Stéphane marsil & snd



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VERTIGO FILMS

PRESENTA

con la participación de TVE


ARSENE LUPIN

UNA PELÍCULA DE


JEAN-PAUL SALOMÉ

CON


ROMAIN DURIS

KRISTIN SCOTT THOMAS

PASCAL GREGGORY

EVA GREEN

ROBIN RENUCCI

GUIÓN DE


JEAN-PAUL SALOMÉ Y LAURENT VACHAUD
LIBREMENTE INSPIRADO EN LA OBRA

DE MAURICE LEBLANC

“LA CONDESA DE CAGLIOSTRO”


DURACIÓN: 2H10


Distribuida por: Vértigo Films




SINOPSIS

Desviar la atención, esa es la clave. Si no lo olvidas, nadie podrá detenerte nunca”


Estas son las palabras que pronuncia el ladrón Théophraste Lupin a su hijo Arsène antes de desaparecer, asesinado por un misterioso cómplice. Al crecer, el joven huérfano no dejará de aplicar esta máxima en lo que será su gran pasión: el robo. Embriagado por la euforia de los primeros éxitos, aún le falta el autocontrol y la paciencia de los grandes ladrones “de guante blanco”. El encuentro con una embelesadora aventurera, la Condesa de Cagliosotro, marcará su entrada en la edad adulta. Abandona a Clarisse, su novia, y se dedica en cuerpo y alma a buscar el Tesoro de los Reyes de Francia, que ansían tanto la Condesa como sus enemigos, una hermandad monárquica dirigida por Dreux-Soubise y el enigmático Beaumagnan. Pero enseguida nos damos cuenta de que Arsène y la Condesa no comparten los mismos valores: la joven está dispuesta a todo para alcanzar sus objetivos y Arsène, sin embargo, se niega a llegar hasta el asesinato.

A la pasión amorosa del principio le seguirá un duelo sin cuartel que les llevará desde los acantilados normandos a las catacumbas de París y en el que Arsène perderá lo único que no podrá volver a recuperar nunca: su juventud.




JEAN-PAUL SALOMÉ

Director
La realización de una película pasa por diferentes etapas.

¿Desde la escritura del guión hasta el día del estreno, cuál es la etapa que más le asusta?

El placer de esta profesión reside, en primer lugar, en su variedad. A mí me gusta pensar en lo que está por venir. Hasta ahora, siempre he tenido la suerte de estar presente desde su génesis en los proyectos que he rodado y de ser autor o coautor de los mismos. La fase de la escritura del guión es un trabajo aparte que me gusta mucho y del que encuentro, al finalizar el ciclo de creación, increíbles reminiscencias durante le montaje, que tiene como objetivo, también, mejorar la materia fílmica para contar mejor la historia. Estas similitudes entre las dos etapas son aún más chocantes actualmente, porque la ergonomía del montaje virtual se asemeja mucho a la del tratamiento de textos. Usamos el “copiar-pegar” con las imágenes, después de haberlo utilizado con las palabras. El único momento que me asusta en el proceso de creación de una película, es el de las localizaciones. Es un poco como con el casting, uno no se puede equivocar. Un decorado mal elegido puede provocar que la puesta en escena no sea todo lo correcta que deseas. Y además, es precisamente durante la preparación cuando se adoptan el mayor número de decisiones transcendentales, y la película toma una buena o una mala dirección. Durante el rodaje, si la preparación ha sido buena, estás bien rodeado, es una maravilla. Me encanta rodar. Uno de los mayores cumplidos que me ha hecho Kristin fue cuando me dijo que el placer que yo sentía al estar en un plató era increíblemente contagioso. Y además, al final de la carrera, está el estreno: exponer la película a la mirada de los demás, sobre todo cuando haces películas como las mías en las que intentas tejer lazos con los espectadores. Pero eso no me da miedo: es un poco como cuando llevamos al niño al colegio el día de la vuelta al “cole”. Pensamos que es el más guapo, el más inteligente y sólo esperamos que no le partan la cara en el recreo. Pero no puedo quejarme, por lo que respecta al público, soy un director bastante mimado...


La película es el resultado de tres iniciativas. La suya, la de Laurent Vachaud, el coguionista, y la de Stéphane Marsil, el productor. ¿De qué modo se ha ido desarrollando el trabajo?

El verano siguiente al estreno de “La Máscara del Faraón - Belphégor”, me fui de vacaciones a Normandía y di con la colección de los “Arsène Lupin”. Empecé por el primero de la serie “La Condesa de Cagliostro”. Inmediatamente, me di cuenta de que había material para una película. Este libro no había sido nunca adaptado para el cine, y además, me proporcionaba una visión nueva de Arsène Lupin. Volví a sumergirme en sus otras aventuras “813“, “La aguja hueca”, “El tapón de cristal”, y descubrí que los libros eran muchos más duros y ácidos que las adaptaciones que se habían hecho hasta el momento para el cine o la televisión. En este relato de iniciación que es “La Condesa” se creaba una alquimia seductora entre la presentación de este personaje legendario mediante su juventud y un papel femenino fuerte que se opone a él en un auténtico duelo de amor. Hice mis pesquisas para saber quién poseía los derechos de la serie y di con Stéphane Marsil. Había trabajado en la adaptación de otra aventura, pero el proyecto no había salido adelante. Le confesé mi deseo de tratar los orígenes del personaje y contar su período de juventud. Enseguida me dio su aprobación y me puse manos a la obra buscando un coguionista. Y en esa búsqueda, encontré a Laurent Vachaud, un experiodista de “Positif” que había trabajado mucho para televisión, pero nunca para el cine. Hace diez años, había escrito incluso una adaptación libre sobre la juventud de Arsène. Laurent conoce muy bien el universo de Leblanc y confiesa una auténtica pasión por el mito de Lupin. Después de un período de prueba de lo más positivo, nos pusimos a trabajar durante casi un año en el guión.


Háblenos de su manera de ver la dirección y de su obstinación por combinar en una película de acción, una película de época y los elementos novelescos.

Mi primera preocupación era la de no entorpecer la dirección con la excusa de una recreación histórica que quería que fuera, ante todo, “moderna”. Las películas de época son un género bastante denostado por la televisión. He estado en guardia en todo momento para no dejarme llevar por los ballets de sombrillas y calesas, los movimientos de grúa y los travellings descriptivos. Me he inspirado más en los thrillers y en las películas de anticipación como “Minority report“ o “The Insiders” que en las películas de época, exceptuando quizá “La Edad de la Inocencia” o “El último de los Mohicanos”.

