Ritos de madurez



Descargar 1.28 Mb.
Página23/27
Fecha de conversión12.05.2019
Tamaño1.28 Mb.
1   ...   19   20   21   22   23   24   25   26   27

8


El ooloi subadulto era un pariente de Taishokaht, y su nombre personal en este estadio de su vida era Jah-dehkiaht. Dehkiaht había estado viviendo con Tiikuchahk y la familia de Taishokaht, esperando a que él regresase de su estancia entre los Akjai.

El joven ooloi parecía asexuado, pero no olía a asexuado. No desarrollaría sus brazos sensoriales hasta su segunda metamorfosis. Esto hacía que su aroma aún resultase más asombroso y desconcertante.

Nunca antes se había sentido Akin excitado por el aroma de un ooloi. Le gustaban, pero únicamente se había sentido atraído sexualmente por las mujeres construidas o humanas. Y, de todos modos, ¿qué podía hacer por uno, sexualmente hablando, un ooloi inmaduro?

Akin dio un paso atrás en el momento en que captó el olor del ooloi. Miró a Tiikuchahk, que estaba con el ooloi y se lo había presentado, con clara ansiedad.

No había nadie más en la habitación. Akin y Dehkiaht se miraron el uno al otro.

—No eres lo que pensaba —susurró el ooloi—. Ti me lo dijo, me lo mostró..., y aun así no lo entendí.

—¿Qué es lo que no entendiste? —preguntó Akin, dando otro paso atrás. No quería sentirse tan atraído por alguien que, claramente, estaba ya tan bien relacionado con Tiikuchahk.

—Que tú mismo eres una especie de subadulto —le contestó Dehkiaht—. Tu estadio de crecimiento es más parecido al mío que al de Ti.

Aquello era algo que nunca antes le había dicho nadie. Casi le hizo olvidar el aroma del ooloi.

—Según dice Nikanj, aún no soy fértil.

—Tampoco lo soy yo. Pero en los ooloi esto es tan obvio, que nadie podría llamarse a engaño.

Para su propio asombro, Akin se echó a reír. Igual de repentinamente, se calmó.

—No sé cómo funciona esto —admitió.

Silencio.

—Nunca antes quise que funcionara. Ahora sí quiero. —No miró a Tiikuchahk. No podía evitar mirar al ooloi, aunque temía que pudiese descubrir que sus motivos para desear el éxito tenían poco que ver con él o con Tiikuchahk. Nunca se había sentido tan desnudo como ahora ante aquel ooloi inmaduro. No sabía qué hacer o decir.

Se le ocurrió que estaba actuando exactamente del mismo modo en que lo había hecho la primera vez que se había dado cuenta de que una mujer resistente estaba tratando de seducirlo.

Inspiró profundamente, sonrió y agitó la cabeza. Se sentó en una plataforma.

—Estoy reaccionando de un modo muy humano a una cosa muy inhumana —dijo—: A tu aroma. Si puedes hacer algo para suprimirlo, te agradecería que lo hicieses. Está confundiéndome de una jodida manera.

El ooloi alisó sus tentáculos corporales y se dobló sobre otra plataforma.

—No sabía que los construidos dijesen palabrotas

—Uno habla como oyó mientras crecía. ¿Qué efecto te causa a ti este aroma, Ti?

—Me gusta —respondió Tiikuchahk—. Hace que no me importe el que estés en esta habitación.

Akin trató de considerar esto, sobreponiéndose al distrayente aroma.

—Sí, a mí también apenas me deja darme cuenta de que estás en la habitación.

—¿Lo ves?

—Pero..., esto..., si se puede evitar, yo no quiero sentirme así todo el tiempo.

—Tú eres el único de los de aquí que podría hacer algo al respecto —le dijo Dehkiaht.

Akin hubiera deseado estar de vuelta con su maestro Akjai, un ooloi adulto que jamás le había hecho sentirse así. Ningún ooloi adulto le había hecho sentirse así.

Dehkiaht le tocó.

