Sentido intercultural de mujer como aporte a la responsabilidad social de las universidades en procesos de construcción de paz avance de investigación Grupo de Trabajo No. 1 Género, feminismos y sus aportes a las ciencias sociales



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SENTIDO INTERCULTURAL DE MUJER COMO APORTE A LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LAS UNIVERSIDADES EN PROCESOS DE CONSTRUCCIÓN DE PAZ
Avance de investigación
Grupo de Trabajo No. 11 Género, feminismos y sus aportes a las ciencias sociales.

XXX Congreso Latinoamericano de Sociología. ALAS Costa Rica.
Claudia Mercedes Jiménez Garcés.1

Lady Patricia Córdoba Mora.2

Resumen
En las últimas décadas han surgido movimientos, huelgas, manifestaciones sociales de mujeres que ponen de manifiesto la necesidad de ser involucradas en los beneficios de un Estado, que les permita articularse de forma igualitaria a los espacios que eran propiamente masculinos. La idea de la investigación y de la presente ponencia, es discutir sobre la construcción del sentido de mujer que, a partir de un enfoque intercultural, permita aportar a la construcción de escenarios de paz dentro de los lineamientos de responsabilidad social de las universidades del Municipio de Pasto. Para lograrlo se presenta a manera de escrutinio los primeros hallazgos que desde la modernidad se han construido como representaciones de la mujer para las sociedades y cómo esta mirada ha inyectado en diferentes espacios, como las universidades, sentidos específicos, esos mismos que se aplican a poblaciones victimizadas por hechos de violencia derivados del conflicto armado en Colombia; y que invitan desde los procesos de responsabilidad social a repensar planteamientos de inclusión social, de atención diferencial, de atención diversa, y que es precisamente donde se desprende la reflexión que presentaremos, a partir del proyecto de investigación que se viene adelantando entre la Universidad Mariana y la UNAD, denominado: “Reconocimiento del sentido intercultural de mujer y su aporte a la responsabilidad social de la educación superior en torno a procesos de construcción de paz. Pasto – Nariño – Colombia”.

A Manera de Introducción
El departamento de Nariño es una de las zonas con mayor recepción y expulsión de población victima de la violencia, de ella el 51% son mujeres. En igual porcentaje son los indicadores de mujeres que se encuentran matriculadas en escenarios de educación superior. Además, dentro de la población universitaria se encuentran estudiantes de diferentes grupos poblacionales, varios de estos grupos presentan en la actualidad altos niveles de vulneración debido al incremento de los hechos de violencia y explotación, condición que obliga al Departamento de Nariño y específicamente al Municipio de Pasto a pensar políticas públicas en torno a la mujer y al género en escenario de paz y postconflicto, desde un enfoque intercultural. En el año 2011, se convoca a mujeres de diferentes grupos poblacionales a la mesa departamental de mujeres por la paz, junto con el apoyo del programa de Naciones Unidas para la Mujer, en esta mesa participaron mujeres líderes con reconocimiento comunitario en su mayoría, pero no se evidencia participación de universidades en las mesas de paz en asuntos de mujer, sin embargo se destaca que en la construcción de la ruta de paz, existió participación de las universidades de la región, más aún el tema de interculturalidad y de mujer está por determinarse como elemento clave dentro de los procesos de construcción de paz.
¿Por qué las universidades deben hablar de construcción de paz?, ¿Por qué las universidades deben, desde sus procesos de responsabilidad social, hablar del sentido intercultural de mujer?, ¿Cuál es la relación entre interculturalidad, paz y mujer? Estas preguntas se apresuran en el contexto de la firma de acuerdo de paz entre el Estado colombiano y las FARC – EP; pero esta premura debe respirarse un poco en los tiempos, debe suponer comprensiones históricas y particulares que trascienden mucho más allá que la firma del acuerdo; y lo es así de claro, porque hoy en día, en la realidad colombiana, existen miles de discursos de paz, así como los propios de nación, entonces salta la pregunta: ¿Pero dónde se encuentran las universidades?, ¿Cómo deben participar de los procesos de construcción de paz?.
Objetivos
La investigación se ha propuesto como objetivo general: reconocer el sentido intercultural de la mujer y su aporte a la responsabilidad social de la educación superior en torno a procesos de construcción de paz en el Municipio de Pasto. Para su cumplimiento se definieron los siguientes objetivos específicos, planteados en forma lógica, coherente y consecuente: Identificar procesos de responsabilidad social que existen en la educación superior sobre políticas interculturales y de mujer; Conocer y reconocer políticas públicas interculturales de mujer en torno a procesos de construcción de paz en el contexto del Municipio de Pasto; Interpretar los sentidos de mujer, a partir del diálogo entre mujeres sobre la responsabilidad social de las universidades en procesos de construcción de paz; y Proponer el sentido intercultural de mujer, como aporte a la responsabilidad social de la Educación Superior, en torno a procesos de construcción de paz.
Metodología
La investigación se sustenta en el método crítico/complejo, lo cual implica un cuestionamiento constante del investigador, buscando los porqués de los fenómenos, hechos o acontecimientos que se suscitan en la realidad. En esta lógica la investigación camina por los siguientes pasos, planeados de forma lógica y coherente de acuerdo al cumplimiento de cada objetivo específico: Para la generación de pensamiento básico, se aplicará técnicas de la teoría fundamentada debido a que se realiza revisión documental sobre textos en torno a procesos de construcción de paz de acuerdo al tema relacionado y responsabilidad social de las universidades. Por su parte para la generación de pensamiento crítico, se aplicará técnicas de la hermenéutica para ello se realizará un acercamiento y diálogo con algunas mujeres representantes comunitarias, también se realizará un trabajo de campo con mujeres estudiantes a través de: entrevistas semi-estructuradas y la aplicación de auto- eco-biografías y grupos focales. En ese instante se realizará realimentaciones y reorganización del conocimiento, apuntándole a la generación de conocimiento, en el que se integre todos los procesos de interpretación y comprensión.
Resultados Parciales: Primeros Escrutinios
De la subjetividad moderna a la nueva subjetividad
Si la ciencia moderna produce realidades no existentes, lo que le queda a la modernidad es el reconocimiento de que existen realidades posibles, realidades que se hablan desde los contextos, desde los diálogos interculturales, desde la emergencia de hablar de lo que no nos han dejado hablar. Si la modernidad está cruzada por tensiones entre la libertad – autonomía y sometimiento, hay que distinguir entre el discurso moderno y las prácticas que se desarrollan bajo el discurso. Para Peter Wagner (1997) la modernidad es un incesante cambio, se pasa de la valoración de la religión a la valoración de la razón, que provoca cambios en la sustentación del poder, que se define sobre las reglas de debilitamiento y la emergencia de nuevas prácticas sociales, para ello se debe rescatar el papel de los sujetos en la introducción de nuevos discursos y reglas sociales. Desde abajo significa, permitir hablar a movimientos de oposición para defenderse de los efectos de la limitación y exclusión que genera la modernización
La subjetividad moderna, dio cabida a la noción de un hombre sin historia, es decir sin relación con el otro, que es lo mismo que encerrarse en el diálogo yo soy yo. En este escenario es cuando Bonder (1998) plantea la idea de la nueva subjetividad, que permita la confrontación del sentimiento de identidad, es decir sobre la capacidad de referirse a uno mismo y del propio actuar con el mundo y “la reacción a profundas transformaciones de identidad colectiva, la ruptura de fronteras políticas, surgimiento de nuevos sujetos sociales y nuevos conglomerados supranacionales que han socavado los emblemas identitarios nacionales” (p.14). La nueva subjetividad debe proponer nuevos procesos de desterritorialización de las codificaciones patriarcales, racistas, capitalistas, etc.
Boaventura de Souza (1996) propone la necesidad de tener epistemologías del sur, es decir de rescatar o de permitirles emerger a las comprensiones del mundo que fueron negadas bajo la religión de la razón. Es que si la modernidad permitió el florecimiento de la ciencia, ésta debe ser contextualizada, es decir debe poner en evidencia el peligro que se suscitó al plantearle al hombre moderno la autonomía, que no fue más que la separación del hombre de su naturaleza. Por lo tanto habrá que pasar del monismo al pluralismo, del yo pienso, al yo con. La modernidad provoca desencantos, cuando le roba al sujeto el sentido o mejor se lo cambia por otro y que además no lo involucra. La construcción de sentido, son aprehensiones subjetivas, es decir que se crean en la experiencia. La creación de sentido antes de la modernidad lo daba la religión bajo la dicotomía cuerpo/alma, luego de la modernidad, y con el mismo trabajo de las instituciones, el sentido lo da el cuerpo/razón, en ello se jugó la vida el pensamiento por lo nuevo. La pregunta es. ¿Para qué cambiar de sentido?, pues para la razón del consumo dirían los marxistas, por la razón del poder dirían los estructuralistas, para ambas cosas diríamos nosotras.

