Teórico de 1er



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LOS CUATRO PASOSS ESQUEMA OPERATORIO

ALFREDO MOFFATT



El gráfico del esquema está al principio de este capítulo.
Vamos a trabajar hoy el tema de los cuatro pasos. En un tiempo fueron ocho pasos, pero con el tiempo quedaron estabilizados en cuatro. Se llama también la cajonera de herramientas y es una guía para operar con alguien que está en una situación de crisis, psicológicamente confundido, porque nosotros trabajamos con gente que está perdida de sí misma, entonces hay que buscar regresando en esa historia para entender ese presente perturbado.

La esencia del padecimiento mental es que alguien perdió el centro de su identidad; tanto es así que en la gnosografía quechua de las enfermedades psicológicas, ellos las llaman la pérdida del alma . Nosotros hablaríamos de la pérdida del núcleo yoico, o del self, en inglés, o del lui-meme, en francés. Cada cultura tiene un término para nombrar a ese núcleo de la identidad

En la terapia quechua de la esquizofrenia, la familia tiene que ir a un cruce de caminos a la media noche, y llamar al alma del paciente; esto es lo que se hace, básicamente, entre nosotros, en una terapia familiar. Decía Pichon Riviere, que la identidad profunda (alma), se pierde cuando la familia no reconoce quién es el nominado como paciente, y lo supone como otro. Muchas veces, la etiología de las neurosis consiste en que el chico no ha sido reconocido como era, sino que querían que fuera otro. Entonces él siente que lo perciben como diferente de cómo él se percibe; entonces queda confundido, neurótico, disociado. Tanto es así, que la disociación es lo esencial en la enfermedad mental, y que esquizofrenia quiere decir "mente partida". Hay un término para una situación psicótica, para un brote, que es splitting, que quiere decir que se dividió en dos, se partió .

Hay una expresión que usamos a veces, que es "No me encuentro a mí mismo, no sé quién soy", o cuando la persona en crisis dice "Se me paró la vida, y no sé qué hacer" . Dice “No sé qué hacer y no me encuentro a mí”, porque yo soy ese "qué hacer". Entonces, el tema fundamental es hacer que el otro pueda descansar, dejar de estar atento al afuera y pueda meterse para adentro, para lo cual hay que cuidarlo del afuera. A esto, lo llamamos contención.

Pichon decía que al paciente hay que "tenerle" el miedo. ¿Qué quiere decir? El paciente viene con su miedo, está atento a su miedo, entonces hay que decirle: "dame tu miedo, yo te lo tengo, yo te sostengo eso que vos temés, y así vos podés tener la tranquilidad necesaria para meterte para adentro.

Se puede decir que el futuro es expectativa y el pasado es recuerdo; si no recordáramos, no existiría el pasado, y, si no tuviésemos expectativa, no existiría el futuro. Pero las dos cosas pueden “pudrirse”: los recuerdos podridos son aquellos que, al no elaborarse, quedan como fantasmas, y cuando se pudre el futuro, este se trasforma en amenaza. En el caso de una pérdida, alguien no está más y sin embargo está: se transforma en un fantasma, y el fantasma es consecuencia del duelo no realizado; la depresión es no poder despedirse de alguien que ya no está.

La vida, pienso yo, es un juego donde continuamente hay cosas que se van y cosas que vienen. Por ejemplo: los padres se van, los hijos vienen; la juventud se va, la vejez viene.

Siempre estamos en ese no querer abandonar el objeto conocido, lo que se llama "ansiedad de pérdida", y, al mismo tiempo, estamos temerosos del objeto que viene porque es desconocido, en lo llamamos la “ansiedad de ataque”. ¿Por qué el miedo está afuera y adelante? Porque no lo conocemos. No hay depresión hacia delante, la depresión está siempre adentro, es un recuerdo. Entonces, muchas veces, hay que hacer que la persona pueda meterse adentro para conversar con ese fantasma y despedirse. En general, un duelo se resuelve cuando uno puede despedirse, porque uno había quedado sin hacer la ceremonia del adiós con aquello que no está para poder recibir lo nuevo que viene del futuro. Si no decimos “Chau, papá…” no podemos decir “Hola, marido…” porque crecer es despedirse de algo conocido y recibir lo nuevo .

Los cuatro pasos ¿para qué sirven? Son un ordenador para saber qué maniobras tenemos que hacer y en qué orden. Vamos a ver que, si no las hacemos en ese orden, podemos dañar en vez de ayudar. Es una guía que nos permite meternos en lo confuso y caótico que es toda crisis .
PRIMER PASO CONTENCION
Consiste en conectarse con la otra persona. Piensen que, no por estar al lado, estamos conectados psicológicamente con la otra persona: podemos estar cerca y no estar conectados, o podemos estar lejos y estar conectados. Todo esto tiene que ver con una presencia que le ofrecemos al otro, y que está expresada en una mirada y una actitud que tenemos que adiestrar, como operadores, que debe ser aceptadora y a la vez atenta, ni persecutoria ni distante.

El tema es poder adiestrar esa mirada, y lo iremos haciendo a medida que avancemos en la carrera; en segundo y en tercer año lo trabajaremos más, porque operaremos desde el estilo personal, con la mirada y escucha que tiene cada uno, y eso debe ponerse al servicio de ayudar a otro para que él se pueda mirar a sí mismo. En el caso de la mirada, un operador tiene una, a lo mejor, tristona, otro tiene una más atenta, otro una mirada seductora, y todas valen. Sólo no sirven las miradas controladoras e inquisidoras, como las de algunos psiquiatras que, fijando la vista, le dice: "¿Desde cuándo usted presenta esos síntomas…?" (Y tiene preparada la jeringa con el calmante).

La mirada es una forma de aceptarlo al otro, y también es muy importante la escucha, porque se puede oir pero no escuchar, y se puede ver pero no mirar. Son dos sentidos los que usamos, pero al operador puede faltarle uno de ellos, puede ser ciego, por ejemplo, y también ser psicólogo social, e, incluso, en algunos casos, hasta es ventajoso que el psicólogo sea ciego. Por ejemplo, cuando se trata de personalidades paranoides que temen la mirada, o de fóbicos, porque estos se relacionan mejor con una persona que no los pueda ver, pero que, con la calidez de su voz y su escucha, consiguen que el paciente se confíe más. En ese caso, podemos decir que el operador ve con su escucha.

También estudiamos la técnicas gestálticas, que nos permiten mirar al otro sin escudriñarlo, y en la distancia que el otro necesita: una mirada atenta, receptora y aceptante de que el otro es como es.

Incluso, si vienen pacientes delirando, ese terapeuta les "cree" el delirio, se mete en él; lo único que no les cree es que eso pasa aquí y ahora, pero si dice que lo persiguen con un cuchillo, para él eso es real. Porque , en algún momento, lo persiguieron , tal vez en su infancia, lo persiguieron o con un cuchillo o con algo parecido a un cuchillo ( pudo ser, por ejemplo, un abuso sexual infantil, que el paciente metaforiza, y el cuchillo en realidad es el pene ). Por eso, el terapeuta pregunta cómo lo persiguen, en qué posición estaba el cuchillo. Si él dice que el ataque con el cuchillo viene desde arriba, es muy probable que haya sido un cuchillo real, pero, si lo recuerda de abajo hacia arriba, es probable que el recuerdo de un abuso sexual lo que está simbolizando. En casos como este, la técnica adecuada para descifrarlo es usar técnicas psicodramáticas, donde se busca recrear la escena original, para así entenderla.

El primer paso se llama contención y, obviamente, tiene que ver con contenerlo al otro, con aceptarlo, con producir el encuentro profundo entre dos personas, que no es nada fácil. Es todo lo contrario de la asepsia psicoanalítica, porque nosotros trabajamos con la persona en crisis, que está muy necesitada de ser percibida, porque a eso la llevó el no ser percibida, ya que siente que desapareció para el mundo, y el mundo le desapareció a ella, y aparece entonces una sensación de soledad que puede ser muy, muy aguda, de carácter existencial, profundísima e insoportable. El está ahí solo y paralizado, y nosotros tenemos que rescatarlo de ese lugar.

Podemos decir que hay que arreglar un teléfono roto, donde el teléfono es la mirada, la escucha y la posibilidad de establecer ese juego donde el paciente me dice algo y yo le contesto algo que tiene que ver con lo que él me dijo, y eso reasegura que él existe, porque hay otro que modifica lo que él dice y también reasegura que él existe.

Pero cuando, si él dice algo, se le responde con algo que no tiene que ver con lo que él dice, no está seguro de que existe: uno existe si el otro le modifica el mensaje que él envió y entonces, entre los dos sucede una comunicación. Muchas veces, especialmente en las familias con padres que no son muy hábiles o tienen problemas, el chico dice una cosa y la madre le contesta otra cosa. "¡Mamá tengo miedo!", dice él y la madre dice "¡Comé!". O si no, el niño dice "¡Mamá tengo miedo!", y la mamá dice: "No seas malo con mamá". Ella no percibe que el chico está inseguro y no pregunta lo que debería preguntar : "¿Por qué tenés miedo?"

En ese fenómeno humano de intercambio de símbolos, que no lo tienen los animales, y que transmiten imágenes internas, yo quedo comunicado con el otro por ese recurso tan sencillo y potente que es sustituir un objeto por un sonido, que llamamos fonema; y eso es nos salva de la soledad, y es lo que construye la realidad. La realidad es la mirada del otro. Sartre dice: "La mirada del otro me define". Y yo defino al otro, porque no podemos definirnos a nosotros mismos. Yo puedo decir: "Yo soy Napoleón", y si todos lo aceptan, entonces soy Napoleón, y si no lo aceptan, me meten en el manicomio o me dicen: "Mirá, Alfredo, me parece que estás muy cansado o con la autoestima baja...", (risas).

El primer tema, entonces, es el encuentro. No es muy fácil aceptarlo al otro, porque a veces tenemos tendencia a tener fobia al encuentro, a creer que el otro es peligroso, que nos puede cuestionar, nos puede ignorar, nos puede culpar ( el otro puede ser peligroso… ) Es una prueba eso de confrontarse y comunicarse. Si una persona viene y dice " Estoy muy angustiado y he pensado en..." y dice algo extremo, lo que tendemos a hacer es pararlo y queremos darle ánimo. Pero lo que el otro necesitaba era que le reconociéramos el lugar donde él estaba y entonces sí poder salir juntos. Es como que el otro está en un pozo y vos le gritás desde arriba: "Afuera brilla el sol, salí del pozo…". No, así no sirve. Debés meterte en el pozo con una soga ( la soga es el método o la técnica ) y, entonces, lo ayudás a subir, porque el otro se encuentra muy solo y te hubiera podido contestar: "Sí, boludo, arriba brilla el sol, pero acá está más oscuro que… . Y ahora estoy más solo, porque lo que vos me estás diciendo es que estás en otro espacio, donde además brilla el sol ".

La primera etapa de la contención es, entonces, la resonancia emocional, y se llama empatía. Es el momento de la identificación con el otro, para que el otro sienta que vos estás resonando con él. Vos te conmovés, no demasiado, y lo mirás con cara de que lo entendés; es decir, te ponés en el lugar del otro. Si el otro viene con miedo, vos evocás tus propios miedos para comprender los miedos del otro., y si está triste, con tu tristeza.

El buen terapeuta no es sano, ni es un loco, sino es un loco curado. Si hemos vivido diferentes experiencias, desde ellas podemos hacer el ejercicio de ponernos en los zapatos del otro. Si el terapeuta es un terapeuta sólo alimentado de libros, el otro siente que lo que está haciendo es mirar el mapa de los diagnósticos, pero que no percibe la calidad de su depresión; porque hay depresiones suaves, otras agudas, y hay depresiones peligrosas que pueden conducir a un acting suicida, así como hay depresiones crónicas y otras histéricas, que exageran el sentimiento.

Las personas tienen un modo de deprimirse, un modo de tener miedo, un modo de sentir culpa; nosotros somos nuestro propio instrumento. Nuestro instrumento para curar son nuestras propias experiencias que tenemos que poner al servicio de esa tarea tan delicada que es el proceso de ayudar a otro. Digo terapia para decir algo que sea más amplio, pero puede ser también la escucha de un tío canchero o de una tía solterona, que los había antes pero ahora no hay, y que eran los psicólogos familiares. ¿Saben por qué existen los psicólogos? Porque la familia se achicó de tal modo que ya no contiene a esos personajes. Ya no hay más tíos, al menos cercanos y convivientes. Las familias se han reducido, y, entonces, tuvo que aparecer el tío ortopédico, que es el psicólogo.

Tanto es así que, en los momentos agudos de angustia, hay una técnica que se ha usado después de la explosión en la AMIA, que se llama "maternaje", que consiste en abrazar para que el otro reconstruya los límites corporales, ya que en cualquier experiencia traumática muy brusca, la persona se regresa tanto en su psiquismo que, incluso, puede llegar a perder el control de los esfínteres, o se coloca en posición fetal. El traumatismo se puede percibir gráficamente por la posición de la persona, y ahí se lo puede abrazar como a un bebé. Yo he abrazado a personas grandes, mujeres, hombres... Con cierto adiestramiento, se puede hacer sin sentir lo que usualmente sentiría un hombre, por ejemplo, abrazando a una mujer, donde habría cierto erotismo, o con otro hombre, con cierto miedo a las ansiedades homosexuales. Sin embargo, uno percibe que esa persona no es un adulto, que está abrazando a una nena o a un nene, y ese maternaje lo conecta, y lo va trayendo al aquí y ahora, lo va conteniendo y esa persona puede ir reorganizándose.

