Tribunalsupremo sala de lo Penal



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D) RECURSO DE LAS ENTIDADES CIFUENTES 2000 S.L., LAS JARAS DE SAN LUIS, S.A., SANTA CRUZ DE BUJEDO, S.A., SAN ANTON DEL ESPINO S.A., Y APROVECHAMIENTOS AGROPECUARIOS LAS JARAS DE SAN LUIS, S.L, declaradas responsables civiles subsidiarias de Rafael Pérez Escolar. Tomo III folios 969 a 1022.
PRIMERO.- El motivo primero se formaliza por infracción de ley, en nombre de Cifuentes 2000 S.L., al amparo de los arts. 849.1 de la Lecrim., y 5.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial por haberse declarado la responsabilidad civil subsidiaria de dicha entidad en las operaciones atribuidas a Rafael Pérez Escolar y que se denominan como Centro Comercial Concha Espina y Oil Dor.
1.- Sostiene que Cifuentes 2.000 S.L, no fue citada a declarar durante toda la instrucción sumarial a través de sus administradores o representantes, ni siquiera en calidad de testigos, ni nadie tampoco, a título de administrador o representante suyo, fue imputado en las diligencias previas correspondientes a la sentencia que ahora se recurre en casación. Por tanto, ningún administrador o representante pudo asumir consecuentemente el status de responsable civil, ni tuvo ocasión de defender a la sociedad de una eventual reclamación por responsabilidad civil subsidiaria con respecto a cualquier imputado concreto, porque nadie llegó a declarar, a lo largo del dilatado sumario, en concepto de administrador o representante de dicha sociedad.
Cuanto antecede viene refrendado en el auto de derivación de procedimiento abreviado que dictó el instructor el 8 de abril de 1.996, cuya resolución no se refirió a la entidad recurrente, ni siquiera aludió a ella, con la transcendental consecuencia de no valorar en cualquier forma su eventual participación en los presuntos delitos objeto de instrucción, en las condiciones que exigen inexcusablemente los arts. 120 y 122 del Código Penal para extender la responsabilidad civil a quienes no hayan participado de manera directa en los hechos objeto de la denuncia.
2.- La propia parte recurrente reconoce que el instructor en el auto de 27 de mayo de 1.996 por el que acordó la apertura del juicio oral, incluyó por primera vez y, por tanto en su opinión de forma sorpresiva a la entidad Cifuentes 2.000 S.L, como responsable civil subsidiaria y lo hizo según sostiene, sin expresar los fundamentos fácticos ni los fundamentos jurídicos en que ineludiblemente debían asentarse esa atribución de responsabilidad civil. Y añade que el citado auto tan sólo se acordó de Cifuentes 2.000 para la adopción de cautelas patrimoniales, por lo que en el proceso, se ha lesionado el derecho fundamental a la tutela judicial efectiva y a no sufrir indefensión.
La resolución judicial fue recurrida en reforma y mantenida por el Juez de Instrucción. La parte recurrente vuelve a reproducir su postura en el trámite de cuestiones previas, una vez abierto el juicio oral, y la Sala, en la extensa y detallada decisión que se contiene en el auto de 9 de Marzo de 1.998, motiva suficientemente su postura sobre la responsabilidad civil de la entidad recurrente y recuerda, citando una Sentencia del Tribunal Constitucional de 17 de Diciembre de 1.996, que el derecho a la tutela judicial efectiva “no incluye el derecho a beneficiarse de simples errores materiales o de omisiones evidentes”.
De forma detallada, el auto de la Sala explica con claridad y precisión, que es distinta la posición del imputado y del presunto responsable civil, hasta tal punto, que la incomparecencia a juicio de este último no constituye una causa de suspensión de la vista de conformidad con lo establecido en el artículo 793.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Sostenemos como hace el auto recurrido, que el ejercicio de la acción civil ex delicto, se encuentra sujeto al principio dispositivo y corresponde promoverla a las partes acusadoras y actores civiles, las que pueden hacerlo en el mismo momento de formular acusación, de modo que si antes de ese momento procesal no ha habido ejercicio de la acción civil, el Juez de Instrucción no puede, de oficio, citar en concepto de responsables a persona física o jurídica frente a la cual no se ha ejercitado aún pretensión civil alguna.
