Tres ensayos de teoría sexual


II La sexualidad infantil



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II
La sexualidad infantil



24EL DESCUIDO [NEGLIGENCIA] DE LO INFANTIL. Forma parte de la opinión popular acerca de la pulsión sexual la creencia de que ella falta en la infancia y sólo despierta en el período de la vida llamado pubertad. No es este un error cualquiera, pues tiene graves consecuencias, al ser el principal culpable de nuestra presente ignorancia acerca de las bases de la vida sexual87. Un estudio a fondo de las manifestaciones sexuales de la infancia nos revelaría probablemente los rasgos esenciales de la pulsión sexual, poniendo al descubierto su desarrollo88 y mostraría que está compuesta de elementos procedentes de diversas fuentes.

No deja de llamar la atención que los autores que se han ocupado de investigar y de explicar las propiedades y reacciones del individuo adulto hayan prestado más atención a la prehistoria, constituida por la vida de los antepasados, es decir, atribuyeron una incidencia mucho mayor a la herencia que a la otra prehistoria, la que se presenta ya en la existencia individual: la infancia. Y eso que, según debería suponerse, la influencia de este período de la vida es más fácil de comprender, y tendría títulos para ser considerada antes que la de la herencia89. Es cierto que en la bibliografía hallamos ocasionales observaciones acerca de lo que puede considerarse una sexualidad y una práctica sexual temprana [o precoz según se dice] en niños pequeños, acerca de erecciones, de la masturbación y aun de acciones parecidas al coito. Pero se las menciona siempre como procesos excepcionales, como curiosidades o como escandalosos ejemplos de temprana corrupción [depravación prematura]. Que yo sepa, ningún autor ha reconocido claramente que la existencia de una pulsión sexual [cuyas características habrá que dilucidar y explicitar] en la infancia posee el carácter de una ley. Y en los escritos, ya numerosos, acerca del desarrollo del niño, por lo general se omite tratar o se salta el capítulo sobre el “desarrollo sexual”90.



25AMNESIA INFANTIL. La razón de este sorprendente descuido la hallo, por una parte, en los reparos convencionales de los autores, consecuencia de su propia educación, y por otra en un fenómeno psíquico que hasta ahora se ha sustraído a toda explicación. Aludo a la peculiar amnesia que en la mayoría de los seres humanos (¡no en todos!) cubre los primeros años de su infancia, hasta el sexto o el octavo año de vida. Hasta ahora no se nos ha ocurrido sorprendernos frente al hecho de esa amnesia; pero tendríamos buenas razones para ello. En efecto, se nos informa que en esos años, de los que después no conservamos en la memoria sino unos jirones [fragmentos de recuerdo] incomprensibles, reaccionábamos con vivacidad frente a las impresiones, sabíamos exteriorizar dolor y alegría de una manera humana, mostrábamos amor, celos y otras pasiones que nos agitaban entonces con violencia, y aun pronunciábamos frases que los adultos registraron como buenas pruebas de penetración y de una incipiente capacidad de juicio. Y una vez adultos, nada de eso sabemos por nosotros mismos. ¿Por qué nuestra memoria quedó tan retrasada respecto de nuestras otras actividades anímicas? Máxime cuando tenemos fundados motivos para creer que en ningún otro período de la vida la capacidad de recepción y reproducción es mayor, justamente, que en los años de la infancia91.

Por otro lado, tenernos que suponer -o podemos convencernos de ello merced a la indagación psicológica practicada en otras personas- que esas mismas impresiones que hemos olvidado dejaron, no obstante, las más profundas huellas en nuestra vida anímica y pasaron a ser determinantes para todo nuestro desarrollo posterior. No puede tratarse, pues, de un engullimiento [ocaso, reabsorción, hundimiento, sepultamiento, desaparición] (Untergang) real de las impresiones infantiles, sino de una amnesia semejante a la que observamos en los neuróticos respecto de vivencias posteriores y cuya esencia consiste en una mera exclusión [apartamiento] de la consciencia (represión). Ahora bien, ¿cuáles son las fuerzas que provocan esta represión de las impresiones infantiles? Quien solucione este enigma habrá esclarecido al mismo tiempo la amnesia histérica.


[AMNESIA HISTÉRICA]
Como quiera que sea, no dejaremos de destacar que la existencia de la amnesia infantil proporciona otro punto de comparación entre el estado anímico del niño y el del psiconeurótico. Ya encontramos un punto semejante cuando se nos impuso la fórmula de que la sexualidad de los psiconeuróticos conserva el estado infantil o ha regresado de algún modo a él. ¿Y si la amnesia infantil misma debiera asimismo ponerse en relación con las mociones sexuales de la infancia?

En verdad, es algo más que un mero juego de ingenio enlazar la amnesia infantil con la histérica. Esta última, que se halla al servicio de la represión, sólo se vuelve explicable por la circunstancia de que el individuo ya posee un acervo de huellas mnémicas que se han sustraído a su disponibilidad conciente y que ahora, mediante una ligazón asociativa, arrastran hacia sí aquello sobre lo cual actúan, desde la consciencia, las fuerzas repulsivas de la represión92. Sin amnesia infantil, podríamos decir, no habría amnesia histérica.

En mi opinión, pues, la amnesia infantil, que convierte la infancia de cada individuo en un tiempo anterior, por así decir en una época prehistórica, le oculta [enmascara] los comienzos de su propia vida sexual, y es la responsable de que no se haya otorgado el valor que merece al período infantil en el desarrollo de la vida sexual. Un solo observador no puede llenar las lagunas que eso ha producido en nuestro conocimiento. Ya en 189693 hice resaltar la importancia y la significatividad de los años infantiles para la génesis de ciertos fenómenos esenciales, dependientes de la vida sexual, y desde entonces no he cesado de traer al primer plano el factor infantil de la sexualidad.

1. El período de latencia sexual de la infancia y sus fallos (Durchbrechungen).
Los hallazgos extraordinariamente frecuentes de mociones sexuales, que hasta ahora se creían excepcionales y casos atípicos en la infancia, así como la revelación de los recuerdos infantiles de los neuróticos, hasta entonces inconscientes permiten de algún modo trazar el siguiente cuadro de la conducta sexual en ese período94:

Parece claro que el recién nacido trae consigo gérmenes de mociones sexuales que se desarrollan durante cierto lapso, para sufrir después una progresiva sofocación; la cual, a su vez, puede ser interrumpida por oleadas regulares de avance del desarrollo sexual o suspendida por peculiaridades individuales. Sobre las leyes y la periodicidad de este proceso oscilante de desarrollo todavía no se conoce nada con plena seguridad. Parece, sin embargo, que casi siempre hacia el tercero o cuarto año de vida del niño su sexualidad se manifiesta ya de una forma claramente observable95.


26LAS INHIBICIONES SEXUALES. Durante este período de latencia, total o meramente parcial, se constituyen los poderes anímicos que más tarde se oponen a la pulsión sexual y se presentarán como inhibiciones en [restringirán] el camino de la pulsión sexual y angostarán su curso a la manera de unos diques (el asco, el sentimiento de vergüenza, los reclamos ideales en lo estético y en lo moral). En el niño civilizado (Kulturkinde) se tiene la impresión de que el establecimiento de esos diques es obra de la educación, y sin duda alguna ella contribuye en mucho. Pero en realidad este desarrollo está orgánicamente condicionado, fijado hereditariamente, y llegado el caso puede producirse sin ninguna ayuda de la educación. Esta última se atiene por entero a la esfera de competencia que se le ha asignado cuando se limita a marchar tras lo prefijado orgánicamente, imprimiéndole un cuño algo más ordenado y profundo.
27FORMACIÓN REACTIVA Y SUBLIMACIÓN. ¿Con qué medios se ejecutan estas construcciones tan importantes para la cultura personal y la normalidad posteriores del individuo? Probablemente a expensas de las mociones sexuales infantiles mismas, cuyo aflujo no ha cesado, pues, ni siquiera en este periodo de latencia, pero cuya energía -en su totalidad o en su mayor parte- es desviada del uso sexual y aplicada a otros fines. Los historiadores de la cultura parecen contestes [de acuerdo: se dice del testigo que declara lo mismo que ha declarado otro, sin discrepar en nada] en suponer que mediante esa desviación de las fuerzas pulsionales sexuales de sus metas, y su orientación hacia metas nuevas (un proceso que merece el nombre de sublimación), se adquieren poderosos componentes para todos los logros [las producciones] culturales. Agregaríamos, entonces, que un proceso igual tiene lugar en el desarrollo del individuo, y situaríamos su comienzo en el período de latencia sexual96 de la infancia.

Puede, asimismo, arriesgarse una conjetura acerca del mecanismo de tal sublimación. Las mociones sexuales de estos años infantiles serían, por una parte, inaplicables, pues las funciones de la reproducción no han aparecido todavía, circunstancia que constituye el carácter principal del período de latencia; por otra parte, serían en sí perversas, esto es, partirían de zonas erógenas y se sustentarían en pulsiones que dada la dirección del desarrollo del individuo sólo provocarían sensaciones de displacer. Por eso suscitan fuerzas anímicas contrarias (mociones reactivas) que construyen, para la eficaz sofocación de ese displacer, los mencionados diques psíquicos97: asco, vergüenza y moral98.


28FALLAS (DURCHBRÜCHE) DEL PERÍODO DE LATENCIA. Sin hacernos ilusiones, dada la naturaleza hipotética y la insuficiente claridad de nuestras intelecciones sobre los procesos del período infantil de latencia o de aplazamiento [diferimiento], volvamos a hacer pie en la realidad para indicar que ese empleo de la sexualidad infantil representa [constituye] (darstells) un ideal pedagógico del cual el desarrollo real del individuo se aparta casi siempre en algunos puntos, y a menudo en medida considerable. De vez en cuando irrumpe un bloque de exteriorización sexual que se ha sustraído a la sublimación, o cierta práctica sexual se conserva durante todo el período de latencia hasta el estallido impetuoso de la pulsión sexual en la pubertad. Los educadores, en la medida en que prestan alguna atención a la sexualidad infantil, se conducen como si compartieran nuestras opiniones acerca de la formación de los poderes de defensa morales a expensas de la sexualidad, y como si supieran que la práctica sexual hace ineducable al niño; en efecto, persiguen como «vicios» todas las exteriorizaciones sexuales del niño, aunque sin lograr mucho contra ellas. Ahora bien, nosotros tenemos fundamento para interesarnos en estos fenómenos temidos por la educación, pues esperamos que ellos nos esclarezcan la conformación originaria de la pulsión sexual99.
2. Las manifestaciones de la sexualidad infantil
29EL CHUPETEO. Por motivos que después se verán, tomaremos, en primer lugar, como modelo de las exteriorizaciones sexuales infantiles el chupeteo (el mamar con fruición (Wonnesaugen)), al que el pediatra húngaro LINDNER ha consagrado un notable estudio [(1879), “Das Saugen an den Fingern, Lippen, etc., bei den Kindern (Ludeln)”, Jb. Kinderheilk., N. F., XIV, pág. 68.].

El chupeteo o chupar (Das Ludeln oder Lutschen), que aparece ya en el lactante y puede conservarse de algún modo hasta la madurez o persistir toda la vida, consiste en un contacto de succión con la boca (los labios), repetido rítmicamente, que no tiene como finalidad la nutrición100. Una parte de los propios labios, la lengua, un lugar de la piel que esté al alcance -hasta el dedo gordo del pie-, son tomados como objeto sobre el cual se ejecuta la acción de mamar, la succión101. A veces aparece una pulsión de prensión (Greiftrieb) que emerge [entra en escena] al mismo tiempo que suele manifestarse por un simultáneo tironeo rítmico del lóbulo de la oreja y el apoderamiento de una parte de otra persona (casi siempre de su oreja) con el mismo fin. La acción de mamar con fruición cautiva por entero la atención y lleva al adormecimiento o incluso a una reacción motriz en una suerte de orgasmo102. No es raro que el mamar con fruición se combine con el frotamiento de ciertos lugares sensibles del cuerpo, el pecho, los genitales externos. Por esta vía, muchos niños pasan del chupeteo a la masturbación.

El propio Lindner ha reconocido la naturaleza sexual de esta acción y la ha destacado sin reparos. En la crianza, el chupeteo es equiparado a menudo a las otras «malas costumbres» sexuales del niño. Muchos pediatras y neurólogos han objetado con energía esta concepción; pero en parte su objeción descansa, sin duda alguna, en la confusión de «sexual» con «genital». Ese disenso plantea una cuestión difícil e inevitable: ¿Cuál es el carácter universal de las exteriorizaciones sexuales del niño, que nos permitiría reconocerlas? Opino que la concatenación de fenómenos que gracias a la indagación psicoanalítica hemos podido inteligir nos autoriza a considerar el chupeteo como una exteriorización sexual, y a estudiar justamente en él los rasgos esenciales de la práctica sexual infantil103.
30AUTOEROTISMO104. Tenemos la obligación de considerar más a fondo este ejemplo. Destaquemos, como el carácter más llamativo de esta actividad que no dudamos en calificar de sexual, el hecho de que la pulsión no está dirigida a otras personas; se satisface en el cuerpo propio, es autoerótica, para decirlo con una feliz designación introducida por Havelock ELLIS [(1898), “Auto-Erotism: a Psychological Study”, Alien.& Neurol., 19, p. 260.]105.

Es claro, además, que la acción del niño chupeteador se rige por la búsqueda de un placer -ya vivenciado, y ahora recordado- Así, en el caso más simple, la satisfacción se obtiene mamando rítmicamente un sector de la piel o de mucosa. Es fácil adivinar también las ocasiones que brindaron al niño las primeras experiencias de ese placer que ahora aspira a renovar. Su primera actividad, la más importante para su vida en esta época, el mamar del pecho materno (o de sus subrogados), no pudo menos que darle a conocer ese placer [concomitante]. Diríamos que los labios del niño se comportaron como una zona erógena, y la estimulación por el cálido aflujo de leche fue la causa de la sensación placentera. Al comienzo, claro está, la satisfacción de la zona erógena se asoció con la satisfacción de la necesidad de alimentarse. Podemos pues afirmar que la actividad sexual se apoya (anlehnen) primero en una de las funciones que sirven a la conservación de la vida, y sólo más tarde se independiza de ella. Observando a un niño saciado que se adormece en el pecho materno, con sus mejillas sonrosadas y una sonrisa beatífica, no podemos menos que decirnos que este cuadro sigue siendo decisivo y puede tomarse como paradigma de la expresión de la satisfacción sexual en la vida posterior. La necesidad de repetir la satisfacción sexual se divorcia [separa, escinde] entonces de la necesidad de buscar alimento, divorcio [separación, escisión] inevitable cuando aparecen los dientes y la alimentación ya no se cumple más exclusivamente mamando, sino también masticando. El niño no se sirve de un objeto ajeno y exterior para mamar; prefiere una parte de su propia piel, tanto porque le resulta más cómodo, más a mano, como porque así se independiza del mundo exterior al que no puede aún dominar, y porque de esa manera se procura, por así decir, una segunda zona erógena, si bien de menor valor. El menor valor de este segundo lugar lo llevará más tarde a buscar en otra persona la parte correspondiente, los labios. (Podríamos imaginarlo diciendo: «Lástima que no pueda besarme a mí mismo».)106

No todos los niños chupetean. Cabe suponer que llegan a hacerlo sobre todo aquellos en quienes está constitucionalmente reforzado el valor erógeno de la zona de los labios. Si este persiste, tales niños, llegados a adultos, serán grandes gustadores del beso, se inclinarán a besos perversos o, si son hombres, tendrán una potente motivación intrínseca107 para beber y fumar. Pero si sobreviene la represión, sentirán asco frente a la comida y producirán vómitos histéricos. Siendo la zona labial un campo de acción recíproca (Gemeinsamkeit), la represión invadirá la pulsión de nutrición. Muchas de mis pacientes con trastornos alimentarios [anorexia o bulimia], globus hystericus, opresión en la garganta y vómitos, fueron en sus años infantiles enérgicas chupeteadoras.

En el chupeteo o el mamar con fruición hemos observado ya los tres caracteres esenciales de una manifestación [exteriorización] sexual infantil. Esta nace apoyándose en alguna de las funciones corporales importantes para la vida; todavía no conoce un objeto sexual, pues es autoerótica, y su meta sexual se encuentra bajo el dominio de una zona erógena. Anticipemos que estos caracteres son aplicables y válidos también para la mayoría de las otras actividades de la pulsión sexual infantil.



3. La meta sexual de la sexualidad infantil
31CARACTERES DE LAS ZONAS ERÓGENAS. Todavía podemos extraer muchas cosas del ejemplo del chupeteo para caracterizar lo que es una zona erógena108. Es un sector de piel o de mucosa en el que estimulaciones de cierta clase provocan una sensación placentera de determinada cualidad. No hay ninguna duda de que los estímulos productores de placer están ligados a particulares condiciones, que no conocemos bien. Entre ellas, podemos constatar el carácter rítmico, que no puede menos que desempeñar un papel: se impone la analogía con las cosquillas. Parece menos seguro que se pueda designar «particular» al carácter de la sensación placentera provocada por el estímulo -particularidad en la que estaría contenido, justamente, el factor sexual- En cuestiones de placer y displacer, la psicología se mueve todavía demasiado en la oscuridad, a tientas, por lo cual es recomendable adoptar la hipótesis más prudente. Quizá más adelante hallemos fundamentos que parezcan apoyar la particularidad como cualidad de esa sensación placentera.

La propiedad erógena puede adherirse prominentemente a ciertas partes del cuerpo. Existen zonas erógenas predestinadas, como lo muestra el ejemplo del chupeteo; pero este mismo ejemplo nos enseña también que cualquier otro sector de piel o de mucosa puede servir de zona erógena, para lo cual es forzoso que conlleve una cierta aptitud. Por tanto, para la producción de una sensación placentera, la cualidad del estímulo es más importante que la complexión de las partes del cuerpo109. El niño chupeteador busca por [explora sobre] su cuerpo y escoge algún sector para chupárselo con fruición; después, por la fuerza de la costumbre, este pasa a ser el preferido. Cuando finalmente por casualidad tropieza con uno de los sectores predestinados (pezones, genitales), desde luego será este el predilecto. Tal capacidad de desplazamiento reaparece en la sintomatología de la histeria de manera enteramente análoga. En esta neurosis, la represión afecta sobre todo a las zonas genitales en sentido estricto, las que transmiten su excitabilidad a las restantes zonas erógenas, que de otro modo permanecerían relegadas a un segundo término en la vida adulta; entonces, estas se comportan de manera funcionalmente análoga a los genitales. Pero, además, tal como ocurre en el caso del chupeteo, cualquier otro sector del cuerpo puede adquirir la excitabilidad de los genitales y elevarse a la condición de zona erógena. Las zonas erógenas y las histerógenas exhiben los mismos caracteres.


32META SEXUAL INFANTIL. La meta sexual de la pulsión infantil consiste en suscitar y producir la satisfacción mediante la estimulación apropiada de la zona erógena que, de un modo u otro, se ha escogido. Para que se cree una necesidad de repetirla, esta satisfacción tiene que haberse vivenciado anteriormente; y se puede pensar que la naturaleza ha encontrado un medio seguro para que esa vivencia no quede librada al azar110. Ya tomamos conocimiento de la organización previa [el dispositivo] que cumple este fin respecto de la zona de los labios: el enlace simultáneo de este sector del cuerpo con la nutrición. Todavía habremos de hallar otros dispositivos similares como fuentes de la sexualidad. En cuanto estado, la necesidad de repetir la satisfacción se trasluce por dos cosas: un peculiar sentimiento de tensión, que posee más bien el carácter del displacer, y una sensación de estímulo o de prurito condicionada centralmente y proyectada a la zona erógena periférica. Por eso la meta sexual puede formularse también así: procuraría sustituir la sensación de estímulo proyectada sobre la zona erógena, por aquel estímulo externo que la cancela con la provocación de la sensación placentera de la satisfacción. Este estímulo externo consistirá la mayoría de las veces en una manipulación análoga a la succión.

Pero si es cierto que la necesidad puede suscitarse también periféricamente, por una alteración real en la zona erógena, ese hecho armoniza a la perfección con nuestro saber fisiológico. Sólo puede parecer un poco sorprendente que, para cancelarse, un estímulo requiera de un segundo estímulo aplicado en el mismo lugar.



4. Las exteriorizaciones [manifestaciones] sexuales masturbatorias111

No podrá sino alegrarnos mucho el descubrir que, una vez estudiada la pulsión partiendo de una única zona erógena, no tenemos muchas más cosas importantes que aprender acerca de la actividad sexual del niño. Las diferencias más notables se refieren a los pasos necesarios para alcanzar la satisfacción, que en el caso de la zona buco-labial consistían en el mamar y el chupar, que tendrán que sustituirse por otras acciones musculares acordes con la posición y la complexión [propiedades, características] de las otras zonas [erógenas de que se trate].


33ACTIVACIÓN Y ACTIVIDAD DE LA ZONA ANAL. La zona anal, a semejanza de la zona de los labios, es apta por su posición para proporcionar un apoyo de la sexualidad en otras funciones corporales. Debe admitirse que el valor erógeno de esta zona del cuerpo es originariamente muy grande. Por el psicoanálisis nos enteramos, no sin asombro, de las transformaciones que experimentan normalmente las excitaciones sexuales que parten de él, y cuán a menudo conserva durante toda la vida una considerable participación en la excitabilidad genital112. Los trastornos intestinales tan frecuentes en la infancia se ocupan de que no falten excitaciones intensas en esta zona. Los catarros intestinales en la más tierna edad tornan «nervioso» al niño, como suele decirse; si más tarde este contrae una neurosis, cobran una influencia determinante sobre su expresión sintomática y ponen a su disposición toda la suma de los trastornos intestinales. Y con referencia al valor erógeno del tracto anal (valor que se conserva, si no como tal, al menos mediante su transformación), no puede tomarse a risa la influencia de las hemorroides, a las que la vieja medicina concedía tanto peso para la explicación de los estados neuróticos113.

Los niños que sacan partido de la excitabilidad erógena de la zona anal se delatan por el hecho de que retienen las heces hasta que la acumulación de estas provoca fuertes contracciones musculares y, al pasar por el ano, pueden ejercer un poderoso estímulo sobre la mucosa [comportando un poderoso alivio placentero]. De esa manera pueden producirse sensaciones voluptuosas junto a las dolorosas. Uno de los mejores signos anticipatorios de rareza o nerviosidad posteriores es que un lactante se niegue obstinadamente a vaciar el intestino cuando lo sientan en el orinal, es decir, cuando la persona encargada de su crianza lo desea, reservándose esta función para cuando lo desea él mismo. Por supuesto, lo que le interesa no es ensuciar su cuna, esto no le importa; sólo procura que no se le escape la ganancia colateral o secundaria de placer que puede conseguir con la defecación. Nuevamente, los educadores aciertan cuando llaman «díscolos» a los niños que «difieren» estas funciones.

El contenido de los intestinos que, en calidad de cuerpo estimulador, se comporta respecto de una mucosa sexualmente sensible como el precursor de otro órgano destinado a entrar en acción sólo después de la fase de la infancia, tiene para el lactante todavía otros importantes significados. Evidentemente, lo trata como a una parte de su propio cuerpo; representa el primer «regalo» por medio del cual el pequeño ser puede expresar su obediencia hacia el medio circundante exteriorizándolo, y su desafío, rehusándolo. A partir de este significado de «regalo», más tarde cobra el de «hijo», el cual, según una de las teorías sexuales infantiles [véase más adelante], es concebido a través de la comida y dado a luz por el culo.

La retención de las heces, que al comienzo se practica deliberadamente para aprovechar su estimulación masturbatoria, por así decir, de la zona anal o para emplearla en la relación con las personas que cuidan al niño, es por otra parte una de las raíces del estreñimiento tan frecuente en los neurópatas. La significación íntegra de la zona anal se refleja, además, en el hecho de que se encuentran muy pocos neuróticos que no tengan sus usos escatológicos particulares, sus ceremonias y acciones similares, que mantienen en escrupuloso secreto114.

En niños mayores no es nada rara una genuina estimulación masturbatoria de la zona anal con ayuda del dedo y provocada por un prurito de condicionamiento central o sostenido periféricamente.
34ACTIVACIÓN Y ACTIVIDAD DE LAS ZONAS GENITALES. Entre las zonas erógenas del cuerpo infantil se encuentra una que no desempeña en principio, por cierto, el papel principal ni puede ser la portadora [el vector] de las mociones sexuales más antiguas, pero que está destinada a adquirir una importancia y significación decisivas en el futuro. Tanto en los varones como en las niñas se relaciona con la micción (el pene, el clítoris), y en los primeros está dentro de un saco de mucosa [el prepucio del glande], de manera que no puede faltarle estimulación por secreciones, que desde temprano son capaces de encender y avivar la excitación sexual. Las activaciones sexuales de esta zona erógena, que corresponde a las partes sexuales propiamente dichas, son sin duda el comienzo, de la posterior vida sexual «normal».

Por su situación anatómica, por el aflujo de secreciones, por los lavados y frotamientos de la higiene corporal y por ciertas excitaciones accidentales (como las migraciones de lombrices intestinales en las niñas), es inevitable que la sensación placentera que estas partes del cuerpo son capaces de proporcionar se haga notar al niño ya desde su más temprana infancia, despertándole una necesidad de repetirla. Si se considera la suma de estas circunstancias y se repara en qué las medidas adoptadas para mantener la limpieza difícilmente tendrán efectos diversos de los producidos por su ensuciamiento, se vuelve poco menos que forzoso concluir que mediante el onanismo del lactante, al que casi ningún individuo escapa, se prepara y establece la futura primacía de esta zona erógena para la actividad sexual115. La acción que elimina el estímulo y desencadena la satisfacción consiste en un contacto por frotamiento con la mano o en una presión, o la combinación adecuada de ambas, sin duda prefiguradas como un reflejo, ejercidas por la mano o apretando los muslos. Esta última operación es con mucho la más frecuente en las niñas. En el caso del varón, la preferencia por la mano señala ya la importante contribución que la pulsión de apoderamiento está destinada a prestar a la actividad sexual masculina.

Redundará en beneficio de la claridad indicar que es preciso distinguir tres fases en la masturbación infantil. La primera corresponde al período de lactancia, la segunda al breve florecimiento de la práctica sexual hacia el cuarto año de vida, y sólo la tercera responde al onanismo de la pubertad, el único que suele tenerse en cuenta.
35LA SEGUNDA FASE DE LA MASTURBACIÓN INFANTIL. El onanismo del lactante parece desaparecer tras breve lapso; no obstante, su prosecución ininterrumpida hasta la pubertad puede constituir ya la primera gran desviación respecto del desarrollo “ideal” a que se aspira para el ser humano en la cultura (Kulturmenschen). Después del período de lactancia, en algún momento de la niñez, por lo común antes del cuarto año, la pulsión sexual suele despertar de nuevo en esta zona genital y durar un lapso, hasta que una nueva sofocación la detiene, o proseguir sin interrupción. Las configuraciones posibles son muy diversas y sólo pueden elucidarse mediante el examen más pormenorizado de casos singulares [individuales]. Pero todos los detalles de esta segunda activación sexual infantil dejan tras sí las más profundas (inconscientes) huellas en la memoria de la persona, determinan el desarrollo de su carácter si permanece sana, y la sintomatología de su neurosis si enferma después de la pubertad.116 En este último caso, hallamos que este período sexual se ha olvidado, y se han desplazado los recuerdos conscientes que dan testimonio de él; ya dije que yo vincularía también la amnesia infantil normal con esta activación sexual infantil [negada o rechazada]. Por medio de la exploración psicoanalítica se logra hacer consciente eso olvidado y, de esta manera, eliminar una compulsión que parte de este material psíquico inconsciente.
36RETORNO DE LA MASTURBACIÓN DE LA LACTANCIA. La excitación sexual del período de lactancia retorna en los años de la niñez indicados; puede hacerlo como un estímulo de prurito o cosquilleo, condicionado centralmente, que lleva a las ganas de tocarse o frotar el pito y reclama una satisfacción onanista, o como un proceso del tipo de una polución, que, de manera análoga a la polución de la época de madurez, alcanza la satisfacción sin ayuda de ninguna acción. Este último caso es el más frecuente en las niñas y en la segunda mitad de la niñez; no se lo conoce bien en su condicionamiento, y a menudo -aunque no regularmente- parece tener como premisa un período de onanismo anterior. La sintomatología de estas exteriorizaciones [manifestaciones] sexuales es pobre; del aparato sexual todavía no desarrollado da testimonio casi siempre el aparato urinario, que se presenta, por así decir, como su portavoz. La mayoría de las llamadas afecciones urinarias de esta época corresponden a trastornos sexuales; la enuresis nocturna, cuando no se corresponde con una afección epiléptica, representa (darstellt) una polución.

Causas internas y ocasiones externas desencadenantes son decisivas para la reaparición de la actividad sexual; en casos de neurosis, ambas pueden colegirse a partir de la conformación de los síntomas y descubrirse con certeza mediante la exploración psicoanalítica. De las causas internas hablaremos más adelante; las ocasiones externas contingentes cobran en esa época una importancia grande y duradera. En primer término se sitúa la influencia de la seducción, que trata prematuramente al niño como objeto sexual y, en circunstancias que no pueden menos que provocarle una fuerte impresión, le enseña a conocer la satisfacción de las zonas genitales; secuela de ello es casi siempre la compulsión (gezwungen) a renovarla por vía onanista. Semejante influencia puede provenir de adultos o de otros niños; no puedo conceder que en mi ensayo sobre «La etiología de la histeria» (1896c) yo haya sobrestimado su frecuencia o su importancia, si bien es cierto que a la sazón todavía no sabía que individuos que siguieron siendo normales podían haber tenido en su niñez esas mismas vivencias, por lo cual otorgué mayor valor a la seducción que a los factores dados en la constitución y el desarrollo sexuales117. Resulta evidente que no se requiere de la seducción para despertar la vida sexual del niño, y que ese despertar puede producirse también en forma espontánea a partir de causas internas.


37DISPOSICIÓN PERVERSA POLIMORFA. Es instructivo que bajo la influencia de la seducción el niño pueda convertirse en un perverso polimorfo, viéndose arrastrado [siendo desviado] a practicar toda clase de transgresiones posibles. Esto muestra que en su disposición trae consigo la aptitud para ello; tales actos tropiezan con escasas resistencias porque, según sea la edad del niño, no se han erigido todavía o están en formación los diques anímicos contra los desbordamientos sexuales: el pudor o la vergüenza, el asco y la moral. En esto el niño no se comporta diversamente de la mujer vulgar, no cultivada, en quien se conserva idéntica disposición perversa polimorfa. En condiciones corrientes, ella puede permanecer normal en el aspecto sexual; pero, guiada por un hábil seductor, encontrará gusto en todas las perversiones y las adoptará como formando parte de su actividad sexual. Esa misma disposición polimorfa, y por tanto infantil, es la que explota la prostituta en su oficio; y en el inmenso número de las mujeres prostitutas y de aquellas a quienes es preciso atribuir una mayor aptitud para la prostitución, aunque escaparon de ejercerla, es imposible no reconocer algo común a todos los seres humanos, algo que tiene sus orígenes en la uniforme disposición a todas las perversiones.
38PULSIONES PARCIALES. Por lo demás, la influencia de la seducción no ayuda a descubrir [desvelar] la condición [el dispositivo] inicial de la pulsión sexual, sino que confunde nuestra intelección de ella, en la medida en que aporta prematuramente al niño el objeto sexual, del cual la pulsión sexual infantil no muestra al comienzo necesidad alguna. De cualquier manera, tenemos que admitir que también la vida sexual infantil, a pesar del dominio que ejercen las zonas erógenas, muestra componentes que desde el comienzo envuelven a otras personas en calidad de objetos sexuales. De esa índole son las pulsiones del placer de. ver y de exhibir, y de la crueldad. Aparecen [Entran en escena] con cierta independencia respecto de las zonas erógenas, y sólo más tarde entran en estrechas relaciones con la vida genital; pero ya se hacen notables en la niñez como unas aspiraciones autónomas, separadas al principio de la actividad sexual erógena. Sobre todo, el niño pequeño carece de vergüenza [pudor], y en ciertos años tempranos muestra una inequívoca complacencia en desnudar su cuerpo poniendo particular énfasis en sus genitales. El correspondiente de esta inclinación considerada perversa, la curiosidad por ver los genitales de otras personas, probablemente se hace manifiesto sólo algo más avanzada la niñez, cuando el escollo del sentimiento de pudor [vergüenza] ya se ha desarrollado en alguna medida. Bajo la influencia de la seducción, la perversión de ver puede alcanzar gran importancia para la vida sexual del niño. No obstante, mis exploraciones de la niñez de personas sanas y de neuróticos me han llevado a concluir que la pulsión de ver puede emerger en el niño como una exteriorización [manifestación] sexual espontánea. Niños pequeños cuya atención se dirigió alguna vez a sus propios genitales -casi siempre por vía masturbatoria- suelen dar sin contribución ajena el paso ulterior, y desarrollar un vivo interés por los genitales de sus compañeritos de juegos. Puesto que la ocasión para satisfacer esa curiosidad se presenta casi siempre solamente al satisfacer las dos necesidades excrementicias, esos niños se convierten en voyeurs, fervientes mirones de la micción y la defecación de otros. Tras la represión de estas inclinaciones, la curiosidad de ver genitales de otras personas (de su propio sexo o del otro) permanece como una presión martirizante, que en muchos casos de neurosis presta después la más potente fuerza impulsora a la formación de síntomas.

Con independencia aún mayor respecto de las otras prácticas sexuales ligadas a las zonas erógenas, se desarrollan en el niño los componentes crueles de la pulsión sexual. La crueldad es cosa enteramente natural en [afín al] el carácter infantil; en efecto, la inhibición en virtud de la cual la pulsión de apoderamiento [dominio] se detiene ante el dolor del otro, la capacidad de compadecerse, se desarrollan relativamente tarde. Es notorio que no se ha logrado todavía el análisis psicológico exhaustivo de esta pulsión. Nos es lícito suponer que la moción cruel proviene de la pulsión de domino [apoderamiento] y emerge en la vida sexual en una época en que los genitales no han asumido aún el papel que desempeñarán después. Por tanto, gobierna una fase de la vida sexual que más adelante describiremos como organización pregenital. Niños que se distinguen por una particular crueldad hacia los animales y los compañeros de juego despiertan la sospecha, por lo común confirmada, de una práctica sexual prematura e intensa proveniente de las zonas erógenas; y en casos de madurez precoz y simultánea de todas las pulsiones sexuales, la práctica sexual erógena parece ser la primaria. La ausencia de la barrera de la compasión trae consigo el peligro de que este enlace establecido en la niñez entre las pulsiones crueles y las erógenas resulte irreductible más tarde en la vida.



Desde las Confesiones de Jean-Jacques Rousseau, la estimulación dolorosa de la piel de las nalgas ha sido reconocida por todos los pedagogos como una raíz erógena de la pulsión pasiva a la crueldad (del masoquismo). Con acierto han deducido de ahí la exigencia de que el castigo corporal, que casi siempre afecta a esta parte del cuerpo, debe evitarse en el caso de todos aquellos niños cuya libido, por los posteriores reclamos de la educación cultural, pueda ser empujada [refluir] hacia las vías colaterales118.

5. La investigación sexual infantil119

39LA PULSIÓN DE SABER. A la par que la vida sexual del niño alcanza su primer florecimiento, entre los tres y los cinco años, se inicia en él también aquella actividad que se adscribe a la pulsión de saber o del investigador120. La pulsión de saber no puede computarse entre los componentes pulsionales elementales ni subordinarse de manera exclusiva a la sexualidad. Su acción corresponde, por una parte, a una manera sublimada del dominio, y, por la otra, trabaja con la energía de la pulsión de ver. Empero, sus vínculos [relaciones] con la vida sexual tienen particular importancia, pues por los psicoanálisis hemos averiguado que la pulsión de saber de los niños recae, en forma insospechadamente precoz y con inesperada intensidad, sobre los problemas sexuales, y aun quizás es despertada por estos.
40EL ENIGMA DE LA ESFINGE. No son intereses teóricos sino prácticos los que ponen en marcha la actividad investigadora en el niño. La amenaza que para sus condiciones de existencia significa la llegada, conocida o barruntada, de un nuevo niño, y el miedo de que ese acontecimiento [o cualquier otro] lo prive de los cuidados y el amor [que anhela en exclusiva], lo vuelven reflexivo y penetrante [perspicaz]. El primer problema que lo ocupa es, en consonancia con esta génesis del despertar de la pulsión de saber, no la cuestión de la diferencia entre los sexos, sino el enigma: «¿De dónde vienen los niños?»121. En una desfiguración que es fácil deshacer, es este el mismo enigma que proponía la Esfinge de Tebas. En cuanto al hecho de los dos sexos, al comienzo el niño no se revuelve contra él ni le opone reparo alguno y puede aceptarlo sin reticencias ni reservas. Para el varoncito es cosa natural suponer que todas las personas que conoce poseen un genital como el suyo122, y le resulta imposible unir [conciliar] su falta a la representación (Vorstellung) que tiene de ellas123.
41COMPLEJO DE CASTRACIÓN Y ENVIDIA DEL PENE. El varoncito se aferra con energía a esta convicción, la defiende obstinadamente frente a la contradicción que muy pronto la realidad le opone, y la abandona sólo tras serias luchas interiores (complejo de castración). Las formaciones sustitutivas de este “pene perdido o faltante” de la mujer cumplen un importante papel en la conformación de múltiples perversiones124.

