Saliendo de nuestro propio Egipto



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DEPARTAMENTO DE JUVENTUD

Macabi Noar



Removiendo el Jametz

Pesaj está acercándose. ¿Sobre qué trata realmente esta festividad? ¿Por qué debemos limpiar nuestros hogares de toda levadura, mejor conocida como jametz, antes de que comience la festividad?

En la noche anterior al Seder, realizamos una búsqueda a la luz de una vela. Buscamos en todo rincón y grieta, exploramos arriba y abajo, hurgamos en cajones y debajo de las camas, asegurándonos de haber sacado de nuestras casas todo rastro de jametz.

Después de la búsqueda, decimos una plegaria:

“Todo tipo de levadura que pueda estar todavía en mi posesión, que no he visto o quitado, o de la que no estoy al tanto, que sea considerada anulada y sin dueño, como el polvo de la tierra”.

A la mañana siguiente toda la levadura remanente en la casa es sacada y quemada, incluyendo toda levadura encontrada en la búsqueda la noche anterior. Tiramos el jametz a las llamas y nos acercamos a Pesaj libres de él.

Necesitamos buscar en los rincones y en las grietas de nuestros corazones y ser totalmente honestos con nosotros mismos.

La festividad tiene una energía espiritual increíble. No es sólo el jametz físico de lo que nos tenemos que librar y quemar. Si queremos experimentar genuinamente la libertad que trae Pesaj, comenzamos erradicando los rasgos negativos que nos han agobiado. Nuestro ‘jametz espiritual’ son los defectos que han dañado nuestras relaciones y que nos han impedido conectarnos con los demás y con Dios. Se nos encarga buscar en los rincones y en las grietas de nuestros corazones y ser totalmente honestos con nosotros mismos:



¿Soy egocéntrico?

¿Soy despiadado?

¿Soy sarcástico y negativo?

¿Me enojo con facilidad?

Nuestros cuerpos son hogares para nuestras almas. Pesaj nos trae la fortaleza y la oportunidad para limpiar y para comenzar de nuevo.

Pero hay un rasgo que imposibilita nuestra ‘limpieza espiritual del alma’.

Pan Vs. Matzá

El pan, que leuda, representa al individuo cuya arrogancia se ha llevado lo mejor de él. Esta es la persona que cree que no se equivoca. Es constantemente superior. Cree que el error siempre está en la otra persona.

“Mi esposa es una amargada, mi esposo es imposible, mis hijos son difíciles, mi jefe está demente, y mi suegra me vuelve loco”. Es curioso como el error nunca es encontrado en ‘mí’.

Para salir de nuestro Egipto personal y llegar a saborear la libertad de Pesaj, debemos liberarnos de los defectos en nuestro carácter que nos agobian. Podemos hacer esto tomando la lección de la matzá.

Cuando nos enfrentamos con nuestros defectos con honestidad y reconocemos nuestras deficiencias, podemos comenzar el proceso de ‘limpieza del alma’.

Plana y sin pretensiones, la matzá nos enseña a ser humildes. La humildad es la clave para limpiar de nosotros el jametz espiritual que se ha colocado en nuestros corazones. Cuando somos capaces de enfrentar nuestros defectos con honestidad y reconocemos nuestras deficiencias, podemos comenzar genuinamente el proceso de ‘limpieza del alma’.



Eliminando las Migajas

“Escuchen”, le digo a la pareja. “Los dos quieren que esto funcione. Eso es grandioso. Pero los dos quieren que esto funcione culpando al otro. El matrimonio implica trabajo duro y dedicación, pero debe ser tu trabajo, tu dedicación. Haciendo simplemente una lista de todas las quejas y tirándole la responsabilidad al otro, no habrán logrado nada. Es arrogante creer que sólo el otro está equivocado. Necesitamos hablar sobre cómo cada uno de ustedes puede traer amor y paz de nuevo a este matrimonio”.

Por primera vez en la noche, el marido y la mujer se miraron entre sí y sonrieron.

“Entonces, ¿por dónde comenzamos?”, preguntó ella.

“Pesaj es la clave,” contesté. “¿Saben que antes de que Pesaj comience necesitamos vaciar nuestros bolsillos de todas las pequeñas migajas que pueden haberse ubicado allí?