Centrándonos en la verdadera esencia de lo que plantea la parte recurrente debemos afirmar que no ha existido indefensión material alguna, ya que el artículo 791 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, concede la posibilidad de proponer prueba que contrarreste la pretensión de responsabilidad civil ejercitada. Habiéndosele dado traslado de los escritos de acusación en los que aparece de forma explícita los hechos en que se fundamenta la responsabilidad civil subsidiaria, la parte recurrente no solamente ha podido contestar en sus conclusiones provisionales y definitivas, sino también en el informe oral después de haberse practicado todas las pruebas que estimaron procedentes.
Por lo expuesto el motivo debe ser desestimado.

SEGUNDO.- El motivo segundo se formula en nombre de Cifuentes 2.000 S.L, Las Jaras de San Luis S.A., Santa Cruz de Bujedo S.A., San Antón del Espino S.A., y Aprovechamientos Agropecuarios Las Jaras de San Luis S.L., al amparo del art. 5.4 de la LOPJ, por considerar que la sentencia recurrida infringe el art. 24.2 de la Constitución al incidir en violación del derecho fundamental a la tutela judicial efectiva al declararlas responsables civiles subsidiarias de Rafael Pérez Escolar sin que las acusaciones hayan establecido en su pretensión las circunstancias determinantes de dicha responsabilidad.
1.- Sostiene que los perjuicios, a cuyo pago se condena a las entidades anteriormente mencionadas, no se han determinado de manera directa y ni siquiera indirectamente mediante, la exposición de las bases para hacer su cálculo, supliendo así el Tribunal de Instancia de oficio e indebidamente, las omisiones padecidas por las acusaciones. Por lo que al vulnerar los principios de rogación y dispositivo, que rigen en el ejercicio de la acción civil e incluso del Código Penal, la sentencia ha violado el derecho fundamental de las recurrentes a la tutela judicial efectiva. Pone de relieve que tanto el Ministerio Fiscal, como los presuntos perjudicados, el Banco Español de Crédito S.A y el Fondo de Garantías de Depósitos, que se han disputado entre sí esa condición sin serlo efectivamente ninguno de ellos, han debido ejercer en forma –y no lo han hecho- la pretensión indemnizatoria que acoge inexplicablemente la sentencia recurrida, al condenar a las sociedades mencionadas como responsables civiles de Rafael Pérez Escobar. Tampoco han cuantificado el importe de las responsabilidades civiles que reclaman, y aunque alguna de ellas ha pedido que se determine en ejecución de sentencia, puestos a extremar su pasividad motivada por la absoluta inexistencia de perjuicio han adoptado manifiestamente esa postura, sin establecer siquiera las bases para ello, limitándose a solicitar como importe, la cantidad en la que se han lucrado los acusados.
Por otra parte para que el cálculo del supuesto perjuicio sea real, también habría que tener en cuenta las cantidades desembolsadas en efectivo para la suscripción de las acciones de Oil Dor, ya que Pérez Escolar y las sociedades de su familia no las adquirieron a título gratuito.
El Tribunal que, de oficio, suple indebidamente las carencias padecidas en las pretensiones de la parte, deja por definición de ser imparcial y en el presente caso ha generado una grave indefensión a las sociedades, infringiendo el art. 24.2 de la Constitución Española de obligada observancia en todo proceso.
2.- Es suficiente con la lectura de la sentencia para llegar a la conclusión contraria a la pretendida por la parte recurrente. Al reseñar en la página 23, la acusación formulada por el Fondo de Garantía de Depósitos, termina precisando que las indemnizaciones a las que se refiere el amplio escrito de esta acusación, que afecta a todos los acusados y a las Sociedades que ahora recurren, precisa y especifica cuáles son las sumas por las que cada una de ellas debe responder.
