Un análisis sobre la desnutrición cátedra de Medicina Social Facultad de Trabajo Social



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ANTROPOLOGÍA Y SALUD


UN ANÁLISIS SOBRE LA
DESNUTRICIÓN
Cátedra de Medicina Social
Facultad de Trabajo Social


ALUMNAS:


  • Alberti, Alfonsina

  • Bergel, María Laura

  • Parente, Fernanda

  • Rolfo, Florencia



La Plata, Noviembre 2007.

ANTROPOLOGÍA Y SALUD
UN ESTUDIO SOBRE DESNUTRICIÓN
Resumen: Con el siguiente trabajo intentamos mostrar, a partir de una fuerte convicción acerca de la necesidad de realizar estudios interdisciplinarios en lo que refiere a temas de salud como así también a cualquier tema que hacen a las realidades sociales tan complejas, los posibles aportes que desde la Antropología, y como antropólogas, podemos hacer. Para tal objetivo, desarrollaremos a nivel teórico lo que los antropólogos de la salud vienen trabajando, como así también, un ejemplo de estudio de caso a nivel práctico. Esto lo elegimos así porque creemos que los estudios cualitativos como cuantitativos son mutuamente complementarios y necesarios para abordar el tema de la desnutrición en Argentina.

Introducción:
Cada año, en el mundo unos 24 millones de niños nacen con bajo peso, en su mayoría en países en desarrollo. Por lo general, las madres de esos niños también tienen deficiencia ponderal, o trabajan en exceso, o sufren cortedad de talla debido a que en la infancia no recibieron una nutrición suficiente. Los hijos de estas mujeres corren más peligro de muerte que los niños más pesados. Los que sobreviven corren riesgo de tener problemas de aprendizaje y sufrir desnutrición”. (UNICEF, Informe sobre desnutrición infantil).

Muchos autores catalogan a esta enfermedad, como una enfermedad de la pobreza, ya que quienes son indigentes, no ingieren los “requerimientos normativos kilocalóricos y proteicos imprescindibles”. Alejandro O'Donnell, médico especialista en nutrición y director del CESNI, declaró sobre la desnutrición infantil que “las causas son las de la pobreza”.

Así, la desnutrición remite centralmente, en términos tanto de causalidad estructural como de prevención, a procesos económicos-políticos y culturales.(Ortale, 2003).

El desnutrido es el resultante de una disminución de todo el mecanismo de defensa contra las infecciones, pérdida de fuerzas y adelgazamiento. Esta incapacidad para defenderse hace que la enteritis diarreica, las enfermedades infecciosas y respiratorias intercurrentes, resulten sumamente graves y muchas veces mortales.

Desde el sector médico afirman que cuando la desnutrición se da en la pobreza, es más difícil salir de ella. Hay un círculo formado por condiciones higiénico - dietéticas malas. El doctor O´Donnell, indica: “La contaminación en la que viven es mucho mayor. Las posibilidades de enfermarse, los casos de diarrea son mucho mayores, en esos ámbitos. Esa es una causa de desnutrición, la reiteración y la prolongación de la diarrea, a medida que adelgazan se vuelven más inmunodeficientes, con más facilidad para enfermarse, de contraer una serie de enfermedades que hacen el círculo vicioso de la desnutrición, enfermedad, anorexia, bajas de peso. Baja de peso, desnutrición, uno infecta más fácil y se vuelve el círculo vicioso.”

Según UNICEF, (“El Estado Mundial de la Infancia”, 1998) hace mucho tiempo que se tiene conciencia que la desnutrición es consecuencia de la pobreza. Y cada vez resulta más evidente que una también es causa de la otra.

No obstante, aunque se trata de un problema de salud prevenible, de diagnóstico técnicamente sencillo y tratamiento eficaz y barato, y de hallarse estrechamente asociado con el aumento en las tasas de morbimortalidad, existe, a nivel poblacional, un notable vacío de información epidemiológica. (Ortale, 2003).

Abordando la complejidad del contexto sociocultural en donde se procesan la salud, la enfermedad y la atención, se puede contribuir a dar respuestas eficaces para esta situación.

Dado que el médico es una de las figuras que está más en contacto con el desnutrido, es importante aproximarse a su concepción de lo asistencial como una actividad científico/técnica impregnada de procesos sociales, ideológicos, económicos e institucionales.

