Sobre la identidad



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REFLEXIONES

SOBRE LA IDENTIDAD



el ser y el beber ser



Guillermo Marín

Con fraternal agradecimiento a

Felipe Chacón

Raúl Gutiérrez y

Gabriel Rojas

Tere Chacón

Derechos Reservados: Guillermo Marín Ruiz

ISBN en trámite

Oaxaca, México, 2012

Portada: Fragmento del mural del maestro Alfredo Salce.

INDICE

PREFACIO


1 LA IGNORANCIA DE NOSOTROS MISMOS…………………………………………………………………………5

2 EL ROSTRO Y EL CORAZÓN NEGADO……………………………………………………………………………….9

3 EL GRAN ENGAÑO HISTÓRICO DE MÉXICO……………………………………………………………………14

4 TOLTECAS Y LA TOLTECÁYOTL……………………………………………………………………………………….20

5 LA CIVILIZACIÓN DEL ANÁHUAC ANTE LA HISTORIA OFICIAL………………………………………27

6 HUNAB KU o TLOQUE NAHUAQUE………………………………………………………………………………….33

7 EL QUETZALCÓATL CÓSMICO………………………………………………………………………………………….40

8 ¿QUIENES SOMOS ESTOS, QUE NOS DECIMOS MEXICANOS?................................................45

9 PSICOLOGÍA DEL MEXICANO………………………………………………………………………………………….50

10 MEXICA-NO…ANAHUACA SÍ…………………………………………………………………………………………..59

11 EL CONCEPTO DE MÉXICO Y MEXICANO EN LA COLONIZACIÓN DEL ANÁHUAC……….…66

12 PREHISPÁNICO-MESOAMERICÁNO…………………………………………………………………………….…75

13 SÍMBOLOS DEL MESTIZAJE…………………………………………………………………………………….……..82

14 NUESTRO PUEBLO…mestizo europeo o mestizo anahuaca…………………………………………….…..86

15 LA COLONIZACIÓN IDEOLÓGICA DEL ANÁHUAC…………………………………………………….…….93

16 MÉXICO Y SU SOCIEDAD TIENEN UNA ESTRUCTURA COLONIAL…………………………….……99

17 “EL PASADO PREHISPANICO”, entre lo propio y lo ajeno…………………………………………….……104

18 LA HISTORIA TIENE LA RESPUESTA……………………………………………………………………….…….108

19 LA ARQUEOLOGIA Y LA HISTORIA EN MÉXICO………………………………………………………….…122

20 LA ARQUEOLOGÍA DEL ESPÍRITU…………………………………………………………………………….…..126

21 LA LIMITADA VISIÓN DEL CONQUISTADOR COLONIZADOR………………………………………..130

22 EL NACIONALISMO CRIOLLO……………………………………………………………………………………….133

23 LA PERMANENTE TRAICION DE LOS CRIOLLOS…………………………………………………………..136

24 EL DESAFÍO HISTÓRICO DE LOS CRIOLLOS Y LOS MESTIZOS………………………………………145

25 EL ORIGEN HISTÓRICO Y CULTURAL DE LA VIOLENCIA EN MÉXICO…………………………..153

26 ¿QUIÉNES SON ESTOS HOMBRES Y QUIÉNES LES HAN DADO TAL AUTORIDAD SOBRE NOSOTROS?........................................................................................................................................171

27 TERRORISMO RELIGIOSO EUROPEO EN EL ANÁHUAC………………………………………………...176

28 LA TRIPLE CONVERSIÓN: LENKERSDORF, RUIZ Y MARCOS…………………………………………185

29 ANTE LA QUIEBRA DE LA IDEOLOGÍA CRIOLLA…………………………………………………………..190

30 REPENSAR LA NACIÓN: reparchar o refundar...........................................................................194

31 Y POR QUÉ NO, IDEALIZAR AL ANÁHUAC

Y CONOCER A LOS LEGENDARIOS TOLTECAS…………………………………………………………………..207

32 EL ADVENIMIENTO DEL SEXTO SOL…………………………………………………………………………….216

PREFACIO

La reflexión sobre la “identidad del mexicano y lo mexicano” no es una tarea ociosa o superflua, por el contrario, resulta un desafío que se ha evitado lo más posible. La ideología neocolonial ha desalentado este proceso inevitable para despertar la consciencia no solo “del pueblo”, si no de las mentes más brillantes. El nacionalismo y patrioterismo criollo “queman en leña verde” a quienes lo intentan. En su momento lo entendió Samuel Ramos y Octavio Paz en sus tímidos intentos por definir “el perfil del hombre y la cultura” para encontrar la salida al “laberinto de la soledad”.

A pesar de que se esconda el problema de quiénes somos, en un supuesto mestizaje que nos hace a todos iguales ante la ley y la sociedad, sabemos por experiencia histórica que nuestra sociedad es rabiosamente clasista e hipócritamente racista. Que seguimos viendo bajo un Sistema Colonial disfrazado de una “democracia bananera”, en la que sigue existiendo un riguroso Sistema de Castas dirigida por una élite de criollos y extranjeros avecindados, un puñado de “adelantados conquistadores”, encomiendas y encomenderos regionales y nacionales, y una inmensa masa de “masehuales”: entre ladinos, “indiosdesindianizados” y mestizos anahuacas.

Los siguientes artículos son una selección de trabajos presentados en la Internet a través del blog “tolteca-guillermomarin.blogsopt.com” y que ha despertado el interés de todo tipo de personas en la red, nacionales y extranjeros en la llamada “aldea global”, dado que, muchos de los problemas que agobian a las sociedades, comenzando con el de las “identidades”, son comunes a todos en virtud que los males, también son globales.

El problema de la Identidad Cultural, en este trabajo, es abordado sobre la dimensión cultural de la civilización del Cem Anáhuac y la Toltecáyotl. Otro ángulo del problema que poco se ha abordado. Esperamos que estas reflexiones abran aún más las dudas y destruya los sitios comunes que cierran el camino de la necesaria introspección que debemos de hacer, los mal llamados “mexicanos”, ante el derrumbe del Estado criollo.

Guillermo Marín



1

LA IGNORANCIA DE NOSOTROS MISMOS

Los millones de personas que viven en lo que hoy se conoce como “México”, en general, tienen una noción muy vaga y pobre, o muchas veces nula de sus orígenes y evolución como pueblo, culturas y civilización.

Este fenómeno es sumamente grave y perjudicial para conformar lo que es la Identidad Cultural, la Identidad Nacional y la conciencia de la Nación. Así como es el principal elemento que permite la injusticia, la enajenación y la explotación. Esta falta de consciencia ha sido producida a propósito como parte de la colonización, primero de los españoles (1521-1821) y después de los criollos (1821-2011).

Mantener a una persona, una familia o a un pueblo ignorante de sí mismo, es mantenerlo en la indefensión absoluta, en la inseguridad y temor permanente, en la auto anulación y desprecio de lo que se es, contra lo que se le ha impuesto ser. Al no saber quién es, cuáles son sus orígenes, su historia, su legado, su nombre, sus valores y principios, se le condena a perpetuidad a vivir en un estado amnésico, a ser “un extranjero ignorante en su propia tierra”, permanentemente exaltando lo ajeno y rabiosamente despreciando lo propio. Conocedor de Europa e ignorante del Anáhuac.

Un ignorante que se menosprecia y se desprecia. Inseguro y violento, blofero y acomplejado, irascible y nervioso, débil y despiadado, el mexicano “ideológicamente criollo” es un ser humano incompleto. Desde hace cinco siglos le hace falta “su otra parte”. La negada, la desconocida, la despreciada. Vive como bastardo en la cultura del “Padre” (Occidente) y vive como “hijo de la chingada” despreciado la cultura Madre (Anáhuac).

Son así todos los mexicanos, por supuesto que no. Existen muchos “Méxicos” diferentes y muchos estereotipos de “mexicanos”. Pero generalizando para acercarnos a éste misterio diremos que existe un “México profundo” de estirpe anahuaca (del que nos habla Bonfil Batalla), que no tiene dudas de su identidad. Y un “México imaginario” de estirpe europea, que también, no tiene dudas de su identidad. Pero existe un “tercer México”, el que está entre “el azul y las buenas noches”, del de “sí, pero no”. Me refiero a la inmensa masa de mestizos desculturizados. Esos que no son urbanos ni campesinos. Los que no han llegado a apropiarse de la cultura ajena y han perdido la propia. Los mexicanos que transitan torpemente a tropezones y caídas en “el laberinto de la desolación”.

Los que son del “México imaginario” y poseen el poder, el dinero, los medios y la cultura dominante, no tienen problemas de identidad, porque su “abuelito era español” y se sienten cimentados culturalmente por “la Madre Patria” (Europa). Para ellos, México inicia en 1821 con la Independencia; la Colonia, la conquista y la época “prehispánica” (siete mil ochocientos años desde la invención de la agricultura hasta 1821), son intrascendentes antecedentes de “su país” (de menos de 200 años). Para ellos, México es producto del “encuentro de dos culturas” y gracias a la llegada de sus “antepasados” europeos, “las tribus” encabezadas por el “poderoso Imperio Azteca”, dejaron de hacer sacrificios humanos, guerras y adoraciones idolátricas. Aceptan el mestizaje, pero inconscientemente su “mezcla es mucho más europea”.

Los mexicanos del “México profundo”, los llamados “indios o indígenas”, en muchos de los casos no se sienten “mexicanos”. Ellos se identifican a sí mismos como mayas, zapotecos, mixtecos, purépechas, etc. Ellos poseen “el costumbre”, que por cierto, cada día es más difícil de seguir debido a la pobreza, la migración y la intensa desculturización que ejerce sobre ellos las clases dominantes a través de la multimedia. Actualmente están siendo asediados por las empresas trasnacionales y las corruptas y traidoras autoridades gubernamentales de los tres niveles, que los quieren despojar de sus recursos naturales y el medio más eficaz es la destrucción de sus culturas ancestrales que son comunitarias y sustentadas en la democracia participativa, es decir, “La Asamblea” y su sistema de organización conocido como “los usos y costumbres”, es decir, que la autoridad “manda obedeciendo” al pueblo.