Carece por tanto de realidad, la afirmación de que no se habían fijado las bases necesarias para determinar la responsabilidad civil que se solicitaba, resultando, por el contrario, acreditado que se cumplieron las previsiones establecidas en los artículos 108 del Código Penal de 1.973 y 122 del Código Penal de 1.995.
La cuantificación no solamente cumple con los principios de rogación y dispositivo, que rigen el ejercicio de la acción civil, sino que ha proporcionado a las entidades recurrentes la posibilidad de impugnar las diferentes partidas y denegar la cuestión de fondo relativa a la existencia de responsabilidad civil subsidiaria por parte de las mismas, por lo que, en ningún momento, se le ha privado de la tutela judicial efectiva.
3.- En relación con la posición procesal del Banco Español de Crédito S.A y del Fondo de Garantía de Depósitos, no cabe discutir que a lo largo de las actuaciones han ostentado la condición de parte y que han esgrimido los derechos que consideraba que le pertenecían, todo ello sin perjuicio de las matizaciones que se han realizado y que damos por reproducidas, respecto de la condición de perjudicado del Banco Español de Crédito y de las posibilidades de repetición que ostenta el Fondo de Garantía de Depósitos respecto de las cantidades entregadas para reflotar el banco.
Por lo expuesto el motivo debe ser desestimado.

TERCERO.- El motivo tercero se formula en nombre de Cifuentes 2000 S.L, Las Jaras de San Luis S.A., Santa Cruz de Bujedo S.A, San Antón del Espino S.A y Aprovechamientos Agropecuarios de Las Jaras de San Luis S.L, al amparo del artículo 5.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, por considerar que la sentencia recurrida incurre en violación del derecho fundamental a la tutela judicial efectiva y a no sufrir indefensión.
1.- El motivo se refiere a las responsabilidades civiles subsidiarias de Rafael Pérez Escolar, por las operaciones denominadas Centro Comercial Concha Espina y Oil Dor, por estimar que en la sentencia, no se motiva de forma alguna el fallo, al omitir tanto el hecho de que se deriva la atribución del Responsable Civil Subsidiario, como la norma jurídica que se estima aplicable, lo que ha infringido por violación, el art. 24.1 de la Constitución Española y el artículo 115 del Código Penal.
Cita en apoyo de su tesis, varias sentencias del Tribunal Constitucional sobre la necesidad de motivar las resoluciones judiciales, cuya doctrina compartimos y más adelante, señala que la propia sentencia, en relación con las Operaciones Centro Comercial Concha Espina y Oil Dor, reconoce que no se ha cuantificado el importe de las responsabilidades civiles o que han existido imprecisiones sobre este punto.
2.- El artículo 120 del Código Penal vigente y el artículo 22 del Código de 1.973, anudaban la responsabilidad civil subsidiaria derivada de los delitos o faltas cometidos en el seno de las personas jurídicas dedicadas a cualquier género de industria o comercio, a las actividades delictivas que hubieran cometido sus empleados o dependientes, representantes o gestores en el desempeño de sus obligaciones o servicios. Por tanto, para determinar si está correctamente conectada la responsabilidad penal de los acusados con la responsabilidad civil subsidiaria de las empresas a las que se le imputa la indemnización, es suficiente con el análisis de los hechos probados ya que establecidos los sustentos fácticos de la conexión, la responsabilidad surge por imperativo legal, sin que sea necesario que la resolución que la impone agote, de manera exhaustiva, los razonamientos o argumentos que le llevan a establecerla.
