10 Política y Economía



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Introducción.
Lo más común es encontrar la definición de política del siguiente modo como muestra Weber92:
"[...] Deseamos entender por política sólo la dirección, o la influencia sobre la dirección, de una asociación política; [...]."

"[...] «política» significa esfuerzos para compartir el poder, [...]."


y, estando en desacuerdo con ello, entenderemos aquí de otra manera lo que se quiere decir cuando se habla de «política». Diferenciaremos dos de ellas:
- la seria

- la coloquial


La que denominamos por «seria» es aquella que normalmente se la atribuye a la «ciencia política» y es, ésta a nuestro entender, una de sus ramas. Pero es más amplia, puesto que no sólo contiene el miramiento científico, sino también el filosófico, tanto racional como irracional —no hablamos de teología— y le apetece las buenas intenciones. Hacer esta política es hacer «ideales».

La segunda, la «coloquial» pertenece al vulgo, es decir, a los temperamentos e inclinaciones imbéciles de las irracionalidades (aquí sí incluimos a los lineamientos teológicos) de la gente inculta y popular. Hacer esta política aquí es hacer «amistades» e «intereses».


ñ La «política coloquial» (como «amistad»)
Hablar de ella nos produce urticaria. Es fácil hacer retórica en ella como de criticarla, puesto que sus puntos de apoyo son tan débiles que con un simple soplo se desmoronan sus edificios.

¿Quiere saber en qué consiste?; pues bien, prenda su televisor.

Sus ocupantes poseen un lenguaje especial, digno de las más descabelladas carcajadas —por no decir lastimosas. Usan términos rebuscados; sus proposiciones suelen carecer de sentido lógico y caen en contradicciones, y por lo tanto no son nunca cuestionables. Cada político tiene su "razón". Deberían aprender del viejo Aristóteles que con un simple vocabulario ha expresado claramente las profundas y difíciles cuestiones filosóficas.

Ella es la que se presenta diariamente en los ámbitos de las radio-telecomunicaciones, es decir, en aquél lugar donde «las palabras se las lleva el viento» del "éter" de la propagación. Tampoco escapan de esto los ventilados lugares donde sopla el viento de los descampados mitines y los ventiladores de los calurosos salones.

Siguen sus integrantes a los partidos por orientaciones carismáticas a sus dirigentes y sustentan su partidismo tal cual lo hacen con un club de fútbol. Jamás se informan fehacientemente de la historia del hombre en el tema, son ávidos al enojo y las discusiones; tampoco se lustren de las plataformas del partido que siguen, etc. Son, como todos sabemos, unos «idiotas útiles». Se seguirán en estos ambientes una de las máximas de Maquiavelo58a:
"[...] Casi siempre caminan los hombres por sendas trilladas antes por otros, y casi no obran por sí, sino por imitación; [...]."
No ajenos a toda esta salsa, poseen un factor también muy perjudicial y que queremos distinguir, a saber: interpretan por «política» a la «amistad»; pero no es éste un afecto meramente desinteresado, sino todo lo contrario, pues está sujeto a las más lujuriosas ambiciones de la corruptibilidad y falta ética humanas. En las naciones capitalistas la amistad es por interés de bienes materiales y en los comunistas por interés al poder.

Así, los vínculos sociales en todas sus grados: internacionales, nacionales, provinciales, ciudadanos, barriales y domésticos, brindan en sus instituciones un parentesco afín que se ha apropiado del término organizativo de las polis griegas. Hablamos de cómo se organizan —propio de la negentropía de todo esquema biológico.

Hemos dicho anteriormente que la «política coloquial» es sinónimo de «amistad». Bien, nos detendremos en este punto para explicarlo con algunos ejemplos.

¿Es que tiene algo de más el adulto que el niño? ¿no son lo mismo en su fondo? Educados de una u otra manera seguimos siendo niños en nuestro interior; o mejor dicho, no somos nunca ni el antes ni después, simplemente somos —tal cual se explica y desarrolla con amplitud filosófica como quid de esta obra. Así como nos formamos y apropiamos del medio con uso naturalis, nos agrupamos tal cual los niños por «simpatía» e «interés de "trenzas"»; es decir, con ese factor empático que tanto llamó la atención a Hume y Darwin. Y, finalmente, será ése y sólo ése el motivo que los agrupe en sociedad determinando con ello una comunidad de «política coloquial».

