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PRIMERO.- CUESTIONES PREVIAS.-
Una sola cuestión previa dedujo el letrado de A. V. Á., , y consistió en reiterar ante esta Sala lo que ya en fase de instrucción solicitó mediante escrito de 4 de noviembre de 2014, y que en aquella ocasión le fue (indebidamente) denegado, como es la declaración de nulidad de las alusiones que en la causa pudiera haber a las grabaciones que fueron realizadas con ocasión de un traslado en furgón policial al acusado A. V. Á.,, y que fueron acordadas en otra causa penal por el Juzgado de Instrucción nº 1 de Logroño y cuyo testimonio, en lo que pudiera ser procedente, se remitió en su día por dicho Juzgado de Instrucción nº 1 de Logroño al Juzgado de Instrucción nº 2 de Logroño, el cual lo incorporó a esta causa.

Es relevante que ni el Ministerio Fiscal ni la acusación particular, en sus respectivos escritos de conclusiones provisionales, solicitaron esta prueba ni invocaron su eficacia, seguramente por ser conscientes de su nulidad.

En todo caso, la defensa de A. V. Á., planteó en juicio oral la antedicha cuestión previa, y concedida la palabra a las partes, ninguna de ellas se opuso a que no se tuvieran en cuenta estas diligencias, señalando explícitamente el Ministerio Fiscal que no debían ser tenidas en cuenta por esta Audiencia Provincial.

Esta Sala resolvió verbalmente en ese Acto en el mismo sentido en el que ahora dejamos constancia escrita, es decir, que no se tendrá por esta Sala en cuenta en absoluto esas diligencias, por lo demás nulas, por vulneración de los arts 17.3 y 24 CE, como así estableció en un caso semejante la Sentencia del Tribunal Constitucional 145/2014 de 22 de septiembre, a cuyos argumentos nos remitimos.


No obstante, en este razonamiento dedicado al estudio de cuestiones previas, debemos dejar constancia de que el letrado de la defensa de A. V. Á.,, con ocasión de su trámite de informe ( esto es, una vez transcurrido ya el trámite de cuestiones previas, una vez ya practicada la prueba y después incluso de la calificación definitiva que hizo) , alegó que no debería de haberse permitido la personación en esta causa de la acusación particular ( Fundación Tutelar de La Rioja) porque no se había demostrado que las personas en cuyo nombre actuaba la Fundación Tutelar de La Rioja como acusación particular, esto es, Doña D. I. y L. C. C, fueran parientes y / o herederos de la finada. Con base en este razonamiento, alegó también que la responsabilidad civil debiera ser de cero euros, caso de ser condenados los acusados, extremo este sobre el que volveremos cuando abordemos esa cuestión de la responsabilidad civil “ex delicto”.

Pero en todo caso debemos adelantar ya ahora que si la defensa de A. V. Á., consideraba que la Fundación Tutelar de La Rioja estaba indebidamente personada como acusación particular, no debió introducir esa alegación ni cuando la hizo ni como la hizo, esto es, en trámite de informe al final del juicio oral, pues este trámite no está previsto para introducir novedosas alegaciones, máxime si, como sucede en este caso, la parte respecto de la que se hacían esas alegaciones (la Fundación Tutelar de La Rioja personada como acusación particular) ya no tenía procesalmente turno de palabra posterior, conforme a la Ley de Enjuiciamiento Criminal, para poder rebatirlas.

La defensa de A. V. Á., ha tenido mucho tiempo a lo largo del procedimiento para oponerse a la personación de la Fundación Tutelar de La Rioja como acusación particular, o para discutir la condición que el Juzgado de Instrucción atribuyó a Doña D. y a Don L.C. (con base en las sentencias de incapacidad que obra en la causa) de parientes más próximos de Doña M. C. C. I., lo que motivó la personación como acusación particular de quien era su tutor, la Fundación Tutelar de La Rioja.

Sin embargo, la defensa de A. V. Á., nada dijo durante la instrucción.

Tampoco dijo nada al respecto en su escrito de conclusiones provisionales.

Tampoco alego nada al inicio del juicio oral, cuando, aun con posibilidades de éxito harto dudosas (dado su silencio anterior) podría en su caso haber introducido esta cuestión como cuestión previa, en la medida en que afectaba a la posibilidad y capacidad de actuación en juicio de una de las partes personadas.

Pero lejos de ello, guardó silencio sobre esta cuestión no solo en el trámite de cuestiones previas, sino también luego, durante toda la intervención en juicio de la acusación particular. Por no decir, en fin, ni siquiera introdujo esta alegación en fase de conclusiones definitivas.

Así las cosas, debemos considerar que se trató de una alegación tardía, extemporánea y realizada en un trámite procesalmente inadecuado para ello. Por eso resulta improsperable. Todo ello sin perjuicio de lo que diremos al estudiar la responsabilidad civil ex delicto.


SEGUNDO.- VALORACIÓN DE LA PRUEBA.-
I.- Situación y circunstancias la víctima.

Relación previa de la víctima con el acusado Adrián.-
Dedicaremos este punto I de este fundamento de derecho a valorar la prueba que evidencia la situación y circunstancias de la víctima y su relación con el acusado A. V. Á., que hemos descrito en los hechos probados.
Que ambos eran vecinos del mismo edificio no ha sido discutido: lo reconoce A. V. Á., y lo acredita la declaración en juicio de J.C.C. (novia en ese momento de A. V. Á., con el que vivía en ese inmueble desde hacía unos dos años) y la de la hermana de ésta, C. K. M. C.
Estas declaraciones acreditan que A. V. Á., llevaba viviendo desde 2012 con su novia J.C.C en el piso 5º de la C/ Vara del Rey nº 67, y que A. V. Á., no tenía trabajo ni ingresos; al principio vivía con ellos Doña C. K. M. C, pero luego se marchó, no obstante lo cual vivían en buena medida de lo que esta aportaba.

Tanto la testigo J.C.C como la testigo C. K. M. C (especialmente está última) hicieron referencia a que Doña M. C. C. I., no se llevaba bien con el resto de los vecinos y que la única relación que mantenía era con ellos, esto es, con A. V. Á.,, J.C.C y C. K. M. C, si bien C. K. M. C manifestó que dicha relación en absoluto era algo fluido, era una relación de “ hola” y “adios” al encontrarse en las esclareas, por lo que concluimos que no puede calificarse de intensa dicha relación, ni siquiera puede calificarse de amistad.

Se trataba en suma de una simple buena relación de vecindad.
En el ámbito de esa mera relación de vecindad hay que ubicar también el hecho acreditado de que de los tres ocupantes del piso 5º (A. V. Á.,, J.C.C e inicialmente C. K. M. C) con la persona que mayor trato tenía la finada Doña M. C. C. I., era con A. V. Á., Efectivamente, tanto J.C.C como C. K. M. C vinieron a indicar que A. V. Á., tenía más trato que ellas con M. C. C. I.,, pero lo derivaban del hecho de que ella le pedía algún favor o arreglar algo (así lo dijo C. K. M. C) o del hecho de que una vez se estropeó el “telefonillo” de su casa y A. V. Á., fue a casa de la Sra. M. C. C. I., para comprobar el telefonillo de ella. También aseveró Jessica que nunca en todo ese tiempo quedaron con la Sra. M. C. C. I.,, ni nunca los invitó por ejemplo a su casa a cenar o a tomar café. En definitiva: ni había especial amistad entre Doña M. C. C. I., y A. V. Á.,, ni tampoco especial grado de confianza. Su relación era de mera vecindad.
Tampoco se ha discutido por las partes que la víctima Doña M. C. C. I.,, de 53 años de edad, ciertamente llevaba una vida un tanto extravagante: la propia acusación particular y el Ministerio Fiscal hacen alusión a esta circunstancia en sus escritos de conclusiones provisionales. Tanto la J.C.C como la testigo C. K. M. C manifestaron que Doña M. C. C. I., no tenía mucha relación con los demás vecinos y que entre el vecindario del edificio se denominada a Doña M. C. C. I., z como “la loca”.
Ahora bien, pese a que la extravagancia en el modo de vivir, o de vestir, o de de comportarse de Doña M. C. C. I., pudiera ser mayor o menor en opinión de sus vecinos, no significa que sus vecinos creyesen que Doña M. C. C. I., era una persona inhábil para manejar su persona y su patrimonio, el cual de hecho gestionaba personalmente, ni puede presumirse tampoco que pudiera pensarse cabalmente que la referida Doña M. C. C. I., se hallaba en una situación tal que no pudiera describir o recordar un acontecimiento grave que le pudiera suceder .