Para la contención debemos operar desde dos modalidades vinculares, el momento A, que es la identificación, en el cual resonamos emocionalmente con la persona, diríamos que “nos metemos en los zapatos del otro”, pero esto implica el peligro de quedar como captados y encerrados en el otro: seríamos dos llorando en el pozo. Entonces hay que hacer una cosa que es bastante difícil: después de ese movimiento de meterse en los zapatos del otro, hay que saber salir y tomar una actitud totalmente distinta, la disociación instrumental, donde vos decís: "¿Qué hago con este?, ¿qué estrategias utilizo?, ¿lo abrazo o no lo abrazo?, ¿está muy regresado?, ¿esta es un estado grave, debo cuidarlo mucho? ¿Es una histeria pasajera?... ; en ese momento, tomás una distancia científica.Yo lo explico con una frase “corazón caliente para entenderte, y cabeza fresca para operar”. Es un trabajo agotador, porque tenés que hacer un movimiento de entrar y otro de salir, te metés para entender y salís para operar, dos operaciones opuestas.

Tato Pavlovsky decía: "Yo te comprendo desde mi desesperación y te curo desde mi esperanza". Por lo tanto, tengo que haber tenido desesperación y haber tenido esperanza. Y después hay que empezar a hacer el otro trabajo, ya que este es un ejercicio doble: primero te conmovés y después te disociás. ¿Y con qué te conmovés o favorecés esa empatía? Con lo que llamamos el núcleo histérico, que es un núcleo comunicativo, porque la histeria tiene que ver con la expresión de las emociones, para que él perciba que vos lo entendés, y, a veces , también tenés que expresar con el cuerpo esa situación; los animales tienen acrobacias, danzas, gruñidos, sonidos, que definen la naturaleza del encuentro. Entonces, con el núcleo histérico yo me comunico. Y ¿ con qué me disocio? . Con otro núcleo que tenemos todos, un núcleo esquizoide, que tiene que ver con la distancia. En síntesis, debemos ser “inicialmente italianos, y luego ingleses” .

El primer paso, entonces, es el paso de la contención. En mis cursos a las maestras yo no tengo que enseñarles la empatía, ni la transferencia, porque es lo que más saben, lo que más saben hacer, eso de estar pegada con el nene, o llorar con la nena. Tenemos que enseñarles la disociación instrumental, a separarse, porque si no, se contaminan, se inmovilizan...

A: ¿Con qué núcleo se disocia?

P: Con el núcleo esquizo, que quiere decir "distante". Tenemos momentos en los que de pronto nos retiramos adentro, y usamos eso como protección. A veces, es muy sano ser tortuga; en algunas familias muy patológicas, se salvan los hijos que se hacen tortugas, porque se retiran. Cuando hice las últimas materias de la carrera de psicología ( como egresado de Arquitectura podía cursar cualquier materia en cualquier Facultad, aunque después de hacerlas me di cuenta de que no necesitaba esa formación marcadamente psicoanalítica. Recuerdo que tuve un profesor de la cátedra de Fernando Ulloa, que se llamaba López, que explicaba los cuadros psicopatológicos, pero los explicaba desde el estilo de cada cuadro. Por ejemplo, cuando explicó la paranoia, me acuerdo de que, mientras iba explicando, miraba insistentemente la puerta del fondo, y generó un clima persecutorio, que era congruente con lo que él decía, y con el modo en que lo transmitía, y miraba para un lado y para el otro, y generó un clima de ansiedad ( era la época en que la Policía podía entrar a la Universidad, 1964 ) . Cuando explicó la neurosis obsesiva fue una clase perfecta: dibujó en el pizarrón un gráfico impecable, y a cada rato nos preguntaba si habíamos entendido bien ( en esa clase, era un verdadero obsesivo). Cuando explicó la histeria fue una clase brillante, todos salieron encantados, ¡qué hermosa clase!. Y cuando explicó la depresión, te aseguro que un compañero , Jorge Franco me dijo, al salir de la clase: "Che, seguilo, que este se nos mata…". Finalmente, cuando explicó la esquizofrenia les aseguro que no se entendió nada, fue una clase fragmentada, quedamos todos confundidos (risas) se disgregaba, se iba del tema, hacía neologismos. López fue sumamente didáctico... (Yo a veces, dando clase, uso ese recurso…).

En el proceso terapéutico, no hay que ser ni omnipotente ni impotente; en el medio está la potencia que uno tiene. En la vida hay cosas que podés hacer y cosas que no, y de eso es bueno darse cuenta. Hay cosas con las que uno no puede, y ustedes también, cuando se reciban y operen, hallarán que habrá ciertos problemas, como el de la esquizofrenia, que no van a poder atender, salvo que sigan estudiando; ahí tendrán que derivar. Y a alguno puede serle difícil trabajar con grupos de riesgo, chicos de la calle, drogadictos. Cada uno de nosotros, tiene un punto débil, un talón de Aquiles, y es mejor conocerlo antes para poder manejar o evitar esa situación, que enterarse en mitad de ella.

Una vez tuve que llevar al Borda a uno que armó un quilombo bárbaro en El Bancadero, y el médico al que habíamos llamado me preguntaba asustado: "¿Es agresivo?" Claro era un médico clínico. “No, no…”, le decía yo, “ya estuvimos hablando y conmigo va a ir tranquilo”. En un momento me di cuenta de que el loco se hacía más el loco porque quería guita y decidí hacer una maniobra terapéutica inusual: le di unos mangos para que se tranquilizara ( creo que eso era lo que él deseaba), porque yo pensé "Más vale perder diez pesos a que me rompa el Bancadero" . A veces hay que ser bien práctico. Y ese es un recurso extra-terapéutico. (¿Cuánto vale tu cordura, loco?....) Recuerdo que Pichon hacía cosas muy insólitas también.

Como decía Freud, interpretar un sueño significa poner esa imagen que, a veces no se entiende y nos da miedo, esa escena, que, a veces, puede ser aterradora, en el mundo de la simbolización, de la palabra, y con eso, poder compartirla. Cuando uno tiene una pesadilla angustiante y despierta a la mujer o al marido y le cuenta que soñó esto o aquello y que era terrible, el otro, a través de este juego de los sonidos que contienen escenas, el lenguaje, comparte, se emociona, y además, las coloca en el mundo estabilizado de los símbolos y les da nombre a esas imágenes, con lo cual, el fantasma se organiza, se ubica, deja de aparecer por todos lados.


