Rodulfo, R.: "trastornos narcisistas no psicóticos". Paidos. 1995. Cap. 1: El niño del trastorno



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RODULFO, R.: “trastornos narcisistas no psicóticos”. Paidos. 1995. Cap. 1: El niño del trastorno.

RODULFO, R.: “trastornos narcisistas no psicóticos”. Paidos. 1995. Cap. 2: El psicoanálisis con chicos que no aprenden.

RODULFO, R.: “trastornos narcisistas no psicóticos”. Paidos. 1995. Cap. 7: Jugar en el vacío.

En el territorio de los trastornos narcisistas no psicóticos nos encontramos con el carácter de cierta globalidad. Toda una función es comprometida. La represión es global, en el sentido de que abarca una función entera y no un elemento dado. Es represión global de la función imaginaria (juegos, fantasías, afectos, etc.)

Es un trastorno que se acarrea y se manifiesta en la adquisición precaria del fort-da, de poder jugar con la presencia y la ausencia; sobre todo el ida y vuelta, la alternancia esta descuajeringada, no constituida. Un jugar que se diluye a poco de empezado. Tocar todos los chiches sin jugar realmente con ninguno. Rápidamente se pierde la consistencia en el armado de una escena narrativa de juego y se diluye en motricidad porque si. Lo mejor de la actividad lúdica se da cuando encarga al otro un papel teatralizado que vertebra mejor al niño. Las ventajas de esta apertura a la intersubjetividad son relativas a que por un lado el existir demasiado abierto a lo intersubjetivo, se le vuelve difícil elaborar sus propios conflictos. El conflicto es al menos algo propio para el niño, un enigma, ¿Qué significara ese síntoma? Aquí no se ve esta dimensión del enigma.

Niños que requieren mucho de la presencia concreta de otra persona, del auxilio ajeno y requieren mucho de lo visual en ese sentido, ver al otro a su lado es un requisito demasiado fundamental. Esta necesidad se manifiesta en múltiples pedidos de ayuda.

La hipertrofia de lo visual, la condición de estar siempre en el campo de la mirada y, por eso mismo, el ser niños adhesivos, excesivamente presentes y excesivamente atentos a nuestra presencia. (Diferencia con la depresión, en donde se busca la mirada aprobatoria que nunca termina de escribirse). Se trata de que el otro lo ordene, lo organice; la mirada del otro en función de ordenar su experiencia, porque sino cae en la desorganización, en el descontrol motor que a veces toma apariencias hiperquineticas. La diferencia sexual no toma relieve, ese alguien es importante como alguien presente y no su diferencia sexual porque la categoría de alguien es la que se pone en juego.

Diagnostico diferencial: Usa al otro para organizarse, no como el niño autista que lo usa solo y a lo sumo para obtener una sensación. No hay enredó pictogramatico con el cuerpo del otro como en las psicosis confusional, sino de cierto uso especular del otro, del otro como espejo para orientarse, como factor de dureza estructurante en un plano especular y no pictogramatico. Espera ese otro entubado le done contenidos, como ser sus pensamientos, a diferencia del niño con psicosis confusional que busca abrir tubos, horadando el cuerpo del que está con él. Tampoco aparecen potencialidades delirantes ni alucinaciones. El autista usa y explota el cuerpo del otro, es el orden pictogramatico el que está en juego, la mano del otro como una extensión del objeto autista, para alcanzar algo que él no puede tocar. En cambio el niño del trastorno pide se haga algo por el que no puede realizar, no le sale o no le gusta como le sale.

Sami-Ali señala el rasgo de “ausencia global de marco de referencia”, restituido en el recurso al otro. El niño se discrimina siempre y solamente desde el punto de vista del otro (Vos=yo: especularidad fija). Y otro rasgo es la simplificación, refiriéndose a lo esquemático, a lo pobre, a lo tosco, en las producciones de estos niños.

Restituye secuencias por apelación a lo corporal, ya que habiendo eslabones de pensamiento que quedan vacios, posiciones del cuerpo vienen a reemplazarlos. En la posición corporal, recuerda. A esta cabeza vacía responde un lleno de cuerpo.

Los caminos del pensamiento son muy lábiles, se hacen y deshacen. Las escrituras que no se fijan: “escrito en el agua” como patologías de lo líquido porque falla en inscribir ese elemento duro en su corporeidad que literal y metafóricamente sirve para vertebrarse. (De ahí las problemáticas de aprendizaje tan apremiantes). Pueden recurrir a estereotipias a fin de organizarse. Acciones estereotipadas, que llevan el sello de la obsesividad como intento de liga motriz ritualizado. Estas perseveraciones en juegos de función superficie son como una regresión respecto a la formación de tubos (lo amorfo, el gateo para jugar porque el entubamiento de la bipedestación carece de consistencia pictogramatica).



