Trabajo y Salud: La exposición a plaguicidas de los trabajadores hortícola del cinturón verde de Córdoba Autores



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Trabajo y Salud: La exposición a plaguicidas de los trabajadores hortícola del cinturón verde de Córdoba
Autores: Machado Ana L.1, Ruiz Maria V.2, Sastre María A.3, Butinof Mariana4, Blanco Marcelo5, Lantieri María J.6, Fernandez Ricardo A.7, Stimolo María I.8, Díaz María del P 9.
1 analiamachado@hotmail.com, Facultad de Psicología, Universidad Nacional de Córdoba.

2ruizmariavictoria@yahoo.com.ar Facultad de Psicología, Universidad Nacional de Córdoba.

3 Andreasastre@hotmail.com, Facultad de Psicología, Universidad Nacional de Córdoba.

4mariana@butinof.com.ar, Escuela de Nutrición, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Córdoba

5 mpblanco@agro.unc.edu.ar Facultad de Ciencias Agropecuarias, Universidad Nacional de Córdoba.

6 mjlantieri@yahoo.com.ar, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Córdoba

7ricardoantoniofernandez@yahoo.com.ar, Facultad de Medicina. Universidad Católica de Córdoba.

8 mistimolo@yahoo.com.ar, Departamento de Matemática y Estadística. Facultad de Ciencias Económicas. Universidad Nacional de Córdoba.

9 pdiaz@fcm.unc.edu.ar, Escuela de Nutrición, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Córdoba
Resumen

El trabajo presenta resultados parciales de investigación sobre la exposición a plaguicidas y salud en el cinturón verde de la Ciudad de córdoba. El momento socio-histórico, con su modelo productivo y tecnológico, determina el modo y los estilos de vida de los sujetos.

Pensar la subjetividad, la relación con los plaguicidas en tanto tecnología moderna, no puede hacerse sin situarla en el marco de las relaciones mercantiles capitalista de producción  que convierten a la tierra en  propiedad privada y a la  producción hortícola en una mercancía.

Nos proponemos analizar los mecanismos subjetivos que se ponen en juego y evitan el uso de las medidas protectoras de la salud. El abordaje de la subjetividad permitirá conocer los soportes afectivos, familiares y de la comunidad inmediata como así también comprender las significaciones, percepciones y vivencias implicados en la salud.

El estudio se realiza desde una perspectiva cualitativa la que nos permite capturar puntos de vista individuales, acercándonos a la perspectiva de los actores. Se han realizado entrevistas en profundidad y observaciones durante el primer cuatrimestre de 2011, en diferentes quintas del cinturón verde de la ciudad de Córdoba.

Los trabajadores hortícolas del cinturón verde entrevistados están  expuestos a plaguicidas. En relación al  equipo de protección podríamos aseverar que los trabajadores se encuentran parcialmente protegidos. La mochila para fumigación en algunas situaciones ocasiona accidentes poniendo en contacto el plaguicida con el cuerpo.

Encontramos que los modelos familiares que sirvieron de identificación y la negación de los peligros de los plaguicidas evitan el uso de medidas protectoras.

Las diferencias entre las percepciones y las prácticas de cuidado de la salud dan cuenta de procesos de protección a nivel de las percepciones mientras que en las prácticas los procesos destructivos están vinculados a la exposición sin protección en las situaciones de manipulación de plaguicidas.



Introducción

El trabajo plantea la necesidad de abordar las significaciones y prácticas ligadas a los procesos protectores y destructivos de la salud de los trabajadores de cultivo hortícola del cinturón verde de la ciudad de Córdoba, en contacto con el uso de plaguicidas.


