1. la psicología social. La influencia social


- LAS RELACIONES SOCIALES.-



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3.- LAS RELACIONES SOCIALES.-
Los psicólogos sociales se interesan por las relaciones sociales que definen la naturaleza de cada persona. Han investigado aspectos positivos, como la atracción interpersonal o la conducta prosocial (altruismo), y otros nocivos, como la agresión humana.
3.1. LA AGRESIVIDAD HUMANA
El término “agresivo” puede resultar ambiguo porque se utiliza con varios significados. La gente habla de deportistas agresivos, empresarios agresivos, políticas agresivas... En psicología se reserva el término “agresividad” para hacer referencia a cualquier conducta física o verbal que intenta herir a alguien. De ahí que los casos anteriores técnicamente no serían actos o personas agresivas porque no hay intención de herir. Tampoco serían agresivas todas aquellas conductas en las que alguien resulta herido pero no existía la intención de hacer daño.
Podemos definir la agresión como una conducta cuya intención es hacer daño. Cuando la agresión es un fin en sí misma suele denominarse agresión afectiva (hostil). Cuando se utiliza como un medio para conseguir otros fines conductuales (por ejemplo, librarnos de una agresión), materiales (por ejemplo, que la víctima nos dé su dinero) o simbólicos (por ejemplo, robustecer nuestra imagen como patriotas) se denomina agresión instrumental.
Es necesario tener en cuenta, en primer lugar, que la agresión no sólo implica daño físico sino que puede producirse de forma simbólica, lo que incluye, no sólo la agresión verbal, sino también determinadas conductas no verbales (por ejemplo, dar la espalda, alejarse físicamente de alguien como si oliera mal, etc.) y otras formas de comunicación tales como el cine o la pintura (por ejemplo, la representación en el cine de un determinado grupo étnico como estúpido o taimado, o la adjudicación sistemática de rasgos físicos o psicológicos degradantes a los personajes con una determinada orientación sexual). En segundo lugar, el daño no sólo se provoca por comisión, haciendo algo que positivamente daña a alguien o algo (agresión activa) sino también por omisión (agresión pasiva), no haciendo algo que permitiría a la víctima eludir un daño (no necesariamente generado por nosotros). Finalmente, podemos hacer daño a alguien en su presencia (agresión directa) o a distancia, induciendo una agresión directa por parte de terceros o atacando personas u objetos relacionados con la víctima (agresión indirecta).
¿Por qué hay tanta agresividad y violencia en el mundo? ¿Por qué son tan crueles y hostiles unos seres humanos con otros? ¿Cómo es posible que alguien insulte, golpee o mate a otra persona? ¿Cuáles son las causas de la conducta agresiva?
Las dos perspectivas que gozan de mayor aceptación son las explicaciones de Freud y del etólogo K. Lorenz, que defienden que su origen es innato, mientras que teóricos del aprendizaje social, como Bandura, aunque reconoce influencias genéticas, considera que la conducta agresiva es aprendida.


      1. Teoría del instinto:

En su obra Más allá del principio del placer, Freud reconoció dos impulsos básicos: de autoconservación (instinto de vida, Eros) y el impulso de muerte (Thanatos), tendencia hacia la muerte. De igual manera que la energía sexual reduce la tensión por medio de la actividad sexual, Freud pensaba que había que canalizar hacia el exterior del individuo la energía destructiva del impulso de muerte.


El etólogo K. Lorenz, premio Nobel por sus trabajos sobre el comportamiento animal, defendió en su obra Sobre la agresión (1963) que ésta es una disposición innata, común a los animales y humanos, porque sirve para la supervivencia de la especie, de igual manera que otras disposiciones, como el cuidado de las crías.
Entre las acciones conservadoras de la especie destacan:

- La territorialidad o la distribución del espacio vital disponible es una condición indispensable en la conducta agresiva animal.

- El establecimiento de la jerarquía social dentro del grupo.

- La selección de los animales mejores y más fuertes para la procreación.


K. Lorenz, al igual que Freud, concibe la agresión como algo inevitable, pero que puede canalizarse hacia metas no destructivas, como el deporte. Afirmar que el hombre es un ser agresivo por naturaleza es una respuesta sencilla y fácil. La supuesta maldad innata del hombre es una explicación que satisface a muchas personas, porque así se liberan de toda culpabilidad y eluden su responsabilidad de buscar las causas sociales de la agresión, tarea llevada a cabo por los teóricos del aprendizaje social.