En tercer lugar tenemos a la inmensa masa de mestizos desculturizados. Los hijos del “canal de las barras y las estrellas”, los “modernos”, los sumisos consumidores de productos chatarra, las legiones de desempleados y subempleados, la carne de cañón del sistema neocolonial. Los que están huyendo de la cultura Madre y nunca pueden alcanzar el estatus, -aunque sea-, de “gringo de tercera”. Los que se aplican cremas blanqueadoras y tintes de cabello para verse “blancos y rubios” y le ponen nombres en inglés a sus hijos. Los analfabetos funcionales, los “licenciados” sin título, los consumidores a crédito, los fanáticos del deporte comercial, los fans de las estrellas de la farándula, los patrioteros. Como gritaron “las ladies de Polanco”, desde lo más profundo de su racismo y desprecio colonial… ¡los asalariados de mierda!

Este país que llamamos equivocadamente México, porque no todos somos mexicas. Este país que desconoce ser una de las seis civilizaciones más antiguas del planeta. Este país que durante tres siglos quiso ser más español que España, y después más francés que Francia y ahora más gringo que Estados Unidos. Este país que desconoce los más grandes logros civilizatorios de sus antepasados y desprecia la raíz cultural de su identidad más profunda. Este país que desde 1521, el poder, las instituciones, las autoridades y las leyes no le pertenecen al pueblo y están en manos de corsarios, que llegan a apoderarse ilegalmente del gobierno para robar, explotar y depredar al pueblo y sus recursos naturales. Desde Cortés hasta Calderón. Este país que jamás ha sido nuestro.

Este país, que con su gente y sus recursos naturales, está ofrecido permanentemente al mejor postor. Este país de gente despreciada y maltratada a lo largo de cinco siglos. Este país de feroces colonizados-colonizadores. Despiadados con el hermano y sumisos ante el extranjero.

Este país se tiene que encontrar a sí mismo. Este país tiene que buscar el espejo humeante de Tezcatlipoca para reconocer su auténtico rostro y su corazón verdadero. Este país tiene que librar una guerra interior para desprender al “Hernán Cortés”, que en cada “mexicano”, se ha ido filtrado en lo profundo de su corazón, y que con “un poquito de poder” brota violento y resentido contra el hermano más débil o indefenso para vengar las afrentas sufridas durante cinco siglos de dolor e injusticia.

La Batalla Florida de los herederos culturales de los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos toltecas, debe ser contra LA IGNORANCIA DE NOSOTROS MISMOS. Tenemos que recuperar la memoria y con ello nuestro genuino rostro y nuestro corazón verdadero. Tenemos que vencer la amnesia en que hemos sido sometidos. Necesitamos saber, -con urgencia-, quiénes en verdad hemos sido, para saber quiénes somos. Qué fue lo que verdaderamente fuimos capaces de hacer, para saber qué debemos hacer. Cuál es nuestra verdadera herencia cultural y cuál nuestro legado, para preservarlo y desarrollarlo. Tenemos que recuperar nuestro pasado, para poder tener futuro “propio nuestro”.

Todos debemos luchar en el fondo de nuestro corazón por liberarnos de la ignorancia. Los anahuacas mayas, los anahuacas zapotecos, los anahuacas mixtecos, los anahuacas nahuas y todos los anahuacas de los pueblos originarios, junto con todos los anahuacas mestizos y los euroanahuacas. Todos los que aman la vida y respetan a la naturaleza. Toda la gente que quiere crear una sociedad más justa y humana. Todos los que quieren acabar una sociedad colonial de vencedores y vencidos. Todos los que están dispuestos a trabajar, luchar y sacrificarse por crear un futuro mejor para las nuevas generaciones. Todos los que aman a esta Tierra y su milenaria civilización.

Lunes 19 de septiembre de 2011

2

EL ROSTRO Y EL CORAZÓN NEGADO

Los habitantes de lo que hoy llamamos equivocadamente “México” (porque no todos somos “mexicas”), hemos vivido casi cinco siglos de espaldas a la sabiduría y experiencia humana de una de las seis más importantes civilizaciones del mundo. Tres siglos en el periodo colonial (1521-1821) y casi dos siglos en el periodo neocolonial llamado con eufemismo “periodo independiente” (1821-2011). Los pueblos y culturas originarias han sido brutal y sistemáticamente excluidos en la construcción de la sociedad y el proyecto colonial “peninsular” y neocolonial “criollo”.

La negación del patrimonio cultural de más de ocho milenios, que implica la pérdida de la sabiduría sistematizada en los milenarios sistemas de alimentación, salud, educación y organización social, entre muchos otros. Esta valiosa experiencia humana desde 1521 ha sido negada, excluida y menospreciada, primero por el colonizador peninsular y luego por el criollo neocolonizador. Los juicios de valor sobre la civilización del Anáhuac, que un día expresaron –en medio de toda su ignorancia y perversidad-, Hernán Cortés y Bernal Díaz, siguen vivos y vigentes hasta nuestros días.

La civilización del Anáhuac fue descrita, -para justificar el holocausto que representó la invasión, destrucción y esclavitud en el periodo colonial-, una civilización primitiva, demoniaca, perversa, degradada, caníbal y deshumanizada. Y en el periodo neocolonial, sigue siendo para la ideología criolla una civilización retardataria, primitiva, sin aspiraciones para progresar e incorporarse al modelo económico-político-social del país que los criollos fundaron en 1821.

La exclusión de la civilización del Anáhuac en la construcción de México, ha condenado a este proyecto al fracaso desde su nacimiento. La razón: por una parte, excluye el potencial historio-cultural de una de las seis civilizaciones más antiguas y con origen autónomo del mundo. Y por otra parte, excluye el potencial humano de la mayor parte de su población. Esto es como si China y la India, para ser lo que hoy son como potencias mundiales, excluyeran sus civilizaciones originarias y ancestrales, y pretendieran cimentar su desarrollo en una supuesta herencia cultural inglesa, y unos y otros “presumieran a sus abuelitos ingleses” y fueran ignorantes de su civilización Madre. Este es, justamente, el drama que vive lo que hoy llamamos “México”.

La ideología criolla ha pretendido borrar de la mente y del corazón la herencia cultural de la Civilización del Anáhuac de los habitantes del país que llaman México. La ideología hace pensar que el 13 de agosto de 1521 calló como un telón la Civilización del Anáhuac con Tenochtitlán, y que con la creación del Virreinato de la Nueva España, nada de lo que “civilizadamente” existe en esta tierra, tiene que ver con la civilización del Anáhuac, lo que es totalmente falso y aberrante. La ideología criolla toma como “antecedente remoto” de “su país”, el periodo colonial, en donde los héroes son Cristóbal Colón y Hernán Cortés. Y para ellos, México inicia su historia con las “gestas heroicas” de los criollos Hidalgo, Allende y Iturvide. La cultura mexica, en la historia oficial criolla, es magnificada en todos los sentidos. Tanto el poder y extensión de su dominio, como en su belicosidad y canibalismo, que da como resultada la supuesta valentía de los conquistadores, así como su noble empresa, la que han llamado con eufemismo rampante “encuentro de civilizaciones”.

Con esta mentalidad colonizada de los actuales mexicanos, cuando se trata de recuperar los valores y principios ancestrales de la sabiduría de la civilización del Anáhuac, automáticamente la gente -en general-, desacredita cualquier intento argumentando una serie de burdos sitios comunes, desde que ya no existe la civilización del Anáhuac, que los pueblos anahuacas llamados “indios o indígenas” nada pueden aportar con su atraso a la “modernidad buscada” desde hace dos siglos en el extranjero o que es una utopía “volver al pasado”. La gente acepta que es mestiza, pero su mestizaje lo sitúa en “su abuelito español” y en el color de su piel. México es un país hipócritamente racista y clasista. Y la peor ofensa es decirle “indio” a una persona.

Cuando hablamos de la Toltecáyotl (la sabiduría tolteca), no estamos hablando de razas o fenotipos. En cambio, nos referimos a la sabiduría y experiencia existencial de nuestros antepasados sistematizada en valores y actitudes, desde que eran nómadas-recolectores-cazadores, pasando por los que construyeron las ahora llamadas “zonas arqueológicas”, los que vivieron el Postclásico, la Colonia, el Siglo XIX y hasta nuestros días. Una civilización no puede desaparecer y mantiene una continuidad a pasar de la invasión y colonización. Esta experiencia y sabiduría esta en el “banco genético de información cultural” en cada individuo de los hoy llamados “mexicanos”, no importa que sea mestizo, criollo o anahuaca (indígena).

Resulta tan aberrante y esquizofrénico negar la presencia de la cultura Occidental en nuestro mestizaje cultural, como negar la presencia de la civilización del Anáhuac. Negar cualquiera de las dos partes que nos conforman es nulificarnos. El par de opuestos complementarios requieren de su totalidad para producir el tercero diferente. Sí se excluye la parte anahuaca no se logra la síntesis dialéctica. Por esta razón los mexicanos actuales, “morenitos y güeritos” solo somos mestizos raciales, pero no culturales. Cuando incorporemos a nuestro ser y a nuestra identidad la riqueza humana anahuaca, pletórica de sabiduría y experiencia, entonces iniciaremos la construcción de un mestizaje integral-consciente-trascendente.

Por la colonización mental y cultural, existen mexicanos que se violentan cuando escuchan estas ideas y propuestas. Para ellos, el pasado pasó y nada tienen que ver con el universo civilizador anahuaca, aunque no pueden dejar de comer tortillas, frijoles, chiles, tamales, sentir a su familia en las entrañas y amar a la naturaleza, ver natural el “día de muertos” y creer en Guadalupe-Tonatzín. Lo anahuaca está en los subjetivos espacios de la percepción del mundo, la vida y la muerte, en las íntimas profundidades de lo sagrado y de lo divino.

Los estadounidenses y europeos tienen paradigmas y arquetipos, la ideología criolla de los mexicanos no. Ellos tienen a Superman, Batman, la Estatua de la Libertad, los europeos vibran con historias de brujos con Harry Potter o fantasías de la “cultura celta”. Occidente finca su “ancestral origen” en la “antigua” cultura grecolatina. Pero por la colonización, los mexicanos no podemos poseer paradigmas y arquetipos nacidos hace miles de años en el Anáhuac. Los modelos en México siempre son extranjeros. Admiramos a Europa y nos despreció, colonizó y explotó. Admiramos a E.U. y nos desprecia y nos explota.

Los “mexicanos” no podemos sentir orgullo de nosotros mismos, la colonización nos hace impotentes e inseguros, negando lo propio y exaltando lo ajeno. Tratando de ser lo que jamás seremos y depreciando lo que esencialmente somos. Así les convenimos a la ideología criolla: ignorantes de nosotros mismos, inseguros y violentos, abusivos y corruptos, irrespetuosos y desordenados, flojos y mal hechos. En un país así se puede robar, asesinar, explotar, mentir, defraudar y nadie puede decir nada…porque todos lo hacemos en la medida de nuestras posibilidades de “colonizador-colonizado”. Y en ese tenor, los poderosos en la economía y la política son referentes del “éxito” al explotar y engañar al prójimo, pasando sobre las leyes, las autoridades y las instituciones. Este tipo de personas son el prototipo del éxito, desde Hernán Cortés hasta Carlos Slim, todo están cortados por la misma “tijera colonizadora”.

Se requiere “re-pensar este país”. Acabar con el modelo colonial y crear un país que no excluya a la civilización Madre de la que están conformados la mayoría de los ciudadanos, consciente e inconscientemente, tangible e intangiblemente. Los mestizos debemos de recuperar “nuestra otra parte perdida”, para lograr la totalidad y con ello la plenitud, como persona, familia y pueblo. Retomar lo mejor de las dos partes que nos conforman la experiencia y sabiduría humana para la construcción de un país justo y humano.

Domingo 31 de julio de 2011.



3

EL GRAN ENGAÑO HISTÓRICO DE MÉXICO.

Gran parte de las personas que habitamos este vasto territorio llamado México, hemos vivido engañados los últimos dos siglos. Usados y explotados por un puñado de depredadores que han llegado sucesivamente a estas tierras y han explotado inhumanamente a los pueblos originarios y han depredado despiadadamente sus recursos naturales.

Para hacer posible esto, los colonizadores-explotadores fundamentalmente le han quitado “la memoria histórica a los invadidos”. Es decir, los han mantenido en un estado amnésico. No saben quiénes son, de dónde vienen y mucho menos a dónde van. Una inmensa masa de gente ignorante, desculturizada y desmemoriada. Tratando de ser…lo que el colonizador le impone que sea a su conveniencia. Trescientos años tratando de ser españoles y hasta le pusieron a esta tierra “La Nueva España”, después cien años pretendiendo fallidamente ser franceses y en el último siglo, hemos tratado de ser inútilmente norteamericanos. Permanentemente despreciando lo propio y exaltando frenéticamente lo ajeno.

Este enorme pueblo mestizo desculturizado, que rechaza tercamente ser indígena y desprecia rabiosamente la Cultura Madre. Que pretende ser “mestizo-europeizado” o de perdida “moderno-agringado”. Se aleja de lo indígena y que nunca llega a ser español, francés o norteamericano. Ese ciudadano ignorante, vulgar, fatuo. Aquél que construye sus paradigmas existenciales en la televisión, en las marcas comerciales, en la “modernidad”, en el consumo. Ese que es en el fondo inseguro, violento, desconfiado, despiadado, temeroso, voraz y depredador. Ese que jamás será urbano, ni respetará una línea de personas, ese que rebasa por la derecha y se pasa los altos, el que se estaciona en doble fila y no da el paso a los peatones. El que tira basura en todas partes y siempre quiere sacar provecho personal de los demás…ese que desprecia a los indígenas y los campesinos y admira a los extranjeros. Ese que siempre se piensa por encima de los demás. Ese que no sabe nada de la historia antigua de la Civilización Madre que le da vida y esencia. Ese que por desgracias es la gran mayoría en este país. Este ciudadano es una perfecta creación del colonizador-explotador, así nos quieren así nos necesitan así los hacemos ricos.

Solo teniendo esa clase de gente, los colonizadores explotadores pueden seguir haciendo grandes fortunas y vivir en la injusticia más cínica. Como casi todos los grandes capitales de este país, están en manos de “CRIOLLOS”, es decir, hijos de extranjeros avecindados en este país. La riqueza de Carlos Slim, sus secuaces y sus paisanos es directamente proporcional a la ignorancia del pueblo que explotan. Poco menos del 10% de ¿mexicanos? (los criollos) posee el 40% de la riqueza nacional. Es decir, este país le pertenece a unos cuantos y los demás son…como ganado o pollos en granja. Más nada.

Este “país” nació gracias a una lucha entre criollos y peninsulares por el derecho de explotar a los invadidos. Nuestra profunda herencia civilizatoria de siete milenios y medio ha sido brutalmente cercenada. Se impuso un sistema colonial durante 3 siglos y los criollos traicionaron a sus parientes y les echaron encima a la inmensa masa de nativos pobres y sedientos de justicia. Esa fue la Guerra de “Independencia”. Toda cambió para seguir igual.

Los criollos se inventaron “su país”, al que le pusieron MÉXICO indebidamente, pues en la memoria histórica milenaria se sabe que estas tierras son EL ANÁHUAC. México viene de mexicas, de modo que los zapotecas, mixtecas, mayas y un largo etcétera no son mexicas y por ende, con propiedad, ¡mexicanos!

Durante el siglo XIX los criollos se dividieron en dos bandos: masones yorkinos-liberales-federalistas-republicanos (priístas) y se enfrentaron a los masones escoceses-conservadores-centralistas-monárquicos (panistas), en una guerra fratricida por el poder, en la que fuimos invadidos en dos ocasiones y nos quitaron más de la mitad del territorio. Ni los peninsulares ni los criollos les han dado una verdadera oportunidad a los pueblos originales y a la Cultura Madre en estos quinientos años de colonización y neo colonización.

La Colonia y el país…siempre han sido de ellos y para ellos. ¿Cómo lo han logrado?, quitándole la memoria histórica al vencido-invadido. Haciéndale creer primero que era súbito español y después “mexicano”. Que él desciende de españoles o franceses, que él nada tiene que ver con la civilización indígena que se presume muerta. Que ser parte de la Civilización Madre es cosa negativa y de bajo nivel, esto es ser: naco, yope, indio, ignorante, vulgar, pobre, que no es lo mismo pero es igual.

Rechazar su Cultura, sus orígenes, sus tradiciones, su historia, su fenotipo, su color de piel, rechazarse a sí mismo y tratar de ser un colonizador de su propio pueblo (a eso le han enseñado a llamarle “triunfar”). En un mundo depredador, en un país en donde es todos contra todos, en el que no se respeta la ley, en el que la corrupción es el aceite que mueve al sistema, en el que el más sinvergüenza es el más listo, en el que no hay justicia, equidad, ni piedad…en un país así, es como Carlos Silm puede hacerse el hombre más rico del mundo. El Sistema Colonial es eso precisamente, desorden, corrupción, vulgaridad, ignorancia, en el pueblo; porque piénselo bien amable lector, “a río revuelto, ¡ganancia de criollos neo colonizadores!

A los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos nos han engañado quinientos años. Nos han hecho perder nuestra memoria histórica, nuestro orgullo de ser herederos de una de las seis civilizaciones más antiguas del planeta. Nos han hecho creer que fuimos “novohispanos” y que hoy somos “mexicanos”, pero desde la INVASIÓN hemos perdido la propiedad y conducción de nuestra NACIÓN. Nos han hecho olvidar (momentáneamente) que somos hijos del ANÁHUAC, que somos poseedores de una milenaria sabiduría de cómo vivir en armonía con nuestros semejantes y con la naturaleza. Nos han hecho perder nuestros conocimientos sobre el mundo y la vida. Nos han quitado el sentido sagrado y místico de la existencia. Nos han vuelto inseguros, frágiles, violentos, ignorantes, dependientes. De esta manera se explica el por qué Fox mandó quitar de los estudios de Secundaria la Historia antigua de México.

Este país llamado México NO nos pertenece, por lo menos a la gran mayoría. Existe un 10% de criollos que tienen el poder y el dinero, otro 10% poseen solo el 1% de la riqueza y por supuesto, son los pueblos indígenas. Y existe una inmensa masa del 80% de mestizos desculturizados, hijos del canal de las barras y las estrellas. Dispuestos a pintarse el cabello de amarillo, a untarse cremas blanqueadores, a ponerle a sus hijos nombres extranjeros, a ser consumidores “muuderrnos”, a comer comida chatarra y pasear en los “moles”, a vivir a crédito y cumplir el anhelo existencial de ir a Disneylandia.

Millones de “mexicanos” que viven entre las telecomedias, los partidos de fútbol, los noticieros, los “reality shoes” y los chismes de los artistas, la filosofía de Ramones, Brozo, Cristina y la flaco y el gordo. Creyendo en las farsas de la mañosa democracia electorera, esperando sacar mayor partido y mejor provecho personal de la política corrupta.

Gente vulgar, vana, superflua, que solo vive pensando en tener dinero y poder comprar y ver más televisión. Personas insensibles e inconscientes, embrutecidas, fácilmente manejables e influenciables y explotables.

La riqueza de unos cuantos se fundamenta precisamente en todo esto. En la pérdida de la memoria histórica, en la ignorancia de nosotros mismos, en el rechazo y desprecio que hemos aprendido a tener de “lo propio-nuestro”.

El invasor-colonizador-explotador nos puede permitir cualquier cosa, MENOS QUE RECUPEREMOS LA MEMEORIA HISTÓRICA y sepamos quiénes somos, de dónde venimos y a dónde queremos ir, como individuos y como pueblo. Porque en eso memento se acaba su poder y su riqueza. Esta es la razón por la cual los mexicanos somos “INDEFENSOS EXTRANJEROS INCULTOS EN NUESTRA PROPIA TIERRA”. Conocedores de Europa y sabedores de qué color era el caballo blanco de Napoleón, el Coliseo Romano y el Partenón griego, pero totalmente ignorantes cuando vamos a Teotihuacán, Monte Alban o Chicen Itza.

Esta es la razón por la que no entendemos qué es lo que pasa “en nuestro país”. Pensamos que quienes tienen el poder y el dinero son hermanos nuestros y están preocupados solidariamente por nosotros, “el pueblo-su pueblo”. Que comparten un proyecto de mejora común, en el que nos ligan las mismas aspiraciones, anhelos y proyectos. Pero eso NO ES CIERTO, los que tienen el poder y el dinero desde 1521, solo pretenden explotar y depredar, para regresar a su verdadera tierra a disfrutar sus ganancias, como Slim que se la vive en Líbano.

El gran engaño es que “México” no nos pertenece, en cambio, El Anáhuac es nuestro futuro, el propio-nuestro. Solo tenemos que despertar recuperando la milenaria memoria histórica. Abrir los ojos y poner la mirada en el fondo de nuestro corazón.

Año de 2007.

4

TOLTECAS Y LA TOLTECÁYOTL

Mucho se ha escrito de los “toltecas” y en verdad poco se sabe de ellos. Se ha dicho –equivocadamente- que fue un “pueblo o cultura” y generalmente se confunden con las historias del periodo Postclásico decadente del Anáhuac (850-1521 d.C.)

Los toltecas fueron un linaje de conocimiento de la sabiduría ancestral del Cem Anáhuac. Es decir, tolteca es un “grado de conocimiento” de la Toltecáyotl. Todas las civilizaciones antiguas con origen autónomo tuvieron una “estructura de conocimiento” que les permitió desarrollar el “andamiaje cultural” con el cual transformar el mundo y darle significado, tanto en la material como en lo inmaterial. La Toltecáyotl es la suma sistematizada de los conocimientos de la civilización anahuaca por lograr “el equilibrio”, tanto en el plano material exterior, como en el plano inmaterial interior.

Toltecáyotl será entonces el “arte de vivir en equilibrio” y por eso “tolteca” es, -simbólicamente-, “el artista” entre los artistas. El que hace brotar los rostros propios y los corazones verdaderos, el que ilumina como una tea que no humea, “el maestro” entre maestros.

De modo que existían en el Cem Anáhuac un puñado de toltecas provenientes de todos los pueblos y culturas. Estos hombres y mujeres de conocimiento estudiaban y practicaban los conocimientos de la Toltecáyotl, en el periodo Clásico, en lo que hoy conocemos como “zonas arqueológicas” y que nunca fueron palacios, fortalezas, ciudades o “centros ceremoniales”. Si no, centros de investigación y estudio de las posibilidades humanas en torno a parámetros energéticos que hoy la ciencia occidental empieza a percibir. El centro irradiador de la Toltecáyotl fue Teotihuacán lugar en donde “los seres humanos alcanzaban la divinidad”.

La Toltecáyotl y los toltecas, seguramente surgieron desde el periodo Preclásico. Evolucionaron desde ser nómadas, cazadores, recolectores; pasando por sedentarios agricultores hasta lograr desarrollar y construir un complejo sistema de conocimientos y valores que les permitieron resolver sus problemas existenciales de carácter material de manera eficiente, para pasar a plantear la solución de los problemas existenciales de orden inmaterial o de trascendencia, con la llamada cultura olmeca.

En efecto, los llamados olmecas o conocedores “de la medida del movimiento”, fueron los primeros “maestros” que empezaron a estructurar lo que conocemos como Toltecáyotl. Es interesante observar que a lo largo de la historia anahuaca, desde aproximadamente el año seis mil u ocho mil antes de la era cristiana, existió una línea de pensamiento unificador que estructuró y permeó los tres periodos (Preclásico, Clásico y Postclásico) con una misma raíz filosófica cultural, que se puede observar en la arquitectura, iconografía, rituales, valores, usos y costumbres de todos los pueblos anahuacas, aunque totalmente diversificada a través de sus pueblos y culturas en el espacio y en el tiempo anahuaca. El maíz y Quetzalcóatl son los símbolos por excelencia de la realidad “material y espiritual” del Anáhuac.

Por ello, Quetzalcóatl no fue ni un personaje y menos “un dios” como lo dijeron algunos pueblos anahuacas del periodo Postclásico, y los conquistadores respectivamente. Quetzalcóatl en cambio es un símbolo filosófico y un arquetipo humano como lo han tenido las otras civilizaciones antiguas de la humanidad.

Porque podemos observar en la cultura olmeca en el año 1200 a.C. en Chalcatzingo, Morelos a la “Serpiente Emplumada” esculpida en los grandes peñascos de la zona arqueológica. Pero también lo apreciamos en Teotihuacán en el año 200 d.C. en el periodo Clásico, y aún en la Gran Tenochtitlán en el periodo Postclásico con los mexicas en 1500 d.c. De modo que no pudo ser un ser humano. Tampoco fue un “dios”, pues sabemos que en la religión anahuaca no existían dioses. Solo se percibía una divinidad suprema que no tenía forma, nombre y no podía ser representada. Sin embargo, existían múltiples manifestaciones o advocaciones de su inconmensurable poder y presencia. Estas múltiples advocaciones de lo desconocido, innombrable, invisible e impalpable, los colonizadores de ayer y de hoy, por ignorancia o por dolo les han llamado “dioses” para justificar su erradicación y la imposición de su evangelio, y los investigadores, su errados y desafortunados trabajos, que reducen la Toltecáyotl a un puñado de idolatrías y “primitivas creencias”.

Pero la realidad es otra. “El Quetzalcóatl” nos está hablando de una figura filosófica o de una aspiración humana por encontrar “el equilibrio” a través del uso correcto de “la medida”. Para la Toltecáyotl el ser humano metafóricamente se divide en cuatro partes a partir de “su centro” o llamado “co” en lengua náhuatl, que significa “ombligo”. Del ombligo a la cabeza simboliza el cielo y el Espíritu, se representa con el Quetzal el ave más bella que remonta las alturas deseadas por el ser humano. Del ombligo a los pies simboliza la Tierra y la materia, se simboliza con una serpiente que en lengua náhuatl se dice “cóatl”. De modo que “Quetzal-cóatl” significa filosóficamente la unión y el equilibrio entre el Espíritu y la materia. Las otras dos partes vienen de la división longitudinal del ser humano en la parte derecha o tonal y la parte izquierda o nahual, que representan del mundo y del individuo respectivamente: El Sol, lo masculino y la razón; y la Luna, lo femenino y la intuición.

Quetzalcóatl, la Toltecáyotl y los toltecas son la parte más decantada, -“el fruto florecido”-, de la civilización del Anáhuac y que hasta la fecha, poco se sabe de este portentoso conocimiento que dio sabiduría, dirección y continuidad a más de tres mil quinientos años de Desarrollo Humano en el Cem Anáhuac.

De esta manera podemos afirmar que los maestros “toltecas olmecas”, tuvieron su continuidad con los maestros “toltecas mayas, zapotecos y nahuas”, por citar solo tres de las diferentes culturas del Anáhuac. Sin embargo, a partir del “colapso del periodo Clásico” alrededor del año 850, “los toltecas” desaparecieron del tlaltipac o faz de la tierra, destruyendo sus numerosos centros de conocimiento y encubriendo su milenario conocimiento. Dejando la profecía que regresarían a restaurar la armonía y el equilibrio en el Anáhuac en el año uno caña, que se repite cada 52 años.

El mito o metáfora de que Quetzalcóatl es que fue engañado y derrotado por su contraparte Tezcatlipoca, quien logro vencer “las defensas” que lo protegían en su palacio y le entregó un espejo como regalo, el cual al verlo Quetzalcóatl, “encontró a un anciano” y por lo cual se trasgredió y pecó, perdiendo su pureza. Motivo por el cual abandonó el Anáhuac. La metáfora nos sugiere que el conocimiento “envejeció” y tuvo que “retirase” temporalmente para “restaurarse” con la promesa de que regresaría para restablecer la armonía y el equilibrio.

Tiempo después, el recuerdo de Quetzalcóatl y sus enseñanzas empezar a transformarse y corromperse con las sucesivas generaciones. Algunos pueblos transformaron los ancestrales mitos y los ajustaron a “su historia”, en la cual aparece Quetzalcóatl como un dios o un personaje. Este nuevo periodo se conoce como Postclásico y el “recuerdo” de Quetzalcóatl se irá transformado según los intereses de los grupos de poder. En efecto, durante el periodo Clásico existió un periodo de paz y los pueblos vivieron en armonía y equilibrio durante más de diez siglos guiados por los venerables maestros toltecas y la sabiduría de la Toltecáyotl. Floreció la cultura en su diversidad pero mantuvo su raíz filosófica y sobre todo, una unidad cultural asombrosa.

Esta “unidad en la diversidad cultural”, no solo se manifestó en los múltiples idiomas, manifestaciones religiosas, arquitectura, iconografía, arte, alimentos, vestido, etc. Sino fundamentalmente en el aspecto filosófico. Una región tan extensa como el Cem Anáhuac y con tantos pueblos diferentes, mantuvo la unidad cultural en base a la matriz filosófica cultural que representó la Toltecáyotl. El tolteca, no importaba que hablara lengua náhuatl, maya o zapoteco, hablaba de los mismos conceptos filosóficos y mantenía los mismos valores y principios. Lo que permitió que todos los pueblos fueran diferentes pero hermanados por las mismas elevadas aspiraciones existenciales.

A partir del Siglo X en el Anáhuac se inició la búsqueda de “re-construir” esta asombrosa unidad cultural que duró un milenio, pero ya no con la sabiduría, sino con las armas y las alianzas entre pueblos y linajes familiares. En la ausencia de los toltecas algunos pueblos y líderes trataron de reunificar esta totalidad cultural. Los mayas, los mixtecos, los purépechas y finalmente los mexicas lo intentaron, pero con logros parciales y limitados en tiempo y espacio hasta la llegada de los invasores europeos.

Sin embargo, es importante señalar que los toltecas solo “desaparecieron” del tlatipac, pero nunca se extinguieron o se acabo la Toltecáyotl. Los toltecas siguieron con el desarrollo de la Toltecáyotl, pero ahora fuera del mundo cotidiano e inmediato. Los toltecas han seguido sus linajes de conocimiento a través del tiempo. Su capacidad e impecabilidad los ha hecho ser “invisibles” en medio de los tumultos de la colonia y el México independiente, llegando hasta nuestros días impecables e inmaculados. Por otra parte, La Toltecáyotl ha seguido viva en el subconsciente de los pueblos y culturas de lo que hoy conforma México.

Finalmente los historiadores colonizadores desde Clavijero hasta los contemporáneos –nacionales y extranjeros-, han hecho de los “toltecas” un pueblo y una cultura. Cosa que es un equívoco y una muestra del desconocimiento y desprecio con el que han “investigado y estudiado” el pasado ancestral de nuestra civilización. Actualmente en el mosaico multiétnico de la nación, no aparecen los “toltecas” dentro de los 62 pueblos originarios. Sí fueron un pueblo, y éste fue tan importante, cómo es posible que no exista en la actualidad, cuando encontramos pueblos como los tacuates que, a pesar de su relativa importancia en el “pasado indígena de la nación”, permanecen y han sabido sobrevivir a su muerte histórica. Los toltecas nunca han sido un pueblo ni una cultura, sino un grado de conocimiento de la Toltecáyotl.

Lo cierto es que los toltecas ocultaron sus conocimientos. No sabemos la razón, pero la destrucción de lo que hoy conocemos como zonas arqueológicas del periodo Clásico, no solo representó un formidable esfuerzo, sino es el símbolo irrefutable de que su conocimiento se “encubrió”, pero que ha seguido en pleno y permanente desarrollo. El hecho de que la cultura dominante no lo pueda conocer y manipular esta sabiduría, no implica necesariamente que no exista. Solo se ha mantenido fuera de “la realidad o mundo conocido” de la cultura dominante.

La Toltecáyotl y los toltecas son el mejor recurso que tenemos para construir un país de justicia, igualdad y humanismo. Representa el Patrimonio Cultural más importante que hemos heredado de los más de siete mil quinientos años que conforman el pasado del Cem Anáhuac. La profecía de su retorno sigue viva en el subconsciente y en el corazón de los pueblos que conforman el “México” de nuestros días.

Bibliografía recomendada sobre el tema:

“Toltecáyotl: aspectos de la cultura náhuatl”.

Miguel León-Portilla FCE. Méx. 1983.

“Historia Verdadera del México Profundo”.

Guillermo Marín. www.toltecayotl.org

Sección Libros.


Miércoles 10 de noviembre de 2010.

5

LA CIVILIZACIÓN DEL ANÁHUAC

ANTE LA HISTORIA OFICIAL

atrasada o adelantada a su época.

Desde la llegada al continente del Cem Anáhuac la cultura europea decretó por mandato real y pontificio, que la civilización agredida era primitiva y demoniaca, por lo cual se “justificaba” la invasión y colonización para cristianizar a los pueblos salvajes y civilizarlos a imagen y semejanza de España, que por cierto, apenas hasta 1516 se había constituido en el Reino de España. En efecto, los reinos de Castilla y Aragón iniciaron después de finiquitar la Guerra de Reconquista (1492) contra los moros, una guerra de conquista contra los reinos de la península ibérica que culminó hasta 1516, sin la dominación del reino lusitano, razón por la cual Portugal ahora es un país independiente.

La presunción de que los pueblos y culturas de las civilizaciones del Cem Anáhuac (Norte América) y Tawantinsuyo (Sur América) eran primitivas y salvajes, sigue vigente hasta nuestros días. No solo porque los escritos de Colón, Cortés y Díaz del castillo, -entre otros-, se siguen tomando como “fuentes verídicas”, a pesar que hoy sabemos que nunca tuvieron rigor académico, científico y que por el contrario, fueron escritos con mucha ignorancia, dolo y sobre todo, para obtener beneficios personales y/o justificar los delitos de lesa humanidad que cometieron en contra de los indefensos pueblos invadidos y también para justificar la violación a las propias leyes y autoridades peninsulares. Sino porque los dolosos y tendenciosos juicios que se hicieron se han venido repitiendo por los “historiadores” coloniales y neocoloniales, hasta llegar al “Libro de Texto” de la actualidad.

De esta manera se asume por todos, como cosa “verdadera y probada”, que los “aborígenes descubiertos, eran idólatras, caníbales, salvajes y guerreros” y que por esto, la conquista era “justa y necesaria”, como lo afirmaba Gines de Sepúlveda en el S. XVI en sus debates con Fray Bartolomé de las Casas, y Mel Gipson en el S. XX en su película “Apocalipto”. Como se ve, nada ha cambiado a pesar de que “ya se sabe que no se sabe nada” o muy poco de la civilización del Anáhuac.

Sin embargo, con un espíritu descolonizador e imparcial se puede llegar a dilucidar “la verdad del encuentro de los dos mundos”. Para 1492 los europeos estaban terminando con un largo y oscuro proceso histórico conocido como “La Edad Media”. Habían pasado muchos siglos desde que las culturas grecolatinas habían entrado en su decadencia. Los pueblos vivían en constantes guerras, espantosas epidemias y eran importadores del Lejano Oriente. Los europeos concebían al planeta como una superficie plana, que abarcaba “su mundo conocido” y que terminaba cuando el mar se precipitaba a un gran abismo. En ese entonces usaban el Calendario Juliano, de 365 días cerrados, por lo que cada cuatro años se desajustaba un día. Su religión, -la Católica Apostólica Romana-, venía de una derivación de la Judía y ésta a su vez, se había inspirado en la antigua religión Sumeria de Mesopotamia, donde la figura fundamental fue Zoroastro. De modo que su religión no era “original” y era un préstamo cultural que había tenido muchas transformaciones, deformaciones y degeneraciones entre el Cristianismo primigenio y la religión Católica del S. XV.

Por la otra parte los anahuacas provenían de un proceso endógeno de desarrollo cultural en el que no recibieron préstamos culturales de ninguna civilización del mundo, es decir, todo en el Anáhuac era creación propia y no copia o adaptación de otra cultura. A la llagada de los europeos tenían aproximadamente 75 siglos de desarrollo humano, desde la invención de la agricultura y vivían un periodo de decadencia cultural conocido como Postclásico (850-1521 d.C.). Sin embargo, se mantenía viva la herencia cultural tolteca. La región era la misma desde el origen de los tiempos anahuacas, por lo menos la podemos situar en el 3114 a.C. (según la cuenta del tiempo encontrada en una estela maya). La civilización mantuvo por decenas de siglos la misma estructura filosófica-cultural de su “religión originaria”. Es decir, una sola civilización con muchas culturas diferentes en tiempo y espacio, con sus múltiples variantes pero todas y cada una de ellas unida a la misma “matriz filosófica-cultural”. Por ejemplo: el símbolo tolteca de la energía luminosa en todas las culturas anahuacas era representado iconográficamente con unas anteojeras y una lengua de serpiente: los nahuas le llamaron Tláloc, los mayas Chac, los zapotecos Cosijo y los totonacos Tajín. Todos compartían el mismo precepto filosófico pero cada uno modificó su representación en tiempo y espacio, de acuerdo a las propias características de cada cultura.

Los pueblos y cultura del Anáhuac habían desarrollado el cero matemático y crearon a partir de la observación rigurosa de la mecánica celeste un sistema muy complejo, exacto e integrado, de varios calendarios ajustados perfectamente entre sí, -como un maravilloso y perfecto sistema de engrandes de reloj-. A partir del movimiento de la Tierra alrededor del Sol tenían una cuenta de 365.2420 días. De la luna de 13 lunaciones anuales y de 354 días, de Venus de 584 días (Venus gira alrededor del sol cada 224.7 días, pero debido a que la tierra se mueve a lo largo de su propia órbita, el planeta aparece en el mismo lugar del firmamento en un poco menos de 584 días) y la genialidad de un calendario en que se armonizaba la mecánica celeste con la energía de los seres humanos llamado Tonalamatl de 260 días, considerado “una de las mayores joyas del talento humano de todos los tiempos”, en donde la astronomía y la astrología en un equilibrio asombroso y perfecto le daban al ser humano una dimensión cósmica integrándolo al universo. Lo que hasta ahora se está “descubriendo” de la sabiduría de la Toltecáyotl, era impensado e incomprendido para los europeos del S. XVI y aún nos sorprende en pleno S. XXI.

Los Viejos Abuelos toltecas compartían un mismo conocimiento en tiempo y espacio entre todos los pueblos y culturas del Anáhuac. De modo que es impropio decir, “el calendario maya o el calendario azteca”, porque era un misma cuenta del tiempo solo que cada cultura le daba su toque personal iconográfico y lingüístico. Con propiedad podemos hablar de la cuenta del tiempo de la civilización del Anáhuac, manifiesta en las culturas maya, zapoteca, nahua, purépecha, etc. Esta cuenta del tiempo parte del 13 de agosto del año 3114 a.C., pasa por el año 2012 y se han encontrado fechas hasta del año 4000 d.C. Los anahuacas habían predicho con asombrosa exactitud todo tipo de fenómenos astronómicos, desde eclípseles solares, lunares, paso del Venus por el Sol, conjunción de planetas, etc.

En la rotación completa del sistema solar en la galaxia, nuestros antepasados hacían una división de dicha elipse en dos, con una fracción cada una de 12.812 años, llamando a la fracción más cercana al centro de la galaxia, Día, y a la parte más alejada de Hunab Ku; Noche, tal cual se divide en día y noche en la Tierra. A su vez, dicha elipse era partida en cinco períodos de 5.125 años: los cuales eran: Mañana, Mediodía, Tarde, Atardecer y Noche. Según nuestros Viejos Abuelos anahuacas, justamente a finales de este año, estaremos ingresando en la mañana galáctica, y es marcada por el rayo sincronizador desde Hunab Ku.

La famosa fecha del 21 de diciembre de 2012 tiene que ver con el final de un gran ciclo de 25,650 años en el que el Sistema Solar gira en una elíptica en torno al centro de la galaxia en la que nos encontramos, y este es el punto de este ensayo amable lector. Todo lo anteriormente descrito es producto de las recientes investigaciones astronómicas y arqueológicas conocidas como arqueoastronomía, así como con el desciframiento de la escritura maya. Ahora se sabe de los adelantados conocimientos que poseía la civilización del Anáhuac y que seguramente se dieron en la última etapa del periodo Preclásico (antes del 200 a.C.). El hecho de que nuestros Viejos Abuelos tuvieran consciencia del tiempo y el espacio, -no solo humano y de la Tierra-, sino su interrelación e integración con el universo. Nos habla de una concepción del ser humano, la vida, el mundo y el universo, que en 1492 o 1521, ni remotamente tenía los invasores europeos. No puede existir mejor ejemplo para comparar las cosmovisiones y la consciencia que tenían unos y otros. Es el más claro ejemplo de los niveles de desarrollo humano que tenía cada “mundo”, y la forma más directa de acabar con la injuria y la falsedad de la supuesta “inferioridad cultural” de la civilización del Anáhuac.

Occidente inició lo que hoy llamamos “ciencia” en el siglo XVII con Newton, Locke y Descartes. Pero a partir de 1521 destruyeron en el Cem Anáhuac un maravilloso legado de ciencia, único en el mundo, con más de cuatro mil años de desarrollo humano continuo. Quemaron centenares de códices, exterminaron a los hombres de conocimiento, destruyeron las escuelas, mataron a los maestros e impusieron un sistema colonial de explotación basado en el aniquilamiento de la condición de “ser humano” del invadido-vencido, la destrucción sistemática de su civilización, la condena a la ignorancia y la pérdida de la memoria histórica y la identidad cultural, además de una permanente campaña de denostación y desvalorización de sus logros y alcances.

Sin embargo, a la distancia de 491 años, debemos y tenemos que empezar a re-construir, re-pensar y descolonizar nuestra verdadera Historia.

Cuando los anahuacas: nahuas, mayas, zapotecos, etc., así como, mestizos, afro mestizos, criollos y hasta extranjeros avecindados descubramos la Toltecáyotl en toda sus dimensiones (comunitarias-familiares-personales, alimentarias, educativas, de salud y de organización social, divinas y sagradas), podremos construir un futuro compartido en el que todos seamos hermanos y no existan vencedores y vencidos.

Febrero 2012

6

HUNAB KU o TLOQUE NAHUAQUE

De la antigua lengua maya: hunab ku, se traduce como "dador del movimiento y la medida". Se compone de: hun, "único", "solo"; nab, "medida" y "movimiento" y ku o kub, "dador".

La civilización del Anáhuac es una sola, por múltiples culturas diferentes en tiempo y espacio que la representan. De modo que los mayas, nahuas o zapotecos, por solo citar tres de los más de doscientos pueblos que existieron antes de la invasión y ocupación europea. De modo que al poseer una misma “matriz-filosófico-cultural” conocida como Toltecáyotl, no estamos frente a “diferentes civilizaciones”, es decir, los mayas no son una civilización en sí mismos, son en cambio, parte de un todo hermanado que se conoce como Civilización del Cem Anáhuac.

Así que el concepto filosófico-espiritual de Hunab Ku, "dador del movimiento y la medida", no es creación única de la cultura maya, en la lengua náhuatl (lengua franca del Cem Anáhuac por miles de años) se nombra como Tloque Nahuaque. Así como Chac, que representa la energía luminosa del mundo simbolizado con el agua, también existe en la cultura zapoteca con el nombre de Cosijo, y de la misma manera la encontramos en la cultural nahua con el nombre de Tláloc. Las tres comparten la misma raíz filosófica-religiosa pero cada cultura la representará iconográficamente de maneras distintas, pero todas coincidirán en llevar unas anteojeras y una lengua de serpiente.

La concepción filosófica de “lo inconmensurable”, de aquella suprema consciencia o energía primigenia los anahuacas determinaron que no tenía nombre, ni forma, que era totalmente abstracto e inaprensible para las limitadas posibilidades humanas. De modo que para el S XVI los españoles le llamaban “Dios Padre”, Jehová y lo representaban con un anciano sentado en un trono, sosteniendo en la mano derecha una cruz y en la izquierda a un globo terráqueo. Los pueblos del Cem Anáhuac, los anahuacas treinta siglos antes decían que era invisible e impalpable, como el viento y la noche o le llamaban metafóricamente “Aquél por quien se vive”. De modo que no podía ser representado, lo que implica que los anahuacas no eran idólatras. El concepto en lengua náhuatl de “teotl” no significa dios, aunque así lo tradujeron los primeros misioneros.

Nuestros antepasados tenían Hunab Ku o Tloque Nahuaque o como le llamaran en las otras lenguas anahuacas. La concepción de una fuerza única, inconmensurable, invisible, impalpable e innombrable era su referente superior en los terrenos de lo divino y lo sagrado. Las diferentes advocaciones o manifestaciones de esta suprema realidad fueron representadas de manera simbólica. Estos diferentes simbolismos o advocaciones de una sola realidad, los misioneros por su corta visión o su fanatismo les llamaron “dioses”, justificando con esto la inferioridad de la milenaria religión endógena de los anahuacas, frente al sincretismo religioso y las múltiples transgresiones que sufrió la secta cristiana, surgida del judaísmo, al ser adoptada por las diferentes religiones locales de los pueblos europeos y puesta por Roma como religión de Estado.

La confusión surge porque los primeros investigadores han sido extranjeros, y ellos, siempre nos han “estudiado por nuestras diferencias y no por nuestras semejanzas”. De modo que ven al Cem Anáhuac como un “archipiélago en vez de un continente”, y sus “colegas nacionales” totalmente sometidos y colonizados, repiten sus errores hasta convertirlos en “la verdad oficial”.

Así que para los mayas y todos los demás pueblos del Anáhuac, Hunab Ku era el centro de todo de la galaxia, y a su vez, el corazón y la mente del Creador, hacia allí y a través del Sol, dirigían su mirada al estudiar las estrellas. Hunab Ku, es el centro y existían “esencias” menores. Los tlamatinime y las personas de conocimiento entendían la integralidad del universo con la Tierra y la vida humana. Nada estaba separado y todo era complementario. Y existía una consciencia o “energía” superior que se encontraba en el centro de lo “inconmensurable”.

Los anahuacas, sabían que su corazón y su mente están en el centro del universo y solo a través del Sol podían comunicarse con él. Considerado el centro de la galaxia y a su vez, el corazón y la mente del creador. Creador del mundo y del ser humano, construyó el mundo tres veces: La primera vez fue habitado por genios. La segunda vez por los dzolob, una raza oscura y siniestra, y la tercera y última por los anahuacas.

Por alguna razón, aproximadamente en el año 850 d.C. en el auge de su brillante civilización, partieron de sus ciudades que habían destruido, quemado y cubierto de tierra o simplemente abandonaron, dejando atrás soberbias construcciones, observatorios astronómicos, obras de arte, cientos de monumentos y estelas...y desaparecieron, sin saber cómo destruyeron, por qué lo hicieron y a dónde se fueron. Se sabe que dejaron guardianes de sus centros de investigación y estudio hoy conocidos como “zonas arqueológicas”, y que ellos preservan los valiosos códices escondidos hasta ahora. Algunos de los centros de conocimiento fueron repoblados por otros pueblos, pero la mayoría de estos centros de investigación y estudio fueron cubiertos y muchos de ellos siguen bajo tierra sin ser “descubiertos”.

Conforme se descubre el legado de la Civilización del Anáhuac, nos quedamos maravillados con estos adelantados astrónomos, matemáticos, físicos, ingenieros increíbles, constructores de monumentos impererecederos; consideraron los occidentales que poseían una visión superficial e ingenua del mundo, atrasada y primitiva. A la luz de los descubrimientos de las culturas anahuacas, percibimos con verdadero asombro que en algunos aspectos estaban más adelantados que los científicos actuales, y llevaban una ventaja de casi mil años a las civilizaciones del entorno, mucho antes que las civilizaciones contemporáneas de su época, los anahuacas dominaban un sistema numérico Binario Exponencial, con base en el número 2. Ya 500 años antes de los árabes, utilizaban el concepto del 0, y su calendario que sincroniza al sol, la luna y la tierra con el universo, es más exacto que el que utilizamos actualmente. Es más, sus medidas astronómicas probaron ser tan exactas, que comparándolas con las medidas tomadas por la NASA (Centro aeroespacial estadounidense) son apenas diferentes en milésimas de segundo; por ejemplo: Según los anahuacas, la rotación completa de la Tierra alrededor del Sol es de 365,2420; mientras que la NASA lo mide en 365,2422.

Los anahuacas mantenían la creencia de que del centro de la galaxia (Hunab Ku), cada 5.125 años, surge un “rayo sincronizador”, que justamente sincroniza al sol y a todos los planetas, con una poderosa emanación de energía.

En la rotación completa del sistema solar en la galaxia, ellos hacían una división de dicha elipse en dos, con una fracción cada una de 12.812 años, llamando a la fracción más cercana al centro de la galaxia, Día, y a la parte más alejada de Hunab Ku; Noche, tal cual se divide en día y noche en la Tierra. A su vez, dicha elipse era partida en cinco períodos de 5.125 años: los cuales eran: Mañana, Mediodía, Tarde, Atardecer y Noche. Según nuestros Viejos Abuelos anahuacas, justamente en nuestro nuevo milenio, estaremos ingresando en la mañana galáctica, y es marcada por el rayo sincronizador desde Hunab Ku.

Los hombres y mujeres de conocimiento nos dicen que el período intermedio al traspaso, dura 20 años, y ellos lo llaman “El tiempo del No-Tiempo”, en donde ocurren grandes cambios. Es allí cuando debemos ser capaces de transformarnos, puesto que será nuestra decisión seguir como humanidad o perecer en nuestra autodestrucción.

Encontramos un calendario que abruptamente, finaliza luego de una cuenta de 25.000 años, justamente en el cambio de nuestro milenio. Junto con ese calendario.

Es lógico suponer que todo esto puede ser una mera coincidencia, y las profecías, orientadas hacia personas que nacerían cientos de años después, pueden ser sólo parte de un mito mal comprendido por los que han comenzado a descifrar la escritura maya; además su extraña desaparición, sin dejar rastros, plantea dudas sobre un pueblo que sin un porvenir conocido en su propio tiempo, anuncia sin embargo, un futuro a otra fase de la civilización humana. Sus profecías tienen base científica, y aunque llegan a pocos iniciados llamadas poco perceptibles aseguran están llegando, pocos saben las casi imperceptibles llamadas de atención que se están recibiendo y que reciben quien es capaz de interpretarlos, y que la experiencia demuestran que dichas profecías están cumpliéndose.

Nuestros ancestros nos transmiten de hecho un mensaje de esperanza, pues nos dicen que esta época es el “Final del Miedo”. Si somos capaces de enfrentar este nuevo destino, podremos sobrevivir como especie y civilización, pero el tiempo corre y hay que decidirse, la primera profecía, marca los últimos 13 años, contando a partir de 1999, desde el momento del eclipse anular de sol del 11 de Agosto (también anunciado en sus mediciones), en los cuales cada individuo debe decidir sobre la humanidad; antes del Sábado 22 de diciembre de 2012, será el último día, según los Viejos Abuelos toltecas.

El símbolo conocido como Hunab Ku, se encuentra en el Códice de siglo XVI Magliabecchiano y en la reproducción que hizo Zelia Nuttall. En él se pinta en una manta y tiene una inscripción que dice “arena y agua”. Posteriormente fue asociado con la Vía Láctea y el “dios Hunab Ku” por José Arguelles en 1987 en su libro El Factor Maya, quien cambió el símbolo a uno circular.

Sin embargo, el símbolo en cuestión es propio de todas las culturas del Cem Anáhuac y no solo de los mayas. Está compuesto por cuatro mariposas que apuntan a los cuatro rumbos de la existencia dispuestas en “pares opuestos complementarios”, negra con blanca y blanca con negra, es decir, material e inmaterial, concepto iconográfico que nos presenta claramente el principio dialéctico del par de opuestos complementarios.

Es necesario saber que en la mitología tolteca del Anáhuac, los “guerreros y guerreras de la Muerte Florecida” se representaban con una mariposa en el pecho. Símbolo que implica que el ser humano es un capullo en evolución-transformación y que partir de la “Batalla Florida”, los guerreros salen victoriosos de su capullo convertidos en mariposas que se elevan en busca del cielo. Podemos ver la mariposa en el pecho de los llamados Atlantes de Tula, de Coatlicue y del Chac Mol.

En el centro del dibujo, donde se encuentran las cuatro mariposas surge el símbolo del caracol cortado de manera transversal, que es el símbolo por excelencia de Quetzalcóatl y que nos remite a la idea del “soplo divino que le da consciencia a la materia”.

El símbolo representa cabalmente el principio rector de la Toltecáyotl, como “el arte de vivir en equilibrio”. El equilibrio se logra a través de la “medida”, a su vez, la medida se obtiene por el movimiento de los astros o mecánica celeste. Es por ello que Hunab Ku significa, "dador del movimiento y la medida" para la civilización del Anáhuac y sus diferentes culturas en tiempo y espacio, pero todas unidas por la matriz filosófica-cultural de la Toltecáyotl.

Tomado en parte de:

http://lanaveva.wordpress.com/2010/05/07/hunab-hunab-ku-era-el-dios-supremo-de-los-mayas/

24 noviembre 2011.

7

EL QUETZALCÓATL CÓSMICO

Desde el inicio de los tiempos, el ser humano ha tenido que enfrentar el mundo, la vida y la muerte, desde dos posiciones fundamentales, con sus innumerables variantes y tesituras.

Desde la perspectiva espiritual o desde la material. Dos formas opuestas y complementarias. Esencialmente, el par de opuestos complementarios que, dialécticamente explican la existencia, desde la perspectiva “humana”.

En general, las civilizaciones más antiguas y con origen autónomo, sustentaron su desarrollo humano, desde la perspectiva del Espíritu. En ellas, “la materia” es un medio que permite el “trabajo” del Espíritu en el plano humano.

Sin embargo, es la cultura Occidental la que se ha encaminado por el desarrollo del mundo material. Esta visión nace de la “fusión de las apropiaciones culturales” de los remantes de las civilizaciones Madre, que surgieron entre los ríos Eúfrates, Tigres y Nilo, y que para el año 336 a.C. se encontraban en decadencia. Razón por la cual, el macedonio, Alejandro el Magno, las invadió y saqueó culturalmente para dar las bases a través de su fusión, de lo que más adelante conoceremos como cultura grecolatina, pero que tiene su génesis en la sabiduría de Mesopotamia, Egipto e India.

El ser humano, cuando llega a un estadio de madurez existencial, cuando ha dejado, por evolución, su estado “básico-animal” y se cuestiona el significado y la trascendencia de su propia existencia, se enfrenta al problema ontológico del ser. ¿Quién soy?, ¿de dónde vengo? y ¿a dónde iré?

En la Historia de la Humanidad, especialmente en la antigüedad, encontramos variados y diferentes caminos que se definieron por la visión espiritual-trascendente. La renunciación total al mundo material. El sacrificio simbólico y real, al cuerpo humano, como símbolo de la materia. El dolor y la carencia como vía a la iluminación para llegar al mundo del Espíritu. La espiritualidad y hasta en la religión, llegando a los espacios extremos del fundamentalismo.

De igual manera, podemos apreciar el camino opuesto. El del culto al mundo material, y con él, al de los sentidos. La visión “del aquí y del ahora”. De que lo único que se ve y se toca, es lo real y verdadero. De la limitación y finitud de la existencia, y de la realidad “de los placeres” terrenales. Hasta llegar al fundamentalismo “religioso”, del culto “al Becerro de Oro”. Entendida en la filosofía popular, como “el cuanto tienes, cuanto vales” y el dicho, “muerto el perro se acaba la rabia”.

Los antiguos habitantes del Anáhuac, como toda civilización Madre”, también se plantearon el problema ontológico del Ser. Resulta importante señalar que desde la temprana época olmeca (1500 a.C.), ya encontramos muy claramente definida, lo que será a lo largo de por lo menos tres mil años, la respuesta que iluminará el periodo de esplendor con la cultura tolteca (200 a.C.-850 d.C.) y a pesar del decaimiento cultural de periodo Postclásico, se mantendrá aún en los mexicas o aztecas (1325-1521 d.C.).

Asombra encontrar en “La Historia Universal”, una civilización que desde el mismo inicio de sus orígenes, ya nos presenta totalmente definida la respuesta al problema ontológico. En efecto, los olmecas “como tales” aparecen alrededor del año 1500 a.C., determinados ya con una propuesta filosófica totalmente decantada, que se mantendrá intacta, en lo esencial, hasta la invasión europea. Tal vez, la única salvedad es la trasgresión que hicieron los mexicas al pensamiento tolteca, a partir del año 1440 d.C., con la ascensión al poder de Tlacaélel, el ideólogo del imperialismo mexica, que trasgredió miles de años de la Toltecáyotl y en menos de 81 años, llevó no solo a los mexicas, a una catástrofe cultural-civilizatoria, sino que involucró a todo el Anáhuac.

La respuesta de la Toltecáyotl, al problema antológico del Ser, la encontramos presente iconográficamente desde los olmecas, en el periodo de tiempo conocido como Preclásico. Se mantendrá vigorosamente durante el siguiente periodo conocido como Clásico, en la llamada cultura tolteca. Y llegará incólume hasta el final del periodo Postclásico con la cultura mexica.

La Toltecáyotl resuelve el problema filosófico de manera precisa y clara. La respuesta es “el equilibrio”. El justo medio, el centro que unifica y armoniza a los opuestos complementarios. Y de manera simbólica lo representan con la figura del “Quetzalcóatl”. La metáfora y la parábola serán el lenguaje del Espíritu. Con “Flor y canto” los antiguos habitantes del Anáhuac nos hablan del maravilloso mito de “La Serpiente Emplumada”.

Iconográficamente la encontramos presente en La Venta, Tabasco y en Chalcatzingo, Morelos, en la cultura olmeca al inicio de la civilización del Anáhuac. Pero indiscutiblemente que ésta “iconografía”, es la punta de un inmenso iceberg filosófico tolteca. Así como “la paloma”, representa iconográficamente para los judeo-cristianos, el Espíritu Santo. Por ello “La Serpiente Emplumada”, será el motivo relevante en Teotihuacan en el periodo Clásico del esplendor, y posteriormente, en el periodo Postclásico decadente en Tenochtitlán.