No se había dado cuenta de que el ooloi se le hubiera acercado. Así que literalmente saltó. Se sintió más ansioso que nunca de tener una satisfacción que este ooloi no le podía dar. Sabiéndolo, la frustración casi le hizo apartar de un empujón a Dehkiaht; pero él era un ooloi: tenía aquel increíble aroma. No podía ni empujarlo ni golpearle. En lugar de ello hizo una finta, apartándose de él. Lo había tocado tan sólo con su mano, pero aun esto era demasiado. Así que llegó hasta una de las paredes externas de la habitación antes de poder detenerse. El ooloi, claramente sorprendido, se limitó a mirarle.

—No tienes ni idea de lo que estás haciendo, ¿verdad? —le preguntó Akin. Jadeaba un poco.

—Creo que no —admitió el ooloi—. Y todavía no puedo controlar mi aroma. Quizá no pueda ayudaros.

—¡No! —dijo muy alto Tiikuchahk—. Los adultos dijeron que nos podías ayudar..., y a mí me ayudas.

—Pero le he hecho daño a Akin. No sé cómo dejar de hacerle daño.

—Tócale. Compréndelo del modo que me has comprendido a mí. Entonces sabrás cómo.

La voz de Tiikuchahk impidió a Akin pedirle al ooloi que se marchase. Sonaba..., no sólo aterrada, sino también desesperada. Era su compañera de camada, tan atormentada por la situación como lo estaba él. Y era una niña. Mucho más infantil aún que él: más joven, y realmente eka.

—De acuerdo —dijo, infeliz—. Tócame, Dehkiaht. Me quedaré quieto.

Se mantuvo quieto, contemplándolo en silencio. Casi le había golpeado. De no haberse retirado con tanta rapidez, posiblemente le hubiera pegado, haciéndole daño, y entonces, muy probablemente, el ooloi le hubiera aguijoneado en un acto reflejo, causándole a su vez un gran dolor. Y, claro, ahora Dehkiaht necesitaba algo más que las palabras de Akin para estar seguro de que éste no volvería a hacer una cosa así.

Se obligó a caminar hacia Dehkiaht. Su aroma le hacía desear correr hacia él y abrazarlo. Su inmadurez y su relación con Tiikuchahk le hacían desear correr en la otra dirección, huyéndole. De algún modo, consiguió cruzar la habitación y llegar hasta él.

—Échate —le dijo el ooloi—. Te ayudaré a dormir. Cuando haya terminado, sabré si puedo ayudarte de algún otro modo.

Akin se recostó en la plataforma, ansioso por hallar el descanso en el sueño. Los ligeros toques de los tentáculos de la cabeza del ooloi eran un estímulo casi insoportable, y el sueño no le llegó tan rápidamente como debería. Al fin se dio cuenta de que su estado de excitación hacía que el sueño le resultase imposible.

El ooloi pareció entender esto al mismo tiempo. Hizo algo que Akin no fue lo bastante rápido como para ver lo que era, y de repente ya no estuvo excitado. Y luego ya no estuvo despierto.


9


Akin se despertó solo.

Se alzó, sintiéndose ligeramente adormilado pero sin cambio alguno, y vagó por la vivienda de Lo Toath, buscando a Tiikuchahk, a Dehkiaht, a cualquiera. No encontró a nadie hasta que salió fuera. Allí, la gente se ocupaba de sus asuntos, como habitualmente, en medio de un paisaje que parecía un tranquilo e increíblemente cuidado bosque. Los verdaderos árboles no crecían tan altos como estas proyecciones, con aspecto de árbol, de la nave; pero la ilusión de estar en un terreno ondulado y boscoso era inescapable. Aquello era, pensó Akin, demasiado civilizado, demasiado planificado. Aquí no había posibilidad de escapadas, en busca de nuevos alimentos, para los niños con ansias de explorar: la nave les daba comida cuando se la pedían y, una vez se la enseñaba a sintetizar un alimento, jamás lo olvidaba. No había plátanos, o papayas, o piñas que cortar, ni mandioca que arrancar, ni boniatos que excavar; no había aquí ninguna cosa viviente que creciese, como no fueran los apéndices de la nave. Claro que, por ejemplo, se podían hacer crecer perfectos «boniatos» en los pseudoárboles, si un adulto oankali o construido se lo pedía a Chkahichdahk.