La subjetividad moderna, es europeizada, niega la relación del hombre con su naturaleza, además hace dicotomía de ello y distingue al individuo de la comunidad. El “yo pienso” de Descartes es un manifiesto de la subjetividad europea. Según Enrique Dussel (1999) al definir que un alma a la que le es indiferente tener un cuerpo, deja al cuerpo sin valor. El alma es la centralidad, por lo tanto abre camino para destruir el cuerpo. Al no valorizar el cuerpo, lo domina fácilmente, además se niega la comunidad de donde surge, aprueba la individualidad. Pero más grave aún, se puede ser capaz de crear al individuo, por lo tanto se destruye la historia. La modernidad crea la tensión entre la subjetividad individual y la intersubjetividad de la comunidad. El sujeto individual es comunitario pero como clase, para el moderno Marx.


Desde la otredad no es posible
Pero, ¿dónde radica el problema?, en que aún se conserva la idea de dicotomía razón/cuerpo, individuo/sociedad, naturaleza/sociedad, retomando la idea de Souza. Es que si la modernidad es el reino del yo, ¿dónde queda el otro?, diferencial colonialista, entre el Yo y el Otro. La razón parece ser mucho más compleja, es en este contexto de la modernidad europea que los conquistadores vieron la necesidad de tratar y conocer al “otro” cultural, “los nativos de esas tierras que pasarán a ser parte de su mundo comercial y económico, en relación de dependencia” Mancusi & Faccio (como se citó en Guglielmi, 2006, p.2). El otro entonces se viste de inferioridad cultural, volvemos entonces a las separaciones provistas por la modernidad. Siguiendo a Berman (1989) se encuentra que:
En la tercera modernidad, desencadenantes después de la guerra mundial, el concepto de otredad surge desde la perspectiva del relativismo cultural, y ya no se comprende como lo diferente sino como lo diverso, además el “otro” se configura como producto de la desigualdad, aquellos diferentes a quienes poseen el capital cultural o la cultura hegemónica (asegurándose con ello los medios de reproducción materiales de la sociedad. (p.4)
Es claro pensar que la otredad es una configuración de occidente que tiene una base económica de producción de capital, que configura al cuerpo como fuerza de trabajo.
En el caso de América Latina, el espacio del “otro”, la otredad, es una concepción que establece especificaciones puntales sobre la cultura del otro como la cultura periférica, el sujeto social que hizo su espacio cultural en los bordes.
La pluralidad cultural y la multiplicidad étnica, como elementos propios, son negados, discriminados y oprimidos en función de una supuesta homogeneidad cultural dominante. En el imaginario social colonial y ahora neocolonial se impone una identidad uniforme mediante las relaciones de poder prevalecientes en todos los niveles de la vida social. “Mediante la imposición de las formas de reproducción cultural, organización política y producción económica del capitalismo dependiente en un mundo en proceso de globalización, la otredad encarnada por los pobres, los indígenas, los campesinos, los negros o las mujeres se sigue demonizando de forma creativa pero virulenta” (Hidalgo, 2004, p.12).
Existe una relación entre el “otro” y los procesos de exclusión, el otro que se categorizaba como las clases sociales bajas, de inferioridad intelectual, relegados de los bienes del estado, se excluyó de las configuraciones de los discursos de construcción de la realidad, a pesar de que ellos trabajaron al proyecto nacional. Es una otredad incapacitada, caracterizada por no tener voz, y por tanto no solamente, no era escuchada sino que además necesitaba del otro – yo, para acabar con su silencio, una forma de dominación simbólica.
Bajo esta concepción discursiva surge la noción de realidad bajo la operación diferenciadora que establece y produce significados sobre el otro, los cuales se construyen de manera binaria, opuesta, que al funcionar inmersos en las relaciones de poder y saber, lo masculino se posicionó sobre lo femenino, el blanco sobre el negro y el indígena, la razón sobre la intuición, lo fuerte sobre lo débil. (Sosa, 2014, p.20)
¿Porque esta otredad es un problema, para el reconocimiento de la mujer? Los conceptos del otro y de la otredad son instrumentos centrales que permiten delimitar un espacio de resistencia, pues el espacio de la otredad es aquel espacio al que se le ha negado el poder de la representación “trabajamos en sentido de prestar, de donar cuerpo y lengua en función de la otredad. Cosa complicada, que requiere echar a andar conocimientos, críticas y conceptos teóricos; prestar y prestarse a la mediación es un reto y debe ser leído como tal” (Belasteguigoitia, 2001, p.249).