SEGUNDO PASO REGRESION
Luego de la contención, sigue el paso de la regresión, que se da cuando la persona , al sentirse contenida, puede abrir su interioridad, y puede enfrentar los fantasmas internos.

No podemos entrar a esta etapa sin haber pasado por la contención antes. Cuando nos metemos adentro, estamos yendo hacia atrás; cuanto más adentro nos metemos, cuanto más profundo vamos, más antiguos son los recuerdos, como en el árbol ,¿vieron?, que va creciendo por anillos desde adentro hacia fuera. La historia del árbol está en el interior del árbol.

Entonces, la regresión es irse hacia adentro. Si esta es la dirección de la vida (dibuja flecha hacia delante) la regresión es ir hacia atrás, pero no podemos pedirle a alguien que se vaya para adentro y para atrás si antes no lo sostenemos, y por eso la contención anterior.

No se puede operar sin anestesia porque es muy cruel. Una nenita que fue abusada sexualmente es un caso paradigmático de este tipo de situaciones, porque no podés, de pronto, preguntarle: "¿Qué te hicieron, nenita?" porque es violarla por segunda vez, a menos que generes una situación de confianza en la que ella pueda enfrentar esa escena confusa (en general es muy confusa porque es nocturna), con adultos, es no explicitada, y tal vez la misma madre es cómplice del abusador. Es un traumatismo muy confuso que, además, compromete a su cuerpito, y no podemos hablarle de eso sin haber ganado primero su confianza, ni sugerirle que entre en ese espacio si no se siente acompañada por el otro.

A veces, el terapeuta, con algunos pacientes sienten que han contratado a un matón, a un guardaespaldas, para acompañarlo a su “bosque interno”, oscuro, desconocido, donde hay muchos fantasmas y el guardaespalda que lo acompaña tiene que ir allí y preguntarles: "¿Qué le hicieron a la nena?" Hacer lo que no se hizo en el momento, lo que a lo mejor no pudo hacer el padre porque no existió, o porque él mismo fue el abusador.

En psicodrama, a veces, se recrea una experiencia de indefensión, mediante una actuación que evoca la experiencia, y luego se puede enfrentar esa escena desde la ayuda de los otros del grupo, que fue lo que no existió en aquel momento. Desde la contención, yo me animo a meterme porque los otros me protegen, me contienen.

La contención es como la preparación del campo operatorio para después cortar. De la contención podemos pasar a la regresión si aquella fue efectiva, pero si no se produce, no podemos entrar y, a veces, lleva mucho tiempo porque depende del timing, del tiempo del otro. Hay distintos timings en la posibilidad de evocar experiencias de invasión y violación, no sólo sexualmente sino en su identidad, en sus gustos, en sus comidas. Con un chico de la calle, para que se entregue suelen pasar meses, porque tiene tan mala experiencia con haberse entregado... A veces, un chico de la calle, cuando vas a acariciarlo te come tres dedos, porque sabe que después de la caricia viene una cosa mala; hay que aguantarse que te pongan a prueba. La contención tiene que ver con un compromiso, en que el otro sienta que vas a acompañarlo, a sostenerlo, y para sostenerlo no tenés que asustarte, y para no asustarte tenés que conocer tu escena temida.

De todas maneras, la teoría es muy sencilla, lo complicado es, a veces, su buena ejecución. ¿Qué hacer? Es fácil. ¿Cómo hacerlo? Es un poco más difícil, pero este esquema ayuda mucho. En el Neuropsiquiátrico de La Habana comencé a explicarles la teoría del psiquismo, la teoría de la temporalidad; les era muy difícil entenderla, pero cuando expliqué los cuatro pasos y les pareció algo muy útil. La psiquiatría cubana está influenciada por la reflexología rusa, y usan un conductismo empobrecido.

Bueno, si se produce la contención, en la persona se produce, a nivel corporal, una relajación. Muchas veces se trabaja con el cuerpo, y es muy importante, por ejemplo, el abrazo con un chico: se lo aprieta y se puede relajar; incluso, a veces, con un baño tibio, se afloja muscularmente, se relaja sin fármacos (porque el fármaco se usa, a veces, como un míorrelajante). Traten de tener miedo o de asustarse mientras están en una bañadera tomando un baño de agua caliente, y verán que no pueden tener miedo, porque hay una concomitancia músculo-emoción instalada ancestralmente en la evolución: siempre que nosotros tenemos miedo estamos tensos, porque nuestra parte animal, frente al peligro, se tensa ( esto se llama estrés ), ya que esto sirve para atacar o huir. Cuando nosotros estamos deprimidos, estamos hipotónicos. La angustia genera siempre soledad y paralización, desaparece la comunicación y desaparece el tiempo. Estar solo y congelado, en el extremo, es el brote psicótico.

El brote psicótico tiene un momento donde el paciente tiene una vivencia terrorífica de soledad infinita y de paralización total. Entonces, hace el delirio, inventa al marciano, para salir de la soledad; si lo llevan al hospicio lo aíslan, lo dejan solo y lo medican, y, entonces, el tipo no tiene otro recurso que hacer el delirio para salir imaginariamente de allí. En el hospicio, hacen una terapia opuesta a lo que se necesita. Es como si a una persona accidentada, con una hemorragia, lo llevan al hospital y le extraen sangre. Pichon decía que, en las primeras veinticuatro horas se define el destino del paciente, pues si es contenido y acompañado en el delirio por un terapeuta de crisis, el paciente sale del brote y vuelve a lo real.

Cualquier crisis, aunque sea neurótica, tiene estos dos síntomas que son fundamentales: soledad y paralización de la temporalidad. Veamos un caso: nos separamos de nuestra pareja, es la tarde del domingo, son las seis de la tarde, entra esa meláncolica luz amarillenta… y tenemos esa sensación de que el tiempo se ha paralizado y estamos absolutamente solos. Es el momento en el que perdemos el contacto con el otro y, a raiz de eso, perdemos el proyecto, que siempre es con otro , ya que no podemos hacer un proyecto si no es con otro, no podemos hacer proyectos con nosotros mismos, sino pensando con otro; por eso, la pareja es el primer proyecto y la separación produce esa sensación de no proyecto, porque el otro se fue con la otra mitad el proyecto. Nuestro tango transforma en poesía esa situación. El pobre tipo está abrazado al recuerdo de la mina que se fue. Estuvo quince días con la mina y hace dos años que está con la guitarrita, sufriendo, y pasa cada hembrón al lado de él, en el conventillo, y el tipo sigue, dale, con la mina que se fue, porque es un depresivo.

Con Pichon estudiamos esto del tango y vimos que la mina en realidad, era la madre, porque, en la época en que se generó el tango, la generación anterior de los principales letristas había sido de inmigrantes, que habían soñado con “hacer la América” y quedaron pegados en los conventillos, donde había tuberculosis, prostitución y eran muchos los casos de los chicos cuya madre tenía que trabajar y no podía estar con ellos. Había un abandono materno, y ese abandono materno era reeditado cuando la mina se iba, y esto daba lugar a un duelo patológico ( no es otra cosa el tango ) porque había sido abandonado por la madre, la única mina que no se puede sustituir.