He tratado de traducir en imágenes la abundancia de elementos novelescos tan del gusto de Maurice Leblanc, tratando de profundizar en el aspecto carnal de los personajes; me he tomado el tiempo necesario para mostrar sus rostros, sus emociones. Este es el equilibrio que he tratado de conseguir.
El casting es un reto particular en esta película.

¿En qué momento se impuso este reparto?

Siempre trato de ponerme en el lugar del espectador que consulta la cartelera preguntándose qué puede ir a ver al cine con su novia. A mí, particularmente, me gusta que me propongan cosas nuevas, con actores en papeles diferentes a los que suelen hacer. Cuando empezamos a buscar a un actor que pudiera encarnar a nuestro Lupin, junto a Stéphane Marsil, el productor, decidimos organizar ensayos reales, filmados en 35 mm, con vestuario, con decorado, sobre una escena que Laurent Vachaud había escrito especialmente para la ocasión. Durante dos días, varios actores de la generación de jóvenes actores tuvieron la amabilidad de participar en este juego. Entre ellos estaba Romain. En cuanto se puso delante de la cámara, fue como una revelación: tenía a mi héroe. Romain era la encarnación perfecta de un Arsène Lupin joven y moderno. Posee la gracia, la originalidad, el aplomo, la sed de interpretación que le permiten ir más allá de lo que está escrito...

Ha trabajado como un loco, y no sólo para estar físicamente a la altura del papel. A lo largo de todo el rodaje, durante las diecisiete semanas, pude comprobar que sentía un cariño especial por el personaje.
¿Qué representa Kristin Scott Thomas como persona que sea necesario para el personaje?

Tiene esa mezcla de vulnerabilidad y de autoridad que van de la mano con su gracia y belleza. El hecho de que sea extranjera refuerza el misterio de su personaje. La película no es fantástica, pero en la novela se sentía un perfume fantástico que planeaba en torno a la Condesa; éste es el perfume que he querido conservar. Kristin interpreta maravillosamente la dualidad de esta mujer enigmática, capaz de cometer los peores crímenes por amor, o más bien, por desamor. Enferma de celos, no soporta ver como se le escapa Arsène. Teme que se convierta en un ladrón con mucho más talento que ella.

Kristin, con su brillante interpretación, ha reflejado magistralmente esta paleta de emociones, pasando de la sumisión amorosa a la perversión, de la crueldad al aspecto más venenoso del amor. Ha conseguido infundir una gran originalidad, una gran dosis de melancolía a ese personaje de Condesa inmortal y, a pesar de todo, consciente del paso del tiempo.
Ha elegido, para oponerse a Romain Duris, a un adversario de lujo:

Pascal Greggory.

En este caso también queríamos tomar un camino alternativo, evitar el cliché. Después de la sorprendente elección de Romain y de Kristin, teníamos que ser coherentes y encontrar un actor también sorprendente para encarnar el personaje de Beaumagnan, que es un espía que se vende al mejor postor. Pascal y yo nos pusimos rápidamente de acuerdo en dar a este personaje un aire ascético. Junto a Pierre-Jean Larroque, decidimos dotarle de un aspecto sacerdotal, en blanco y negro. Pascal también aporta un elemento muy moderno a su interpretación. Con los años, su manera de actuar ha adquirido peso y profundidad; y sobre todo, tiene ese rostro increíble, esa mirada “pura” que imprime en la película de manera sorprendente... Estaba encantado de que hubiéramos conferido tanta nobleza y elegancia a este personaje, perverso y ambiguo.


Eva Green es el otro personaje femenino de esta película. Una casi principiante en la que confía desde el primer momento. ¿A qué se debe esta inmediatez?

El cine es trabajo, pero también instinto y misterio. Hay que saber sentir las cosas. En mi carrera, me he equivocado muy pocas veces, siempre que me he dejado guiar por mi instinto. Stéphane Marsil fue el primero que habló de Eva. La había visto actuar en el teatro. Acababa de rodar con Bertolucci, pero la película todavía no se había estrenado. Quedé con ella en un café. Hablamos largo y tendido sobre el guión y me di cuenta de que no sólo había entendido muy bien el personaje, sino también el tono en el que tenía que inscribirse la película; la mezcla de aventuras y emociones.

Era el contrapunto ideal al oscuro personaje de la Condesa. Su belleza, fuera de lo común, y el misterio que exhala evitaban que el personaje de Clarisse fuera una joven pura y plana.

El resultado está ahí, en la pantalla. Y puedo asegurarle que Eva es una de las actrices más preparadas de su generación, eso por no hablar de su extraordinaria belleza.

Es algo muy simple, traspasa la película.
En una película como ésta, en la que fundamentalmente trabaja con actores consagrados, ¿cuáles son sus prerrogativas de dirección de actores?

En esta película, había que cuidar mucho el ritmo y definir bien lo que era prioritario en cada escena. Es una película que cuenta con un sinfín de personajes, de golpes de efecto, la intención tiene que ser clara y perfectamente inteligible. Por lo tanto, trato de encontrar con los actores la nota adecuada, trato de llevar las situaciones más allá de lo escrito en el guión, superar la fase ilustrativa, y todo ello sobre la base de una confianza recíproca. Cuando un actor ha trabajado bien su personaje creo que, al cabo de un tiempo, lo conoce mejor que yo. Por eso, cuando me hace una sugerencia, me parece totalmente normal escucharlo.


¿Por qué motivos y para qué fin utiliza los efectos especiales?

Creo que la película tiene unos cuatrocientos planos trucados de una manera u otra. En las dos terceras partes, la intervención de los efectos especiales tiene que ser invisible. La escena de la Ópera es un ejemplo perfecto. Rodamos la escena un festivo y en unas pocas horas. En postproducción tuvimos que borrar todos los elementos modernos que aparecían en la imagen y recomponer los segundos planos. Pasa lo mismo en la explosión del café. Era impensable provocar una explosión de semejante magnitud en pleno París.

