Sin pan (Un texto histórico, pero corregido) “No hay textos intocables. Todo escrito puede ser mejor



Descargar 70 Kb.
Fecha de conversión02.05.2018
Tamaño70 Kb.

SIN PAN

(Un texto histórico, pero corregido)


No hay textos intocables. Todo escrito puede ser mejor.

La corrección acompaña siempre a la creación,

desde antes de asumir la primera palabra de un poema.

En cierto modo, crear es ya corregir”

-Juarroz-

Antes de los albores de lo que se conoce como Revolución en sí, se encendieron en las mentes de muchos intelectuales europeos, las luces que sirvieron como guías para demarcar el sendero a tomar, antes, de levantar la primera bayoneta…

Thierry Lacroix trabajó durante la mayor parte de su vida para el emperador, sin ningún hecho que haya opacado su aplicada labor como archivista de la Corona francesa durante décadas de aplicado esmero. Junto a otros personajes, una motivación humanista de carácter netamente moral, había alcanzado su punto cúlmine en sus, aparentemente, despejadas y aburridas vidas, al servicio de la monarquía reinante. Hoy por hoy, quizá, llamaríamos logias a esos misteriosos grupos que operan desde el anonimato; pero en los días en que Thierry, esos grupos, aún, no llevaban nombre alguno; siendo que, como sus actuales predecesores, incluyeron gentes de diferentes calibres sociales, incluso, archivistas del Rey. Solo la utópica condición primera de querer cambiar el mundo era razón suficiente para militar a su lado.

Idealistas de todas las regiones conocidas urdieron un plan sistemático de concientización popular, y ya era hora de ponerlo en marcha.

Es mi voluntad advertir al lector, que el espíritu de este relato no es ficción, pues como es sabido, el trabajo de estos idealistas de sangre existió de veras; sí, mi buen oyente, cambiaré sitios y nombres, dejando volar mi pluma, alimentada con la fina tinta de una imaginación sutil. Lo cierto es, que tras los muros, más allá de los efervescentes burgos, atravesando un bosque de hayas y robles, la mujer del labriego Marcel reunía a los niños de la aldea, tal como lo hizo su madre en años anteriores, para distraerlos en las horas muertas y narrarles, en hermoso francés, las historias que una y mil veces los chicos pedían a gritos. Hoy, el cuento se trataba sobre una huérfana adolescente pobre que mordió una manzana envenenada por una bruja, esperando a que el beso de un joven con sangre real rompa el hechizo. La mujer, que aparentaba muchos más años de los que tenía, interrumpió fantástico relato, cuando Thierry, apareció por detrás de la soga que oreaba al sol la ropa de los campesinos en un claro de la pradera desnutrida. Cruzaron miradas por un largo momento, pero, por vaya a saber uno, con qué secreta empatía, la narración prosiguió su curso en hermoso francés. El intruso, ataviado en ropas que marcaron una no deseada, pero cautelar diferencia social, se limitó a tomar apuntes en un cuadernillo. Lo que causó que los niños, además de oír ensimismados a la mujer, no dejasen de prestar atención a aquel extraño personaje, y más aún, a la tarea que desempeñaba con encantadora concentración, puesto que habían escuchado acerca de eso que veían por primera vez, pero no era otra cosa de algo, que se llamaba escritura. Casi al final de la historia, ya, los niños y la madre, no despegaban sus ojos del extraño, y lo vieron alejarse con paso resuelto, mientras espantaba algunas ovejas y se perdía tras los establos, canturreando una aburrida cansoneta medieval.

Lacroix, a lo largo de varios meses realizando hermosa tarea, ya había impreso en su cuaderno, varios relatos, que hoy, conocemos con diferentes nombres, y vaya a saber uno, si dichos títulos fueron los originales; pues, estos correctores anteriores a la rebelión armada que se aproximaba, efectivamente, tramaron tamaña obra en diferentes sitios, tanto dentro, como fuera de los muros del castillo de su majestad. Uno de esos puntos de reunión, era la casa de un reconocido burgués, llamado Pierre Dumont. Exquisito mercader de telas y papeles para la confección de los libros sagrados de La Iglesia. En el taller de su morada, muy cerca del puente levadizo, a metros de la entrada principal del castillo, determinados días, se reunían varios de estos personajes que, con un mismo sentimiento humanista, más tarde, fueron algunos de los actores de lo que luego se llamó enciclopedismo.

El señor Dumont, fue testigo de elevados debates trascendentes entre algunos de ellos; como cuando en cierta oportunidad, la charla giró en torno de si al cuento de La Cenicienta, se le cambiaba el nombre del material con el que estaba construido el zapatito que pierde esa linda muchacha, convertida a las doce de la noche, en la huérfana pobre que había encontrado su príncipe azul, y así salir de la pobreza y etc. y blá, blá, blá. Lo importante, era que si el zapato sería de piel de marta, como el que usaban los pobres en realidad, o de cristal, aprovechando de que en francés, se escriben y pronuncian muy similares; pero esa ligera y sutil diferencia, marca una clara y fantástica distancia social.

De eso se trató la magnífica tarea de estos hombres: meterse con la esencia de los relatos que, por décadas, el proletariado y los burgos, se acostumbraron a oír desde muy niños, pero jamás a leer, menos, en hermoso francés; así que era muy sugestiva la idea de aprovechar al máximo, esos puntos en los que, la lingüística y la psicología se unen…, más, si serían utilizados para la causa humanista, a través de un manoseado rescate enciclopédico, muy sutil y certero, el cual mellaría hondo en las mentes de generaciones completas, incluso en la actualidad, transmitiendo un sentimiento de querer buscar un cambio, en las miserables vidas que llevaba un pueblo ignorante. Poniendo su granito de arena dentro del pensamiento de los jóvenes, para que la Revolución que se avecinaba, tenga pilares sólidos, porque esos jóvenes serían los primeros en armas tomar, cuando se diese la esperada señal.



  • Monsieur, pondremos fin a esta charla, y no se habla más, las enmiendas de los dos últimos textos serán ejecutadas, y del modo más sensible, -ordenó un tal Perrot.

  • Tré biem, tré biem, como usted diga, pero sepa que sus correcciones saldrán a la luz en algún momento -se limitó a decir Thierry, aunque solo sonó falto de profundidad, pero conciente de lo que la labor comunicaría para el resto de la historia; entonces, miró el piso por unos instantes y reflexionó muy iluminado- la literatura infantil tiene riquezas propias; y sin ella, la representación estética del hombre y su mundo quedaría severamente mutilada, y ninguno de nosotros sería ya el mismo -Lo dijo, respondiendo a una auténtica moral humanista; bastante acertada por cierto.

En este momento Dumont se rascaba la cabeza, mientras que un rumor callejero crecía desde el exterior, por lo que corrió la mugrienta cortina y observó por la ventana.

  • El cerebro humano está hecho para pensar palabras y nada lo alimenta mejor que la palabra hechizada: la literatura -. ¡Touché de este tal Perrot!

  • ¿Cómo pretender que un cuento silvestre pueda vivir en cautiverio? ¿Cómo creer que un cuento va a amarles después de haberlo atrapado no solo mediante engaño sino con la intensión de tenerlo enjaulado? ¿Cómo hacer con un cuento sometido, encerrado; un cuento que no puede volar, cantar, oler y encantar…? -, seguía opinando Thierry, no totalmente convencido de lo que harían con su captura de cuentos silvestres.

  • ¡OH, Mamá Oca! -exclamó Perrot- ésta conversación es para seguir todo el santo día. A propósito… ¿Qué mira usted, Monsieur Dumont? ¿Qué son esos gritos?

  • Señores, un pueblo ignorante dejará de serlo cuando el hombre deje de serlo primero. Pero un pueblo sin pan es peligroso y las palabras de su majestad, la reina, crujieron mucho más en las mentes de vosotros, que en los estómagos del campesino, ¿o me equivoco, señores? Tómenlo como una señal irónica del destino.

A esta altura, los hermanos Grimm realizaban la misma tarea en la selva de Bohemia y por algunas regiones de su Germania natal, sin ni siquiera pertenecer a la misma agrupación que a la de Thierry y sus compañeros, pero uniéndose – me atrevo a decirlo- sin saberlo, quizá, en un mismo sentimiento psicosocial de rescatar de la cultura popular las historias que, hasta ese momento, solo, se oían a través de las narraciones orales que el campesinado realizaba para matar el aburrimiento de los más jóvenes, en las horas muertas.

Descartes había lanzado su famosa proclama, y el hombre se atrevió a tomar un rol de protagonista en el nuevo capítulo de la historia moderna. Más tarde, alguien, desde la progresista Prusia, vio con especial interés todos los acontecimientos que se dieron en la agitada Francia., y esa revolucionaria visión de que la Historia es la sustancia del ser humano, se le abrió paso por los muchos terrones de su razón, hilvanando los novedosos sucesos, para constituir una realidad digna para el nuevo hombre, esa que fue tanto tiempo muy pensada desde Berlín, pero ejecutada en la soleada Francia.



El filo de la primera bayoneta le guiñó un ojo a Dios, los niños que crecieron oyendo a La Bella Durmiente empuñaban terribles dagas, enfundados en ese odio particular que desata pasiones irrefrenables. La cabeza del rey rodará escalones abajo, hacia el canasto ensangrentado, y la de su esposa, también conocerá el frío de la guillotina.

  • ¿¿¿Ah… sí??? Maldita puta, ¿con que quieres que comamos pasteles? ¡Aquí estamos! Venimos por ellos, ¡¡¡ já, já, já!!! ¡¡¡Já, já, já!!!

Fue un grito más de los tantos que salieron de las gargantas de aquellos, que lucharán por liberarse del sometimiento real. Un pueblo sin pan es peligroso, un pueblo sin pan, pero alentado por un mismo sentimiento: el de la libertad absoluta, alejado para siempre del poder escolástico que tanto odio acumuló.

  • ¡Sin pan estamos!, ¡queremos nuestros pasteles, y nada nos detendrá!

Gritaba el campesino con su hacha bien levantada, mientras su hijo mayor destrozaba la puerta de La Bastilla, al momento que un sudor mugriento, abrillantaba ese tatuaje de un pato feo, que nadaba furioso en su musculoso antebrazo.

Sé finí

El Chuzzo







Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad