Y el latín, ¿para qué?…¿Y el griego?



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Y el latín, ¿para qué?…¿Y el griego?

Posted on 19 enero, 2012 by María Robles



En mi corta experiencia como alumna de la opción de Humanidades ofertada en nuestro instituto, y que escogí cuando aún era estudiante de la E.S.O., las asignaturas que se desprecian más, tal vez tras las de Ética y Filosofía, son Latín y Griego. No ha habido curso durante el cual no se formulara (y más de una vez) la pregunta que siempre le pasa por la cabeza a cualquier persona/estudiante que tiene los pies en este mundo materialista y la cabeza en lo que resulta útil y lo que no (o lo que él o ella consideran útil…): “Profesor, ¿para qué sirve el latín?”. Y entonces te miraba, tal vez sonreía de forma casi fingida, como disculpándose ante algo que era muy complejo de explicar, ante algo que abarcaba todos los cimientos del lenguaje actual, y sólo algunos (me auto consuelo pensando que hay más de uno) valoran la dimensión social de grandes proporciones que han tenido tanto el griego como el latín en la formación del lenguaje, del pensamiento, de la razón, de lo que somos. Y es que decía Aristóteles, filósofo griego: “Antropos zoon politikón estin”, o lo que es lo mismo, “el hombre es un animal político”, y una de las pruebas de que el hombre lo es, es el lenguaje. El hombre desarrolló el lenguaje con un fin: comunicarse. ¿Os podéis imaginar por un momento cómo sería vivir sin comunicarnos? Bueno, tal vez sí. Actualmente es mucho más sencillo, porque estamos perdiendo las raíces que nos unían como familia humana, porque estamos pecando de individualismo exacerbado, y la palabra o logos se infravalora.

Pero dejando atrás divagaciones sobre la sociedad actual, pasemos a responder la pregunta del millón: “¿Para qué sirven el latín y el griego?” En primer lugar, si eres un lector que formas parte de la comunidad científica o eres un alumno de la opción de Ciencias no peques de creer que tienes demasiada razón y tampoco caigas en el error de creer que las lenguas clásicas son inútiles, porque incluso en el campo científico se utilizan. Si sufres cefalea, otitis, litiasis, gastroenteritis, taquicardia, faringitis, laringitis, sinusitis o cualquier otra enfermedad de nombre “raro”, acudes al médico, que conoce todos estos términos que, por cierto, provienen del griego y del latín. Pero no sólo los nombres de enfermedades o patologías, sino también la denominación de cada especialidad médica y la infinidad de fobias que existen: podólogo, odontólogo, pediatra, ginecólogo, logopeda, psicólogo, psiquiatra, claustrofobia, agorafobia, aerofobia, fotofobia, fotofobia, etc. Como podéis ver, los hospitales y los centros de salud son un hervidero bullente de términos clásicos. Pero no nos remitimos sólo a los confines de la salud, sino también a los de la naturaleza y los mismos nombres de las ciencias (tecnología, geología, biología, física…). ¿No es cierto que cada animal, cada planta tiene su nombre científico? Y, sorpresa: están expresados en latín. Porque el latín, no hace mucho tiempo, era la lengua común en la mayor parte de Europa, y el ilustre botánico sueco Linneo comenzó a nominalizar las plantas con términos latinos para que no hubiera confusiones entre unos estados y otros.



 

Sigo sin convenceros mucho, ¿verdad? Os seguiréis haciendo la misma pregunta y, además, pensaréis: “de acuerdo, todo esto que estás diciendo está muy bien pero ¿para qué sirve realmente si en un futuro no me va a dar de comer?”. Como dicen los profesores de Filosofía: “nuestra asignatura no sirve para nada”. Pues con el latín y con el griego pasa lo mismo. Para aquellos que formulan la repetitiva pregunta les responderé que no, que no sirve para nada si continúan encerrados en su propia burbuja materialista. Y me preguntaba a mí misma: “¿de verdad no sirven para nada? ¿No sirven para convertirnos en mejores personas, en personas más cultas? ¿No nos facilita el trabajo?”. Haced memoria, alumnos de Humanidades, recordad cuánto vocabulario conocíais antes de comenzar a aprender latín y griego. Una vez que lo hayáis analizado pensad cuántas palabras nuevas habéis aprendido mediante etimologías y traducciones de textos en estas lenguas “inútiles”. ¿Qué descubrís? Que podéis leer un informe médico de cualquier consulta a la que asistáis y que podréis deducir algunas palabras por su conexión clásica. Que en una página de un libro no entendéis una palabra y podéis absteneros de buscarla en el diccionario o en la enciclopedia al saber su proveniencia. Descubrís que en el proceso de aprendizaje y asimilación de esos difíciles términos ahora sois personas más llenas, que podéis sentiros plenos de conocimiento, al menos por ahora. Y no sólo nos es favorable para el vocabulario, ¿qué me decís de sintaxis? ¿Y de expresión escrita? La riqueza de las traducciones de textos clásicos es tan grande que, desentrañando sus misterios, podemos adentrarnos en un mundo totalmente diferente, en nuevas ideas, en nuevos pensamientos, en nuevas expresiones, y todas ellas, tomarlas para usarlas en nuestra vida cotidiana y en otras asignaturas, para poder ser personas con una amplia formación académico-lingüística.



Ahora que creo que habré despertado vuestras mentes sumidas en el sopor del materialismo y la ceguera (al menos un poco), formularé otra pregunta nueva: “¿son entonces realmente el latín y el griego lenguas muertas?”. Habiendo visto que la mayoría de tecnicismos provienen del griego y que casi todas las palabras del castellano son hijas del latín, podemos afirmar que no es así. Las denominan lenguas muertas porque no se hablan, porque no se utilizan para la comunicación oral. ¿Acaso los textos que aún conservamos de Cicerón, de César, de Platón, de Aristóteles, de San Agustín de Hipona, etc. no son una forma más de comunicación? Y su información nos llega de forma directa, por vía escrita, gracias a los forenses del lenguaje, los traductores e investigadores, que con un bisturí y mucho pulso descifran los secretos más ocultos de las lenguas de la actualidad conociendo su historia y basándose en sus raíces. En la actualidad hablamos griego y latín, un griego y latín modificado: el castellano en el caso de España e Hispanoamérica, el italiano en el de Italia, el francés en Francia, el portugués en Portugal y Brasil, etc. ¿Por qué seguimos pensando que no sirve para nada si nos enriquece como personas, si enriquece nuestro lenguaje y nuestra expresión a la hora de comunicarnos? Una nube de indiferencia, ignorancia, pasividad, materialismo y tendencia a permitir nuestra manipulación, sobre todo en el caso de los adolescentes, provoca que perdamos nuestras raíces, las raíces de nuestra lengua, las raíces de nuestro pensamiento…y desaparezcamos como personas.





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