A este respecto, no consta que Doña M. C. C. I., tuviera diagnosticada ninguna enfermedad mental. No consta tampoco que hubiera sido incapacitada judicialmente. Sí consta, pues obran en la causa las sentencias de primera instancia que así lo establecen, que su madre Doña D.y su hermano L.C. fueron declarados judicialmente incapaces, habiendo sido designado tutor de ambos la Fundación Tutelar de La Rioja. Incluso puede indicarse que esta Sala tiene perfecto conocimiento de esta circunstancia, - y por lo tanto, del hecho cierto de que Doña D era la madre de Doña M. C. C. I., y Don L. C. su hermano- porque se da la circunstancia de que fue esta misma Sala la que conoció del recurso de apelación civil que la propia finada, que estaba personada en aquel procedimiento de incapacidad, interpuso contra la sentencia de primer grado en cuanto a la designación de tutor, aspecto este que podemos poner de relieve habida cuenta del carácter público y la eficacia erga omnes de las sentencias judiciales firmes.


En definitiva, tampoco consta en absoluto que Doña M. C. C. I., padeciera ninguna patología que le hiciera no acordarse de los hechos que le acontecían, o que padeciera problemas de memoria, ni consta que los vecinos o alguien pudiera razonablemente creer algo así.
Por el contrario, existen incluso en esta causa algunos indicios de alguna medida que Doña M. C. C. I., adoptó en el ámbito de la gestión de sus intereses, como son el hecho al que luego aludiremos relativo a que contratase para su casa un dispositivo de alarma de seguridad, o el hecho ya mencionado de que se personas de en aquel procedimiento civil en defensa de lo que entendía que eran sus intereses. Finalmente, no consta probado que la Sra. M. C. C. I., causase problemas: ni para sí, ni para sus vecinos, ni para ningún tercero.
II.- Ideación de los hechos.
El plan de robar en casa de Doña M. C. C. I., ez fue idea de A. V. Á.,

Es un extremo que no ha sido negado, y que se compadece perfectamente con el hecho de que A. V. Á., era vecino de Doña M. C. C. I.,, y con el convencimiento que Adrián había adquirido de que era cierto que Doña M. C. C. I., tenía mucho dinero, o por utilizar la expresión que A. V. Á., le dijo a C. K. M. C, “estaba forrada”.

La testifical prestada en juicio por x acredita que A. V. Á., quiso acompañarse de otra persona para cometer los hechos, para lo cual se puso en contacto en primer lugar con x. Según este testigo, aunque A. V. Á., no le contó en concreto en qué consistía su plan, sí que le dijo que estaba preparando “algo serio” o “algo fuerte”, lo que evidencia que ya desde el principio A. V. Á., tenía previsto perpetrar hechos que desde su perspectiva eran graves.

No habiendo aceptado x acompañar a A. V. Á., en sus propósitos, A. V. Á., se lo propuso a F. J. L.M., 

Adrián declaró que sabía que F. J. L.M.,  practicaba un arte marcial denominado Muay Thai (a la sazón, una suerte de boxeo tailandés); y que el plan era que F. J. L.M.,  entraría con él en casa de Doña M. C. C. I., y que con la técnica que F. J. L.M.,  conocía, este la reduciría dejándola inconsciente.

Por su parte, F. J. L.M., , que a lo largo de su declaración reconoció que efectivamente había practicado ese arte marcial denominado “Muay Thai” desde el año 2011 en que salió de la cárcel, indicó que A. V. Á., lo planeó todo, que le comentó que su vecina tenía mucho dinero, y que le dijo que reducirían a la Señora cogiéndola del cuello, la llevarían a la habitación, le pondrían las bridas que llevarían a tal efecto y que le sacarían el número "pin" de las tarjetas y libretas bancarias, tras lo cual podrían sacar cada día unos seis mil euros.


