesión tiene: predicar a Cristo. Toda su labor evangelizadora quedó plasmada en sus cartas, que encontramos en el Nuevo Testamento. 

En estas cartas profundizó el tema de la redención con que el Señor Jesús nos liberó del pecado, y desarrolló las exigencias de la vida cristiana 12. Pensamiento clave en Pablo es Cristo13: “Cristo, misterio de Dios” (Col 2,2). El Cristo de Pablo es vivo y arrebatador (Fil 3, 7-14), lo describe con caracteres de fuego (Gál 3,1). El mismo, Pablo, lleva en su cuerpo las señales de Cristo (Gál 6,7) y se siente impulsado a predicar el evangelio (1Cor 1,17). Por el evangelio se hace todo para todos (1Cor 9,20-23); soporta todo por dar a conocer a Cristo (Flp 1,18); todo lo puede en Cristo (Flp 4,13). Le impulsa el amor de Cristo (2Cor 5,14), y nadie en el mundo lo puede separar de él (Rm 8,35-39). Su vida es Cristo y morir es una ganancia para irse con Cristo (Flp 1,23). Lo que no es Cristo, para él es basura (Flp 3,8-15). Cristo es misterio oculto desde los siglos en Dios (Ef 3,9). En la persecución de Nerón, año 67, Pablo fue decapitado; fue el único modo de hacerlo callar. 

Y el Imperio Romano tuvo miedo; por tanto, “¡cristianos a las fieras!”

Ante la expansión del cristianismo el imperio romano tuvo miedo, pues no quería que nadie le hiciera sombra. Varios emperadores se servieron de cualquier catástrofe para echar la culpa a los cristianos14, pues causas justas para perseguirlos no había15. Resulta también una ironía de la historia constatar quien cometió tan grande injusticia contra los cristianos fue el imperio romano, el inventor del derecho16

Así comenzaron las persecuciones de los emperadores romanos17

La primera de todas, la de Nerón (54-68) que incendió Roma, expuso a los cristianos a los mordiscos de las fieras, crucificó a muchos de ellos y los cubrió de resina y brea para que sirvieran de antorchas que iluminaran el Circo de Nerón (hoy la plaza de san Pedro). En esta persecución de Nerón murió crucificado Pedro, el primer Papa, en el año 64, y en el año 67 Pablo, por decapitación. Ambos, Pedro y Pablo, fueron primeramente encerrados en la cárcel Mamertina. Más tarde fueron muriendo también los demás apóstoles; algunos de ellos martirizados, según cuenta la tradición. Otra de las persecuciones del primer siglo contra los cristianos fue la del emperador Domiciano, en el año 92, en la que murieron muchos y otros fueron torturados. Por ejemplo, san Juan Evangelista fue metido en una caldera de aceite hirviendo, pero salió ileso y milagrosamente rejuvenecido. Desterrado a la isla de Patmos, escribió el Apocalipsis y, según la tradición, escribió en Efeso su Evangelio y las tres epístolas. Murió en dicha ciudad alrededor del año 101.



Algunos convertidos al cristianismo flaqueaban también 

Ya desde este siglo se dieron las primeras herejías18. La herejía ha sido una ola interna que siempre ha amenazado la nave de la Iglesia. Estos herejes, dice san Juan, “de nosotros han salido, pero no eran de los nuestros” (1 Jn 2, 19). Lo quiere decir: que eran cristianos “de nombre”, pero no verdaderos. 

¿Cuáles fueron las primeras herejías que brotaron en este siglo?

Los judaizantes, judíos que, después de bautizados, exigían a los demás la circuncisión y otras prácticas judías, como necesarias paara la salvación.

Ebionitas: judaizantes que afirmaban que la salvación depende de la guarda de la ley mosaica. Consideraban a Jesús como un simple hombre, hijo por naturaleza de unos padres terrenos. Jesús, por su ejemplar santidad, había sido consagrado por Dios como mesías el día del bautismo y animado por una fuerza divina. La misión que recibió sería la de llevar el judaísmo a su culmen de perfección, por la plena observancia de la Ley mosaica, y ganar a los gentiles para Dios. Esa misión la habría cumplido Jesús con sus enseñanzas pero no con una muerte redentora, puesto que el mesías se habría retirado del hombre Jesús al llegar la pasión. La cruz era escándalo para estos judaizantes. Rechazaban el punto esencial del cristianismo: el valor redentor de la muerte de Cristo. 

Los gnósticos, influidos por cierto misticismo difundido en ambientes hebreos, por el dualismo del zoroastras persas y por la filosofía platónica, buscaban resolver el problema del mal. Entre Dios que es bueno y la materia que es mala están los eónes. Uno de esto toma la pariencia de Jesús, pero sólo la pariencia. La salvación consiste en liberar de la materia el elemento divino. Esto sólo lo podrán hacer los “espirituales”, gracias al conocimiento secreto y superior que Jesús les ha comunicado.

Maniqueos: gnósticos persas, de moralidad severa. Creían en dos principios creadores: el creador del bien y el creador del mal, que siempre están en pugna. Cayeron en la mayor disolución. 




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