Lo reconstruimos todo en estudio, hasta la calle, integrando los fondos en digital. Y el trabajo realizado para el combate en la Aguja Hueca fue aún más complicado. Toda la comedia se rodó en estudio, los actores estaban colgados en la ladera de una roca reconstruida, y los ochenta planos de la secuencia se trabajaron posteriormente para borrar los cables e incrustar a los personajes en la Aguja Hueca, donde era imposible rodar con un equipo de cien personas.
Pierre-Jean Larroque, el creador del vestuario, ha realizado unos quinientos trajes. ¿Usted cree que, como el decorado, el vestuario conforma la puesta en escena?

Sí, porque más allá de su bagaje cultural en películas de época, de sus ganas y del cuidado por el detalle que aporta a su trabajo, Pierre-Jean ha sabido encontrar el tipo de vestuario que revaloriza al actor y le ayuda a interpretar. Crea una segunda piel para que el actor pueda entregarse desnudo.

Ha conseguido la proeza de inventar un vestuario suntuoso, que nos recuerda al de la alta costura y que es perfectamente acorde con el carácter de cada uno de los personajes, reflejando su psicología en cada escena. En contadas ocasiones he visto a unos actores tan contentos de ponerse su traje cada mañana, les trasmitía ganas de interpretar.
Para hacer la película, necesitaba una imagen y una atmósfera.

¿Cuál era el perfil de director de fotografía que buscaba?

Buscaba un personaje extraño que tuviera al mismo tiempo, mucho talento, una gran rapidez de reacción y se mostrara cercano a los actores. Pascal Ridao superó con creces mis expectativas. Tiene tal conocimiento técnico, que siempre encuentra una solución a los problemas que le planteas. Gracias a su rapidez de reacción y a la extraordinaria implicación de todo su equipo, rodábamos casi veinte planos diarios. Y ninguno de ellos fáciles, puede creerme.

Pero nunca me ha negado un plano; siempre ha trabajado para que su luz estuviera al servicio de mi puesta en escena.
Lo que al principio era una adaptación parece que se ha convertido, a tenor de sus palabras, en su película más personal.

Cuanto más avanzaba en la creación de la película, más cautivado me sentía por el personaje.

Hasta ahora siempre me había sentido incapaz de interesarme por un protagonista masculino.

Hay que decir que trabajar con Romain es una maravilla. Es un tipo muy elegante. Y además, hay motivos más profundos. Como Lupin, yo tampoco le pude enseñar a mi madre que había conseguido hacer realidad mi sueño de niño, murió antes de que rodara mi primera película. Arsène se cura las depresiones imaginándose estratagemas y robos y yo dirijo películas para salir de mí mismo.

Sí, es verdad, me ha gustado contar la vida de este chaval que, baqueteado por lo que le ha tocado vivir, se convierte en un hombre y decide sólo quedarse con el lado ligero de la existencia. Comparto con él la fascinación por las mujeres y sus misterios y su manera de ver la vida como un niño que prefiere observar el mundo quedándose al margen de la sociedad. Me identifico con él.

ROMAIN DURIS

Actor
Después de “Gadjo Dilo”, hemos observado una auténtica evolución a la hora de elegir sus papeles así como en el placer que parece obtener ahora de su trabajo como actor. ¿Es una impresión o “Arsène Lupin” puede ser un punto de inflexión en su trabajo como actor?

Si hoy me siento capaz de hacer “Arsène Lupin” es porque he podido acumular experiencias gracias a películas como “17 fois Cécile Cassard” (17 veces Cécile Cassard) o “L’Auberge Espagnole” (Una casa de locos).

Estas películas me han brindado la oportunidad de cambiar de registro y de aumentar la confianza en mí mismo.

“Arsène Lupin” quizá será una de las películas que me sirva para emanciparme, para ayudarme a construir personajes con historia, con una cierta madurez, personajes de adultos…


¿Hacer una película de aventuras era un reto que le parecía interesante? ¿Se sentía capaz de interpretar todo el abanico que conllevan las escenas de comedia y las escenas de acción?

La riqueza de la película de Jean-Paul Salomé es, precisamente, la de no limitarse a una simple película de acción. La acción pura y dura no es algo que me interese especialmente.

Lo que me gusta de Arsène es su postura, su manera de ser, su elegancia. Con Jean-Paul trabajé en ese sentido. Resaltar esa elegancia tanto en las escenas de comedia como en las coreografías de combate.

Es una película muy visual en la que Arsène se define por su gracia y su manera de estar o no estar en el espacio, en el encuadre.


La película le ha exigido una gran preparación.

¿Cómo se familiarizó con su personaje?

Me gusta apoyarme en el físico para abordar un personaje. Durante tres meses, recibí clases de equitación, vals y boxeo. Incluso tenía un profesor de danza clásica para mantenimiento. Saber estar erguido sin parecer rígido. Durante este período de preparación, mi mente estaba trabajando para convertirse en Arsène. Todo lo relativo a la danza, a la acción o a las escenas peligrosas me permite interpretar también con el cuerpo y aportar una realidad más allá del simple diálogo.

Además, leí los libros de Maurice Leblanc. Quería que fueran mi único punto de referencia. No vi las películas o la serie de televisión. Quería mostrarme sincero con respecto a la idea del personaje que me había creado mentalmente al leer los libros. Quería reproducir este mundo imaginario y no recurrir a otros referentes. Y gracias al vestuario conseguí que este mundo se hiciera concreto. Pierre-Jean Larroque, el creador del vestuario, había enfocado tan bien su visión del personaje de Arsène que los trajes se correspondían con su estado de ánimo. El vestuario me sirvió para sacar el máximo de mi interpretación.
¿En qué medida el tándem Arsène Lupin - Romain Duris aporta modernidad a este personaje literario que tiene más de 100 años? ¿Qué sensibilidad comparte usted con el personaje?

He intentado que hubiera emociones y sentimientos actuales, pero metidos en un vestuario y una película de época. En eso estriba la modernidad de la película. En cuanto a la sensibilidad, es verdad que me siento muy cercano a él en lo relativo a la soledad, a la elegancia. Me gusta la elegancia en todo. Es algo que no tiene que ver con la coquetería, sino con el carácter. Es un personaje muy humano. Nunca se cierra en sí mismo, sino que más bien se vuelca hacia los demás. Su fuerza reside en su profunda generosidad. Me atrae mucho su lado pícaro, ingenioso, pero no me identifico con él. Cuando abordo un papel, intento alejarme de lo que soy. Pero tengo que confesar algo: adoro a este personaje y creo que le voy a echar de menos.