“Hoy a la noche, vamos a vaciar nuestros bolsillos. Han estado llevando esos pequeños conflictos, esas migajas que se han situado en su interior. Relajémonos y empecemos de nuevo. Luego hablaremos sobre lo que cada uno de ustedes puede hacer para construir confianza y comprensión. Pero primero deben perdonar y relajarse. ¿Acaso el amor no se trata de eso?”.



Este Pesaj, démonos el regalo de la libertad. Libérate a ti mismo de todos estos rasgos negativos que te han agobiado. Aproxímate al día con la humildad para escuchar a quienes has amado pero también herido. Busca en cada rincón y en cada grieta de tu corazón y elimina de ti el jametz espiritual que te ha hecho desconectarte. Vacía tus bolsillos de esas migajas molestas. Es la hora de dejar Egipto y entrar a la Tierra Prometida.

Hay una sensación de libertad en el hecho de tener una casa limpia.

El domingo pasado fue un día grandioso, un día realmente productivo, un día que me dio mucho placer. Mi marido y mi hijo mayor se fueron a esquiar por unos días (no, ¡esa no fue la parte placentera!) y yo me quedé en casa con el resto de la familia.

“¿Tenemos planes para hoy?”, preguntó uno. “Sí”, respondí yo con entusiasmo, “¡vamos a limpiar las habitaciones para Pesaj!”.

Hubo muchas quejas y gruñidos. Creo que escuché a alguien decir entre dientes, “¿Tenemos que hacerlo?”, y confieso haberle ofrecido a uno de mis hijos un refresco como soborno. Pero después de los gruñidos iniciales todos tomaron una bolsa de basura y se pusieron a trabajar.

Y todos trabajamos y trabajamos y trabajamos. Hora, tras hora, tras hora. Bolsa de basura, tras bolsa de basura, tras bolsa de basura. No es que mi casa fuera un desastre tan grande (!) pero organizamos una boda el año pasado justo antes de Pesaj y nos saltamos toda la "no obligatoria" pero tan satisfactoria limpieza de primavera.

Este año compensamos por el tiempo perdido.

Teníamos una pila de ropa para donar a la organización de caridad local. Acumulamos bolsas de libros para la tienda de segunda mano de la esquina. Y nos deshicimos de toda la “basura” irrelevante. No tengo ni un hueso sentimental o comerciante en mi cuerpo y mis hijos son iguales.

No estoy segura de si es naturaleza o crianza pero ellos tampoco quieren guardar nada innecesariamente. Una vez ayudé a alguien a mudarse y en el proceso la convencí de que ya era hora de botar o regalar ese reloj y esos aros guardados desde ¡4º de preparatoria! ¿Y cuando vas a releer esos viejos informes escolares? (¡¿Para que revivir esa irritación?!) Mi marido dice que si él no se ha puesto algo en una semana, yo ya lo he regalado. ¿De que otra manera puede funcionar una gran familia en un espacio relativamente pequeño?

Al final del día todos nos sentimos más ligeros – incluso la casa – y además, sentimos esa clase de agotamiento satisfactorio que sientes solamente después de un día de esfuerzo físico. Y listos para abordar el resto de la casa… mañana.

Por supuesto, este fue solamente el comienzo de las preparaciones de Pesaj. Y si bien no considero cada aspecto igual de gratificante, de todas formas disfruto del proceso.

Reconozco que es a través de este esfuerzo que me estoy preparando a mí y a mi familia para la festividad.

Hay una sensación de libertad en el hecho de tener una casa limpia. (¡Estoy pensando en contratar una sirvienta para ayudarme a llegar a eso!) Hay una sensación de libertad (suficientemente paradójica) en el seguir las reglas dictadas para limpiar nuestras casas de levadura. Hay una sensación de libertad en el hecho de completar las preparaciones apropiadamente – en haber casherizado nuestras cocinas, comprado la matzá, cocinado toda la comida y preparado la mesa del Seder.

Todas estas actividades culminan con la lectura de la Hagadá y la experiencia de la liberación de los judíos de Egipto. Sin la preparación no entenderíamos lo que estamos experimentando. Con ella solamente probamos este preciado regalo.