3.- En relación con el supuesto que nos ocupa, la sentencia recurrida afirma y considera como probado que el acusado Rafael Pérez Escolar, vendió a la Sociedad Dorna S.A el 2 de Octubre de 1.991, antes de la efectiva adquisición por la Corporación Industrial Banesto, un 4,5% del total del 9% de “cuentas en participación” que dominaba a través de su Sociedad Cifuentes 2000, determinándose el precio pagado por la Operación. La anterior afirmación se refería a la Operación del Centro Comercial Concha Espina, pero más adelante al describir los hechos relacionados con la Operación Oil Dor, se declara también, que Rafael Pérez Escolar no sólo suscribió la parte proporcional a la participación accionarial que tenía asumida, sino que la aumentó hasta el 12% de la Sociedad, suscribiendo las acciones sociedades de su “entorno familiar”: San Antón del Espino suscribió 500 acciones por 5.000.000 de pesetas; Santa Cruz de Bujedo 650 acciones por 6.500.000 pesetas; Las Jaras de San Luis 450 acciones por 4.500.000 pesetas y Aprovechamientos Agropecuarios Las Jaras de San Luis 800 acciones por 8.000.000 de pesetas.
4.- En consecuencia y de conformidad con lo establecido por la sentencia de esta Sala de 24 de Julio de 2000 y otras varias, que no sólo permiten sino que aconsejan complementar los razonamientos deslizados en las sentencias recurridas, estimamos que la conexión entre las afirmaciones fácticas reseñadas y las que manifiestan que el acusado Pérez Escolar obtuvo una participación de las cuentas en participación de forma gratuita, conectadas con lo anteriormente dicho, permiten declarar la responsabilidad civil subsidiaria de Cifuentes 2000 S.L por haber sido utilizadas por el acusado como medio para procurarse el ilícito beneficio, ratificándose la suma señalada en la sentencia por la que debe responder la mencionada sociedad.
En relación con Oil Dor, la Sala reconoce que se encuentra con dificultades por la imprecisión de las acusaciones para determinar exactamente la responsabilidad civil, si bien establece que, en todo caso, ésta alcanza a la diferencia entre el precio de la acción de Oil Dor (10.000 pesetas) y el precio abonado por la Corporación Industrial Banesto (300.000 pesetas). En relación con Rafael Pérez Escolar afirma que si bien pudiera haber reinvertido parte de la ganancia en el mismo negocio, es un comportamiento posterior a la consumación del delito y no excluye el dato irrebatible de que utilizó las Sociedades mencionadas para procurarse un ilícito beneficio, con lo que, sin necesidad de mayores razonamientos y remitiéndonos a los preceptos indicados, debemos declarar que no se ha infringido ni la tutela judicial efectiva, ni se ha producido indefensión alguna.
Por lo expuesto el motivo debe ser desestimado.

CUARTO.- El motivo cuarto se formula en nombre de Cifuentes 2000 S.L, Las Jaras de San Luis S.A., Santa Cruz de Bujedo S.A, San Antón del Espino S.A y Aprovechamientos Agropecuarios de las Jaras de San Luis S.L, al amparo del art. 849.1 de la LECrim, por indebida aplicación del art. 109 del Código Penal, al declarar la sentencia recurrida la Responsabilidad Civil Subsidiaria de las mencionadas Sociedades condenándolas a indemnizar al Banco Español de Crédito S.A., siendo así que en esta entidad bancaria no concurre la condición de perjudicada y por tanto carece del derecho a la reparación y a la acción dirigida a obtenerlo.
1.-. Pone de relieve que las pretensiones indemnizatorias se han formulado por las acusaciones en beneficio exclusivo del Banco Español de Crédito S.A y ninguna de las partes personadas en la causa ha ejercido pretensión alguna a favor de la Corporación Industrial y Financiera de Banesto S.A, una entidad con razón social, personalidad jurídica y objeto social distintos, accionistas distintos y órganos de administración y gestión distintos.
La Corporación Industrial y Financiera de Banesto S.A, no se ha personado a la causa ni ha ejercitado pretensión indemnizatoria alguna, por lo que la sentencia atribuye exclusivamente el carácter de perjudicada a la Corporación, Sociedad distinta del Banco, que es la que ostentaría entonces el derecho a la reparación del daño de conformidad con el art. 109 del Código Penal.