En el rodaje, se notaba que Jean-Paul Salomé estaba siempre muy cerca de usted.

¿Qué tipo de director es: de los técnicos o de los inspirados?

Es una persona muy libre que permite, a su vez, una gran libertad. Siempre está a la escucha de todas las sugerencias que puedan hacerle. Desde el principio de la película, es decir, desde el casting, me he ido adueñando del héroe. No llegué diciendo, voy a interpretar a Lupin. No, era Arsène. Esto no te pasa en todas las películas, ni con todos los personajes. En todo momento tenía una idea precisa de hacia dónde quería que fuese la escena, desde el principio hasta el final, incluyendo su estado de ánimo.

Por eso llegaba al plató cargado de propuestas que intercambiaba con Jean-Paul.
Uno de los retos de la película es crear una pareja creíble entre Lupin y la Condesa de Cagliostro. ¿Le asustaba este encuentro con Kristin Scott Thomas?

Sentía un gran respecto por la actriz y he descubierto a una mujer divertida, con mucha imaginación, lejos de la imagen fría que la han colocado. Es verdad que quería estar a la altura, estar ahí, formar parte de la propuesta para poder compartir el placer de actuar con ella. A pesar de su impresionante currículo, es una persona increíblemente atenta. No se mira el ombligo. Es como Jean-Paul Belmondo, con quien también he tenido la suerte de coincidir, fundan sus relaciones humanas en compartir e intercambiar experiencias. Es un rasgo de su carácter que me inspira y al que espero guardar fidelidad durante mucho tiempo. Y ya que hablamos del casting, podemos decir algo sobre lo inteligente y juicioso de la decisión de Jean-Paul de reunir a Eva Green, Pascal Gréggory y Robin Renucci. Un reparto tan rico como sorprendente. Y todo ello en pro de la armonía.


KRISTIN SCOTT THOMAS

Actriz
Usted interpreta a la Condesa de Cagliostro en la película de Jean-Paul Salomé. ¿Qué personaje descubrió al leer el guión?

Hacía mucho que me apetecía interpretar a un personaje que no sufriera. La propuesta de Jean-Paul respondía a este deseo, interpretar a una mujer misteriosa. Mitad bruja, mitad seductora, nunca sabes por dónde va a salir. Es un personaje muy rotundo, sin florituras, pero bien pergeñado en el interior, lo que me ha permitido añadirle algo de delicadeza.


Violenta, camorrista, no estamos acostumbrados a verla hacer este tipo de cosas en el cine. ¿Se trata de una nueva orientación en su trabajo y en el tipo de papeles que elige como actriz?

Con esta película, he llevado las cosas al extremo.

La pérdida de control, es lo que más me asusta en la vida.

Y la utilizo en la película. Estás poseída por un personaje cuando utilizas sus pesadillas. Esto no quiere decir que sea una pesadilla de personaje. Todo está exagerado y me divierte mucho ser la maldad personificada. Me recuerda a cuando jugaba en el recreo a policías y ladrones. Sienta muy bien, después de casi veinte años de carrera, volver a encontrar el lado lúdico de esta profesión.


¿Ha vuelto a ver alguna película en especial para dar un aire de manipuladora a esta mujer?

La verdad es que no. Tenía en la cabeza imágenes de mujeres en películas que no tienen nada que ver con ésta. Por ejemplo, Bette Davis en “Jezabel” de Irving Rapper.

No es la misma época, porque la película es de 1952, ni el mismo personaje, pero hay algo en la interpretación que me ha servido de inspiración.
¿El vestuario le ha servido para encontrar el tono y dar veracidad al personaje?

El vestuario, ya sea de época o contemporáneo, es el primer escalón cuando tratamos de componer un personaje. En las primeras reuniones con el responsable de vestuario, empezamos a descubrir el personaje, empezamos a construirlo. Con Pierre- Jean Larroque, el creador del vestuario, me probé un sinfín de patrones, varias líneas y fuimos elaborando un trabajo completo sobre la materia. Al final elegimos el aire encorsetado, tocado, velado, que me ayudó a interpretar el lado oscuro del personaje. La indumentaria de la Condesa es como una especie de caparazón en el que encuentra el motor para traspasar la acción, sólo tiene libres los brazos.


En el plató de rodaje Jean-Paul Salomé siempre está buscando la exactitud. ¿Resulta molesto para un actor esta actitud de modificar sin parar el contenido de las escenas?

Todo lo contrario. Me gustan mucho los directores que tienen inspiraciones nocturnas.

Me encanta partir por la mañana hacia lo desconocido. Aparte de la necesidad de aprender día a día su texto, las ideas de Jean-Paul solían ser muy buenas, porque aportaban siempre un poco más de relieve al personaje. Me parece enriquecedor plantearse el rodaje como un “work in progress”. Estar en la cuerda floja, en equilibrio, forma parte de la propia naturaleza del actor.
Harrison Ford, Robert Redford y ahora Romain Duris son algunas de sus prestigiosas parejas en la pantalla. ¿Existen una filiación evidente entre los primeros y el último?

Sí, sin duda. Romain posee la fuerza de estos grandes actores, fuerza que les permite ser lo que son. Cuando les ves pasar por delante de la cámara en el monitor de control, tienes la impresión de estar ya en el cine, aunque no estén actuando. Desprenden una cierta magia, una gracia que hace que, en cuanto aparecen en la pantalla, te quedes inmediatamente fascinado. Romain es así. Cuando no me tocaba actuar con él, le observaba, me convertía en espectadora. Tiene algo que te atrapa.



PASCAL GREGGORY

Actor
Lupin es un personaje popular. ¿Formaba parte de sus lecturas de infancia?

Tengo una relación puramente visual y para nada intelectual con el universo de Maurice Leblanc. Nunca había leído las novelas de Arsène Lupin. Sin embargo, cuando era pequeño, vi la serie de televisión con Georges Descrières.


Rohmer, Chereau, Zulawski y ahora Salomé, no deja de ser sorprendente. ¿Es usted el primer sorprendido o le apetecía, desde hacía tiempo, hacer una película de aventuras de este tipo?

Siempre me halaga y sorprende que un director me llame, mucho más cuando se trata, como ocurre aquí, de una película popular y de gran presupuesto.

Antes no tenía sensación de tener cabida en este tipo de producciones.