Dios le dijo a Moisés que le dijera las siguientes palabras al Faraón: “Dios, el Dios de los hebreos, me ha enviado a ti para decirte: Libera a Mi pueblo para que ellos puedan Servirme…”. No es una libertad abstracta. Anhelamos la habilidad de adorar a Dios, de conectarnos con Él de forma absoluta.



Puede ser que no consigamos esa libertad a través de la limpieza de primavera. Pero cada paso nos lleva un poco más cerca…

¿Cómo podemos, hoy en día, identificarnos con los esclavos judíos?


En cada generación todo individuo está obligado a verse a sí mismo como si hubiera salido de Egipto personalmente” — la Hagadá de Pesaj.

En los Sedarim de Pesaj de cada año, recitamos las instrucciones atemporales de la Hagadá de vernos a nosotros mismos como si hubiésemos vivido en persona los eventos del Éxodo. El Seder mismo está diseñado para ayudarnos a visualizar nuestra participación en la historia. Sumergimos perejil en agua salada para recordar las lágrimas que derramamos en Egipto, y comemos rábano picante y amargo en un intento por reproducir un poco de la miseria que vivimos como esclavos.

¿Pero qué tan lejos nos pueden llevar el agua salada y el rábano picante? Durante la mayoría de mi vida, cuando me imaginaba el antiguo Egipto, pensaba en la película épica Los Diez Mandamientos. Las ambientaciones eran opulentas, y amaba las espléndidas batas y los peinados de Anne Baxter cuando representaba a Nefertiti, la reina de Egipto.

Después de ver antiguos artefactos de Egipto, no creo que alguna vez pensaré en el antiguo Egipto de la misma manera.

Años después, cuando vi la exhibición ambulante del Rey Tut, mis prejuicios sobre el antiguo Egipto se confirmaron. La artesanía de los artefactos era impresionante. Sabía que el antiguo Egipto no era bueno para mis ancestros, pero era difícil imaginarlo como algo realmente no placentero. Al contrario, parecía fascinante, avanzado y hermoso.

Eso cambió recientemente, después de que mi familia y yo pasamos una tarde reveladora viendo artefactos del antiguo Egipto en el Field Museum of Natural History de Chicago. No creo que alguna vez pensaré en el antiguo Egipto de la misma manera.

Y los egipcios esclavizaron a los hijos de Israel con labor quebrantadora. E hicieron sus vidas amargas con trabajo duro, con barro y con ladrillos” – Éxodo 1:13.

El primer artefacto que contemplamos fue una magnífica tumba, transportada desde Egipto. Pudimos ver las provisiones que habían sido empacadas para los ricos ocupantes de la tumba: comidas, dinero, cosméticos… e imágenes de los cientos de esclavos que habían sido masacrados, para que sus almas pudieran acompañar a la de su amo en su viaje a la otra vida. Cada vez que un hombre de la nobleza moría, su grupo de esclavos era asesinado en masa.

Mientras miraba con atención las caras pintadas en esas paredes hace miles de años, traté de imaginar que eran el hijo o la hija de alguien, el padre o la madre de alguien. Las lágrimas comenzaron a brotar en mis ojos.

Lo siguiente que vimos en la exhibición era un fascinante surtido de ítems de uso diario: ollas para comida, balanzas y pesas para medir transacciones. Y luego aprendimos sobre los horrendos castigos impuestos a los comerciantes y a los esclavos que eran considerados culpables de dar menos de lo debido a sus amos: torturas horripilantes, mutilaciones, castigos públicos como golpes, ser atravesados con estacas, arrancar los ojos… la lista seguía. Las clases altas estaban protegidas, pero la gente de clase baja el en antiguo Egipto era considerara objeto de burla para los tratamientos más terribles que se puedan imaginar.

Mi familia y yo estábamos comenzando a sentirnos un poco incómodos, pero continuamos con nuestra visita. Vimos ejemplos de vestimenta del antiguo Egipto. Mientras que los más prósperos utilizaban largas batas blancas ondeadas, la ropa se encogía a medida que descendíamos en la escala social. Los trabajadores de clase baja y los esclavos andaban completamente desnudos, luchando con el caliente sol de Egipto, al igual que con las serpientes y los escorpiones.

