Trata a los demás como quieres que te traten a ti



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EMPATÍA”
Es común escuchar que la empatía es la actitud de ponerse en lugar del otro e identificarnos con su sentimiento, sin embargo tenemos el riesgo de reducir la empatía a un nivel emocional. La empatía no es un producto del buen humor ni del afecto que nos une a las personas. La empatía es una identificación mental y afectiva de un sujeto con la situación que está viviendo otro, es ponerse en los zapatos del otro, es el conjunto de esfuerzos empleados para acoger al otro en su singularidad.
La empatía implica una generosidad y genuina comprensión: para centrarnos en el otro y olvidarnos de nosotros mismos, implica salir de uno mismo. Implica también el conocimiento de nosotros mismos y de los demás para saber captar e interpretar más acertadamente lo que nos quiere decir. Es una meta difícil, pero alcanzable, es una flexibilidad psicológica, libre de ideas preconcebidas y prejuicios, es sobrepasar “la regla de oro”: trata a los demás como quieres que te traten a ti.
“Sin un poco de empatía, no hay autentica comunicación” manifestó Richaudeau (1974,8). El autor se refería a que en oportunidades las personas creen están construyendo un proceso comunicativo, sin embargo, a veces solo hay comunicación desde lo que se observa superficialmente, pero cuando se desea conocer más del punto de vista del otro se puede reconocer la gran diferencia que existe. Las relaciones se basan en un conjunto de expresiones verbales, no verbales y de actitudes que llenan de significado los encuentros con el otro.
No se pueden leer las mentes, pero si existen muchas sutiles señales, a veces invisibles, las cuales es importante aprender a leer. Una persona empática es alguien habilidoso en leer situaciones mientras tiene lugar, ajustándose a las mismas conforme éstas lo requieran, sabe que una situación no es estática, por ello saca provecho de la retroalimentación, sabe ajustar su respuesta al ritmo y el contenido del mensaje del otro, sabiendo cuando hablar, cuando guardar silencio.
Cuando se leen las necesidades de los otros se pueden ajustar los comportamientos y siempre que ésta actitud esté acompañada por un sincero interés repercutirá en beneficio de la relación con el otro; sin embargo, es importante estar atento en todo momento, porque lo que funciona con una persona, no sirve necesariamente con otra. Mahatma Gandhi sostenía: “las tres cuartas partes de la miseria y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista”. La presión y la ansiedad dificulta la percepción acertada de los motivos y las acciones de quienes nos rodean, el exceso de tensión reduce la empatía.
Un muchacho dijo una vez «Yo veía que aquel hombre lo pasaba realmente mal en nuestra clase» Y entonces me acordé de que ese profesor tendría mujer, y seguramente hijos. Y pensé en ellos, en que probablemente le estarían esperando esa noche para cenar, y le llamarían de tú, y le darían un beso al llegar a casa. Tenían este padre grandote y cansado, digno de todo cariño, al que nosotros estábamos impacientando y despreciando con aquel ruido.»
Es evidente que este joven tiene una alta capacidad para observar lo que sienten los otros. El joven tenía un sorprendente talento para comprender lo que sucedía en el interior de las personas, y eso le hacía ser muy sociable. La destreza emocional ayuda a que las personas puedan crear vínculos y tener redes de apoyo. Las personas con capacidad empática son aquellos a quienes todos se dirigen cuando necesitan un consejo, unas palabras de consuelo o un rato de conversación.
La empatía es un conjunto de cualidades un tanto misteriosas, que se manifiestan en la forma de saludar, en el tono de voz que se emplea, en el modo de interesarse por un detalle personal, en una mirada que despierta un sentimiento de cercanía y de conexión, que hace al interlocutor sentirse bienvenido y valorado.
¿Cómo se desarrolla esa capacidad?
Desarrollando la capacidad de observación, y siendo capaces de asociar los sentimientos que se ven en los demás a unos determinados gestos, comentarios, expresiones faciales, tonos de voz, tipos de reacciones, etc., que también se observan simultáneamente en ellos.
Cuando se pone un poco de interés en el otro, se puede diferenciar con claridad que la cara que trae hoy es la de disgusto (o de alegría radiante). O que esa sonrisa forzada indica sutilmente que no le ha hecho ninguna gracia la broma que le han hecho. O vemos que ha torcido el labio como hace siempre que empieza a enfadarse. O que esas ojeras y la palidez de la cara revelan una larga noche de insomnio. O que ese otro silencio, o esa significativa ausencia, indican una determinada situación de crisis interior.
Es preciso aprender a interpretar los rostros. El rostro y los ojos reflejan el estado en que se encuentra la persona y almacenan una enorme carga de información, de innumerables sentimientos y motivaciones. A medida que se avance en ese aprendizaje emocional, cada vez se logrará interpretar mejor los sentimientos que embargan a una persona, y se podrá descubrir cómo comportarse ante ella, e incluso cómo prever esos sentimientos. Esto último es especialmente importante, pues se podrá saber con bastante exactitud, por ejemplo, cuándo una persona está a punto de enfadarse, o, mejor, qué es lo que le puede molestar, y qué es lo que le puede alegrar o tranquilizar.
Capacidad de establecer contacto personal
“Yo veía –me contaba con cara seria David, un chico de quince años, refiriéndose a uno de sus profesores – que aquel hombre lo pasaba realmente mal en nuestra clase. Y entonces me acordé de que ese profesor nuestro tendría mujer, y seguramente hijos o hijas. Y pensé en ellos, en que probablemente le estarían esperando esa noche para cenar, y le llamarían de tú, y le darían un beso al llegar a casa. Tenían este padre grandote y cansado, digno de todo cariño, al que nosotros estábamos impacientando y despreciando con aquel barullo”
Según le iba escuchando, pensaba en la notable capacidad que tenía David para observar y reconocer los sentimientos de otros/as. Aquel chico, a quien ya conocía de tiempo atrás, tenía un sorprendente talento para comprender lo que sucedía en el interior de las personas, y eso le hacía ser muy sociable. Era de esas personas con las que resulta agradable estar porque su destreza emocional hace a cualquiera sentirse bien a su lado. Y pensaba en que las personas que son así tienen una habilidad especial, pues pueden influir muy positivamente en los demás. Son aquellos/as a quienes todos se dirigen cuando necesitan un consejo, unas palabras de consuelo o un rato de conversación. Era evidente que David lograba establecer enseguida un contacto personal con cualquiera. ¿A qué se debía?
No resultaba fácil saberlo, pues era algo muy sutil, un conjunto de cualidades un tanto misteriosas, que se manifestaban en su forma de saludar, en el tono de voz que empleaba, en el modo de interesarse por un detalle personal, en una mirada que despierta un sentimiento de cercanía y de conexión, que hace al interlocutor sentirse bienvenido y valorado. Pero, sobre todo, David reconocía muy bien cómo se sentían las personas.
— ¿Y cómo se desarrolla esa capacidad?