Pero me he dado cuenta de que, en definitiva, Salomé, Rohmer o Doillon, todo es cine. Cuentas una historia que pasa a través de la cámara.


Pero, tranquilícenos, ¿al menos, le ha gustado la experiencia?

Me ha encantado la experiencia, y más si tenemos en cuenta que me he sentido muy cómodo en todo momento. He tenido la sensación de ser deseado, amado por el director, el equipo y mis compañeros de reparto. Ha sido un rodaje bastante extraño, tranquilo y muy positivo.


Usted interpreta a Beaumagnan. Un personaje un tanto austero, “vestido a la Dreyer”, a decir de Jean Paul Salomé.

Es verdad, es un personaje sombrío, ambiguo. Existe una relación misteriosa entre él y Arsène. Es un personaje complejo pero, al mismo tiempo, es un enamorado. Creo que es un apasionado, eso es. Jean-Paul me propuso este papel de malo porque no lo suelo hacer aunque soy muy capaz de hacerlo. No buscaba algo previsible, caricaturesco. Le interesaba alguien que pudiera interpretar secuencias violentas, duras y, al mismo tiempo, secuencias quizá más novelescas.

Beaumagnan es una mezcla de las dos cosas. La cualidad de la película es que el reparto no es previsible. Jean-Paul quería casar a actores y actrices que, a priori, no pertenecerían a la misma familia.
¿Cuáles son las películas que ha vuelto a ver para trabajar este oscuro personaje?

Sin que podamos considerarlo un plagio, me he inspirado, psicológicamente hablando, en el personaje de Daniel Day Lewis en “Gangs of New-York”, así como en Robert De Niro en “El Cabo del Miedo”, también de Martin Scorsese. Hay una cierta monstruosidad, un aspecto muy oscuro y violento en esos personajes y al mismo tiempo una sensación de que se están divirtiendo. Eso es lo mejor de estos personajes. Notas lo bien que se lo han pasado los actores interpretando y compartiendo esta alegría con el espectador.

A mí me inspira mucho ver a otros actores trabajando.
Jean-Paul Salomé es una persona que huye de los conflictos.

¿Hay que ser autoritario para ser un buen director de actores?

Una vez le preguntaron a François Truffaut quién fabricaba una película: ¿el director, los actores, el productor...? Contestó que el que asume el poder. Bueno, pues Jean-Paul ha asumido el poder de una manera suave, serena y amable, en el sentido más noble de la palabra. Es muy respetuoso con los demás.

Lo que quiere decir que no tienes que ser un cabrón o un tío violento para asumir el poder. Al menos yo, no lo he visto nunca.
Usted ha trabajado poco con la nueva generación de actores. ¿Al trabajar con Romain Duris se ha sentido como un extraterrestre? ¿Ha sido como volverse a ver a sí mismo a su edad?

Oculto fácilmente el pasado por lo que no, no ha sido como volverme a ver a su edad. No es un período al que me gustaría volver. En general, me cuesta trabajar con la generación de 25 – 30 años, pero con Romain es diferente. Me ha cautivado desde el primer momento, me daba la sensación de alguien que ya tiene en su interior algo muy sólido.

Es una persona muy adulta que tiene, a veces, reflejos de inconsciencia y despreocupación que siempre son muy beneficiosas para un actor, porque te devuelven a la infancia. Esa infancia tan necesaria para crear un personaje y enriquecerse. No te da la impresión de un joven que hace de actor. Es muy consciente de su oficio. Ese es el aspecto en el que me siento más cercano a él. Hablamos el mismo idioma.
Kristin Scott Thomas es alguien como usted, que ha frecuentado el teatro de Nanterre. ¿Esta filiación le ha servido para reducir esta distancia que podríamos llamar “inglesa”?

Es como un OVNI. Viene de ninguna parte, es lo que me la ha hecho más humana. Para nosotros, los ingleses son muy raros, pero creo que ellos dicen lo mismo de nosotros. Es guapísima, misteriosa, con un instinto muy fuerte que le permite comprender rápidamente quien es quien. No hemos hablado de nuestros años de aprendizaje en Nanterre, pero inconscientemente creo que hay entre nosotros lazos artísticos, emocionales, que proceden de nuestro universo teatral. Códigos vitales, códigos de honor que se tienen en común con gente que ha practicado el oficio de las tablas.



EVA GREEN

Actriz
El día en que Eva Green descubrió el guión de Arsène Lupin, le enamoró de tal modo el personaje de Clarisse que le pidió inmediatamente a su agente que concertara una cita con Jean Paul Salomé.

Hasta entonces, ya sea en teatro o en cine, Eva había interpretado normalmente a personajes confusos y ambiguos. El personaje de Clarisse le brindaba la oportunidad, por lo tanto, de interpretar un papel puro y claro y de expresar otra faceta de sí misma.

De su participación en la primera gran producción de su carrera, Eva Green recordará, sobre todo, las increíbles metamorfosis de Romain Duris que, a pesar de las largas horas de maquillaje a las que tenía que someterse, encarnaba siempre con maestría y buen humor sus nuevos personajes

“Si tuviera que quedarme con un único recuerdo del rodaje, creo que elegiría la emoción que sentí en algunas escenas frente a un Romain Duris increíblemente metamorfoseado en príncipe ruso”.


LOS MONÁRQUICOS VISTOS POR JEAN-PAUL SALOMÉ
DREUX-SOUBISE- Robin RENUCCI

Robin ha disfrutado muchísimo interpretando a este personaje. Desde las pruebas de maquillaje, me di cuenta de que tenía muchas ganas de divertirse, componer, de crearse un aspecto físico particular. Quería hacer lo que hacen los actores ingleses cuando trabajan en una película como Harry Potter.


BONNETOT- Philippe MAGNAN

Philippe ha asumido este papel con una flema y un sentido del humor que le han convertido, desde el primer momento, en el “enchufado” del staff de maquillaje - peluquería. Para él, todo se reduce a la dicción. Puede introducir matices increíbles en el diálogo, basta con que encuentre la entonación adecuada.


EL DUQUE DE ORLEÁNS - Mathieu CARRIÈRE

Al principio se resistía. No quería llevar bigote, ni perilla. Tuve que insistir, enseñarle fotos del auténtico Duque de Orléans. Me encanta el rostro que ha terminado confeccionando. Cada día llegaba con ideas nuevas. Bastaba con decirle sí o no. Se veía a sí mismo como el “malo” en una “peli” de James Bond.