2.- Parece evidente, a estas alturas de la Sentencia, que todas las operaciones que se persiguieron en la presente causa y que se reseñan en el relato de hechos probados contribuyeron, de alguna u otra manera a la desestabilización económica y financiera de la entidad matriz que no era otra que el Banco Español de Crédito.
A pesar de lo afirmado por la parte recurrente, cuya legitimidad para invocar la vulneración del art. 109 es cuestionable, lo cierto e incontrovertible es que la entidad en cuyo auxilio tiene que acudir el Fondo de Garantía de Depósitos, debido a los agujeros y desfases contables derivados de la conducta de los acusados, no es otra que el Banco Español de Crédito S.A, teniendo todas las demás, entre ellas la Corporación Industrial y Financiera de Banesto S.A, la condición de Sociedades Filiales. Por si existiese alguna duda, en el folio 16.433 que figura al Tomo LII de las actuaciones y en el que consta la entidad tomadora del Seguro con la Compañía La Unión y el Fénix se dice claramente que el tomador del seguro es el Banco Español de Crédito S.A y sus sociedades filiales, ya sean participadas directa o indirectamente, que se mencionan en la póliza.
Por lo expuesto el motivo debe ser desestimado.


QUINTO.- Se formula en nombre de Las Jaras de San Luis S.A., Santa Cruz de Bujedo S.A, San Antón del Espino S.A y Aprovechamientos Agropecuarios de las Jaras de San Luis S.L, por infracción de ley al amparo de los arts. 5.4 de la LOPJ y 849.1 de la L.E.Crim., por haberse vulnerado el derecho fundamental a la tutela judicial efectiva reconocido en el art. 24.1 de la Constitución.
1.- Se basa el motivo, en que dichas sociedades han sido declaradas responsables civiles subsidiarias, sin que hayan tenido oportunidad de defenderse, en la fase de diligencias previas, al no haberse instado la acción civil por ninguna acusación, ni haberse propuesto, en tal concepto de responsables civiles, la declaración de cualquier administrador o representante suyo y al haber sido dichas traídas sorpresivamente al proceso, por el auto de aclaración dictado por el Juzgado de Instrucción Central nº 3 de fecha 4 de Junio de 1.996, que modificó esencialmente el autor de apertura del juicio oral, con infracción del principio de inmodificabilidad de las sentencias y autos definitivos establecido en el art. 267 de la LOPJ.
El auto de derivación a procedimiento abreviado no menciona a las entidades antes mencionadas. El auto apertura de juicio oral de 27 de Mayo de 1.996 tampoco las incluía o mencionaba y su aparición, en este proceso, se produjo, por primera vez en el Auto de Aclaración de 4 de Junio de 1.996.
2.- La cuestión viene a reproducir los mismos argumentos que con anterioridad, en el motivo primero se utilizaron en relación con la Sociedad Cifuentes 2000 S.L y ya fueron abordados en el Auto de la Sala de 9 de Marzo de 1.998 al que nos hemos referido.
En relación con la diferente posición procesal del imputado o acusado y del responsable civil, damos por reproducido todo lo anteriormente expuesto, y por lo que se refiere a la mención expresa al Auto de Aclaración del Juez de Instrucción de 4 de Junio de 1.996, hacemos nuestros los razonamientos de la Sala Sentenciadora y volvemos a citar la Sentencia de 17 de Diciembre de 1.996 del Tribunal Constitucional, en la que se declara que el derecho a la tutela judicial efectiva no incluye el derecho a beneficiarse de simples errores materiales o de omisiones evidentes. En el caso de no haberse producido la aclaración solicitada, el Fondo de Garantía de Depósitos hubiera visto vulnerado su derecho a la tutela judicial efectiva, al no existir pronunciamiento sobre una petición que había formal y válidamente realizado.
Tampoco se afecta a la inmutabilidad de las resoluciones judiciales y al principio de la seguridad jurídica, ya que no se alteran de manera sustancial los presupuestos básicos de la posición de las partes en el proceso y de las peticiones realizadas, por lo que nos encontramos ante una simple aclaración o subsanación a la que no se le puede dar la transcendencia que pretende la parte recurrente.
