1 Moffatt, la experiencia renegadn orillas de los mnnicomins Marcelo Percia ”-la yeróa usada/viene a ser/ cowo la cenisa/ ’el rnate



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3. La sensibilidad empática

3. 1. El mundo desde el otro lado

Una de la obsesiones de Moffatt es ver el mundo desde el otro lado. Sumirse en lo desconocido, Estar en un cuerpo ajeno. Una vez se viste de obrero, la gente le habla de otra manera, un colectivero no le cobra. A los dieciséis años, para un carnaval, se disfraza con éxito de mujer ("parecía una alemanita preciosa"), un chico le regala pastillas. Para otro carnaval se caracteriza de linyera, lo echan de un bar, desconcertado, se sienta en el cordón de la vereda, una señora le da una moneda. Trabajando en el hospicio, al salir una noche (con una boina hasta las orejas, el bolso cruzado sobre su Perramus viejo, sucio, manchado) los de la puerta te piden el permiso de salida. (21)


3. 2. Hablar solo

Moffatt comienza a hablar en voz alta a los seis años. Alguien le dice: "los que hablan solos están locos". Explica (1995, 2003) que con el tiempo supo que los que están locos no pueden hablar solos porque no tienen al otro adentro. Hablar con uno mismo es un modo de convalescencia identitaria. En la locura, el otro que habla adentro no dialoga, impone pensamientos, pronuncia sentencias, exige que se ejecuten órdenes. En las psicosis es difìcil hacer amistad con la voz interior.


3. 3. La locura

Moffatt no se sorprende de que algunos se vuelvan locos, sino de que muchos permanezcan cuerdos. Dice (2003) que la locura es el fondo de confusión que avizoramos cuando se desvanece la cordura (la organización simbólica del mundo). La cordura es una construcción segura de símbolos que trata, sin conseguirlo nunca del todo, de cubrir esa nada de la que la locura da testimonio. Mientras la cordura es una nada que se cree algo, la locura es algo que se resiste a disolverse en la nada.

La locura es una existencia, dice, que permite conjeturar cómo era la mente antes de la

mente. (22)


3. 4. El brote

Moffatt cree que en el brote, el paciente, se da cuenta de que no hay nada, de que está vacío, de que lo sólido se desvanece, de que construimos una identidad artificial. Imagina que en ese instante se percibe la soledad como condena eterna. Dice (1995): En la experiencia esquizofrénica uno pierde totalmente la confianza en esa ilusión de que se puede comunicar con otra conciencia y se da cuenta de que está solo para siempre. Por eso, los locos tienen fantasías de robo de pensamientos, de lectura de pensamientos. Vivencias que tienen que ver con poder superar esa imposibilidad absoluta de comunicarse en forma directa".


Cautivos en un tiempo quieto, concluye que algunos se defienden con un delirio (23). Advierte que eso que llamamos delirio sólo se diferencia, de otras construcciones que portamos con naturalidad, por la armadura de rarezas lógicas, por las marcas de dolor, porque la muerte no desaparece.
Moffatt repite que las culturas compartidas ofrecen modos de entretenernos hasta la muerte. La vida como interludio entre una nada anterior y una nada futura.
3. 5. Lo que vivió

Moffatt piensa las psicosis autorizado por cosas que leyó, por cosas que aprendió, por cosas que vio, por cosas que compartió con pacientes; pero, sobre todo, piensa las psicosis apoyado en cosas que sintió en momentos difíciles de su vida (24).


Cuenta (2001) que una vez estuvo muy mal por una separación que fue terrible. Los espacios carecían de valor, significado, historia. Cualquier lugar de la ciudad era lo mismo. Andaba sin referencias. Había perdido el kilómetro cero que le decía si estaba lejos o cerca, adentro o afuera, atrás o adelante. Se sentía salido del mundo. Todo le daba igual. Miraba el reloj sin entender la hora. El tiempo no sucedía. No se podía dividir en recién, en después, en más tarde. El infinito se agolpaba en un instante que no terminaba.
Escribe: "La eternidad no estaba cortada en pedacitos para poder aguantarla, no me

protegían las horas, los días o los meses que dan secuencia, que planifican; todo el

tiempo estaba ahí, congelado” (25)
3. 6. El brote por dentro

Supone que tuvo una experiencia que le permitió conocer un brote psicótico por dentro. Fue en el Hospital Psiquiátrico de Nueva York (donde trabajó como residente). Junto con otros profesionales, toma una droga psicoactiva como el haschish que se metaboliza en dos horas y que no ofrece riesgos orgánicos.


Dice (2001) que veía las cosas reflejadas en un espejo esférico, lo que en fotografía se llama ojo de pescado. Al principio le daba risa, pero enseguida comenzó a inquietarse. Su voz le venía del techo. Su yo no estaba dentro de sí mismo. Cada significación se separaba de su objeto. Las cosas lo interpelaban sin sentido. La llamada realidad le llegaba como mezcla sin organizar. No se parecía a un sueño ni a una pesadilla. Percibía sin sujeto que percibiera. Más que percepciones, eran existencias que atravesaban una unidad dispersa. Tenía el recuerdo difuso, lejano, oscuro, desdibujado, de que alguna vez había existido como identidad. Quiso volver a esa seguridad. Intentó ir desde una sala hasta la cocina. Tuvo la espantosa sensación de haber llegado adonde se dirigía antes de haber partido. Todo ocurría en simultaneidad. Se asustó cuando le hablaban: reconocía las voces, pero no entendía las caras. Los rostros eran borrones sin formas. Ansiaba agarrarse de algo nítido.

Al final, escribe-. "...reconocí el rostro de uno de ellos, sentí un tremendo alivio: (Había vuelto!, pues la sensación más aterradora era que durante el viaje no sabía si podía volver o no, la sensación era de infinito, de estar para siempre atrapado en ese no­-mundo donde no había adentro-afuera tú ayer-mañana, donde no ocurrían los presentes en sucesión, no había historicidad, sitio en que todo era un eterno presente sin sentido. Pienso que fue una experiencia de muerte, muerte psíquica, estuve dos horas en la nada, en el vacío existencial.


Moffatt parece hacer referencia a la idea de lo real. Aquello inaccesible, algo que nunca se representa, cosa que resiste la simbolización. Piensa que los locos dan testimonio de eso que no se ve, que arrasa con todo cuando irrumpe de golpe.

Una nada que cubro con mi nombre, dirección, número de documento, recuerdos que colecciono en mis vitrinas, códigos que fundan mi previsibilidad, sistemas a los que me entrego confiado en repeticiones mínimas, leyes de las que soy devoto, rutinas en las que desaparezco sabiendo que puedo volver, el hastío de una existencia sin sobresaltos para pasar la vida; y, también, mis ilusiones de amor templadas en pactos, contratos, engaños rnoderados, la esperanza de una demanda cumplida, el deseo bajo control tras algo que no alcanzo.


Escribe Zizek . (1999) (26) " ... podemos ver claramente cómo la fantasía está del lado de la realidad, cómo soporta 'el sentido de la realidad' del sujeto: cuando el marco fantasmático se desintegra el sujeto sufre una pérdida de realidad' y comienza a percibir la realidad como un universo irreal pesadillesco, sin una base ontológica firme; este universo pesadillesco no es una mera fantasía sino, por el contrario, es lo que queda de la realidad cuando esta pierde su apoyo en la fantasía
Lo que Moffatt llama experiencia de brote, ese rugido que aterroriza, se parece a la caída, disolución, desmoronamiento, de las fantasías que tienen por función cubrir el silencio de lo real.

La invención de una intimidad, como diría Moffatt, no chupada por el infinito.


Otra cita de Zizek (1989) dice que la fantasía es "un argumento que llena el espacio vacío de una imposibilidad fundamental, una pantalla que disimula el vacío". Moffatt intuye que en el momento de brote queda a la vista la farsa desnuda. Y que las psicosis mismas son, quizá, revestimientos que vienen a cobijar el espectáculo desolado de la existencia. (28)
Moffatt entiende que el enfermo arma una teoría para volver a creer en el mundo, para imaginar otra vez coherencia en las cosas. Pero que esa teoría se construye como una idea no compartida, mal pensada y hecha de apuro. Dice (1995): "Un delirio esquizofrénico defiende al enfermo de la vivencia de vacío que tuvo cuando hizo el brote y tuvo que reconstruir la realidad. Pero ya eso que se llama delirio es salud, es cordura, en el sentido en que defiende de la única enfermedad que es el agujero negro ".
3. 7. Dioses

En un fragmento que se llama Necesidad de dioses, escribe Moffatt (2003): “El problema no es si dios o los dioses existen; lo que seguro existe y es indudable es el gran agujero, la incertidumbre final. No importa si el corcho es verdad o no, lo que


importa es el agujero que el corcho tapa. El gran agujero final. Yo creo en el agujero, por lo tanto, creo en dios, porque lo necesito ".
Moffatt se afirma en que existe un gran agujero, una incertidumbre final. Llama a ese agujero, vacío o nada (29).

Un desvío: es cierto, en las psicosis, algo de ese hueco habla. Pero se trata de asirlo a otra cosa, reponerlo en un mundo de palabras. Entonces se dice tengo un agujero en el estómago como imagen de molestia, dolor, perforación, vacío, acidez. Tal vez un agujero que me hacen las pastillas. 0 pasé una noche de insomnio como un largo agujero hasta la llegada del día. 0 un compañero que no se levanta porque amanece muerto, caído en el agujero de los días que se terminan. 0 mi palabra como agujero que nadie escucha. 0, también, me hicieron un agujero económico. 0 tengo una deuda que es como un agujero. 0 me hiciste un agujero al no cumplir el compromiso que tenías conmigo. 0 me hicieron un agujero en mi abrigo las polillas. 0 me siento como un colador, lleno de agujeros, no puedo contener nada, pierdo todo lo que tengo. 0 me gustaría hacer un agujero en la pared, un boquete para escapar de esta cárcel. 0 planeo un agujero para robar un banco. 0 llenarte de agujeros, acribillarte a balazos. 0 meterme en el agujero, en el escondite, en el refugio. 0 el agujero por el que me violaron. 0 el agujero que dejaste en mi corazón. 0 encontrar a alguien que me abrace en este agujero que me duele tanto. 0 el agujero que les hicimos el domingo que ganamos cuatro a cero.


Porque ese agujero del que habla Moffatt (si no se lo enfunda con la idea de algún dios), llama, convoca, produce, palabras en las que la vida retorna. Un agujero en donde nada hace relación pide, incluso, adivinar conexiones. Adivinar no como cualidad divina, magia o visión que traspasa todo límite. Adivinar como potencia -que acierta un significante capaz de decir una cosa otra y otra, otra. (30)
3. 8. El lenguaje

Moffatt suele decir (tal vez sin saber que contraría la proposición de William James que afirma la palabra perro no muerde) que en las psicosis la palabra perro, muerde. 0 dice (1995) que de pronto, un zapato no es un zapato, sino una conexión peligrosa con la tierra cargada de electricidad maligna. Son afirmaciones discutibles. Quizá sirven para indicar el animismo que, por momentos, tienen las palabras y las cosas.


En las psicosis (aún en deterioros graves) se mantienen algunas equivalencias entre cosas y palabras. Aunque la palabra pan no calma el hambre, ni la palabra cigarrillo sirve para fumar o la palabra yerba puede ser utilizada para tomar mate; se podría decir que en los hospicios son pocos los vocablos que sostienen la ilusión de habitabilidad del mundo, Tres de los más importantes son pan, cigarrillo, yerba. Términos, a veces, remplazados en la pregunta )tiene una moneda?

4. Mecánicos y gourmets

4. 1. El psicoanálisis

Moffatt discute con psicoanalistas. Dice seguir más allá de donde Freud se detuvo. Aunque más bien parece extraviarse en lugares comunes. Escribe: (2003) "Usé el pozo que hizo Freud buscando el secreto del inconsciente, seguí cavando en él, de pronto surgió algo desconcertante... desapareció también el pozo, quedó nada ... vacío, apareció el vacío". Opone la idea de nada a la idea de inconsciente. Piensa inconsciente como algo sustancial, trascendental, cosa contenida (31)


Por momentos, Moffatt reproduce un Freud escolar. Como cuando escribe (2003): "Freud eligió desarrollar su teoría a partir de los órganos sexuales que son concretos y las culpas edípicas. Yo elegí centrar la teoría en algo tan evanescente como el tiempo y señalar el vacío existencial como origen de la enfermedad. Es natural que venda más lo de Freud porque distrae lo más temido, la incertidumbre existencial ". 0 en otra parte dice: "El tema actual es enfrentar la incertidumbre del destino, ya no reprimir o no las fantasías sexuales incestuosas ". Concluye que mientras el vienés habla de sexo, él habla de muerte.
Supone que los psicoanalistas se interesan por el relato voluptuoso, vergonzante, de una mujer o un hombre que dice en la intimidad una fantasía incestuosa, una traición pasional, una transgresión de las costumbres. No puede pensar que el psicoanálisis advierta otra cosa: la telaraña que se teje, la trampa en la que se ingresa, el montaje de un escenario en el que, a la vez, se es tela, mosca que se tienta, araña que espera, la mano que, al pasar, deshace todo.
Moffatt ideologiza el espacio cultural, de principios del siglo XX, de la pequeña burguesía de Viena y lo contrapone a la gente del gran buenos aires que acude a sanadores.
Creo que Moffatt no entiende (tal vez porque muchos psicoanalistas que él conoce tampoco lo perciben) que el psicoanálisis importa menos por los lugares banales de sus conjuntos explicativos, que por su vocación para seguir el sendero que deja el deseo tras sus infinitas transformaciones.
Moffatt dice que el psicoanálisis piensa en personas solas, utiliza códigos fijos, está volcado hacia el pasado. No importa defender al psicoanálisis; pero, en este punto, la lectura de Moffatt carece de interés.
4. 2. El taller mecánico

El rechazo de Moffatt por el lacanismo, es otra descalificación, descuidada, injuriosa, despojada de crítica. Una especie de resentimiento de clase. Supone que se trata de un pensamiento que no se preocupa por la gente. Declara no inteligible ese discurso que, admite, no entiende. Postula la autonomía de no leer a un autor o no aceptar reglas de un pensamiento que le son extrañas.

Sin embargo, eso que, con todo derecho, decide ignorar retorna como ignorancia. Una de las intuiciones fecundas de Lacan (1956), que las psicosis también pueden pensarse como malestar en el lenguaje, es degradada por Moffatt. Intervenciones como "las psicosis consisten en un agujero, en una falta a nivel del significante " (que tal vez escuchó en torpes repeticiones universitarias), son reducidas a caracterizaciones ridículas. Dice (1986) burlón: "Del mismo modo, si en vez de un paciente analizás un texto o el paciente considerado como texto se te escapa la realidad, y la palabra se hace misteriosa. Y el misterio, sin sujetos reales, no conduce a la libertad. Yo nunca vi suicidarse a un texto o enfermarse a un significante
Creo que esta ignorancia, sin embargo, expresa una desgarradura de la que es testigo. Una visión política de cómo se constituyen nuestras tramas culturales, nuestros emblemas de validación. Una división entre profesionales de elite y trabajadores de la salud que se mueven en el llano.
Moffatt resiste ciertas posturas teóricas. Maneras de estar en la clínica que considera afectadas. Poses para pertenecer a la academia o vicios profesionalistas. Perfiles de suficiencia pendientes de aprobación. Pensamientos de rodillas que simulan cuerpos erguidos. Moffatt no advierte que esas adopciones suelen ser, también, defensas. Gestos que nos protegen de las miserias que nos lastiman en los hospitales. No se puede trabajar en el horror sin alguna forma de anestesia. No se soporta concurrir todos lo días a un lugar sintiendo que lo que se hace no sirve para nada
Las ansias que abrazan una teoría que promete resolverlo todo son la contracara desesperada de la impotencia.
El desaliento abraza la muerte. El desánimo cunde, se propaga, llena el espacio, se extiende como mancha, rumor, malestar. El desaliento es una sensación confundida: cada vez que advierte la dificultosa producción de un cambio declara una derrota definitiva. Imagina su límite como el límite.
El desaliento clínico no es sólo derrota de una posibilidad, sino el derrumbe de la ilusión de una fortaleza soberana. Ostenta su claudicación como triunfo de la muerte.
No hay tal rendirse ante la muerte. La muerte no es contrincante que arrebata la vida. Es su soporte desamparado. Es: lo otro; que hace hablar, amar, pensar, escribir. El desaliento es omnipotencia que abraza la muerte.
El pesimismo es, como la esperanza clínica, un fantasma apaciguador. Formas de evitación de las psicosis fuera del amparo armónico de curación que ofrece el ideal médico. El pesimismo, a pesar de su supuesta contrariedad, es acto de aceptación.

Contra esa sensación, Moffatt se presenta como mecánico de barrio. Un tipo que se ensucia, que anda con la camisa manchada de grasa, que comienza de abajo, que limpia cada pieza del motor con un pincel mojado en nafta, que trabaja en la calle, a veces en plena lluvia . Un predicador entre pobres, que opone a la impotencia, la voluntad como sacrificio heroico. Dice en una entrevista (1986): "En el caso de la máquina lacaniana, me causa la misma impresión que si, de repente, los cocineros se convirtieran en mecánicos. Entonces, en el taller mecánico, en vez de usar pinzas o tenazas ponen crema chantilly en los motores ". Moffatt ridiculiza a su psicoanalista como si se tratara de un gourmet trabajando en una olla popular.


La figura ilustra, de modo defectuoso, un desencuentro. Una ocurrencia que repite discusiones de soberanías absolutas.
Moffatt exagera: mecánicos con las manos lastimadas que trabajan en los hospitales y gourmets impecables que permaneces intactos. Los que se mezclan con la vida y los que se exhiben junto a sus artefactos intelectuales. Resta pensar otra cosa que las psicosis institucionalizadas hacen oír: el problema del límite.
La negativa que se hace con dolor. Intervención en el borde de un desierto de ideas, de experiencias. Poder entredicho que retorna como posibilidad sin garantías. Impoder clínico que, si no decepciona en pesimismo o alarde de la voluntad, puede pensarse como clínica institucional o clínica de la institución del límite. Invención que atraviese el hospital, la depositación, las formas de relación que se instituyen alrededor de la enfermedad. Clínica como configuración plural de intervenciones en un horizonte desgarrado, contradictorio, falto de amparo social, descreído de las palabras.
4. 3. Historia de una renegación

Transcribo un texto de Moffatt (2003), se llama La araña. Dice: "Negar algo es verlo y no querer verlo. Es como estar en una habitación y ver una araña pollito peligrosísima que entra por la puerta, si te decís: 'No vi nada' a la media hora la tenés por todos lados. En cambio si la aceptaste y la seguís por dónde va, sabés que está debajo del tercer almohadón a la izquierda y la podés controlar. Negar es mal negocio


5. (Ay, qué pereza!

5. 1. La picardía popular

Celebro algunas ocurrencias de Moffatt. Como cuando frente a los héroes que considera solitarios y perdedores de nuestra cultura, como Santos Vega, Martín Fierro, Juan Moreira, reivindica el erotismo tropical, la fantasía, la picardía de Macunaíma. 0 cuando propone, sin considerarlo mucho, mezclar a Martín Fierro con Macunaíma.


Macunaíma es un personaje de una novela que Mario de Andrade publica en 1928 (13). Recuerdo una película que, con el mismo nombre, estrenó en 1969 Joaquín Pedro de Andrade. )Es una fábula de la sociedad brasileña? )De la heterogeneidad latinoamericana? Macunaíma nace negro en una tribu india. Un día emigra con sus hermanos hacia la ciudad. En el camino, al pasar bajo una fuente mágica, se vuelve blanco. Llega a Río de Janeiro en un camión lleno de trabajadores inmigrados. El conductor pronuncia una sentencia individualista que todavía me impresiona. Dice algo así: "De aquí en más, cada uno para sí y Dios contra todos ".
Una vez en la ciudad, vive diferentes aventuras. Se une a una hermosa joven que integra la guerrilla urbana. Alterna la lucha armada con el burdel. La selva tropical con la moderna sociedad industrial. Creo que la muchacha insurrecta, muere, por no saber manipular una bomba.
Macunaíma tiende a realizar su interés inmediato. Tiene habilidad para la ganancia fácil. Siempre consigue que lo mantengan. Disfruta de excesos, extravagancias, disparates. Recuerdo una frase que pronuncia con frecuencia: "(Ay, qué pereza! ".

Para enriquecerse trata de robar un talismán a un capitalista caricaturizado con el aspecto de un gigante. Macunaíma pasa de una tribu miserable al barrio de la Bolsa de Río. Deviene indio, negro, blanco, salvaje, habitante de la ciudad, obrero, explotador. Al fin, cansado de todo, regresa a la selva. Carga en una carretilla objetos de consumo (un ventilador, una heladera, un televisor). Luego de llevar una vida ociosa muere devorado por una sirena del río.



5. 2. Civilización y barbarie

Moffatt propone un revisionismo clínico que recuerda el pensamiento de Arturo Jauretche. Recupera (2003) la oposición entre civilización y barbarie. Se ha escrito mucho sobre esa proposición inaugural de nuestra literatura y pensamiento político. Una de las frases del Facundo (On en tue oint les idées que Sarniento transforma en A los hombres se degüella, a las ideas no), se puede pensar, también, como paradoja del reconocimiento intelectual .(34)

Moffatt casi no será leído en medios académicos y psicoanalíticos. Muchos, antes de atender a una idea, se fijan en el collar que cada uno lleva en el cuello. Moffatt no tiene las marcas esperadas; a veces, anda decapitado; algunas de sus ideas están de la cabeza; otras, salen ahogadas, sofocadas, urgidas. No importan como adornos. Son parte de una experiencia renegada; es decir, obstinada.

La experiencia renegada tiene forma de una anécdota pícara y trágica. Las psicosis institucionalizadas siguen ahí. Esa violencia persiste con toda su fuerza. No se trata de oponerle, ahora, una épica orillera ni de reivindicar un psicoanálisis ilustrado. Tampoco se propone una nueva acumulación cultural. Lo que siempre está en juego es discutir el sentido institucional de una clínica de las psicosis. (Ay, qué pereza!


Notas

  1. Moffatt integra el equipo de la Comunidad Terapéutica del Centro Piloto del Hospital Esteves que dirige Wilburd Grimson. La experiencia dura dieciocho meses a partir del primero de julio de 1969.

  2. Perspectiva que se lee en Adorno. Recuerdo cómo concluye Marcuse (1954) El hombre unidimensional: ”La teoría crítica de la sociedad no posee conceptos que puedan tender un puente sobre el abismo entre el presente y su futuro: sin sostener ninguna promesa, sin tener ningún éxito, sigue siendo negativa.Así, quiere perrnanecer leal a aquellos que, sin esperanza, han dado y dan su vida al Gran Rechazo. En los comienzos de la era fascista, Walter Benjamín escribió: Sólo gracias a aquellos sin esperanzas nos es dada la esperanza ”.

  3. Pancho Sierra (l813-1891) es el nombre de un curador. Acudían, hasta la estancia El Porvenir, cerca de Pergamino, de todo el país. Tenía condiciones de vidente, manosanta, viejo sabio. Se declaraba espiritista poseedor de rnediumnidad curativa. Utilizaba en sus entrevistas terapéuticas agua fresca que extraía de su aljibe. Vestía botas, bombacha, sombrero de ala ancha y poncho. Apoyaba su poder de sugestión en el magnetismo de su voz, la mirada profunda, sus cabellos y barba blanca. Muchos afios después, sus seguidores atesoraban medallas, estampitas, estatuillas, que lo representaban.

  4. Hugo Vezzeti (1996) sugiere otra serie de los sesenta: Gino Germani y la relación entre ciencias sociaies y psicoanálisis (Fromm y Sullivan), la noción de episternología convergente en Pichón, la psicología de la conducta de Bleger, la reforma de el Lanús que ubica como comienzo institucional de la salud mental entre nosotros.

(5) Dos curiosidades de esa tensión politico cultural: en 1963 MolTatt organiza una instalación fotográfica con irnágenes de barrios pobres de las orillas del Riachuelo (Villa Fiorito, Caraza y Diamante). En 1966, Masotta coordina, en el Instituto Di Tella, su instalación de crítica comunicacional, El Helicóptero.

(6) Aunque el libro Goffman, Asylums está fechado en 1961, la primera edición en castellano es de 1970. La sociología etnográfica de la época se nutre también de la experiencia testimonial de sobrevivientes de los campos de concentración nazis (Primo Levi, Bruno Bettelheim, Víctor Frankl).

(7) Eduardo Pavlovsky (1982) relata que en 1971, junto con Rodrigué, Bauleo y Kesselman, inventan La Casona (un viejo departamento en el barrio de Belgrano), un lugar imaginado como ”espacio ideológico de liberación” y como ”ilusión de descondicionmiento burgués”. Por ese sitio pasa David Cooper.

(8) Moffatt (1974) anota que Camino se había desempeñado poco antes como médico militar en la Antártida, que los edificios de la Colonia habían sido pabellones de un cuartel, que esa comunidad terapéutica sc parecía a una organización militar democrática con momentos de cogobierno con pacientes.

(9) Hugo Vezzetti (1996) destaca parte de esa revuelta política. Los muchos movimientos desencadenados en nuestro medio que pretenden la democracia y la igualdad en los hospitales. Camino, además de su experiencia y la del Esteves cuenta, para la misma época, diez más.

Moffatt (1974) sugiere como antecedenle la experiencia de Luis Guedes Arroyo en el Hospital ”Antonio Roballos” de Paraná. Todas terminaron de un plumazo. Escribe Camino (1985): ”Los ámbitos oficiales de aquella época eliminaron esta reforma psiquiálrica naciente que daba nuevas esperanzas a los pacientes y sus familiares”.

(10) ”’Rodrigué (2000) recuerda la Austen Riggs dirigida por Knight, Erikson y Rappaport, en la que trabajó en los sesenta, como una de las primeras comunidades terapéuticas psicoanalíticas en Estados Unidos. El relato está en Biografia de una comunidad terapéutica (1965). Una clínica para cuarenta y dos personas en la que trabajaba más personal que internados. Una sociedad igualitaria en la que el paciente era ciudadano y en la que el médico compartía el gobierno de la institución. Si la psiquiatría tradicional desconfiaba de un antro en el que los enfermos tenían poder, los revolucionarios radicales pedían disolver los manicomios y no reformarlos. Por su parte, Rodrigué advierte que la utopía de socialismo manicomial creía trabajar con la parte sana del yo en las psicosis. Aunque destaca el valor terapéutico de aquella simulación democrática.

(11)Freire es un educador del nordeste brasileño encargado de la alfabetización de adultos en su país hasta el golpe militar de 1964. Durante los años de la dictadura, termina el texto en Chile, se edita en 1979.

(12)Para la época se conocen, en nuestro medio,diferentes experiencias de teatro politico. Moffatt (1974) menciona las impulsadas por Norman Briski.

(13) La ideología sacrificial o la cuestión del heroismo dice, también, una de las derivaciones del cristianismo sobre el poder médico. Foucault (1965) cita esta frase de un historiador escrita en 1860: ”En nuestros dias, la salud ha reemplazado a lo salvación ”.

(14) ’”A propósito de su viaje a Cuba, Moffatt (1995) dice algo que prefiere no mencionar en público: ”El hospicio: Me quería morir. El famoso hospicio de La Habana, al que iba con expectativa: Un conductismo del más barato, todos, todos los pacientes simulando(....) algo oligofrenizante. No son más locos , sino tontos."

(15) La experiencia con enfermeras y enfermeros de los hospitalcs Cabred, Esteves y Korn, pone a la vista algo que, en otro contexto, observó Hannah Arendt (1962): la rnatanza administrativa es tan espantosa como el genocidio. El aislamiento irreflexivo de los que trabajan en manicomios permite convivir con lo peor. Hablan con indiferencia de personas contenidas (atadas con muñequeras a los barrotes de sus camas). No hay tristeza en los relatos. Tampoco dolor, odio o vergüenza. Simplemente cuentan cosas que hacen, observan, escuchan. Presentan hechos de todos los días con insensibilidad, inocencia, banalidad. Angel Fiasché (1982) observa que la falta, en nuestro país, de enfermeros especializados en salud mental, es cubierta por personal improvisado. Personas mal pagas sin formación que, a veces, recurren a formas marginales de compensación salarial (empleo de los pacientes y robos; tráfico de alcohol, yerba, cigarrillos, medicamentos, entre los enfermos).

(16) Puede leerse el concepto con el nombre de personalidad disocial o trastorno antisocial de la personalidad en la última versión del DSM IV. El término psicopatía, ausente en la obra freudiana (tampoco empleado por Lacan), tiene historia en la cultura psicoanalífica inglesa y argentina. Recuerdo un escrito de Winnicott que se llama La tendencia antisocial.

(17)Transcribo un fragmento del poema La cura' el mate (1994) de Leánidas Lamborghini: )Y no conoce usté la cura'el mate? ... Don Antonio / me la enseño: él risaba en su mate vacío y el mate / en un santiamén se le volvía Templo... ".

(18) Dice (1993) a propósito del electro-shock: "Es la operación inversa al cana. El cana te picanea en los huevos para que hables, y el psiquiatra te la pone en la cabeza para que no hables ". Zito Lema (1974) había escrito sobre lo mismo: "...son comunes los vejámenes y castigos corporales: aquí el enfermero -­aún el médico- reemplaza al guardián, v el electroshock a la picana”. Elida Fernández (2002) en. un breve texto denuncia que, como el Estado no puede pagar medicamentos indicados para pacientes internados, se vuelve al electroshock como recurso barato.

(19) AIgunas ocurrencias de Moffatt tienen la forma de un grafitti, como ésta que dice que "el choripán es el halopidol criollo ". Fórmulas de impacto inicial, con poca elaboración crítica.

(20) Menciono sólo dos experiencias surgidas más tarde en el mismo Hospital: a fines de 1984, el Frente de Artistas del Borda, en la que participa Alberto Sava, y en 1991, a partir de los talleres de la Cooperanza, una radio que realizan los enfermos: LT22 La Colifata, propiciada por Alfredo Olivera. Dejo aparte, el proceso de desmanicomialización que se inicia en Río Negro a mitad de los ochenta con la presencia de Hugo Cohen.

(21) Quizá éstas experiencias contribuyen a su mística empática. La creencia de que hay que entender qué es lo que le pasa al otro desde adentro para poder sacarlo. No se comprende mejor algo por haberlo vivido. Ni es posible, como supone Moffatt, volverse baquiano para salir de atolladeros de subjetividad. Se trata de otra cosa: de dar acogida a lo que no entendemos, de ser hospitalarios con lo que ignoramos, de saber no impedir que otro entre y salga por sitios impensados.

(22)Las ocurrencias de Moffatt recuerdan ideas de otros autores. En este caso, Winnicott, Bion, Lacan.

(23) Idea que repite algo que, a propósito del Presidente Schreber, Freud describe así: "Lo que tomamos por una producción mórbida, la formación delirante, es, en realidad, una tentativa de sanar, una reconstrucción”.

(24)Quizá esta experiencias contribuyen a su mística empática. La creencia de que hay que entender qué es lo que pasa al otro desde adentro para poder sacarlo. No se comprende mejor algo por haberlo vivido. Ni es posible, como supone Moffatt, volverse baquiano para salir de atolladeros de subjetividad. Se trata de otra cosa: de dar acogida a lo que no entendemos, de ser hospitalarios con lo que ignoramos, de no saber no impedir que otro entre y salga por sitios impensados.

(25) La idea de pérdida de kilòmetro cero es interesante. Se enriquecería si Moffatt no se privara de una idea que Lacan (1956) sugiere antes: la carretera principal como significante que hace falta en las psicosis.

(26) Zizek, Slavoj (1999). El acoso de las fantasías. Siglo XXI. México.

(27) Zizek, Slavoj (1989). El sublime objeto de la ideología. Siglo XXI. México, 1992.

(28) Me recuerda la escena en que los personajes de la trilogía de los hermanos Wachowski despiertan para tener la visión horrorosa de que fuera de la Matrix hay un mundo sin calor, sin color, sin sabor, sin naturaleza. Un paisaje en ruinas. Es lo que dice Morfeo a Neo cuando le hace ver el escenario de Chicago sin envoltura de imágenes virtuales: "Bienvenido al desierto de lo real". Es posible que, en momentos de crisis, cada uno se asome al desolado desierto de lo real. Imagino un comentario con el que Moffatt se mofaría de este último párrafo. Diría: ") Vieron? Al final, soy un lacaniano avant la lettre.

(29) Recuerdo una observación de Deleuze "Qué curiosa confusión la del vacío con la carencia ". Por nionientos, Moffatt se apoya en otra imagen de vacío que toma de una pregunta zen.. ")Cómo es el sonido de un árbol que cae en un bosque donde no hay nadie? ". Una idea de vacío fuera de la mitología del terror. Un vacío que es serenidad de ausencia. Vacío que trastoca la evocación porque es llamado de algo que no tiene representación.

(30) Moffatt observa dos formas de salir del vacío que asimila a una especie de terapéutica espontánea de los pobres: emborracharse y pelearse. Recordamos otra: el retorno de la palabra que se desliza más allá de las cosas para poder hablar.

(31) Cada tanto tiene arrebatos que comparto. Dice (1995): "Por eso Freud no “descubrió” el inconsciente, sino que lo 'inventó'. Se trataba de explicar lo inexplicable ".

(32)A Moffatt le cabría este diálogo que imagino dibujado por Fontanarrosa: ")A qué psicoanalista francés sigue usted, Don Alfredo? ". A lo que respondería: "De mejor pregúntele al Mendieta que sabe más sobre la can, porque anduvo revolcao con esa perra...”

(33) En la novela de Mario de Andrade la historia de Macunaíma es contada por un loro. Una voz que relata una historia sin escritura. Se ha dicho que pone a la vista el problema de la oralidad en las culturas populares latinoamericanas.

(34)Recuerdo un texto de Piglia (1980) sobre la función de esta cita en el Facundo.

Bibliografía de Moffatt


Moffatt, Alfredo (1967). Estrategias para sobrevivir en Buenos Aires. Editorial Jorge Alvarez. Buenos Aires, 1967.

Moffatt, Alfredo (1972). La experiencia de la Peña del Fogón. En Grimson, Wilbur. Sociedad de locos. Experiencia y violencia en un hospital psiquiátrico. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires.

Moffatt, Alfredo (1973). Hacia una psiquiatría popular. En Grimson, Wibur (compilador). Nuevas perspectivas en Salud Mental. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires.

Moffatt, Alfredo (1974). Psicoterapia del oprimido. Ideología y técnica de la psiquiatría popular. Editorial Librería ECRO, Buenos Aires.

Moffatt, Alfredo (1982). Terapia de crisis. Teoría temporal del psiquismo. Ediciones Búsqueda, Buenos Aires.

Moffatt, Alfredo (1984). Entre crotos y sabihondos (Entrevista realizada por Fernando Almirón). Revista El Porteño, Buenos Aires, noviembre 1984.

Moffatt, Alfredo (1986). Los linyeras, los lacanianos y las mañas del poder (Entrevista). Revista Unidos. Año IV, Número 10, Buenos Aires, junio de 1986.

Moffati, Alfredo (1995). Conversación entre relojes (Entrevista realizada por Horacio González y Eduardo Rinesi). Revista El Ojo Mocho. Año V, Número 6, Buenos Aires, invierno de 1995.

Moffatt, Alfredo (2000). Viajes por los bordes de la razón. Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, Diario Página 12. 10 de marzo de 2000.

Moffatt, Alfredo (200l). Civilización y Barbarie )cuál es cuál? Diario Página/12. 13 – 7 - 200 1.



Moffatt, Alfredo (2001). Terapia de crisis. La conciencia acrónica. Revista Campo Grupal. Año 4, Número 26, Buenos Aires, agosto de 2001.

Moffatt, Alfredo (2003). En caso de angustia rompa la tapa. Terapia de crisis, teoría y técnicas. Astralib Cooperativa Editora, Buenos Aires.


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