Incluir la subjetividad implica trabajar en la dimensión del sujeto pero sin aislarlo de la realidad socio-histórica. El momento socio-histórico, con su modelo productivo y su modelo tecnológico, determina el modo y los estilos de vida de los sujetos. La expansión de la superficie agrícola y el uso más frecuente de agrotóxicos, así como la contaminación del medio ambiente, no son más que consecuencias de dichos modelos.
Los plaguicidas utilizados en el control de plagas, y los fertilizantes y aditivos que se utilizan para maximizar los rendimientos de cosecha, poseen un marcado impacto ambiental al producir contaminación de suelos, aguas superficiales y subterráneas y aire, a la vez que causan la intoxicación de seres vivos, inclusive el hombre (Badii y Landeros, 2007),

Los efectos de los plaguicidas sobre la salud dependen de diversos factores, entre los que se incluyen el tipo de plaguicida y su toxicidad, cantidad o dosis de exposición, duración y condiciones meteorológicas, vía por la cual ocurrió la exposición, características propias del sujeto (edad, estado de salud previo, estilo de vida, sexo, etc.), utilización de medidas de protección personal y características del entorno laboral. La implementación de adecuadas medidas de protección personal son claves en la disminución de la dosis absorbida de los contaminantes y los riesgos en salud (Remor et al., 2009; Hines y Deddens, 2001; Fenske y Elkner 1990).



Lantieri et al., (2009) demostraron que en la Provincia de Córdoba, el mayor nivel de instrucción de los agroaplicadores terrestres no se relaciona con el uso de medidas protectoras. La posibilidad de acceder y procesar información pareciera no estar vinculada a la decisión de este tipo de prácticas protectoras de la salud.
Nos proponemos analizar los mecanismos subjetivos que se ponen en juego y evitan el uso de las medidas protectoras de la salud. El abordaje de la subjetividad permitirá conocer los soportes afectivos, familiares y de la comunidad inmediata como así también comprender las significaciones, percepciones y vivencias implicados en la salud.
El abordaje de la subjetividad no puede descuidar los estilos de vida de los sujetos ya que allí, en sus vidas se encuentran anudadas las significaciones y prácticas de los sujetos. En el plano generativo de los estilos de vida, los fenómenos destructivos que se dan a lo largo del proceso salud-enfermedad nos darán cuenta de los aspectos críticos de exposición, como así también de las prácticas contaminantes y deteriorantes. Los fenómenos protectores nos dirán de las prácticas cotidianas protectoras y saludables.
Las propiedades que adquieren los antes aludidos procesos protectores y destructivos de la salud no se piensan aisladamente, en sí mismos, ya que las propiedades protectoras o destructivas no son ajenas a los procesos sociales. De allí que para desentrañar cuáles son las relaciones que inciden para provocar el contacto con los plaguicidas y cuáles son los modos de vida propios de cada grupo, cuales son los estilos de vida familiares y cotidianos que devienen en verdaderos perfiles de intoxicación que explican las distintas modalidades y grado de exposición, no se debe descuidar el análisis de los procesos macro de la vida social. (Breilh, 2003).

Metodología
El estudio se realiza desde una perspectiva cualitativa la que permite describir rutinas, momentos problemáticos, hacer énfasis en los procesos, en la construcción social de la realidad y en cómo se produce la experiencia social y con qué significados. Permite a su vez a diferencia del enfoque cuantitativo capturar puntos de vista individuales, acercándonos a la perspectiva de los sujetos.
También se logra confrontar las limitaciones cotidianas del mundo social, ya que se estudia examinando las estrecheces de la vida diaria y se reconoce que la mirada del investigador está siempre filtrada a través de la lente del lenguaje, el género, la clase social, la raza, la etnia; por lo que no existen observaciones objetivas, sino sólo observaciones socialmente situadas en los mundos del que observa y del que es observado (Denzin y Lincoln, 1994).
Los instrumentos utilizados son la entrevista en profundidad y la observación. El primer instrumento nos permite la comprensión de sentidos y significados de la práctica cotidiana de los sujetos y familiares involucrados en el proceso productivo hortícola. La observación retroalimenta la información de las entrevistas ya que permite aproximarnos a las condiciones concretas de existencia, asociar significantes con significados particulares de los sujetos, como así también contrastar el nivel discursivo con el de la práctica cotidiana. Las entrevistas y las observaciones se realizaron durante el primer cuatrimestre de 2011, en diferentes quintas del cinturón verde de la ciudad de Córdoba.
Para el análisis de datos se utiliza la estrategia de codificación -destacada por Maxwell como estrategia principal de categorización en un estudio cualitativo-, la cual consiste en ´quebrar´ los datos y reorganizarlos en categorías que faciliten la comparación de los mismos dentro de las categorías mismas y entre éstas, y aportar el desarrollo de los conceptos teoréticos. También la codificación de algunas categorías podrá extraerse de teorías existentes, otras desarrolladas inductivamente durante el análisis, e incluso otras extraídas de la estructura conceptual de los sujetos en estudio.