Finalmente, vimos imágenes de luchas públicas: siempre había asociado las muestras de gladiadores con la antigua Roma, pero cientos de años antes, en el antiguo Egipto, los esclavos eran forzados a luchar contra bestias salvajes como leones, en lo que aparentemente era un espectáculo muy popular.

Mientras salía del Field Museum, completamente sacudida por las horripilantes imágenes que habíamos visto, me pregunté: ¿Cómo puedo yo, que vivo en una cómoda situación en el siglo 21, imaginar lo que era ser un esclavo, lo más bajo de lo bajo, en una sociedad cruel y sádica como el antiguo Egipto? Preocupada en todo momento de que mi trabajo no sería considerado suficiente, y de que en cualquier momento yo o aquellos a quienes amo podrían ser torturados, golpeados o asesinados sólo porque sí?

Y pasó en esos días que Moshé creció y salió a sus hermanos, y vio sus cargas, y vio a un hombre egipcio golpeando a un hombre hebreo. Miró hacia uno y otro lado, y vio que no había hombre, y mató al egipcio y lo enterró en la arena” – Éxodo 2:11-12.

La Torá nos brinda un ejemplo extraordinario sobre cómo podemos superar la distancia entre nosotros y nuestros antiguos antepasados que estaban esclavizados en Egipto: Moisés.

Todos conocemos la historia: Buscando destruir al pueblo judío definitivamente, el Faraón decretó que todos los niños judíos fueran ahogados cuando nacieran. Sin embargo, la Torá explica que las parteras judías desafiaron a Paró, y secretamente salvaban y escondían a los bebés judíos. Una de estas parteras, Yoheved, ayudó en el parto de un niño durante este terrible período. Mantuvo su nacimiento en secreto, lo puso en una canasta de cañas, y lo puso a flotar en el Nilo en lugar de dejar que fuera asesinado por los soldados egipcios. La hija del Faraón, Batia, encontró la canasta, rescató al bebé que había en su interior, lo llamó Moisés, y lo educó como si fuera su propio hijo.

Así, Moisés creció en los confines del palacio, disfrutando de todas las comodidades y la opulencia de la vida en la casta más alta de la sociedad egipcia (¡Piensa en esos tesoros del Rey Tut!).

Y sin embargo, la Torá enseña que Yoheved fue contratada para amamantar al bebé Moisés por casualidad. Durante sus primeros años, la propia madre de Moisés pudo enseñarle, murmurándole al oído la verdad de que era judío.

El mensaje forjó profundamente a Moisés. Años después, cuando este robusto joven, el nieto adoptado del Faraón, miró a los humildes esclavos hebreos, no los vio como sabandijas, sino como sus “hermanos”.

¿Cómo podemos hoy en día alcanzar el mismo nivel de identificación con nuestros ancestros judíos en la esclavitud?

Tanta pobreza –física y espiritual— aflige a nuestra comunidad hoy en día.

Tanta pobreza aflige a nuestra comunidad hoy en día. ¿Cuántos de nosotros podemos verdaderamente decir que tenemos en cuenta el ejemplo de Moisés y decimos “hermano” y “hermana”? En la ciudad en que vivo el 20% de los judíos son pobres, al igual que el impactante 24% de los israelíes hoy en día. Muchos voluntarios toman pasos para abordar esta horrenda necesidad en nuestras comunidades, sus ejemplos pueden inspirarnos.

Espiritualmente, nuestra comunidad hoy en día está aún más hambrienta. Los judíos de hoy están sedientos por una conexión con Dios y con nuestro legado judío, pero el camino a esas riquezas nos elude muy a menudo. ¿Cuántos de nosotros tenemos el nivel de conocimiento judío que quisiéramos? Sin embargo, aquí también, encontramos rabinos y educadores inspiradores que trabajan para propagar el conocimiento judío.

Este Pesaj, en medio de todos los cantos, las visitas y la comida, recordaré las crueldades y la degradación que significó la esclavitud para nuestros ancestros. Recordaré cómo Moisés pudo mirar a un compañero judío, un esclavo, y decir “mi hermano”.



Y recordaré que cada uno de esos judíos se mantuvo fiel a su fe judía, para que yo también pudiera algún día sentarme alrededor de una mesa de opulencia y traer a la memoria esos días de esclavitud en Egipto.



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