10 Política y Economía



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La desubicación humana
Que siga la sociedad escuchando programas de televisión ridículos, que siga apreciando a los idiotas «coloquiales». La gran e inmensa mayoría de los políticos, los futbolistas, artistas, etc., no escapan de ello. Así por esto nos va como nos va. No escuchamos ni entrevistamos a los verdaderos personajes de la coherencia, de la evolución social: investigadores científicos privados, anónimos, ayudadores de gente enferma y humilde, etc.

No se encontrarán las soluciones en los programas televisivos y radiales, como tampoco tras los banners de Internet, o en las mesas de café o en las plazas, etc. Sólo se pueden hallar en la gente seria, científica y concienzuda que analiza con profundidad filosófica los temas sociales. Suelen éstos vivir marginados, porque, en verdad, no les queda otra.

Los inútiles se agrupan, hacen camarillas y lobees; arman su propia quinta y viven "mejor" que aquellos capaces que, estúpidamente (y respetablemente) piensan que alguna vez por sus méritos serán reconocidos. No basta con hacerse de amigos relacionados, sino lo que se necesita es participar con ellos de esa amistad. No es la edad en las personas ni su capacidad e idoneidad, y menos aún su conocimiento, lo que las relaciona en los mejores puestos de la sociedad, sino sólo sus vínculos sociales y amistosos, como también aquellas cualidades que aseguren al superior que no le han de mover el piso ni que lo desenmascare de algún acto corruptivo; cuanto menos se piense mejor. Si va a buscar un empleo jamás muestre una capacidad tal que supere al que lo va a contratar, puesto que entonces temerá de usted.

Por otra parte, el banquero administra los bienes de Juan para que produzca; el docente le enseña cómo hacerlo; el peluquero lo prolija con tal fin; el almacenero lo alimenta para esto; y así ad infinitum. Pero, en verdad: ¡qué pocos juanes que hay...!



ñ El patriotismo
Es este, el patriotismo, un factor totalmente perdido. Si es bueno, malo, correcto o no, o lo que sea, no lo sabemos. Sólo sabemos que es fuente de importante integridad humana, como asimismo de nefasta distinción entre naciones y diferencias étnicas.

El siglo antepasado ya dejó, afortunadamente, la idiotez del «honor caballeresco». Estaba usted cordialmente viviendo con su familia y, de un día al otro, por una disputa con Juan de los Palotes, se veía comprometida la vida de uno de sus seres queridos; que, muchas veces, terminaba fatalmente.

Pero claro, superada de qué manera es a lo que queremos llegar. Hoy, tal cual la letra del tango de Discépolo Siglo XX cambalache y febril lo dice: todo está mezclado, ya no hay una pizca de honor, y «da lo mismo que seas rico, colchonero, rey de bastos o polizón». En el "país" en que se vive, la Argentina, la tristeza característica de los temas musicales del tango muestran, a través de su arte, el tránsito del honor caballeresco y patriótico a su polo opuesto. Esto es así dado porque las sociedades pasadas han sido patriarcales, masculinas, de tomar el "toro por sus astas" y subyugar a la mujer; en cambio, la de ese siglo, debido a la "emancipación" de la mujer, la hubo desembocado en una sociedad matriarcal, llena de sus fastidios mentirosos y donde pugna el engaño.

Leamos por ejemplo al maquiavélico Mariano Moreno62:


"Los cimientos de una nueva república nunca se han cimentado sino con el rigor y el castigo, [...]."

"[...] no debe escandalizar el sentido de mis voces, de cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda costa, [... ¿Por] qué nos pintan a la libertad ciega y armada de un puñal? Porque ningún estado envejecido o provincias, pueden regenerarse ni cortar sus corrompidos abusos, sin verter arroyos de sangre."


y no dejemos de apreciar su patriotismo:
"[...] la más mera sospecha denunciada por un patriota contra cualquier individuo de los que presentan un carácter enemigo, debe ser oída y aun debe dársele alguna satisfacción, suponiendo que sea totalmente infundada, por sólo un celo patriótico mal entendido, ya desterrándolo por algún tiempo, más o menos lejos del pueblo donde resida, o apropiándole otra pena, [...]." (art. en ob. cit.)