Los interrogantes clásicos de estos profesionales respecto a la desnutrición, refieren a las características básicas del saber: en qué principios teóricos y técnicos basan su actividad profesional; cómo detectan, diagnostican, explican su causalidad, actúan y evalúan su intervención; qué factores limitan, imposibilitan o favorecen la detección, tratamiento y cura de los niños desnutridos; cuáles son sus conocimientos de las estrategias populares y cuál es su capacitación para intervenir en actividades de atención primaria. (Ortale, 2003).


Para abordar este tema, pensamos en el análisis cualitativo como asociado a la representatividad de los datos estadísticos. Para esto utilizamos un estudio cuantitativo previamente elaborado por nosotras. Pero proponemos una perspectiva interpretativa de los datos más reflexiva, compleja y analítica que permita acceder al universo de los significados intentando traspasar lo meramente descriptivo.

Nuestra perspectiva se aproxima a los estudios desarrollados en el campo de la Antropología médica y de la salud, cuya especialidad temática se ocupa de los procesos salud-enfermedad-atención y que refieren a contextos económicos-políticos-culturales específicos y explícitos.

La importancia de la Antropología de la Salud radica en que, desde esta perspectiva, se puede trabajar con representaciones sociales, lo que nos permite analizar las creencias. Las representaciones sociales son estructuras que los grupos sociales construyen y que les sirven para entender y explicar la realidad. Cada grupo social construye sus propias representaciones, con las cuales explicará y comprenderá la realidad de un modo determinado. Existen problemas con las representaciones sociales, ya que pueden ser diferentes en distintas sociedades, dentro de la misma sociedad e incluso entre el paciente y el profesional de la salud.

Existen diferentes técnicas para conocer las representaciones sociales, pero principalmente las etnográficas pueden aportar mucho para un mejor conocimiento de los problemas de salud. (Martínez y Haro, 2007).

Como dice Pizza (2005), la disciplina debiera estar fundada en una relación más estrecha entre teoría antropológica, praxis etnográfica y compromiso político. Para este autor, la antropología médica debiera concebir la oposición salud-enfermedad como dialéctica, es decir, como proceso socio-político. De este modo la dicotomía misma se revela como una construcción histórica e ideológica y será necesario entender el origen, el desarrollo y los objetivos estratégicos en los términos políticos del control social y de la conservación del estado de las cosas, por un lado, y en los términos de la transformación y de la lucha contra las violencias estructurales que producen la desigualdad y el sufrimiento, por el otro.

Para entender los aportes que desde la Antropología se pueden hacer sobre estas temáticas sociales, hay que entender esta disciplina en términos de Gramsci: la idea de hombre como “producto histórico”; la rigurosa crítica al reduccionismo naturalista de las ciencias biológicas; y la estrecha relación dialéctica entre teoría y práctica. (Pizza, 2005).

Muchos estudios antropológicos han focalizado su interés en la medicina popular o folklórica y han subestimado el estudio de los procesos de mortalidad, morbilidad y atención de la enfermedad, procesos que expresan algunos de los problemas de mayor gravitación para los conjuntos subalternos.

Según Menéndez (1989), la subestimación de estas problemáticas contrasta con el hecho de que es a través de la descripción de alguna de ellas que podría observarse la articulación y mutua determinación de procesos que operan en el nivel “micro” (como por ej. estrategias familiares frente a la enfermedad) y el nivel “macro” (por ej. políticas sanitarias estatales).


Todavía nos parece más acertado el enfoque que nos ofrece la antropología médica crítica, ya que toma como eje la relación entre medicina, cultura y política. Los antropólogos médicos críticos piensan que las ideologías dominantes y los patrones sociales en el cuidado médico están íntimamente relacionados a ideologías hegemónicas y patrones externos a la biomedicina. Entienden a los problemas de salud dentro del contexto de fuerzas políticas y económicas que las circundan, incluyendo a las fuerzas a escala institucional, nacional y global, que estructuran las relaciones humanas, moldean los comportamientos sociales, condicionan las experiencias colectivas, reordenan las ecologías locales y sitúan los significados culturales. (Weisner, 2000, “La antropología médica). La antropología médica crítica, al ocuparse de la salud tanto en sociedades indígenas, como en sociedades precapitalistas, capitalistas y aquellas de orientación socialista, efectúa conexiones entre el macro nivel del mundo capitalista y globalizado y el micro nivel de las creencias y de las experiencias que los individuos tienen acerca de la enfermedad.

