Se abre la sesión a las doce horas. La señora presidenta: Se abre la sesión



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Ustedes llevan ya mucho tiempo como asociación de familias de menores transexuales y hacer una gran labor. Nacieron con la necesidad apremiante de informar a las propias familias y para favorecer también el bienestar de los menores. Actualmente, he conocido –porque he estado indagando un poco sobre su trabajo− que están atendiendo desde la sede central a más de cien familias de toda España. No sé si este dato estará actualizado. Sí que me gustaría saber también desde cuándo están trabajando, desde cuándo se han constituido y cómo están apoyando a estas familias. También me gustaría saber qué apoyo externo están recibiendo como asociación, no sé si desde el ámbito autonómico o el central.

Ustedes forman un grupo cada día más numeroso de familias de niños y adolescentes transexuales y están realizando una gran labor. Por lo que he podido recopilar, cada familia ha afrontado su situación particular de una manera y la ha vivido de forma muy distinta, pero siempre hay alguien que ha pasado exactamente por lo mismo que ustedes y que ha sentido exactamente lo mismo.


Esto me hace ver que la labor de las asociaciones es siempre muy importante. El contacto entre las familias es muy importante también porque crean referentes entre los padres y las madres y entre las niñas y niños. Sé que ofrecen apoyo, ayuda, documentación, información, contactos para solucionar problemas que pueden ir surgiendo en el entorno familiar, educativo, social, sanitario y legal. También he recopilado que entre sus fines se encuentra, por supuesto, la defensa de los derechos e intereses de los menores transexuales en todos los ámbitos, incluyendo el administrativo y judicial, así como la promoción de las reformas legales –mucho por hacer− que procedan en interés de los menores transexuales. También está dentro de sus fines la ayuda a la formación, así como el asesoramiento a las familias de los menores transexuales y todo lo relativo a la transexualidad; la visibilidad de la realidad de los menores transexuales y sus familias –hoy lo estamos comprobando− así como la difusión de sus derechos y reivindicaciones en los diferentes ámbitos y sectores relevantes para los menores transexuales, como el educativo y el sanitario, tan importantes, el social, cultural y deportivo, el jurídico y los medios de comunicación, promoviendo en todos ellos además la despatologización y normalización de la transexualidad.

He recopilado toda esta información porque creo que se desconoce mucho en lo que están trabajando. Me ha costado encontrar algo diferente a lo que hoy he traído, pero sí lo he encontrado en esta comparecencia. Creo que tenemos un gran camino por recorrer, aquí no encuentro que tenga que haber diferencias políticas, tiene que haber realidades en el papel, es importante la transformación legal que se debe producir.

El Grupo Parlamentario Popular, además de agradecerle, tanto a usted como a los compañeros que hoy la acompañan, su presencia hoy aquí, queremos que sepa que nos vamos a comprometer también con el apoyo y la ayuda a su colectivo, porque es nuestro colectivo.

Muchas gracias.


La señora PRESIDENTA: Muchas gracias, señora Sanz.

Tiene la palabra, señora Pascual, para replicar o para lo que considere conveniente.


La señora PRESIDENTA DE LA ASOCIACIÓN DE MENORES TRANSEXUALES, CHRYSALLIS CANARIAS (Pascual Rodríguez): Gracias a todos por las palabras de aliento y apoyo.

Me pierdo un poco, pero voy a empezar, si usted me permite, por la compañera. Me encanta contar que Chrysallis estatal empezó con una búsqueda entre madres en las redes y, de repente, tres se encontraron buscando lo mismo, y de ahí nace el germen de Chrysallis, hace unos seis años, no es tantísimo tiempo. He de decir que Chrysallis ha ayudado a nivel estatal a más de 700 familias en toda España. Ahora mismo es la asociación que quizás más familias ha atendido en todo el mundo. En Canarias en junio hicimos dos años y yo siempre digo que somos la transplaga, vamos creciendo como hongos. Pensé que era yo sola, pero no, y eso hace que una se levante cada día con ganas de seguir trabajando y apostando por que el camino solo sea el de mejorar la vivencia de nuestras hijas y nuestros hijos, como decía antes.

Usted dice que llaman. Llaman y estamos, y no solamente estamos. Hay mamás que me dicen: Eva, en aquella llamada a las once de la noche, encerrada en el baño, ¿no me llamaste loca? Para mí fue todo. Somos una red de acompañamiento, somos un hombro, somos aquella primera llamada que te va a decir: Tranquila, no pasa nada. Evidentemente, no seré yo quien te diga si tu hijo es trans o no, eso lo sabes tú, o se lo preguntas a él o a ella, que es la que sabe en realidad cómo se siente. Pero sí vamos a estar para escucharte, porque si papá, mamá, la abuela, la tía, la persona de referencia está fuerte, ese peque se vive. Esa es la única razón.

¿Qué vamos a hacer? Haremos quedadas, nos tomaremos un café, iremos a la piscina... Da igual. La cuestión es que yo sea capaz de quitarte tus miedos cuando acudes a mí, porque cuando me veas, veas a mis hijos, veas a mi marido, veas el apoyo que hay, se te va a ir el miedo. Y creo que es de esas pocas aventuras en la vida que empieza con mucho miedo, pero casi siempre tiene un final feliz: ver la felicidad de tus hijos. No sé si debo decirlo: a mí al principio me molestaba, porque me daba la certeza de que ese era el camino que teníamos que seguir caminando, y me daba mucho miedo. Esa felicidad se contagia y hace que el puzle de casa se coloque, y no hay nada mejor para una familia que vivir en paz.

Así pues, somos esa red de acompañamiento, vamos a buscar aquel perfil que te haga falta. Pero, evidentemente, si yo tengo un niño trans de 8 años y tú tienes una niña trans de 15, necesitarás a una mamá que tenga una niña trans de 15, o parecida, porque tu vivencia y la suya van a ser similares. Se trata de no parar. Las prisas para ellos son importantes. Quizá no tanto para los padres, porque nuestros miedos hacen que vayamos más despacio; pero nuestra vivencia y las suyas no son iguales, ellos tienen mucha prisa y por ellos tenemos que correr, porque ellos crecen a un ritmo y la velocidad de la sociedad es otra. Nuestra obligación es estar a la altura de sus necesidades. Por eso es tan importante el apoyo entre iguales.

Por último, tengo que decir que Chrysallis funciona con el donativo de los socios, que no es mucho, son 5 euros al mes, y poco más. Pero eso también nos da la libertad para seguir peleando, y yo creo que eso es muy importante. No sé si he contestado a todo lo que me pidió.

Ahora no sé si me voy a acordar de todo lo que me preguntaba su señoría. Respecto al registro civil, es fundamental. Cuando yo solicité el cambio de nombre de mi hijo, en un expediente que era –igual no lo digo bien-: cambio de nombre por causa justa, yo presenté los papeles y me fui diciéndole a mi marido que aquello no iba a salir bien. Él me preguntó: ¿Por qué? Por las miradas, por cómo estaban tratando ese expediente sin haber empezado, por cómo miraban a mi hijo, con esa mirada de: ¡Pobrecito tú! ¡Qué madre te ha tocado! Ese sentimiento yo me lo llevé en el alma. Siempre te queda una posibilidad. Para mí lo duro no es que me dijesen que no, lo duro es que lo mandaron a Madrid y ya no me dan la opción de volverlo a solicitar; tengo que esperar a un juicio civil para que mi hijo tenga el nombre en su DNI. Ya lo tiene en su tarjeta sanitaria y en los demás documentos que le hacen falta para vivir con cierta normalidad, pero en el DNI no. Cosas tan básicas como, por ejemplo, venir a Madrid cada seis meses, que venimos a los encuentros estatales de Chrysallis, mi hijo, cuando pongo su DNI en el mostrador de la compañía aérea -ya no, porque al final uno busca recursos-, me dice: Mamá, ¿cómo lo pones ahí, que se ve?. Si bien su foto de David y su firma también. La respuesta de mamá la primera vez que pasó eso fue: Cariño, la azafata ya sabe que tú eres un niño transexual y ella no tiene ningún problema, y si los tenía yo se los quité sobre la marcha. Porque al final, quien tiene que vivir sin transfobia es mi hijo.

Dependemos de un juez, de un registro civil que empatice. ¿Que empatice de qué? Entonces dependerá de sus prejuicios y de sus miedos, y eso no puede ser. No puede ser que haya niños con 4 años que lo tengan cambiado y niños con 14 que no, porque su vivencia en la adolescencia, con esa necesidad vital, hace que en muchos casos dejen de ir al instituto o no hagan sus actividades habituales porque no quieren enseñar un DNI, que a lo mejor tienen que mostrar para entrar en un deporte o a una academia. Eso hace que no vivan en igualdad de condiciones. Es fundamental que en los registros civiles se pueda cambiar el nombre y, por supuesto, no tenga por qué ser un nombre neutro. Yo a mi hija le elegí el que me dio la gana. Las personas transexuales tienen un pequeño privilegio: que lo eligen ellos. Creo que eso debe ser respetado, qué menos. Es fundamental que esa ley se modifique, además con mucha urgencia.