ñ Los procedimientos de exclusión
El excelente trabajo de Díaz y Heler expresa cómo Foucault ha visto procedimientos de exclusión del individuo social a través del «discurso», interpretado éste como una secuencia de enunciados que expresa un conjunto coherente de proposiciones. Así, distinguen tres tipos de procedimientos: el primero son los de exclusión externos (control del «poder»)24:
"Las exclusiones externas del discurso —lo prohibido, la oposición razón-locura, la voluntad de verdad— contribuyen a que se encuentre lo que se quiere encontrar: verdades pre-determinadas. Se le teme al poder, al azar, y a la materialidad del discurso. En la medida que se lo delimita con los controles pre-establecidos, se lo hace más manipulable, más inofensivo, más sociable o más científico."

"[La] función principal de los procedimientos de exclusión externa es conjurar poderes y eludir el deseo, [...]."


segundo, los de exclusión internos (control del «azar»):
"[La función principal de los procedimientos de exclusión interna es] de dominar lo aleatorio. Hay que controlar la irrupción del azar. Un discurso espontáneo, fluido, salvaje, corre el riesgo de decir el acontecimiento en toda su posible brutalidad. Hay que poner distancia entre la realidad, el pensamiento y la palabra. [...]"

"Multiplican las palabras restringiéndolas."


que son el «comentario», el «autor» y las «disciplinas»:
"El primer procedimiento de exclusión interna es el comentario. Se cuenta lo que se leyó, lo que se escuchó, lo que uno mismo dijo o escribió. Se repite. [...] No hay posibilidad de marcar una línea rígida que divida a los textos originales por un lado y a los comentarios por el otro. [...]"

"[...] el autor es un foco de coherencia del discurso, es unidad de significaciones, es el que rinde cuenta de la manera en que agrupa sus palabras, [... Así también es responsable de] un procedimiento de exclusión por las palabras que no pronuncia, por los temas que no toca, [...]."

"Otro procedimiento de exclusión interno del discurso son las disciplinas. En ellas se da un espacio en el cual se puede formular y reformular nuevas proposiciones. Pero no cualquier tipo de proposiciones; los límites son claros, están determinados, excluyen mucho más de lo que permiten. En cualquier disciplina se encuentran objetos, métodos, proposiciones verdaderas, reglas, definiciones, [...]."
y tercero, los de la exclusión del sujeto hablante (control del «sujeto/s»)
"[...] Con ello se logra que sólo determinados individuos puedan acceder a ciertos discursos. Para ingresar en algunos discursos hay que estar calificado, mientras que otros permanece abiertos a cualquier emisor. [...]"

"[Dispone] los discursos según un saber y un poder."


que son el «ritual», las «sociedades de discurso», los «grupos doctrinales» y la «educación»:
"[...] Este califica al sujeto que habla, le marca su posición y qué tipos de enunciados emitirá [...]. Para ello se definen los gestos, el comportamiento, las circunstancias y los signos. Aunque nadie lo hable explícitamente, todos tenemos expectativas similares ante determinadas situaciones. [...]"

"Los sujetos del discurso son controlados por las sociedades de discurso cuya función es producir y conservar discursos. En estas sociedades se hacen escuchar las palabras o se silencian conforme a los criterios de los que ejercen el poder, [...]."

"Una contrapartida de las sociedades de discurso parece encontrarse en los grupos doctrinales. Mientras en las primeras la participación está restringida, los segundos buscan expandirse. En unos prevalece el secreto, en los otros la difusión. Lo que sirve de continente a los miembros del grupo doctrinal es compartir un mismo discurso, aceptando ciertas reglas y defendiendo las mismas verdades. [...] Si sus enunciados son acordes con lo establecido, se mantiene la inclusión. De lo contrario, el individuo queda excluido. [...]"