La pertenencia a determinados niveles socioeconómicos (como así también a determinados grupos étnicos)1 establece los límites y las condiciones dentro de las cuales el proceso salud/enfermedad/atención adquiere características diferenciales tanto en términos de morbimortalidad como de los saberes referidos a la misma. Se considera entonces que los procesos de salud/enfermedad no sólo son emergentes de las condiciones de vida –y en este sentido la desnutrición es paradigmática- sino también, objeto de construcción de los conjuntos sociales. Todo conjunto social necesita producir y reproducir representaciones y prácticas respecto de los padecimientos, dolores, angustias, malestares, etc. que lo afectan.

En la medida que la alimentación constituye un comportamiento cotidiano fuertemente medicalizado y que la desnutrición infantil se encuentra incluida en el campo de intervención médica, se sostiene que las prácticas, conocimientos y valoraciones sobre alimentación y salud de los conjuntos sociales están permeadas por una construcción hegemónica de la salud/enfermedad/atención. Esto requiere indagar la visión que sobre la nutrición/desnutrición infantil sostiene el personal médico de los centros asistenciales en donde se atiende esta problemática, así como sobre las prácticas destinadas a la prevención/atención/tratamiento de la misma. (Ortale, 2003)

Y es aquí donde los científicos sociales tienen la posibilidad de intervención a partir de prácticas concretas. La problemática, en realidad, debe relacionarse con múltiples perspectivas. Entonces, no debe sorprendernos que el abordaje sea interdisciplinario. El abordaje de la realidad debe ser integral, sin fragmentarla de acuerdo a la clasificación de las ciencias o de la división de las disciplinas académicas, sino, en su interrelación. Entonces, “la interdisciplina nace de la incontrolable indisciplina de los problemas que se presentan”, ya que para abordar la complejidad de las problemáticas actuales, es necesario no sesgar dicha realidad exclusivamente desde los saberes disciplinares. (Crespo y Fernandez, 2005).

La salud se ve afectada por el cambio y las crisis sociales. Entonces, si las intervenciones no tienen en cuenta estos determinantes sociales, es decir al sujeto como ser complejo, ni cuestionan que promueve la salud para poder promocionarla, estará mutilada, sus resultados serán siempre incompletos y la prevención y la práctica clínica no podrán ser efectivos. (Crespo y Fernandez, 2005).
El rol del trabajador social
¿Cual es la intervención de un/a trabajador/a social en la cuestión social? No solo implementa políticas públicas…no es solo un operacionalizador…sino que el núcleo del trabajador social es una intersección, un cruce entre los sujetos y el fenómeno social que los convoca. Conecta el sistema y lo pone en funcionamiento de modo que todos los elementos se reproduzcan de la mejor manera basada en la reflexión crítica constante del sistema operante. (Acevedo, 2004).

El trabajo social surge históricamente como producto de un mecanismo que la sociedad establece para enfrentar la cuestión social. Este condicionamiento, por lo tanto, ha producido un profesional que ha tenido que desarrollar una adaptación activa a las formas de enfrentar la cuestión social desde el estado y las organizaciones sociales

Una de las funciones principales del trabajador/a social es trazar alianzas estratégicas internas y externas que contribuyan a legitimar un accionar comprometido con la ciudadanía.
El trabajador social tiene como responsabilidad, intervenir en el tema de desnutrición desde varios lugares posibles:

Un primer paso es poder formar parte del grupo de especialistas que tienen a su cargo los subsidios para proyectos sobre salud, bienestar social y desarrollo. Aquí su trabajo es mostrar a médicos, abogados, psicólogos y otros profesionales que las políticas se aplican a personas reales, que tienen una complejidad de carencias o dificultades para llevar adelante su cotidianidad y que es imperiosa la necesidad de ponernos en su lugar o acceder a su modo de vida, estando en el día a día y no sentados en mesas de café discutiendo la cuestión social de los marginados.

La falta de alimentación es una cuestión de vida o muerte y los niños desnutridos tienen jugado su futuro. Si come en el comedor un día no es la solución. Su problema es mucho más complejo: necesita vitaminas, hierro, calcio y otros nutrientes básicos que no son aquellos carbohidratos de los fideos u otras harinas.

Además si no está bien nutrido no es solo falta de peso para su edad, involucra miles de problemas más. Ese niño nunca va a recuperar su capacidad potencial intelectual, no posee las defensas necesarias para las infecciones del medio en que vive, que además de no tener acceso a agua potable y un real desagüe de los desechos, su aire seguramente esta contaminado con los gases tóxicos de la tosquera cercana. En fin, un sin número de otros condicionamientos, además de ser “un poco flaco”.