Respecto al ámbito educativo, nuestros niños y adolescentes tienen que estar incluidos, porque si no, cada día se vulneran sus derechos. Claro que la transfobia es una realidad, claro que a veces el recreo es duro. Todas las diferencias se pagan: el que está gordito, el que es más alto, el que tiene gafas, el que tiene un lunar en la cara, todas las diferencias se pagan. Evidentemente, si has hecho un tránsito en tu centro escolar, llevas una diana, pues sí. La labor es de educación.

Hablábamos antes de las familias. Las familias nos hemos tenido que educar, hemos tenido que aprender, hemos tenido que estudiar. Además, yo creo que nuestra obligación es adelantarnos, si cabe, en el lenguaje, en las maneras y en todo, porque son nuestros hijos, nuestros adolescentes los que ya están cambiando la realidad. A lo mejor la realidad que yo les estoy contando hoy, dentro de dos meses es otra, y ustedes van a estar peleando por esta, que cada día cambia, porque ellos cada día son más fuertes, porque sus necesidades varían, porque cada vez se aceptan más, porque muchas veces no necesitan ese proceso de anulación porque ya se quieren como son, porque ya lo aprendieron, aprendieron que son maravillosos con sus cuerpos diversos. Y eso hace que se puedan vivir.

Es fundamental que los centros educativos estén formados. Cuando un centro educativo me solicita una charla, pido, casi exijo, que el profesorado esté formado. ¿De qué vale que yo en un aula que tiene interés les muestre o haga un tránsito escolar si los que están arriba, que tienen que velar, no solamente dentro del aula, sino en el patio, en el comedor, en el pasillo, para que no sean vulnerados los derechos de ese menor, no quieren escuchar? Flaco favor le estamos haciendo a ese menor. Es una obligación, debe ser una obligación que estén formados y, además, los prejuicios se deben quedar en casa. Yo no pretendo que juzgues a este menor, pretendo que lo aceptes y lo acompañes. Es más, creo que los educadores, los maestros, cuando decidieron esa profesión tenían algo que les hacía especiales. Tal vez la sociedad a veces no los valora, pero yo creo que tienen ese valor, y debemos dárselo, de que son nuestra extensión. Muchas veces en Infantil pueden ver cosas que a lo mejor en casa nos negamos a ver, y la profe nos puede decir: Estoy percibiendo esto. Puede ser que mamá en principio diga que no, pero a lo mejor a la tercera o a la cuarta, mamá va cediendo, mamá va viendo que su peque, a lo mejor, no es como ella pensaba, y no pasa nada. Vuelvo a decir que el amor en muchos casos, cada vez, lo cura todo.

Nuestras realidades parecen muy toscas o muy negras, pero nada que ver. Es todo mucho más sencillo en muchos casos. Es verdad que hay veces que es duro y que las situaciones familiares son diversas: papás separados, papás separados que se lleven mal, papá que ni siquiera está en el país..., podría exponer muchas situaciones a las que nos enfrentamos cada día. Pero mayoritariamente la aceptación va primando. Al final, volvemos a querer la felicidad para nuestros hijos. Así que, sí, es fundamental que los profesores, los educadores, los inspectores de zona, el Gobierno en sí y en el ámbito educativo estén a la altura.

Sanidad. La despatologización es fundamental. Recuerdo la primera vez que fui al pediatra y se lo comenté. Hoy el pediatra de mis hijos me da las gracias, pero en aquel momento su respuesta fue: No se lo fomentes. Y yo pensé: ¿Perdona? ¡Pero si las educo igual! Las estoy educando igual y, de repente, una se siente princesa con vulva y otra no. Tendrá que ver que es diferente. ¡Yo qué sé! Yo, como madre no sabía, y además, se supone que el que tiene que saber es el médico o, al menos, eso es lo que nos han enseñado. Pues no. Hoy él me da las gracias muchísimas veces, incluso cuando nos piden ponencias en el Colegio de Médicos él se levanta y siempre dice que ha aprendido. Yo solamente tenía una misión: Que fuera feliz. Y lo busqué. El camino fue venir a Madrid y encontrar a Chrysallis estatal, donde me tendieron la mano, me atendieron. Yo sabía que no podía ser la única mamá en Canarias, sabía que iba a haber muchas alfombras, sabía que a lo mejor no todo el mundo levanta la cara para hablar de esto, pero que iba a haber más niños. Yo había echado una caña al otro lado del mundo; no se olviden que mi hijo es adoptado. Si yo tenía este problema, ¿cuántas familias no lo tendrían? Es fundamental que el mundo sanitario se entere de que nuestros hijos son reales y que son maravillosos; que les den una oportunidad de aprender.

