Ricardo crane



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TRABAJANDO

CON LAS

CREENCIAS RELIGIOSAS

EN LA TERAPIA

DE SISTEMAS FAMILIARES

CRISTIANOS

RICARDO CRANE


CLAUDIA MAIDA

INSTITUTO CHILENO DE TERAPIA FAMILIAR
Enero, 1992

INDICE
I. Introducción.
II. Algunos Conceptos Básicos: Rito, Mito, Creencia, y Valor.
III. Los Valores en la Psicoterapia.
IV. El Lugar de los Valores Religiosos en la Psicoterapia.
La Apertura de la Psicología Hacia los Valores Religiosos.
V. Aspectos Eticos y las Dificultades del Terapeuta con la Utilización de las Creencias en la Terapia.
Cuándo Sería Apropiado y Etico Discutir la Fe Religiosa

de los Individuos Dentro del Contexto Terapéutico.
VI. Selección del Terapeuta en Relación a las Propias Creencias.
A.Sistemas de Creencias Diferentes, Terapia Menos Eficaz.
B.Valores Diferentes, Metas Terapéuticas Diferentes.
C.Cómo los Valores Religiosos Más o Menos Conservadores de Clientes Cristianos Influyen en la Decisión de Asistir a Terapia.
VII. Presentación de un Caso Clínico en el que se Reconocen los Valores Religiosos Explícitamente en la Psicoterapia.
A. Algunas Consideraciones en Relación a Familias Cristianas Fundamentalistas.

B.Presentación de la Familia Smith

1. Descripción de la Familia.

2. Motivo de Consulta.
C. La Elección del Terapeuta.
D.Manifestaciones de los Valores Religiosos de los Consultantes a Través de la Terapia.

E.Algunas Estrategias Considerando los Valores Religiosos de la Familia.
F.Algunas Intervenciones y Técnicas Terapéuticas que Toman en Cuenta los Valores Religiosos de los Consultantes.

VIII. Consideraciones Finales.
IX. Bibliografía.

I. Introducción:
Como terapeutas cristianos nos inquieta el hecho de que dentro de la terapia se deje frecuentemente de lado la dimensión espiritual, la cual de acuerdo a nuestro sistema de creencias es de mucha importancia para lograr cambios profundos y duraderos en beneficio de las personas y de su salud espiritual y mental. Como dice Tournier (1965, p.55): "El doctor que quiere realmente comprender al hombre, tiene que agregar a esto sabiduría y experiencia de una naturaleza espiritual... El hombre no es solo cuerpo y mente. Es un ser espiritual. Es imposible conocerlo si se desconoce su realidad más profunda".
Asimismo nos incomoda el hecho de sentir que no estamos considerando nuestras propias convicciones religiosas ni las de los clientes por considerarlo no-terapéutico. Consideramos que el dejar de lado la dimensión espiritual nos da una visión muy incompleta de la vida, de las personas y sus problemáticas. Nos preguntamos, ¿cuándo es ético, beneficioso, y recomendable considerar las creencias religiosas de las personas a quienes tratamos en el proceso terapéutico?
Para nosotros y para una gran cantidad de personas la existencia de Dios no es un tema religioso del cual se conversa y debate de vez en cuando, como se haría de un candidato político o de un partido de fútbol. Sería como hablar de la paternidad en forma abstracta desconociendo el hecho de que todos tenemos un padre con quien, bien o mal, nos relacionamos. Como dice Schaeffer (1974), "Dios está presente y no está callado", es personal y tenemos un vínculo muy significativo con El, que permea todo nuestro quehacer humano. James Griffith (1986, p.609) escribe:
"En muchas familias religiosas, Dios funciona como un miembro crucial de la familia, estabilizando relaciones interpersonales y diariamente involucrando transacciones familiares.... Hay amplia evidencia de que la relación con Dios entre miembros de familias religiosas juega un papel crucial en la regulación de su comportamiento. A los hijos, ya muy conscientes de que Dios los observa aún cuando los padres no puedan, se les dice que deben comportarse como Dios manda... Las parejas jóvenes se arrodillan ante Dios durante sus votos señalando con esto que es Dios, y no uno u otro de los consortes, quien será cabeza del nuevo hogar. A través de la oración y la lectura bíblica, los padres buscan la guía de Dios en la crianza de sus hijos. Sin embargo, esta dimensión de la vida familiar y su relevancia para la terapia, curiosamente ha estado ausente de la investigación y la práctica de la terapia familiar" (El subrayado es nuestro.)
A través de esta tesis, nos hemos propuesto indagar en el tema y mostrar cómo esta dimensión religiosa se toma en cuenta en nuestra práctica terapéutica.
Desde una epistemología sistémica el terapeuta e investigador son parte de la terapia y lo investigado. Por lo tanto consideramos prudente expresar algunas reflexiones (muy esquematizadas e incompletas, sin embargo asumidas) en cuanto a una epistemología cristiana pro sistémica. Esto es donde estamos situados en cuanto a algunas de nuestras creencias:
Creemos en la existencia de un Dios personal, creador del universo y fuente de toda verdad quien se ha manifestado en lo que en la teología se denomina "revelación", siendo Jesucristo Dios mismo, la máxima revelación1. Como terapeutas cristianos y sistémicos Dios "traza la primera distinción" en cuanto a toda la existencia2 y nos la entrega para que sigamos "trazando distinciones" como administradores de su creación.3 Esta revelación de Dios se divide en "Revelación General", refiriéndose a La Creación y "Revelación Especial", refiriéndose a La Biblia (Berkhof, 1976). Estas dos formas de comunicar de Dios las podríamos ver como analógica y digital. El Salmo 19 (Biblia, 1960) nos dice: "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos", refiriéndose a lo analógico, la creación; y "la ley de Dios es perfecta, reviviendo el alma; los estatutos de Dios son confiables, haciendo sabio al sencillo. Los preceptos de Dios son rectos, alegrando el corazón; los mandamientos de Dios son puros, iluminando los ojos..." refiriéndose a lo digital, la Biblia. Estas revelaciones de Dios no se contradicen ya que vienen de la misma Mente de Dios. El hombre, se aproxima a este Conocimiento de Dios a través del estudio de su revelación. De la investigación de la revelación "digital" de Dios se desprende la teología, y de la investigación de la revelación "analógica" se desprende la ciencia. Tanto la teología como la ciencia son interpretaciones o "captos" de los "datos" que tenemos de Dios. Dios es Infinito, Eterno, e Inmutable. El hombre no lo es. Muchos hombres y religiones se han querido hacer dueños de la verdad, sin embargo sólo Dios es dueño de La Verdad, es el único con "objetividad sin paréntesis", los hombres todos hablamos desde la "objetividad en paréntesis"4. Las contradicciones y conflictos entre el conocimiento del hombre y el conocimiento de Dios las entendemos como un desacople del hombre causadas por una tendencia a la autonomía reconocida en términos teológicos como "pecado original"5. La rebelión contra Dios del primer Adán (el "paciente índice") hizo que todo el sistema humano quedara desvinculado de El, sufriendo las consecuencias de esta ruptura. Dios, sin embargo, proveyó en su propia carne a través de Jesucristo, "el segundo Adán" (el 'cordero' expiatorio), la forma de reconciliarnos con El y disfrutar de una vida plena y eterna.6

