Santiago, veintidós de septiembre de dos mil ocho



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DECIMO SEPTIMO: Que, no obstante la negativa del acusado Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda, de aceptar la responsabilidad de autor que le cabe en el delito por el cual ha sido acusado, ella se acredita plenamente con el mérito de los antecedentes probatorios analizados con ocasión del delito, determinadamente, con los siguientes elementos de prueba:
a) La Declaración de Ángela del Carmen Santos Campos, de fojas 95, tomo I – A, al señalar que al sacerdote Antonio Llidó lo conoció a fines del mes de septiembre de 1973, cuando éste llega a la casa de su tía doña Consuelo Campos, para ser protegido, ya que en esa época era buscado por organismos de seguridad del gobierno; que en los primeros meses en que el sacerdote estuvo en la morada de su tía en Santiago, el sacerdote no salía y si lo hacía señalaba la hora en que iba a volver y era por ratos cortos, por lo que se hacía bastante vida de familia; que aproximadamente en el mes de febrero de 1974, se traslada el religioso a una parcela de “El Arrayán”, conjuntamente a Jorge Donoso Astudillo, quien también llegó para ser protegido, y de quien terminó siendo pareja y posterior padre de su hija. Que en “El Arrayán” se hacía una vida bastante familiar, el padre Antonio Llidó salía de vez en cuando de la casa de “El Arrayán” con destino al centro de Santiago, no sabe si se juntaba con algún conocido y que generalmente hacía el recorrido del microbús de “El Arrayán”, al parecer por calle san Antonio, y volvía luego, alrededor de las 17.00 horas; agrega que el día 1° de octubre de 1974, salió el padre Llidó alrededor del mediodía con destino al centro de Santiago, que iba a regresar entre las 17.00 a 17.30 horas y éste le había advertido a Jorge Donoso de que si no volvía a las 21 horas, se debía a que le había pasado algo malo, y, efectivamente, no regresó ese día. Que Jorge Donoso llegó ese día a la casa de Pablo Urzúa a avisar de la posible detención del padre Antonio Llidó y se quedó allí. Nunca se supo más del padre Llidó y su tío empezó a hacer algunas diligencias, dentro de lo que se podía hacer, para dar aviso a la iglesia de la detención
b) La declaración de Consuelo del Carmen Campos Queraltó, de fojas 96 vuelta, tomo I A, en cuanto afirma que el sacerdote Antonio Llidó Mengual, fue llevado a su domicilio en el mes de octubre de l973, pues era buscado por organismos de seguridad del gobierno y estuvo en la morada hasta el mes de marzo de l974; expresa que el sacerdote prácticamente no salía de la casa habitación y en ese mes de marzo de l974 se trasladó a la parcela también de su propiedad situada en el sector de “El Arrayán”, comuna de Las Condes, conjuntamente con otro amigo de él de nombre Jorge Donoso, quien también estaba acogido en su casa. Que el padre Llidó cuando llegaba a salir señalaba con precisión a la hora que iba a regresar, en especial se lo decía a Jorge Donoso; que el último día que salió el sacerdote del domicilio de “El Arrayán” fue el 30 de septiembre de l974, ese día no volvió a regresar y hasta la fecha se desconoce que pasó con él; sólo por informaciones de terceras personas se ha sabido que habría sido detenido por los organismos de seguridad. Agrega que ese 30 de septiembre de 1974, fue Jorge Donoso quien llegó a avisar que el padre Llidó no había vuelto y temía que algo le hubiese pasado; posteriormente, agrega la declarante, su marido dio aviso de la desaparición a la iglesia por medio de un sacerdote.
c) La misiva de fojas 98, del tomo I A, del señor Fernando Ariztía R, Obispo de Copiapó, al señor Juez Titular del Primer Juzgado del Crimen de Santiago, quien señala que a la fecha que ocurren los hechos referentes a don Antonio Llidó Mengual, junto al Obispo de la Iglesia luterana don Helmuth Erich Walter Frenz Thiel, era Co – Presidente del organismo ecuménico creado en los primeros días de octubre de 1973, denominado Comité Pro Paz o Comité Cooperación para la Paz en Chile.