Desarrollando la capacidad de observación, y de asociar esos sentimientos que vemos en los/as demás a unos determinados gestos, comentarios, expresiones faciales, tonos de voz, tipos de reacciones, etc., que también observamos simultáneamente en ellos/as.


—Pero eso suena un poco a obsesión psicológica por catalogar a la gente, ¿no?

No se trata de eso. Puede y debe ser algo muy natural. Por ejemplo, hay personas que parecen no tener apenas capacidad para darse cuenta de si su cónyuge, su hijo, su padre, su compañero, su vecino, o quien sea, tienen buena o mala cara. ¿Por qué? Porque quizá nunca se fijan en la cara que los otros/as ponen, o porque van un poco a lo suyo, o no se les ocurre prestar atención a eso.


Cuando se pone un poco de interés, pronto se distingue con claridad que la cara que trae hoy es la de disgusto (o de alegría radiante). O que esa sonrisa forzada indica sutilmente que no le ha hecho ninguna gracia la broma que le han hecho. O vemos que ha torcido el labio como hace siempre que empieza a enfadarse. O que esas ojeras y la palidez de la cara revelan una larga noche de insomnio. O que ese otro silencio, o esa significativa ausencia, indican una determinada situación de crisis interior.
Es preciso aprender a interpretar los rostros. Nuestra cara y nuestros ojos reflejan misteriosamente nuestro estado interior, y almacenan una enorme carga de información, de innumerables sentimientos y motivaciones. A medida que avancemos en ese aprendizaje emocional, cada vez lograremos interpretar mejor los sentimientos que embargan a una persona, e iremos sabiendo mejor cómo comportarnos ante ella, e incluso cómo prever esos sentimientos. Esto último es especialmente importante, pues podremos saber con bastante exactitud, por ejemplo, cuándo una persona está a punto de enfadarse, o, mejor, qué es lo que le puede molestar, y qué es lo que le puede alegrar o tranquilizar.
En cambio, las personas que desarrollan poco esa habilidad para captar y transmitir emociones suelen tener problemas, pues despiertan fácilmente la incomodidad de los demás. Y lo más doloroso para ellas es que precisamente por su incapacidad para reconocer los sentimientos de los/as demás no logran entender bien por qué los otros/as se molestan. Por ejemplo, saber ajustar el tono emocional de una conversación es una habilidad extraordinariamente importante en las relaciones humanas, y muestra de un control inteligente y profundo de la propia vida emocional.
Es una habilidad que algunos/as poseen en alto grado de modo innato (igual que otros/as nacen más dotados para determinados deportes, o para el ritmo musical, o para actuar en público), pero está claro que son habilidades que cualquiera puede desarrollar poco a poco, con esfuerzo, motivación y tiempo.


Las personas más dotadas para las relaciones humanas son aquellas que observan los sentimientos de los demás, saben reconocerlos, saben preverlos y saben estimularlos positivamente.



TALLER SOBRE EMPATÍA


  1. HAGO UNA RELATORIA SOBRE LA ACTIVIDAD DE LOS ZAPATOS QUE SE REALIZÓ EN CLASE.

  2. A PARTIR DE LA LECTURA EMPATÍA PIENSO EN UNA ACCION QUE HAYA OCURRIDO EN MI CONTEXTO SOCIAL Y QUE SEA UN EJEMPLO DE EMPATÍA.

  3. REFLEXIONO Y ELABORO UNA LISTA DE LAS ACTITUDES QUE DEBO TRABAJAR PARA SER UNA PERSONA EMPÁTICA.



Tomado de Escuelas de Cuidado y Reconciliación – Fundación Para La Reconciliación 2011



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