Es el quetzal, el símbolo del Espíritu. En tanto es el ave con el plumaje más hermoso que vence la gravedad y levanta el vuelo a las alturas insondables del Espíritu.

Es la serpiente, el símbolo de la materia. En tanto es el reptil, el animal que se arrastra sobre el mundo material y en donde ejerce su poder.

Los sabios y milenarios toltecas, definen entonces la respuesta, al problema ontológico del ser, por medio del EQUILIBRIO. Encarnar el símbolo del Quetzalcóatl en la vida de todos los días, en el mundo real, es el desafío, no solo de Los Guerreros de la Muerte Florecida, sino de todos: masehuales, hombres y mujeres; yaquis, nahuas, zapotecos o mayas. De ayer y de hoy.

Esta es la razón por la cual, la institución de estudios superiores conocida como Calmécac, era conocida por “la casa de la medida”. En efecto, es la MEDIDA, lo que le permite al ser humano llegar el equilibrio. El equilibrio, de tal suerte, no solo es SABIDURÍA, sino fundamentalmente BELLEZA. Razón por la cual los toltecas definieron el campo del conocimiento filosófico como, “Flor y Canto”. En la que la primera, representa simbólicamente la belleza, y el segundo, la sabiduría.

La figura filosófica del “Quetzalcóatl” se nos presenta clara y luminosa desde el inicio de la creación del Anáhuac. Alcanzará el cenit, en el universo teotihuacano, y será expandido en todos los confines civilizados del Cen Anáhuac por los sabios maestros toltecas.

Quetzalcóatl para las culturas anahuacas, desde los olmecas hasta los mexicas, será el símbolo de la perfección humana. Lo mismo que Krishna y Zoroastro son para la India e Irak respectivamente. De esta manera, Quetzalcóatl ocupa un lugar fundamental para la comprensión de la Toltecáyotl y de lo que hoy somos los pueblos herederos de la sabiduría de los toltecas.

Año de 2011.



8

¿QUIENES SOMOS ESTOS,

QUE NOS DECIMOS MEXICANOS?

Los “mexicanos” hemos vivido de espaldas a nuestra Civilización Madre. Esto se debe a un proyecto colonizador que se ha implantado entre nosotros desde 1521. El colonizador-explotador ha sabido muy bien, que en la medida de que el pueblo invadido no tenga memoria histórica de su glorioso pasado, mientras no sepa quién es y de dónde viene, que no conozca los admirables logros de sus Viejos Abuelos, estará encadenado y esclavizado a través de la “ignorancia de sí mismo”. El detonante para romper las cadenas de la esclavitud esta en el conocimiento y la revalorización de nuestra historia antigua.

Nosotros, los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos, los descendientes de aquellos hombres y mujeres que un día construyeron a través de los siglos a la honra de “Aquél por quien se vive”, Monte Alban, Palenque o Teotihuacan, no somos “mexicanos”, porque no todos somos “mexicas”, aquellos que fueron los últimos bárbaros que llegaron del Norte en el siglo XIII d.C. al Altiplano Central.

Tampoco somos “hispanos”, porque hablamos un dialecto del castellano llamado español, como los norteamericanos no son ingleses por hablar la lengua inglesa. Tampoco somos “Latinos”, porque fue Napoleón III el que inventó ese concepto en el siglo XIX, cuando soñó con apoderarse de las excolonias españolas en América y don Benito Juárez le enseñó que no era posible. Entonces…sí no somos mexicanos, ni hispanos o latinos… ¿qué somos?

Por aquí debemos de empezar. Sí no sabemos quiénes somos, sí no sabemos de dónde venimos, no sabemos en dónde estamos y mucho menos a dónde queremos ir, como individuos y como nación. Sí no sabemos quienes fueron nuestros venerables maestros, sino conocemos sus obras, sus logros, sus creaciones… no tenemos un rostro propio y no tenemos un corazón verdadero. Andamos a tientas y a ciegas estos cinco siglos, tratando torpemente de salir del “laberinto de la soledad” donde nos han encerrado nuestros explotadores.

Tratando inútilmente de ser españoles y siendo despreciados por ellos, tratando de ser franceses y después norteamericanos de tercera. Siempre haciendo el ridículo, siempre siendo una copia mal hecha y tardía de nuestros explotadores, quienes nos menosprecian y nos rechazan.

¿Cómo le llamaban a esta, su tierra, nuestros Viejos Abuelos, desde el sexto milenio antes de Cristo hasta la llegada de los invasores-conquistadores en 1519? ¿Cómo le llamaban a su civilización, una de las seis más antiguas de la humanidad? ¿Cómo le llamaban a este continente durante los mil años de esplendor nuestros antepasados? ¿Cuál era la conciencia de sí mismos cuando nuestros antepasados inventaron el cero matemático, inventaron el maíz y la chinampa, crearon el calendario más exacto del mundo, el chocolate, la vainilla, el chicle o hacían asombrosas operaciones al cerebro o construían la ciudad más grande del mundo en el siglo XVI?

La cultura de los pueblos de lo que hoy llamamos “México” tiene ocho mil años de historia, desde la domesticación de las plantas hasta nuestros días. De ellos, siete mil quinientos años se escribieron sin la presencia del invasor-conquistador. En este largo periodo tuvimos tres etapas: Preclásico (6000ª.C a 200ª.C), Clásico o del esplendor (200ª.C. a 850 d.C.) y Postclásico (850 d.C. a 1521 d.C.). Finalmente, en los últimos cinco siglos hemos vivido una invasión-colonización-explotación por la cual se ha dado un mestizaje cultural.

Este mestizaje no fue un hecho humanista, generoso y altruista. Por el contrario, se sustentó en la violencia, la injusticia y la violación. No podemos negar que en la cultura de los pueblos de lo que los criollos llamaron “México” en 1821, está compuesta de una mezcla, no solo de la cultura ibérica u occidental, tenemos elementos culturales muy diversos de casi todo el mundo. Asia y África, con todas sus culturas están presentes en nuestro sincretismo cultural.

Dos ejemplos de lo que “es nuestro…pero no es propio”: el reboso se trajo de la India y la marimba de África, pero el pueblo se los apropió y los hizo “suyo”. Tenemos que aceptarnos mestizos, como todos los pueblos del mundo, comenzando por la propia España que fue invadida por celtas, godos, cartagineses, berberes, romanos, árabes e ingleses. La cultura española es un sincretismo de muchas culturas. Pero tenemos que reconocer que los siete mil quinientos años de desarrollo endógeno de la Cultura Madre son la base, sustento y estructura fundamental de todo lo que somos en esencia.

El desconocer, negar y rechazar nuestra ancestral cultura, la que nos hace esencialmente lo que somos, es negar nuestro más genuino potencial para entender el mundo y la vida, para SER y TRASCENDER. Y es esta, la poderosa arma del colonizador-explotador para mantenernos en la pobreza intelectual, espiritual y material en la que los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos, hemos vivido estos cinco siglos, primero a manos de los gachupines y ahora de los criollos. Su fuerza y su poder devienen de nuestra ignorancia de nosotros mismos, de nuestro propio olvido.

En estos cinco siglos de pobreza, injusticias y violencia social, sea a manos de los españoles, franceses, norteamericanos o de nosotros mismos, pues “el Hernán Cortés” que vive en el corazón de todos los colonizados, está latente a la espera de “un poquito de poder”, para pisar, explotar y violentar a sus hermanos. Durante cinco siglos ha querido ser otro conquistador-explotador, durante este tiempo se le ha enseñado que explotar, saquear y violentar al pueblo es el único camino para “triunfar” en la caníbal sociedad colonial.

En estos cinco siglos de colonización feroz e inhumana, la historia nos dice que no es a través de la lucha armada o la lucha política como se puede acabar con este injusto sistema colonial de explotación. No son las armas o los votos, es LA EDUCACIÓN la que puede liberar a nuestro pueblo de la pobreza, la injusticia y la explotación. La Educación, pero no la de los colonizadores-explotadores, no la de otros países y culturas, sino “la propia nuestra”. Muy pocos “mexicanos” saben que somos una de los seis civilizaciones más antiguas del planeta, pero tenemos un gran potencial que ninguna de las otras civilizaciones han tenido.

Nuestros Viejos Abuelos vivieron y se educaron en una sociedad escolarizada, por lo menos tres mil años. En efecto, la educación en nuestro pasado más antiguo era obligatoria y gratuita. Por lo menos desde los olmecas en el año 1500 a.C. hasta la llegada de los invasores en 1519 d.C., los Viejos Abuelos vivieron en una sociedad en donde no había niños sin escuela. Los telpochcalli , Cuicacalli y Calmécac estaban atendiendo a los niños desde los 7 años hasta los veinte, formando en la niñez “un rostro propio y un corazón verdadero”.

Tenemos tantas cosas qué descubrir de nuestro desconocido pasado, y que la educación oficial no ha quitado nuestra historia antigua, para que no recuperemos nuestra memoria, nuestro orgullo y nuestra dignidad. Esta Tierra y esta civilización por milenios se ha llamado ANÁHUAC y sus hijos somos anahuacas: anahuacas mexicas, zapotecas, mayas, mixtecas, totonacas, purépechas, huastecas, etc. Al continente le llamaron en lengua náhuatl “Cem Anáhuac”, que es un espacio astronómico y geográfico, delimitado por el movimiento del Sol. En un tiempo cercano a esta tierra se le volverá a conocer por su nombre verdadero. El México de los criollos habrá desaparecido y con él la colonización y la corrupción. Y volverá a ser esta tierra un lugar de honor y respeto, donde ya no haya vencedores y vencidos, invasores e invadidos, ricos extremadamente ricos y pobres extremadamente pobres.

Miércoles 17 de septiembre de 2008.





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