También pesaba el destierro para aquellos inmigrantes que habían dejado patria, familia y amigos muy lejos. La enorme epopeya del tango es la elaboración de la pérdida del terruño y de la separación con la madre.

¿Cómo se hace la regresión? Se hace con técnicas, como, por ejemplo, el ensueño dirigido, que es una pequeña hipnosis con que la persona puede visualizar cosas muy viejas, porque tiene la protección del terapeuta y además lo va haciendo suavemente. Este estado se obtiene por la relajación muscular; se realiza sobre una cama, un diván, un lugar cálido y silencioso, y se hace en estado crepuscular de conciencia, que quiere decir que se va relajando levemente y llega a quedar en un estado de conciencia pre-onírico, cuando se está entre vigilia y sueño, que es un estado que tiene mucho material profundo, y que se puede relatar porque, justamente, la persona no está dormida. El paciente está como entre-dormido, pero como el terapeuta va acompañándolo, diciéndole, por ejemplo "¿Y cómo fue tu infancia?", él puede decir: "Me acuerdo de cuando iba con mi hermanita por una calle oscura y muy angosta, y había un nene que nos quería pegar y comenzamos a correr…". El terapeuta recurre a sus propias experiencias, para vivenciar una escena propia equivalente e identificarse con eso, y le va diciendo: "Tratá de detenerte, date vuelta, enfrentá al nene que te amenaza y preguntale qué le pasa…" Con eso, el terapeuta le está proponiendo que enfrente una situación. Seguro que este paciente consulta porque, siempre, frente a una dificultad tiende a huir. En realidad, el terapeuta le da el coraje que no le dio el padre en su infancia.

Estando yo trabajando en el manicomio de Nueva York, presencié las terapias de regresión, que , por supuesto, se hacían con una droga, pentotal, que era un recurso no subjetivo; la psicoterapia norteamericana es basada en la conducta (conductismo) o en psicofármacos. A los soldados de Vietnam que se rayaban porque habían matado población civil, en una guerra muy sucia, que venían sintiéndose asesinos, como con permiso de matar, se les inyectaba pentotal para que hicieran la regresión al hecho traumático en el campo de batalla, y pudieran hacer la catarsis, especialmente en los casos de neurosis de guerra. Las terapias debían ser rápidas porque el soldado debía volver a Vietnam.

La manera de analizar los sueños de Pearls, es que el paciente va contando el sueño en tiempo presente, lo va revivenciando y entonces le dice: "Ahora, con cuidado, date vuelta y mirale la cara a ese que te atrapa. ¿Quién es?". Ante la respuesta "Lo veo borroso", le indica "Preguntale, decile que hable"... El terapeuta lo ayuda a que enfrentar a la borrosa figura temida, porque se sabe dónde se originó, porque es como el vómito que te permite mirar y saber qué comiste que te hizo mal.

El sueño está cargado de restos descompuestos, que son los recuerdos reprimidos. Pero muchas veces viene en forma de pesadilla, y la pesadilla, según Freud, es metafórica: está diciendo con una metáfora lo que pasa, porque no puede decirlo directamente. Si tuvo un ataque sexual y sueña con una banana con sangre, es una cosa jodida. Si sueña sólo con una banana , no hay problema

Alumno- Yo una vez soñé con un tren que se descarrilaba como un dibujo animado. Yo era adolescente...

A- Y... un tren que descarrila quiere decir que algo va mal en tu familia. Papá decía "Nos vamos a la mierda, nos van a vender la casa", la nenita escucha y se da cuenta de que se viene abajo algo: Entonces, el tren que descarrila puede ser una metáfora. Cuando se sueña algo, y uno le busca la vuelta, en general se encuentra algo.

Alfredo – Si, con Ensueño Dirigido podés hacer que lo visualice. Es una técnica donde se lo relaja al paciente, acostado en un lugar oscuro y silencioso, entra en estado crepuscular, como una pequeña hipnosis. Le pedís visualizaciones, te las relata y lo acompañás, Alejandro fue paciente mío, hicimos ensueño dirigido, por unos problemas que él tenía, él veía (había visto hasta los quince años) y yo no. Él me llevó a mi, qué curioso, era el que veía. Se llama visualización y es un fenómeno parecido al del sueño, solamente que se hace en estado crepuscular donde vos no te dormís del todo. Te angustiás mucho, al violador lo ves...y revivís...pero acompañado, el otro te va cuidando para que no te vayas de nariz. A veces le decís, -no, pará, seguimos mañana...- lo vas haciendo de a poco y de a poco la gente se anima a cualquier cosa. Va descendiendo por una escalera...Por eso si se angustia mucho lo hacés volver, le mandás que mueva las manos otra vez, seguís en otro momento.

Tomemos el caso de los chicos que se levantan llorando; la mamá le dice: “¿Qué soñaste Pepito?” “Soñé con un monstruo que venía y te pegaba” Y la vieja, que es una mujer golpeada, dice: “Sí, ya sé, es papá” (risitas nerviosas). Lo estoy simplificando demasiado, el monstruo era con cuernos, porque desplazó a ese papá que le daba demasiado miedo, y lo puso en un bicho de la TV, como para decir “Papá no es”. Pero resulta que cuando venía el papá, Pepito se quedaba pálido, tenía asma, de todo. En cambio, cuando la mamá le dice: “Bueno, papá es así, porque cuando él era chiquito lo mataban a golpes”.

El síntoma es un traumatismo, que al no ser explicado, surge como una conducta conflictiva, de somatización, o fobias. Porque el traumatismo, aunque lo neguemos, igual existió. Imaginate que tenés un pescado podrido y decís “Yo lo voy a negar” levanto la alfombra y la mando abajo; después hay un olor infernal, que sigue hasta que levantás la alfombra, y lo sacás... El síntoma es el olor de lo escondido, y nos indica que hay algo reprimido que hay que destapar
TERCER PASO EXPLICACIÓN
La explicación es el tercer paso se basa en que, debido a que nos fuimos al fondo, entendemos qué nos pasa. Siempre, cualquier cosa que pasa, tiene una explicación histórica, por lo que pasó antes; si hay un síntoma, quiere decir que algo pasó. ¿Por qué voy a tenerle miedo a la oscuridad?, quiere decir que algo pasaba cuando era chica y mis padres apagaban la luz. Con otras situaciones traumáticas aparecen otros síntomas, como impotencia, fobia, alergia...

Respecto del sentido de la historia, las preguntas son...¿De dónde venís? y ¿ adónde vas? Nosotros proponemos la estructura de la mente como un trascurrir entre ayer y mañana. Podemos pensar la vida como un viaje o , si no, como una película. Estamos dentro de una película que se llama “Mi vida”; la que tenemos que actuar, ver y dirigir, y, además, hay algo bastante angustiante que no poder salir de ella, a menos que destruyamos el cine (la mente) . Hice la prueba de empezar a ver una película de video desde la mitad; había una pareja que se estaban besando, pero yo no sabía que sentido tenía el beso ese. ¿Era el beso de despedida, era el primer beso, o era un incesto?. La imagen es la misma, y, sin embargo, su significación tiene que ver con la historia anterior, porque la historia anterior define al acto. A lo mejor, es el beso de Romeo y Julieta antes de morirse, que es distinto al beso de una pareja que cumple cuarenta años de casados, o es un beso adúltero, o un beso de traición. Para saber el significado debemos ver la película desde el principio y cuando llega a ese punto se puede decir "¡... Ahora entendí, carajo! ¡Qué hijo de puta, mirá, es un incesto!", o "¡Qué boludo, no se da cuenta de que se va a ensartar con esa mina!" o me enternece ese beso de despedida. Entonces, la cosa es de dónde venís y adónde vas, que son las dos grandes preguntas. Mirá qué sencillo es en el enunciado, pero, a veces, es difícil encontrar de dónde viene y para el paciente elegir adónde ir.

Ninguna operación terapéutica te quita la desgracia, pero sí te quita la confusión. Si a alguien se le muere alguien, puede creer que se va a morir también, pero hay que explicar que no, que va a sufrir dolor por el que murió, pero él quedó vivo. Cuando a un niño se le muere un ser querido es muy útil que sepa que sí, que el otro murió, pero él quedó vivo, porque si no, él se confunde y, quizás, se tira por la ventana porque quiere acompañarlo.

En general, en un traumatismo, como, por ejemplo, una separación de la pareja, se debe poder aceptarlo sin llegar a alguna acción extrema o entrar en un estado depresivo, por creer que, porque se separó, ya no sirve más, o que es despreciable.

En la confusión aparecen caras: papá, mamá, y todas las caras de los monstruos infantiles. Siempre tienen algo que ver con papá y mamá, pero no es porque sean malos, sino porque la responsabilidad es muy grande, y no todos podemos ser excelentes padres. Es muy difícil ser buen padre, porque a lo mejor el padre no se da cuenta, se va, apaga la luz y lo deja solo, y el niño entra en pánico, pero, si el padre no es perceptivo, no puede adivinarlo.

Alumno- Pero cuando uno ya es adulto, no puede echarle la culpa a los padres, sino buscar ayuda, terapia.

A- Pero no es en términos de culpa que debe entenderse esto, sino en términos de que papá y mamá tenían que ir a trabajar y por eso quedaba solo, y a veces no había luz, pero que no era por abandono, sino por pobreza. Es justamente lo contrario de la enfermedad, porque uno se enferma por echar culpas, y se cura cuando logra perdonar a los padres, después de entenderlos.

A un paciente su padre le pegaba con un látigo. Entonces, uno le dice "Andá y preguntale a tu papá con qué le pegaba el abuelo", y se entera de que le pegaban con una cadena. Entonces, puede comprender qué le pasó al padre, con esos abuelos inmigrantes que venían de la guerra, que venían mal, y no podían ser excelentes padres, porque tenían miedo, porque se embrutecían trabajando demasiado, bebiendo... Y al comprender se puede perdonar, diciéndole: "Mirá, papá, te perdono, pero yo voy a ser distinto de lo que vos querías. Yo voy a tener mi sexualidad y voy a realizar mis deseos. Yo comprendo lo tuyo, pero dejame a mí hacer mi vida".

En general, el problema tiene que ver con los permisos, si el guión de vida fue mutilatorio: "no hagas eso, no hagas lo otro, vos sos mala". Hay padres, pobrecitos, que pusieron personajes persecutorios de ellos en los hijos. En casos extremos, hay madres que hasta pueden matar al nene recién nacido porque pusieron en él algún personaje muy persecutorio, y esto, legalmente, se considera inimputable: se llama psicosis puerperal y está contemplado por la ley, porque, si la mujer presenta cierto tipo de personalidad patológica, el parto es un momento de mucha conmoción, y puede provocarle reacciones inesperadamente destructivas.

Lo importante es que cuando se ve la explicación sobreviene un alivio: "Ahora entiendo por qué me pasa eso, por qué tengo miedo a las alturas", por ejemplo.

La explicación, también, permite organizar el proyecto de vida, y hacer un proceso en sentido opuesto al de la regresión, la progresión, y que consiste en generar un futuro, para continuar esa historia que me empuja desde el pasado.

Pero, ¿con la explicación sola nos curamos? No. Hace falta un cuarto paso que es el cambio. Si entendiste y no cambiás, sos un paciente esclarecido. “Sé todo sobre mi Edipo ya, después de diez años de terapia” “¿Y…¿te casaste?” “No, vivo con mi mamá”. O como el que se meaba en la cama: “¿Qué tal?” “Ahora sé por qué me meo” , “¿Y tu mujer?” . “Se fue porque seguía meándome en la cama…” Fue al pedo, entendió todo, se explicó todo, pero no creció.

Alumno – En los casos de las personas con HIV ¿es riesgosa la depresión?

Alfredo – Si el paciente portador entra en depresión, baja las defensas y se activa el virus. Por eso es muy importante que tenga un proyecto de vida, porque este estado de actividad mantiene las defensas altas. La depresión es falta de un sentido de la vida. Lo que decía Pichon, es que la muerte es la depresión máxima. “La muerte está tan lejos como grande sea tu proyecto”. Si tengo un proyecto pequeño, la muerte está ahí cerca. Hay gente anciana que percibe lejos a la muerte, porque está comprometido con el mundo, y hay chicas de veinte años que se quieren matar porque se perciben sin futuro. El tema es que la esperanza de vida te aleja de la muerte, pero el proyecto no se puede hacer, si no se arreglan los fantasmas. Lo hacés con lo que te pasó; tenés que deshollinar la chimenea, para que después tire; y remover esto duele como dolió cuando sucedió.



CUARTO PASO CAMBIO
El último paso, el cambio, es: "Hacelo ya... " A mí me gusta decirlo en plural: ¿cómo lo hacemos? El paciente elige el sentido de su vida, elige su explicación y construye un proyecto de vida. El paso siguiente es comenzar a realizarlo, es efectuar un cambio en su vida, que es salir de la paralización que genera toda perturbación psicológica; acá es donde entra el otro, porque esa realidad en que tiene que realizar su vida es una trama social, que, fundamentalmente, está sostenida por dos tareas: amar y trabajar, que se concretan en una estructura familiar y en una inserción, o rol, laboral, pero, como en toda perturbación psicológica, hay distintos grados de desvinculación con la realidad, hay que ayudarlo en su reingreso a lo real, lo social, y acá es importante estudiar lo que podemos llamar las “estrategias posibles".

Cada uno tiene recursos para organizar su vida cotidiana, su estructura familiar, y su habilidad para insertarse en la producción. Adquiere una ubicación distinta en la familia, no es más el chivo emisario y adquiere un rol laboral. Ahora puede salir afuera, puede hacer algo, porque siempre la enfermedad mutila el amor y el trabajo. Había venido por que no podía hacer algo, y eso le impedía la vida, lo mutilaba. La angustia produce siempre un efecto mutilante de alguna función de la vida: no se puede querer, no se puede dormir, no se puede tener una buena sexualidad, no se quiere más la vida, algo pasa que nos paraliza y nos deja solos.

"Está bien, te pasó esto, ya entendimos todo y elegiste el sentido de tu vida. Pero ahora ¿cómo lo vas a concretar?, ¿cuáles son tus recursos de acción?, ¿cuál es tu escena deseada y cuál tu escena temida?". Los humanos podemos recorrer este universo a través de dos pulsiones: buscando lo que deseamos y evitando lo que tememos. Esto es muy complejo, porque muchas veces, lo que deseamos, está impedido por lo que tememos, y, a menudo, para complicar las cosas, lo bueno está debajo de lo malo. En este caso, se generan conductas que se llaman ambivalentes, se ama y se odia a la misma cosa o a la misma persona.
RELACIONES ENTRE LOS CUATRO PASOS

Entonces el tema es que, cuando uno va hacia adentro, encuentra la explicación. Supongamos ahora que hacemos la regresión sin contención: estamos operando sin anestesia.

Supongamos ahora que hacemos la explicación sin contención y sin regresión: estamos inventando nosotros la explicación de su vida, lo que se nos ocurre, y no la historia vivida por él .

Si me salteo la contención, la regresión y la explicación y exijo el cambio, caigo en el conductismo o la represión del síntoma. “Vos cambiás o te rompo la cabeza…”, que son las terapias manicomiales.

Conocí, hace muchos años, a una chica espástica que no podía viajar en subte. En su nacimiento había tenido problemas en el canal de parto y entonces vivenciaba como que otra vez iba a quedar atrapada. Se empleó la técnica de ensueño dirigido para acercarse a la escena temida, y a cierta altura del tratamiento, se le propuso : "En esta sesión vamos a viajar en subterráneo." Lo hizo con el terapeuta, enfrentó en la realidad su escena temida con bastante ansiedad y comprobó que no se cumplía su quedar atrapada tan temido. Y se rompió el carácter de sortilegio que tiene toda anticipación neurótica. Por eso, a veces, es bueno que el paciente atraviese la escena temida y se dé cuenta de que en realidad lo puede hacer.

La explicación se refiere a que la historia es comprendida, es explicada. El paso siguiente, la última etapa, el cambio, es seguir esa historia en el mundo real. Hay momentos en que, si la terapia no lleva a la realidad, el paciente está esclarecido pero sigue siendo paciente.

El cambio es “¡Hacelo, flaco, dale, animate!" y hay veces en que lo tenés que acompañar en la realidad. Toda terapia termina cuando hacés un grupo familiar y presentás al nuevo Pepito, que no es más el que se va a matar. Porque esta familia de depresivos había depositado toda la depresión en él y cuando le preguntan " Pepito, ¿cómo estás?", y él responde: " La verdad es que estoy bien. ¿Y vos, mamá, cómo estás, que te pasás semana, deprimida, en la cama? ¿Y vos, papá, que sos un alcohólico…?" Y lo que hace Pepito es repartir la depresión familiar que le fue asignada sólo a él como chivo emisario. Además quiere ir a trabajar, para desconcierto de todos. Ahí es donde vos tenés que apoyarlo, y ayudarlo a encontrar su reinserción en el amor y el trabajo.

La terapia en el hospicio consiste en que están todo el día sentados y comiendo mierda. Las terapias comunitarias, que son las indicadas para esas instituciones de la muerte, están extensamente explicadas en mi libro Psicoterapia del Oprimido, que, en su sexta edición se llama Socioterapia para Sectores Marginados, y está incluido dentro del sitio web.

Muchas veces en Psicodrama se presiona a un paciente que no puede reaccionar: los demás compañeros le hacen de todo, lo agreden, lo empujan. Una vez vi a uno a quien lo empujaban y él decía: “Si, háganmne de todo, yo quiero reaccionar pero tengo miedo.” Uno fue al baño, buscó un vaso con agua y se lo tiró en la cara, y parece que eso lo volvió loco, porque tiró todo al diablo, pegó un golpe, tiró el pizarrón al suelo, lo abolló, pero se sacó una bronca que tenía guardada hacía 20 años. Después de eso, aprendió a decir ¡Basta!.

En Psicodrama se recurre a interacciones muy enérgicas , o incluso el mismo paciente pide al grupo que lo ayude a meterse en esa escena que tanto teme. Cuando vas al dentista y te duele la muela, le decís: “Hágame sufrir para dejar de sufrir” y no es fácil esto porque cuando la persona entra en regresión se angustia mucho. Se angustia para entender y dejar de angustiarse, para ver quién es ese monstruo que no entiende. Si pasa por los dos primeros pasos bien, seguimos con el tercero que se llama la explicación. Es cuando aparece la palabra que aclara. En la etapa anterior, el perseguidor es un monstruo confuso, y aparece como imagen ambigua y ya en el tercer paso, esto se transformó en palabras que configuran a ese monstruo, que sigue dando miedo pero no terror, y hasta podemos negociar con él.