"[...] La educación se encarga de distribuir, permitir y prohibir la circulación de las palabras. Brinda las directivas para los educadores. Tales directivas son formuladas desde el poder. [...]"



ñ La educación
¿Estamos "engañando" a nuestros hijos con la educación que le damos? Buscamos sus excelencias en capacidad y conocimiento. Según lo dicho precedentemente, ¿es esto un error?

El docente aquí, en la sociedad que se vive, debería aprobar a todo el mundo, excepto a aquellos alumnos de "extraña excepción" que, sólo si fervientemente rogasen que se les evalúe. Además, el docente debiera ocupar muy poco tiempo en su actividad pedagógica, cobrando igual su sueldo al final del mes, e indicar, de una manera escueta los temas desarrollados dando los domicilios de las bibliotecas de la ciudad donde puede recurrir el alumno para informarse de los temas tratados. Si hiciéramos esto, entonces los docentes tendrían más tiempo para otros fines, por ejemplo productivos; y segundo, la cantidad de alumnos graduados sería la misma; pero, tercero, habría por lo menos excelencia en algunos de ellos.

¿Qué otra mejor manera hay de subyugar generacionalmente a una fuente de riqueza como lo es un pueblo sino bombardeando su educación? Los países del primer mundo utilizan este criterio sobre los del tercero.

¿Acaso nuestros jóvenes están dispuestos a dejar de masticar chicle, a cambiar la Coca Cola por limonada, a cambiar la yanqui-manía por folklore autóctono, a dejar de mirar televisores de color por tecnología nacional en blanco y negro? ¿O usted no sabía que si queremos hacer una guerra de independencia al primer mundo debemos pedirle los repuestos de nuestras tecnologías?, ¿o que todo nuestro enmarañado sistema jurídico se encuentra comprometido y sometido informáticamente con la de las tecnologías computables de los países de desarrollo?

Todo apunta a una magra educación y sutil estereotipación del sujeto ciudadano. Es sujeto, porque se halla en esta condición de hábito en las costumbres y caprichos de las fuerzas extranjeras.

Nuestros abuelos siquiera tenían escuela primaria completa, nuestros padres lo mismo con respecto a la secundaria, luego nosotros con las universidades, y ahora nuestros hijos lo serán con las maestrías y doctorados. Pero, ¿adónde acabar señores? ¿Cuándo dejaremos de buscar cantidad y no calidad? Se ve claramente que no propugnamos la excelencia de la sabiduría sino el subsidio de las desocupaciones, puesto que se estudia para enseñar a otros y no se sale del círculo vicioso.

Como si fuera poco, ya se ha implementado el puente de la secundaria por el ingreso directo a la universidad, y como irrestricto, es decir, sin examen, facilitándolo cada día más. Los paros de docentes son máscaras, puesto que los que tienen antigüedad en la enseñanza cobran estupendos dividendos y excelentes vacaciones, cuando no menos de las veces viven libres sin ningún control que los regule en sus actividades.

Volviendo a las huelgas, en ellas los docentes suelen igual firman su asistencia y cobrar el día. En las tomas de universidades por alumnos sus verdaderos intereses son los de formar parejas y salir en los medios de prensa. ¿Qué son éstos sino torpes puntapiés del caminar cojo?

A diferencia de muchos pensamientos sobre la esencia de la educación y sus niveles, hemos pensado que la cosa pasa por otro lado; a saber, por los tres estadíos que preparan a una persona para enfrentar el mundo:
primaria  enseña a respetar y escuchar al mayor

secundaria  enseña a dialogar con el mayor

terciaria  enseña a competir y superar al mayor
¿qué más?

Impresionantes complicaciones pedagógicas en la evaluación de los alumnos, arduas tareas docentes para justificar sus cargos, magros sueldos, insuficientes e incorrectas educaciones, etc. Es esto todo esto un mundo de cultura que no apunta a otra cosa que la sumisión al extranjero. ¿Es que no nos damos cuenta?