Por lo expuesto el motivo debe ser desestimado.

SEXTO.- Cifuentes 2000 S.L, Las Jaras de San Luis S.A., Santa Cruz de Bujedo S.A, San Antón del Espino S.A y Aprovechamientos Agropecuarios de las Jaras de San Luis S.L, al amparo del art. 849.2 de la LECrim, al considerar que la sentencia recurrida ha incurrido en error en la apreciación de la prueba con respecto a las operaciones del Centro Comercial Concha Espina y Oil Dor, al condenar a las entidades como responsables civiles subsidiarias sobre la base fáctica de que pertenecen a Rafael Pérez Escolar.
1.- Al fundamentar el motivo añade que la sentencia ha infringido, por aplicación indebida, el art. 120 o el art. 122 del Código Penal, aunque no es posible precisar si uno o el otro, puesto que la sentencia, en su evidente falta de motivación, no cita ninguno de ellos como soporte de la responsabilidad civil subsidiaria.
Las menciones a la pertenencia de dichas sociedades a Rafael Pérez Escolar, como sociedades de su entorno, son muy imprecisas y son de todo punto inadmisibles al formularse en unos hechos probados.
Como documentos en los que apoya el error que imputa a la sentencia, cita sustancialmente las anotaciones del Registro Mercantil, relativas a las aprobaciones de las cuentas anuales de las diversas sociedades, y en relación con la Sociedad Santa Cruz de Bujedo S.A., considera que la documentación aportada por la Agencia Estatal de Administración de Tributos (Tomo 36, folios 10.676 a 10.711), demuestran que tampoco pertenece al acusado Pérez Escolar. En este punto concreto reconoce y admite, por exigencias de la buena fe procesal, que no se ha señalado esa documentación al formalizar el recurso.
2.- Ateniéndonos estrictamente a la modalidad casacional elegida por la parte recurrente, no haremos ninguna referencia a la supuesta infracción de los artículos 120 o 122 del Código Penal, ya que no tienen encaje en un motivo por error de hecho y, por otro lado, la correcta aplicación de los mismos, ya ha sido declarada en un anterior motivo.
Ciñéndonos a los documentos invocados, ninguno de ellos tiene virtualidad suficiente para acreditar un error palmario del juzgador que al relatar las diferentes operaciones que imputa al acusado Pérez Escolar y concretamente la cesión del 19% de las Cuentas en Participación relativas a la Operación Concha Espina, declara que la Sociedad Cifuentes 2000 S.L., era del grupo familiar del acusado Pérez Escolar, afirmación que también se repite en la página 97 de la Sentencia, al referirse al resto de las sociedades que ahora aparecen como recurrentes.
Los documentos presentados pueden servir para acreditar que el acusado no constaba como socio o administrador formal de las sociedades, pero no tiene entidad suficiente para demostrar, de forma irrebatible, que no tuviese el dominio de las mismas y que no las utilizase para canalizar los beneficios obtenidos de las operaciones que se le imputan. No tendría ninguna justificación el adjudicar a dichas Sociedades los beneficios declarados, si en realidad no perteneciesen a Pérez Escolar.
Para cerrar este grupo de alegaciones, nos remitimos al encabezamiento en el que hacíamos referencia a la necesidad de averiguar la verdadera realidad o sustrato de las sociedades y la inobjetable aplicación de la teoría del levantamiento del velo.
Por lo expuesto el motivo debe ser desestimado.

VII. RECURSOS DE LAS SOCIEDADES QUE ALEGAN SER TITULARES DE BIENES SOBRE LOS QUE SE HA ORDENADO EL COMISO.


  1. CONSIDERACIONES PREVIAS SOBRE LA NATURALEZA DEL COMISO.

El Código de 1.973 incluía el comiso en el Título de las Penas y dentro de Sección 3ª, que se refería a las penas que llevan consigo otras accesorias. El artículo 48 establecía como consecuencia obligada de la pena, el comiso tanto de los efectos que provinieren del delito, como de los instrumentos con que se hubieren ejecutado, a no ser que pertenecieren a un tercero no responsable del delito.