STÉPHANE MARSIL

Productor
¿Desde el principio de la aventura, tenía la intención de hacer una película internacional?

La primera intención era hacer una gran película de aventuras francesa. Al mismo tiempo, sabemos que para crear este tipo de producción y asignarle el presupuesto necesario, no nos podemos limitar al territorio franco-francés. Entre el mito de “Lupin”, lo que trasmite y la época en la que se desarrolla, la de un momento crucial en su siglo, sabíamos que teníamos un tema universal.

Y además, el fichaje de Kristin Scott Thomas, perfecta para interpretar a la Condesa de Cagliostro, había despertado la curiosidad por la película a escala internacional.
¿El secreto de creación de la película reside en una larga preparación?

¿Cuáles han sido las dificultades inherentes a la producción?

Para que el rodaje de una película como “Arsène” fuera un éxito, había que hacerlo muy bien más allá de la preparación, en la génesis artística de la producción. Desde la escritura del guión al estreno, es un proyecto que hemos ido desarrollando durante tres años. Hemos tenido, por tanto, tiempo suficiente para anticiparnos a cada etapa. Ya que íbamos a revisar y transgredir un período, creamos, durante los nueve meses que precedieron al inicio del rodaje, una dirección artística para aportar una idea de modernidad en el tratamiento de una película de época.

Creamos en torno a Jean-Paul una célula, compuesta por Françoise Dupertuis, jefa decoradora, Pierre-Jean Larroque, creador del vestuario, Pascal Ridao, director de fotografía y Maxime Rebière, storyboarder, con el objetivo de buscar, de determinar la corriente y el talante de lo que sería la película.

Para mí, era una manera de optimizar la producción y tratar así de conseguir una película ambiciosa a la par que lúdica. Y espero que los espectadores nos sigan. Además, los actores de esta película, Romain Duris a la cabeza, se han embarcado en el juego de la aventura física y no se han limitado a la pura interpretación.


¿Es usted un productor intervensionista?

El productor es el segundo elemento de una pareja formada con el director. Es un papel de diálogo, de creación, de apoyo y de dinamismo para que la película vaya siempre hacia arriba. Y si estoy muy presente en todas las etapas, es porque no sé hacerlo de otro modo. Eso no quiere decir que me entrometa en el trabajo de Jean-Paul. Nunca le he impuesto nada. Es un auténtico director de orquesta que ha escogido sus propias opciones pero que tiene la inteligencia de estar abierto a cualquier aportación externa de producción artística. El director, los actores, los equipos técnicos y el productor, cada uno tenía el aliciente de un reto real y la motivación de hacer la misma película. Cuando te embarcas en una empresa de este tipo, sabes que toda la energía y todo el talento serán determinantes para obtener la calidad de producción que nos hemos fijado como objetivo, tanto el director como yo.



PASCAL RIDAO

Director de fotografía
Siempre existe alguna dificultad para iluminar una película de época. Cada uno tiene la suya. El objetivo en esta película consistía en unir dos períodos en una misma cronología. La película comienza en una época de fin de siglo, la de los castillos, de la provincia y de la iluminación con velas y luego pasa a una era más moderna: la de la electricidad, la industrialización y la técnica. En cuanto dimos con la manera de respetar la estética del guión, nos pusimos a buscar el aspecto intimista de la historia de un adolescente, modernizando el enfoque y la imagen de Lupin, sin olvidarnos de integrar las escenas de acción.

El reto consistía en obtener una buena mezcla de géneros. La película de Jean-Paul tiene tal abanico de ambientes que siempre hemos tratado de conciliar luz y puesta en escena para respetar el tono de la escritura. Por este motivo no hemos sistematizado una determinada luz para un personaje. Hemos preferido abordar la densidad de los decorados y de las secuencias por medio del color y del encuadre. El principio se rodó con objetivos largos, más clásicos, a continuación y de manera progresiva, fuimos pasando a los objetivos más cortos y al trabajo de cámara al hombro, para aportar un mayor dinamismo y que la película ganara en vivacidad.

Jean-Paul afronta las cosas de manera directa. Es de esos directores que saben lo que quieren en materia de fotografía. Tiene un bagaje técnico importante que le permite diseñar una auténtica estética de la luz. Conoce las emulsiones, los objetivos y sabe definir los ejes de cámara. Es muy intervencionista durante la preparación, porque nos habla de la película y del efecto que le gustaría conseguir.

En el rodaje, sin embargo, nos da una gran libertad, confía en nosotros.

Al final, si hemos conseguido desarrollar todas las opciones de trabajo, es porque Jean-Paul tenía una idea clara de la película que quería realizar y ha sabido trasmitírnosla.

FRANCOISE DUPERTUIS

Decoradora Jefe
La trampa de una película de época es, precisamente, que la película de época se convierta en el tema principal de la película. No había que limitarse a una fiel reproducción sino hacer más hincapié en la dinámica de la imagen.

La construcción de decorados, al margen de los que se han creado en estudio, exigía un duro y largo trabajo de fabricación e intervención. Al ser una película con un entorno histórico, son pocos los decorados que puedes entregar llave en mano.

Siempre hay algo que estropea el marco, ya sea un cartel o una farola. Aunque hemos añadido más de lo que hemos quitado. Por ejemplo, quería que hubiera agua. Decidí mojar los exteriores, para que hubiera brillo, contraste. Me parecía que era mágico poder ver el reflejo de las damas con sus vistosos vestidos en los charcos de agua. Jugábamos, al mismo tiempo, con el “suelo espejo” y poner suelo de tierra en la plaza de la Ópera. Es sorprendente ver como, después de seis horas de instalación, al cambiar el color del suelo de la plaza, cambia también la luz y la acústica. Fue una apuesta atrevida, en la que no podíamos permitirnos ningún margen de error, ya que sólo teníamos la jornada del 15 de agosto.

En general, lo que queríamos, siguiendo el dictamen de Jean-Paul Salomé, era hacer un corte y dejar en el siglo XIX lo que es monarquía, e inscribir en el siglo XX y el inicio de la era industrial, todo lo relativo a Joséphine y Lupin.