Alzó la vista hacia las ramas que se extendían sobre su cabeza, y no vio colgar de los pseudoárboles otra cosa que los habituales tentáculos verdes, finos como cabellos, productores de oxígeno.

¿Por qué estaba pensando en tales cosas? ¿Sería nostalgia del hogar? ¿Dónde estaban Dehkiaht y Tiikuchahk? ¿Por qué lo habían dejado solo?

Acercó la cara al pseudoárbol del que había emergido y lo probó con su lengua, permitiendo que la nave lo identificase y así le diese cualquier mensaje que hubieran dejado para él.

La nave lo hizo: «Espera», decía el mensaje. Nada más. Entonces, no lo habían abandonado. Lo más probable era que Dehkiaht hubiera llevado lo que había aprendido de Akin a algún ooloi adulto, para que se lo interpretase. Probablemente, cuando regresase, su aroma sería aún todo un tormento. Tendría que cambiárselo un adulto..., o tendrían que cambiarlo a él. Hubiera sido más fácil que los adultos hubiesen hallado, directamente, una solución para Tiikuchahk y para él.

Entró de nuevo, para esperar, y de inmediato supo que Dehkiaht, al menos, había regresado.

Lo podría haber hallado sin usar la vista. De hecho, su aroma lo dominaba de tal modo que apenas si podía ver, oír o sentir nada. Era aún peor que antes.

Descubrió que sus manos estaban sobre el ooloi, aferrándolo como si esperase que fueran a arrebatárselo, como si fuera de su absoluta propiedad.

Luego, de un modo gradual, fue capaz de irlo dejando ir, capaz ya de pensar y enfocarse en otra cosa que no fuera su anonadante aroma. Se dio cuenta de que volvía a estar tendido. Tendido al costado de Dehkiaht, apretado contra él, y muy cómodo.

Contento.

El aroma de Dehkiaht seguía siendo interesante, aún le resultaba excitante, pero ya no era dominante. Deseaba permanecer junto al ooloi, se notaba posesivo sobre su persona, pero ya no estaba tan totalmente enfocado en él. Le gustaba. Había sentido lo mismo por las mujeres resistentes, que le habían dejado hacer el amor con ellas, y que lo veían como algo más que un contenedor de esperma, que esperaban que fuese fértil.

Inspiró profundamente y disfrutó con los muchos y suaves contactos de los tentáculos de la cabeza y el cuerpo de Dehkiaht.

—Mejor —suspiró—. ¿Seguiré así, o tendrás que irme reajustando?

—Si te quedases así, nunca harás trabajo alguno —le dijo el ooloi, aplastando, divertido, sus tentáculos libres contra la piel—. No obstante, esto es bueno..., especialmente después de lo otro. Tiikuchahk está aquí.

—¿Ti? —Akin alzó la cabeza sobre el cuerpo del ooloi—. No había..., no te noto.

Ella le dedicó una sonrisa humana.

—Yo sí te noto, pero no más que a cualquier otra persona de la que esté cerca.

Sintiéndose extrañamente despojado, Akin tendió la mano por encima de Dehkiaht para tocarla.

El ooloi le tomó la mano y se la volvió a colocar al costado.

Sorprendido, Akin enfocó todos sus sentidos en él.

—¿Por qué te preocupa si toco a Ti o no? No eres maduro y no nos hemos atriado.

—Sí, no formamos un trío, pero sin embargo me preocupa. Sería mejor si, durante un tiempo, no os tocaseis el uno al otro.

—No..., no quiero estar ligado a ti.

—No podría ligarte. Esto es lo que me confundió tanto. Volví con mis padres, para mostrarles lo que había aprendido acerca de ti, y pedirles su consejo. Ellos dicen que no se te puede ligar. No has sido construido para ser ligado.

