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Vocación, trabajo e hijos.

Los hechos vitales en las narrativas de las mujeres policías salteñas

Julieta Ruth Rivera

Cada mujer policía de Salta, cuando relata su vida laboral a su vez expresa parte de la condición genérica femenina1. Esta condición genérica posee la particularidad de producir hechos vitales en la vida de las mujeres- que se disponen como mojones en sus vidas y en los relatos que de ellas realizan (narrativas)- que si bien pueden aparecer como personales, permite comprobar, a la vez, la condición genérica compartida por las mujeres en su especificidad, definida por su particular situación de vida y concretada en la vida única que cada una desarrolla2.Además en estos relatos es posible aprehender un código del poder existente en las relaciones de género que se manifiesta ya sea como un aparto de violencia organizada, mediante la distribución desigual de ventajas y recursos en ámbitos laborales u hogareños, y la imposición de una forma particular de interpretar ideales, de plantear ciertos problemas, o definir cánones morales desde un discurso hegemónico masculino3.

Tres hechos vitales pueden ser señalados en las narrativas de las policías salteñas, ya que se reiteran significativamente como importantes en las trayectorias labores/personales de las mujeres policías: el ingreso a la institución, la obediencia en el trabajo policial y el “tener” la propia familia.

“Si ella se busca ese trabajo y le gusta…adelante”

En su etnografía sobre la policía portuguesa, la antropóloga portuguesa Susana Durão señala que la elección del ingreso a la Policía responde principalmente a que esta ofrecía a personas de limitados recursos económicos, la adquisición y satisfacción no solo de expectativas laborales, sino también cierta movilidad social ascendente, además de una aproximación a espacios urbanizados con mejores condiciones de vida



A necessidade de sustentação e o campo de oportunidades que se abre, ou seja,

a possibilidade de enveredar por uma carreira no Estado, são aspectos que motivam os agentes a concorrer à polícia. Embora a estas se possam juntar outras motivações mais idealizadas (apelo profissional, interesse pela farda, etc.), as duas primeiras são claramente dominantes e atravessam de cima a baixo a organização Não devemos esquecer que para a maior parte das pessoas, um pouco por todo o lado, a importância mais primária do trabalho surge pela sua eficácia como meio de subsistência (cf. Gulick, 1989: 119). A particularidade das organizações burocráticas surge com o facto dos sujeitos terem pela frente um conjunto de oportunidades e opções relativamente previsíveis ou expectáveis que podem ir articulando e gerindo.

Procurar um meio de subsistência na polícia implica mobilidade regional, a deslocação para centros urbanos de onde geralmente não são originários os recrutados.[…]

Ser recrutado numa organização policial significa tradicionalmente ampliar as possibilidades de mobilidade social dos sujeitos e escapar a uma trajectória precária[…]4
En una provincia como Salta, históricamente colocada en el grupo de las provincias más pobres de la república, con escaso o nulo desarrollo industrial, donde la actividad económica está principalmente orientada a prestaciones de servicios5, donde el mercado laboral es restringido y las tasas de subocupación son altas6, la labor policial, que se inscribe dentro de la estructura estatal, ha sido contemplada como una opción válida de subsistencia para muchas personas provenientes de los sectores sociales menos favorecidos, principalmente del interior de la provincia 7 .

La incorporación a la Policía de Salta significa, tanto para varones como mujeres, la posibilidad de acceder a un trabajo “en blanco”8, con remuneración mensual garantizada, beneficios sociales (obra social, salario familiar, aportes previsionales) y desarrollar una carrera profesional en materia de seguridad pública. Así el trabajo potencia aún más su carácter de medio de existencia, de supervivencia, y con el cual mujeres y varones establecerán una determinada relación.

No obstante, al momento de decidir el ingreso a la Policía, las motivaciones personales de las mujeres policías hacen explicitas o bien la necesidad laboral imperiosa o en el desarrollo de la “vocación de servicio9.

La necesidad de obtener un trabajo es más visible en los relatos de las mujeres que han optado por ingresar a las filas policiales como personal subalterno, como agentes. La narración de D. es un claro ejemplo de lo anterior. Nacida en la zona rural, en el seno de una familia numerosa que dependía exclusivamente del salario de un padre ferroviario, el decidir ingresar a la Policía, representaba la posibilidad de poder alcanzar a un trabajo estable en la ciudad, que le diera la posibilidad no solo del sustento económico, sino además desarrollar una actividad profesional novedosa en vez de verse obligada a realizar labores percibidas como femeninas10



E: Y usted cuando decidió ingresar a la policía en el 58, ¿su familia qué opinaba, que pensaba de su decisión?

D:- Ahhh. Bueno, yo entonces vivía con una tía, mi tía se quería morir. Mis padres vivían en el campo. Y ella me dice “y cómo va a entrar ahí…”, tía, le digo, déjeme, yo ya tengo…yo ya casi soy mayor de edad, le digo yo. “Pero decile a tu papá”. Después vino mi papá y le dijo, “no, dice, mientras sea trabajo y si ella se sabe desempeñar, ella es ella, dice, yo la ayudé hasta tal parte”, dijo mi papá, “más allá yo ya no le puedo dar, si ella quiere seguir estudiando, yo no puedo, tengo cinco hijos, entonces no puedo más adelante, si ella se busca ese trabajo y le gusta, adelante”, eso le dijo mi papá a mi tía, mi tía era la que no quería, ella me dice “nooo, cómo vas a entrar ahí, que esto, lo otro”. No le digo, tía, yo voy a entrar y si no me gusta me voy, nadie me lleva a la fuerza, voy yo sola, yo sé que voy a ir aprendiendo, voy a aprender algo, me van a enseñar, uno en la vida va aprendiendo, yo voy a aprender, y si no me gusta lo que me toca vivir, lo que me toca hacer, yo me retiro, buscaré otra cosa, seguiré estudiando, no sé, pero ahora voy a intentarlo” . Mi papá le dijo “no, yo a mis hijas las preparé hasta tal punto, más no puedo, ahora son ellas las que se tienen que abrir camino, yo lo que no quería es que se queden en el campo, yo las traje acá para que ellas se prepararan, bueno ya está acá”. Y ahí se quedó más tranquila pero no, no estaba conforme.

Por otra parte, la llamada vocación de servicio surgen como la principal razón para el ingreso en los relatos de las que eligen la carrera de oficiales, expresada casi como una predestinación mítica, tal como sucede como sucede con los motivos para ser monja11



La explicación de las monjas o de las aspirantes a la opción vocacional religiosa, tienen siempre un carácter mítico y responde al discurso interiorizado por ellas después del hecho: es el discurso institucional de la iglesia. Aún cuando de manera personal no hayan tenido experiencias míticas premonitorias, todas las monjas tienen una pequeña historia mítica propia que da sentido a su iniciación, la convierte en un hecho sagrado, y creen en ella fervorosamente.

En el discurso institucional al que se alude […], la mujer se caracteriza por ser una predestinada […] una elegida por la divinidad para consagrar su vida al estado religioso […].

En la distinción de ser elegida entre las demás, se encuentra nuevamente el principio de diferencia, de separación de los otros […]. La distinción les valoriza, además, su rango y su prestigio.

Un buen número de religiosas recibió el “llamado del Señor” de manera directa […]. En muchos casos fueron Santos o Santas […].12
Es así que cobra sentido las expresiones con respecto a los motivos del ingreso por medio de la Escuela de oficiales tanto de N. como de C.

N.:-Ingresé a la Policía porque en ese momento observé que el policía era la persona que demostraba autoridad, que ayudaba y colaboraba con los vecinos en la seguridad y en todo lo que era necesario. Entonces esa función que él cumplía a mí me gustaba, por eso ingresé a la Policía.

C.:- Yo elegí esta profesión porque tenía familia en la Policía Federal, pero yo tengo la visión de la justicia, la verdad, el cuidar, la protección, es como un amor al prójimo, es como puedo servirle yo también al prójimo, esto se da por la orientación que tiene servir a la comunidad.

Esta posesión y desarrollo de cualidades serán una de los tantos elementos que las diferenciarán de las mujeres de los escalafones subalternos y reforzará frente a los civiles, y principalmente ante las mujeres civiles, el privilegio de usufructo de la “autoridad policial”, por manifestar una presentación que constantemente ejemplifica los valores de la institución13.

Estas diferencias en el peso de los motivos se explican por el lugar desde el cual se planea el ingreso y formación policial, es decir como agente o como oficial.

Para ingresar a la Escuela de Agentes “Coronel Apolinario Saravia” son requisitos para la admisión tener entre 18 a 30 años de edad, y no es excluyente el estar casada o tener hijos a cargo. Esta particularidad se mantuvo desde siempre, desde 1958, y generalmente un gran número de aspirantes a agentes son madres que esperan por medio del trabajo en la Policía contar con ingresos para el sostenimiento de su familia y además cierta independencia económica con respecto a sus parejas o padres14. El período de instrucción es de corto tiempo15, sin pago de aranceles y con un régimen presencial. Una vez finalizado se obtiene el nombramiento como agente, con un destino en el mismo lugar de origen de la novel policía. Si bien las motivaciones pueden ser la posesión de un trabajo, es trabajo que requiere conocimiento, habilidad y también vivencia, experiencia, tiene sentido para la vida misma, “es necesidad hecha virtud”16

Por el contrario, para estudiar en la Escuela de oficiales “General Martín Miguel de Güemes”, la edad para el ingreso es desde los 18 hasta los 25 años y es requisito ser soltera, sin hijos, siendo motivo para la baja el quedar embarazada durante el período de formación de tres años17. El período de formación es de tres años, con pagos de aranceles mensuales (por tener un régimen de internado). Finalizado el período de formación, egresan con el cargo de Oficial Sub-ayudante, un título de Técnico en Seguridad Pública, con destinos en cualquier lugar de la provincia y con potestad de autoridad sobre personal con mayor antigüedad y edad18. La carrera de oficial garantiza la posibilidad de ocupar cargos de jerarquía en la administración de recursos y de personal policial, en definitiva se forman para ser JEFAS y no simples policías.

Así, la necesidad laboral o la vocación de servicio, serán los motivos que cobrarán visibilidad dependiendo del lugar por el cual se decida, o se pueda, ingresar a la Policía19.

Por otra parte, la posibilidad de desarrollar una carrera profesional asalariada en materia de seguridad pública, se presenta en apariencia ante las mujeres como algo totalmente alejado de las labores domésticas asociadas a la “naturaleza femenina”. Por cierto ya no se tratará de lavar ropa o preparar alimentos por lo cual no se recibe ninguna remuneración, pero se espera de la mujer policía cierto desempeño que sí apela a esa naturaleza, como así también cierto comportamiento de sumisión al orden masculino, sumisión que comienza a manifestarse inclusive en el momento de decidir ingresar a la Policía. La palabra de un padre o de otra autoridad masculina de importancia, es siempre la que autoriza, condiciona, advierte e influye en la decisión del ingreso de la futura femenina, situación que nunca se presenta en los relatos de policías varones20

D.:- En ese año que fue el primero, me decidí (a ingresar a la Policía) porque yo también estaba estudiando, estaba haciendo quinto año del secundario, y lo hacía de noche en la Irigoyen, y había un profesor ahí, él era un hombre comunicativo con la gente, como era gente grande la de la Irigoyen, gente que trabajaba, salíamos de trabajar y corríamos al colegio. Un día, yo ya tenía conocimiento de que iban a ingresar a la policía, le pregunté, porque yo tenía mil dudas, totalmente desconocido para mí pero me interesaba, y él me dice “es bueno”, “es bueno” dice, “y ya debe haber en la policía de Salta mujeres, porque ya está grande, necesita, y en la mujer va a ser una trayectoria hermosa, porque van a aprender montones de cosas, pero también van a sufrir, porque no es bonito ver todo lo feo de la persona que ver todo lo lindo o ver la vida, ahí entra todo lo feo”, él nos explicó así, “ ahí entra todo lo feo, si la mujer entra a la policía es porque algo ha hecho, algo está al margen de la ley o fuera de la ley”. Y de ahí me animó más este hombre, que era mi profesor y le digo “bueno” y seguí adelante. Me fui, me inscribí, y fui así.
Esta autorización masculina es un hecho que se mantendrá posteriormente en toda la trayectoria laboral de la femenina, porque una vez dentro de la organización policial, deberá contar siempre con la venia de “otro padre”, el Jefe de Policía.

Yo soy leal a mi jefe, él tiene que lucirse, tiene que quedar bien la institución”

Una vez completado el período de formación policial, el Gobernador de la provincia, como autoridad máxima del Estado, mediante un documento refrendado por el Jefe de la Policía, nombra al aspirante o cadete como funcionario.

El personal, una vez nombrado y asignado su lugar de destino, es beneficiario del llamado Estado Policial, que es la situación jurídica resultante de los deberes y obligaciones legales para todo el personal policial, como así mismo los alumnos/as de las respectivas escuelas, que regula cada aspecto de la vida profesional y personal de cada miembro de la Institución, extendiéndose inclusive a su familia cercana

 Art. 28.- Son deberes esenciales para el personal policial en actividad.



a)      La sujeción al régimen disciplinario policial.

b)      Aceptar el grado, distinciones o título concedidos por autoridad competente y de acuerdo con las disposiciones vigentes.

c)      Ejercer las facultades de mando y disciplinarias que, para el grado y cargo establece la reglamentación correspondiente. […]

e)      No aceptar cargos, funciones o empleos ajenos a las actividades policiales, sin previa autorización de la autoridad competente.

f)        No participar en actividades políticas, partidarias o gremiales, ni aceptar o desempeñar funcione públicas, propias de cargos electivos.

g)      Mantener, en la vida pública y privada, el decoro que corresponde para poder cumplir eficientemente las funciones policiales. […]

i)        Presentar y actualizar anualmente, declaración jurada de sus bienes y las modificaciones que se produzcan en su situación patrimonial y de la de su cónyuge, si lo tuviere. […]

k)      Guardar secreto, aún después del retiro, renuncia o baja de la Institución, en cuanto se relacione con los asuntos del servicio que, por su naturaleza –o en virtud de disposiciones especiales- impongan esa conducta.

l)        No desarrollar actividades lucrativas o de cualquier otro tipo incompatibles con el desempeño de las funciones policiales que corresponden a su grado y cargo. A tal efecto, al incorporarse a los cuadros del personal policial, se exigirá una declaración jurada. […].

n)      No integrar, participar o adherir al accionar de entidades culturales o religiosas que atenten contra las tradiciones, la Institución, la Patria y sus símbolos. […]

Art. 34.- Son derechos esenciales para el personal policial en actividad:

a)      La propiedad del grado y el uso del título correspondiente.[…]

c)      El cargo correspondiente a la Jerarquía alcanzada y a las aptitudes demostradas en los distintos aspectos de la función policial.

d)      El uso de uniforme, insignias, atributos y distintivos propios del grado, antigüedad, especialidad y función de acuerdo con las disposiciones legales vigentes.

e)      Los honores policiales que para el grado y cargo corresponden, de acuerdo con las normas reglamentarias que rigen el ceremonial policial.

f)        La percepción de los sueldos, suplementos y demás asignaciones que las disposiciones vigentes determinan para cada grado, cargo y situación.

[…]

q)      Las honras fúnebres, que para el grado y cargo, determine la reglamentación correspondiente.21

Este Estado Policial solamente puede ser dejado sin efecto cuando el personal es dado de baja y esto ocurre porque el Estado “se extingue”-fallecimiento o por no haber sido confirmado en el cargo en un plazo de doce meses- o porque “se pierde”-renuncia que debe ser aceptada o por sanción disciplinaria del tenor de una destitución o exoneración.

En este sentido, la posesión del Estado Policial es una manera de consagración mítica-religiosa. La unión con dios es trocada por la unión con el Estado por medio de la institución, una unión que solamente la muerte física o moral (en el sentido de cometer una falta deshonrosa) puede disolver. De hecho, la iglesia católica y la Policía guardan muchísimas correspondencias en cuanto a sus formas de organización jerárquica como a las representaciones que gobiernan la vida de sus miembros. Si para consagrase al servicio activo de la iglesia se deben aceptar los votos, normas de vida inviolables en cuanto son promesas hechas a Dios, para ser policía se deben aceptar y vivir de acuerdo a lo que la ley dice22, inclusive aceptando los castigos y sanciones cuando no se cumple con los imperativos de conducta. Pero además, ambas son expresiones fundamentales del patriarcado, que reproducen, sostienen la dominación y la exclusión de las mujeres. En la historia de la Policía en Argentina solamente se encuentra una mujer Jefa de Policía23; es Salta, la sola mención de esta posibilidad genera sorna y rechazo, pero además, el trabajo que realizan las mujeres policías siempre es percibido por parte de los compañeros varones como inferior porque “no saben lo que hacen”24. Al igual que en la Iglesia, en la Policía los únicos interlocutores válidos son los varones.
Las mujeres fueron incorporadas a la Policía salteña con el fin de desarrollar tareas asociadas a la “maternidad social”, y aplicando el principio de obediencia25 necesaria para pertenecer a la Policía, pero de una forma mucho más constrictiva que a los varones. Esta desigualdad originada desde un principio es comparable igualmente al pacto que las monjas establecen con Dios

En la Iglesia, la diferencia-ser mujer- se convierte en desigualdad, subordinación y discriminación en todos los órdenes de la vida. Esta opresión social y cultural de las mujeres es el sustrato que explica y da cuerpo a su vez a las diferencias en el contenido y en la calidad del pacto que establecen las monjas con Dios, en relación con el pacto que realizan sus supuestos pares los monjes, con la misma divinidad. El pacto de las monjas con Dios es inferior al mismo pacto que establecen los monjes26

Sin embargo, tanto en las monjas como en las femeninas, esta diferencia no es percibida (o no se quiere percibir) como tal y se la asume como un hecho incuestionable, como parte del trabajo y del Estado Policial, que moldean la conducta profesional y la percepción personal, que estarán signadas de allí en adelante por un sentido de renuncia personal , sacrificios continuos para la Institución y para el servicio a la comunidad, y sobre todo por la obediencia absoluta, la subordinación, que enmudece vacilaciones frente a situaciones que están reñidas con la ética personal de la mujer. Entonces la subordinación no es solamente obedecer a la Ley, sino que se transforma en una falta de conciencia respeto a los propios derechos y a la situación en la cual alguien está a merced de las decisiones de otros/as27

La vida como funcionaria policial se presenta como sacrificada, las exigencias, presiones constantes, el desgaste físico por las rotaciones de horarios y lugares se hacen evidentes con el paso de los años. Pero como lo plantea Ugolini, la idea de sacrificio del personal policial se asocia con el trabajo a tiempo completo y con altos niveles de compromiso con su función28.

En las investigaciones de Milgram con respecto a la obediencia a la autoridad, este señala como importante el estado psicológico de agente. En este el individuo considera que forma parte de una estructura jerárquica y siente que quienes están por encima de él son responsables de sus actos, las órdenes son guías de acción correctas, pero además el individuo desarrolla una sensibilidad por los deseos de la autoridad y siente una casi nula preocupación por sus propios deseos. Esta condición de agente se manifiesta profundamente en el temor de ofender a la autoridad y en desobedecerla, pero también en recibir recompensas por su sumisión. En las femeninas, esta obediencia se potencia doblemente por una condición de género que nos “educa” con el imperativo de obedecer las órdenes y los deseos de los varones (el padre, el marido, el cura, el jefe, el hijo)

Es así que la subordinación se manifiesta en los relatos de las femeninas, enunciada como la lealtad29 y obediencia “natural” para con los jefes varones, como elemento protector del status quo policial

R.:-Estaba en prensa, hice gacetillas, siempre tratando que mi superior se luzca, que creo que eso es subordinación, no quiero ser yo la vedette pero que mi jefe quede bien, no es servilismo tampoco, quizás hoy lo tomen así, es ser servidor, es ser subordinado, porque pensando no en que mañana puedo ser yo, no, yo soy leal a mi jefe, él tiene que lucirse, tiene que quedar bien la institución. Creo que eso ha sido una de mis posturas que me ha hecho ganar mucho afecto de la gente , de mis superiores, no tengo recuerdos de que algún jefe me haya hecho a un lado , me haya dicho desleal, nunca, nunca, al contrario.

Pero además, la subordinación no es solo la sujeción a un mando superior, también se expresa en las relaciones que se establecen entre dos personas que cumplen una misma función, pero donde una las cuales depende de la otra por su condición de género.

En los ritos de paso de algunas comunidades descritos por la etnografía, como por ejemplo los ritos por los cuales un joven se transforma en un guerrero, los encargados de iniciarlo en esas artes, de prepararlo, son generalmente los hombres mayores que cuentan con una mayor experiencia, jamás son mujeres. Por el contrario estas deben preparar exclusivamente a las jóvenes en todo lo que respecta a sus responsabilidades futuras como esposas y madres30. Pero cuando a las mujeres se les permite ingresar en espacios exclusivos masculinos, la iniciación, la preparación siempre será llevada a cabo por un varón, esta vez sin importar la edad o la experiencia, solo un varón estará facultado para esta tarea.

De esta manera, serán los policías varones quienes les enseñarán a las femeninas cómo es el trabajo policial, lo que debe hacerse y lo que no. Claro que estas enseñanzas no escatiman en hacer visibles el desdén hacia esas compañeras consideradas inferiores y hasta inclusive intrusas.



D:- Y después, ya cuando quedamos poquitas en la dirección de investigaciones, nos mandaron a robos y hurtos, que es la parte de calle, como la brigada ahora, ¿ve? Bueno, ahí nos pasaron. Bueno, en un comienzo, se ve que ellos tampoco tenían que hacer con nosotros (risas) porque salían las brigadas a la calle y nos incluían a nosotros. Caminábamos la mañana entera, no sé si por hacernos la contra o para que nos cansáramos o exceda el servicio, yo lo desconocía adentro, porque uno estudia, adentro es otra cosa, entrar al servicio es otra cosa. Un día nos llevaban caminando por el Grand Bourg, por esa zona atrás, será zona periférica, fea, bueno, todo eso dábamos vuelta. Otra vez nos llevaban por el bajo. Otras veces dábamos vuelta en la ciudad y así…Ese ha sido el servicio mío en un comienzo. Nos llevaban los varones para hacernos conocer el servicio. Nos llevaban ellos. Después de un tiempo ya salíamos solas.

Y la subordinación también coloniza los cuerpos de las mujeres. Si el Estado Policial establece como derecho de los funcionarios policiales el uso de los atributos, ese derecho estuvo vedado para las mujeres por más de dos décadas desde su ingreso. Sin uniforme, sin distintivos, sin armas…sin elementos que las pudieran identificar como policías de seguridad.



E:- Ahora, de nuevo volviendo a los primeros años, cuando ustedes salían a la calle ¿cómo veían que la gente las percibía a ustedes? ¿Con respeto o les parecía algo raro?

D:-Bueno, la gente ni no, ni no… ¿cómo te puedo decir?, ni nos identificaba porque íbamos de civil. Me acuerdo, Salta era chiquita, nos tocaba salir a la calle todos los días nosotros, en la mañana o en la tarde. Como sería que dábamos vuelta por el mismo lado, que a veces entraba a una joyería, una tienda, y nos preguntaban “¿qué andan haciendo ustedes?, todos los días las vemos pasar”.

E: -¿Iban de a dos?

D:- De a dos, de a dos, mujeres ya ¿no? eso sí, los hombres nos controlaban, teníamos dos, tres controles en el día, que teníamos que estar en un punto, en una esquina, en una casa, en algún lugar y ahí nos controlaban que andábamos en la calle.” ¡Ayy! Le digo, es que ese es el trabajo nuestro,” “¿y donde trabajan?”, nosotros jamás decíamos donde, como íbamos de civil…eso así, la gente ya nos conocía en la calle porque nos veía. En los comienzos era así porque nosotros íbamos de civil, nadie sabía, ni siquiera nos identificaban. Después ya nos han empezado a identificar, muchos años después, porque íbamos a las escuelas a controlar las salidas de los chicos, la entrada de los chicos, los chicos se quedaban afuera a jugar, como hacen ahora ¿ve?,

En definitiva, el uso o no de un uniforme sobre el cuerpo de las femeninas simboliza las tecnologías que una institución profundamente machista y funcional al régimen patriarcal desarrolló para la incorporación necesaria de las mujeres, pero desde un lugar de sumisión, de subordinación y de invisibilización. Al igual que las monjas, el hábito, el uniforme buscan convertir los cuerpos femeninos en cuerpos deserotizados, rígidos, impersonales, moldeados por la autoridad masculina para incorporar la obediencia e identificarlas como cuerpos “que se sacrifican” para el cuidado de los civiles, los otros.

Pero el uniforme también es al mismo tiempo una expresión y una forma de rebelión de los trabajadores31. Si bien la obediencia puede colonizar cada rincón del cuerpo y la vida de la femenina, el papel de factores como los valores intrínsecos, la personalidad, la presión y la influencia del resto de la sociedad son esenciales al momento de generar desobediencias liberadoras. El uso del maquillaje, los zapatos de tacos altísimos, la pollera entallada, el cabello peinado de una manera que desafía al rodete ceñido hasta lo imposibles, son así manifestaciones de una resistencia a la andro-estética obligatoria.

Él me decía ¿cómo vas a dejar a los chicos tirados a media noche?”

La profesión de policía, a diferencias de otras profesiones, y por características propias de la organización institucional reflejada principalmente en el Estado Policial, permea cada espacio de la vida personal del funcionario. Ser policía no es solamente un trabajo, ser policía es una dedicación de vida. Pero esta vida, para la cual deben estar preparados siempre, porque así lo establece el Estado Policial, tiene consecuencias que no se perciben al inicio sino durante el transcurso de la permanencia en el trabajo diario. Como señala Durao,



Vários são os factores que concorrem para tal: a socialização dos agentes numa cultura policial, tradicionalmente fechada, solidária e intensa no trabalho de controlo social; a experiência de anos de trabalho por turnos, que a transformam numa profissão de “desgaste rápido” como se diz no meio; o desempenho de funções cada vez mais expostas ao escrutínio social e político; a pressão de lidar com situações de risco, liminares e com situações que mais do que violentas para com os polícias são violentas em si mesmas. […]

A vida organizada por turnos na patrulha produz efeitos profundos e altera os ritmos bio-sociais dos agentes: deixam de existir horas fixas para as refeições; os contactos com os familiares tornam-se mais intermitentes; os agentes estão expostos às mudanças climáticas e horárias que acarretam envelhecimento físico precoce e algumas doenças profissionais mais frequentes (doenças circulatórias e respiratórias). Muitos não resistem aos altos níveis de ansiedade e entram em estados que descrevem como saturantes e de uma enorme impaciência, que afectam tanto os desempenhos profissionais como outros domínios da vida. Estando o trabalho policial, como outros, sujeito a práticas de tentativa e erro, por lidar de perto com situações de tensão, esta é todavia uma das profissões onde o erro se paga mais caro: a acção dos polícias é alvo de contestação e o risco de vida alia-se ao risco de matar.
Se es policía hasta el día que se muere, porque aún en situación de retiro (por jubilación, por sanciones disciplinarias) el policía aún hace “la vida del gallo”32, es decir, manteniéndose atento y vigilando lo que ocurre a su alrededor.

Pero esta particularidad que se presenta generalizada tanto para varones como para mujeres, comienza a mostrar divergencias en un hecho en particular.

Si bien es cierto que se plantea una relación disyuntiva entre los funcionarios y sus familias por los efectos de la profesión, en las mujeres policías esta disyuntiva no tiene lugar, pues para las policías la familia jamás es desplazada por la profesión, ambas conviven en conjunto, pero por circunstancias puntuales, la profesión será siempre la que se declinará a favor de la familia.

Esta elección se ocasiona por la misma condición del género femenino, por la cual se prioriza los roles de madre y esposa por sobre todas las cosas.