Que a dicho organismo llegaban diariamente centenares de personas por denuncias de allanamiento en sus casas, otras por personas detenidas por agentes sin identificación, otros por denuncias de torturas y muchos familiares por desaparecimiento de personas que fueron detenidas y nunca llegaron a sus hogares, a pesar que en los organismos oficiales se aseguraba que habían sido liberadas;
Dice que por parte de las autoridades de gobierno se les respondía permanentemente que querían recibir hechos concretos y no “rumores”. En razón de ello, agrega, en una oportunidad en el Edificio Diego Portales él junto al Obispo Luterano don Helmuth Frenz, el Rabino judío Don Ángel Kreiman y el padre Fernando Salas, sacerdote jesuita, fueron recibidos en audiencia por el General Pinochet – a fines de 1974 o primeros meses de 1975 – a quien se entregó una lista de personas cuya detención y desaparición claramente contaban al Comité Pro Paz;
Indica que el señor General Pinochet al ver esa lista, de la cual recuerda a dos personas que allí figuraban: David Silberman, ex gerente del Mineral de Chuquicamata, detenido en la Penitenciaría de Santiago, de quien el General dijo que había sido “raptado de allí por un comando mirista disfrazado de militares…” y en referencia a don Antonio Llidó expresó: “éste no es cura es un mirista…” Y asevera, que de ello él podía claramente deducir que el General Pinochet estaba en antecedentes del hecho de esas detenciones.
Y concluye afirmando que, posteriormente, tuvo la oportunidad de escuchar a un ex detenido, del cual conoce el nombre, que estuvo en uno de esos recintos de detención, quien le expresó que allí había estado con don Antonio Llidó, el cual había sido muy torturado, y que con gran valor había guardado silencio un par de días para que otros con quienes estaba en relación pudieran darse cuenta de su detención y cambiar de lugar.
d) La declaración de Jesús Rodríguez Iglesias, de fojas 100 del tomo I A, al manifestar que en el año 1974, él era párroco de la Parroquia San Diego de Huechuraba, donde se reunían los párrocos españoles en Santiago con bastante frecuencia, en una de estas reuniones llegó la noticia de que le padre Llidó había desaparecido; entonces hablaron en el Comité Pro Paz, para tener información sobre el paradero del padre. Sostiene que entre los primeros días de noviembre de 1974 y marzo de 1975, viajó a España y volvió la primera quincena de marzo, y al ver que no había aparecido el padre Llidó invitó a otro padre catalán de apellido Lloret, quien actualmente está en España, a Valparaíso, al domicilio de Obispo don Emilio Tagle Covarrubias, con quien hablaron en varias ocasiones para seguir indagando sobre el destino o donde se pudiera ubicar al padre Llidó. Indica que el Obispo les dio a conocer, primero que estaba en contacto con un Ministro de Estado de esa época, sin darles el nombre, el que le habría informado que el padre Llidó estaba detenido y que no se encontraba bien; que mantuvieron el contacto tanto en forma personal como telefónicamente con el Obispo Tagle Covarrubias; que aproximadamente en mayo de 1975, éste les dijo que estaba al habla con una muy alta autoridad del Estado sobre este tema y que estaba haciendo todo lo posible para establecer el paradero del Padre Llidó. Asevera, además, que aproximadamente en el mes de junio siempre de 1975, se les dijo por el Obispo Tagle Covarrubias, en su casa, que un Ministro de Estado le acababa de decir que lo habían trasladado de un recinto a otro y en el traslado se les había fugado, lo que tenía bastante desconcertado al Obispo.
e) Los dichos de Carlos Ernesto Sánchez Meza, de fojas 103 del tomo I, al señalar que mientras era estudiante de enseñanza media en la ciudad de Quillota conoció al Padre Antonio Llidó Mengual, quien hacía clases, que, posteriormente, en el año 1991, siendo seminarista, se encontraba en la Clínica de la Universidad Católica y acompañaba en muchas ocasiones al Obispo Emilio Tagle Covarrubias, el que se encontraba internado por el cáncer que le afectaba y recuerda que en más de una ocasión le preguntó al Obispo Tagle Covarrubias por el Padre Antonio Llidó, respondiéndole éste que Antonio era un buen sacerdote pero un poco izquierdista y no entendía lo que había pasado con él, diciéndole además que había preguntado a la autoridad de gobierno de esa época, General Pinochet por el padre Antonio Llidó, contestándole el general que estaba detenido y que lo iban soltar; diciéndole el Obispo Tagle, asimismo que después le informaban que no estaba detenido y también en otra ocasión le comentó que otra autoridad de Gobierno, la que se trataría de un almirante que era ministro, que el padre Llidó se habría fugado, situación que lo tenía completamente confundido, que se preguntaba por el destino del padre y que se sentía engañado por las informaciones contradictorias que le habían proporcionado las autoridades con quienes había conversado.