La barcaza de la Condesa, que construimos en estudio, es como el ataúd del Conde Drácula. Con ella puede viajar en el tiempo, porque es un personaje inmortal. La barcaza está llena de trampas pero, al mismo tiempo, da sensación de confort. Una especie de sala de curiosidades inquietante, en un principio, que luego vamos controlando y que, al final, se vuelve peligrosa.

Como la Condesa era un personaje tóxico, venenoso, quería introducirla en medio de algo orgánico y extraño. Por eso, dentro de la barcaza, hay un invernadero con plantas carnívoras.

El gran acierto de la película de Jean-Paul Salomé es que aborda un tema tan vasto como rico, con un sinfín de elementos para crear y de ideas que proponer. Todo ello inscrito en el reto de encontrar la fórmula mágica que conjugue deseo, realización, tiempo y presupuesto. Stéphane Marsil, el productor, me hizo todo un regalo al confiarme la responsabilidad de los decorados, porque pudimos dotar a la película de una escritura visual.
PIERRE-JEAN LARROQUE

Creación de vestuario
Nuestro primer objetivo era desprendernos de todo aquello que es reconstrucción de época, alejarnos de ello tratando de modernizarlo. Despojarnos de los tics del verismo, salirnos de la recreación exacta desde el punto de vista histórico nos permitiría tomarnos las libertades que quisiéramos. Habíamos aplicado un principio que consistía en pensar que era mejor hacer falso pero bello que feo aunque verdadero.

Jean-Paul Salomé no tenía una idea precisa sobre el vestuario. Sabía lo que no quería. Después de leer el guión, estudiamos juntos los cambios obligatorios que teníamos que realizar sobre el vestuario escrito. Íbamos a trabajar por secuencia y por personaje.

El pliego de condiciones para Arsène era armonizar su aspecto contemporáneo y atractivo.

Con respecto a los otros personajes, es un adelantado para su época. El look y los peinados se inspiraban más en la moda de los años 30 que en la de finales del siglo XIX.

En cuanto a la Condesa, era alguien que tenía que sorprender allí dónde fuera, era como una aparición. Subyuga tanto a los espectadores como a los protagonistas de la historia. Es coqueta y extravagante. Simboliza la fantasía. Nos inspiramos en varias figuras históricas de renombre, como la Condesa de Greffulhe – inspiradora de Marcel Proust, la Cassati y la Condesa de Castiglione.

Las tres son símbolos de una época brillante y artificial, en la que las mujeres vivían para rendir culto a su propia belleza.

Para este trabajo, que se asemeja al de la confección de alta costura en la creación de piezas originales, hemos validado 20 cambios de vestuario para Romain Duris y 18 trajes para Kristin Scott Thomas. En cuanto a los otros papeles principales, hemos creado 80 trajes de los 500 que se han elaborado en total para la película.

Sin estar demasiado presente ni demasiado ausente, el traje suele dar fuerza al actor, lo realza y le ayuda a interpretar mejor. Un traje nunca hará que un actor sea bueno o malo, simplemente sirve para prolongar o anticipar la historia que se está contando.


CARTIER, el nuevo cómplice de Arsène Lupin

Esta aventura cinematográfica es una oportunidad para Cartier de volver a demostrar su pasión por el cine.

El objeto del deseo, esta vez, es nada más y nada menos que el “collar de la Reina”.

Para reproducir la joya, Cartier ha buscado los documentos de archivo del espectacular collar de la Bella Otero, figura mundana de la época, que se inspiraba en un diseño del collar de la Reina María Antonieta, esposa de Luis XVI – una pieza que fue robada en circunstancias rocambolescas la víspera de la Revolución Francesa. El collar es de rejilla de diamantes con adorno de “corsage” de nudos y bolas, con diamantes engastados. La experiencia y el buen hacer de Cartier resultaron indispensables porque, para reconstruir algunas joyas desaparecidas, había que buscar documentos originales y fotos de piezas antiguas en los Archivos de la Casa.

Por ejemplo, para la gran escena del baile, Cartier realizó copias de unas quince creaciones de alta joyería en estilo guirnalda, algunas de ellas habían pertenecido a personajes célebres de la época.

Otro préstamo para esta misma escena de piezas auténticas, esta vez, un aderezo que lleva la Condesa en una armonía de colores verdes y azules, que recuerdan la decoración de “pavo real” que tanto gustaba a Luis Cartier: un collar de zafiro, esmeralda, diamantes y platino y pendientes de esmeralda, ónice y diamantes, creados por Cartier en 1923.

A través de estas recreaciones históricas, vemos como revive el esplendor de la vida parisina de principios del siglo XX, con sus ambientes y los lugares que fueron testigos del éxito del joyero de la rue de la Paix. Un placer para los ojos, el placer de una pasión por transmitir y compartir.


Filmografía escogida

Jean-Paul Salomé
Arsène Lupin (2004)

La máscara del faraón – Belphégor, el fantasma del Louvre (2001)

No se separen del grupo (1998)

Les braqueuses (1994)


Filmografía escogida

Romain Duris
Les Poupées russes (2005) de Cédric Klapisch

De battre mon cœur s’est arrêté (2005) de Jacques Audiard

Arsène Lupin (2004) de Jean-Paul Salomé

Exils (2004) de Tony Gatlif

Le Divorce (2003) de James Ivory

Osmose (2003) de Raphael Fejto

Pas si grave (2003) de Bernard Rapp

Adolphe (2002) de Benoît Jacquot

17 veces Cécile Cassard (2002) de Christophe Honoré

Una casa de locos (L’Auberge Espagnole) (2002) de Cédric Klapisch

Being Light (2001) de Pascal Arnold et Jean-Marc Barr

CQ (2001) de Roman Coppola

Érase una vez (Le petit poucet) (2000) de Olivier Dahan

La cigogne (1999) de Tony Gatlif

Peut-être (1999) de Cédric Klapisch

Déjà mort (1997) de Olivier Dahan

Gadjo Dilo (1997) de Tony Gatlif

Dobermann (1997) de Jan Kounen

Cada uno busca su gato (Chacun cherche son chat) (1996) de Cédric Klapisch

Mémoire d’un jeune con (1996) de Patrick Aurignac

Le péril jeune (1994) de Cédric klapisch

FIPA de Oro Chamrousse 1994 Grand Prix

Premio Coup de Coeur Festival París 1994

Filmografía escogida


Kristin Scott Thomas

Man to man (2004) de Régis Wargnier

Arsène Lupin (2003) de Jean-Paul Salomé

Pequeñas Heridas (Petites coupures) (2002) de Pascal Bonitzer

Gosford Park (2001) de Robert Altman

Construyendo la vida (Life as a house) (2001) de Irwin Winkler

El Misterio de la Villa (Up at the Villa) (1999) de Philip Haas

Destinos Cruzados (Random Hearts) (1999) de Sydney Pollack

El Juego de la Venganza (The Revengers' Comedies) (1998) de

Malcolm Mowbray

El Hombre que susurraba a los caballos (The Horse Whisperer) (1998) de Robert Redford