Como vemos, en cuanto a la ideación del plan, la versión de los acusados difiere en varios extremos – como enseguida veremos, luego aun difiere más-, aunque coincide en un punto: que no hubo propósito previo de matar a Doña M. C. C. I.,, tesis sustentada por ambas defensas, que sostienen que el plan pactado entre ambos acusados fue solo el robo con violencia (de forma que la decisión de matar a Doña M. C. C. I., sobrevino durante la ejecución del robo).

Las acusaciones sin embargo consideran que ambos acusados habían decidido ya “ex ante” no solo robar, sino también matar a Doña M. C. C. I.,, o cuando menos, contemplaban esta eventualidad como algo que probablemente tendrían que llevar a cabo.

Es de destacar no obstante que en uno y otro caso, esto ni quitaría ni pondría argumentos o gravedad a la conducta eventualmente desarrollada.

La acusación dirigida contra los acusados lo es por asesinato perpetrado con alevosía. Que la idea de perpetrar la muerte de Doña M. C. C. I., estuviera o no preconcebida en el plan ideado, o que dicho plan inicialmente solo consistiera en robar con violencia y el propósito homicida surgiera durante el desarrollo de los hechos, no impide "per se" la apreciación de dicha alevosía, la cual, como luego veremos cuando abordemos esta circunstancia, es algo distinto de la preideación de la muerte, más relacionada con la premeditación; debiéndose añadir que la premeditación, como tal y en sí misma considerada, no es relevante desde el momento en que conforme al Código Penal vigente, no constituye una circunstancia de las que el artículo 139 del Código Penal tipifica como determinantes de la agravación del homicidio en asesinato (sin perjuicio de que pueda ser reveladora de un comportamiento alevoso), a diferencia de lo que sucedía en el Código Penal de 1973.


No obstante, sobre esta cuestión debemos decir en todo caso que tras el análisis de la prueba esta Sala ha llegado a la conclusión de que los acusados, en todo momento, y ya antes de iniciar los hechos, sí tenían previsto desarrollar actos de violencia física contra la víctima, Doña M. C. C. I.,. En concreto, pensaban desplegar todos aquellos actos de violencia, fuesen estos los que fueren, que resultasen necesarios para conseguir sus fines depredatorios con impunidad; entre esos actos violentos que pensaban desarrollar, contemplaron en todo momento el dar muerte a su víctima si de otra forma no lograban sus fines y aseguraban su impunidad.
Esta conclusión resulta de los siguientes datos:
1.- En primer lugar, los acusados decidieron con toda intención cometer el delito en un momento en que Doña M. C. C. I., estuviera en su domicilio, y no fuera del mismo.
Ya hemos dicho que A. V. Á., conocía cuándo entraba y cuando salía de su casa Doña M. C. C. I.,.
En esa tesitura, Adrián, pudiendo optar por cometer el robo cuando su víctima estuviera fuera de su casa (por ejemplo, forzando su puerta, lo que hubiera impedido de raíz toda violencia física), optó por cometerlo cuando sabía que Doña M. C. C. I., estaba en su domicilio. No cabe duda de que F. J. L.M.,  aceptó este plan así configurado, porque en juicio manifestó que el plan de hecho, llamaron a la puerta, no la forzaron, y entraron porque Doña M. C. C. I., les dejó pasar a su casa.
Por lo tanto, pudiendo haber elegido cometer el delito cuando Doña M. C. C. I., estuviera fuera de su casa, los acusados decidieron cometerlo sin embargo cuando sabían que estaba allí, lo que evidencia que desde el principio sabían que iban a ejecutar actos violentos.
La razón de esto pudo estar en la explicación que ofreció en juicio el acusado F. J. L.M., , quien dijo que pensaban “pedirle” que les diera el “pin” de las tarjetas o libretas bancarias que ellos creían que iban a encontraban en la casa.