Como puede observarse, el afectado directamente por el comiso era el condenado y por tanto, con su presencia en el proceso y con la petición expresa de que se llevase a efecto esta consecuencia accesoria de la pena, se cubrían todos los presupuestos y garantías procesales.
El Código Penal de 1.995, que según la mayoría de la doctrina se inspira en el Código Alemán, dedica el título VI de su libro I (art. 127 a 129), a las que denomina consecuencias accesorias, sin hacer mayores precisiones, si bien parece que trata de distinguirlas de las medidas de seguridad y de la responsabilidad civil ex delito. Esta postura legal ha originado un debate doctrinal importante, en torno a su verdadero carácter, manteniéndose diversas posturas y no faltando quienes sostienen que tiene una naturaleza análoga a las medidas de seguridad, o bien un carácter administrativo.
Ahora bien, cualquiera que sea la postura que se adopte, y según la redacción actual del art. 127 es necesario que el juzgador se pronuncie sobre la procedencia o no del comiso. Sólo se debe descartar la medida si se acredita la pertenencia de las cosas a terceros de buena fe, lo cual constituye un elemento del debate procesal que necesariamente debe ser objeto, primero de alegación y después de prueba.

El artículo 128 establece una diferencia sustancial, en relación con la regulación del Código derogado, ya que concede al juzgador la posibilidad de que, valorando las circunstancias del caso y en función del principio de proporcionalidad, pondere la naturaleza o gravedad de la infracción penal, pudiendo, en atención a estas circunstancias, no decretar el comiso o decretarlo parcialmente, alternativa de la que no se disponía en el Código anterior.


Cuando, como sucede en el caso presente, la decisión de comiso se toma ante la necesidad de evitar que los condenados, se aprovechen de las ganancias ilícitas procedentes directamente del delito, con objeto de neutralizar un enriquecimiento o situación patrimonial ilícita, la decisión se pudiera enmarcar más en el ámbito de la responsabilidad civil ex delito, que de la responsabilidad penal. En todo caso es necesario una condena previa que lleve aparejada la imposición de una pena, por lo que la inexistencia de ésta, por ejemplo en los casos de prescripción, haría inviable el comiso. En los supuestos en que concurra alguna causa de imposibilidad de ejecución de la pena, por ausencia o muerte sobrevenida del reo, no existen en cambio obstáculos para decretar el comiso, ya que la pena formalmente se mantiene.
Desde una perspectiva jurisprudencial, se ha dicho en la sentencia de esta Sala de 23 de Noviembre de 2000, por tanto posterior a la vigencia del nuevo Código Penal, que para ordenar el comiso es necesario, como sucede en el caso presente, determinar el origen del dinero con el que se han adquirido los bienes cuya expropiación se ordena, revelando con ellos su procedencia ilícita. En otra sentencia posterior de 6 de Marzo de 2001, se exige que su planteamiento y debate se haga en el juicio oral, por medio de petición expresa hecha al respecto por alguna de las partes acusadoras en sus escritos de calificación, para que el acusado pueda defenderse también de esta cuestión. En una sentencia anterior de 20 de Enero de 1.997, se contempla la posibilidad de que la persona que dice ser titular del bien decomisado y que no haya intervenido como parte en el proceso, se le conceda la opción de ejercitar los recursos pertinentes, como ha sucedido en el caso presente, con objeto de darle oportunidad de ser escuchada.
A todo lo anteriormente expuesto hay que añadir, en relación con el presente caso, que nos hallamos ante reclamaciones presentadas por sociedades que dicen ser titulares de los bienes decomisados, lo que permite aplicar también la teoría del levantamiento del velo a la que hemos hecho referencia en el apartado anterior, cuando de la realidad procesal y de las pruebas practicadas se desprenda claramente, que la titularidad de las fincas es un mero decorado que se utiliza para presentar una realidad que no se corresponde con la verdadera situación de los bienes. En todo caso y estando vinculada la decisión del comiso a la conducta de los condenados, no existe inconveniente para que estas sociedades, que ya han tenido posibilidad material de exponer sus puntos de vista en el proceso, a través de sus verdaderos protagonistas, puedan reproducir sus pretensiones en el procedimiento correspondiente, alegando la titularidad de los bienes decomisados, de conformidad con lo establecido en el artículo 996 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.
Con carácter general y como respuesta a todas las cuestiones que se plantean a continuación, conviene recordar que la institución del comiso, tiene un gran arraigo en todos los sistemas jurídicos. De los instrumentos internacionales, el más importante es el Convenio Europeo 141, relativo al blanqueo, investigación, incautación y decomiso de productos del delito, de 8 de Noviembre de 1.990. España si bien lo firmó el 8 de Noviembre de 1.990, no lo ratificó hasta el año 1.998 y no entró en vigor hasta el 1 de Diciembre del mencionado año. En el citado convenio, se admitían reservas para limitarlo de manera específica y exclusiva al tráfico de drogas, pero España no ha hecho uso de esta facultad, por lo que se extiende a toda clase de delitos.
En el preámbulo de dicho Convenio se dice que los Estados Miembros del Consejo de Europa, convencidos de la necesidad de una política penal común para proteger a la sociedad en los casos de criminalidad grave, estiman necesario implantar métodos modernos y eficaces para privar al delincuente de los productos de su delito.
En el artículo 1º se define la confiscación (comiso), como una pena o una medida, ordenada por un Tribunal como consecuencia de un proceso seguido por una infracción penal y que supone la privación permanente de un bien. En el artículo 2, se dispone que los Estados Partes adoptarán las medidas legislativas y otras que resulten necesarias, para permitirles confiscar los instrumentos y los productos del delito.
Así como las previsiones de carácter sustantivo, aparecen homogéneamente recogidas en la mayor parte de los textos legales, las normas procesales carecen de uniformidad, por lo que deben aplicarse las que están vigentes en cada uno de los países. Ajustándonos a nuestro sistema y valorando en su integridad las disposiciones de carácter constitucional y de legalidad ordinaria, podemos afirmar que no existe indefensión, en los casos en que no hay citación formal de una sociedad al proceso, cuando nos encontramos ante una persona jurídica o mera razón social, cuya única razón de existir es la de encubrir la verdadera titularidad de los bienes.
Si de la instrucción de la causa, como sucede en el caso presente, se evidencia que los efectos procedentes del delito han sido registrados por los imputados a nombre de personas jurídicas, con la finalidad de sustraerlos a la acción de la justicia, resultaría un contrasentido afirmar, al mismo tiempo, que la titularidad es ficticia y que, no obstante serlo, atribuye derechos a ese titular. La condición de testaferro no puede generar ningún derecho legítimo, que el ordenamiento deba reconocer como tal.
Por otro lado y en relación con las posibilidades de defensa de los que dicen ser titulares de los bienes, no quedan absolutamente cercenados ya que, al no haber sido parte en el proceso, la sentencia penal no tiene para ellos la eficacia de la cosa juzgada y pueden ejercitar las acciones civiles al amparo del art. 996 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. En este caso, además, han tenido la posibilidad de acceder al Recurso de Casación y de reproducir, como podrá verse más adelante, los argumentos que ya fueron esgrimidos y suficientemente debatidos en la anterior instancia.
En este contexto y para terminar, podríamos mencionar las recomendaciones del Grupo de Acción Financiera e Internacional, del que España forma parte y que está constituido en el seno de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), y que recomienda a los países, adoptar las medidas necesarias para prevenir el uso ilícito y abusivo de sociedades manifiestamente ficticias, que no pueden ostentar ningún derecho ni pueden alegar que actúan de buena fe.





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