«Lo destituyeron del cargo por motivos políticos» es el rótulo ordinario de varios periódicos semanales. Traslademos esto a nuestra codificación explicativa: «Lo destituyeron porque no era más amigo». No importó nunca si éste era o no de ideología marxista, capitalista, liberal, etc., sino sólo si era de tal o cual partido —es decir, de esas relaciones amistosas que propugnan logros materiales: negocios, cometas, propinas, cargos, etc.

Observemos lo que nos dice Weber92:


"[...] cuando se dice que un problema es «político», cuando se dice que un ministro de gabinete o un oficial es un funcionario «político», o cuando se dice que una decisión está «políticamente» determinada, siempre se hace referencia a que existen intereses en la distribución, mantenimiento o transferencia del poder, [...]."
«Para destituir al juez o legislador deberá ser solamente por medio de un juicio político». Esto, que también observamos a diario en la prensa escrita y televisiva, no quiere decir que el magistrado se halle frente a una posición de fueros ético-científico-cultural-etcétera que le impida movilidad, sino que esto es lo que se nos quiere hacer creer. El lego ha subido al cargo por medio de un juramento que, por cierto, no es nada ético ya que lo hace por la fidelidad no jurídica sino por la amistad que tiene con los gobernantes que le adjudicaron el puesto. Y así, sólo éstos porque ya no lo reconocen más amigo, tendrán la capacidad de destituirlo. Basta con que se cambie un gobierno para ver cómo vuelan todos estos legos en bandada y son reemplazados por otros que caen, "misteriosamente", desde migraciones diversas como pájaros y de cuyas confiabilidades poco se conoce. En resumen, transcribimos a nuestro código la primera proposición: «Para destituir al juez o legislador deberá ser solamente por medio de un juicio de amistades». Así, estas amistades dirán si les gusta o no la cara; o bien, sin les conviene o no para seguir en la "trenza" de sus intereses.

La ignorancia del ciudadano frente a las plataformas electorales en una víspera de escrutinios muestra que la afinidad del mismo es sólo a nivel de amistad, digamos algo así como sanguínea, donde su política es amistad y simpatía solamente tal cual un hincha deportivo con su club preferido. De igual manera relaciona a sus adversarios políticos como si fueran enemigos, tal igual el hincha con un equipo contrario; y está dispuesto incluso muchas veces a ir a las armas como lo están las barras bravas en las tribunas.

El presidente de un país democrático representativo o delegativo se muestra normalmente sonriente tal cual una vedette o showman; su motivo es que su política es sinónimo de la amistad social y entonces él es un sociable y amigo de muchos. Conózcale y verá cuánto se aprecia su sonrisa, y cuán brilloso están sus dientes. Por el contrario, la figura del presidente de un país totalitarista o autoritarista militar, lleno su rostro de la sangre derramada, se muestra en público como sobrio y poco amistoso, a tal punto que los políticos (sociedad de "amigos") están en su contra, no porque tenga ideologías diferentes, sino porque usa la fuerza coactiva y no la amistad en sus vínculos.

En política, como en religión, los que comienzan en el camino son siempre adolescentes bien intencionados. Los usan y luego, algunos de ellos mismos, son los que quedarán como corruptos para las nuevas generaciones; los otros, bien, ya lo dijimos, siguen como «idiotas útiles».

Escuchamos normalmente que se dice que la política es sucia. Esto es debido a que como toda relación dada por interés material es sucia, la amistad o política coloquial debe entonces serlo también necesariamente.

Sin ir más lejos, en Argentina tenemos un efecto en el movimiento peronista. Escuchemos lo que nos dice Plotkin al respecto69:


"El 17 de octubre «original» no fue, por lo tanto, un acontecimiento único sino múltiple. Aunque todos los manifestantes tenían un objetivo central, el ambiente generado por la propia dinámica de la movilización funcionó como un catalizador para la canalización de sentimientos que no estaban directamente vinculador con la liberación de Perón. [...]"