A este respecto, esta Sala solicitó una aclaración final a este acusado acerca de cómo pensaban obtener ese número “pin”, a lo que el mismo no ofreció una explicación razonable, pues vino a indicar que creía que la señora (la víctima) se lo diría. Pero es notorio que nadie facilita voluntariamente a un tercero extraño el número “pin” de su tarjeta de crédito, dato éste por definición secreto, en la medida en que proporciona el acceso al dinero de la cuenta; por lo tanto, si como ha resultado probado, los acusados tenían desde el principio la idea de exigir a la víctima que les facilitase el número “pin” de las tarjetas o libretas bancarias que pensaban encontrar para luego hacer extracciones, es porque “ ex ante” albergaban la idea de conminar a la Sra. M. C. C. I., a facilitar esos datos mediante la violencia física.


2.- El relato de ambos acusados patentiza que ambos asumían que se iba a desplegar violencia contra Doña M. C. C. I., desde el principio: A. V. Á., dijo que el plan era que después de entrar F. J. L.M.,  agarrase a la Sra. C. K. M. C del cuello, dado que F. J. L.M.,  que conocía el precitado arte marcial “Muay Thai” y que además sabía hacer el “ mataleones” (que es una suerte de llave de inmovilización por el cuello) . Indicó que lo que pretendían era dejar a Doña M. C. C. I., inconsciente y que no pensaron que se pudiera despertar. Por su parte, F. J. L.M.,  manifestó que el propósito inicial era “reducir a la Sra” cogerla del cuello (eso dijo al principio aunque luego mantuvo varias veces que de los hombros), “hacerle una llave”, llevarla a la habitación, ponerle las bridas que ellos llevaban al efecto y sacarle el Código pin de las tarjetas y robarla.
Por consiguiente, el empleo de la violencia -incluso con utilización de “llaves” o de “artes marciales”- estaba prevista ya por los acusados antes de los hechos, y no solo esto, sino que estaba previsto que tal acometimiento violento se produjese en cuanto Doña M. C. C. I., les franquease la entrada de su domicilio.
Obsérvese- y esto es relevante- que según la versión de los propios acusados, a ellos nunca se les ocurrió, para consumar sus fines depredatorios, utilizar ni la fuerza en las cosas ni la mera intimidación. Siempre partieron del uso de la violencia contra la víctima, pues según su propia versión lo primero que iban a hacer no era conminarle a que les diera dinero, o tratar de obtenerlo mediante amenazas, sino, directamente, agarrarla de cuello, inmovilizarla, reducirla ,dejarla inconsciente… expresiones todas ellas empleadas por los acusados en el curso de sus declaraciones en juicio.
3.- Abordamos ahora dos aspectos que queremos resaltar especialmente porque los consideramos significativos, a la vista de lo que finalmente aconteció, que no fue otra cosa que la muerte de la Sra. M. C. C. I.,:
a) - Por un lado, el robo se perpetró a cara descubierta. Por lo tanto, resulta meridiano que si Doña M. C. C. I., quedaba con vida, les iba a reconocer fácilmente como autores del robo y podría denunciarlos y describirlos ante la Policía. Máxime cuando conocía perfectamente a uno de ellos, pues era su vecino (A. V. Á.,)
b) - Por otro lado, los acusados llevaban puestos desde el principio para la comisión de los hechos, cada uno de ellos, varios pares de guantes de látex que poco antes habían comprado en un supermercado cercano.
Según explicaron los acusados, los guantes se los pusieron no porque desde el principio se hubiesen representado la idea de matar a Doña M. C. C. I.,, sino con el exclusivo fin de no dejar huellas por las que pudieran ser identificados como los autores del robo.
Sin embargo, esta explicación carece de lógica, pues si no querían ser identificados como autores del robo, no se entiende que decidieran perpetrar este delito cuando estaba dentro de la casa la Sra. M. C. C. I.,, y además, a cara descubierta.
No resulta en absoluto razonable que se pusieran guantes a fin de no ser identificados como autores de un robo que, al ser perpetrado a cara descubierta, permitiría perfectamente su identificación por la víctima sin necesidad de cotejo de huellas… siempre y cuando – claro está- la misma permaneciese con vida.
Esto es muy claro en el caso de A. V. Á.,, porque la víctima lo conocía perfectamente de antes debido a que ella era su vecina, e incluso le había franqueado anteriormente la entrada de casa en alguna otra ocasión para que le hiciera ciertos arreglos de aparatos (así lo declaró en juicio mediante testifical la novia de A. V. Á.,).

Pero también en el caso de F. J. L.M., , pues aunque la víctima no lo conocía anteriormente, es meridiano que si quedaba libre podría describir tanto el aspecto del acusado F. J. L.M.,  (de evidente fuerte complexión) como su fisonomía a la Policía, lo cual permitiría su identificación, la cual además estaría muy lejos de ser dificultosa, - bien mediante una eventual diligencia policial de reconocimiento fotográfico, bien a través de otra pesquisa policial-, pues no en vano F. J. L.M.,  tenía relación con A. V. Á., y tiene antecedentes penales, lo que equivale a decir que su fotografía obra en los archivos policiales, antecedentes penales que, además, lo son precisamente en virtud de una condena por delito de robo.


No obstante, cada uno de los acusados insistió a lo largo del juicio, con justificaciones diversas, en su tesis de que el hecho de que cometieran el delito a cara descubierta y no obstante con guantes de látex, no significaba que pensasen matar desde el principio a la Sra. Calderón.
Así, por ejemplo, A. V. Á., vino a indicar que pensaba que como la Sra Calderón “estaba un poco demente”, cuando denunciase o no se acordaría o nadie le haría caso; también aludió a que como F. J. L.M.,  la iba a dejar inconsciente, tras ello la Sra. M. C. C. I., no iba a recordar nada, pues F. J. L.M.,  conocía las técnicas del arte marcial que practicaba, las cuales producían ese efecto, y porque la Sra M. C. C. I., “ estaba un poco demente, un poco loca” ( ver grabación del juicio desde el minuto 10 y treinta segundos hasta el minuto 13 y 28 segundos aproximadamente) .
Sin embargo, esta Sala considera absurdas esas explicaciones.
Nadie puede considerar razonablemente que la ejecución de una técnica de cualquiera de las artes marciales, pueda llegar a provocar en quien recibe un golpe o una “llave”, un episodio de pérdida de memoria. Desde luego, la realidad de tan peculiares e ignotas técnicas, ni se ha probado, ni de ellas existe noticia alguna.
Es también absurdo considerar que los acusados dieran por seguro que Doña M. C. C. I., (que conocía perfectamente A. V. Á.,) no iba a recordar un hecho tan grave como haber sido objeto de un robo con violencia en su casa, o que si recordaba y denunciaba a los acusados ante los funcionarios de la Policía, los agentes no le iban a hacer caso.
Sobre esta cuestión, ya hemos dejado indicado en el apartado anterior (apartado I), que es cierto que Doña M. C. C. I., era una persona que vestía y se comportaba de un modo calificado por todos -incluso por la Fundación Tutelar de La Rioja en el escrito de calificación- como extravagante, y que era conocida en el vecindario como “ la loca”, debido precisamente a las precitadas extravagancias. Pero también hemos mencionado que no está acreditado ni que dicha extravagancia fuese tal como para hacer pensar cabalmente a alguien que la Sra. M. C. C. I., padecía problemas de memoria, problemas éstos que no es ya que no esté probado que los padeciese la víctima, sino que no hay ni el más leve atisbo de prueba de que la Sra. M. C. C. I., los sufriese. En definitiva, para esta Sala resulta meridiano que el solo hecho de que una opinión popular o vecinal calificase a una persona como la Sra M. C. C. I.,, por su modo de vida y su aspecto, como de extravagante o incluso de “loca” (así, entre comillas), no permitía extraer como consecuencia lógica o natural que, en caso de sucederle algo grave, lo normal sería que esa persona no supiera luego lo que le pasó o no lo recordase. Dicho de otra forma, no existe dato alguno que cabalmente pudiera hacer pensar a una persona normal o ciudadano medio que la Sra. M. C. C. I.,, que vivía sola sin necesitar a nadie y gestionaba personalmente sus intereses, en caso de ser objeto de un robo violento en su casa, no lo iba a recordar.
Por tal motivo consideramos irrazonable que los acusados pudieran creer que pese a cometer el robo a cara descubierta, la Sra M. C. C. I., no lo iba a recordar.
Tampoco consideramos verosímil que los acusados creyesen que si la Sra. M. C. C. I., los recordaba y los denunciaba, la Policía no la iba a creer. Máxime en este caso, cuando la denunciante podría identificar perfectamente a uno de los autores en la persona de A. V. Á.,, respecto de la cual esa denuncia difícilmente podría ser considerada sin más por la Policía como no creíble, habida cuenta de que era vecino de la víctima (lo que le otorgaba la ocasión) y tenía antecedentes penales y policiales que la Policía podría comprobar (lo que otorgaría a la denuncia un principio de mayor verosimilitud). Cabe adicionar a este respecto que es notorio que ante una denuncia, el deber de los funcionarios de la Policía es, en principio, investigarla, siempre que lo denunciado sea infracción penal (y no cabe duda de que un robo con violencia en casa habitada sin duda alguna lo es), y ello, fuere quien fuere la persona que pudiera interponer esa denuncia.
Item más: ya hemos dicho que el propio A. V. Á., había otorgado credibilidad a las manifestaciones que usualmente hacía la Sra. M. C. C. I., relativas a que tenía mucho dinero y patrimonio, hasta el punto de que llegó a decirle a C. K. M. C que “la loca está forrada” ( así lo manifestó C. K. M. C en juicio). En definitiva, A. V. Á., se convenció de que la Sra. M. C. C. I., estaba “forrada” ( por utilizar sus mismas expresiones) y fue eso precisamente lo que le determinó a plantear el robo. Es por esto precisamente que a esta Sala le sorprende tanto que el acusado A. V. Á., sostenga en juicio que cometieron el delito a cara descubierta porque creía que como la Sra. M. C. C. I., no estaba bien de la cabeza, no iba a recordar el robo, o que en todo caso, si denunciaba, nadie la iba a creer; y nos resulta sorprendente que A. V. Á., realice semejante alegación, cuando resulta que él mismo sí que había creído a la Sra. M. C. C. I., cuando esta manifestaba por ahí que tenía mucho dinero, sin cuestionarse para nada que tales afirmaciones pudieran ser fruto de esa supuesta inestabilidad mental, hasta el punto de determinarle a planear la comisión de un robo con violencia.