Todas las mujeres por el sólo hecho de serlo son madres y esposas. Desde el nacimiento y aun antes, las mujeres forman parte de una historia que las conforma como hembras y esposas. […]

Ser madre y ser esposa consiste para las mujeres en vivir de acuerdo a las normas que expresan su ser-para y de-otros, realizar actividades de reproducción y tener relaciones de servidumbre voluntaria, tanto con el deber encarnado en los otros, como con el poder en sus más variadas manifestaciones.33
La mujer será madre aún a pesar de no tener hijos, porque la maternidad no solamente es parir un hijo, no se agota en un hecho biológico, sino que la maternidad se caracteriza principalmente por la renuncia a sí misma y la consagración en el cuidado de los otros, o como Lagarde enuncia, ser de y para los otros, los hijos, el marido, los parientes, los amigos.

La mujer policía, en tanto, es doblemente madre: es la madre pública que realiza un trabajo en espacios público por el cual recibe un salario, un trabajo que es una extensión de la maternidad hacia los “otros”, civiles; y es la madre que retorna al hogar donde deberá cuidar a los “otros”, relacionados con ella por lazos emotivos-familiares. Entonces la femenina no hará “la vida del gallo”, sino que será por siempre madre.

Y esta condición de maternidad ocasionará que, al igual que todas las mujeres que trabajan en el espacio público, deban estar sometidas a la doble jornada de trabajo, cumpliendo en simultáneo las labores de su rol policial y las de su hogar. Los varones policías, por el contrario, no padecen estas ataduras, su trabajo será preferido antes que las tareas que puedan ejecutar en el hogar y con sus miembros, porque generalmente tienen una esposa, civil o policía, quien se encargará de ellas.

M.:-Cuando yo empecé a trabajar era soltera, luego me casé con otro policía y nació mi primer hijo y yo ya trabajaba en la policía, yo conté mucho con la colaboración de mi mamá, como toda mujer que trabaja, y me dividía, pero me daba tiempo para atender a los chicos, nunca se quedaron de curso, nunca estaban enfermos, además recuerdo yo ellos iban al colegio, me buscaban en la central, pero yo ya dejaba a medio cocinar, entonces volvíamos a la casa y yo hacía que todos participen en la casa mientras yo terminaba de cocinar, terminábamos de comer y todos colaboraban , como soldaditos, pero nunca golpeé a mis hijos, nunca nada.
Igualmente, la maternidad actuará una vez más cuando la profesión está reñida con las responsabilidades para con la familia. Los horarios rotativos, los recargos de servicio, los insuficientes días de franco, las licencias anuales que nunca son anuales, o el aumento de responsabilidades por el cambio en las jerarquías son eventos que interfieren en la crianza de los hijos por ejemplo, y llevan a la femenina a considerar a pedir la baja por renuncia o un retiro voluntario para dedicarse exclusivamente a la atención de sus “responsabilidades”34.

D.:- ¡no! y si al año de retirarme, yo ya tenía a mi hijito, me llaman…Ah, digo, para qué será, bueno fui, pero fui con la guagua. Y me dice el jefe, “estamos reintegrando al personal”, no me dijo a mí, pero era en general para ver que contestaba yo. “Bueno, le digo, pero yo ya tengo un retiro voluntario y ahora tengo a quien cuidar, antes no tenía a quien cuidar, ahora mire lo que yo tengo”. “¡Oh!, me dice, ¿y no lo puede dejar con alguien?”. “Es muy chiquitito, le digo, es chiquito”. “¡Nooo! le digo al jefe, perdóneme, pero no, no, tengo a mi padre con problemas de salud y esta criatura chiquita, le digo, estoy entre el campo y la ciudad, y la policía no entra, ya no, ya no, no tengo tiempo para ella”. Y me despidió (risas) pero no me dijo mas nada.

El tiempo que no se permanece en el hogar y con los hijos principalmente, es vivido con culpa y con miedo ante “el jefe de familia” por ser de cierto modo “insubordinada”, desobediente y egoísta. El Estado policial es reemplazado por el Estado maternal permanente



C. R.:- Yo estuve cinco años nada más (en la policía), porque después yo me fui…en el 63, yo me casé en el 60, en el 63 a mi marido lo han trasladado a la azufrera, La Casualidad, cerca de Chile, para fabricaciones militares, y bueno yo pedí seis meses de licencia para ir, si goce de sueldo y se me cumplieron los seis meses de licencia y…tuve que mandar la renuncia de allá porque mi marido no quería que vuelva.

Él me decía “cómo vas a dejar a los chicos tirados a media noche?” y era verdad, a veces él estaba acá y venían a las dos tres de la mañana y venían a golpear, que si hay una detenida en el hospital hay que cuidarla, si o si tenía que ir, a la policía no le importaba si tenía quien cuide a los chico, nada, sino ya te suspendían por no querer ir, ahí no hay peros que te diga, tenés que ir y tenés que ir…esa es la obediencia, ahí tenés que hacer lo que te dice la Policía. Y ahí le ha cansado a mi marido.

Era muy complicado ser policía y madre, para una soltera no había dramas pero cuando había chicos ya no podía, o bien tenías una persona que te los cuide, pero yo en ese tiempo no disponíamos de dinero para pagar una empleada (de tiempo completo) y han sufrido mucho(los hijos). Estaba pagando la casa, había comprado la casa antes de casarme, mucho no me alcanzaba, con lo justo y necesario, no nos dábamos el lujo de nada.
Sin embargo, esa independencia nacida de poseer una profesión, un salario propio, un espacio propio, individual serán hechos a los cuales se renunciará pero la experiencia de haberlos vivido y poseído permanecerá por siempre, interpelando esa maternidad constrictiva.
C. R.:- Pero hasta ahora yo me digo ¿Por qué le habré hecho caso a mi marido para renunciar?


 Este artículo forma parte de un capitulo mi tesis de Licenciatura en Antropología “Subordinación y valor”. La experiencia de las mujeres en la Policía de Salta, un estudio de género, 2011.


1 Lagarde la define como una construcción histórica-cultural, definida por la relación que el poder patriarcal establece con las mujeres (de subordinación, sujeción, dependencia) y que se materializa en formas de “ser mujer” o “especializaciones” estructuradas en la sexualidad escindida y la definición personal en relación a los otros..

2 Lagarde, Marcela. Op. Cit, pág. 45. Este último párrafo se origina también en una postura teórico-metodológico de Lagarde que abreva de la idea de los círculos de Gramsci, es decir espacios de integración social determinados por la clase, la etnia, la edad, etcétera, que se transforman a lo largo de la vida de una persona.


3 Es así que la violencia organizada en la policía de Salta se pone en evidencia por ejemplo en las normativas de exclusión en las jerarquías, la distribución desigual en las tareas que se les asigna a las femeninas por ser mujeres, y la imposición de una “visión” en la imposibilidad de muchas femeninas de plantearse su situación laboral en términos de discriminación. Estas manifestaciones del poder es lo que Robert Connell denomina “gender order” y que articula las relaciones sociales en general, la familia y el Estado. Connell, Robert (1987) Gender and Power; Society, the person and sexual politics.



4 Durão, Susana (2006), pág. 336-337.


5 La prestación de servicios –incluyendo al Comercio– es la actividad de mayor incidencia en el PBG salteño con una participación de 47,7% sobre el total, medido a precios corrientes. Le sigue en importancia la Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, responsable del 19% del valor agregado de la economía provincial. El tercer puesto es para Explotación de minas y canteras, con un 13,5 por ciento.

Dentro de los sectores productores de servicios, se destaca la categoría Comercio al por mayor, al por menor, y reparaciones, con un 22% del valor agregado generado por estos sectores, y un 10,5% del total del producto de Salta.

El segundo puesto lo ocupa Enseñanza, con un 18% del total de Comercio y servicios. El tercer y el cuarto puesto corresponden a Servicio de Transporte, almacenamiento y de comunicaciones, y Administración pública, defensa y seguridad social obligatoria, con un 16% y un 14% respectivamente. Por su parte, Servicios inmobiliarios, empresariales y de alquiler, y Servicios sociales y de salud representaron el 12% y el 6% del producto total de Salta respectivamente. Informe Económico: provincia de Salta, mayo de 2011. Cámara Argentina de Comercio.


6 Desde el punto de vista social, el NOA es un área claramente desfavorecida en relación con el conjunto nacional. Sus indicadores la muestran como una de las regiones con mayor déficit social del país.

Si observamos la evolución de las principales tasas en la región Noreste notamos que a comparación del promedio nacional las mismas presentan porcentajes inferiores tanto para actividad como para empleo. Sin embargo la de subocupación presenta un porcentaje mayor. CIPPEC, 2004.


7 De acuerdo a datos del Departamento de Personal de la Policía de Salta, D-1, más del 60% del personal superior y subalterno son oriundos del interior de la provincia. Generalmente se destina a los agentes en cercanías de sus localidades de origen. En el caso de los oficiales, desde su nombramiento hasta el retiro, se los somete a un constate peregrinar por todas las dependencias de la provincia posibles, como manera de lograr una mejor preparación en las tareas de dirigencia y administración.



8 El tener un trabajo asalariado se convierte en algo que no solo sirve para la manutención de una persona y su familia, sino que pasa a convertirse en la principal carta de presentación individual, que incluye a la persona como sujeto válido en un espacio social porque su producción está legitimada por el Estado u otra instancia similar.


9 Es interesante rescatar dos de las acepciones del término vocación. Por una parte hace referencia a la inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de religión y por otro lado a la inclinación a cualquier estado, profesión o carrera. En ambos casos la vocación es tratada como un hecho casi divino y sobrenatural que no depende de la voluntad de la persona y que la trasciende. Más adelante me referiré a las conexiones que existe entre el ámbito religioso y la Policía.


10 Sobre todo tareas domésticas pobremente remuneradas u otras tareas igual de precarias (vendedoras por ejemplo).


11 No es desacertado plantear un parangón entre las monjas y las mujeres policías, ambas forman parte de instituciones y organizaciones patriarcales jerárquicas y en donde las mujeres son absolutamente subordinadas, no hay sacerdotes ni papas mujeres como tampoco existen numerosas jefas de policía. más adelante ahondare en esta relación.

En otras entrevistas realizadas a oficiales varones, la función policial es descrita como un sacerdocio para toda la vida.




12 Lagarde, pág. 531-532. El resaltado es mío.


13 Goffman Erving, La presentación de la persona en la vida cotidiana.


14 Esto se repite en relatos de mujeres policías de otros lugares del país, como por ejemplo el de Magdalena, de la Policía de la provincia de Corrientes, que junto a un grupo de compañeras lideraron un acuartelamiento por mejoras laborales y salariales en junio de 1999, el primero en ser llevado a cabo por mujeres y luego acompañado por los masculinos. Magdalena no entró a la fuerza policial por vocación. Nunca se imaginó vistiendo un uniforme. Era una joven estudiante del profesorado de castellano cuando quedó embarazada de su hijo mayor, de seis. Siguió adelante sus embarazo, sola. Fue la necesitad lea que le trajo a la cabeza la idea de inscribirse en la policía.[…]. Pero dicen que la vocación se descubre con el tiempo, a fuerza de escuchar a la gente que se aceran a la comisaría en la que trabaja con problemas que le dejan el corazón en un puño. Las Doce, año 2, número 62.


15 Últimamente ha variado la cantidad de meses, hoy es de 24 meses, pero hubo momento en que se formaban agentes en seis meses.


16 Aguilar, María Ángela y otros (2003) Las tramas del Trabajo, pág. 9


17 Actualmente en la Escuela de oficiales se instruye de cierta manera a las cadetes femeninas en materia de métodos anticonceptivos, como manera de evitar las bajas por embarazo. Si bien los cadetes masculinos pueden encontrarse en una situación similar, es decir de embarazar a una novia, puede disimularse porque el embarazo no se manifiesta en su cuerpo, por lo tanto el tener un hijo durante su formación puede ser un hecho fácilmente ocultado.



18 Se dan casos en donde una oficial recién egresada con 21 años debe estar como jefa en alguna comisaría del interior, al frente de una tropa conformada por personas que podrían tener la edad de los padres de aquella.


19 Quiero dejar claro que no sostengo que las agentes no tengan vocación de servicio, sino que en sus relatos prima las razones laborales.


20 En los relatos de policías varones en ninguno de ellos está presente esta autorización paterna, generalmente el ingreso obedece a los motivos laborales económicos que he mencionado, condicionados eso si por responsabilidades paternas que obligan a buscar un trabajo “bien”.


21 Ley del Personal Policial Nº 6193. El personal retirado también goza del Estado Policial con mínimos recortes a sus deberes y derechos, y además puede seguir portando armas de fuego.


22 Es así que el voto de pobreza católica se traduce para la Policía como honradez, incorruptibilidad; la castidad por la vida con decoro y conformando una familia monógama heterosexual con hijos; y la obediencia a Dios y su representante en la tierra por la subordinación a la ley.

Con respecto a la familia, de acuerdo a datos del D-1 más del 80% del personal percibe salario familiar. Los matrimonios y las uniones de hecho son comunes entre el personal, inclusive en parejas homosexuales, recientemente visibilizadas para los civiles por la ley de matrimonio igualitario. La policía es una institución endogámica, ambos miembros de las parejas generalmente son policías o pertenecientes a familias de policías.




23 Me refiero a la Comisaria Mayor Dra. Leila Perazzo en la provincia de Santa Fe, durante el año 2003. Por otra parte en la Policía Bonaerense se encuentra una sola Comisaria general, con posibilidades de convertirse en Jefa, Regina Zonta, experta en la lucha contra el narcotráfico y egresada del primer grupo de mujeres aceptadas en la Escuela Vucetich.


24 Me ha tocado escuchar a personal masculino hablarme despectivamente del desempeño de jefas de divisiones, señalando la ineptitud o el no saber realizar el “trabajo policial” como corresponde. En realidad lo que desdeñaban no era tanto la competencia profesional sino el hecho de ser mandados por una mujer, el tener que subordinarse ante una superior femenina. Lo interesante es que me lo decían a mí, otra mujer, pero claro, al no ser policía no representaba ninguna amenaza para ellos.


25 Obediencia entendida a partir de las modificaciones que un individuo modifica su comportamiento o actitud a las órdenes directas de una autoridad legítima. Moscovici, S (1991)


26 Lagarde, pág. 464.


27 Giberti, Eva, Mujer y Obediencia, pág. 10.

28 Ugolini (2009)


29Lealtad. Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien.

30¿Cuántas de nosotras no aprendió a cocinar porque nuestra mamá, abuela, hermana mayor nos enseñó? , ¿quién fue la que nos enseño a cambiar los pañales de nuestros hijos o darles la teta? Estos hechos que marcan cambios de estado en nuestras personas, nuestros ritos de paso, fuimos iniciadas por mujeres.

31 Baron, Ava; Boris, Eillen(2008), pág.183.

32 Esta expresión la tomo de una entrevista a un policía retirado, perteneciente a lo que se podría decir “vieja escuela”, donde la labor policial se hacía más bien recurriendo a corazonadas, habilidades personales que a la aplicación por ejemplo de métodos científicos criminológicos.

El gallo es un símbolo bastante extendido entre las policías del mundo, y se hace presente inclusive en personajes como Monsieur Lecoq, policía parisino de las novelas de Emile Gaboriau (1832-1873). En la tradición cristiana el gallo es símbolo de resurrección porque anuncia la llegada del nuevo día. En la mitología griega el gallo representaba a Alectrión, joven favorito del dios Ares y confidente de los amores de este con Afrodita; Ares le confió al joven la vigilancia para no ser sorprendidos por Helios, el sol, pero Alectrión se durmió y los amantes fueron descubiertos, Ares castigó entonces a su favorito convirtiéndolo en gallo y condenándolo a anunciar por siempre la llegada del sol.



La “vida del gallo” es algo con la cual los policías varones conviven a diario y lo manifiestan “naturalmente” en cada lugar o situación en la que se encuentren. Por medio de una larga observación de policías en distintas oportunidades, pude identificar una postura corporal, forma de mirar todo a su alrededor al entrar a un lugar, un tono de voz, el uso del cabello, la ropa que prefieren usar cuando están de “civil”, como señales contundentes de su presentación ante los otros no policías. Pero con las mujeres policías esto no sucede, lo que tratan siempre es de disimular su condición laboral: una vez quitado el uniforme su presentación es una puesta increíblemente femenina que no hace sospechar su identificación con la institución; además no es posible identificarlas como policías porque no manifiestan ninguna otra “señal” al igual que sus compañeros.


33 Lagarde, pág.363.

34 Ambas son situaciones diferentes porque la primera significa el cese del Estado Policial mientras que la segunda no. Además un retiro voluntario tiene el beneficio de percibir un haber si la o el funcionario/a haya cumplido un servicio mínimo de 15 años. Con la renuncia esta posibilidad no existe.


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