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2014 -> Parte 1: Movilidad Segura Elaborado en 2014

ESTT - OEP 2014

Parte 1: Movilidad segura

Elaborado en 2014

TEMA 2

SEGURIDAD VIAL, CONCEPTO Y OBJETIVOS. IMPACTO DE LA MOVILIDAD SOBRE LOS ACCIDENTES. COMPARACIÓN CON OTROS MODOS DE TRANSPORTE. CONCEPTOS DE SEGURIDAD VIAL: EXPOSICIÓN, RIESGO Y GRAVEDAD. USUARIOS DE LAS VÍAS. FACTORES DE RIESGO Y FACTORES DE PROTECCIÓN EN SEGURIDAD VIAL




I. SEGURIDAD VIAL, CONCEPTO Y OBJETIVOS.


  1. Concepto.

  2. Objetivos.


II. IMPACTO DE LA MOVILIDAD SOBRE LOS ACCIDENTES.
III. COMPARACIÓN CON OTROS MODOS DE TRANSPORTE.
IV. CONCEPTOS DE SEGURIDAD VIAL: EXPOSICIÓN, RIESGO Y GRAVEDAD.


  1. Exposición.

  2. Riesgo.

  3. Gravedad.


V. USUARIOS DE LAS VÍAS.


  1. Los niños.

1.1. Características generales y desarrollo evolutivo.

1.2. Principales Cifras de Siniestralidad Vial 2.013.

1.3. Plan Estratégico de Seguridad Vial 2.011-2.020.


  1. Los jóvenes.

2.1. Características generales.

2.2. Principales Cifras de Siniestralidad Vial 2.013.

2.3. Plan Estratégico de Seguridad Vial 2.011-2.020.


  1. Los mayores.

3.1. Características generales.

3.2. Principales Cifras de Siniestralidad Vial 2.013.

3.3. Plan Estratégico de Seguridad Vial 2.011-2.020.


  1. Los ciclistas.

4.1. Características generales.

4.2. Principales Cifras de Siniestralidad Vial 2.013.

4.3. Plan Estratégico de Seguridad Vial 2.011-2.020.


  1. Los peatones.

5.1. Características generales.

5.2. Principales Cifras de Siniestralidad Vial 2.013.

5.3. Plan Estratégico de Seguridad Vial 2.011-2.020.


  1. Los motociclistas y los ciclomotoristas.

6.1. Características generales.

6.2. Principales Cifras de Siniestralidad Vial 2.013.

6.3. Plan Estratégico de Seguridad Vial 2.011-2.020.
VI. FACTORES DE RIESGO Y FACTORES DE PROTECCIÓN EN SEGURIDAD VIAL.
1. Introducción.

2. Factores de riesgo en seguridad vial.

2.1. El factor humano.

2.2. El vehículo.

2.3. La vía.

2.4. El entorno social y económico

3. Factores de protección en seguridad vial.

3.1. El casco.

3.2. El cinturón de seguridad.

3.3. Los sistemas de retención infantil.

I. LA SEGURIDAD VIAL, CONCEPTO Y OBJETIVOS.


  1. Concepto.

La seguridad vial se erige en uno de los fines fundamentales del tráfico. Así se desprende de la Exposición de Motivos del Real Decreto Legislativo 339/1990, de 2 de marzo, por el que se aprueba el Texto Articulado de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial (en adelante LTSV), que hace una clara y expresa referencia a la misma al disponer lo siguiente:

“En efecto, el fenómeno del tráfico de vehículos a motor se ha generalizado y extendido de tal manera que puede afirmarse que forma parte de la vida cotidiana y que se ha transformado en una de las expresiones más genuinas del ejercicio de la libertad de circulación. Pero al efectuarse de forma masiva y simultanea, lleva consigo una serie de problemas que es necesario regular para que aquel ejercicio no lesione intereses individuales o colectivos que deben ser objeto de protección pública”. Y añade que “Las innegables secuelas negativas del tráfico tienen su máximo exponente en los accidentes de circulación, que representan un alto coste para la sociedad y vienen a acentuar la obligada intervención de los poderes públicos en el mantenimiento de la seguridad de la circulación vial”.