En definitiva, los acusados no han ofrecido ninguna explicación lógica o razonable acerca porqué estaban tan seguros de que la víctima no les podría luego reconocer cuando perpetraron el robo a cara descubierta, conociendo como conocía la víctima perfectamente a uno de ellos. Y siendo que la víctima los podría identificar, tampoco han explicado con qué finalidad llevaban entonces los guantes de látex que portaban en sus manos, con el fin de no dejar huellas.


Por eso nosotros estimamos que el hecho de que perpetrasen los hechos a cara descubierta, y además con guantes de látex, constituye sin duda un indicio harto poderoso de que no pensaban dejar testigos que les pudieran reconocer; les era indiferente que la víctima les pudieran ver y reconocer (de hecho a uno de ellos – su vecino A. V. Á., - lo conocía perfectamente), pues tenían previsto asegurarse, del modo que fuere, que después de los hechos Doña M. C. C. I., no pudiera denunciarlos; si fuera preciso (como así ha corroborado lamentablemente lo sucedido) quitándole la vida. Y los guantes se los pusieron porque, eliminando ese único testigo (la víctima), pensaban que portando esos guantes no dejarían huellas que permitiera su identificación como los autores de los hechos, no solo del robo sino también de la muerte que, cuando menos eventualmente, tenían previsto dar a la propietaria de ese domicilio.
Esta decisión correspondió a los dos acusados: no solo al ideólogo del plan en cuanto conocedor de la Sra. M. C. C. I., y su situación (A. V. Á.,) sino también a la persona que se avino a llevarlo a cabo con él, F. J. L.M., , quien no en vano personalmente fue a un supermercado cercano (establecimiento “Simply”) a comprar los guantes y fue él quien inició la dinámica de actos violentos hacia la Sra. M. C. C. I.,, agarrándola súbitamente y por sorpresa con el fin de inmovilizarla, arrastrándola luego violentamente por el pasillo – creemos que junto con A. V. Á.,, aunque correspondiendo el principal desarrollo de energía a Francisco Javier León- y arrojándola con fuerza sobre el suelo del dormitorio.



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