El trabajador social puede intervenir para que los propios vecinos se agrupen para gestionar sus derechos básicos como ciudadanos argentinos, y que el estado debiera garantizar, es decir, condiciones mínimas de vivienda, salud y educación. El trabajador social debe gestar un espacio publico peculiar que le de lugar a la reflexión. Tiene un papel insustituible como profesional de la cuestión social y es sobre eso por donde debe prevalecer la voz de él por sobre los demás especialistas.

“La cuestión social no es pensada aquí como desigualdad social entre pobres y ricos, y menos aun como situación social problema, tal como fue históricamente pensada por el servicio social, reducida a las dificultades del individuo. Lo que aquí se busca es descifrar, en primer lugar, la génesis de las desigualdades sociales, en un contexto donde la acumulación capitalista no rima con equidad.(Iamamoto, 2003).


Con todo lo dicho hasta ahora, queda claramente manifestada la mutua complementariedad existente entre los posibles aportes del Trabajo Social y de la Antropología a cualquier problemática social en general, y, en particular, lo que refiere a la desnutrición infantil. Aunque ambas disciplinas diverjan en las prácticas, convergen en la idea de que las cuestiones sociales son complejas, históricas y políticas, y que requieren de un tratamiento integrado.
La desnutrición en la Argentina
La población se ha empobrecido de una manera extrema, a un nivel mayor que casi todos los países de América, y, Argentina, pese a la relativa bonanza de los últimos años, sigue estando más pobre que en el 2001. (Escudero, 2007. Clarín, 30/09/07).
El agravamiento de la situación socio-económica (pos-crisis del 2001) produjo desnutrición en los niños más carenciados producto del aumento de la pobreza e indigencia.

Hasta hoy no existen cifras oficiales ni privadas que indiquen exactamente cuántos niños desnutridos hay en Argentina. Pero podemos hacer una aproximación teniendo en cuenta definiciones de organismos internacionales como UNICEF y la OMS, y nacionales como el Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI), y el INDEC sobre pobreza e indigencia:


Revisando los datos que el Sistema de Información, Monitoreo y Evaluación de Programas Sociales (Siempro), organismo dependiente de la Presidencia de la Nación, sobre la población argentina difundió en los primeros días de junio del año 2005, se observó lo siguiente:

El 54 por ciento de los argentinos es pobre y el 23 por ciento es indigente.

El 47 por ciento de la población pobre la componen menores de 18 años.

Los 18,2 millones de argentinos pobres viven en 4.050.000 hogares, de los cuales el 75 por ciento está habitado por chicos menores de 18 años.

Dos de cada tres niños menores de 18 años es pobre. Esto es el 66,66 por ciento de los 12.490.000 que hay en el país.

Del total de chicos pobres en esa franja de edad (8.319.000), casi la mitad (4.138.000) es indigente.

Con esto se puede deducir que en Argentina hay desnutrición infantil. Tanto las estadísticas como los especialistas consultados indican que este flagelo en Argentina existe, siempre existió, y de no mejorar las condiciones económicas y asistenciales en el país, se extenderá afectando a mayor cantidad de niños.

El constante aumento de la pobreza y la indigencia en nuestro país es un hecho que está en crecimiento desde 1998 disparándose en el 2002 a niveles que superan a muchos países latinoamericanos. La persistente inflación que los argentinos venimos sintiendo desde hace ya varios años, es una de sus principales causas, producto de una devaluación que se refleja en el aumento constante de los precios de los productos alimenticios, acompañado por el congelamiento o disminución de salarios y una desocupación que, a pesar de haber disminuido en este último tiempo, continúa siendo alarmante.


En la Argentina actual la problemática alimentaria compromete la salud de vastos sectores. La misma aparece reflejada en: la mayor participación de los alimentos en el gasto total de los hogares (Teubal, 1989, Aguirre, 1993); en la disminución de la demanda efectiva de alimentos, en la progresiva segmentación del consumo, en el aumento de la desnutrición crónica en sectores de situación de extrema pobreza y en la concurrencia creciente de la hipoalimentación en los índices de morbimortalidad.

Esta problemática parece paradojal en nuestro país con una producción excedente de alimentos y exportador de cereales. La problemática no se vincula con la disponiblidad sino con el acceso al consumo. Y, es allí mismo, en el consumo, donde también se reproducen las fuerzas que separan al sector hegemónico del subalterno. Como dice Canclini, “… es necesario estudiar cómo la diferenciación y reproducción social se realiza en el consumo”. “Partimos de la afirmación de que las clases y los grupos sociales –no solo las clases- se diferencian por su desigual apropiación de los bienes materiales y simbólicos en la producción y consumo”.

Como ya hemos dicho, la información sobre el estado nutricional de los niños argentinos es muy escasa, aún la información más sencilla de obtener que es el peso y la talla. Ello se debe a que no se la registra, no se la difunde cuando existe, no se procesa, o no se lo hace adecuadamente utilizando distintos puntos de corte o diferentes indicadores antropométricos, lo cual impide hacer comparaciones entre regiones, estimar tendencias y evaluar el impacto de acciones de salud y asistencia nutricional. De esta manera la atención y el registro se centran en la patología en sí misma más que en el registro del estado nutricional del niño, haciendo imposible recabar datos para construir una epidemiología al menos, institucional.

Es por esta carencia de datos que nos pareció pertinente presentar nuestro informe que expone datos concretos sobre desnutrición en poblaciones indígenas que muestran una mayor vulnerabilidad por el lugar de subordinación2 que ocupan en nuestra sociedad.


La inadecuada nutrición en la infancia tiene repercusiones sobre el crecimiento, desarrollo y salud general de los niños. La monotonía de la alimentación es característica de las familias de menores recursos por lo que, si algún nutriente o micronutriente es deficitario, la monotonía perpetuará y agravará la deficiencia. Además, es posible, en función de la distribución intrafamiliar, que no se alcance la densidad de nutrientes convenientes para los más pequeños (O´Donnell, 1999).

Para abordar la problemática que analizaremos a continuación, decimos que la desnutrición se produce por falta de alimentos y de micronutrientes como el hierro, la vitamina A y el yodo, necesarios para regular la mayoría de las funciones fisiológicas esenciales y que el organismo por sí solo no produce.


Los problemas nutricionales de los niños argentinos, siguiendo a Ortale, consisten en:




  • La desnutrición aguda (deficiencia de peso para talla o la edad)

  • La desnutrición crónica (deficiencia de talla para la edad)

  • El sobrepeso y la obesidad (exceso de peso para la talla)

  • La carencia de micronutrientes ( denominada desnutrición oculta)

La desnutrición crónica (stunting), manifestada como el retraso de la talla en relación a la edad del niño es la forma actualmente prevalente. Ella produce secuelas importantes per se y por la deficiencia de micronutrientes que la acompaña. El stunting es un proceso crónico que puede continuarse hasta los dos o tres años de vida. Todas las agresiones nutricionales e infecciosas que pueda sufrir un niño en estos años de la vida, se manifestaran con retraso en el crecimiento.



Prevalencia de desnutrición en niños pobres de poblaciones rurales y urbanas entre aborígenes y no aborígenes

El siguiente análisis corresponde a un estudio antropológico de caso, que nos permite ilustrar desde lo cuantitativo, lo complejo del tema, poniendo énfasis en las desigualdades sociales dadas por las diferencias étnicas y producto del sistema hegemónico operante, el cual no admite ni contempla la pluralidad, y ubica a cierto sector de la población en situación total de subordinación, llegando incluso a la destitución de la condición social de los sujetos.



Resumen

OBJETIVO. Identificar el estado nutricional de niños en edad preescolar y escolar (3 a 12 años) de la Provincia de Buenos Aires, Argentina, tanto en zonas rurales y urbanas, aborígenes y no aborígenes, pertenecientes a hogares bajo la línea de pobreza.

Palabras claves: desnutrición crónica y aguda/prevalencia; rural/urbano; aborigen/no aborigen; infante, Buenos Aires, Argentina.

Introducción

La Provincia de Buenos Aires es la provincia más densamente poblada de la República Argentina, encontrando entre su población grandes desigualdades socioeconómicas. El Conurbano bonaerense alberga el mayor porcentaje de esta población. Tendremos en cuenta para nuestro análisis las siguientes categorías: rural/urbano, aborígenes/no aborígenes. Se considera población urbana, según el INDEC, a la que habita en localidades de 2.000 y más habitantes y población rural al resto (tanto localidades de menos de 2.000 habitantes y a la que se encuentra dispersa en campo abierto).3 En la provincia de Buenos Aires el 5 % de la población corresponde a población rural, según el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas, 2001.4 La población aborigen presente en la provincia de Buenos Aires es de 55.884, según la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas, 2004.5 La muestra con la que trabajamos fue tomada considerando sólo los hogares que se encuentran por debajo de la línea de pobreza, cuya población se encuentra más vulnerable a una situación de déficit calórico-proteico. “La línea de pobreza mide los ingresos suficientes para acceder a una canasta normativa de alimentos y servicios…” (Calvo, B et al, 2005). Para el recorte poblacional tomamos las siguientes consideraciones planteadas por el INDEC:

Hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI): son aquellos en los cuales está presente al menos uno de los siguientes indicadores de privación.



a) Hogares que habitan viviendas con más de 3 personas por cuarto (hacinamiento crítico)

b) Hogares que habitan en una vivienda de tipo inconveniente (pieza de inquilinato, vivienda precaria u otro tipo)

c) Hogares que habitan viviendas que no tienen ningún tipo de retrete (saneamiento)

d) Hogares que tienen algún niño en edad escolar que no asiste a la escuela (escolaridad)

e) Hogares que tienen 4 o más personas por miembro ocupado y en los cuales el jefe tiene bajo nivel de educación –sólo asistió dos años o menos al nivel primario- (subsistencia)

Considerando que toda la muestra se encuentra bajo la línea de pobreza, lo que nos estaría indicando una capacidad similar de cubrir necesidades alimenticias, esperamos encontrar diferencias significativas en el estado nutricional de la misma debido a diferentes variables cualitativas: diferencia demográfica, pautas culturales de alimentación, acceso a diversidad de recursos alimenticios; y cuantitativas: talla en relación a la edad (T/E), peso en relación a la edad (P/E) y peso para la talla (P/T).

El objetivo del presente estudio es realizar un diagnóstico del estado nutricional de la población infantil bonaerense en el año 2005 intentando observar correlaciones entre desnutrición/pobreza, desnutrición/etnicidad, desnutrición/ruralidad.

Material y métodos

Se realizó un estudio transversal, durante el ciclo lectivo 2005, donde fueron muestreados 8.000 niños representativos del Conurbano Bonaerense y de localidades del interior de Buenos Aires, Argentina. El tamaño muestral se determinó ajustado por población finita, con un nivel de confianza de 95% y un error de muestreo de 2%. Se trabajó con niños de 3 a 12 años que habitaran Hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas. La muestra se relevó de forma aleatoria y fue estratificada por edad y grupo étnico.

El estado nutricional de los niños se determinó a partir de dos indicadores: talla para la edad (retraso del crecimiento), peso para la edad (retraso del crecimiento) y peso para la talla (emaciación). El peso corporal se midió en kilogramos empleando una balanza digital portátil (10g de precisión) que se calibró al inicio de cada sesión. En todos los casos los niños vistieron ropa liviana cuyo peso se descontó del peso total. La talla se midió en centímetros utilizando un antropómetro vertical (1mm de precisión), con el niño descalzo y orientando la cabeza en el plano de Frankfort.

Todas las mediciones se realizaron en horario escolar, durante los meses de abril y noviembre de 2005, siguiendo protocolos estandarizados. Para la determinación del error intraobservador cada medición se realizó dos veces.

Los datos de peso y talla fueron transformados a puntuación z empleando NHANES I y NHANES II como referencia internacional y los datos de la Sociedad Argentina de Pediatría como referencia nacional. La relación talla/edad sirvió para identificar la desnutrición crónica, usando como patrón de referencia los estándares del National Center for Health Statistics (NCSH)6 y como criterio diagnóstico el menor de menos dos desviaciones estándar. El peso para la talla se utiliza como indicador del estado actual de nutrición de los niños y, por tanto, permite evaluar la frecuencia de desnutrición aguda. Para la determinación de prevalencias de retraso del crecimiento y emaciación se empleó el punto de corte de <-2z por debajo de la mediana de referencia.

Resultados

Se realizaron mediciones de peso y talla de 8.000 niños, que representan el 0,2 % de la población total de niños de la Provincia de Buenos Aires, según datos del INDEC para niños de 0 a 14 años. El 37 % corresponde a población rural siendo el 16,5 % de la misma aborigen. El 63 % restante es población urbana, siendo el 6 % aborigen.



La OMS ha recomendado el uso de la puntuación Z como la forma adecuada para analizar la información de antropometría, en función del manejo estadístico que permite. Las tablas 1 y 2 muestran la media de la puntuación Z de los tres índices antropométricos expresados y los desvíos estándar correspondiente.

