0603 Los problemas de la nueva cultura



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Juan Calvino

En 1541 los ginebrinos volvieron a llamarle y, esta vez, Calvino no se limitó a predicar y a tratar de influir en las costumbres, sino que asumió un verdadero poder político, que ejercería hasta su muerte. Aunque mantuvo formalmente las instituciones representativas tradicionales, estableció un control de hecho sobre la vida pública, basado en la asimilación de comunidad religiosa y comunidad civil.

Un Consistorio de ancianos y de pastores -dotado de amplios poderes para castigar- vigilaba y reprimía las conductas para adaptarlas estrictamente a la que suponían voluntad divina: fueron prohibidos y perseguidos el adulterio, la fornicación, el juego, la bebida, el baile y las canciones obscenas; hizo obligatoria la asistencia regular a los servicios religiosos; y fue intolerante con los que consideraba herejes (como Miguel Servet, al que hizo quemar en la hoguera en 1553).

El culto se simplificó, reduciéndolo a la oración y la recitación de salmos, en templos extremadamente austeros de donde habían sido eliminados los altares, santos, velas y órganos.

La lucha por imponer todas estas innovaciones se prolongó hasta 1555, con persecuciones sangrientas, destierros y ejecuciones; después, Calvino reinó como un dictador incontestado. Ginebra se convirtió así en uno de los más importantes focos protestantes de Europa, desde donde irradiaba la Reforma. El propio Calvino se esforzó hasta el final de su vida por hacer proselitismo, extendiendo su influencia religiosa, especialmente hacia Francia.

Muerto Ulrico Zuinglio en 1531, Calvino se había erigido en el principal dirigente del protestantismo europeo, capaz de hacer frente a la Contrarreforma católica. El calvinismo superó pronto en influencia al luteranismo (limitado al norte de Alemania y los países escandinavos): calvinista fue el protestantismo dominante en Suiza y en Holanda, así como el de los hugonotes franceses, los presbiterianos escoceses o los puritanos ingleses (que después emigraron a Norteamérica), y otras comunidades importantes de tendencia calvinista surgieron en países como Hungría, Polonia y Alemania.

Calvino se opuso siempre a la fusión de las iglesias reformadas inspiradas por él con las de inspiración luterana, alegando irreductibles diferencias teológicas. Entre éstas destaca la doctrina de la predestinación.

Según Calvino, Dios ha decidido de antemano quiénes se salvaran y quiénes no, con independencia de su comportamiento en la vida; el hombre se salva si ha sido elegido para ese destino por Dios; y las buenas obras no constituyen méritos relevantes a ese respecto, sino una conducta también prevista por el Creador.

Quienes han sido destinados a la salvación han sido también destinados a llevar una vida recta; curiosamente, esta doctrina produjo entre los creyentes calvinistas un efecto moralizante, caracterizándose dichas comunidades por un extremado rigor moral y una dedicación sistemática al trabajo, como Calvino prescribió. Otras peculiaridades de su doctrina, como la de admitir el préstamo con interés (en contraste con los católicos y con los luteranos) han permitido que desde Max Weber algunos historiadores vieran en la ética calvinista el «caldo de cultivo» más propicio para el desarrollo de la moderna economía capitalista.

Huldrych Zwinglio 1484 - 1531


También conocido como Huldrych Zwingli o Ulrico Zuinglio, fue Reformador protestante suizo (Wildhaus, Sankt-Gallen, 1484 - Kappel, 1531). Procedente de una familia de labradores acomodados, Huldrych Zwinglio estudió en las universidades de Basilea y Viena, siguió la carrera eclesiástica y se hizo cura (1506) y capellán castrense (1513). Por sus lecturas y contactos personales recibió la influencia del humanismo renacentista (de Erasmo de Rotterdam, entre otros) Desde que fue destinado como predicador a la catedral de Zúrich en 1518, pasó gradualmente de defender la purificación de la piedad católica a criticar al papa y a la Iglesia romana, con la que rompió en 1523.

Aunque conocía los escritos de Lutero, Zwinglio inició su propia vía reformista de manera independiente y se distanció del reformador alemán, adoptando posiciones más radicales. Su programa político y religioso quedó plasmado en las 67 tesis de 1523 y su doctrina teológica en la obra Comentario sobre la verdadera y la falsa religión (1525).

Zwinglio hizo de la Biblia la única autoridad en materia religiosa, rechazando el magisterio de la Iglesia y la dependencia de Roma. Condenó el culto a las imágenes y las reliquias, sustituyó el latín por el alemán en la liturgia, eliminó los sacramentos de la eucaristía, la confirmación y la extremaunción, eliminó de los templos los órganos y los altares, e hizo proscribir la tradicional exportación de mercenarios suizos a los ejércitos europeos.


Huldrych Zwinglio

Su reforma se inició en Zúrich, donde contó con el apoyo del magistrado que gobernaba la ciudad; luego pretendió extenderla a toda Suiza y vincular el poder religioso con el poder político, entrando así en conflicto con los fieles católicos y de otras confesiones protestantes (como los anabaptistas). Consiguió extender sus enseñanzas a los cantones de Berna, Sankt-Gall, Constanza y Basilea, que formaron una liga de cantones protestantes y buscaron el apoyo de príncipes alemanes opuestos a los Habsburgo (aliados, a su vez, de los cantones católicos de Suiza).

Tras una entrevista con Lutero (Coloquio de Marburgo, 1529), en la que ambos líderes fracasaron en el intento de aunar posturas doctrinales para unificar sus fuerzas político-militares, Huldrych Zwinglio lanzó a sus partidarios a la guerra contra los cantones católicos. El enfrentamiento se produjo en la batalla de Kappel (1531), que se saldó con el triunfo católico y la muerte de Zwinglio.

Ello significó un importante retroceso de la influencia protestante en Suiza, pero los territorios ganados a la reforma por la acción de Zwinglio permanecieron a la larga fieles a sus enseñanzas. Zwinglio fue el principal reformador protestante de la Suiza de habla alemana, mientras que Calvino inspiraría -más tarde- la reforma en la zona francófona. En 1539 los zuinglianos se unificaron con los calvinistas en la Confesio Helvetica.
4. Las guerras religiosas

Las Guerras de religión en Europa fueron una serie de guerras desarrolladas en Europa desde 1524 hasta 1697 aproximadamente, luego del comienzo de la Reforma protestante en la Europa occidental y el norte de Europa. Aunque a veces no guardaban relación entre sí, todas las guerras estaban fuertemente influidas por los cambios religiosos que ocurrieron durante este período, y el conflicto y la rivalidad a las que dieron lugar.

A pesar de la validez universal del concepto, con el nombre de guerras de religión se conocen por la historiografía específicamente las que se dieron en Francia (1562-1598) entre católicos (liderados por los de Guisa) y hugonotes (calvinistas), de la que fue episodio destacado la Matanza de la noche de San Bartolomé.

Tres adjetivaciones de la guerra se encuentran en conceptos como el de guerra justa o el de guerra santa, con los que a veces se asocia, bien para oponerlos o bien para identificarlos o incluso confundirlos.

Entre los conflictos individuales que se pueden identificar en este sentido se encuentran diversidad en duración y en intensidad o influencia :

  • conflictos directamente relacionados con la Reforma entre la década de 1520 a la década de 1540:

    • la Guerra de los campesinos alemanes (1524–1525)

    • la guerras de Kappel en Suiza (1529 y 1531)

    • la Guerra de Esmalcalda (1546–1547) en el Sacro Imperio Romano Germánico

  • la Guerra de los Ochenta Años (1568–1648) en los Países Bajos

  • las Guerras de religión de Francia (1562–1598)

  • la Guerra de los Treinta Años (1618–1648), que afectó al Sacro Imperio Romano Germánico incluidos los conflictos en Austria y Bohemia, Francia, Dinamarca y Suecia

  • las Guerras de los Tres Reinos (1639–1651), que afectó a Inglaterra, Irlanda y Escocia

    • Reforma Escocesa y las Guerras civiles

    • Reforma anglicana y la Guerra Civil

    • Guerras confederadas de Irlanda y la Conquista de Irlanda por Cromwell


Guerra de los Nueve Años

Apelando a un mismo evangelio, los pueblos de Europa no lograron dialogar y se dividieron, de manera militar y administrativa, sin que ninguno de ellos lograra el poder efectivo sobre los restantes. El momento clave de esa lucha fue la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que se produjo básicamente entre los diversos estados de Alemania, pero en la que influyeron casi todas las potencias de Europa.

El resultado de esa guerra, ratificado por la Paz de Westfalia ha marcado la identidad de Europa hasta las dos últimas guerras europeas, que han sido ya mundiales (1914-1918 y 1939-1945). Éstos son los elementos y consecuencias de la Guerra de los Treinta Años, que han marcado la identidad de Europa:

Fue la primera guerra europea. Ciertamente, los papas habían mantenido el ideal de la unidad social y religiosa de Europa y del mundo, pero fueron incapaces de promoverla de un modo activo y realista (respetando y potenciando las diversas opciones sociales y religiosas), de manera que se encontraron implicados en las guerras de religión de los siglos XVI y XVII, que desembocaron (y en algún sentido terminaron) en la de los Treinta Años (1618-1648), la primera guerra europea de la modernidad. También los protestantes quisieron un tipo de unidad social y religiosa, pero cayeron en manos de “príncipes” y de intereses políticos. Así estalló una guerra en ella intervinieron casi todos los estados europeos, desde Suecia hasta España.
La guerra empezó como conflicto religioso y acabó como pacto de poderes políticos. Pronto intervinieron en ella los intereses de los diversos estados, por encima de las diferencias religiosas, y así Francia, reino católico, luchó contra España y Austria (también católicas), para alcanzar la supremacía continental, cosa que logró en la Paz de Westfalia (1648), mientras Inglaterra afirmaba su dominio sobre los mares, a costa del estado español, en decadencia. En el transcurso de la guerra, el poder civil se independizó de los principios religiosos. Los jerarcas cristianos (católicos y protestantes) fueron incapaces de evitar esas guerras, cayendo al fin en manos de intereses políticos y económicos.

Fue una derrota de los poderes eclesiásticos (obispos católicos, pastores protestantes), incapaces de promover y ratificar la paz desde el evangelio. Fue un triunfo de los poderes seculares, en especial los estados nacionales,
de manera que al final acabó siendo casi secundario el que unos fueran católicos y otros protestantes. Los estados (es decir, los príncipes) tomaron el poder y lo impusieron sobre sus vasallos, presentándose así como “principios absolutos” (conforme a una tendencia que marcará la política de la segunda mitad del siglo XVII y de todo el XVIII). La guerra terminó con el triunfo de una nueva política absolutista de los estados y la derrota de las Iglesias como tales.




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