"[...] Los sucesos del 17 dejaron a la CGT en una posición ambigua, ya que la huelga había sido declarada para el 18. En el primer número de CGT [—revista oficial de la CGT—] publicado después del 17 no se mencionan ni los acontecimientos del 17 ni a Perón. [...] Toda la atención, en cambio, estuvo centrada sobre la huelga del 18, [...]. La CGT y Perón estaban embarcados en un proceso que se aclararía el año siguiente. Cada uno estaba tratando de apropiarse del sentido de lo que había pasado. [...]"

"[...] el 17 de Octubre de 1945 tuvo las características de un rito de inversión, que permitió a los obreros ocupar un espacio social del cual estaban excluidos, verse a sí mismos como la verdadera encarnación de la nacionalidad y colocar a Perón en el balcón de la casa de gobierno. [...] A partir de allí, los sucesivos 17 de Octubre serían redefinidos progresivamente en ritos de refuerzo en los cuales el lugar de cada uno estaba claramente delimitado."
Escuchemos ahora lo que nos dijo Weber en cuanto a los mecanismos de poder por él así entendidos92:
"[El] sistema de distribución de cargos [...] a los candidatos victoriosos [supone] la oposición de partidos totalmente desprovistos de principios; éstos son meras organizaciones de buscadores de empleo que establecen sus plataformas variables de acuerdo con las posibilidades de obtener votos, [...]."

"[El] cacique [norteamericano] es un empresario capitalista político que proporciona votos por su propia cuenta y riesgo. Es posible que haya establecido sus primeros contactos como abogado o empresario de salas de fiestas o como propietario de establecimientos similares, o tal vez como acreedor. A partir de esta situación comienza a tender sus hilos hasta que logra «controlar» un número determinado de votos. Llegado a este punto, entra en contacto con los caciques vecinos, y con esfuerzo, y habilidad, y sobre todo discreción, atrae la atención de los que ya han progresado en la carrera y comienza a ascender. [...] Substancialmente, el cacique proporciona los medios financieros. ¿Cómo los obtiene? Bueno, en parte gracias a las aportaciones de los miembros, y sobre todo gravando los sueldos de los funcionarios que han obtenido sus cargos a través suyo y de su partido. Además, existen sobornos y propinas. Si alguien desea infringir con impunidad una de las numerosas leyes, precisa para ello el consentimiento del cacique; y debe pagar por éste, o se verá en apuros. [...]"


ñ La «política seria» (como «filosófica-científica»)
Esta es la política propiamente dicha. A ella le debemos la posibilidad o no de vivir en comunidad. Opuesta a la anarquía, ella medita sobre el significado de sus propios términos, de las experiencias ocurridas en la historia, de la antropología, de la economía, etc. Estudiará al hombre partiendo desde su subjetividad físico-psicológica, para relacionarlo con el estado de Naturaleza del mundo que le rodea y recién después, sólo recién después, observará los mecanismos de relación con sus semejantes.

Ella, como política propiamente dicha y etimológica, estudia distintos ámbitos: el etimológico, el histórico, el sociológico, etc. Es decir, todo aquello que hace a los hombres en comunidad y su gobernabilidad para el sano convivir.

Fue Aristóteles en su obra Política la que transfirió el término. Deriva del adjetivo de polis (politikós): «todo lo que se refiere a la ciudad y a su ciudadanía»09a.

Suele apetecer esta postura a los ámbitos de las universidades. Se esfuerzan por ella en estos recintos aunque, muchas veces, son enmarañados por la «coloquial».

Hemos asimismo distinguir en ella dos ramas importantes: una científica y otra filosófica. La primera es el ejercicio práctico de la segunda, y ambas se alimentan mutuamente. Ya Sartori75 adelantara esto al decir que la primera presupone un método, que es un conocimiento especializado, que su discurso es descriptivo y no-valorativo, que no busca los fundamentos primeros, que es un saber acumulable, aplicable y transmisible, que es una indagación física de las realidades objetivas, que está en función de un conceptum, y que utiliza el lenguaje empírico, denominativo y observador-descriptivo. El mismo Aristóteles04b determina que la ciencia política se ocupará de lo bueno, de lo bello y de lo justo, que tiende al bien y que debe conceder algún saber a las cosas del alma.