Tabla 1































Promedio y desvío estándar de los puntajes z para cada indicador










 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 










Rural










No Aborígen




Aborigen










N

X

DE

 

N

 

X

DE

Bajo Peso (Peso/edad <-2z)

2548

-0,54

1,21




550




-1,1

1,25

Baja Talla (Talla/Edad <-2z)

2588

-1,17

1,33




532




-2,5

1,42

Emaciación (Peso/Talla <-2z)

2614

0,22

1,04

 

540

 

0,09

1,03



Tabla 2































Promedio y desvío estándar de los puntajes z para cada indicador
















 

 

 

 

 

 

 

 

 










Urbana










No Aborígen




Aborigen










N

X

DE

 

N

 

X

DE

Bajo Peso (Peso/edad <-2z)

4228

-0,13

1,25




318




-0,68

1,37

Baja Talla (Talla/Edad <-2z)

4088

-0,58

1,22




306




-1,9

1,51

Emaciación (Peso/Talla <-2z)

4158

0,28

1,11

 

305

 

0,21

1,02

En la tabla 3 y 4 se observa las prevalencias de anemia, desnutrición en niños menores de 5 años aborígenes y no aborígenes de las muestras tomadas.

 Tabla 3

 

 

Rural










No Aborígen




Aborigen










%

X

DE

 

%

 

X

DE

Anemia







29,9










41,6










Bajo Peso (Peso/edad <-2z)

9,9










20,6

*







Baja Talla (Talla/Edad <-2z)

26,9










51,0

**







 Tabla 4

 

 

Urbana










No Aborígen




Aborigen










%

X

DE

 

%

 

X

DE

Anemia







25,4










50,3

**







Bajo Peso (Peso/edad <-2z)

5,0










15,6

**







Baja Talla (Talla/Edad <-2z)

10,1










34,8

**







Se observó que el 29,9 % de la población rural no aborigen y el 41,6 % de la población aborigen en un área rural presentan anemia. Para el área urbana los porcentajes de anemia son del 25,4 % para población no aborigen y el 50,3 % para población aborigen.

Con respecto a la variable Peso/edad los porcentajes para la población no aborigen son del 9,9 % y aborigen del 20,6 % para la población rural lo que nos estaría indicando una prevalencia baja de desnutrición aguda para el primer caso y moderada para el segundo. En la zona urbana los casos estudiados mostraron que los porcentajes son del 5 % para no aborigen (baja prevalencia) y del 15, 6 % (baja prevalencia) para aborigen.

Según la variable Talla/edad las muestra nos estaría indicando que en el caso de zona rural no aborigen (26, 9 %) presenta una prevalencia baja con respecto a la desnutrición crónica y en el caso aborigen (51 %) la prevalencia sería muy alta.

Discusión

Los datos analizados nos permiten ver que en general todos los gráficos de puntaje z nos muestran un desplazamiento hacia la izquierda tanto para la variable talla/edad como para la variable peso/edad. Sin embargo, la relación talla/edad se ve más afectada que la relación peso/edad, siendo especialmente destacable para la población de aborígenes de hábitat rural, donde la media cae en Z -2,5. Esto se trataría de una desnutrición crónica, es decir, de un proceso que afecta al tejido óseo durante un período considerado en el crecimiento.

Sin embargo, también para la población aborigen en área urbana, se observa un gran desplazamiento de la curva, aunque el promedio de puntaje z no llega a pasar el límite de normalidad.

En cuanto al peso/edad, también todas las curvas están corridas hacia la izquierda, aunque de forma bastante menos significativa. Sin embargo, el dato más llamativo recae nuevamente sobre la población aborigen del área rural.

Inferimos que los resultados obtenidos muestran que los aborígenes tanto en el área rural como urbana, se ven afectados por el sistema socio-económico actual del país, ya que ingresaron obligados a una economía de mercado que no los favorece, poniéndolos en situación de marginalidad absoluta.

Según Mercer, Raúl y co-autores, dentro de los factores socioeconómicos en relación a la desnutrición, se debieran analizar:


  1. Deficiencias de infraestructuras sociales básicas.

  2. Deficiencias de las condiciones socioambientales.

  3. Deficiencias en condiciones de la vivienda.

  4. Deficiencias de los servicios básicos en las viviendas.

  5. Clima educativo del hogar.

La gran desviación en el índice de talla/edad se puede explicar como producto de al menos dos variables: Por un lado, la ocurrencia de experiencias desfavorables en las etapas tempranas de la vida y, en muchos casos, de otras padecidas en etapas previas (prenatal), así como durante las experiencias vitales transferidas de los padres y abuelos, y a la vez, es la expresión de un deterioro histórico en las condiciones de vida de la familia.