El supuesto de que todos los seres humanos poseen el mismo aparato genital (masculino) es la primera de las sorprendentes teorías sexuales infantiles, grávidas de consecuencias. De poco le sirve al niño que la ciencia biológica dé la razón a su prejuicio y deba reconocer al clítoris femenino de algún modo como un sustituto del pene [o cumpliendo una de las funciones otorgada a aquel]. En cuanto a la niñita, no incurre en tales rechazos cuando ve los genitales del varón con su conformación diversa. Al punto está dispuesta a reconocerla, y es presa de la envidia del pene, que culmina en el deseo de ser un varón, deseo tan importante luego125.


42TEORÍAS DEL NACIMIENTO. Muchas personas recuerdan con claridad cuán intensamente se interesaron en el período prepuberal por esta cuestión: ¿De dónde vienen los niños? Las soluciones anatómicas fueron en esa época de los más diversos tipos: vienen del pecho, son extraídos del vientre, o el ombligo se abre para dejarlos pasar. En cuanto a la investigación correspondiente a los primeros años de la infancia, es muy raro que se la recuerde fuera del análisis; ha caído bajo la represión mucho tiempo atrás, pero sus resultados fueron uniformes: los hijos se conciben por haber comido algo determinado (como en los cuentos tradicionales) y se los da a luz por el intestino, como a la materia fecal. Estas teorías infantiles traen a la memoria modalidades del reino animal, en especial la cloaca de los tipos zoológicos inferiores a los mamíferos.
43CONCEPCIÓN SÁDICA DE LA RELACIÓN Y DEL ACTO SEXUAL. Si a esa tierna edad los niños son espectadores del acto sexual entre adultos, lo cual puede ser favorecido por el convencimiento de los mayores de que el pequeño no se entera y no comprende nada de lo sexual, no puede menos que concebir el acto sexual como una especie de maltrato o sojuzgamiento, vale decir, en sentido sádico. Por el psicoanálisis nos enteramos de que una impresión de esa clase recibida en la primera infancia contribuye en mucho a la disposición para un ulterior desplazamiento [descentramiento] sádico de la meta sexual. En lo sucesivo los niños se ocupan mucho de este problema: ¿En qué puede consistir el comercio sexual o -como dicen ellos- el estar casado? Casi siempre buscan la solución del secreto en alguna relación de comunidad126 (Gemeinsamkeit) proporcionada por las funciones de la micción o la defecación.
44EL TÍPICO FRACASO DE LA INVESTIGACIÓN SEXUAL INFANTIL. Acerca de las teorías sexuales infantiles puede hacerse esta formulación general: son reflejos de la propia constitución sexual del niño y, pese a sus grotescos errores, dan pruebas de una gran comprensión sobre los procesos sexuales, mayor de la que se sospecharía en sus creadores. Los niños perciben también las alteraciones que el embarazo provoca en la madre y saben interpretarlas correctamente; a menudo escuchan con una desconfianza profunda, aunque casi siempre silenciosa, cuando les es contada la fábula de la cigüeña. Pero como la investigación sexual infantil ignora dos elementos, el papel del semen fecundante y la existencia de la abertura sexual femenina -los mismos puntos, por lo demás, en que la organización infantil se encuentra todavía retrasada-, los esfuerzos del pequeño investigador resultan por lo general infructuosos y terminan en una renuncia que no rara vez deja como secuela un deterioro [un rechazo o una inhibición] permanente de la pulsión de saber. La investigación sexual de la primera infancia es siempre solitaria; implica un primer paso hacia la orientación autónoma en el mundo y establece un fuerte extrañamiento del niño respecto de las personas que le rodean, que antes habían gozado de su plena confianza127.

6. Fases de desarrollo de la organización sexual128

[RESUMEN DE LOS CARACTERES DE LA VIDA SEXUAL INFANTIL]


Hasta ahora hemos destacado los siguientes caracteres de la vida sexual infantil: es esencialmente autoerótica (su objeto se encuentra en el cuerpo propio) y sus pulsiones parciales singulares aspiran a conseguir placer cada una por su cuenta, aisladas y desconectadas entre sí. El punto de llegada del desarrollo sexual lo constituirá la vida sexual del adulto llamada normal [que deberá definirse más explícitamente]; en ella, la consecución de placer parece ponerse al servicio de [o someterse a] la función de reproducción129, y las pulsiones parciales, bajo la primacía de una única zona erógena [la genital], han formado una organización sólida para el logro de la meta sexual en un objeto ajeno [a través de él o con él]130.
45ORGANIZACIONES PREGENITALES. Ahora bien, con el auxilio del psicoanálisis podemos estudiar las inhibiciones y perturbaciones de este curso de desarrollo. Ello nos permite individualizar esbozos y etapas previas de una organización [pre-genital, por así decirlo] de las pulsiones parciales como la aludida, que al mismo tiempo dan por resultado una tipo de régimen sexual. Normalmente, estas fases de la organización sexual se recorren sin tropiezos, delatadas apenas por algunos indicios. Sólo en casos singulares calificables como patológicos son particularmente activadas y se vuelven notables incluso a una observación grosera.

Llamaremos pregenitales a las organizaciones de la vida sexual en que las zonas genitales todavía no han alcanzado su papel predominante y hegemónico. Hasta aquí hemos tomado conocimiento de dos de ellas, que producen la impresión de unas regresiones a estadios anteriores de la evolución zoológica.

Una primera organización sexual pregenital es la oral o, si se prefiere, canibálica. En ella la actividad sexual no se ha separado todavía de la nutrición, ni se han diferenciado opuestos dentro de ella. El objeto de una actividad es también el de la otra; la meta sexual consiste en la incorporación del objeto, el paradigma de lo que más tarde, en calidad de identificación, desempeñará un papel psíquico tan importante. El chupeteo puede verse como un resto de esta fase hipotética [de organización ficticia] (fiktiv) que la patología nos forzó a suponer; en ella la actividad sexual, desasida de la actividad de la alimentación, ha sustituido el objeto exterior por uno del cuerpo propio131.

Una segunda fase pregenital es la de la organización sádico-anal. Aquí ya se ha desplegado la división en opuestos, que atraviesa la vida sexual; empero, no se los puede llamar todavía masculino y femenino, sino que es preciso decir activo y pasivo. La actividad es producida por la pulsión de domino [empoderamiento] a través de la musculatura del cuerpo, y como órgano de meta sexual pasiva se constituye ante todo la mucosa erógena del intestino [anal]; empero, los objetos de estas dos aspiraciones no coinciden. Al mismo tiempo actúan y se ejercen otras pulsiones parciales de manera autoerótica. En esta fase, por tanto, ya son pesquisables la polaridad sexual y el objeto exterior, ajeno. Faltan todavía la organización y la subordinación a la función de la reproducción132.


46AMBIVALENCIA. Esta forma de la organización sexual puede conservarse a lo largo de toda la vida y ocupar [acaparar] permanentemente una gran parte de la actividad sexual. El predominio del sadismo, y de la zona anal en el papel de cloaca [confusión del ano y de los genitales], le imprimen un sesgo notablemente arcaico. Además, posee este otro carácter: los pares de opuestos pulsionales están plasmados en un grado aproximadamente igual, estado de cosas que se designa con el feliz término introducido por Bleuler: ambivalencia.

La hipótesis de las organizaciones pregenitales de la vida sexual descansa en el análisis de las neurosis; difícilmente se la pueda apreciar si no es en relación con el conocimiento de estas. Tenemos derecho a esperar que una continuada investigación analítica nos proporcione más y mejores datos sobre la construcción y el desarrollo de la función sexual normal133.

Para completar el cuadro de la vida sexual infantil, es preciso agregar que a menudo, o regularmente, ya en la infancia tiene lugar una elección de objeto, tal y como la que hasta ahora hemos supuesto característica de la fase de desarrollo de la pubertad. Es decir el conjunto de los anhelos sexuales se dirigen primordialmente o únicamente a una persona, y en ella quieren alcanzar su meta. He ahí, pues, el máximo acercamiento posible en la infancia a la conformación definitiva que la vida sexual presentará después de la pubertad. La diferencia respecto de esta última reside sólo en el hecho de que la integración de las pulsiones parciales y su subordinación a la primacía de los genitales no se establecen en la infancia, o lo hacen sólo de manera muy incompleta o difusa. Por tanto, la instauración de esa primacía al servicio de la reproducción es la última fase por la que atraviesa la organización sexual134.
47LOS DOS TIEMPOS DE LA ELECCIÓN DE OBJETO. Podemos considerar como un fenómeno típico el que la elección de objeto se realice en dos tiempos, en dos oleadas. La primera se inicia entre los dos y los cinco años, y el período de latencia la detiene o la hace retroceder; se caracteriza por la naturaleza infantil de sus metas sexuales. La segunda sobreviene con la pubertad y determina la conformación definitiva de la vida sexual.

Ahora bien, los hechos relativos al doble tiempo de la elección de objeto, separados en lo esencial por el período de latencia, cobran suma importancia en cuanto al origen de posibles trastornos de ese estado final. Los resultados de la elección infantil de objeto pueden prolongarse hasta una época tardía; o bien se los conserva tal cual, o bien experimentan una renovación en la época de la pubertad. Pero los mismos se complican y resultan inaplicables como tales, a consecuencia del desarrollo de la represión [y las distorsiones que la misma introduce], que se sitúa entre ambas fases. Sus metas sexuales parecen experimentar una atenuación, y se manifiestan únicamente en lo que podemos llamar la corriente correspondiente a la ternura de la vida sexual. Sólo la indagación psicoanalítica es capaz de pesquisar, ocultas tras esa ternura, esa veneración y ese respeto, los viejos anhelos y aspiraciones sexuales, ahora sofocados, de las pulsiones parciales infantiles. La elección de objeto de la época de la pubertad tiene que renunciar a los objetos infantiles y empezar de nuevo como corriente sensual. La no confluencia de las dos corrientes tiene con frecuencia como efecto que no pueda alcanzarse uno de los ideales de la economía de la vida sexual, la unificación de todos los anhelos (Begehrungen) en un objeto135.



7. Fuentes de la sexualidad infantil
En el empeño de rastrear los orígenes de la pulsión sexual hemos hallado hasta aquí que la excitación sexual nace: a) como consecuencia de una satisfacción vivenciada a raíz de o en conexión con otros procesos orgánicos; b) por una apropiada estimulación periférica de zonas erógenas, y c) como expresión de algunas «pulsiones» cuyo origen todavía no comprendemos bien (p. ej., la pulsión de ver y la pulsión a la crueldad). Ahora bien, la investigación psicoanalítica que desde un período posterior se remonta hasta la infancia, y la observación contemporánea del niño mismo, se conjugan para mostrarnos otras fuentes de fluencia regular para la excitación sexual. La observación de la infancia presenta el inconveniente de trabajar sobre objetos que fácilmente se prestan a malentendidos, y el psicoanálisis es dificultado por el hecho de que sólo mediante grandes rodeos puede alcanzar sus objetos y sus conclusiones; no obstante, los dos métodos conjugados alcanzan un grado suficiente de certeza cognoscitiva.

A raíz de la indagación de las zonas erógenas hemos descubierto que estos sectores de la piel muestran solamente una particular intensificación de un tipo de excitabilidad que, en cierto grado, es propio de toda la superficie de aquella. Por eso no nos asombrará enterarnos de que a ciertos tipos de estimulación general de la piel pueden adscribirse efectos erógenos muy nítidos. Entre estos, podemos destacar sobre todo los estímulos térmicos; quizás ello nos facilite la comprensión del efecto terapéutico de los baños calientes136.


48EXCITACIONES MECÁNICAS137. Además, tenemos que incluir en esta serie la producción de una excitación sexual mediante sacudimientos mecánicos del cuerpo, de carácter rítmico. Debemos distinguir en ellos tres clases de efectos estimulantes: los que actúan sobre el aparato sensorial de los nervios vestibulares, los que actúan sobre la piel y los que lo hacen sobre las partes profundas (músculos, aparato óseo-articular). La existencia de las sensaciones placenteras así generadas -merece destacarse que estamos autorizados a usar indistintamente, para todo un tramo, «excitación sexual» y «satisfacción», reservándonos para más adelante brindar una explicación más precisa [véase en el ensayo 3, la sección 2, sobre el problema de la excitación sexual]-, la existencia de esas sensaciones placenteras, entonces, producidas por ciertos sacudimientos mecánicos del cuerpo, es documentada por lo mucho que les gustan a los niños los juegos de movimiento pasivo, como ser hamacados y lanzados al aire, cuya repetición piden incesantemente. Como es sabido, regularmente se mece a los niños inquietos para hacerlos dormir. Los sacudimientos de los carruajes y, más tarde, del ferrocarril ejercen un efecto tan fascinante sobre los niños mayores que al menos todos los varoncitos han querido alguna vez ser cocheros o conductores de tren cuando sean mayores. Suelen dotar de un enigmático interés de extraordinaria intensidad, a todo lo relacionado con el ferrocarril; y en la edad en que se activa la fantasía (poco antes de la pubertad) suelen convertirlo en el núcleo de un simbolismo refinadamente sexual. Es evidente que la compulsión a establecer ese enlace entre el viaje por ferrocarril y la sexualidad proviene del carácter placentero de las sensaciones de movimiento. Y si después se suma la represión, que hace que tantas de las predilecciones infantiles den un vuelco hacia su contrario, esas mismas personas reaccionarán en su adolescencia o madurez con náuseas si son mecidas o hamacadas, o bien un viaje por ferrocarril las agotará terriblemente, o tenderán a sufrir ataques de angustia en caso de viajar y se protegerán de la repetición de esa experiencia penosa mediante el miedo al ferrocarril138.

A esta serie pertenece el hecho -todavía incomprendido- de que la neurosis traumática histeriforme grave se produce por sumación de terror y sacudimiento mecánico. Al menos puede suponerse que estas influencias, que en intensidades mínimas pasan a ser fuente de excitación sexual, en medida excesiva provocan una profunda conmoción del mecanismo o quimismo sexuales.