Lo que hemos venido diciendo se puede graficar en parte como sigue:7

DIOS


(Existe y es la fuente de toda Verdad)


Conocimiento

de Dios
"Objetividad sin

paréntesis"

El Cristiano

lo recibe por fe



Verdad Revelada

en la Biblia

(Rev. Especial)

(digital)

Datos



Verdad Revelada

en la creación

(Rev.General)

(analógica)

Datos


===================================================================





Conocimiento

Humano
("Objetividad

en Paréntesis")


Teología

(interpretaciones)

"captos"



Ciencia


(interpretaciones)

"captos"


descubrimientos

EL HOMBRE

(Existe y es capaz de conocer la verdad)

De ver a Dios como parte integral de todo sistema humano se desprende nuestro interés por desarrollar esta tesis. Existe una relación interpersonal con Dios que constituye una metarelación que regula todas las relaciones en la familia. Si Dios está presente en el sistema familiar, consideramos como terapeutas cristianos que también lo está en el sistema terapéutico.

II. Algunos Conceptos Básicos: Rito, Mito , Creencia y Valor.

Debido a la interrelación existente entre estos conceptos, y a que se podrían confundir, pasamos a revisar las siguientes definiciones:



Rito:

Andolfi, (1989, pp.118,210) define ritos familiares como:

"una serie de actos y de conductas estrictamente codificados dentro de la familia, que se repiten con el correr del tiempo y de los cuales participan todos los miembros de la familia o una parte de ellos". "Parecen cumplir la misión de transmitir a los participantes determinados valores o actitudes o modalidades de conducta ante situaciones específicas o vivencias emotivas ligadas con esos ritos. Al mismo tiempo, sin embargo, se prestan a servir de sostén de los significados que cada miembro les atribuye, enriqueciéndose en el tiempo con nuevas valencias y brindando así una estructura (como las marcas de contexto) para sucesivas transformaciones del mito familiar.


Mito:
Andolfi (1989, p.208) define el mito familiar de la siguiente manera:

"una grilla de lectura de la realidad (en la que coexisten elementos reales y elementos fantásticos), en parte "heredada" de la familia de origen, en parte construida por la familia actual, en correspondencia con sus necesidades emocionales, que asignan a cada miembro un papel y un destino bien precisos. El mito familiar interactúa con los mitos individuales de cada integrante de la familia plasmándolos y siendo plasmado. Acontecimientos específicos de la vida familiar o individual, en especial los referidos a las fases críticas de la existencia (nacimientos, muertes, matrimonios, cambios de edad, etc.), determinan qué elementos o roles de la trama mítica serán activados, bajo la forma de particulares "constelaciones míticas" estimuladas por la situación específica.


"Se entiende por mito familiar - decía Ferreira - una serie de creencias sólidamente integradas y compartidas por todos los miembros de la familia, que atañen a cada individuo y a su relación recíproca con los demás. Estas creencias no son rechazadas por ninguno de aquellos que están involucrados, aunque la existencia de dichos mitos requiera a menudo de grandes distorsiones de la realidad" (Nicoló-Corigliano, 1986, p.34)
Lévi-Strauss lo define "como un objeto semiótico, como un lenguaje en el que 'un determinado material significante (el relato) posee la función de transmitir un cierto significado'... Su gran importancia surge de constituir un verdadero 'intercódigo', precisamente por las relaciones que el mito establece entre los diferentes niveles de la realidad.". En vez de describir la realidad, el mito nos enseña cómo ésta debe ser leída. "Como una predicción autocumplida, el mito está organizado de modo tal que el mismo provee su propia verificación empírica. El mito funciona en forma prescriptiva puesto que organiza los conocimientos y les atribuye un orden que, siendo de naturaleza simbólica, va más allá de los conocimientos individuales. Puesto que un intercódigo produce una unificación de la experiencia y funda la racionalidad de lo real afirmando que cualquier otro universo sería loco y desviante..." (Nicoló-Corigliano, 1986, p.35)

Se nota una diferencia entre la creencia y el mito en que el mito, nos dice Malinowsky, tiene una trayectoria, un pasar de tiempo donde "el pasado es más importante que el presente y constituye un modelo en el que el presente no puede ser otra cosa que una repetición". Ferreira dice que es "una parte de la imagen interna del grupo" a la que todos contribuyen y se esfuerzan por conservar. Describe los roles y los atributos de los miembros en sus transacciones recíprocas y "si bien son falsos e ilusorios, son aceptados por cada uno sin que nadie se atreva a examinarlos o desafiarlos. (Nicoló-Corigliano, 1986 p.34)



Creencia:

Una creencia se instala en el presente, es consciente y tácita y no tiene ese sentido velado y oculto del mito. La creencia no necesita verificación o prueba, simplemente se acepta como tal. Entendemos la fe y la creencia como sinónimos. La Biblia define la fe de la siguiente manera: "La fe es la certeza de lo que esperamos, la convicción de lo que no se ve". En la carta a los Hebreos esta definición se ilustra a través de muchos testimonios de aquellos que creyeron en la historia descrita en el Antiguo Testamento. La creencia en la creación del mundo como acto de Dios es un ejemplo: "por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía". (Biblia, 1960, Hebreos 11:1,3).


VALOR:

Los griegos utilizaban la palabra "axios" significando "que vale"; por lo tanto valor es cualquier cosa valiosa. Tiene que ver con lo deseable que puede ser una cosa. Son los bienes, los recursos de vida universales, buscados por los seres humanos en todas las culturas y civilizaciones. Son todas aquellas cosas, ambas objetivas y subjetivas sin las cuales los seres humanos no podemos vivir.

De la civilización griega del siglo quinto A.C. hemos heredado la tríada valórica: "lo bueno, lo verdadero y lo bello". De las culturas Judeo-cristianas provienen los valores incorporados en los diez mandamientos. La tecnología científica moderna ha agregado una cantidad de valores que van desde el método científico mismo, mejor salud y mayor longevidad, hasta la tecnología que llena los hogares con instrumentos que nos ahorran tiempo y dan mayores comodidades.
III. Los Valores en la Psicoterapia:

Según Nichols (1984), Jackson elabora una "hipótesis de reglas", constituyendo un modo de resumir la información de que en cualquier unidad en donde exista compromiso (díada, tríada o grupo) se dan patrones repetitivos de conductas. Opina que las reglas pueden describir regularidad más que regulación. Un segundo aspecto de la "hipótesis de las reglas" es que los miembros de la familia utilizan solo algunos de los comportamientos dentro de la gama disponible. Formula que este hecho, aparentemente inocente, es precisamente el que posibilita la terapia familiar. El comportamiento de un miembro familiar se ve limitado por las reacciones de otros miembros, y estas limitantes representan las reglas que gobiernan el tipo de relación a darse, reflejando los principios básicos gobernantes de la familia.


