Temas básicos de Creatividad


LA INTELIGENCIA FRACASADA



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LA INTELIGENCIA FRACASADA



Documento base:

Marina, José Antonio (2004). La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez. Barcelona: Anagrama.



Síntesis elaborada por:

Dr. Miguel Angel Rosado Chauvet

Unidad Iztapalapa

División de Ciencias Sociales y Humanidades

Departamento de Economía

Coordinación de Administración


2006

INDICE Pag.

Introducción 2

La inteligencia malograda 2

Los fracasos cognitivos 4

Los fracasos afectivos 6

Los lenguajes fracasados 9

El fracaso de la voluntad 12

La elección de metas 16

Sociedades inteligentes y sociedades estúpidas 18

Introducción

La inteligencia fracasa cuando es incapaz de ajustarse a la realidad, de comprender lo que pasa o lo que nos pasa, de solucionar los problemas afectivos o sociales o políticos; cuando se equivoca sistemáticamente, emprende metas disparatadas, o se empeña en utilizar medios ineficaces; cuando desaprovecha las ocasiones; cuando decide amargarse la vida; cuando se despeña por la crueldad o la violencia.

No sólo fracasa la inteligencia individual, sino la inteligencia colectiva. Las sociedades pueden ser inteligentes o estúpidas según sus modos de vida, los valores aceptados, las instituciones o las metas que se propongan.

La inteligencia malograda


Llamo inteligencia a la capacidad de un sujeto para dirigir su comportamiento, utilizando la información captada, aprendida, elaborada y producida por él mismo. Si queremos ser fieles a la realidad, hemos de admitir que una cosa es la capacidad intelectual y otra el uso que hacemos de esa capacidad. Una persona muy inteligente puede usar su inteligencia estúpidamente. Esa es la esencia del fracaso, la gran paradoja de la inteligencia.

La discrepancia entre “ser” inteligente y “comportarse” inteligentemente nos revela que entre ambos niveles hay un hiato, donde actúa un campo de fuerzas mal descrito. Una primera cartografía de la inteligencia debe distinguir dos niveles:



  1. Inteligencia estructural: es la capacidad básica, la que miden los tests de inteligencia. Para subrayar su carácter operativo la denomino inteligencia computacional.

  2. Uso de la inteligencia: es la inteligencia en acción, lo que un sujeto hace con sus capacidades. Por ahora no hay un test para medirla.

Y entre ambos tenemos que admitir algún factor de distorsión, algunos deformadores epistemológicos, afectivos u operativos. Lo que he llamado inteligencia estructural se compone de una serie de mecanismos, capacidades, modos de respuesta, que funcionan por debajo del nivel consciente. No conocemos sus actividades, sino sólo alguno de sus resultados.

Los mecanismos de la visión no dependen en su contenido de los mecanismos de control voluntario, porque entonces veríamos lo que quisiéramos. No podemos evitar las ilusiones perceptivas, aunque sepamos que lo son. También nos cuesta mucho impedir algunos errores en la evaluación. Quienes han realizado un sacrificio para hacer algo, tienden a continuar haciéndolo, aunque suponga más pérdidas que ganancias.1

Los módulos autónomos proporcionan soluciones muy concretas a problemas muy concretos. El miedo es un ejemplo. En el mundo animal, un peligro desencadena –según la especie– una de tres respuestas posibles: la huida, la inmovilidad, el ataque. Pero la inteligencia humana está empeñada en integrar ese conjunto de módulos. En el caso del miedo hemos inventado una nueva posibilidad: impedir que el miedo desencadene una conducta automática. Analizar si el peligro es real, si se debe afrontar o se debe huir.

Las relaciones entre sexos están regidas por un sistema afectivo muy antiguo, que resulta difícil compaginar con la circunstancia actual. Los módulos afectivos pueden entrar en colisión. El ser humano es egoísta y altruista, independiente y social, pasional y racional. Surge así un proceso de negociación, de rediseño, que define el comportamiento inteligente. Puede conseguir sus metas, y entonces triunfa, o no conseguirlas, y entonces fracasa. De todo esto se encarga lo que llamo inteligencia ejecutiva, cuya misión es iniciar, dirigir y controlar, hasta donde pueda, las maquinaciones de la inteligencia computacional mediante un proyecto.

La causa del fracaso de la inteligencia es la intervención de un módulo inadecuado que ha adquirido una inmerecida preeminencia por un fallo de la inteligencia ejecutiva. En todos los fracasos encuentro, con mayor o menor dramatismo, uno de esos elementos. La inadecuación del módulo –por rigidez, por anacronismo, por blindarse contra la experiencia, por impedir la continuación de la vida– o una falta de eficacia del yo ejecutivo, que se entrega a los automatismos computacionales y a las marejadas de la emoción.

Herbert Simon decía que “la razón humana no es tanto un instrumento para modelar y predecir el equilibrio del sistema del mundo en su conjunto, o creas un modelo general que considere todas las variables, sino un instrumento para resolver necesidades y problemas parciales y específicos”. Añade: “La razón es meramente instrumental. No puede seleccionar nuestras metas finales. No puede indicarnos dónde ir, en el mejor de los casos nos puede indicar cómo llegar”. Usar inteligentemente la inteligencia consistiría en usarla de manera eficaz. Este criterio es verdadero, pero no suficiente.

Nadie puede negar que mantener un comportamiento de inutilidad comprobada es claramente estúpido, pero eso no garantiza que todos los comportamientos eficaces sean inteligentes. Una discusión sobre el sexo de los ángeles no permite un brillante despliegue intelectual, sino sólo un fuego de artificio retórico o una esgrima silogística. Una meta equivocada o falsa o mala pervierte todos los razonamientos que conduzcan a ella, por lo que debemos seguir el Principio de la jerarquía de los marcos: Los pensamientos o actividades que son en sí inteligentes, pueden resultar estúpidos si el marco en el que se mueven es estúpido. Los países avanzados tienen que reducir la producción de alimentos o destruir parte de ellos para no hundir el mercado; pero hay más de mil millones de personas muriéndose de hambre, lo que hace que una decisión económicamente adecuada sea criminal en un marco más amplio.

El Principio de la jerarquía de los marcos me parece imprescindible para comprender el comportamiento humano y evaluarlo con justicia. Nos obliga a una estratificación de los juicios. Lo que a un nivel es aceptable puede dejar de serlo si ese nivel entero es inaceptable. Para evaluar la inteligencia de un comportamiento, tenemos que justificar previamente la jerarquía de marcos que establecemos, y evaluar desde el superior.

Pierce advierte que la inteligencia fracasa cuando se equivoca en la elección del marco. El marco de superior jerarquía para el individuo es su felicidad. Es un fracaso de la inteligencia aquello que le aparte o le impida conseguir la felicidad.

Ya he descubierto tres posibles causas de la estupidez. La intromisión de módulos mentales inadecuados, la ineficacia de la inteligencia ejecutiva y una equivocada jerarquía de los marcos.





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