En países de subdesarrollo como los de Latinoamérica ya se dijo que las universidades no son sino organismos de ocupación para los desocupados. Juegan aquí con la tecnología que jamás llegan a fabricar; pero no es porque no sean capaces, sino porque no los dejan desde el primer mundo. Llenos están sus integrantes de títulos y más títulos de post-grado; las carpetas de investigación rebasan de propósitos y conclusiones ridículas, con alta sofisticación lingüística pero sin substrato útil. Es realmente lamentable. Si hiciéramos un balance de lo que le cuesta al Estado mantener a millares de profesionales y sus familias, veremos que, en verdad, siendo sus progresos mínimos y efímeros, mejor es que no estuviesen. Sus pensamientos no debieran ser «por nosotros el país progresa...» sino lo opuesto «por nosotros el país no progresa...».

Prendemos la televisión y encontramos que se ensalza a los ignorantes. Ellos son entrevistados como los mejores exponentes de cultura. Nos referimos a deportistas, artistas, etcétera. Debieran saber, señores de la cultura, que ella no es sinónimo de obra teatral, puesto que la historia es otra, a saber: que en la antigua Grecia, a falta de medios para la escritura y su comprensión, se transmitía la cultura a través del canto y las actividades de teatro, y luego, más tarde, con la implementación del pergamino y papiro en los códices, rollos y libros, etc. Esto ya ha sido superado señores; por consiguiente, esa "cultura" a que apelan los artistas contemporáneos es una magra idea totalmente ganada y olvidada, ya reemplazada por las globalizaciones de comunicación y el esfuerzo personal frente al profesor.



ñ La delincuencia
Se ha dicho anteriormente que lo de Marx es actual: la clase perjudicada y sus consecuencias es algo contemporáneo, es decir, vigente, pero no como revolución industrial, sino como delincuencia social.

Esto es fruto de la marginación, y ella lo es de la necesidad o desocupación. No le demos más vueltas. Sabemos que en toda sociedad hay personas patológicas, pero a ellos no nos referimos. Leamos lo que Locke nos dice al respecto54a:


"[...] La avaricia, la falta de caridad, la ociosidad y muchas otras cosas son pecados, por acuerdo de los hombres y, sin embargo, nadie ha dicho jamás que deban ser castigadas por el magistrado. La razón es que no son perjudiciales para los derechos de otros hombres, ni rompen la paz pública de las sociedades. [...]"
El que toma una ciudad, una Nación, etc., no es menos «delincuente» que el que se apodera de una gallina para comer. Si esta condición de abuso es algo biológico debería reformarse nuestro Contrato Social penalista. Pensamos, como Marx60h y Foucault, que el pícaro y al que llamamos delincuente —no contemplando abusos de los derechos humanos— no lo es:
"[Para el trabajador, la] existencia del capital es su existencia, su vida; [...]. El pícaro, el sinvergüenza, el pordiosero, el parado, el hombre de trabajo hambriento, miserable y delincuente son figuras que no existen para ella, sino solamente para otros ojos; para los oídos del médico, del juez, del sepulturero, del alguacil de pobres, etc.; son fantasmas que quedan fuera de su reino. Por eso para ella las necesidades del trabajador se reducen solamente a la necesidad de mantenerlo durante el trabajo de manera que no se extinga la raza de los trabajadores. [...]"60h
"Postulado de la legalidad, el poder de Estado se expresaría en la ley, [... Pero, para Foucault, la] ley es una gestión de ilegalismos, unos que permite, hace posible o inventa como privilegio de la clase dominante, otros que tolera como compensación de las clases dominadas, [etc.]."73 (pp. 55-56)
y hasta el mismo sapiensal Salomón confirmara08j:
"No robes al pobre, porque es pobre, [...]." (Proverbios, cap. 22, v. 22)

"El hombre pobre y robador de los pobres es como lluvia torrencial que deja sin pan, [...]" (Proverbios, cap. 28, v. 3)


donde indica que sí podemos hacerlo con el rico puesto que no le traerá por ello escasez de pan.

Debieran prohibirse las películas de guerra, las de drogas, las de las delincuencias, etc. Esto condiciona y enseña a los niños y adolescentes cómo ejecutar estas acciones, cuando no también despierta otras ideas en los adultos.

La propia prensa produce un feed-back. ¿Qué hace un niño para llamar la atención? A saber, como tantas veces, desmerece su conducta. Promueve la indisciplina.

Esta sociedad, propugnada por el deficiente, desmesurado y mal interpretado capitalismo, adjunto con la copiosa inmigración de los marginados pueblos y sin desmerecer la influencia de la magra educación cívica que se ha favorecido, son factores que se agregan a la premisa.

La delincuencia juvenil, tan en boga en nuestros días, es porque se encuentra marginada. Y, entonces, se hace oír. Renegados del sistema, salen en manada a destruirlo; así rompen oficiarios públicos, escriben insultos en las paredes, cuando no menos de las veces dañan a su prójimo con la excusa de robarles alguna bagatela. A su vez, la prensa, sobrevalora los efectos de las circunstancias sin importarle lo que está determinando: un feed-back.

Esto es, en suma, instigar el propio autovalor delictivo. O sea que, en términos sencillos, como la misma masa delictiva juvenil se encuentra en las primeras páginas y son noticia, entonces ahora todos nos fijamos en ellos. Se sienten importantes y pertenecen, de esta manera, a un «rol» social.

A este nuevo «rol» social lo ha favorecido las prestaciones televisivas y otras. Serán conocido los hechos de asaltantes que buscan salir en la televisión —excusa psicológica. ¿Alguien ha pensado en cómo se sienten aquellos jóvenes dedicados al tema cuando son noticia? Jamás accederán y se doblegarán. Por el contrario, se sentirán anchos e importantes, tal cual cuanto más aberrante sea la acción y cuanto más destacada sea la víctima. Aun pensarán en lo impropio de aquellos victimarios que toman defensa por mano propia ya que, «afortunadamente», la justicia los encarcela. Asimismo determinará este proceder modas, a saber: modos de actuación delictiva que agrupará los sentimientos de estos marginados grupos sociales —tipos de armamentos, logísticas marciales, etc.

En efecto, la prensa produce un lazo. Favorece la delincuencia.

Empero no se ve la solución. Tal vez ésta, la delincuencia, sea el camino para una quiebra social... una revolución —antes el ciudadano se armó contra el invasor, luego contra su propio gobierno y ahora contra su vecino. Sabemos que es necesario informarnos, pero deberíamos, en lo posible, hacerlo con cuidado y sabiduría. No agrandar los efectos delictivos para obtener más audiencia pues esto juega en contra.

En fin, la prensa que se hace es una teleología apológica del delito, empero sin muchas veces saberlo. Somos como «necios comiendo nuestra propia carne».

En suma, si en una sociedad capitalista desmesurada como la que vivimos, donde necesariamente hay indigencia, marginación y miseria, para quien escribe le es correcto el hurto a los que más tienen, ya sea para sí o para otros. Pues, de esa manera, se distribuirá algo de lo que les sobreabunda. Y decimos hurto pero no robo, pues el primero se encuentra solamente en función del apropio ajeno, mientras que el segundo conlleva fuertes connotaciones que no se está de acuerdo —armas, vejámenes, etcétera. Así, si no puede circular un superávit de synolon, pues, que circule el déficit. ¡Viva Robin Hood!

Incluyamos otro tema aquí que, en verdad, podría sacarse del contexto delictivo por su extrema gravedad. Nos referimos a la gente que hace vejaciones, torturas, violaciones, etcétera. Para éstos, y sólo para éstos, debería existir la posibilidad de la pena de muerte. Esto debiera ser implementado, partiendo de una demostración totalmente apodíctica de culpabilidad, por los inmediatos perjudicados; es decir, eliminar el famoso verdugo, facilitando y permitiendo —a voluntad de negarse por perdón también— a que los integrantes unidos en parentesco con la víctima tomen reparo moral de esta manera. Siguiendo siempre una ética biologista, estas demasías de comportamiento justifican semejante represalia puesto que no cobran sentido en la manutención de la especie, axioma y sustrato que fundamenta nuestra moral.