Por otro lado, viendo que el peso no es una variable que muestre la situación dramática como sí lo expresa la talla, concluimos que se trataría de un caso de compensación de la población producto de distintas políticas asistenciales por parte del gobierno, iglesias y ONGs.



Conclusión

Según los datos analizados podemos concluir que una población sometida a las mismas condiciones socioeconómicas, puede presentar variación:



  1. Los niños de las poblaciones rurales tienen baja talla y peso para la edad con respecto a las poblaciones urbanas, lo que nos indica un incremento en la desnutrición crónica a la que fueron expuestos, y actualmente se encuentran más vulnerables que los niños de poblaciones urbanas a sufrir situación de déficit calórico-proteico.

  2. Los niños de las poblaciones aborígenes en ambos casos tienen baja talla y peso para la edad en relación a las poblaciones no aborígenes, lo que nos indica que dichas poblaciones sufren las peores condiciones de postergación y acceso a la nutrición adecuada.

Reflexiones finales

Este estudio nos permite enfrentar datos reales a partir de los cuales se hace necesario un abordaje interdisciplinario para intentar generar desde las distintas áreas la necesidad de mayores investigaciones, logrando así hacer visibles las causas, y de ese modo poder encontrar bases ciertas sobre las posibles causas que subyacen a la malnutrición y desnutrición en nuestro país.

Desde nuestro lugar, creemos que, el compromiso político de la antropología médica no debe, como dice Pizza: “considerarse como “aplicación” de los resultados de una investigación o como “uso social” de ésta en el espacio público. El compromiso político está en la concienciación de nuestra ineludible implicación en la praxis social. Esto necesita un reforzamiento de la metodología crítica, reflexiva, autobjetivamente dentro del propio campo científico, en el académico, en las relaciones con las instituciones y con el Estado, en las políticas de investigación científica y en la elaboración académica de la teoría”. (Pizza, 2005).

Sabemos que el Modelo Médico Hegemónico se constituye e instituye en los países capitalistas centrales, bajo el mando e intereses de las clases dirigentes. Los caracteres dominantes de dicho modelo, según Menéndez, son: su biologismo, ahistoricidad, asocialidad, pragmatismo, individualidad, participacionismo subordinado, etc. cuya práctica médica no es más que una práctica reparativa. Esta práctica, no sólo reduce su nivel de análisis al individuo o a lo sumo a la suma de individuos, sino que su mirada radica en la enfermedad “en sí”, ya que no puede referir radicalmente sus políticas de salud a los factores económicos,-políticos e ideológicos determinantes de la enfermedad, pues ello supondría afectar al proceso dominante. En un nivel manifiesto, dice Menéndez, dicho modelo aparece asociado en su desarrollo a la lucha y abatimiento de toda una serie de padecimientos que pueden ser vinculados con las condiciones de vida de las clases subalternas. La desnutrición, el alcoholismo, la tuberculosis, las enfermedades infectocontagiosas inciden diferencialmente en el conjunto de las clases sociales.



Insistimos, entonces, que la desnutrición debe ser entendida como un fenómeno social, que contempla múltiples dimensiones complejas y que requieren de distintos abordajes y de más investigaciones. Así mismo, creemos que la problemática requiere de forma urgente una mayor intervención de quienes poseen el poder para hacerlo, y una mayor concientización por parte de la ciudadanía. Se hace absolutamente necesario que de una vez, desde la propia sociedad, instalemos este tema como un problema de todos.

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1Acerca de la pluralidad étnica en relación con la disciplina, Pizza nos hace reflexionar diciendo que: “Pienso que la antropología médica, aun habiendo producido archivos de informaciones y de estudios indispensables para comprender la variabilidad cultural de los procesos de salud y enfermedad, tiene hoy en día que reflexionar sobre el riesgo de que la insistencia sobre la diferencia cultural oculta la producción de desigualdad social”.

2 Si bien se suele denominar a los grupos indígenas como en estado de marginalidad, creemos, como afirma Fernando Cardoso de Oliveira, que “no son políticamente o económicamente marginales sino que son oprimidos y explotados”, ya que son funcionales a la reproducción del sistema; por lo tanto, no es acertado pensar que están al margen del mismo.

3 http://www.indec.gov.ar/censo2001s2_2/datos/07000c101.xls

4 http://www.indec.gov.ar/censo2001s2_2/datos/07000c101.xls

5 http://www.indec.gov.ar/población indigena/informedeprensa


6 Organización Mundial de la Salud (OMS). Medición del cambio del estado nutricional. Ginebra 1983.



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