Cuando soñamos con algo, no lo hacemos arbitrariamente, tiene que ver con lo que no resolvimos, lo que reprimimos. Si aparece un muerto, es por algo, tenés que conversar con él, mandarlo a la mierda o pedirle disculpas, según el personaje que representó en tu vida . Son los dos grandes temas que se tienen con los muertos. “Me cagaste la vida” o “Perdoname lo que te hice”. Con los muertos, quedan cuentas pendientes. Los sueños son intentos de resolución; lo que pasa que no tenés un terapeuta al lado que te ayude, estás tan solo como cuando lo viviste. Si pudiste hacer la regresión, eso se transforma en algo que se pueda entender, porque lo viste de cerca y te acompañaron, te animás a verlo de cerca. Lo que jode es lo que no se entiende. En una película de terror, todos se asustan, cuando hay oscuridad, pero cuando aparece la cara, por más jodida que sea, dicen: “¡Es Frankestein!”, feo pero conocido. Lo jodido es no saber quién es, pero después podés hacerte amigo y tal vez puedas conversar con él. “Vení, Frankestein, a tomar un cafecito…”, y seguramente, Frankestein contesta “¡Uy…, no me huye!, a lo mejor quiere hablar conmigo...”; entonces le das el cafecito y se pone a llorar porque nunca le ofrecieron un cafecito para conversar . Frankestein, en realidad, es nuestro perseguidor, el que cada uno tiene uno adentro de su historia. Hacerse amigo, solo, no se puede, necesitás al terapeuta que se supone que sabe, para que te acompañe, entonces charlás, le decís “Sos malo, me asustaste” o “Me abandonaste…”, y, cuando lo vemos de cerca, vemos que tiene algo de papá o mamá. Y no es porque ellos fueron malos, sino que tienen una enorme responsabilidad cuando somos chiquitos, tan indefensos, tan dependientes, que cualquier maltrato, aunque sea involuntario, nos crea Frankensteins. Cuando uno se cura, solamente se transforma en alguien más adaptado a la vida. Un obsesivo se transforma en un muchacho ordenado, una depresiva se transforma en una chica profunda y reflexiva, un paranoico, en un muchacho precavido; no cambiamos totalmente, la terapia no hace milagros, baja un poco lo que hace sufrir, lo que enferma, el exceso. Cada uno de nosotros tiene una locura distinta. Unos son más introvertidos, otros extrovertidos, otro es más histérico. La enfermedad es la exageración de la salud. La salud no es la perfección. Una cara perfecta es lo más aburrido que hay, siempre la cara tiene imperfecciones, asimetrías, pequeños gestos extraños, y esa es la gracia, la singularidad. Una cara perfecta sería una Barbie aburridísima. Esto lo digo para que no crean que la salud es plancharlo al otro; no, es sacarle sólo las arrugas más importantes.
La frustración es necesaria porque crea un vacío en nuestro pasado que nos permite un proyecto, que es llenar ese vacío .Por ejemplo, a mí me dieron varias tortas para comer de chiquito, pero de la de chocolate me dieron un cachito así y me dijeron “No te damos más” Entonces yo, ¿de qué quiero la torta? De chocolate. Queremos lo que nos frustró de chiquitos, y no aquello de lo que estuvimos hartos. La persona desea lo que probó y no tuvo: la frustración. A Adán y Eva le dijeron “Pueden comer de todos los frutos, menos de la manzana” y empezaron “¿Qué gusto tendrá, qué gusto tendrá...?” y ¡chac! comieron y nos cagaron a todos nosotros. Te volvés loco si te dicen “de todo menos de esa... “ Y si te pregunta de qué querés, vas a decir “¡Eeeesa…!”

La prohibición genera el deseo. El sexo es bueno que esté prohibido, mirá si fuera obligatorio, ¡arruinaría todo el juego! ¿Te imaginás…? El sexo sería como un trabajo.

Alumna - La necesidad es “carencia de”?.

Alfredo - De hecho...ya la vida te frustra, te deja agujeros y esos agujeros te llevan a recorrer la vida tratando de taparlos. Si una mujer de familia rica tuvo de todo, menos el cariño de su padre, va a buscar como marido a un cariñoso aunque sea pobre; en cambio, una mujer que se crió en la pobreza va a buscar un marido rico, aunque él no le dé pelota.

Y no te digo nada si la cosa es más dramática; si de chiquito, la mamá se muere, queda con un agujero en el alma, que va a tener que elaborar con una terapia profunda. He conocido a mujer que estudió y ejerció como instrumentadora quirúrgica toda su vida; su madre había muerto al nacer ella, en el parto, y ella, con ese trabajo, no se movió de ese lugar en toda su vida.

Alumna - ¿Por qué no es tan fácil que no se produzca el cambio?

Alfredo – Lo que pasa es que hay que ayudarle un poquito, buscar la estrategia posible para que la persona pueda salir. Yo conocí a un gordo que era fóbico total : tenía cerca de 40 años y había salido cinco veces a la calle. La madre lo retenía diciéndole que afuera era peligroso, le cerraba las cortinas. Lo trabajamos y descubrimos que al padre lo habían traído muerto de la calle, por una pelea, y la vieja había quedado pegada a eso...El no se animaba a salir, y como tenía una casa vieja en planta baja, le dije: “¿Por qué no te ponés un kiosquito? Te quedás en tu casa pero atendés el negocio”; así fue cómo empezó a relacionarse con los vecinos, aunque estaba siempre como una vizcacha, asomando sólo la cabeza, y ante cualquier cosa rara cerraba el kiosco. Seguro que nunca iba a ser vendedor callejero, pero, al final, se casó con una del barrio, y llevaba una vida casi normal, charlando con uno y con otro...Era bueno el gordo...Pudo armarse una vida mejor cuando vio que el mundo no era tan peligroso como le había dicho su mamá, que no mataban a toda la gente. Pero viviendo desde allí, la mitad adentro, la mitad afuera. Después, empezó a salir...de hecho que para casarse, salió. Pero era casero, muy casero, o sea que de ser un fóbico total, pasó a ser un hombre muy casero, y eso es un gran progreso.
Esta última etapa, que es llevar ese nuevo proyecto de vida a la realidad, es decir, superar la mutilación en las funciones de la vida que produce todo traumatismo, la llamamos el cambio terapéutico. Ese cambio no es fácil, porque toda crisis perturbó las dos funciones básicas: amar y trabajar. Es decir, genera perturbaciones en el grupo familiar y dificultades en la inserción laboral. Por eso, sostenemos que toda terapia termina en la reparación de la estructura familiar ( muchas veces el paciente es el chivo expiatorio de la patología familiar) y también la habilidad para la sobrevivencia social queda afectada por la enfermedad ( fobias, conductas agresivas, somatizaciones…)

Por eso, en la salida de la crisis se debe planificar con el paciente las primeras etapas de su reinserción social.



Aun en patologías muy graves, siempre es posible encontrar modalidades de inserción en grupos con carácter familiar, que nosotros llamamos familias ortopédicas ( en chicos de la calle, psicóticos externados, catástrofes). En la otra función, el trabajo, para una reinserción laboral alternativa usamos el concepto de funcionalización de la perturbación remanente, la cual pasamos a explicar. En toda enfermedad grave, después del proceso terapéutico, hay un monto de perturbación que no se soluciona totalmente, y esto tendrá que resolverse creativamente. Para ilustrar esto, citaremos como ejemplos un poco absurdos para indicar el concepto: el insomne como sereno, el claustrofóbico como vendedor ambulante, el paranoide como policía…

Si esta etapa de inserción en el mundo social no ocurre, se dará el caso del paciente esclarecido pero que sigue en terapias longevas. “Yo sé todo sobre mi complejo de Edipo, pero mi mamá no acepta que yo me case todavía...”

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