49ACTIVIDAD MUSCULAR139. Es sabido que una intensa actividad muscular constituye para el niño una necesidad de cuya satisfacción extrae un placer extraordinario. Está sujeto a elucidaciones críticas el determinar si este placer tiene algo que ver con la sexualidad, si él mismo incluye una satisfacción sexual o puede convertirse en ocasión de una excitación sexual. Esas elucidaciones pueden apuntar también a la tesis ya expuesta, a saber, que el placer provocado por las sensaciones de movimiento pasivo es de naturaleza sexual o genera excitación sexual. Es un hecho, no obstante, que muchas personas informan haber vivenciado los primeros signos de la excitación en sus genitales en el curso de juegos violentos o de riñas con sus compañeros de juego, situación en la cual, además de todo el esfuerzo muscular, operaba un estrecho contacto con la piel del contrincante. La inclinación a trabarse en lucha con determinada persona mediante la musculatura, como en años posteriores la de trabarse en disputas mediante la palabra («Odios son amores») (Was sich liebt, das neckt sich), se cuenta entre los signos fiables anunciadores de que se ha elegido como objeto a esa persona. En la promoción y producción de la excitación sexual por medio de la actividad muscular habría que reconocer una de las raíces de la pulsión sádica. Para muchos individuos, el enlace infantil entre juegos violentos y excitación sexual es codeterminante de la orientación preferencial que imprimirán más tarde a su pulsión sexual140.
50PROCESOS AFECTIVOS141. Las otras fuentes de excitación sexual en el niño suscitan menos dudas. Es fácil comprobar mediante observación simultánea o exploración retrospectiva que los procesos afectivos más intensos, aun las excitaciones terroríficas, desbordan sobre la sexualidad; esto, por lo demás, puede contribuir a la comprensión del efecto patógeno de esos movimientos afectivos [del ánimo]. En el escolar, la angustia frente a un examen, la tensión provocada por una tarea de difícil solución, pueden cobrar importancia, no sólo en lo tocante a su relación con la escuela sino para el estallido de manifestaciones sexuales. En tales circunstancias, en efecto, es harto frecuente que sobrevenga un sentimiento estimulador que urge el contacto con los genitales, o un proceso del tipo de una polución, con todas sus embarazosas consecuencias. La conducta de los niños en la escuela, que plantea a los maestros bastantes enigmas, merece en general ser vinculada con la incipiente sexualidad de aquellos. El efecto de excitación sexual de muchos afectos en sí displacenteros, como el angustiarse, el estremecerse de miedo o el espantarse, se conserva en gran número de seres humanos durante su vida adulta, y explica sin duda que muchas personas acechen la oportunidad de recibir tales sensaciones, sujetas sólo a ciertas circunstancias concomitantes (su pertenencia a un mundo de ficción, la lectura, el teatro) que mitiguen la seriedad de la sensación de displacer.

Si es lícito suponer que también sensaciones de dolor intenso provocan idéntico efecto erógeno, sobre todo cuando el dolor es aminorado o alejado por una condición concomitante, esta relación constituiría una de las raíces principales de la pulsión sadomasoquista, en cuya múltiple composición vamos penetrando así poco a poco142.


51TRABAJO INTELECTUAL. Por último, es innegable que la concentración de la atención en una tarea intelectual, y, en general, el esfuerzo mental, tiene por consecuencia en muchas personas, tanto jóvenes como más maduras, una excitación sexual concomitante. Hemos de considerarla la única base legítima de la tesis, por otra parte tan dudosa, que hace derivar las perturbaciones nerviosas de un «exceso de trabajo» mental143.
Si ahora, tras estos ejemplos e indicaciones que no hemos comunicado de manera completa ni exhaustiva en cuanto a su número, abarcamos panorámicamente las fuentes de la excitación sexual infantil, vislumbramos o reconocemos los siguientes rasgos generales: múltiples causas concurren en el desencadenamiento del proceso de la excitación sexual -cuya naturaleza, es cierto, acaba de volvérsenos enigmática-. [FUENTES DIRECTAS] Sobre todo cuidan por ella, más o menos directamente, las excitaciones de las superficies sensibles -la piel y los órganos de los sentidos-, y del modo más inmediato las estimulaciones de ciertos sectores que han de definirse como zonas erógenas. Respecto de estas fuentes de la excitación sexual, la cualidad del estímulo es sin duda lo decisivo, aunque el factor de la intensidad (en el caso del dolor) no es del todo indiferente. [FUENTES INDIRECTAS] Pero, además, preexisten en el organismo dispositivos a consecuencia de los cuales la excitación sexual se genera como efecto marginal o colateral144, a raíz de una gran serie de procesos internos, para lo cual basta que la intensidad de estos supere ciertos límites cuantitativos. Lo que hemos llamado pulsiones parciales de la sexualidad, o bien deriva directamente de estas fuentes internas de la excitación sexual, o se compone de aportes de esas fuentes y de las zonas erógenas. Es posible que en el organismo no ocurra, nada de cierta importancia que no contribuya con sus componentes a la excitación de la pulsión sexual145.

No me parece posible por ahora aportar más claridad y certeza a estas tesis [proposiciones] generales; hago responsables de ello a dos factores: en primer lugar, la novedad de todo el abordaje y, en segundo lugar, la circunstancia de que la naturaleza de la excitación sexual nos es aún enteramente desconocida. No querría, empero, renunciar a dos observaciones que prometen abrirnos vastas perspectivas:


52DIVERSAS CONSTITUCIONES SEXUALES. a) Así como antes vimos la posibilidad de basar las diversas constituciones sexuales innatas en la diferente plasmación [conformación y desarrollo] de las zonas erógenas, ahora podemos ensayar eso mismo englobando las fuentes indirectas de la excitación sexual. Nos es lícito suponer que estas fuentes brindan su aporte en todos los individuos, pero que no tienen la misma intensidad en todos ellos; cabe admitir, entonces, que la plasmación privilegiada [una mayor intensidad, por ejemplo] de cada una de las fuentes de la excitación sexual contribuye también a diferenciar las diversas constituciones sexuales146.
53LAS VIAS DE INFLUENCIA RECÍPROCA. b) Si abandonamos las expresiones figuradas que usamos durante tanto tiempo, y dejamos de hablar de «fuentes» de la excitación sexual, podemos llegar a formular esta hipótesis: todas las vías de conexión que llegan hasta la sexualidad desde otras funciones tienen que poderse transitar también en la dirección inversa. Pongamos un ejemplo: si el hecho de ser la zona de los labios patrimonio común de las dos funciones es el fundamento por el cual la nutrición genera una satisfacción sexual, ese mismo factor nos permite comprender que la nutrición sufra perturbaciones cuando son perturbadas las funciones erógenas de la zona común. Y una vez que sabemos que la concentración de la atención es capaz de producir excitación sexual, ello nos induce a suponer que actuando por la misma vía, sólo que en dirección inversa, el estado de excitación sexual influye sobre la disponibilidad de concentrar la atención en algo. Una buena parte de la sintomatología de las neurosis, que yo derivo de perturbaciones de los procesos sexuales, se exterioriza en perturbaciones de las otras funciones, no sexuales, del cuerpo. Y esta influencia, hasta ahora incomprensible, se hará menos enigmática admitiendo que representa la contraparte de las influencias que presiden la producción de la excitación sexual147.

Ahora bien, esos mismos caminos por los cuales las perturbaciones sexuales desbordan sobre las restantes funciones del cuerpo servirían en el estado de salud a otro importante logro. Por ellos se consumaría la atracción de las fuerzas pulsionales sexuales hacia otras metas, no sexuales; vale decir, la sublimación de la sexualidad. No podemos menos que concluir confesando que es muy poco todavía lo que sabemos con certeza acerca de estas vías, sin duda existentes y probablemente transitables en las dos direcciones148.



III



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