La Educación, Las Mujeres y la Paz. Elementos de Discusión
En relación con las iniciativas de construcción de paz se vislumbra que se van a consolidar algunas experiencias en particular, entre ellas las alianzas interinstitucionales para trabajar temas estratégicos para la paz en Colombia, Nariño y el Municipio de Pasto, las cuales se expresan en espacios de interlocución y trabajo conjunto entre actores sociales y comunitarios, actores institucionales y actores de cooperación internacional. Estas alianzas permiten prever que algunos procesos importantes para la construcción de paz puedan perdurar en el tiempo, tales como la política pública de mujer y equidad de género, la política pública de juventud y la estrategia departamental de protección a niños y niñas, adolescentes y jóvenes, entre otros. ¿Pero dónde se encuentran las universidades?, ¿cómo deben participar de los procesos de construcción de paz?, las respuestas se refrescan en la definición de la responsabilidad social.
Cada universidad desde su misión y visión construye su mirada respecto a la responsabilidad social, que aunque en primera instancia pareciera particular a la institución existe la posibilidad de comprensión desde una mirada “general” y es en primera instancia donde se retoma los aportes de Boaventura (2005) para quien la universidad debe reflexionar sobre el papel que cumple el conocimiento frente a las necesidades o problemáticas que se desean estudiar o resolver. Para el autor, la universidad y sus investigadores determinan institucionalmente los escenarios sociales hacia los cuales se les aplica el conocimiento producido, la idea es que la educación superior reconozca las tensiones sociales para producir conocimiento científico, que es lo que le llama legitimar a la universidad, y que tiene relación con las propuestas de responsabilidad social. Ahora bien, cada universidad de acuerdo a su contexto determinará el sentido, alcance y perspectivas de lo que considera responsabilidad social, y sus formas de comprensión se equivaldrán a las necesidades de proyección de las instituciones. Más aún, se encuentran aspectos compartidos entre varias miradas de universidades en el caso Colombiano, Delgado, Vargas y Ramos (2008) afirman que el “compromiso debe extenderse a la formulación de estrategias para contribuir a la superación del conflicto armado interno” (p.3). De acuerdo a las autoras, las universidades colombianas han afianzado en sus discursos sobre responsabilidad social, el empoderamiento de una cultura de paz, que lo traducen en la generación de un impacto directo a las regiones. Comprendiendo que el conflicto armado es en realidad una responsabilidad nacional.
¿Por qué la universidad debe reconocer el sentido intercultural de la mujer? Primero, porque la mujer es otro pero en comunidad, otro en la medida de que es diferente pero igual en derechos. Las políticas sociales no deben separar a los sujetos de los tejidos sociales que se construyen en comunidad, cuando esto sucede entonces, provocamos las hegemonías del machismo, provocadas por la idea de que la mujer debe sacarse de los contextos patriarcales sobre los cuales se escriben las historias nacionales. Sí, la mujer ha sido residuo de la vida patriarcal, es verdad, pero esta misma razón no debe provocar separaciones de la mujer de sus contextos comunitarios, no se debe continuar con las herencias modernas, de separar al ser humano de su esencia comunitaria. La constitución de sujetos, es posibles porque desde las lógicas de la subjetividad logramos la alteridad, la construcción de (inter) subjetividades horizontales. Si la mujer fue excluida del proyecto nación y proyecto modernidad, no debe ahora suponerse que debe colocarse por encima de la masculinidad, sino conformar lógicas comunitarias circulares. Pero esto se provoca únicamente con ejercicios de conciencia, de alteridades posibles, eso que en occidente nos cuesta aceptar.
Cuando las mujeres étnicas en periodos de conquista se las separa de sus comunidades, y se las obliga a ingresar a labores domésticas particulares y privadas, entran a mundos patriarcales que ellas desconocían (no con ello se quiere decir que en las comunidades originarias no exista patriarcalismo, lo que sucede es que a pesar de ello, el acceso a derechos como el de la tierra era igual para todos). Ahora las políticas sociales en torno a la promoción de las mujeres étnicas, es provocante de la separación modernista: sujeto/razón y sujeto/comunidad. Las sociedades globales, que son el espectro de la modernidad, aún conservan esta herencia. De ello, se desprenden las formas de intervención y la generación de políticas públicas. Se evidencia ello, en las formas de apresurarse a comprender las tensiones sociales en las comunidades étnicas, afro y campesinas.
En este sentido es importante reflexionar sobre el papel de la academia y la producción de conocimiento desde los propios contextos ya que actualmente nos encontramos con una ciencia descontextualizada, a la ciencia le hace falta hablar de los problemas sociales de las regiones, porque la ciencia se ha quedado infiriendo fenómenos sociales desde afuera, pero aún le hace falta recorrerse desde adentro, y es posible hacerlo a través de sus procesos de responsabilidad social.
A Manera de Conclusiones
Universidad y mujeres: procesos de construcción de paz
Los cambios en la sociedades capitalistas que se denominan como mundo globalizado obliga a las ciencias a pensarse diferente, sobre las nuevas exclusiones pero también sobre las nuevas formas de resistencia, de insubordinación, de reflexión de pensamiento y neo – subjetividades. En este sentido, desde los aportes de las posturas feministas se infiere que el redimensionamiento de la dinámica de la subjetividad supone no solo una re – significación al sujeto racional sino además cómo las ciencias sociales deben caminar hacia el re – direccionamiento de sus acciones prácticas, teóricas, metodológicas que reflexionen sobre la diversidad, las manifestaciones locales, las re – fundaciones de la identidad, del estudio de las nuevas exclusiones y por tanto de la diferencia que se ubica en la base de la subjetividad humana. Se genera entonces una primera apuesta para las ciencias sociales, y es comprender que:

La subjetivación implica un movimiento, un desplazamiento, una fuga respecto a la normalización y homogenización que objetiva el poder. Como también su práctica en los ejercicios de “resistencia a la dominación (abrir una grieta, sustraerse, producir lo diverso, alterativo y alternativo). Como tal, es también una forma de producir sujetos en relación con otros. Subjetivarse es ser sujeto, con otros. (Vommaro, 2012, p.69)


En efecto, si acogiéramos a Thomas Khun diríamos que estamos frente a la construcción de un nuevo paradigma para las ciencias sociales, pero lo que realmente interesa es la posibilidad de tomar lo emergente en su expresión de subjetividad, como una de las apuestas a las cuales las ciencias sociales pueden acercarse, no sólo porque hacen parte de la emergencia en las dinámicas globales sino además porque hacen parte de lo que podríamos llamar “la responsabilidad de las ciencias sociales” y que es reconocer en las ofensivas modernizadoras de abajo, en las formas de resistencia ante la totalización, en la premura de las nuevas exclusiones, en la re – significación de la identidad, etc.: “con frecuencia un paradigma, desarrollado para un conjunto de fenómenos, resulta ambiguo al aplicarse a otro estrechamente relacionado. Entonces son necesarios experimentos para escoger entre los métodos alternativos, a efecto de aplicar el paradigma al nuevo campo de interés” (Khun, 2004, p.7).
Si se hablara de la generación de pensamiento crítico para las ciencias sociales, el estudio de lo emergente - de lo subjetivo - permitiría identificar los acontecimientos que nacen en los márgenes de las minorías y sus relaciones con el poder como ejercicio en movimiento, que tiene que ver con el deseo y el vivir. Esto hace posible re-inventar nuevas formas de pensar, de episteme, de investigación, de prácticas sociales o por lo menos de alternativas que debatan las particularidades, la diversidad, más que las totalizaciones y las homogenizaciones que generalmente las posturas investigativas asumen con el afán de la búsqueda por lo objetivo, que no es más que la aplicación de un método positivista que desconoce al sujeto como lo plantea Zemelman (2008). Requerimos entonces proponer y caminar sobre posibilidades que nos convoquen el deseo de conocer y de saber, y que expresa la necesidad de reconocer lo emergente, lo extraño, lo invisibilizado y que se pregunta: ¿Por qué nos excluimos? ¿De qué nos excluimos?
Pensar la subjetividad supera la mirada disciplinar, que seguramente se trabaja desde el psicoanálisis, la psicología social – cultura, y nos invita a participar desde la discusión epistemológica sobre las nuevas formas de enriquecer la investigación social, y que logre de alguna manera evidenciar una realidad social que se tensa y que se desencanta de los grandes relatos. Trenzar el conocimiento desde lo transdisicplinario es lo que fortalece la discusión sobre la necesidad de realizar estudios sobre la subjetividad. Es que como bien lo dice Piedrahita (2012) “la investigación hace emerger localizaciones y subjetivaciones donde claramente se difumina el sujeto racional, las certidumbres inmediatas y las identidades cerradas” (p.40).
Pero existe un trabajo más para el estudio de la subjetividad - de lo emergente - y es apostarle a la subjetividad del sujeto investigador “si no comprendo mis pedazos rotos, como podré hablar de los pedazos del otro”. Es así que la subjetividad se constituye con otros, sin embargo, no se puede desconocer que existe la posibilidad de sí sobre sí, es decir, un trabajo de ejercicio en la constitución de la propia subjetividad como un ejercicio ético de “reconstruirse, de pensarse, re-evaluarse y ubicarse en el lugar de la crítica no solo como auto evaluación, sino como posibilidad de interrogar a la verdad y lo que me han dicho que soy, teniendo en cuenta que los discursos constituyen unas relaciones de poder y de constituir un tipo de sujeto” (Aldana, 2012, p. 80). Significa además que la mirada no puede hacerse por fuera de los mismos sujetos de investigación, sino desde adentro y con ellos mismos; un planteamiento del crítico social que bosqueja la idea de la interacción, que le da un carácter singular y que precisamente le apuesta a la comprensión de la subjetividad en las ciencias sociales.

Referencias

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Berman, Marshal. (1989). Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia moderna. Buenos Aires: Siglo XXI Editores. S.A.
Belasteguigoitia. (2001). Descarados y deslenguadas: el cuerpo y la lengua india en los umbrales de la nación. Debate Feminista, Vol. 24.
Bonder, Gloria. (1998). Género y Subjetividad: Avatares de una relación no evidente. Chile: PIEG.
Delgado, Mariana., Vargas, Janeth., Y Ramos, Ivonne. (2008). Los retos de la responsabilidad social universitaria: construyendo paz desde la universidad. Bogotá: Universidad Jorge Tadeo Lozano.
Guglielmi, Flavio. (2006). Construcción de la otredad en la filosofía contemporánea. Universidad Nacional del Nordeste. Argentina: Comunicaciones científicas y tecnológicas.
Kuhn, Tomas (2004). La estructura de las revoluciones científicas. México: Fondo de Cultura Económica.
Hidalgo, Roxana. (2004). La otredad en América Latina: etnicidad, pobreza y feminidad

Sobre los orígenes modernos de la exclusión social y el lugar social de las mujeres. En: Revista Latinoamericana Polis. No. 9. Pp. 1 – 15.


Piedrahita, Claudia. (2012). Una perspectiva en investigación social: el pensar crítico, el acontecimiento y las emergencias subjetivas. En: Subjetividades políticas: desafíos y debates latinoamericanos. Bogotá: CLACSO Universidad Distrital Francisco José de Caldas IDEP. Pp.12 – 30.
Sosa, Elizabeth. (2014). La otredad: una visión del pensamiento latinoamericano contemporáneo. Revista letras, vol. 51, No. 80. Pp. 349 – 372.
Souza, Boaventura. (1996). Descolonizar el saber. Reinventar el poder. Uruguay: Trilge.
Souza, Boaventura. (2005). La Universidad del Siglo XXI: por una reforma democrática y emancipadora de la Universidad. UAN, México.
Vallaeys, F., De La Cruz, C., y Sasia, P. (2009). Responsabilidad Social Universitaria: Manual de primeros pasos. México: McGraw – Hill.
Vommaro, Pablo. (2012). Los procesos de subjetivación y la construcción territorial: un acercamiento desde experiencias de organizaciones sociales en Buenos Aires. En: Subjetividades políticas: desafíos y debates latinoamericanos. Bogotá: CLACSO Universidad Distrital Francisco José de Caldas IDEP. Pp. 48 – 62.
Wagner, Peter. (1997). Sociología de la Modernidad. Buenos Aires: Herder.

1 Socióloga Universidad de Nariño, Especialista en Educación, Cultura y Política UNAD, Especialista en Género y Políticas Públicas FLACSO Argentina, Maestrante en Género, Sociedad y Políticas FLACSO Argentina. Docente e Investigadora Universidad Nacional Abierta y a Distancia. Colombia. Nariño. San Juan de Pasto. claudia.jimenez@unad.edu.co.

2 Socióloga Universidad de Nariño. Maestrante en Educación desde la Diversidad Universidad de Manizales. Colombia. Docente e Investigadora Universidad Mariana. Colombia. Nariño. San Juan de Pasto. lcordoba@umariana.edu.co.

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