Resultados
Si nos situamos en el marco de las relaciones  mercantiles capitalista de producción, el interés de los pequeños productores-propietarios de la tierra, que heredaron de sus padres y abuelos, se presenta de una manera diferente a la del peón-asalariado, trabajador rural.
El universo de significaciones de los sujetos varía según el lugar que ocupan en el campo de la producción hortícola. Los productores y los asalariados se problematizan y registran las preocupaciones de manera diferente (Propersi, Albanesi, Burzaca, Gallende, 2010).
Lo que constituye un juego en las tareas del campo para los hijos de los productores-propietarios se convierte en trabajo para los hijos de los peones. Así también, respecto del trabajo en el campo, lo que para unos tiene el sentido de un proyecto de vida con un futuro de prosperidad, para los otros se vincula con un horizonte de pobreza, destino que se percibe difícil de cambiar.
Para el asalariado el trabajo en la tierra de otro no constituye un horizonte deseado para sus hijos y nietos. Un peón nos relata que desde los 8 años, tras el fallecimiento de su padre ayuda a su madre, trabajando en la siembra de papa y zanahoria. Cursó 3 años de primaria y sus hijos han hecho sólo la primaria. De sus 6 nietos, quienes viven hoy en la misma casa en el campo/lugar de trabajo, dice que van todos a la escuela y que el mayor ya está en el secundario.
Esperemos pueda hacer algo y no le toque el campo como a nosotros”; “…a uno no le gustaría, porque yo a la edad que tengo no he podido hacer nada en toda la vida. A lo mejor a ellos les pase igual.” (T.M., varón de 52 años, asalariado).
En el análisis de las condiciones de trabajo de los asalariados tenemos que considerar la accesibilidad de estos trabajadores a los elementos del equipo de protección personal (EPP) para realizar fumigaciones, los cuales deben ser provistos por el productor empleador. En los casos trabajados encontramos aquellos a los que se les entrega equipo casi completo y aquellos que cuentan sólo con la máscara simple o con ningún elemento. Un empleado de un gran productor dice:
“… te dan mameluco, máscara y guantes, el mameluco es de Nylon duro, no se cómo se llama el material ese pero es mameluco de los buenos, la máscara tiene dos filtros, que cambiamos cuando ya se siente el veneno, los guantes son de goma. El calzado es de nosotros…yo llevo zapatillas, por comodidad…”. (J.J., Varón de 21 años, Asalariado).
En otro caso un peón nos dice:
”…fumigo con la pulverizadora y no tenemos equipos especiales nosotros. Acá hacen falta equipos especiales pero no hay, tenemos una máscara, a veces curamos así no mas sin guantes. Eso todo es malo, uno está sabiendo pero bueno hay que hacerlo… no tenemos otra ropa, una máscara es todo lo que se tiene, nosotros estamos sabiendo que eso hace mal, todo ese tema que se usa en el campo que viene a ser veneno, funguicida que son para las plantas no tengo conocimiento de las drogas que le echan”. (T.M. varón de 52 años, asalariado).
En los casos que no se les entrega a los trabajadores EPP son frecuentes los accidentes. Un empleado da cuenta de intoxicaciones que ha sufrido por la carencia de tales implementos, ya que el productor-empleador no le proveyó.
“…no tenía la máscara, ni la capa y curaba bajo invernadero, y transpiraba y el veneno que se desparramaba de la mochila caía aquí en mi cuerpo…estaba así con remera, con camisa, más la transpiración de uno moja la camisa, cae a uno, penetra el veneno en el cuerpo.… Yo en ese trabajo he curado en la mañana y no me bañe a las 12 para seguir trabajando en la tarde, porque yo trabajaba mensual, yo trabajaba para otro. Y bueno me sentía con dolor de estómago y venían los vómitos, y eso era todo el veneno… me han llevado al hospital, me han hecho un lavado de estómago…me sentí muy mal… no quería hacer nada….La segunda vez que me intoxiqué estaba curando chaucha y berenjena y no tenía la máscara, estaba ventoso como está ahora y me tiraba el veneno en la cara, y en la boca… me desmaye. Yo trabajaba mensual y no podía abandonar el trabajo que tenía porque si yo dejaba de trabajar me echaban por eso yo iba a trabajar. Mi patrón se hizo cargo, de hacerme curar, llevarme al médico. El ya no me descontaba porque, toda la culpa la tenía él por no darme la máscara ni la capa…” (N .C., varón de 28 años, asalariado).
Uno de los aspectos más importantes vinculados al cuidado de la salud en relación a la problemática de la exposición prolongada a plaguicidas tiene que ver con el uso eficaz y permanente de las medidas de protección personal cuando estos elementos están disponibles. En los casos trabajados, los grandes productores entregan a sus empleados EPP aunque incompletos, si tenemos en cuenta las recomendaciones que establecen que deben cubrir todo el cuerpo del aplicador. Los pequeños productores que trabajan la tierra proveen a sus empleados no más de dos elementos de protección, mientras ellos generalmente no usan ninguno. Encontramos que la mayoría de los pequeños productores hortícolas se protegen de manera parcial o trabajan sin protección alguna.
Los modelos familiares de varias generaciones, abuelos inmigrantes y padres que no usaron medidas de protección, parecieran estar vinculados con los modelos de protección presentes entre los hijos que actualmente trabajan la tierra. La identificación constituye una de las manifestaciones más tempranas de lazo afectivo con otra persona. En el proceso de identificación el niño hace de su padre un ideal, lo toma como modelo a seguir, quiere ser grande, ser como él y sustituirlo en todo (Freud, 1921). En los estilos de vida están presentes los modelos identificatorios de padres y abuelos.
Un pequeño productor da cuenta de cómo desde los 3 años de vida ha estado al lado de su padre mientras realizaba las tareas del campo:
“… yo era muy inquieto, me gustaba subir al tractor de chico, perseguirlo a él, me iba atrás de él. Mi padre siempre nos hizo estudiar, siempre nos dio todo para estudiar pero sin embargo yo iba y lo seguía.” (Varón de 29 años, pequeño productor),
Otro productor muestra su interés por el trabajo en el campo desde niño y el vínculo con sus abuelos. Dice:

Yo iba siempre al campo con mis abuelos, andaba de acá para allá, mirá si me habrá gustado que me hacia 15 km en bicicleta para ir al campo cuando tenía 12 años. A los 13 años y durante las vacaciones de la escuela empiezo a hacer tareas de escarpir, arar, pasar rastra de disco. A los 19 años empiezo ya a trabajar más fijo, seriamente…, son gustos digamos, mi hermano nunca fue, no sabe ni donde está el campo, nada…” (M.M., Varón de 29 años, pequeño productor).


Un productor que hereda la tierra de sus abuelos destaca también el trabajo que realizaba desde niño junto a su abuelo:
“… ya a los 8 años le daba una mano a mi abuelo… más que todo a sembrar… también en el campo juntaba papas en bolsas y vendía junto con mis hermanitos más chicos a un verdulero…” (H. H., Varón de 25 años, pequeño productor).
En la época en que los abuelos de estos trabajadores laboraban la tierra no se usaban medidas de protección. La conciencia de la peligrosidad de los productos pareciera ser actual y externa a los trabajadores, en el sentido de que no surge como preocupación de las condiciones de trabajo, de los posibles efectos sobre la salud, sino de los grupos de vecinos que tienen sus viviendas en zonas cercanas a los campos cultivados y fumigados.
Los abuelos no usaban nada de eso, ahora más que todo se usa… a mí no me gusta usar ni guantes ni nada de eso… Se ha tomado conciencia ahora pero no se usa nada. Esta conciencia viene de los líos, no de nosotros” (C.C., Varón de 25 años, pequeño propietario)
Yo no me coloqué nunca nada, en esas épocas no se usaba, había problemas, accidentes los que eran muy brutos pero en esa época fumigabas con DDT, eso era un veneno y no me he muerto. Usábamos esas mochilas de antes, perdían por todos lados. La espalda se ponía morada, roja. Entre lo pesada, eran 20 kilos más que chorreaba la maquina, porque era todo de cobre/ bronce, era pesadísima, en ese tiempo no habían las tapas que hay ahora, si no perdía por un lado perdía por el otro, si no se rompía la manguera se rompía el pico, si no había filtro y se tapaba el fumigador había que desarmarla ahí en el medio del campo y soplar. Tengo 74 años y no me he muerto” ( F.F., varón de 74 años mediano productor).
Según diversos autores plantean, cortas exposiciones a algunos plaguicidas pueden ocasionar cuadros de diferente gravedad y potencialmente generar letalidad (Litchfield, 2005; Faria et al., 2004). Y que si bien el impacto sobre la salud de exposiciones crónicas de bajo nivel es menos conocido, existen muchos estudios que reportan asociación con cáncer, déficit neurológicos, disrupción endócrina, afecciones inmunológicas, malformaciones congénitas y problemas de fertilidad y trastornos de salud reproductiva (Ali et al., 2006; Bassil et al., 2007; Sanborn et al., 2007. En la provincia de Córdoba, Butinof et al., (2011), ponen en evidencia impactos negativos en la salud de los agroaplicadores terrestres de cultivos extensivos, relacionadas con su exposición laboral, aumentando los mismos significativamente con el tiempo de exposición (la antigüedad en la profesión).
Desde la perspectiva subjetiva los entrevistados ponen en marcha un mecanismo de negación. Si bien por un lado se reconoce la peligrosidad de los productos,  ya que se convierten en un arma muy peligrosa,  en las prácticas de cuidado  de la salud se niega dicha peligrosidad. La negación es una forma de percibir aquello que se reprime pero que de ningún modo se acepta, es decir se reconoce la existencia del contacto con agrotóxicos pero la representación que lo entiende como grave y perjudicial para la salud no tiene acceso a la conciencia de los entrevistados, lo cual aleja el significado afectivo que eso conlleva. El mecanismo de negación permite aceptar lo que se quiere saber y negar lo que no se quiere saber. El sujeto reconoce lo que describe mediante la negación, de este modo continúa trabajando sin precauciones porque de lo contrario, el reconocimiento de su contenido provocaría un límite dentro de la actividad cotidiana (Freud, 1925). El mecanismo de negación evita así el uso de medidas de protección y en algunos casos  se llega a negar la toxicidad de los productos.
La gente le tiene miedo a los venenos porque es ignorante. Se cree que todo es veneno y los va a matar y que el cáncer… son mentiras, nosotros y todos los vecinos nos hubiéramos muerto todos, están vivitos y coleando. Nunca hemos sabido de un caso, nunca. Por eso es como una psicosis colectiva que han agarrado…Ya los remedios vienen inocuos, no hacen mal a la gente. ” (D. R., Mujer de 69, esposa de mediano productor).
En relación al grado de peligrosidad de los venenos encontramos significaciones ligadas a lo fuerte-suave dado por el olor y por el tiempo de carencia entre la aplicación y la cosecha. También significaciones ligadas a la temperatura de la sangre, aquellos venenos que son para sangre fría- sangre caliente y aquellos que matan sólo a los insectos y no a los humanos.
Los productos de ahora no son fuertes como antes, antes vos abrías un bidón y un olor terrible, ahora no, son muy suaves. Soy muy sensible a eso, yo si no me ponía protección lo abría y con el hecho de olerlo me hacia doler la cabeza y ahora no, ni olor tienen los productos”. (M.M., Varón de 29 años, pequeño productor).
Los remedios no afectan la sangre caliente, son para sangre fría. A la sangre humana, al pájaro y animales no les hace mal. Pero el insecto no tiene sangre caliente. Yo hace varios años sentí eso.” (D. R., Mujer de 69, esposa de mediano productor).
Existe la percepción de que los venenos que se usan en la actualidad son menos peligrosos, menos tóxicos que aquellos que usaban sus abuelos. El hecho de que sus abuelos fumigaban con venenos peligrosos, no se protegían y vivieron muchos años refuerza la idea de no peligrosidad de los productos actuales.
Antes había una variedad de venenos, eran venenos que mataban todo, desde el insecto que comía la planta hasta el sapo, por ejemplo el sapo regula las plagas, la vaquita de San Antonio también, se come a los pulgones. Entonces ahora los químicos que se utiliza matan a una determinada variedad de insecto nomás, mata a la arañuela, a la mosca blanca, al pulgón pero no te mata a toda la cadena ecológica. Los venenos de antes te mataba hasta la liebre, el sapo, un cuisito que pasaba por ahí, todo, eran muy fuertes…ahora son un poco serán menos concentrados será o…han mejorado el químico…” (N.N., varón de 25 años, pequeño productor).
Las empresas que venden los plaguicidas y los Ingenieros Agrónomos constituyen en los casos trabajados, las principales fuentes de asesoramiento para el manejo de los plaguicidas. Cuando decimos manejo de plaguicidas nos referimos al preparado, a la aplicación y a la protección que debe tener el aplicador. La mochila y la máquina de arrastre sin filtro de carbón activado, tirada con tractor con y sin cabina son los más utilizados en los casos trabajados.

Para Bulacio, Giuliani, Panelo y Giolito (2007) el uso de la mochila para fumigar, que se carga en la espalda del aplicador, requiere elementos de protección que cubran todo el cuerpo. Los elementos de protección personal disponibles en el mercado no se adecúan a las condiciones reales de trabajo, por lo cual en la práctica se descarta su uso. Según Lantieri et al., (2009) los siguientes elementos debieran integran el equipo de protección personal: careta antigás, protectores de la cara o anteojos, ropa impermeable, guantes químicamente resistentes (aún cuando en la práctica siguen usándose otro tipo de guantes, como los de tela o de cuero, casco o sombrero, botas.


Y si bien hemos encontrado que el uso de los elementos de protección es parcial en algunos casos, ya que se colocan sólo mascara simple y guantes, y en otros casos podemos aseverar que no existe protección, entendemos que en el uso de todos las elementos para lograr una protección total del aplicador, algo de la practicidad-comodidad se juega pero no es lo que determina posibilidad de su uso o no. Tampoco pareciera intervenir el conocimiento de los peligros que los plaguicidas provocan en la salud, ni el nivel de escolaridad de los trabajadores, como ya se mencionó anteriormente, para poner en marcha procesos protectores cuando se manipula plaguicidas. El fenómeno de protegerse o no protegerse de los peligros de los plaguicidas es algo más complejo.
Un pequeño arrendatario conoce las medidas de protección que debe utilizar. Pero en sus prácticas de trabajo con la manipulación de plaguicidas no usa elementos de protección. En las percepciones aparece la no protección como una manera de arriesgarse muy esporádicamente mientras que en las prácticas se convierte en algo cotidiano.
“…sabemos las medidas de seguridad, la mayoría de la gente las sabes pero es muy difícil de aplicar, usar barbijo, usar guantes, usar un equipo que yo lo llamo un equipo de astronauta … por ahí uno dice te arriesgas, y no los usas. Te diría que de un 100% de la gente que yo conozco el 90% no lo hace. Pueden haber 2 o 3 quinteros que lo hacen pero tampoco lo hacen bien, yo no me considero que cumpla todas las reglas pero si las básicas:…tener las manos sanas, si estoy con alguna herida no te toco un veneno, no utilizo guantes pero trato de no tocar el veneno, cuando le hecho un funguicida o un insecticida me fijo en el color de la etiqueta. Cuando estas echando el veneno a la maquina no estar mirándolo, porque eso también se evapora y pasa por la nariz, puede pasar por la piel, por todos lados tiene acceso al cuerpo. Después cuando estas curando si te mojaste te tenés que lavar, esos son los recaudos que uno tiene, con la máquina de arrastre mucho menos porque vos vas arriba el tractor, la maquina va a atrás curando, haciendo la nube. No se tiene que curar cuando hay viento, porque cuando hay viento puede entrarte a la cara o no curar inclusivo lo que vos querés curar, tiene que estar el día bastante templado”. (T. T., Varón de 25 años, Arrendatario).
Otro productor valoriza sólo la máscara como elemento de protección
“… La precaución mía es la máscara porque todo entra por la respiración digamos. Eso más que todo lo que uso.” (M.M, Varón de 29 años, pequeño productor).
El miedo a los venenos se ha vinculado “al trato” que se hace de los mismos, tratarlos bien implica no oler y usar máscara y guantes, en tanto que tratarlos mal implica ingerir.
No les tengo miedo a los venenos, para nada. Tampoco soy sonso de andar metiendo la nariz ahí, miedo hay que tenerle si los tratas mal, si meto un trago…Tratarlos bien implica ponerse la máscara y guantes. En mi caso yo no uso nada, o sea no uso guantes, la máscara sí, cuando hay viento hay que usarla. Cuando no hay viento lo podes hacer sin la máscara con el tractor cuando vas andando sí, porque no te llega el producto. Va cayendo y no deriva. Cuando lo preparas sí entra, por el vapor o algo así… Fumigar cuando hay viento, eso es lo peor que podes hacer, tiras plata porque si hay viento te la lleva para otro lado. No utilizar los elementos adecuados es otro tema. La máscara, los guantes y botas de goma, también en el prospecto del producto dice que tenés que usar lentes pero no se usa para nada”. (T. T., Varón de 25 años, Arrendatario).

Un pequeño productor refiere una situación vivida por su padre de 47 años en relación a la ingesta de veneno. Las situaciones de ingestas referidas por los trabajadores están vinculadas con el uso de la mochila de fumigación, ya que suelen arrimar la boca para soplar las mangueras de la mochila o por accidentes las mangueras se introducen en la boca.


Se le soltó una manguera de la mochila y se le metió a la boca…logró tragarlo, digamos lo bañó…” (H.H., Varón de 29 años, Pequeño productor).
Conclusiones
El trabajo recupera las prácticas laborales y significados otorgados a las mismas por trabajadores hortícolas del cinturón verde de la ciudad de Córdoba, expuestos laboralmente a plaguicidas. Pero hay que destacar que en el marco de las relaciones  mercantiles capitalista de producción, el horizonte del trabajo en el campo está ligado a un futuro de pobreza; el juego del niño se convierte en trabajo. Los peones no tienen acceso a todos los elementos de protección.

En los estilos de vida de los trabajadores hortícolas los modelos identificatorios de las familias parecieran intervenir a la hora de decidir el uso de los elementos de protección para evitar la contaminación con plaguicidas.

Los significados relacionados con la peligrosidad de los plaguicidas se vinculan de manera ambivalente para los insectos y para los humanos. La problemática de la peligrosidad de plaguicidas pareciera no pertenecer a las preocupaciones cotidianas de los trabajadores hortícolas. Hay una gran distancia entre las percepciones y prácticas de cuidado. Las percepciones dan cuenta de conocimiento, de comprensión de la información sobre las buenas prácticas del cuidado de la salud mientras que en las prácticas no existe el uso de casi ningún elemento de protección.
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