Agrega que en varias ocasiones el Obispo Tagle Covarrubias le dio a conocer la gran amistad que tenía con Augusto Pinochet, y por tal motivo se había atrevido preguntar a éste por el destino del padre Llidó.
f) Las declaraciones de María Isabel Caballero Santa Cruz, de fojas 225 del tomo I A, 129 del tomo II B, y fojas 219 del tomo III – C, quien asevera que en la madrugada del día 2 o 3 de octubre de 1974, fue detenida en su domicilio por funcionarios de la DINA, los que eran dirigidos por un sujeto al que apodaba “El Guatón Romo”, que llevada a la calle José Domingo Cañas, fue interrogada y maltratada por civiles que estaban en el lugar y por otros dos sujetos que hacían de jefes; que la metieron a una pieza donde había varios detenidos y entre ellos estaba el padre Antonio Llidó Mengual, que el sacerdote se hizo conocer porque les hablaba a los detenidos, dándoles ánimo, el que era maltratado por los guardias que le decían “cura comunista”; que ella estuvo en ese lugar hasta el 6 de octubre de 1974, fecha en que la sacaron y la llevaron al campo “Cuatro Álamos”; sostiene que los días en que estuvo detenida en el sector de la calle José Domingo Cañas, vió al sacerdote dos días y le consta que él estaba en ese lugar, lo escuchaba hablar, dando siempre palabras de ánimo, viendo al sacerdote físicamente muy mal por las torturas que le habían hecho: Posteriormente, agrega, cuando lega a “Cuatro Álamos”, en conversaciones con otros detenidos, supo que el sacerdote que ella había escuchado en la casa de José Domingo Cañas se trataba del cura Antonio Llidó.
El atestado de Cecilia Orieta Jarpa Zúñiga, de fojas 231 y 264 tomo I – A, tomo II – B y 218 tomo II – C, quien señala que durante el régimen de Salvador Allende, ella pertenecía al MIR; que el día 02 de octubre de 1974 fue detenida por funcionarios de la DINA, luego llevada a un lugar desconocido con la vista vendada, donde estuvo en una pieza en la cual fue interrogada y torturada; luego de algunos días fue llevada a otra habitación donde estaban otras personas privadas de libertad y al conversar con ellas se percata que se encuentra en un recinto militar en la calle José Domingo Cañas, además, en esa pieza se encuentra con el sacerdote de nombre Antonio Llidó, el que también había sido torturado. Asevera que con sacerdote Llidó conversó varios días; que a fines de octubre fue llevada a Cuatro Álamos, donde se entera que el sacerdote había estado en ese lugar, en la pieza N° 13 y que había permanecido hasta el 25 de octubre, fecha en que es trasladado a otro lugar desconocido.
Los dichos de Juan Ramón Miguel Jiménez Cortés, de fojas 232, y 263 vuelta del tomo I A, fojas 144, tomo II – B y 217 vuelta del tomo III – C, respectivamente, al aseverar haber sido presidente del sindicato de trabajadores de Madeco, de filiación comunista, siendo detenido por funcionarios de la DINA en el mes enero de 1974 y trasladado a la Localidad de “Tejas Verdes”, luego, en el mes de julio de ese año haber sido llevado a “Cuatro Álamos”, quedando en la pieza número 13, donde había más de sesenta personas detenidas y torturadas; que en el mes de octubre de 1974, comprobó que entre dichas personas privadas de libertad se encontraba, muy torturado, un sacerdote de nombre Antonio Llidó, según supo, además de que era de nacionalidad española, con acento típico de un español; manifiesta que esta persona se encontraba muy mal, sin embargo les daba ánimo; que pudo ver al sacerdote desde inicios del mes de octubre, hasta fines de éste mismo mes, fecha en que lo sacan de “Cuatro Álamos” y no vuelve más al lugar sin saber de su paradero. Indica que un día sacaron al sacerdote Llidó de la pieza número 13, y volvió sangrando del pecho, muy torturado y mal físicamente, que demás lo ayudaron y se veía que estaba mal, y al que acusaban de esconder militantes del MIR o comunistas.
La declaración de Hernán Schwember Hernández, de fojas 233 y 266 del tomo I – A y fojas 145, tomo II – B, al referir que fue detenido el día 08 de octubre de 1974 por funcionarios de la DINA debido a que pertenecía al MAPU; que estando privado de libertad en el campamento “Cuatro Álamos”, pieza 13, vió en esa misma habitación al sacerdote Antonio Llidó, el que estuvo alrededor de dos semanas, quien al principio llegó muy mal físicamente, con problemas en la dentadura por problemas con la electricidad que como tortura le habían puesto en la boca y además pudo ver cuando junto a otro grupo de personas lo fueron a buscar unos sujetos de civil, entre ellos el “Guatón Romo” y otro apodado “El Príncipe Valiente”, sin volver a saber nada más del padre Antonio Llidó.
Dichos de Félix Lebretch Díaz Pinto, de fojas 269, del tomo I – A, quien señala que con fecha 01 de octubre, alrededor de las 01.15, horas fue allanada su morada y detenido junto a su esposa e hija de tres años de edad, y Arturo Ellis, siendo trasladados a un lugar el cual no pudo identificar pues la habían vendado los ojos. Su cónyuge y Arturo fueron liberados, sin embargo, a él lo trasladaron de inmediato a un sector cerrado muy pequeño, que le dio la impresión de ser una despensa, a la cual lo hicieron ingresar con las manos amarradas con hilo de pitilla. Refiere que estuvo así privado de libertad junto a otras personas las que eran torturadas al igual que él; que entre las personas detenidas en ese lugar se encontraba el sacerdote Antonio Llidó, de nacionalidad española, nacido en Valencia, quien le contó que había sido sacerdote en la ciudad de Quillota, el que fue muy torturado al punto que desde donde se encontraba se escuchaban sus respuestas a los interrogatorios los que eran dirigidos a que el cura declarara sobre quienes lo protegían, a lo que les contestaba que no lo iba a decir por sus principios. Añade que cada vez que el sacerdote volvía desde los interrogatorios hacia la despensa lo hacía en pésimo estado físico al punto que vomitaba, no obstante siempre se mostró muy entero; por último señala que él asistió al sacerdote personalmente para tratar de aliviar sus dolores físicos, abrigándolo con su chaquetón.

La declaración de Helmut Erich Walter Frenz Thiel, de fojas 711, tomo II, al señalar que en su calidad de Pastor de la Iglesia Evangélica Luterana, tomó conocimiento antes del 11 de septiembre de 1973 de una gran cantidad de refugiados extranjeros que residían en Chile producto de las persecuciones o dificultades que habían tenido en sus países de origen, los que recibían el apoyo de la Iglesia Luterana para poder vivir con sus familias en el país; por ello, manifiesta, llegado el 11 de septiembre de 1973 gran cantidad de mujeres y niños se acercaron a la Iglesia, pidiendo socorro ante la detención de sus padres, maridos e hijos. Explica que los refugiados que fueron detenidos inmediatamente después del Golpe de Estado, los militares los consideraron automáticamente “comunistas”, debido a que provenían de países como refugiados; así, agrega, la ayuda fue inmediata en lo material a fin de poder brindar apoyo básico a mujeres y niños y en general a las familias que se encontraron desamparadas ante la detención de sus parientes; para ello, expresa, se habilitaron varias Iglesias, al igual que templos y parroquias católicas, las que también junto a sacerdotes iniciaron una labor de socorro hacia los perseguidos.
Indica que al tener conocimiento ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) del alto número de refugiados en Chile, la labor continuó semanas después del 11 de septiembre bajo la protección de ésta entidad perteneciente a las Naciones Unidas. Además, manifiesta, ACNUR logra el reconocimiento oficial del Gobierno Militar a través del en ese entonces Ministro del Interior General Oscar Bonilla Bragdanovic, lo que permitió que la labor del Comité Nacional de Ayuda a los Refugiados (CONAR) no fuera casi clandestina.
En ese contexto, señala, obtuvieron una reunión con el General Pinochet, la que se llevó a cabo el día 13 de noviembre de 1974 en su despacho en el edificio Diego Portales; a ella concurrieron junto a Fernando Ariztía, Obispo de Copiapó con quien entró al despacho del General; además los acompañaba el padre Fernando Salas, Secretario Ejecutivo del mismo, y el Rabino Ángel Kreiman, quienes quedaron en la antesala mientras eran recibidos por la máxima autoridad del país; añade que le llamó la atención que en dicha oficina Pinochet se encontraba solo, sin ningún otro ayudante o persona que lo asistiera. Ellos llevaron consigo toda la compilación de antecedentes que habían preparado para fundamentar sus aseveraciones ante el General. Expresa que le intrigaba cómo el General iba a justificar o evadir el crudo problema que le plantearían, esto es, si él iba a disminuir el problema o bien sencillamente negarlo. Había dos cuestiones muy actuales y trascendentes que les preocupaban, uno era el caso de David Silberman, quien estando regularmente detenido había sido secuestrado sin saber de su paradero y el caso del Padre Antonio Llidó, de quien sabían había sido detenido por la DINA. Fernando Ariztía tenía una fotografía del Padre el que según las fuentes que tenían estaba detenido en el centro de calle José Domingo Cañas; el deseo era que el General supiera lo que ellos también sabían respecto de estas personas, porque pensaban que ello ayudaría a dichas víctimas; asevera que Pinochet al serle exhibida por Fernando Ariztía la fotografía de Antonio Llidó, el General al mismo tiempo tenía en sus manos las listas que ellos habían confeccionado, y apuntando con su dedo dijo textual: “ese no es un cura, es un terrorista, hay que torturarlo porque de otra manera no cantan”.
Sostiene que ese dicho le quedó grabado porque entre ellos con posterioridad, es decir, entre la gente del Comité hacían frecuente referencia a tan extraordinaria y asombrosa expresión, en la que lisa y llanamente el General daba a entender que conocía la situación de detención que afectaba a Llidó y, además, aceptaba la tortura. Expresa que recuerda que el General señala que David Silberman ya no se encontraba en Chile o en el país, demostrando que también tenía antecedentes de esta última persona.
Por último expresa que este caso personal del Padre Antonio Llidó lo tiene presente en su memoria por dicha entrevista personal con Pinochet, porque los casos de personas que sufrían en esa época eran miles y su memoria no alcanza a singularizar cada uno de ellos, tenían la labor de socorrer a las familias preocuparse de las situaciones en las embajadas y muchas otras, lo que impide recordar cada caso con precisión.
Los dichos de Sergio Placencia Sepúlveda, de fojas 908, tomo III, al manifestar que al 11 de septiembre de l973 se desempeñaba como sub oficial de Ejército en el Regimiento de Ingenieros N° 2 “Aconcagua”, con asiento en Quillota, y en lo que dice relación con el sacerdote Antonio Llidó, expresa que le consta que como funcionario de inteligencia y por aplicación de la Ley de Control de Armas y Explosivos, le correspondió concurrir al domicilio en la población O´Higgins de esa ciudad, junto a la parroquia y allanar la habitación del sacerdote Llidó en busca de armas y explosivos, lo cual no se encontró, pero si una gran cantidad de cédulas de identidad las que fueron incautadas; que con posterioridad al 11 de septiembre de 1973 llegó una orden con el nombre de Antonio Llidó Mengual desde la Primera Zona Naval, para ser puesto disposición de la Fiscalía Naval, junto a una orgánica del MIR, donde aparecía Antonio Llidó como encargado del MIR interior, siendo allanada la fábrica Said, e inclusive buscado sin éxito en el pueblo de Paiquico, cercano a La Ligua, en los límites con la Cuarta Región. Agrega que su nombre siguió en la lista de requeridos y tiempo después apareció publicado en la prensa que éste sacerdote había sido detenido en la ciudad de Santiago y que había desaparecido.
Por último, enfatiza que Llidó nunca fue ubicado ni detenido en la V Región, pues ello se habría sabido pues siendo requerido debería haberse dado cuenta de ello.
ll ) La inculpación que proviene de las declaraciones de Orlando José Manzo Durán, de fojas 387, tomo II, al decir éste que, mientras se desempeñaba en la Cárcel Pública de Santiago, con fecha 1 de octubre de 1974, el Director Nacional de la Institución, Coronel de Carabineros en Retiro don Hugo Hinrichesen González, lo notificó que había sido designado para hacerse cargo de un establecimiento de detenidos recientemente creado, el que no pertenecía aún a Gendarmería de Chile, siendo nombrado jefe de “Cuatro Álamos” dependiente de la DINA el 28 de octubre de 1974, que se presentó al Cuartel General de la DINA, donde fue recibido por el Coronel Director don Manuel Contreras Sepúlveda, y presentes el Coronel Jhan de la Fuerza Aérea, el Mayor Pedro Espinoza y el jefe del departamento de personal cuyo nombre no recuerda; que en el campamento de detenidos “Cuatro Álamos” el que ocupaba un pabellón de unos 80 metros de largo de estructura sólida exterior, con separaciones de material ligero, donde se podían contar unas 12 piezas, con dos camarotes dobles como dormitorio, un anfiteatro al final del pasillo una dependencia de baños de unas 6 tazas y lavamanos y un lavadero de ropa, duchas y “calefont” para detenidos. Los grupos de operativos de la DINA, según las circunstancias, llevaban los detenidos a las piezas, ya sea incomunicados de a uno o incomunicados en grupos pequeños, o llevados al salón final, los que provenían de cualquiera de las unidades operativas de la DINA o de Unidades de cualquiera de las ramas de las Fuerzas Armadas quedaban como “pertenencia” de la DINA, aunque algunas unidades de inteligencia de las Fuerzas Armadas quedaban autorizados para sacar detenidos y “trabajarlos”. Cada detenido, afirma, pertenecía a una unidad operativa de inteligencia de la DINA y ellos eran “los dueños de los detenidos”, pudiendo retirar uno a más con un documento que provenía de sus jefaturas y firmado por el jefe de ellos, donde aparecía el nombre de dicho jefe, un timbre rojo, la fecha, el nombre de la unidad operativa, una nómina del o los detenidos y abajo al fondo una sigla con letras mayúsculas “DEMIS” y un número el que seguramente era un método de control de la unidad operativa que no se llevaba en “Cuatro Álamos”; según se le dijo los detenidos salían para ser “trabajados”, vale decir, para que se les tomaran declaraciones, se le careara entre ellos o se les llevara a reconocer barretines, casas de seguridad o para usarlos en tomar nuevos detenidos; sin embargo, agrega hubo detenidos que no regresaron, entonces él trató de agotar el hecho de tomar conocimiento y llenar espacios en el libro de existencia de detenidos, por lo que pasados unos veinte días a un mes acudía a una oficina de estadística y control de detenidos que existía en el segundo piso del pabellón principal del Cuartel General de la DINA, donde se llevaban estos datos y había libros donde estaba anotado el destino de salida de “Cuatro Álamos” y de otras unidades operativas, por lo que todas las personas que no volvían quedaban anotadas “en libertad”.
m) La inculpación que proviene del documento de fojas 2070, del Tomo IV, del Ministerio de la Presidencia del Reino de España, el que además de dar cuenta de las múltiples peticiones y ruegos de las altas autoridades de la nación española, entre ellas la Pro Memoria entregada al Jefe de Estado Chileno interesándose por la liberación de Antonio Llidó Mengual y las entrevistas del embajador con el Ministro del Interior don Sergio Fernández, y con el Ministro de Relaciones Exteriores, se menciona expresamente la declaración jurada del testigo Hermann Schwember Fernández, cuyo atestado judicial se ha transcrito en el apartado i) anterior de este razonamiento, el que asevera que estuvo privado de libertad junto al desaparecido sacerdote Llidó Mengual, en el mes de octubre de l974, en el campamento de la DINA denominado “Cuatro Álamos”.



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