En cuanto a la segunda, la filosófica, no presupone un método sino que su discurso es axiológico-normativo, busca los fundamentos primeros, es un saber no acumulable y especulativo, hace una indagación metafísica de las esencias, está en función de un perceptum, y tiende a utilizar un metalenguaje o lenguaje metaempírico. Pero, recalcamos, una se apoya en la otra y, entre ambas, la «seriedad» que buscamos, se funden como una sola.

Se debe a la segunda los estudios políticos sobre la ética, el poder, etc., desde los miramientos metafísicos; y a la primera por los lineamientos aplicables de estas consideraciones, es decir, a los conceptos de izquierdismo, capitalismo, etc., implementados de tres maneras posibles, a saber50: como exacta (dureza mecanicista), flexible (dispersividad biológica) y lata (taxonómica).
ñ La ética en política
Así, por ejemplo, entre tantos otros temas, la «seria política» hablará de ética. En ello, resulta tremendo ver cómo en las universidades se apropian los conceptos maquiavélicos para defender y justificar ciertas posturas —que seguramente les atañen a los propios docentes que la eneñan. Tenemos como ejemplos de ellos al mismo Weber cuando diferencia los tipos paradojales éticos de responsabilidad y fines últimos92:
"Existen dos formas de hacer de la política una vocación: o bien se vive «para» la política, o bien se vive «de» la política. [...] Desde luego, no basta la mera pasión, por auténtica que ésta sea. Ella no hace a un político, [...]."
O bien a Skinner86 al hablarnos de los espejos para príncipes, o bien al ver a Maquiavelo que no ha sido un predicador del mal por solamente querer defender su patria y que en realidad estaba lejos de querer tomar al mal por bien, y como en general ensalza las virtudes convencionales. Otro caso es el de Vallespín90 cuando nos dice que Maquiavelo escribía la historia como político (tratando de sacarle provecho de esa manera) y no como historiador; que fue realista porque atendió a la «verdad real de la cosa»; que puede vérsele como patriota (porque contemplaba la sumisión de Italia y la quiso liberar unificándola), o bien como científico político. Semejantes atributos los encontramos también en el mismo Bobbio09b y Weber92 cuando separan la ética de la política debido a que ésta tiene su propia autonomía; o sea, que tiene reglas que no son las del comportamiento moral esperado ordinariamente. Este segundo ha dicho92:
"Ahora bien, ¿qué relaciones existen, en realidad, entre la ética y la política? [...] Ninguna ética del mundo permite deducir cuándo y en qué medida el objetivo éticamente bueno «justifica» los medios y ramificaciones éticamente peligrosos."
Observemos este párrafo de Horkheimer42:
"[...] Puesto que los fines ya no se determinan a la luz de la razón, resulta también imposible afirmar que un sistema económico o político, por cruel y despótico que resulte, es menos racional que otro. De acuerdo con la razón formalizada, el despotismo, la crueldad, la opresión, no son malos en sí mismos; [...]."
Pero... ¿qué les estamos enseñando a nuestros hijos?

En estos temas siempre se ha pretendido juntar el agua con el aceite. Nunca, pareciera, aprenderán que las cuestiones morales —trascendentales— no se pueden compensar con las materiales. No son homogéneas.

No pasó desapercibido el tema ni para Marx61a ni para Foucault (en Deleuze23e) esto, que nos dicen:
"[...] Las leyes, la moral, la religión son para él [el inocente proletario] meros prejuicios burgueses, detrás de los cuales se ocultan otros tantos intereses de la burguesía."61a
"[Pero, para Foucault, la] ley es una gestión de ilegalismos, unos que permite, hace posible o inventa como privilegio de la clase dominante, otros que tolera como compensación de las clases dominadas, [etc.]."23e
¿Hay, acaso, alguna otra ética válida sino la natural y biologista? Nada, pero terminantemente ninguna otra será con resultados "beneficiosos" y no-contradictorios. Todo apunta a ella y ésa debiera ser nuestro paradigma. No a la razón, no a lo deontológico, no a lo pragmático-trascendental, no a lo utilitario, etc. Sólo a lo natural y biológico. Ésa debiera ser nuestra brújula.
ñ Algunos mecanismos políticos
ñ § La representatividad (federatividad)
Hablemos de los representantes sociales en la política. ¿No se ha dado cuenta usted que el dinero que se gasta en una campaña electoral para hacer subir un candidato es siempre mucho mayor que el sueldo que percibirá? Ello garantiza la próxima corrupción del sujeto en el poder. Debería controlárseles el patrimonio al ingresar y al salir de su gobernación, al igual que el de supervisar cualquier posibilidad de testaferro que disponga. Empero, no se quiere dejar de destacar aquí a aquellos hombres, es decir aquellos muy pocos, pero que los ha habido y los debe haber y habrá, que terminan sus últimos días de vida en la pobreza; son ellos, sí, equivocados o no en sus intenciones, hombres dignos de gobierno. ¿Acaso deben gobernar aquellos otros que disponen de costosos inmuebles, que disfrutan de exquisitos manjares día a día? Sólo la sospecha de cómo han logrado hacer ese capital debe poner en tela de juicio su honestidad; y más todavía, debemos preguntarnos también sobre las ganancias que tendrá que apetecer semejante individuo si debe mantener y dar continuidad, cuando no aumentar, sus dominios y caprichos.

Por otra parte, si el dinero invertido en la campaña no sale del bolsillo del candidato resulta que de donde sale habrá compromiso. Es decir que si empresas, gente, o lo que fuese dispone en la campaña algunos millones, una vez asumido al cargo el candidato y su partido político estarán en deuda con éstos al menos por un tiempo, es decir, por aquel período que les permita amortizar la inversión y aun obtener dividendos y, por consiguiente, difícilmente cumplirán sus promesas. Por este motivo, las cuantiosas cifras que se invierten en las campañas deberían ir en desmedro de sus votos; o sea, que cuanto menos se gasta en ellas, menos compromisos se tendrá una vez asumido el cargo gobernante y podrá el candidato victorioso desempeñarse mejor.

Asimismo se ha visto que los corruptos de turno suelen utilizar tácticas persuasivas para ocultar y sobrellevar su conducta. Por ejemplo, suelen distraer la atención del ciudadano ofreciéndoles campeonatos deportivos nacionales que le distraigan, o bien problemas ecológicos y sociales muchas veces inexistentes, etc. También, y no menos de las veces, propugnan a favor de su propia corruptela permitiendo con la libre expresión y prensa que se tomen sus tapujos en comicidad, y de esta manera poner al descubierto su caradurismo total al populacho que le ríe y perdona como al payaso... una y otra vez.

¿Cómo votar a un hombre por intermedio de otros? ¿Qué es eso de la representatividad? ¿A qué marañosa y confusa situación de gobierno nos ha llevado este sistema? ¿Nadie ha jugado cuando chico al "teléfono" y pasar un mensaje a través de boca a oídos de uno a otro? Aun, por otra parte, aquél buen intencionado político quedará preso por sus súbditos y le será imposible dirigir delegando tantas responsabilidades y no será finalmente eficaz; más lo será el corrupto, que en su entreteje de intereses y alimañas sabrá, como el zorro, tener la astucia de poner fin a sus logros. ¿Para que hagan algo los dejaremos robar?

Gargarella36 analiza las crisis del sistema representativo de gobierno. Dice que sus motivos son dos: 1º por la escisión entre representantes y representados; y 2º por la desconfianza y desencanto en los representantes. También son dos sus hipótesis explicativas al respecto: una, que el sistema representativo fue diseñado a partir de presupuestos viejos y hoy en día inaceptables; y otra, que el mismo nació a partir de la idea de la certeza de que las mayorías no estaban capacitadas para su autogobierno y que tendían a llevarse por las irracionalidades.

Si bien la representatividad puede decirse que nace en la misma Grecia antigua, vemos un análisis filosófico de la misma en el medioevo con Hobbes. La persona, como «sonido a través de» una máscara de teatro es aquella que puede comprometerse con las palabras. Distingue Hobbes dos tipos según lo que se exprese con sus palabras: una, como representando las palabras de otro (por verdad o por ficción) y otra como las suyas propias. En otra clasificación, distingue en primer lugar al actor o persona artificial («ficcionaria» o «no-natural») que consiste en la actividad representativa, donde los autores son los que le han conferido dicha autoridad y que no proviene del poder sino de la representación; y en segundo lugar a la persona natural. Veamos algunos párrafos:


"Cuando son consideradas como suyas propias, entonces se denomina persona natural; cuando se consideran como representación de las palabras y acciones de otro, entonces es una persona imaginaria o artificial."23 (PARTE I, cap. 16)

"[...] Así que una persona es lo mismo que un actor, tanto en el teatro como en la conversación corriente; y personificar es actuar o representar a sí mismo o a otro; [...]."23 (PARTE I, cap. 16)

"De las personas artificiales, algunas tienen sus palabras y acciones apropiadas por quienes las representan. Entonces, la persona es el actor, y quien es dueño de sus palabras y acciones, es el autor. [...]"23 (PARTE I, cap. 16)

"[...] Es, en efecto, la unidad del representante, no la unidad de los representados lo que hace la persona una, [...]."23 (PARTE I, cap. 16)

"Quien transfiere un derecho transfiere los medios de disfrutar de él, mientras está bajo su dominio. [...]"23 (PARTE I, cap. 14)

"El único camino [...] es conferir todo su poder y fortaleza a un hombre o a una asamblea de hombres, todos los cuales, por pluralidad de votos, pueden reducir sus voluntades a una voluntad. Esto equivale a decir elegir un hombre o una asamblea de hombres que represente su personalidad; [...]."23 (PARTE II, cap. 17)


De difícil logro e implementación, a la representatividad se le cuestiona su falta de cuestionamientos con el pueblo y de que sus intentos siempre han fracasado.

Podríamos pensar en los siguientes modelos:


- directa (o participativa)

- indirecta

- delegativa (actuación con un mandato y tiene muchos límites)

- fiduciaria (actuación en función de propios intereses)

- sociológica (actuación por razones dispares)
Por otra parte Tocqueville89 indica lo contrario:
"Mucha gente, en Europa, cree sin decirlo, o dice sin creerlo, que una de las grandes ventajas del voto universal es convocar a la dirección de los asuntos a hombres dignos de la confianza pública. [...] Por mi parte, debo decirlo, lo que he visto en América no me autoriza, en absoluto, a pensar que ocurra así. [...]"

"Se me ha demostrado que los que contemplan el voto universal como una garantía de la bondad de las preferencias se mueven en una completa ilusión. El voto universal tiene otras ventajas, pero no ésa."

"Cuando se entra en la sala de los representantes de Washington, uno se siente asombrado por el aspecto vulgar de aquella gran asamblea. [...] A dos pasos de allí se abre la sala del Senado [donde no] se percibe allí a un solo hombre que no recuerde la idea de una ilustración reciente. [...] ¿De dónde procede este extraño contraste? [...] una y otra son producto del sufragio universal, y ninguna voz hasta ahora se ha elevado en América, sosteniendo que el Senado sea enemigo de los intereses populares. [...] No veo más que un solo hecho que lo explique: la elección que produce la Cámara de Representantes es directa; aquella de la que emana el Senado está sometida a dos grados. [... También,] son las gentes moderadas en sus deseos quienes se comprometen en medio de las revueltas de la política. Los grandes talentos y las grandes pasiones se apartan, en general, del poder, con el fin de perseguir la riqueza; [...]."
¿Qué hacer entonces?

En nuestra opinión, no nos queda otra que implementar una sociedad que tenga por hegemonía no el poder, sino el amor —por favor, no se nos tilde de utópicos.


ñ § La prerrogatividad
La facultad del poder Ejecutivo en la dictaminación de decretos es otra barbaridad. Por más que se contemplen casos particulares la misma historia demuestra que esta eficiencia no lo es.

Ya Locke, paradójicamente, hubo sembrado su necesidad y visto su peligro




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