Diagnostico diferencial: Cierta rigidez en los trayectos que no son de tipo fóbicos. En la fobia, el trayecto se destina a evitar la angustia asociada al perderse, pero el paciente jamás se pierde, mientras que en cambio el sujeto del trastorno efectivamente se pierde. A diferencia del acompañante fóbico aquí es necesario un acompañante narcisista, encargado de organizar los cuadros corporales y temporo-espaciales del acompañado y no como el acompañante fóbico consagrado a protegerlo de la emergencia solitaria de su desear. Fenoménicamente pueden confundirse pero al niño del trastorno lo escucharemos decir que sabe ir a un lugar, pero no sabe reconstruirlo en su abstracción. Hay una disyunción entre el plano del trazo y el plano del cuerpo, el trazo no se puede incorporar al propio cuerpo, no puede llevar el cuerpo a una hoja. Escasa o nula función anticipatoria de lo imaginario, se reduce a un ensayo y error el aprendizaje porque cuesta poder integrar el saber de un mapa con el saber ir a un sitio.

Los tres lugares de aposentamiento: Cuerpo materno, espejo, hoja son 3 espacios que le corresponden 3 operaciones, caricia, rasgo, trazo. Es un modelo de escritura de la subjetividad. Se ve en el trastorno: 1- una disyunción entre trazo y cuerpo. Todo se plantea en el terreno de la caricia y del rasgo, hay poco o nada de trazo. Escasa posibilidad de abstracción. 2- correlativamente la disyunción simétrica entre el plano de la caricia como escritura y el plano de la hoja. En la letra muy poca caricia, muy poco de mano pasa a la letra. 3- hipertrofia de lo especular para compensar estas disyunciones, sobre todo en lo que respecta al rasgo en el cuerpo.

Muy escasamente desarrollada la categoría del extraño. La alteridad está escasamente presente. No son ellos extraños para el otro porque no se han reconocido ellos mismos como ser uno mismo en alteridad. El otro no es extraño porque él no es extraño para sí mismo.



Diagnostico Diferencial: en las fobias se juega el aceptar la realidad de que desea, asumir la soledad existencial del desear, de que es él quien desea y no su madre u otro cualquiera, implica separarse y aceptar ese deseo de separación, aceptar el desear como desear la separación y la diferencia. Pero en el caso del trastorno se ve el impedimento al ingreso de las fobias universales como crisis universal índice de un proceso de separación o bien se la puede pensar como una regresión, por fobia mal curada, a un estatuto de discriminación solo visual con el otro como salida frente a una exigencia de defender un desear diferenciado.

Sami-Ali: “El campo perceptivo, desmesuradamente simplificado, excluye toda irrupción de lo imaginario, hay una disyunción entre la actividad perceptiva y la actividad imaginaria. Por ejemplo cuando hay metamorfosis de la mano en el uso de la lapicera, es una extensión corporal que espeja a quien la usa. Si no se integra a la actividad imaginaria y es solo algo de la realidad perceptual, se empobrece la escritura, el dibujo, porque la riqueza perceptual depende de que poblemos el espacio con nuestro propio cuerpo, que estemos metidos. Por eso salen del paso recurriendo al imaginario del otro. Lo imaginario del otro como algo restitutivo, sin interiorización, con lo cual siempre se le pide. Existe una perturbación en el extraer que es correlativa de esta miserable dependencia.

La categoría para el diagnostico diferencial es la de VACIO: vacio en el nivel mismo de las condiciones de la representación. Distinta de la categoría del agujero que supone la existencia de una depresión psicótica que puede tomar la dirección autista, psicótica propiamente dicha, psicosomática, etc. Para distinguirlas tomamos el concepto de espaciamiento. Cuando el niño juega desparrama por el suelo los juguetes, los dispone de cierta manera, haciendo una trama de espaciamientos, sin los cuales sería un mazacote confuso, sería imposible la escrituración. El gesto inaugural del desparramo es indispensable para poder empezar a jugar. En el plano neurótico encontramos hiatos, elipsis, desconexiones, indicadores de lagunas por la operación de la represión. En el trastorno hay campos vacios, vacios masivos en lugar de agujereamientos. “se me borro de la cabeza” / “se me fue la cabeza”. La condición de vacio es compatible con una cierta reversibilidad, ausente en las formaciones psicóticas. Hablar de vacio es hablar de patologías del tubo. La escrituración subjetiva del cuerpo pasa primero por una estructuración como superficie continua, sin forma pero con función de continuidad y luego una segunda estructuración como tubo (contenido-continente).

Otra diferencia con las depresiones psicóticas, en donde se rastrea una lesión a nivel de la superficie, y en el trastorno a nivel del tubo, problemas en el entubamiento. Vacio de un tubo, en donde si hay imaginariamente algo es solo caca, vivencia más que fantasía. La formación del tubo en el niño implica dos categorías: vacio-lleno y duro-blando, que se escrituran en oposición.