El Paciente Inglés (The English patient) (1996) de Anthony Minghella

- Nominada al Óscar como mejor actriz -

Misión Imposible (Mission: Impossible) de Brian De Palma

Ricardo III (1996) de Richard Loncraine

Le Confessionnal (1994) de Robert Lepage

Un été inoubliable (1993) de Lucian Pintilie

Cuatro bodas y un funeral (1993) de Mike Newell

Lunas de hiel (1992) de Roman Polanski

Aux yeux du monde (1990) de Eric Rochant con Charlotte Gainsbourg, Yvan Attal

Bille en tête (1989) de Carlo Cotti

Fuerza Mayor (1988) de Pierre Jolivet

Under the cherry moon (1984) de Prince

Filmografía escogida

Pascal Greggory.
Arsène Lupin (2004) de Jean-Paul Salomé

Raja (2003) de Jacques Doillon

La vie promise (2002) de Olivier Dahan

Nido de avispas (Nid de guêpes) (2001) de Florent-Emilio Siri

La confusión de géneros (La confusion des genres) (2002) de Ilan Duran Cohen

La fidelidad (La fidélité) (2000) de Andrzej Zulawski

Juana de Arco (1999) de Luc Besson

Le Temps retrouvé (1998) de Raoul Ruiz

Zonzon, el pozo negro (Zonzon) (1998) de Laurent Bouhnik

Ceux qui m’aiment prendront le train (1998) de Patrice Chéreau

La reina Margot (1994) de Patrice Chéreau

L’arbre, le maire et la médiathèque (1993) de Eric Rohmer

Pauline à la plage (1982) de Eric Rohmer

Las hermanas Bronte (Les Soeurs Bronte) (1978) de André Techiné



Filmografía escogida

Eva Green
Kingdom of Heaven (2005) de Ridley Scott

Arsène Lupin (2004) de Jean-Paul Salomé

Soñadores (The Dreamers) (2002) de Bernardo Bertolucci


Filmografía escogida


Robin Renucci
Arsène Lupin (2004) de Jean-Paul Salomé

Le Furet (2003) de Jean-Pierre Mocky

Soñadores (The Dreamers) (2002) de Bernardo Bertolucci

Confesiones íntimas de una mujer (Les Enfants du siècle) (1999) de Diane Kurys

Poisson-Lune (1992) de Bertrand van Effenterre

Masques (1987) de Claude Chabrol

Etats d'ame (1985) de Jacques Fansten

Escalier C (1984) de Jean-Charles Tacchella

Vive la sociale (1983) de Gérard Mordillat

Eaux profondes (1981) de Michel Deville



Filmografía escogida

Hugo Films
Arsène Lupin (2004) de Jean-Paul Salomé

Gomez et Tavares (2003) de Gilles Paquet-Brenner

Se souvenir des belles choses (2002) de Zabou BREITMAN

Les jolies choses (2001) de Gilles Paquet-Brenn

Ca reste entre nous(1998) de Martin Lamotte

L’homme idéal (1997) de Xavier Gélin

La teta y la luna (1995) de Bigas Luna

Huevos de Oro (1994) de Bigas Luna

Loulou Graffiti (1992) de Christian Lejalé

Promotion canapé (1990) de Didier Kaminka

Mister Frost (1990) de Philippe Setbon


Ficha artística


ARSENE LUPIN Romain DURIS

JOSEPHINE Kristin SCOTT THOMAS

BEAUMAGNAN Pascal GREGGORY

CLARISSE Eva GREEN

DREUX-SOUBISE Robin RENUCCI

LEONARD Patrick TOOMEY

EL DUQUE DE ORLEANS Mathieu CARRIÈRE

BONNETOT Philippe MAGNAN

HENRIETTE LUPIN Marie BUNEL

CARDENAL D'ETIGUES Philippe LEMAIRE

LA DUQUESA Françoise LEPINE

LA MUJER DE LOS DIAMANTES Jessica BOYDE

MESTIZA Gaëlle VINCENT

ARSENE NIÑO Guillaume HUET

CLARISSE NIÑA Adèle CSECH

JEAN LUPIN Aurélien WIIK

Ficha técnica

PRODUCTOR Stéphane MARSIL/HUGO FILMS

DIRECTOR Jean-Paul SALOMÉ

GUIÓN Y DIÁLOGOS Jean-Paul SALOMÉ/ Laurent VACHAUD

Basado en la obra de Maurice Leblanc

“La Comtesse de Cagliostro”


Equipo Técnico

Productor Ejecutivo Alain PEYROLLAZ

Director de Producción Clément SENTILHES

Primer Ayudante de Dirección Ludovic BERNARD

Director de Fotografía Pascal RIDAO (A.F.C.)

Operador Jefe de Sonido Laurent POIRIER

Decorados Françoise DUPERTUIS

Casting Stéphane FOENKINOS (ARDA)

Louis HAMMOND

Vestuario Pierre-Jean LARROQUE

Peinados Jan ARCHIBALD

Maquilladores Jefes Kathy DUCKER, Frédérique NEY

Montaje Marie-Pierre RENAUD

Montaje Sonido Vincent GUILLON

Mezclas Dean HUMPHREYS

Música original Debbie WISEMAN



{0>Chanson générique de fin Interprétée par –Msuperviseur musical Edouard DUBOIS<}0{>Canción títulos de crédito interpretada por –M

Supervisor musical Edouard DUBOIS<0}

Supervisor de efectos visuales Rodolphe CHABRIER

Regidor General Antoine THERON

Storyboard Maxime REBIERE

Una coproducción de:



Hugo Films - M6 Films - TF1 Films Production - Poisson Rouge Pictures (UK) - Vértigo Films (España) - Rai Cinema (Italia)


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