ñ Los impuestos
Es nefasto ver cómo se han organizado los "economistas" para sacar al trabajador lo que es de él. Bajo pretendidos vanos intereses, tras las excusas de las necesidades de una Nación, es usual encontrar desmesuras al respecto.

Así, suelen querer justificar el impuesto al cartel, al libre estacionamiento, etcétera. No pueden evitar que respiremos, sino también, y no es gracia, harían de ello un gravamen.

Se ha dicho en otra parte que debiera implementarse un sistema político en el cual se le ponga cota a la ganancia de cada persona. De este modo, todo exceso en esto será ofrecido a la Nación como impuestos, solventando con ello cualquier gasto y proveyendo el capital y medios necesarios al faltante.

Sin impuestos, y sobre todo sin que estén no sólo mal distribuidos en los ciudadanos, sino en su utilidad estatal, cuando es costumbre y peor aun el robo y usufructo de los mismos por parte de los cuerpos políticos, determinarían una holgura en lo social que no estamos acostumbrados.

Piense usted lector si fuera exento de ellos. ¿Por qué no implementarlo? Hay una sola respuesta y es que, como así en la biología están los elementos parásitos, en lo social, no habría escapatoria de ello; pero, si argüimos a nuestros principios de razón, que tanta buena fama nos han hecho y decimos que la tienen, entonces, podremos quitar esta apesumbradora carga habitual, estereotipada, y seremos libres para producir más y dignamente.

ñ Capitalismo, comunismo y totalitarismo
ñ Introducción.
Aquí hablaremos de las tres extremas formas de gobierno conocidas. Omitiremos su agnosticidad (anarquismo), sus derivaciones (monarquismo, oligarquismo y democracia) y sólo hablaremos de la democracia. Y ya, de entrada, adelantaremos que, como todas los excesos, si se dan de ese modo, son siempre perjudiciales.

Debiéramos, ante todo, tener presente una intencionalidad de la Naturaleza como Kant vio50c:


"[...] No se imaginan los hombres en particular ni tampoco los mismos pueblos que, al perseguir cada cual su propósito, según su talante, y a menudo en mutua oposición, siguen insensiblemente, como hilo conductor, la intención de la Naturaleza, que ellos ignoran, [...]."
y lo que no se consigue con la razón (de allí a la acción de la voluntad como ética kantiana) lo hará entonces necesariamente la Naturaleza encausando a los pueblos tal cual Hegel acuñara. Esto significa que existe un principio de «astucia de la Naturaleza»49. Así, de esto, el optimismo kantiano consiste en que puede haber un progreso racional. También Schopenhauer lo descubriera83.

Por otra parte, se entiende que las mejores definiciones del capitalismo y comunismo son, respectivamente, aquellos sistemas políticos que apetecen los ricos y los pobres.



ñ El comunismo
Es este un dominio natural. La Naturaleza busca el común de las especies o, dicho de otra manera, la homeostasis de su ecosistema con el fin de dar manutención a todas las especies.

Los mismos principios cristianos muestran el efecto comunista. Es de destacar la armonía con que se vive y respira en los ambientes de ciertas iglesias evangélicas y de los testigos de Jehová. La confraternidad, el respeto al prójimo, etc.; todo eso, dado como natural y espontáneo en un ambiente comunal, adquiere una fortaleza de espíritu que no lo tienen los sistemas basados en el «poder».

Y es por este último factor, el «poder», que se hizo fracasar a la nación rusa bolchevique de Stanley y pone en tela de quebranto a la cubana de Castro. Si la humildad y el amor hubieran sido sus preceptos, y no las armas y la vanagloria, seguramente tal cual Gandhi, hubieran triunfado más allá de toda crítica utópica socialista.

El mismo Marx eclectiviza su posición puesto que lo que le importaba era el correcto vivir más allá de las irracionalidades étnicas y caprichosas




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