Otra categoría es la debilidad en la función de la mano, en tanto dureza libidinal de la mano para atravesar el espacio. A veces compensada por la rigidez. Lo diluido, lo que se desparrama como un liquido sin recipiente que lo organice y sin posibilidad de pasar a un estatuto mas solido, donde la mano emerge con escasa energía para agarrar, de producción del espacio transicional. El niño derivara en dedicarse a utilizar el espacio transicional del otro, más que su cuerpo, como en las psicosis confusionales. Lo vemos en la pretensión de que uno haga juegos por ellos y no solo con ellos. Esta torsión involucra una falla importante de la agresividad en cuanto a su función intrínseca y positiva de construir la alteridad, de lo pulsivo de la fuerza diferenciadora, lo espontaneo, a diferencia de la agresión reactiva. Sami-Ali lo piensa como “deficiencia en la proyección sensorial primaria” con lo cual el espacio tiende a la bidimensionalidad. El fracaso de la agresividad, en el poder extraer cosas del otro que queden introyectadas como propias, se manifiesta en la función libidinal de la mano, en tanto ella crea la tridimensionalidad, el volumen de la mano inventa el juguete, descubre la alteridad, su propia alteridad como subjetividad. Por eso pide, demanda, se adhiere a nosotros, sobre todo en lo que tenga que ver con el trazo, en vez de ser un niño agresivo de tipo antisocial, que robe y trate de sacar del otro en forma violenta. Es un vacio de trazo que se busca compensar y que vibra decisivamente en la torpeza.

Hay una inflexión defectuosa del verse como otro. El verse como otro es todo un espacio lógico en el desarrollo del narcisismo; todo estriba en que sea progresivamente internalizado. Este verse se resume a verse desde el punto de vista del otro como tal, sin mediación del propio cuerpo. No se corrige al copiar un gesto, lo copia sin más, sin paso por su experiencia kinestesica, lo cual responde por otro efecto torpe. No hace la rectificación de yo por tu. Es una literalizacion defectuosa porque la metamorfosis lo vacía, no pasa por extraer algo de mí, sino de ser exactamente lo mismo que yo, pretensión derivada de la imposibilidad de ser (como) yo.



Características que aparecen el niño del trastorno:

  1. Categoría del extraño no constituida. (la angustia del octavo mes revela la constitución del otro como otro y de uno mismo como otro respecto de ese otro, y gracias a la dimensión de la alteridad, el extraño se revela como el propio sujeto también. Implica la construcción, a partir de rasgos maternos, de un rostro)

  2. Acompañante narcisistico para que le organice su pensamiento en las coordenadas espacio-temporales y le provea de un proceso secundario.

  3. Predominio de lo visual, la mirada del otro como mirada organizadora.

  4. No sostiene en el tiempo una continuidad de significación, sino asigna constantemente a cada elemento una distinta declarada de la anterior. Las dificultades no son resueltas, sino disueltas apelando a la magia. Dificultad para sostener un propósito sin diseminarse, ya que la instauración de la función de integración y permanencia objetal no estuvo constituida. Dificultad en hilvanar los eventos y armar una secuencia.

  5. Aparición de la misma figura duplicada. Frente al espejo, el niño no se ve como otro, sino que ve a otro que es también el mismo: desposesión, entonces, de sí mismo por duplicación imaginaria. Puede encontrarse en el plano del discurso una afectación especular como la tartamudez. El objeto queda totalizado y el sujeto amputado.

  6. El tubo es fallido en su dureza, ya que el tubo elongado, el que con el atravesamiento de la especularidad en el momento de la bipedestación se pone erecto, no fue constituido. El tubo se ha de transformar en un elemento de dureza para poder efectivizar el juego de arrojar. La agresividad en tanto dureza para permitir atravesar el espacio resulta fallida. Perturbaciones en el extraer y en el agarrar. El agarrar además fabrica objetos, juguetes, hace espacio y tiempo agarrando. Irán configurando una espacialidad subjetiva en la que el pequeño agarrante se reubica. Es un trabajo de apropiación subjetiva sobre sí mismo. Agarra y se agarra.

  7. Descontrol motor (distinto a la agresión de la tendencia antisocial) como derroche frente a una pobre motilidad imaginaria. Trastorno de la espontaneidad que se manifiesta en el desorden motor como agresividad reactiva.

  8. Las perturbaciones en el agarrar se manifiestan en: 1) transformación en lo contrario. El acto de agarrar se tuerce en esperar recibir, en pedido: “¿me das?”. Hay una pasivizacion muy seria del movimiento de apertura. El otro como donador. 2) Un más acá del agarrar, toca todo pero es un debilitamiento de la mano en un toqueteo de superficie que no agarra. 3) degeneración del agarrar en una destrucción masiva, reactiva (en vez de espontanea), quedando con las manos vacías. 4) el mal agarrar 5) transformación fantasmatica del agarrar en robar.

  9. La Secuencia prototípica del Jugar es: 1. Agarrar, 2. Consumar-consumir, 3. Arrojar (fort-da) y 4. (A veces) traer de vuelta: que ira espesando una zona pictogramatica, un cuerpo subjetivado, introduce una diferencia entre lo que partió y lo que volvió.





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