Vi encuentro de Estudiantes En Torno a la Psicología Comunitaria



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La Comunidad como Interpelación Ideológica.

Mirada Crítica a las lógicas de Seguridad Ciudadana y al estancamiento de la Lucha de Clases.




VI Encuentro de Estudiantes En Torno a la Psicología Comunitaria

Organiza Universidad Bolivariana con colaboración USACH

Agosto 2005

Ponencia:



La Comunidad como Interpelación Ideológica.

Mirada crítica a las lógicas de Seguridad Ciudadana y al estancamiento de la Lucha de Clases.
Autor: Gustavo Bustos Gajardo
Institución: Grupo de Trabajo Comunitario Alemanque, Escuela de Psicología, Universidad Academia de Humanismo Cristiano

Resumen: La comunidad es entendida en este trabajo como el Lugar No-Lugar en el que se estructura la interpelación ideológica. Esta interpelación se dirige al Trabajador Comunitario, el cual puede asumir la posición del Héroe o de Súper Yo, es decir, surge la posibilidad de que este invista su acción política de manera Ética e Inmoral o de modo No Ético y Moral. La idea central del texto es contraponer las lógicas del acto político del Trabajador Comunitario (como soporte del antagonismo versus ser el colchón entre el Estado y el Pueblo). Finalmente, la intención es visualizar el antagonismo como lucha de clase en el marco de develar el estatuto del “enemigo común” que nos impone el marco político de los programas de seguridad ciudadana.

Palabras Claves: Comunidad, Interpelación Ideológica, Héroe, Súper Yo, Estado, Pueblo, “Enemigo Común”, Ética, Inmoral, No Ético, Moral, Acto Político




  1. Contexto y Contingencia

Entre los años 1990 y 2000 el problema de la delincuencia ha adquirido un relevancia superior en los debates políticos y en la opinión pública, a diario se repiten imágenes, formas y contenidos sin alteraciones substantivas de la realidad, es decir, se nos presenta la existencia de un “enemigo común” que invoca exaltadamente una supuesta inseguridad ciudadana, situación que instala un sentimiento generalizado de desconfianza y descontrol, dejando a la comunidad abandonada ante el prejuicio y la estigmatización en contra de las clases populares (De Rementeria 2004). Sin embargo, el problema de la seguridad ciudadana esta por debajo de otras temáticas históricas como la pobreza, la salud, la educación y el empleo –así lo confirma un estudio del INE de 2004.

En la actualidad prevalece el transito de sujetos que no se encuentran entre sí, aunque se constituyen de igual manera unos a otros. Pueblos transitando por las sendas del dogma, negándose a la posibilidad de interrogar cuestionamiento acerca de sus condiciones de vida. Administradores del mercado-nación que se hacen llamar políticos de vocación social, aunque tan sólo pueden ver una realidad de números que representan sus ganancias. Un mundo que crece macro-económicamente a partir de una globalización a la medida de las transnacionales, mientras los pueblos se vuelcan hacia la producción y el consumo fragmentando sus investiduras de sujetos políticos y consiguientemente abstrayéndose del tejido social como espacio de construcción histórico social, es decir, una realidad donde se pierden de vista las relaciones sociales, los conflictos de clase y la política como acto; un contexto en el que surge la pregunta en torno a la estrategia de los programas de seguridad ciudadana, en el sentido de: ¿Quién absorbe los beneficios de esta postura que exacerba la necesidad de defenderse de modo “preventivo y ofensivo” del supuesto “enemigo común”? y quizás lo más grave: ¿Quién es verdaderamente este “enemigo común” -que nos imponen?

Marx en la sexta tesis sobre Feuerbach, nos planteó que el ser humanos “es, en su realidad, el conjunto de sus relaciones sociales”1. Este enunciado sigue tan vigente como ayer, sin embargo, el problema es hacia donde conducimos ese conjunto de relaciones, o, para decirlo de otro modo, como con-notamos los valores de nuestras acciones. Por otra parte, el psicoanálisis lacaniano da cuenta de que la constitución del sujeto pasa por ser un proyecto del gran Otro, es decir, se establece desde lo simbólico y el terreno de los significantes. Para ser más preciso, el sujeto lacaniano es el sujeto del inconsciente, y este último no es otra cosa que un pensar con palabras que se vuelca en lo social a partir de una estructura, a saber, el lenguaje. Entonces, si el sujeto desde Marx corresponde al conjunto de las relaciones sociales y desde Lacan al sujeto del inconsciente, surge una pregunta: ¿Qué perspectiva de comunidad fundada a partir de un nudo subjetivo nos permite ocupar un lugar contra el capitalismo neoliberal?

Cuando señalaba que el sujeto es un proyecto del Otro, estoy apelando a una alteridad simbólica, en la cual se juega una relación discursiva en la que inevitablemente entramos en contacto con otros sujetos, sin embargo, es a partir de esta exterioridad como lazo social donde el deseo y la mirada del Otro constituyen al sujeto. Pero, ¿qué proyecto tiene el gran Otro (el Estado y sus Aparatos Ideológicos) para nosotros, ya sea como Sujetos Políticos, Trabajadores Comunitarios o como simples [¿ciudadanos?] de la polis?

Hoy, las regulaciones del mercado sobre el campo de las ciencias sociales -como por ejemplo en nuestra querida psicología comunitaria- determinan el quehacer a partir de la imposición de un concepto de sociedad individualista, eliminación de la noción de bien común y la absolutización de las reglas del mercado. Esto es, lo ideológico, lo político y económico como soportes de la subjetividad para enfrentar y abordar la realidad social están siendo reprimidos por la premisa positivista de la neutralidad de las ciencias. Al pasar el tiempo esta represión opera en calidad de puntal del sentido común, conduciendo con ello al tejido social hacia un manto de status quo. En otras palabras, nos imponen cumplir con un rol más que actuar como sujetos políticos.

Mientras “los gobiernos son los apoderados del capital”2 NosOtros aceptamos ser Esclavos que reemplazan a Esclavos por otros Esclavos del capital. Pero a la vez, somos esclavos de la mediocridad, dejamos que el rol se apodere del sentido de nuestras acciones, es decir, el discurso dominante cataloga nuestras utopías como sueños imposibles, como una mentira que nos conduciría, supuestamente, al fracaso. El discurso hegemónico se estructura o deviene en homogenización, en dogmatismo, impone el declive de la ética en política con actos siempre políticamente equívocos en su pretensión de ser correctos, pretende nuestra filiación acrítica e incondicional. Es así como hoy el trabajo comunitario se estipula como plataforma legalizante de la democracia burguesa, es decir, nos constituimos en un colchón situado entre el Pueblo y el Estado. Pero ¿acaso es posible escapar de esta situación de colchón? Sin duda, que una respuesta tanto afirmativa como negativa serían posible. Con el objetivo de clarificar ambas respuestas, junto a sus respectivas implicancias, revisaremos el cuadro greimesiano de la matriz nocional de la oposición entre moral y ética presentada por Žižek en su libro Las metástasis del goce. Seis ensayos sobre la mujer y la causalidad para dar cuenta de la posición del Trabajador Comunitario.

No importando a que investidura adscribimos, la posición del Trabajador Comunitario es siempre la de un <>. El mediador evanescente opera como sujeto en el proceso de transformación social invirtiendo la relación entre base y superestructura, por lo que los viejos valores, ideas, creencias y pensamientos preparan las condiciones subjetivas para la transformación infraestructural o económica. Al producir la transformación infraestructural, la superestructura escapa de su sustancia para reconocerse a sí misma a partir de los antagonismos propios de su base, en este sentido “la ideología <>”. El <> corresponde a lo que Žižek –en su texto: Porque no saben lo que hacen- denomina el “cuarto momento excedente” de la dialéctica, entendiéndolo como momento que se ubica entre la “oposición abstracta” y la “reconciliación” (segundo y tercer momento de la dialéctica), siendo el resultado final (reconciliación) –como diría Lacan- el propio mensaje en su forma verdadera, invertida. La dialéctica por tanto, para ser efectiva, no se constituye por tres momentos: Tesis-Antítesis-Síntesis sino por cuatro (el momento excedente) el cual da cuenta de la inversión como resultado del antagonismo, es decir, la contradicción entre Tesis y Antítesis no se resuelve con la Síntesis sino con la inversión de esta (“la forma …persiste detrás del contenido”), por consiguiente el Trabajador Comunitario puede actuar a favor o en contra del antagonismo, puede establecerse como “Héroe” o como “Súper Yo”, puede estar del lado del Pueblo (la comunidad) o del Estado (y sus Aparatos Ideológicos...).






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