En 1963 Jackson delineó tres tipos de reglas familiares: (1) normas, que son encubiertas; (2) valores, que son conscientemente mantenidos y reconocidos abiertamente; y (3) mecanismos homeostáticos, que constituyen las reglas sobre cómo son ejercidas las normas y valores (metareglas).
Como dice Nichols (1984), el tema de los valores, en la literatura de terapia familiar se ha estudiado y discutido escasamente, con la excepción de Boszormenyi-Nagy quién considera la dimensión ética solo en términos del paciente.

Nichols expresa que lo que se considera normal o anormal está en parte determinado culturalmente. Los valores sociales y culturales modelan las transacciones de las familias tratadas por terapeutas familiares, quienes deben estar conscientes de que muchas veces difieren de sus propios valores, no debiendo estereotipar a las familias sino trabajar con sus valores y no en su contra. Opina que el intento por parte de los terapeutas de imponer sus valores culturales y sistemas cognitivos a las familias tratadas resulta ser destructivo o inútil.


Hudson (1989, p.35) realiza un análisis de la terapia de Milton Erickson expresando lo siguiente:

"Una de las piedras angulares del enfoque ericksoniano era la aceptación y utilización de las pautas de conducta y experiencia del paciente (y también de las pautas de interacción social y familiar). Esto no solo suponía aceptar sin abrir juicio lo que el paciente presentaba, sino también descubrir y usar activamente tales pautas al servicio del cambio".


Erickson consideraba importante la utilización del lenguaje del paciente, sus intereses y motivaciones, sus creencias y marcos referenciales, su conducta, su síntomatología y su resistencia. En relación al uso de las creencias, Erickson frecuentemente tomaba las que el paciente llevaba a la terapia y las utilizaba de manera de producir los cambios deseados.
Mark McMinn (1984) sugiere que los terapeutas conversen con sus clientes franca y abiertamente en los primeros estadios del proceso terapéutico en relación a sus valores generales, incluyendo los valores religiosos, sobretodo si existe mucha discrepancia entre los valores de los terapeutas con los de los clientes, lo cual puede afectar el desenlace de la terapia.
Nicoló-Corigliano (1986) ha enfatizado la importancia de reconocer una multidimensionalidad en el sistema terapéutico. Lo que ella denomina el "estado mental" del sistema familiar, compuesto por su organización política y económica. Dice lo siguiente:

"Por oganización política y económica de un sistema entiendo un ordenamiento estructurado y organizado en el que participan todos los miembros, compuesto de conductas, decisiones, conocimientos, relaciones (que en general derivan de) estados mentales y emocionales conectados entre sí, como sucede en una sociedad o en un Estado que decide ciertas partidas, contrae ciertas deudas, acepta la existencia de determinadas categorías de riesgo, mejora la salud pública pero decide no preocuparse, por ejemplo, por la defensa ecológica de determinado ambiente... Todo esto está conectado y corresponde a una determinada visión del mundo, a un determinado ordenamiento de la política económica que es para el sistema familiar su estado mental" (Nicoló-Corigliano, 1986 p.37))


Cuando un enfoque terapéutico de un problema falla en un nivel, un abordaje en uno o más niveles puede surtir efecto. Lawrence Le Shan (1977) ha desarrollado una modalidad terapéutica para tratar a enfermos de cáncer quienes no han respondido a tratamientos médicos tradicionales, los llamados "médicamente desesperanzados". Sus resultados llaman la atención. Luego de trabajar con la modalidad terapéutica de Le Shan, estos pacientes han mostrado una mejoría de un 50%. (Bowen et al, 1988)
Le Shan utiliza una modalidad terapéutica dirigida principalmente al individuo, enfatizando la importancia del tratamiento en niveles múltiples; biológico, psicológico y espiritual. Define el nivel espiritual como "la necesidad profunda y básica de poseer un marco de referencia con sentido" (Le Shan, 1982). Considera al paciente con cáncer como una persona que ha "perdido su camino". Está desesperado y desesperanzado en cuanto a jamás ser capaz de "cantar su propia canción". La meta terapéutica de Le Shan no es curar el cáncer sino ayudar al paciente a "cantar su propia canción" o a " vivir bajo su propio nombre". Le Shan intenta que la persona se vuelva más importante (más grande) que su problema. Pareciera ser que su relación con los pacientes es un componente esencial en el hecho de que éstos recuperen o adquieran una dirección en sus vidas. (Bowen et al, 1988)
La mayoría de las personas han realizado al menos un grado de inversión emocional en creencias, y una amenaza a la validez de ellas crea alguna angustia. (Bowen et al 1988)


IV. El Lugar de los Valores Religiosos en la Psicoterapia:
La Apertura de la Psicología Hacia los Valores Religiosos:
Bergin (1980) nos da las siguientes razones por las cuales el péndulo ha vuelto del naturalismo, agnosticismo y el humanismo en el campo de la Psicología, a los valores religiosos:

1. La ciencia ha perdido su autoridad como la fuente dominante de la verdad que había tenido.


2. La Psicología en particular ha sido golpeada en su estatus como fuente de autoridad en la acción humana por su obsesión con la metodología (Bakan, 1972), su efectividad limitada en resultados prácticos, su incoherencia conceptual, y su alienación con la cultura dominante (Campbell, 1975; Hogan, 1979). Una psicología dominada por el pensamiento mecanicista, y una ética naturalista han probado ser insuficientes, y el interés ha ido decayendo.
3. Los tiempos modernos han producido ansiedad, alienación, violencia, egoísmo (Kanfer, 1979), y depresión (Klerman, 1979); pero el espíritu humano no se reprime. La gente quiere más, y este deseo se manifiesta en la proliferación de sectas, magia, superstición, prácticas cohersivas, y la emocionalidad.
4. Los psicólogos están siendo influenciados por estas fuerzas de este desarrollo de zeitgeist8 y son una parte de ella. La emergencia de estudios sobre la conciencia y la cognición, que nacieron de la desilusión con el conductismo mecanicista y el crecimiento de la psicología humanista, ha preparado el escenario para examinar la posibilidad de que conductas actualmente inobservables - o sea, fuerzas espirituales - están operando en la conducta humana.
En el pasado solo una minoría de pensadores (Allport, 1950; James, 1902; Jung, 1958; la psicología pastoral, etc.) mostraron interés en esta materia pero pareciera que actualmente es un movimiento que toma mucho auge.
Bergin ha argumentado que los psicólogos necesitan investigar empíricamente el lugar de la religión en terapia. Realizó un análisis en donde postula seis tesis para demostrar la centralidad del rol que juegan los valores religiosos en la psicoterapia:
Tesis 1: Los valores ocupan un lugar inevitable y penetrante en la psicoterapia.

Tesis 2: No sólo las teorías, técnicas, y criterios revelan juicios valóricos, sino que también los resultados de estudios comparativos de diversas técnicas muestran que factores no técnicos, como valores personales y creencias, serían en parte responsables del los cambios terapéuticos.


Tesis 3: Hay dos amplias clases de valores que dominan el campo de la salud mental. Ambos excluyen valores religiosos, y los dos establecen metas de cambio que se contraponen con el sistema teísta de creencias. Estos son el pragmatismo clínico y el idealismo humanista.
Tesis 4: Hay un contraste significativo entre los valores de los profesionales de la salud mental y los de una gran proporción de clientes.
Tesis 5: A la luz de las tesis antes mencionadas, sería honesto y ético el reconocer que estamos implementando nuestro propio sistema de valores a través de nuestro trabajo profesional y ser más explícitos en cuanto a lo que creemos mientras que a la vez respetamos el sistema de valores de otros.
Tesis 6: Es nuestra obligación como profesionales el traducir lo que percibimos y valoramos intuitivamente a algo que pueda ser abiertamente probado y evaluado.

V. Aspectos Eticos y las Dificultades del Terapeuta con la Utilización de las Creencias en la Terapia:
Muchos terapeutas ven la dimensión religiosa como optativa y de poco valor para el proceso terapéutico. Sin embargo, lo ético en el acercamiento a una familia que plantéa sus creencia, sería tomar en cuenta seriamente la dimensión religiosa que traen.

Lovinger (Griffith, 1986) menciona 3 razones por las cuales los terapeutas excluyen la religión de la psicoterapia:


1.Sentimientos fuertes hacia la religión (positivos o negativos);

2.Temor de que el terapeuta inserte sus propios valores en la terapia; y



3.Un entendimiento simplista de la experiencia religiosa de parte del terapeuta.
Boszormenyi-Nagy (1973 p.419) pregunta si ¿puede considerarse que cada miembro de una familia está también confinado por las ideas del terapeuta sobre el modo en que debería cambiar la familia? ¿Le corresponde al terapeuta proporcionar los cambios de acuerdo a sus propias convicciones y designios estratégicos?... y concluye "como terapeutas debemos actuar convencidos de que no debemos pasar por alto al individuo y al sistema familiar como determinantes de las acciones. No debemos considerarnos árbitros llamados a dictar soluciones, ni ver en nuestro papel algo que no guarda relación alguna con el conflicto entre las justicias individuales. Sugerimos que el especialista apoye a todo miembro de la familia en su búsqueda de una solución justa en el contexto de las relaciones"
Griffith (1986 p.617) nos dice que la ética de las relaciones de Dios-familia en la terapia son las de la ética de los fenómenos de transición. Nos da tres puntos a considerar:
1.El terapeuta mantiene una conciencia cognitiva de que la terapia focaliza sobre las pautas interaccionales de la relación con Dios, y no en validar alguna imagen particular de Dios o creencia teológica. Esto es más fácil de entender si el terapeuta conoce los orígenes psicológicos de su propia relación o no relación con Dios.
2.El terapeuta muestra reverencia hacia las creaciones de espacios de transición que el cliente escoge revelar.
3.El terapeuta lucha por lograr la neutralidad, evitando enjuiciar los planteamientos del cliente, de manera que la imagen de Dios pueda ser elaborada en detalle, examinándola de modo que pueda dársele un mejor uso, mientras su integridad es protegida por el terapeuta.
Desde una postura abierta y respetuosa a la experiencia religiosa del consultante el terapeuta podrá utilizar el mismo material que le es entregado para no caer en un rechazo o entendimiento simplista.
Cuándo Sería Apropiado y Etico Discutir la Fe Religiosa de los Individuos Dentro del Contexto Terapéutico.
Nelson & Wilson (1984), toman las cinco posiciones normativas descritas por Geisler (1971)9 y concluyen con él que la jerarquización sería la postura ética elegida basándose en la Biblia. Existe un código ético para psicólogos y psiquiatras que se ha hecho extenso en vista de la aparición de tantas modalidades psicoterapéuticas. Se tratan en extensión y profundidad temas como el secreto profesional, apertura, el comportamiento sexual del terapeuta frente a su paciente, etc.. Sin embargo poco se ha profundizado en los temas relacionados con la ética de la inclusión o no de creencias religiosas, valores y conceptos de moralidad y pecado. Respondiendo a la pregunta que se formulan en este artículo, de cuando sería apropiado y ético discutir la fe religiosa de los individuos dentro del contexto terapéutico, señalan que la mayoría de los terapeutas cristianos opinan que:
a) Se debe evitar la discusión directa de creencias religiosas en terapia, y mantener la creencia en Dios de modo personal y privado, asistir a la iglesia, etc.
b) Discutir brevemente sobre religión y luego referirlo a alguien entrenado en teología.
c) Intentar integrar la terapia y la dimensión espiritual de la naturaleza humana, realizando intervenciones apropiadas tal como se haría en relación a aspectos sociales, psicológicos o biológicos de la persona.
Argumenta que estos enfoques aún deben enfrentar la prohibición impuesta por un criterio estrictamente Freudiano de la humanidad y de Dios, según el cual no sería ético discutir con un paciente su fe en Cristo, porque al hacerlo estaríamos introduciendo un sistema halucinatorio en la terapia.
Nelson & Wilson opinan que todo terapeuta debe enfrentar problemas relacionados con temas existenciales de sentido, moralidad y muerte, y que el terapeuta cristiano puede referirse a ellos directamente debido a que las intervenciones espirituales tienen cuatro ventajas:
a)El cliente puede hallar sentido a su vida, superar problemas de moralidad y manejar conflictos que aparecen al enfrentar la muerte propia o de otros.
b) El psicoterapeuta cristiano sabe que los valores no son relativos. Dios ha provisto al ser humano de guías conductuales absolutas que poseen valor real. Obedecerlas resulta en paz y vida, desobedecerlas resulta en conflicto, sufrimiento emocional e incluso la muerte.
c) El pecado y sus consecuencias, sobretodo la culpa, se resuelven mediante el perdón de parte de Dios.
d) El amor incondicional que Dios nos otorga nos provee de un sentimiento de valor aumentando nuestra autoestima.
Negar la oportunidad de experimentar la curación de tales problemas sería antiético si las personas están abiertas a la curación cristiana. También señala que debería manifestarse desde el inicio del contrato terapéutico y como parte de éste, el hecho de que se tomará en cuenta la dimensión espiritual cuando sea necesario, en concordancia con el acercamiento terapéutico del profesional. Debería ofrecerse al cliente la alternativa de tomar en cuenta o no la dimensión espiritual. Si de acuerdo a la percepción del terapeuta fuese necesario abordar el problema realizando intervenciones espirituales a lo cual el cliente no estuviese dispuesto, se reserva el derecho de derivarlo a otro terapeuta. Opinan que en casos de patologías graves como en las psicosis, en la mayoría de los casos se ha visto que es más bien dañino abordar temas religiosos. Consideran que casi todos los casos que se presentan en una situación de urgencia, a menos que se trate de una persona conocida para el terapeuta, no es recomendable entrar en discusiones religiosas. Por otro lado aunque se trate de individuos con problemas menos severos, es recomendable esperar a entrar en el terreno espiritual una vez que se ha realizado una evaluación completa de la madurez psicológica y espiritual del sujeto. Por último señalan que la tendencia de percibir todos los problemas como derivados del pecado, experiencias prenatales o fuerzas demoníacas a menudo distorsiona la visión y resultados en un acercamiento monotemático. Nelson y Wilson concluyen que el trabajo con las creencias religiosas en terapia debe ser determinado de acuerdo al sistema ético y de creencias del cliente, dejándolo claramente establecido en el contrato terapéutico. Piensan que no sería ético no ofrecer al cliente esta solución siendo la única que desde su punto de vista resultaría en curación total.
Pensamos que cabe preguntar si es posible hacer terapia con resultados efectivos sin "ruidos significativos" de parte del mismo terapeuta respecto de la experiencia religiosa. Y si no sería mejor derivarlos a terapeutas que tengan experiencias religiosas similares?. A este respecto se han hecho varios estudios que confirman esta hipótesis.
VI. Selección del Terapeuta en Relación a las Propias Creencias.
De estudios realizados por (Parloff, Goldstein & Iflund, 1960; Rosenthal, 1955; Welkowitz, Cohen & Ortmeyer, 1967) se dedujo que en setings seculares los clientes religiosos se beneficiarían en menor grado (esto es, abandonan pronto o los resultados son menos positivos), que clientes no-religiosos.
Además, pocas personas religiosas buscan terapia (King, 1978). A menudo ellos argumentan que un terapeuta secular no los comprenderá debido a que:

a)Ignoran preocupaciones espirituales.

b) Tratan fenómenos espirituales tales como la creencia en Dios como líder de nuestras vidas, en el peor de los casos como patológico y en el mejor de los casos como solo psicológico.

c) No pudiendo comprender el lenguaje espiritual y conceptos tales como salvación, santificación o justificación.

d) Asumiendo que algunas normas aceptadas culturalmente son compartidas por clientes religiosos.

e) Recomendando comportamientos "terapéuticos" que son considerados inmorales por los clientes; o

f) Realizando suposiciones, interpretaciones y recomendaciones que desacreditan la revelación como una epistemología válida.
A. Sistemas de Creencias Diferentes, Terapia Menos Eficaz.
Worthington y Scott (1983) citan los estudios hechos por Rosenbaum, et al (1956) y Sapolsky (1965) donde muestran que una divergencia muy grande entre los valores del terapeuta y el cliente lleva a una terapia que resulta absolutamente ineficaz.
B. Valores Diferentes, Metas Terapéutica Diferentes.
Una hipótesis que responde a porqué el resultado de la terapia sería tan negativo tiene que ver con que clientes y terapeutas con diferentes valores se fijan metas distintas.
Worthington y Scott (1983) realizaron un estudio en el que se investigan los valores de los clientes y el papel que juegan en la selección de metas con clientes potencialmente religiosos, esto es, con clientes que mencionan la religión al conversar sobre sus dificultades.
Se establecieron dos objetivos en el estudio:

a)Investigar los diferentes valores entre diferentes grupos de terapeutas (aquellos trabajando en un seting secular versus aquellos trabajando en un seting cristiano)



b) Investigar si los diferentes grupos de terapeutas eligen diferentes metas de tratamiento para los mismos clientes potencialmente religiosos.
Los terapeutas cristianos tienden a fijarse objetivos relacionados con las vidas espirituales de sus clientes potencialmente religiosos así como a definir los problemas en términos espirituales más a menudo que los terapeutas en setings seculares. Esto apoya la hipótesis que argumenta que los valores del terapeuta afectan directamente las metas seleccionadas para la terapia (Ginsburg, 1950; Ginsburg & Herma, 1953; O'Leary & Wilson, 1975; Patterson, 1958; Williamson, 1958). De acuerdo a lo que Meichenbaum (1977) expresa, son los terapeutas quienes de alguna manera centran su atención en ciertos aspectos que consideran como los más relevantes dentro de la terapia, dejando otros temas de lado o dándoles poca atención.
Wilson (1974) presenta su propia experiencia con un análisis de 20 casos de aplicación de "terapia cristiana". En estos casos el usa "maniobras" que toman en cuenta creencias cristianas como la "salvación", "obediencia a directivas cristianas", "confesión y perdón", e "involucramiento en una comunidad cristiana". De los 20 casos se tiene un resultado de remisión de síntomas de 16 de los 18 casos tratados. Wilson dice que terapias hechas previamente con 14 de estos casos no habían tenido éxito.
C. Cómo los Valores Religiosos Más o Menos Conservadores de Clientes Cristianos Influyen en la Decisión de Asistir a Terapia.
En un estudio realizado por Dougherty & Worthington (l982) se argumenta que cristianos conservadores presentan problemas psicológicos en un rango comparable con la población general, pero a diferencia de otros grupos se resisten a consultar con profesionales de la salud mental y que cuando lo hacen buscan ayuda entre profesionales que mantengan una orientación religiosa similar a la de ellos. Algunos consejeros pastorales o psicólogos tales como Adams, Bustanoby, Collins, Crabb, y Clyde Narramore, han propuesto algunas teorías de terapia cristiana. Estas teorías se basan en principios bíblicos, utilizan terminología y conceptos bíblicos, e incorporan principios psicológicos cuando estos son consecuentes con las escrituras, tal como la interpretan los terapeutas cristianos individuales. La mayoría de ellos emplean una epistemología de la revelación de Dios, la cual ven como superior a la epistemología del empiricismo. En la práctica parecieran no diferir grandemente de otros profesionales con otros estilos de terapia a pesar de que sus valores explícitos difieran. Aunque muchos clientes cristianos conservadores eligen terapia con terapeutas explícitamente cristianos, no se han llevado a cabo estudios que analicen la variedad de terapias, así como tampoco se han estudiado las preferencias de éstos por una u otra tendencia de terapia cristiana. En este experimento se pretendió examinar como los valores religiosos más o menos conservadores de clientes cristianos influyen en la decisión de asistir a terapia y las preferencias entre los siguientes enfoques.
Los participantes en la experiencia fueron cuatro psicólogos o consejeros cristianos quienes han publicado sus teorías: a) Clyde Narramore, presenta un enfoque conservador de la religión, tomando la Biblia como literalmente verdadera y defendiendo el uso de la psicología cuando esta no se contraponga con las escrituras; su enfoque terapéutico es dinámico y orientado hacia el insight, b) Jay E. Adams, presenta un enfoque fundamentalista de la religión tratando las escrituras como literalmente verdaderas y advocando la separación entre Cristiandad y Psicología; es de tendencia conductista. c) Lawrence J. Crabb, Jr., presenta un enfoque religioso conservador y trabaja en una línea cognitiva-conductista; y d) Andre Bustanoby, quien mantiene un enfoque moderado de la religión, manifestando que las escrituras contienen principios verdaderos y advocando el uso de las escrituras tanto como el uso de la psicología y mantiene una línea orientada hacia el insight.
Los adultos voluntarios, terapeutas o consejeros cristianos que participaron de la experiencia, 20 hombres y 25 mujeres, respondieron a un cuestionario con 11 preguntas relacionadas con su conceptualización y tratamiento de problemas presentados por un cliente ficticio. Los resultados finales indicaron que de los 45 que contestaron, 27 habían buscado ayuda psicológica debido a dificultades en el pasado, y de estos, 3 recibieron ayuda de un psicoterapeuta secular, 5 de un psicólogo cristiano, 8 acudieron a un pastor, 9 buscaron ayuda en diferentes lugares incluidos pastores y psicólogos cristianos, y dos recurrieron a más de una fuente de ayuda que no incluía un pastor o psicólogo cristiano.
Los participantes cristianos, al buscar ayuda, mostraron una clara preferencia por consejeros o terapeutas percibidos con convicciones religiosas similares a las de ellos. Esto se dio tanto al examinar las preferencias generales entre terapeutas seculares y cristianos, y al comparar preferencias entre las 4 teorías cristianas.

VII. Presentación de un Caso Clínico en el que se Reconocen los Valores Religiosos Explícitamente en la Psicoterapia.

A. Algunas Consideraciones en Relación a Familias Cristianas Fundamentalistas.
El "Fundamentalismo" surgió como un movimiento reaccionario en los Estados Unidos en contra del liberalismo religioso que empezó a tener auge a fines del siglo pasado.10. En doce volúmenes del libro The Fundamentals (Torrey, 1910-1915) defendió lo que se consideraba el sine qua non de la fe cristiana: 1. Una Biblia inspirada e inerrante; 2. El nacimiento virginal; 3. La redención vicaria; 4. La resurrección; y 5. Los milagros de Jesús. Powell, Gladson, y Meyer (1991) dicen que hay dos presuposiciones básicas en su sistema de creencias que son cruciales para entender al fundamentalista: La primera es que es posible lograr una legitimación y certeza intelectual. La certeza intelectual es imperativa para la fe cristiana, siendo esta basada en realidades históricas y eternas. La segunda presuposición es el realismo de sentido común. Es la creencia de que las percepciones humanas son más o menos copias exactas de los objetos percibidos. Las cosas no están sujetas a distorsiones perceptivas. "Si la Biblia lo dice, yo lo creo, y no hay más discusión en el asunto". De estas presuposiciones se desprenden las siguientes actitudes:

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