A la circulación de personas y vehículos arrastrados por animales se incorporó en 1.886 el automóvil, año en el que oficialmente era reconocida y registrada la patente del primer vehículo autopropulsado por un motor. No obstante, no sería hasta principios del siglo XX cuando el automóvil comenzara a rodar aunque, tímidamente, por calles, carreteras y caminos. En 1.920 la fabricación de automóviles se efectuaba ya en cadena y, tanto en Europa como en Estados Unidos, la circulación comenzó a formar parte de la vida cotidiana de los ciudadanos.

La técnica ha marcado con un sello inconfundible la vida de nuestro tiempo. Entre los signos más destacables se encuentran la motorización y, dentro de ella, la industria automovilística, que se ha convertido en uno de los factores de progreso económico, social y político más importantes. El vehículo no sólo es un medio de transporte sino también un instrumento de trabajo, de disfrute y placer, e incluso un símbolo de una determinada posición social y forma de vida. Constituye una parte esencial de la vida cotidiana de gran cantidad de personas que dependen, económica y socialmente, de las posibilidades que el vehículo de motor les brinda.

Ahora bien, el vehículo motorizado como logro de nuestra civilización presenta dos caras: una positiva, que engloba todas las conquistas que la motorización implica, y otra negativa, los accidentes de circulación, que representan un trágico tributo por la libertad y el progreso que la sociedad técnica moderna conlleva. El tráfico, entendido como tránsito de personas, animales y vehículos por las vías públicas, es un sistema dinámico integrado por los vehículos, las vías y las personas que lleva consigo implícito un riesgo.

Llegados a este punto, la seguridad vial podría definirse básicamente como “LA NO PRODUCCIÓN DE ACCIDENTES”. Ahora bien, así expresada, esta definición es claramente utópica ya que siempre cabe la posibilidad de que se produzca algún accidente. Ello se ve reforzado por el hecho de que entre los elementos que intervienen en el tráfico se encuentran las personas, con su correspondiente capacidad de decidir y de equivocarse y a las que, en última instancia, no podrá coartarse su libertad y poder de actuación. En otras palabras, la seguridad vial nunca será una realidad de valores absolutos puesto que los accidentes de tráfico siempre existirán. A lo que cabe aspirar, y ello es un derecho de los ciudadanos y un deber de todas las Administraciones Públicas, es a que los accidentes disminuyan y a que sus consecuencias sean lo menos dañosas para el individuo y para la sociedad.

La seguridad vial así perfilada entraña, en sí misma, la idea de un cierto riesgo. Pero si el nivel alcanzado es óptimo, ese riesgo será un riesgo razonable y proporcionado que la sociedad habrá de asumir aunque llevando a cabo, al mismo tiempo, un esfuerzo perseverante para ir alcanzando cotas de seguridad vial cada vez más elevadas.

De este modo, y partiendo de un concepto realista, la seguridad vial puede ser definida del siguiente modo: la consecución de un conductor con conocimientos y habilidades suficientes que, en estado físico y psíquico adecuado, conduzca un vehículo diseñado y conservado correctamente, por uno de los itinerarios debidamente planificados, mantenidos y señalizados, en un entorno social concienciado del problema y colaborador a la hora de encontrar las soluciones más adecuadas. Para ello resultará imprescindible el diseño e implementación de una serie de estrategias, acciones y mecanismos en el ámbito informativo, normativo, formativo, educativo, técnico, tecnológico, de investigación y de control que permitan establecer un sistema viario seguro y reduzcan de forma efectiva los accidentes de tráfico y sus lesiones. El sistema del tráfico deberá contemplarse como una globalidad sin discriminar ningún elemento y adoptando un enfoque sistémico que permita identificar los problemas, formular estrategias, establecer objetivos y supervisar el desempeño.

La seguridad vial presenta hasta cuatro niveles distintos:



  • Nivel primario: Engloba todas aquellas acciones o medidas tendentes a evitar la producción de los accidentes. Dentro del factor humano se observan las acciones y campañas de control, preventivas e informativas; la educación vial; la aplicación de la ley; la adaptación a las facultades psicofísicas; etc. En cuanto a los vehículos, se refiere a la existencia de las condiciones mecánicas adecuadas (luces, frenos, maniobrabilidad, gestión de la velocidad, etc.) así como a su correcto mantenimiento, respetando la periodicidad de las Inspección Técnicas. Desde el punto de vista ambiental, abarca desarrollar estrategias en cuanto al diseño y trazado de la vía, la mejora constante de la red viaria, los límites de velocidad, los elementos de seguridad peatonal, el uso de los paneles de señalización variable para advertir de peligros o situaciones de riesgo puntuales, etc.



  • Nivel secundario: Comprende todas las acciones o medidas destinadas a paliar las consecuencias del accidente una vez que éste no ha podido evitarse, tratando de prevenir lesiones y traumatismos. Desde el factor humano fomenta el uso de los dispositivos de protección (cinturones de seguridad, casco, reposacabezas y sistemas de retención infantil). Las estrategias referentes al vehículo son la existencia y mantenimiento de todos esos dispositivos de protección y de seguridad, diseño vehicular antichoques, dispositivos antiempotramiento, etc. En relación con la vía, se podría poner como ejemplo la presencia de elementos protectores a los lados de la vía, carriles de frenada de emergencia, etc.



  • Nivel terciario: Se refiere a las acciones que tratan de evitar la evolución negativa de las consecuencias del accidente. Desde la perspectiva del factor humano implica acciones como el fomento de nociones de primeros auxilios, acceso a la atención médica, eficaz auxilio sanitario "in situ" al herido, evacuación rápida y segura, etc. Desde el punto de vista del vehículo se refiere, por ejemplo, a la localización exacta del lugar del accidente mediante dispositivos GPS y la generalización de la implantación de sistemas eCall que permiten la transmisión automática de la posición del vehículo y otros datos de interés; la facilidad del acceso a sus ocupantes y la minimización del riesgo de incendio, entre otros. Finalmente y desde la visión ambiental, se trabaja en el equipamiento de socorro o la congestión de la vía.



  • Nivel cuaternario: Está constituido por todas las actuaciones tendentes a conseguir la reinserción en la sociedad de las personas que han sufrido daños como consecuencia de los accidentes de tráfico, muy especialmente todos los trabajos de recuperación de las discapacidades sobrevenidas. A ello hay que añadir la creación de las Unidades de Coordinación en Materia de Víctimas de Accidentes de Tráfico (UVAT), que conforman una red de ámbito nacional y se hallan integradas en el seno de cada Jefatura Provincial de Tráfico. La premisa fundamental de estas unidades es ofrecer a las víctimas de los accidentes de tráfico la mayor información posible para su asesoramiento, orientación y conocimiento de sus derechos y recursos existentes a todos los niveles.



  1. Objetivos.

El tráfico puede considerarse desde una doble perspectiva: física y jurídica. Desde el punto de vista físico se define como el desplazamiento de personas, animales y vehículos por las carreteras, calles y caminos. Desde la óptica jurídica se conceptúa como el tránsito de personas, animales y vehículos por las vías de uso público sin más limitaciones que las establecidas en la legislación sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial.
Asimismo, el fenómeno circulatorio se perfila como un hecho complejo integrado por los siguientes caracteres: físico-técnico, social y jurídico. En primer lugar, el tráfico es un hecho físico-técnico en cuanto que la circulación está sometida a las leyes físicas del movimiento. En segundo lugar, el tráfico es un hecho social al coexistir simultáneamente en el espacio y en el tiempo numerosas circulaciones particulares. Por último, el tráfico es un hecho jurídico donde el principal problema radica en la armonización de los derechos de cada persona en cada circulación; el derecho y la libertad de un individuo termina donde comienzan los de los demás requiriendo, por tanto, una regulación jurídica que obligue a todos y permita a cada cual el disfrute de los suyos propios.
Por otro lado, la circulación reviste una gran importancia desde múltiples puntos de vista:


  • Social y económicamente aumenta hasta límites inabarcables la autonomía y la capacidad de movilidad individual y familiar. El vehículo se ha vuelto imprescindible para la realización de múltiples tareas diarias de carácter doméstico y de orden práctico u obligatorio.




  • En el ámbito profesional y laboral representa un factor de expansión innegable, propiciando el desarrollo de campos más amplios. No sólo permite el desarrollo de numerosas profesiones sino que genera puestos de trabajo en todo tipo de sectores: conductores profesionales; profesores de formación vial; fabricantes de vehículos y de componentes y accesorios; la industria de los carburantes, aceites lubricantes y derivados del petróleo; talleres de reparación; compañías de seguros; diseño, construcción y mantenimientos de vías públicas; etc.




  • En el ámbito público, es de todo punto indiscutible la influencia que el desarrollo de los transportes motorizados ha ejercido en las actividades sociales de intercambio, tanto en el transporte de personas como en el de mercancías.

A la luz de lo expuesto, teniendo en cuenta la complejidad del fenómeno circulatorio y, a la vez, su trascendental importancia para la sociedad actual, el principal objetivo de la seguridad vial es garantizar el tránsito circulatorio reduciendo al mínimo el grado de peligrosidad para lograr una disminución paulatina y constante tanto del número de accidentes de tráfico como de sus consecuencias lesivas y mortales. De este modo, se pretende fomentar el progreso y el bienestar familiar, social, cultural y económico.


Para lograr estos objetivos, es imprescindible tener en cuenta el respeto a los principios fundamentales del tráfico que, si bien no aparecen expresamente contemplados como tales en la normativa actualmente vigente, sí que se desprenden del conjunto jurídico conformado por la LTSV y sus Reglamentos de desarrollo. Se trata de los siguientes:

  • Principio de responsabilidad: Se basa en el cumplimiento por parte del conductor de la normativa existente, evitando erigirse en un peligro u obstáculo para los demás usuarios de la vía. Desarrollará, pues, un comportamiento adecuado en cada momento, asumiendo las consecuencias de sus propios actos.




  • Principio de confianza en la normalidad del tráfico: De acuerdo con este principio, también denominado de “expectativa adecuada,” todo partícipe en la circulación que actúe correctamente tiene derecho a esperar el mismo comportamiento por parte de los demás usuarios de la vía. Se basa, pues, en el cumplimiento estricto de las normas que regulan la circulación por parte de todos los usuarios de la vía. No obstante, esta presunción en ningún caso debe suponer una disminución de la vigilancia, y la confianza cederá ante cualquier indicio de comportamiento inadecuado por parte de los demás usuarios.




  • Principio de la seguridad o de conducción defensiva: El principio de confianza en la normalidad del tráfico puede ceder, en casos determinados y excepcionales, al llamado principio de defensa o de conducción defensiva. Hay supuestos en los que se admite como previsible la reacción anormal de determinados sujetos del tráfico y su repentino e impensado cambio de actitud. No se debe confiar ilimitadamente en que los demás usuarios de la vía observarán las normas y precauciones. La aplicación de este principio se exige especialmente en los siguientes casos:




  • Cuando otro usuario actúa de manera contraria a las normas de circulación. El conductor ha de darse cuenta de que la infracción reglamentaria se está cometiendo y ceder de lo que pudiera ser el propio derecho precisamente para evitar el daño.




  • Cuando el conductor puede prever una conducta antirreglamentaria, dadas las condiciones exteriores patentes de las personas o las cosas. Tal es el caso de niños, ancianos y personas discapacitadas en que su irreflexión o falta de condiciones físicas o psíquicas pueden suponer un peligro para ellos mismos y para el tráfico, teniendo los conductores que suplir, con su mayor prudencia, aquellos defectos.




    • Principio de conducción dirigida: En todo momento, el conductor debe ser dueño del movimiento del vehículo y, además, adoptar las precauciones necesarias para evitar posibles riesgos según las circunstancias concretas del tráfico. El principio de conducción dirigida tiene, pues, como fundamento subjetivo ese mecanismo de atención que implica concentrar la conciencia y la atención en la actividad de conducir a fin de conservar siempre el dominio sobre el vehículo.




    • Principio de la integridad corporal o de la seguridad personal: Nadie está obligado a comprometer su integridad corporal cuando realiza un acto lícito en el que emplea la normal diligencia debida. Este principio se aplicará en aquellos supuestos en los que el conductor no haya tenido más opción que actuar de una manera determinada o, en evitación de un mal mayor, haya causado otro daño como consecuencia de una maniobra evasiva. La situación de peligro inicial debe ser de tal naturaleza que, efectivamente, exija la actuación realizada y no haya sido provocada por el propio conductor.




    • Principio de señalización: La norma general del tráfico es que la circulación se efectúa por la derecha, en la que no existe obstáculo alguno. Por consiguiente y en aras a la seguridad de la circulación, todo lo que suponga una anormalidad de esta regla debe ser y estar convenientemente señalizado. Algunos ejemplos son los cambios de dirección y de sentido de la marcha, los adelantamientos, la marcha atrás, la parada y el estacionamiento, la limitación de anchura o altura de la vía, etc. En todos estos casos se impone, además de una buena observación del tráfico, la correspondiente señalización y la adopción de las precauciones adecuadas. El principio de señalización está íntimamente ligado al de confianza puesto que, mientras que no exista una señal que indique la alteración de la normalidad, el conductor circulará en la confianza de que puede hacerlo con la seguridad de que no va a encontrar ningún obstáculo. De manera indudable, esta obligación atañe también a la Administración titular de las vías encargada del mantenimiento, conservación y señalización de las mismas, puesto que deben señalizar los obstáculos o peligros de cualquier clase que afecten a la vía y su trazado, y a las empresas que realizan obras en las vías, obligadas a señalizarlas adecuadamente.

II. IMPACTO DE LA MOVILIDAD SOBRE LOS ACCIDENTES.
El riesgo de sufrir un accidente de tráfico y resultar lesionado como consecuencia del mismo es bastante bajo si se considera el riesgo asociado a cada desplazamiento de un individuo desde su hogar a su lugar de trabajo o a un sitio de esparcimiento. Pero si se consideran la suma de los desplazamientos efectuados por una persona en cada uno de sus viajes muchas veces al día, por semanas y por años, la suma de los pequeños riesgos resulta importante.

Una de las posibilidades de obtención de información sobre desplazamientos es a través de los datos que ofrecen las encuestas. La más amplia de ellas es la “Encuesta de movilidad de las personas residentes en España” (MOVILIA) realizada por el Ministerio de Fomento, aunque también se han desarrollado encuestas a nivel de Comunidades Autónomas. La encuesta MOVILIA ofrece información sobre el motivo de desplazamiento, el modo de transporte utilizado, la distribución horaria, la duración media de los desplazamientos y la distribución espacial de los mismos. No incluye, sin embargo, datos sobre la distancia recorrida. La última encuesta realizada corresponde a los años 2.006 (movilidad cotidiana) y 2.007 (movilidad de larga distancia). Según se desprende de la primera de ellas, aproximadamente un 83% de la población realiza al menos un desplazamiento en día laborable. El número de personas con desplazamientos disminuye los fines de semana. El porcentaje de personas con desplazamiento aumenta con el tamaño del municipio y es más alto en las áreas metropolitanas. Por colectivos, son los jubilados quienes presentan menor movilidad. En cuanto a la movilidad de larga distancia (excluidos los desplazamientos a centros de trabajo y estudios), los viajes de más de 50 kilómetros realizados por la población residente durante el año 2.007 alcanzaron casi los 364 millones. La mayoría de ellos fueron por motivo de ocio o de vacaciones.

Otra de las encuestas que cabría citar es la incluida en el Barómetro de septiembre de 2.013 del CIS, que abarca cuestiones de seguridad vial. Una de las preguntas realizadas hace referencia al número de kilómetros recorridos en un día laborable y durante el fin de semana. Según los resultados, la mayoría de los encuestados recorre entre 1 y 10 kilómetros los días laborables y entre 11 y 20 kilómetros durante los fines de semana.

El modelo más aceptado en el campo de la seguridad vial es el de riesgo-exposición, que representa la probabilidad de sufrir una colisión mediante una relación multiplicativa entre las variables riesgo y nivel de exposición, donde riesgo es la posibilidad de sufrir un accidente por cada kilómetro recorrido y exposición mide el número de kilómetros recorridos.




III.- COMPARACIÓN CON OTROS MODOS DE TRANSPORTE.

En la tabla siguiente se distingue el número de fallecidos por cada cien millones de habitantes tanto con relación a las horas de transporte, como con respecto a los kilómetros recorridos:



Los peatones y los conductores de bicicletas y motocicletas son los usuarios con mayor probabilidad de resultar víctimas mortales con relación a su número de kilómetros recorridos y a las horas de transporte. El autocar y el tren son los dos modos de transporte que menor probabilidad de arrojar víctimas mortales en los dos ratios.


Si se quiere determinar el número de víctimas en los accidentes de tráfico, se suele emplear una expresión que indica la estructura multicapa de la seguridad vial:

Tales conceptos es estudiarán con detenimiento en el epígrafe siguiente.




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