      1. Teoría del aprendizaje social:

Los partidarios de esta postura niegan la existencia de una pulsión agresiva y defienden que las conductas agresivas se deben a procesos de aprendizaje. Pero, ¿cómo se aprenden las conductas agresivas?, ¿qué estímulos o situaciones provocan la aparición de la agresión?, ¿qué factores mantienen esa conducta?


Los condicionamientos clásico e instrumental pueden desencadenar la ira o la agresión. Los animales y las personas experimentan dolor cuando son castigadas. La respuesta de dolor puede producir una emoción de ira, la cual, a su vez, activa una conducta de agresión. Estímulos neutros, asociados a estímulos desagradables, adquieren también un carácter negativo y provocan respuestas similares.
Hay circunstancias que favorecen la conducta agresiva, como la frustración, el ataque físico o verbal, la tensión ambiental originada por el calor o el hacinamiento, etc.
Para Bandura, defensor del aprendizaje social, el comportamiento agresivo, al igual que otras formas de conducta social, se aprende por reforzamiento y por modelado. La conducta agresiva depende de las contingencias ambientales y aumenta si es recompensada o admitida socialmente o supone resultados satisfactorios para el agresor.
En la vida cotidiana, los modelos agresivos pueden aparecer en la familia, la pandilla o en los medios de comunicación de masas. Los hijos que han sido castigados por sus padres suelen ser agresivos en sus relaciones con los demás. Ciertas pandillas presentan modelos agresivos a sus miembros. Y la televisión ofrece una gama muy amplia de modelos violentos.
De algunos experimentos realizados sobre la observación de la violencia en televisión pueden extraerse estas conclusiones:

- Incrementa la agresividad.

- Desensibiliza a los observadores ante la violencia.

- Moldea sus suposiciones sobre la realidad social.




    1. ALTRUISMO Y CONDUCTA PROSOCIAL


La conducta prosocial constituye una categoría amplia que incluye toda conducta considerada como beneficiosa para otras personas y para el sistema social P. ej., reciclar basura). Dentro de esta categoría amplia se pueden distinguir tres subcategorías:


  1. Ayuda: cualquier acción que tenga como consecuencia proporcionar algún beneficio o mejorar el bienestar de otra persona. No requiere necesariamente un contacto directo.




  1. Altruismo: Que las consecuencias de una conducta sean beneficiosas para quien las recibe no significa que sea una conducta altruista. Se requieren, además, otras condiciones. Así, según los psicólogos sociales, el altruismo incluiría sólo aquellas conductas de ayuda realizadas voluntaria e intencionadamente con el fin de reducir el malestar de otra persona. Los sociobiólogos, etólogos y psicólogos evolucionistas, por su parte, definen el altruismo como aquella conducta de ayuda que proporcione más beneficios al receptor que al que la realiza.




  1. Cooperación: en lugar de haber un benefactor y uno o más receptores de la ayuda, dos o más personas se unen para colaborar en la obtención de una meta común que será beneficiosa para todos los implicados.

¿Por qué hay personas que ayudan a otras sin ningún interés y otras ignoran los gritos de socorro y no intervienen en una urgencia? ¿Somos egoístas o altruistas? Varias perspectivas explican la existencia de este tipo de conductas:


3.2.1. Perspectiva evolucionista:
Una respuesta es que ayudamos a los demás como resultado de un proceso de selección natural. Desde esta perspectiva, explorada fundamentalmente por la Sociobiología, el altruismo existiría porque, en contra de lo que pueda parecer a primera vista, incrementa la probabilidad de transmitir nuestros genes.
Los tres mecanismos principalmente propuestos desde esta perspectiva para explicar por qué las personas ayudan a los demás son:
- La selección por parentesco: Ayudamos a nuestros parientes o incluso perdemos la vida por ellos porque salvando a nuestros parientes (especialmente a nuestros hijos o hermanos) garantizamos, de forma indirecta, la supervivencia de nuestros propios genes.
- La selección natural, además, podría favorecer, en ciertas especies (incluida la humana) una cierta mutación a favor de la reciprocidad que acabaría mostrándose como una estrategia más rentable que el egoísmo y modificaría la estructura social de la población. Las personas ayudan a otras porque esperan ayuda a cambio, y si no corresponden son castigadas. De ahí que los tramposos o traidores sean despreciados en todas las culturas.
- Un tercer mecanismo para explicar la evolución del altruismo es la selección de grupo: Según esta teoría, cuando dos grupos compiten entre sí, aquel que tenga más personas dispuestas a sacrificarse por su grupo de manera altruista, o a cooperar entre sí, será capaz de quedar por encima del grupo en el que predominen las personas egoístas
Entonces, ¿cómo es posible el altruismo hacia extraños?, ¿por qué hay personas que trabajan con leprosos? Según los sociobiólogos, la humanidad desarrolla reglas éticas y religiosas que limitan la inclinación biológica hacia el egoísmo.
3.2.2. Normas sociales:
Para paliar el conflicto entre las tendencias altruistas y egoístas del individuo existen reglas en todas las culturas que prescriben el actuar de forma prosocial. Estas reglas son muchas veces implícitas y se transmiten generacionalmente mediante el proceso de socialización que tiene lugar desde el nacimiento del individuo o su incorporación a un determinado grupo: leyendas, cuentos, preceptos religiosos....

Las normas guían la conducta e indican lo que la gente debe hacer, así como lo que debe esperar según lo que haga. En los comportamientos altruistas influyen tres normas sociales:

  1. Reciprocidad implica que hay que ayudar a aquellos que nos han ayudado. Es decir, ayudamos para devolver favores, o con la esperanza de que nos los devuelvan. Muchos son donantes de sangre porque sus familiares recibieron ayuda en otras ocasiones y conocen la frase que dice: «los donantes de sangre de hoy son los receptores de mañana». y hay que negar la ayuda a los que nos la han negado.

  2. Equidad: que prescribe que en una relación debe haber un equilibrio entre lo que cada uno aporta y lo que recibe.

  3. Responsabilidad social: Prescribe que las personas deben ayudar a las personas necesitadas sin que por ello deban ser correspondidas en el futuro. La investigación sobre la norma de responsabilidad ha mostrado que las personas tendemos a sentimos más responsables por la suerte de otros en la medida en que éstos muestren una mayor dependencia, es decir, en la medida en que el futuro del otro dependa de nuestras acciones.


3.2.3. El intercambio social:
Según esta teoría, el interés propio es la base de todas las interacciones humanas, el objetivo es maximizar las recompensas y minimizar los costes.
Las recompensas pueden ser externas; por ejemplo, las empresas donan dinero a asociaciones deportivas o fundaciones benéficas para mejorar su imagen; o internas, algunos donantes de sangre lo hacen porque «se sienten bien».
Cialdini y cols. propone el modelo del “alivio del estado negativo”: cuando la gente experimenta emociones negativas de culpa por haber perjudicado a alguien o de tristeza por haber sido testigo de un daño a otra persona, se siente motivada a reducir a reducir el estado emocional desagradable. Este modelo señala que una de las formas de reducción del estado emocional desagradable es la conducta de ayuda, pero no es la única vía, pues si la persona encuentra antes otra alternativa, la conducta de ayuda será menos probable, lo mismo que si piensa que el ayudar no le va a liberar de su malestar, tampoco se sentirá motivada a hacerlo.
Otro modelo motivacional es el de activación y coste-recompensa de Piliavin y cols. Este modelo sostiene que el presenciar el sufrimiento de otra persona provoca en el individuo una activación que se experimenta como una emoción desagradable que mueve al individuo a reducirla.
Pero la activación por sí sola no lleva a la acción de ayudar. Debe ser interpretada como debida al sufrimiento de la otra persona. Si se atribuye a otra causa, el individuo tenderá mucho menos a ayudar como medio para reducir esa activación.
El nivel de activación influye en el segundo elemento del modelo, la percepción de los costes y las recompensas de diversas alternativas de acción para reducir esa activación. El individuo evalúa los pros y los contras de cada alternativa y se decide por la que suponga menos costes y más recompensas: a medida que aumenta el nivel de activación la atención se centra en aspectos importantes de la situación, pudiendo alterar la forma en que se percibe: las personas que acuden rápidamente a una emergencia.





Ayudar

No Ayudar

Costos

Pérdida de tiempo, dinero o recursos

Daños, perjuicios

Esfuerzo físico

Costo emocional

Empeorar la situación

Responsabilidad legal



Culpa

Desaprobación social

Responsabilidad legal


Beneficios

Auto-alabanza, auto-estima

Compensación económica

Aprobación social

Aprecio del receptor

Sentimientos positivos


Evitar riesgos de daños

Evitar riesgos de ayudar










Costes de ayudar

Bajos

Altos

Costes de no ayudar

Altos

Intervención directa

Intervención indirecta: buscando a otra persona que socorra a la víctima

Reducción de los costes de no ayudar: mediante redefinición de la situación, atribución de la responsabilidad a la víctima, difusión de la responsabilidad etc

Bajos

Depende de las variables de personalidad, de las normas que regulen la situación, relación entre los participantes....

Negación o ignorancia del problema, abandono de la situación



Estos dos modelos tienen en común una visión egoísta de la conducta de ayuda: la gente ayuda para liberarse de un estado emocional desagradable o para obtener un refuerzo o evitar un castigo

3.2.4. Determinantes situacionales de la conducta de ayuda
Los psicólogos también muestran interés por explicar la falta de participación durante situaciones de emergencia. ¿Por qué hay gente apática ante situaciones de emergencia, como un accidente de tráfico o un ataque en plena calle? ¿Ignoramos a los borrachos y vagabundos?
ACTIVIDAD

Lee el texto relativo al caso de Kevin Carter sobre sobre la inhibición de la ayuda y relaciónalo con la información que se expone a continuación.


El detonante que impulsó esta línea de investigación a finales de los sesenta fue el llamado “incidente de Kitty Genovese: Una mujer joven brutalmente asesinada cuando volvía a su casa en un barrio de Nueva York. El interés estriba no en el asesinato, sino el hecho de que, mientras un solo hombre atacaba y apuñalaba a Kitty Genovese en un episodio que se prolongó durante unos 45 minutos, hubo 38 testigos, personas normales, que presenciaron el incidente desde el principio hasta el final sin hacer nada para evitarlo ¿Como era posible que ninguno de los testigos acudiera en su ayuda?
Darley y Latané, concluyeron que la intervención o no en casos de emergencia es el resultado de un proceso de decisión que tiene lugar en la mente del individuo, proceso en el cual influyen una serie de factores situacionales. Según este modelo, para que un individuo que se encuentra ante una emergencia, decida ayudar:

a) Se tiene que dar cuenta de que algo esta ocurriendo, pues muchas cosas que ocurren en nuestro alrededor pueden pasar desapercibidas: por sobrecarga estimular, nivel de estrés.

b) Si de da cuenta pueden ocurrir dos cosas: que lo interprete como una emergencia o que no. Esto dependerá de la claridad de la situación y de lo que hagan los demás. Cuando la situación es ambigua y los indicios físicos no aportan las claves necesarias para saber qué está pasando, la gente recurre a indicios sociales, utilizando la conducta y las opiniones de otros como información sobre la realidad y sobre lo que hay que hacer en esa situación.

c) Además, no basta con se dé cuenta de que ocurre algo ni de que lo interprete como una emergencia. Debe asumir la responsabilidad de intervenir, y tomar la decisión de hacerlo, si se considera capaz de prestar ayuda.


Pues bien, en este proceso son varios los factores que contribuyen a la inhibición social y reducen nuestra ayuda:

- Si la situación de emergencia es ambigua se produce la ignorancia pluralista, en el que nadie hace nada... porque nadie hace nada. Dado que una situación de emergencia suele ser relativamente poco frecuente en nuestras vidas, es posible que prestemos especial atención a los demás para inferir cual es el comportamiento adecuado, pero también es posible que nadie sepa muy bien qué hacer. Se entra así en un círculo vicioso de consecuencias potencialmente fatales. Cada observador duda y trata de saber qué pasa. Así, unos observadores son modelos de pasividad para los otros.

- La inhibición por la audiencia: Al ser visto por otras personas; el miedo al ridículo o a romper ciertas normas de decoro en lugares públicos o la duda sobre su capacidad para intervenir con éxito en algunas situaciones, como en los accidentes de tráfico pueden frenar a muchas personas para evitar el riesgo de proceder inadecuadamente.

- La "difusión de la responsabilidad": mientras que un testigo solitario de un hecho grave es el único responsable por omisión de lo que allí ocurra, la presencia de otros testigos distribuye y atenúa la culpa. Además, la presencia de otros testigos no sólo disminuye la culpabilidad sino que induce a pensar que algún otro de los testigos ya habrá tomado medidas o estará a punto de tomarlas, facilitando la apatía.


3.3.- ATRACCIÓN Y RELACIONES INTERPERSONALES
La atracción interpersonal se puede entender como el juicio que una persona hace de otra a lo largo de una dimensión actitudinal cuyos extremos son la evaluación positiva (amor) y la evaluación negativa (odio). Pero hay que añadir que este juicio o actitud no se suele quedar en esta dimensión cognitivo-evaluativa, sino que es frecuente que vaya asociado a conductas, sentimientos y otras cogniciones.
¿Qué es lo que hace que una persona nos resulte atractiva mientras otras apenas nos llaman la atención? La respuesta no es simple.
3.3.1 EXPLICACIONES PSICO-SOCIALES DE LA ATRACCIÓN.
A lo largo de los años se han propuesto muchas explicaciones alternativas de este fenómeno.
3.3.1.1 Teoría de la asociación y del refuerzo.
Asociación: de acuerdo con los principios formulados en el condicionamiento clásico, nos sentiremos atraídos hacia quienes aparezcan asociados a experiencias buenas para nosotros y nos desagradarán quienes estén asociados a malas experiencias.
El hecho de que las personas conozcamos, aunque sea intuitivamente, los efectos de la simple asociación, puede explicar el hecho de que las personas nos resistamos a transmitir malas noticias a los demás. Las distorsionamos, las hacemos menos negativas o nos las callamos, aunque no tengamos nada que ver con tales noticias. La razón parece estar en que creemos que, al transmitirlas, apareceremos asociados al evento negativo ante los ojos del receptor y le resultaremos poco atractivos.
Otro mecanismo básico del aprendizaje es el refuerzo. Aplicado en el caso de la atracción interpersonal, este mecanismo significaría que nos sentiríamos atraídos hacia quienes nos recompensan.
De ahí se sigue, según muchos autores, que un factor que determina que alguien nos caiga bien es cuánto beneficio obtenemos de él. Sin embargo, esta visión tiene algunos problemas obvios.

– Puede gustarnos más alguien que es crítico con nosotros si eso quiere decir que ha reflexionado sobre lo que decimos. Además los estudios muestran que percibimos a las personas críticas como más inteligentes.

– Tampoco nos gustan los elogios de alguien si sabemos que son inmerecidos. Por ejemplo, que nos digan que hemos hecho un buen trabajo cuando sabemos que no lo hemos hecho bien.

En general, lo que nos importa no es tanto que nos elogien o que nos hagan favores como saber cuáles son los motivos que subyacen a los elogios. Por tanto, lo que importa es la atribución que hacemos de los elogios.


3.3.1.2 Teoría del intercambio.
La teoría del intercambio es una variante más compleja de la teoría básica del reforzamiento, establece que tomamos en consideración las recompensas y los costes en todo lo que hacemos, aun cuando no estemos al tanto conscientemente de ello. De acuerdo con la teoría del intercambio social, una persona nos resultará atractiva si creemos que las recompensas que se derivan de tal relación son mayores que los costes que implica.
El juicio sobre lo beneficioso que resulta o puede resultar una relación para nosotros y, en consecuencia, el juicio del atractivo de la persona implicada en dicha relación, depende de las comparaciones que efectuamos utilizando dos criterios:

a) El nivel de comparación con la calidad de los resultados que una persona cree que se merece. Este nivel se basa en las experiencias pasadas y cualquier situación actual sólo será juzgada como beneficiosa si excede dicho nivel de comparación. Por supuesto este nivel cambia con el tiempo.

b) El nivel de comparación con alternativas. Una relación simplemente algo satisfactoria puede ser la mejor evaluada si es la única alternativa. En cambio, cuando en esa misma situación se presente una mejor relación alternativa, que promete más recompensas que costes, es probable que la evaluación de la primera caiga en picado y dicha relación deje de existir.

Lo importante de estos últimos enfoques es su énfasis en el papel que las evaluaciones subjetivas tienen en el proceso de intercambio social.


3.3.1.3. La búsqueda de consistencia cognitiva.
El principio básico común a todas las teorías de la consistencia cognitiva era que las personas intentamos mantener la coherencia entre nuestras actitudes y entre éstas y nuestras conductas.
Aplicando este principio al campo de la atracción interpersonal, podríamos citar como ejemplos de relaciones equilibradas o consistentes las siguientes: tener como compañeros de trabajo a personas que nos caen bien o ver muchas películas de nuestro actor favorito. En cambio como ejemplos de relaciones inconsistentes: discrepar profundamente en cuestiones ideológicas de nuestros amigos, tener aficiones opuestas a nuestra pareja... Las soluciones a tales situaciones desequilibradas podrían ser tan diversas como cambiar nuestra ideología, divorciarnos...
Una consecuencia curiosa de la teoría de la disonancia cognitiva, es que una buena forma de conseguir el aprecio de alguien es conseguir que nos haga un favor (más que hacérselo nosotros a ella). Pues, según la teoría, las personas que nos hacen favores, para reducir su disonancia (estoy haciendo un favor a alguien cuando tal vez estaría mejor no haciéndolo) se convencen de que nos hacen el favor porque quieren, porque nos aprecian...
3.3.2. Factores situacionales que influyen en la atracción.
Además de las explicaciones alternativas que se han propuesto para dar cuenta del fenómeno de la atracción, parece fuera de duda la existencia de múltiples factores que desempeñan un papel más o menos importante en su aparición y en su intensidad.
3.3.2.1 Proximidad.
Resulta obvio que no podemos sentirnos atraídos, de la misma manera que no podemos odiar, a quien no conocemos.

¿Por qué parece tan importante la proximidad física para el desarrollo de la atracción? Varias son las explicaciones que se han sugerido:



  1. Las personas más cercanas físicamente son también, generalmente, las más accesibles. Lo importante para la atracción es la posibilidad de interacción que genera la cercanía, no la cercanía per se.

  2. En nuestra sociedad, como en muchas otras, se nos ha enseñado que puede ser inadecuado, o incluso peligroso, tratar con extraños.

  3. La proximidad puede incrementar la familiaridad y ésta puede, a su vez, incrementar la atracción. Este efecto fue denominado el “efecto de la mera exposición”: la percepción de forma repetida de un estímulo que inicialmente es neutral o positivo lleva a una mayor atracción hacia el mismo. En el caso de las percepciones interpersonales: cuanto más se conoce a una persona, con mayor capacidad nos consideramos de poder predecir su conducta y existe una mayor probabilidad de que conozcamos los parecidos que tiene con nosotros.

  4. La semejanza es otro factor que explica la mayor atracción hacia quienes tenemos cerca.

  5. Según las Teorías de la consistencia cognitiva, pasar mucho tiempo con alguien y que éste resulte desagradable, es una relación desequilibrada, pues no hay coherencia entre ambas cogniciones. Este desequilibrio pondrá en marcha ciertas fuerzas para restablecer el equilibrio, cambiando el signo de algunas de las dos relaciones: cambiando nosotros de trabajo o de destino, o descubriendo que dicha persona no es tan desagradable como creíamos.


No siempre la proximidad influye positivamente: el efecto de mera exposición se da cuando le estimulo sea positivo o neutro, no negativo: convivir con quienes odiamos puede incrementar ese odio, en lugar de atenuarlo
3.3.2.2 Características físicas.
Siendo todo lo demás igual, una persona con apariencia física agradable resulta más atractiva que otra con apariencia física menos agraciada.
Pero ¿qué hace atractiva a una persona? Centrándonos en las características físicas, algunas investigaciones han mostrado que un rostro femenino atractivo es aquel de aspecto infantil ojos grandes y separados, nariz pequeña, sonrisa amplia y barbilla pequeña) o con características de madurez Pómulos prominentes, cejas altas y pupilas grandes). En esto coincidían hombre y mujeres y personas de diferentes razas. Respecto al atractivo físico de los hombres los estudios son más escasos y el consenso menor.

Otras características físicas que pueden influir en el atractivo, como es la estatura, positivamente en los varones y negativamente en las mujeres o de la estructura corporal.

En la evaluación que los varones realizan del atractivo de las mujeres, la estructura corporal tiene un peso incluso mayor que el rostro.

En contraposición a la postura que defiende la existencia de unos rostros prototípicos atractivos, otros investigadores (Langlois y Roggman, 1990), han encontrado que los rostros promedio, tanto de hombres como de mujeres eran considerados más atractivos que los rostros singulares reales. Lo mismo ocurre con los rostros simétricos.







¿Por qué nos resulta atractivo un físico agradable? Existen varias explicaciones:

- Una recurre a las




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