Akin se apretujó contra Dehkiaht, queriendo estar más cerca de él, aceptando con satisfacción el inadecuado brazo de fuerza con que el ooloi le rodeó. No era propio de los oankali el colocar brazos de fuerza alrededor de la gente, o el acariciar con manos de fuerza. Alguien debía de haberle dicho a Dehkiaht que, tanto humanos como construidos, hallaban reconfortantes tales gestos.

—Me ha sido dicho que vagaré —explicó—. Ya ahora, cuando estoy en la Tierra, ando errante; aunque siempre acabo por volver al hogar. Temo que, cuando sea adulto, no tendré un hogar.

—Lo será tu hogar —le dijo Tiikuchahk.

—No del modo en que lo será para ti. —Casi seguro de que se convertiría en una hembra y entraría a formar parte de una familia similar a la que le había criado a él. O se juntaría con un macho construido, como él, o con sus hermanos nacidos de oankali. Incluso entonces, tendría un ooloi y niños con los que vivir. Pero, ¿con quién viviría él? La casa de sus padres seguiría siendo el único verdadero hogar que hubiese conocido.

—Cuando seas adulto —le dijo Dehkiaht—, tú mismo conocerás lo que puedes hacer. Y sabrás lo que deseas hacer. Te parecerá bueno.

—¿Y cómo sabes tú eso? —inquirió, amargamente, Akin.

—No tienes taras. Incluso antes de ir a consultar con mis padres me di cuenta de que hay una totalidad en ti..., una fuerte totalidad. No sé si serás lo que tus padres querían que fueses, pero, sea lo que sea en lo que te conviertas, estarás completo. Tendrás dentro de ti todo lo que necesites para autocontentarte. Sólo tendrás que hacer aquello que te parezca lo correcto.

—¿Abandonar a mis compañeros e hijos?

—Sólo si eso es lo que te parece correcto.

—Algunos machos humanos lo hacen. Sin embargo, a mí no me parece correcto.

—Haz lo que te parezca correcto. Ya desde ahora.

—Te diré lo que, a mí, me parece correcto. Ambos deberíais de saberlo. Es lo que a mí me ha parecido correcto, ya desde pequeño. Y seguirá siendo lo correcto, sin importar cuál resulte ser mi situación conyugal.

—¿Y por qué deberíamos saberlo?

No era ésta la pregunta que Akin se esperaba. Se quedó quieto, pensativo, en silencio. Desde luego, ¿por qué?

—Si me sueltas, ¿volveré a perder el control?

—No.

—Entonces suéltame. Para ver si aún sigo queriendo contároslo.



Dehkiaht le soltó, y él se sentó, mirándolos a ambos. Tiikuchahk, al lado del ooloi, tenía el aspecto de estar justamente en el sitio que debía. Y a Dehkiaht se le veía..., se le veía como alguien que, también a él, le resultaba aterradoramente necesario. Mirándolo, le volvieron a entrar ganas de acostarse con él. Se imaginó regresando a la Tierra sin él, dejándoselo a otra pareja, para que se atriase con él. Si así era, ellos madurarían y seguirían con él, y el aroma de sus cuerpos animaría al cuerpo del ooloi a madurar rápidamente. Y, cuando hubiese madurado, serían una familia. Una familia Toath, si se quedaban a bordo de la nave.

Y él mezclaría niños construidos para esa otra gente.

Akin se bajó de la plataforma cama y se sentó al borde de la misma. Allá le resultaba más fácil pensar. Antes de hoy jamás había tenido aquellas apetencias sexuales por un ooloi..., ni había tenido idea de cómo podían afectarle esas ansias. El ooloi decía que no podían ligarle a él. Aparentemente, los adultos deseaban estar atados a un ooloi..., para ser unidos y entretejidos en una familia. Akin estaba confuso respecto a lo que él deseaba, pero sí sabía que no deseaba que Dehkiaht fuera estimulado a madurar por otra gente. Lo quería en la Tierra con él. Y, no obstante, no quería estar ligado a él. ¿Cuánto de lo que sentía era simplemente químico..., resultado del provocativo aroma del ooloi y de su habilidad para hacerle sentirse bien a su cuerpo?