No puede ser la puerta de entrada la patologización desde el psicólogo o el psiquiatra. Les recuerdo que a mi hija nadie le cuestionó que fuese una niña y que se sintiera una princesa. ¿Por qué a mi hijo sí? Como anécdota les diré que un día que yo entraba en casa, mi hijo me preguntó a dónde había ido. Yo había ido a un psicólogo. Me preguntó que quién era ese médico, y le dije que era el medico al que tú le explicabas lo que sentías. Su respuesta, con 4 años, fue que cuándo le llevaba. Si había un médico que si tú le decías lo que sentías te ayudaba, ¿cuándo le llevaba? Mi respuesta fue: Espérate, que mamá todavía no está preparada. El día que le tocó, tenía 5 años, y yo le decía: David, no sé si vas a entrar solo o con mamá. Yo no sé qué te van a preguntar, ni siquiera sé si te van a preguntar o te van a hacer dibujar algo. Cariño, solo di la verdad, la verdad de lo que sientes, no hay más. Entramos juntos, le preguntaron cómo se sentía y él decía que se sentía un chico. En casa me había dicho que le preguntasen lo que le preguntasen, su respuesta iba a ser que era un chico. ¿Cómo tienes los ojos? Soy un chico. ¿Cuántos años tienes? Soy un chico. En ese momento yo también pensaba que, o esto salía bien y esa sesión salía bien, o igual teníamos que seguir viviendo con una niña que no se sentía tal. Para mí también fue duro exponer a mi hijo a una situación que no me resultaba para nada cómoda. ¿Por qué? ¿Por qué nadie me ha dicho: Oye, para que Cloe se sienta igual vamos a llevarla también con 5 años? No. Cuidado, solo ellos saben quiénes son, y nuestra obligación es acompañarlos y respetarlos. Escucharles. Evidentemente, todos los niños que sean más femeninos no van a ser niñas transexuales, ni todas las niñas más masculinas van a ser niños trans. Pero ¿y si lo son? Vamos a preguntarles a ellos y no tengamos miedo de su respuesta; vamos a dejarles vivirse.

No sé si es suficiente, pero creo que la realidad es que debemos permitirles ser, y es fundamental que en todos los ámbitos, incluido el sanitario, las puertas estén abiertas, desde pediatría, medicina general, hasta un médico de urgencia, da igual, la persona con la que de repente te sientes en ese momento con la suficiente seguridad y complicidad para contarle cómo te sientes. Da igual tu edad, a veces tu vivencia hace que seas más mayor, y eso a veces lo dificulta, pero que siempre tengas una mano amiga en el mundo sanitario es un regalo. Y en ese sentido, Cataluña lo está haciendo muy bien.

No sé si he contestado a todo, quizá se me queda algo.


La señora PRESIDENTA: Para terminar, quiero, en nombre de toda la comisión, dar las gracias a Isabel, a los acompañantes y a Chrysallis por haber venido a esta que es su comisión; es la comisión de los derechos del niño, los derechos de la familia, los derechos de la infancia y, por lo tanto, creo que es aquí donde debíais venir.

Quiero deciros que nos habéis emocionado a todos —ya lo han dicho mis compañeros—. Yo creo que hay una realidad que, aunque a veces hablamos de ella, la desconocemos, sobre todo el sentimiento que tenéis las personas que realmente estáis trabajando para normalizar la situación de vuestros hijos.

Las palabras de una madre luchadora, como tú —nos lo has dejado patente a todos— es lo mejor que podíamos recibir hoy aquí; las palabras de esa madre que lucha por conseguir que los derechos de su hijo se respeten, por conseguir que las trabas que en estos momentos existen las podamos eliminar. Y, desde luego, creo que relatos como el tuyo, que imagino que también será el de muchos padres que hoy podrían venir aquí, nos ayudan a concienciarnos mucho más a las personas que hoy estamos aquí que, como decía la senadora Sanz, somos altavoces allá donde estemos. Lo mejor que habéis podido hacer es transmitirnos ese conocimiento, esa sensación, con la que nos habéis emocionado a todos, porque cuando se relata con esa pasión, como lo has hecho tú, nos hace sentir a nosotros parte vuestra.

Te aseguro que cuando salgamos de aquí habrá pocos que no digamos: ¡Vaya comparecencia! ¡Vaya tema que hemos tratado! Y, desde luego, nos preguntaremos qué posibilidades tenemos, entre comillas, los diferentes gobiernos, de daros respuesta a la situación que nos has planteado, porque es una realidad que existe, debemos afrontarla como tal, debemos normalizarla y debemos poner los medios políticos para que esa normalización exista.

Muchísimas gracias. Repito que esta es vuestra casa y cuando queráis venir estaremos a vuestra disposición.

Gracias a toda la comisión.



Se levanta la sesión.

Eran las trece horas y veinte minutos.




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