—Los humanos son más libres para decidir lo que desean —dijo en voz baja.

—Sólo creen serlo —le replicó Dehkiaht.

Sí. Lilith no era libre. Una repentina libertad la hubiera aterrorizado, aunque a veces pareciera desearla. A veces, tensaba al máximo los nexos de unión con la familia. Vagaba. Aún lo hacía, pero siempre volvía a su hogar. Por su parte, Tino probablemente se mataría si lo liberasen. Pero, ¿y qué pasaba con los resistentes? Se hacían cosas terribles los unos a los otros porque no podían tener hijos. Pero, antes de la guerra..., durante la guerra, se habían hecho cosas terribles los unos a los otros, a pesar de que sí podían tener hijos. La Contradicción Humana los tenía aferrados: la inteligencia al servicio de un comportamiento jerárquico. No eran libres. Y todo lo que podía hacer por ellos, si es que podía hacer algo por ellos, era dejarles seguir esclavizados según sus propias costumbres. Quizá la próxima vez su inteligencia estuviera equilibrada con su comportamiento jerárquico, y no se destruyesen a sí mismos.

—¿Vendrás a la Tierra con nosotros? —le preguntó a Dehkiaht.

—No —contestó éste, con voz queda.

Akin se alzó y le miró. Ni él ni Tiikuchahk se habían movido.

—¿No?


—No puedes pedírmelo en nombre de Tiikuchahk. Y Tiikuchahk no sabe aún si será macho o hembra. Así que no puede pedirlo por sí misma.

—No te he pedido que me prometieses atriarte con nosotros, cuando todos seamos adultos. Te he pedido que vengas a la Tierra. Quédate con nosotros por ahora. Luego, cuando sea adulto, espero tener un trabajo que te interesará.

—¿Qué trabajo?

—El dar vida a un mundo muerto, y luego entregar ese mundo a los resistentes.

—¿A los resistentes? Pero...

—Quiero convertirlos en los Akjai humanos.

—No sobrevivirán.

—Quizá no.

—No hay un quizá: no sobrevivirán a su Contradicción.

—Entonces, que sean ellos los que fracasen. Al menos, démosles la libertad de fallar.

Silencio.

—Dejadme enseñároslos..., no sólo sus interesantes cuerpos y el modo en que existen aquí y en los poblados comerciales de la Tierra. Dejadme mostrároslos tal como son cuando no hay oankali alrededor.

—¿Por qué?

—Porque, al menos, deberíais conocerlos antes de que les neguéis el seguro que los oankali siempre exigen para sí mismos. —Subió a la plataforma y miró de cerca a Tiikuchahk, y le preguntó—: ¿Quieres participar?

—Si —contestó solemnemente el ooloi—. Esta será la primera vez, desde que nací, en que soy capaz de tomar de ti impresiones sin que algo vaya mal.

Akin se echó junto al ooloi. Se acercó a él, con su boca contra la piel de su cuello, con sus muchos tentáculos corporales y craneales ligados a él y a Tiikuchahk. Luego, cuidadosamente, al estilo de un narrador de cuentos, les dio la experiencia de su secuestro, cautividad y conversión. Todo lo que él había sentido se lo hizo sentir a ellos. E hizo algo que no había sabido que pudiese hacer: los avasalló de tal modo que durante un tiempo él mismo fue, a la vez, cautivo y convertido. Les hizo a ellos lo que el abandono de los oankali le había hecho a él en su niñez: hizo que el ooloi entendiese, a un absoluto nivel personal, lo que él había sufrido y aquello en lo que había acabado por creer. Y, hasta que hubo terminado, ni Dehkiaht ni Tiikuchahk pudieron escapar.

Pero, cuando hubo terminado, cuando los soltó, ambos lo dejaron solo. No le dijeron nada: simplemente, se levantaron y se marcharon.




Compartir con tus amigos:
1   ...   19   20   21   22   23   24   25   26   27


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad